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Sobre los libros Porrúa del ex presidente Vicente Fox

Una persona que se ha ido caricaturizando a sí mismo con el paso del tiempo”, así fue como definió José Ramón Cossío a Vicente Fox, cuando le pregunté su opinión sobre el ex presidente de México, quien, precisamente, lo postuló como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Me parece que aunque tiene razón, su descripción se queda corta, porque lo cierto es que desde un tiempo para acá, Fox se devela como un hazmerreír, como un idiota, un persona de corto entendimiento tan enloquecida como terca que busca llamar la atención por el solo hecho de llamarla.

El lúgubre personaje en el que se ha convertido ese embustero que, hace 17 años, envolvió a todo un país bajo la idea de cambio, al día de hoy oscila mediáticamente entre penosas cápsulas de YouTube, disparatados tuits, y (acabo de descubrir), un tipo de cápsulas o mini programas de tele en Milenio Televisión, audazmente denominadas “FOX POPULÍ” (una especie de fatuos y presuntuosos monólogos donde el ex mandatario habla sin decir nada, abusando de la palabra fácil y aprovechando la siempre atractiva coyuntura política).

Contenido y personaje aparte, vale la pena destacar el espacio en el que se desarrollan las cápsulas del guanajuatense…

¡En efecto!, no podría ser de otra forma: libros jurídicos editorial Porrúa. En diferentes colores, con sus inconfundibles letras doradas y pastas de cuero de marrano. Todos y cada uno de ellos ahí se encuentran bien acomodaditos, incluso, como bien lo hizo notar Aldo Partida, los cuatro tomos del diccionario jurídico de la UNAM, nadie se queda fuera de escena.

Esto podría parecer menor, tal vez  un mero tema tangencial de índole estética, quizá una broma de mal gusto, pero no. No lo es. ¿Por qué? Porque, si esto se piensa un poco en clave simbólica, es posible descubrir que esta idea de aparentar dentro del campo jurídico se encuentra difundida más allá del mismo. Digo esto, porque Fox, no es abogado. Estudió, según recuerdo, administración de empresas, o algo así, y se tituló, según recuerdo, meses antes de ser presidente, o en plena campaña, o algo así.

El caso es que muchos de los libros que publica editorial Porrúa son ornamentales, sirven para adornar antes que para generar contenido o discutir ideas. No me explayaré mucho en esto pues en este mismo espació se abordó este tema un día que el presidente Peña Nieto emitió un mensaje y detrás de él se encontraban varios libros de la misma casa editorial; y también cuando en compañía de Darío Ángeles develamos un plagio de esta clase de material de Porrúa por parte de Sergio E. Casanueva Reguart (que al día de hoy sigue sin mencionar nada al respecto) en “su” libro Derecho Administrativo Integral.

Ya no me sorprende cómo Fox ganó una elección presidencial… Me sorprende porque sin ser abogado compra libros Porrúa. Quizá tal vez, pero solo tal vez, como bien lo dijo Octavio Martínez Michel, al parecer en el imaginario colectivo se encuentra muy arraigada la idea de que estos libros te hacen ver profesional. Que dentro del derecho, la forma sigue prevalenciendo sobre el fondo. No importa que no seas abogado, lo importante es que parezcas abogado. No importa que no hayas leído un libro, lo importante es que tengas libros.

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Abogados plagiando abogados, a propósito del plagio de Sergio E. Casanueva Reguart en “su” libro Derecho Administrativo Integral, por Darío Ángeles y Tito Garza Onofre

Hace algunos años el Presidente Enrique Peña Nieto afirmó que la corrupción era un problema cultural en xico. Es decir, dio a entrever que el mexicano es corrupto por naturaleza. Así, la corrupción antes que ser un factor estructural, institucional, o contextual y coyuntural, que podría de alguna u otra manera limitarse, atacarse, pero, sobre todo erradicarse, simple y sencillamente habría que acostumbrarnos a convivir con este generoso fenómeno.

El presidente fue muy, pero muy, criticado. Tanto que prefirió ignorar las críticas. Y seguir adelante como todo un estadista.

Meses después se evidenció que Peña Nieto había plagiado diversos párrafos de su tesis de licenciatura (el 28.8% del contenido de su tesis, según la periodista Carmen Aristegui y su equipo), y antes que erigir una defensa en línea con lo que debería ser un trabajo de investigación ante una Institución educativa medianamente seria, adujo de forma tan sarcástica como altanera que eran “errores de estilo”.

