Monthly Archives: September 2014

Sobre los honorarios de los abogados

 

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“¿Jura pagar la cuenta, la cuenta completa y nada más que la cuenta?”


Viñetas sobre abogados.

 

 

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Dónde trabajan los abogados No. 4

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La ciudad de Valle Hermoso, en el Estado de Tamaulipas, en México, es conocida popularmente como “La ciudad de las 3 mentiras”, pues ni es ciudad, ni es valle, ni es hermoso. Cerca de ahí, aunque solo en el sentido gramatical de la palabra, se encuentra la ciudad de Villahermosa, en el Estado de Tabasco.

No conozco Villahermosa, y no sé si sea villa, ni hermosa, pero de que es ciudad, es ciudad, pues es la capital de dicho estado localizado en el sur de la república. Ahí encuentro un despacho de abogados denominado “Black abogados”, cuyo slogan es: SOMOS ABOGADOS PERROS  Quieres ganar ? ven con nosotros

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El lindo color azul pastel, contrasta con el azul marino que decora la fachada del despacho, ubicado al lado de una propiedad tiernamente pintada de color rosa quinceañera. Un aire acondicionado enjaulado da la bienvenida al lugar y el teléfono de sus servicios rotula el último escalón de la puerta de entrada.

Llama la atención el nombre en inglés del despacho, así como también el guiarse por las reglas ortográficas del mismo idioma para promocionar sus servicios. 

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Las siluetas de 5 hombres, el de en medio de ellos con corbata roja, ilustran el anuncio del despacho. Que la mayoría de estas representaciones, no lleven corbata (al asociarse la profesión con determinadas enseñas y prendas), añadiendo que aseguren de antemano que si uno desea ganar, vaya con ellos…, solo me hace pensar una cosa… O que son golpeadores y garroteros, o que no personas… Son perros. Guau. Guau.

Eventos: Colegiación y certificación para los profesionistas en México

Si andan hoy por el DF, la Escuela Libre de Derecho organizará un foro sobre la reforma de colegiación y certificación que está por llegar. Estarán todos los principales actores involucrados en la misma, al menos dentro de lo que respecta al ámbito jurídico. Ahí nos vemos.

Colegiación

El significado de la abogacía por Arturo Colín

Tuve la fortuna de conocer a Arturo Augusto Colín Aguado, hace ya un par de años, cuando estaba como profesor de planta en la Facultad Libre de Derecho de Monterrey (FLDM).

Me consta que su capacidad intelectual, en lo que respecta a cuestiones jurídicas, suele ser bastante acertada.

Desde inicios de este año (creo), tiene un blog con varios ex alumnos de la FLDM. Su título es “(re)escribiendo derecho(s)”. Y en el mismo aparecen las opiniones críticas de sus integrantes, analizando eventos coyunturales desde una óptica jurídica, aunque de forma campechana y amena.

Podría decir que su espacio podría catalogarse como periodismo jurídico, pero no. Ese calificativo solo puede autoproclamárselo Manuel Atienza. Más bien los de (re)escribiendo, escriben alegremente sobre lo que sucede en su entorno, combinando el oportunismo mediático de un determinado suceso, su formación en derecho y sus intereses propios.

El blog está bien, suelo estar al pendiente de lo que escriben. Esto, más que por interés personal, debido a que sus integrantes se autopromocionan entre sí, sin importar la calidad, el tema, o la afinidad ideológica del artículo (bueno esto de la ideología es un decir porque todos sus miembros provienen de una Universidad de índole privada, han estudiado o estudian o estudiarán el posgrado en otra institución educativa privada, han sido, son o serán servidores públicos, apegados por ende a lo institucional, y con opiniones afines a posturas liberales (también en