Lo que nadie puede negar es que el presidente es consecuente hasta la médula, porque cuando él mismo está aceptado que plagiar es un tema de forma, un tema menor, cuando acepta que plagiar se vale, acepta implícitamente que el plagio es una forma de corrupción válida, porque es algo cultural. Porque aminorar el plagio es aceptar que en el país no pasa nada y si pasa tampoco pasa nada.

En este espacio ya se ha escrito sobre el plagio (cof cof Edgar Elías Azar y Alejandro Martí), sobre imposturas, sobre aparentar, sobre escribir. Y sin embargo, se tiene que seguir escribiendo sobre lo mismo.

Hace unas semanas en Guadalajara, durante el Congreso CEEAD Educación Jurídica, Christian Courtis en un panel sobre la enseñanza de los derechos humanos, con ánimos un tanto provocadores y alarmistas, dijo que los libros de Burgoa deberían quemarse, o mandarse a las secciones históricas de las bibliotecas. Tal afirmación, generó alguna polémica que después, en el mismo foro, Javier Martín Reyes retomó en su ponencia sobre cómo enseñar la constitución para llamar la atención sobre lo desactualizado, anacrónico y poco variado del mercado jurídico editorial en México. La crítica en concreto, fue contra la principal editorial jurídica del país. Javi no escatima, es bien punk (¡y por eso lo queremos!), y comenzó a despotricar contra Porrúa que, valga la pena decirlo, precisamente, había colocado su puestesito de libros de Burgoa afuera del Congreso, haciendo amigos as always

Pero tenía razón. De hecho, lo seguimos discutiendo días posteriores, tanto en vivo como en redes. El argumento principal era que existe algo que se pinche llama RESPONSABILIDAD SOCIAL (perdón por las mayúsculas, no estamos gritando, sino que se picó sin querer el Caps lock), existe algo que se llama compromiso respecto a lo que se escribe y a lo que se publica, un mínimo de responsabilidad editorial por la sociedad, por quienes compran un libro, estudian del mismo, o de entrada dan el voto de confianza de que lo que se plasma bajo ese sello es algo que vale la pena leer.

No todo tiene que estar sujeto a los vaivenes del puto mercado. No todo se trata de vender por vender. De publicar por publicar. La crítica es mucho más profunda y ya se ha teorizado bastante sobre esto, Gabriel Zaid, por ejemplo, en Los demasiados libros, pero en el ámbito jurídico, o en esta disciplina que muchas veces es tan gremial y condescendiente y donde todos conocemos casos turbios, parecería aplicar lo mismo que afirmaba Peña sobre el componente cultural de estos actos dañinos.

Los que tenemos la oportunidad de dar clases nos quejamos constantemente del copipeist de los alumnos, abundan los casos de deshonestidad académica, pero qué pasa entre nosotros, entre pares. Acaso hay un par de antecedentes concretos en el país, pero el problema es estructural, lleno de complicidades y enturbiado en todos los niveles. Desde casas editoriales, autores, académicos y promotores.

Porque si uno es lo que lee, qué chingados estamos leyendo. Y más en el campo jurídico…

Sirvan estas desesperadas y difusas líneas para que nos acompañen a encontrar 5 diferencias entre los siguientes textos:

Nosotros encontramos las siguientes: la tipografía, el mayor/menor contenido de texto (a la izquierda hay un párrafo adicional), los subrayados a mano en uno de los textos, el número de página y el formato. Pero, esencialmente, son textos idénticos. Esto claro que pudiera ser consecuencia de distintas razones como:

  • distintas ediciones del libro;
  • cita textual excesivamente larga;
  • reutilización de un texto del mismo autor;

Pero esta coincidencia tiene otra explicación: se trata de un plagio en una de las editoriales jurídicas más importantes del país.

El libro en el que se encuentra el plagio se denomina “Derecho Administrativo Integral”, de Sergio E. Casanueva Reguart. Se trata de una primera edición, en la Editorial Porrúa, México, del año 2011, y la obra plagiada es el “Derecho Administrativo” de José Roldán Xopa, en su primera edición, Editorial Oxford, México, del año 2008.

Y aunque quizá se pudiera tratar, como defendería Peña Nieto, de “errores de estilo”, lo cierto es que, hasta donde hemos podido documentar, el libro de Casanueva cuenta con 181 de 350 páginas plagiadas directamente de obras de otros autores (la obra tiene un total de 500 páginas, pero a partir de la página 353 se encuentra la bibliografía, y 6 apéndices). Adicionalmente tiene dos capítulos que se limitan a trascribir gran parte de dos leyes federales.

Debido a que el caso es tan burdo y excesivo les compartimos lo que nos pareció más absurdo del plagio. Trataremos de ser puntuales…

1.- El autor se remite a sus otras obras…. Que no son de él.

El descuido en el plagio es tal que en llamadas a pie de página remite a distintas textos escritos por el mismo autor, que, en el caso del texto de la izquierda (el original) tiene sentido, pues se trata de Roldán Xopa remitiéndose a sus propios textos.

2.- Hacer tus propias gráficas toma tiempo, es mejor tomar las de alguien más.

A la izquierda se encuentra el texto “Teoría General de la Administración Pública”, un texto visible en Internet (el texto se titula “Teoría General de la Administración Pública”, de la Universidad Nacional de Río Cuarto, Facultad de Ciencias Económicas, Administración y Contabilidad Pública (el texto lo encontramos con esta búsqueda), y a la derecha el texto de Casanueva.

3.- Porque ante un mismo fenómeno, la forma en que expresamos las cosas es igual para todos.

El texto de la izquierda es de Döring y Hernández (Erika Döring y Carmen Evelia Hernández, titulado “La Administración Pública de nuestros días. Pasado y presente de la Estructura Administrativa del Poder Ejecutivo Federal”, un artículo de 1994, originalmente publicado en la revista “Gestión y Estrategia”, de la Universidad Autónoma Metropolitana, en su número 7. La versión en línea se puede consultar en: http://zaloamati.azc.uam.mx/handle/11191/4654).

4.- La tecnología tiene que evolucionar, y por eso hay que introducir ligas a páginas de Internet, en textos impresos.

5.- Para qué usar ejemplos nuevos, si puedes reciclar los de otros.

A la derecha el texto de Casanueva. A la izquierda, el texto de Roldán Xopa, el de Marina Ivnisky (Visible acá), y el de Sergi Valera (Visible acá).

Como se puede observar, el texto de Casanueva está repleto de estos ejemplos de transcripciones literales, extensas y sin reconocimiento de la obra de otros autores, ¿cómo puede suceder esto?, ¿es culpa del autor?, ¿es culpa de la editorial?

Decíamos que en este país no pasa nada aunque pase algo, pero decidimos evidenciar el plagio con la esperanza (sí, inocentes nosotros) de que al menos se ponga en la mesa de discusión tanto la producción literaria en el derecho mexicano, como la labor editorial que permitió que semejante obra fuera publicada y puesta en circulación.

Y es que esto no se trata de una compilación para fines académicos, sino de una serie de reproducciones comercializadas al público general que ni siquiera hacen sentido en su totalidad, presentadas bajo el título de “Derecho Administrativo Integral”, con tal grado de descuido que no nos hacen más que suponer, disculpen ustedes, que sucedió una de las siguientes hipótesis:

  • O el autor decidió, conscientemente, plagiar las obras citadas, asumiendo que ni el editor iba a leer su obra (apuesta no arriesgada, considerando el promedio de lectura anual en México); o
  • el libro no fue escrito por él, sino que le pidió a alguien más que lo escribiera, y no tuvo la precaución de revisar el material que le entregaron. Esta situación sabemos que es un secreto a voces. Todos conocemos a alguien que trabaja para juzgadores, profesores, abogados, y que escribe los textos que ellos después publican con su nombre, sin darles crédito.

Ambas hipótesis son lamentables, lúgubres y penosas realidades de la práctica académica mexicana (y de otras latitudes pues, nos consta que las mismas acusaciones existen en España y Argentina), y que nos llevan a formular las preguntas de ¿qué contenidos estamos leyendo los abogados en México?, ¿cómo y quiénes controlan la calidad de lo que leemos?, ¿qué pasa con la editorial que permite que tal plagio llegue al público en general?

Ok, no decimos que sea fácil identificar estas cosas pero algunas cosas se deberían de poder hacer, como contar con un consejo editorial, establecer parámetros objetivos para calificar las publicaciones, invertir en software que pueda comparar los textos, etc. El punto final es: se necesitan mejores contenidos jurídicos en este país. Y este tipo de obras no constituyen eso.

Hasta aquí hablamos de corrupción cultural (¿?), de la calidad de los textos jurídicos, de responsabilidad social. Quizá con esta mezcla de temas acompañados del plagio identificado lo que queremos es que la corrupción, aún en sus “pequeñas” manifestaciones como podrían ser los errores de estilo (llamados plagio en el resto del mundo), no sean reflejo cultural.

Ojalá que al menos a la gente que publica cosas sin escribirlas les dé un poco de culpa; que Porrúa reconsidere sus parámetros para publicar y comercializar obras. Ojalá que Sergio E. Casanueva Reguart de una explicación. Ojalá, cuando menos, mejores textos jurídicos. Quizá, tal vez pero solo tal vez, esto impactaría en la corrupción cultural de la que hablaba Peña Nieto.


* Hemos preparado un documento en que detallamos las fuentes de plagio que, por su extensión, no podía presentarse aquí, pero nos lo pueden pedir si es de su interés.

Sobre los libros Porrúa del presidente Peña Nieto en su mensaje a Trump

Decir que el mundo se está cayendo a pedazos sería exagerar. En todo caso, parece mucho más sensato advertir que el mundo está empeorando, aunque la verdad es que no estaba ya precisamente lo que se dice bien. Pero la reflexión es clara, todo siempre puede ir a peor.

El pasado día jueves fue un día intensito en cuestiones de relaciones internacionales, un día de esos inolvidables entre Estados Unidos y México, entre la administración trumpista y algo mucho más amplio que el nuevo PRI (representado bajo los esquemas políticos del peñanientismo), pues al momento en que el actual presidente de los Estados Unidos emitía órdenes, declaraba y tuiteaba en contra de determinadas políticas públicas, no solo se afectaba a una administración en concreto, sino a una idea, a una historia, a todo ese extraño lugar que por costumbre llamamos México.

No es este un espacio para relatar a detalle lo que ocurrió (creo que acá se puede leer una buena crónica sobre lo sucedido), pero valga la pena resaltar que el agravio por lo sucedido con Trump, fue tanto que Peña Nieto emitió un emotivo mensaje (que pareció conmover y convencer a gran parte de sus oyentes) para tratar de tranquilizar un día tan caótico.

Esta es una imagen del mensaje. Los más de dos minutos y medio los pueden encontrar en este link.

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Hubo gente que analizó el contenido, la forma, el lenguaje, el tono, las medidas, las consecuencias, el color de la corbata del presidente, el horario, el medio, la altura del copete, todo… Otros cuantos, nos centramos en cuatro libros colocados a espaldas de Peña Nieto.

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Cuatro libros inconfundibles, cuatro libros para abogados, editorial Porrúa, de esos gordos de cuero de marrano con letras doradas, que todos llevamos durante la carrera, ya si los leímos o no es otro tema. De esos libros que, una vez titulados, utilizamos para adornar nuestros estantes, que nos negamos a tirar, pues al fin de cuentas sirven para aparentar que somos ilustres juristas.

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No hay que olvidar que el presidente Peña es abogado por la Universidad Panamericana (UP, sí la del Opus Dei), y que su tesis (sobre presidencialismo) estuvo envuelta recientemente en un escándalo sobre plagio.

La discusión la lideró en Twitter mi estimado Aarón Segura (@AaSegura), quien abrió la caja de Pandora, cuando tuiteó lo siguiente…

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Dicha declaración sirvió como excusa perfecta para poder explayarse sobre esta cuestión del mensaje, y así, rápidamente, otros tantos desvelados en Twitter compartimos la duda y comenzamos a teorizar al respecto, y luego ya se desmadró por completo.

  • Alfonso Herrera (@jAlfonsoHerrera) fue de los primeros en aventurarse a decir que eran algunos tomos de los libros de “Derecho procesal constitucional 1-4” de Ferrer Mac-Gregor. Esta teoría cobra sentido porque, si uno le echa ganas, es posible distinguir las palabras en el lomo de los tres libros color cafesito culero.
  • Yo dije que era un diccionario jurídico pinche de esos que a uno lo obligan a comprar en primer semestre, quizá de los de Rafael de Pina y de su carnal de Pina Vara. No estoy seguro, la neta no llega mi vista, pero mi apuesta, por lo que aparente el presidente sería algo mucho menos ambicioso que entrarle al procesal constitucional.
  • Después vino Ximena Ramos (@xrpc) volviendo a la cancha de lo procesal y lo civil, al decir que “El último puede ser Becerra Bautista o Arellano García“. 
  • Alfonso, volvió al juego diciendo que era el de constitucional mexicano y comparado de Fix-Zamudio y Valencia Carmona.
  • En esa lógica, se sumo al debate Carlos Antonio (@CarlosAntonioMZ) y dijo que eran los de Carlos Arellano de Derecho Internacional Público 1 y 2.
  • Se sumo Eduardo Román (@eromangz) quien dijo el de Derecho Adminisrativo de Serra Rojas el azul.
  • El bueno de Trini (@trini7817) mencionó: “El verde parece el Tratado Teórico- Práctico del Derecho de las Obligaciones“…

*Nótese a estas alturas de la discusión, la confusión ya también era cromática.

  • Anael (@) dijo que eran libros de cartón hueco de esos que ponen en los libreros de las mueblerías.
  • Carlos Alberto (@) se fue por la fácil y dijo que los de color guinda eran los clásicos de derecho civil de Rojina Villegas .
  • Adalberto Guevara (@adalberto_gm) tiró el último tuit diciendo que era el de Efraín Moto Salazar – Elementos de Derecho… texto de secundaria.

Obviamente nadie supo. Llama la atención que no hubo coincidencias en ninguna de las opciones planteadas por cualquiera de los interesados. De hecho, sospecho que todo lo que dijimos no son más que meras proyecciones y complejos del daño que como abogados nos ha hecho Porrúa al asociar colores con materias, no teniendo ningún criterio para ordenar sus ediciones de forma cromática.

La teoría que más me gusta fue una que dijo el mismo Aaron. Si son libros de Derecho Internacional Público, la ironía sería perfecta, y en gran medida ahí radicaría el problema de cómo se está abordando lo que está pasando.

Sobre el nombre de este blog

Después de darle varias vueltas, y revisar su disponibilidad en distintos servidores, decidí nombrar este blog “Entre abogados te veas” porque creo que puede englobar, para bien o para mal, lo que pretendo hacer con este proyecto.

La frase, más por tradiciones y atavismos remotos —antes que por alguna preconcepción o idea prejuzgada—, alude a un mal augurio y al deseo por complicarle la vida a un tercero.

Estamos rodeados de abogados. De gente que estudio derecho y que sin necesariamente ejercer dicha profesión, influye de manera terminante en nuestras vidas, para bien y también para mal.

Desconozco con certeza el origen geográfico de la popular ocurrencia. Aquí en España, al comenzar a estudiar el tema, he encontrado 2 diferentes obras que atribuyen al mismo, el calificativo de “maldición gitana” (DE LA TORRE, Javier, Deontología de abogados, jueces y fiscales. Reflexiones tras una década de docencia, Biblioteca Comillas Derecho, Madrid, 2008, p. 262 y Béjar Fonseca, José Luis, Apología del abogado, Universidad Autónoma de Nayarit, México, 1999, p. 109).

Sin embargo, tengo la sospecha de que el dicho es mexicano. Y que conste, que tal afirmación la hago sin ningún petulante afán nacionalista. Para presumir tenemos la televisión a color, la ensalada cesar, la píldora anticonceptiva o la cuauhtemiña.

Mi conjetura la sustento en la amplia resonancia que la frase “Entre abogados te veas” encuentra en el ámbito mexicano por medio de diferentes manifestaciones culturales.

1. Película “Entre abogados te veas” (1950)

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Enmarcada dentro de la época dorada del cine mexicano, el filme dirigido por Adolfo Fernández Bustamante (La Reina del Mambo, Muertos de risa, Asesinos, S.A.) aborda con sarcasmo el sistema jurídico en México, a través de personajes que cumplen de manera perfecta los estereotipos de distintas profesiones jurídicas, así como de las personas que se involucran con estas. Internet Movie Database la califica con un 6.0 sobre 10. Aquí pueden encontrar una síntesis de la película.

2. Libro “Entre abogados te veas” (1993)

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Coordinado por Gerardo Laveaga, ex presidente del IFAI, el libro recopila, como lo indica su propio subtítulo, una serie de perfiles, encuentros y entrevistas sobre estos profesionistas. Esta obra es dificilísima de encontrar, porque según el propio autor, la editorial Edamex, después de su primera edición, nunca más la volvió a reeditar.

En Google books está solamente la portada, que es prácticamente nada.

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Por también tener una faceta de escritor, Laveaga es alguien extraño dentro del ambiente jurídico-político en México. En lo personal, su prosa no me gusta, y no suelo estar de acuerdo con sus opiniones, pero reconozco su pertinencia.

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De hecho, más por oportunista y morboso que por entusiasta y curioso, compré su última novela “Justicia”, publicada por Alfaguara, a $100 pesos, en un super de Monterrey, aprovechando una oferta navideña. Prometo post sobre la misma pues aborda ampliamente el tema de la abogacía en mi país.

3. Capítulo “Entre abogados te veas” de serie de televisión Como dice el dicho (2011)

Televisa se autodenomina, o se autodenominada, no sé, la fábrica de sueños. Y como tal, tiene que propulsar programas inspirados en historias rosas. Vidas complicadas con irremediables finales felices.

Desde hace un par de años, los programas o series que, a manera de mini capítulos de telenovelas, plasman historias concretas sin necesariamente llevar un componente temporal de larga duración, se han propagado dentro de la televisión mexicana.

Inspirados en la clásica Mujer… Casos de la Vida Real, ejemplos recientes como La Rosa de Guadalupe, o por medio de La vida es una canción, Lo que callamos las mujeres o A cada quien su santo (aunque estos producidos por TV AZTECA), se sigue un formato televisivo caracterizado por la brevedad y la variedad con trasfondo común.

El programa Como dice el dicho tomando como referencia un refrán popular, aborda, de manera tan satírica como absurda, una variedad de historias actuales, para así escenificar y propagar el contenido de algún refrán en concreto.

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Con una importante dosis de moralina, este tipo de programas o series suelen gustar en México, por lo entretenidos, sencillos y sobre todo por sus claras referencias a estereotipos bien definidos en el país. Para prueba, la trama del capítulo:

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El capítulo completo está aquí. Háganse un favor y no lo vean. Yo ya lo hice por ustedes.

4. Subtítulo de serie Alma Legal: ¡Entre abogados te veas!

Screen shot 2014-06-30 at 8.39.26 PMSilogísmo básico. S. La telenovela en México cuenta con rango de patrimonio nacional. P. La abogacía es una de las carreras más demandadas entre los jóvenes mexicanos. M. Una telenovela sobre abogados resulta una idea millonaria.

Pero en México la lógica es incierta, pues algo así se intento, bajo la producción de TV AZTECA. El experimento se llamó Alma Legal: ¡Entre abogados te veas! (¡Nótese aquí los signos de admiración y léase entusiasmado!) teniendo un resultado fallido, pues esta novela pasó totalmente desapercibida (tal vez por el formato de serie y no precisamente por el de telenovela).

¿De qué trataba la serie? Abro cita. Corrupción, extorsiones, arreglos bajo la mesa y complicidades son parte de la cotidianidad en los juzgados mexicanos que serán llevados a la pantalla chica de lunes a viernes. Cierro cita.

Bastan los promocionales de la serie para hacerse una idea de lo pretendido:

5. Columnas y editoriales de opinión tituladas “Entre abogados te veas”

El gran Granados Chapa, Salazar Ugarte, por mencionar destacadas personalidades dentro del ámbito jurídico, así como una gran cantidad de escritores que han abordado el tema o algún aspecto del mismo utilizando la frase de “Entre abogados te veas” para desarrollar sus ideas.

Iré, conforme pase el tiempo, agregando a este espacio dichas columnas, con el fin de analizarlas.


 Como dije líneas arriba, para bien y para mal estamos entre abogados. En unos países más que en otros, pero no falta nunca alguien que haya estudiado derecho y esté potencialmente habilitado para fungir dicha profesión.

Elegí el dicho, que según yo es mexicano, como título de mi blog para llamar la atención sobre la importante presencia cuantitativa de este tipo de profesionistas, pero no solo en el ámbito jurídico y no necesariamente para mal, sino en nuestra vida diaria, a través de múltiples manifestaciones socioculturales y también con la firme convicción de creer que los abogados pueden propulsar el sistema en el que nos desarrollamos.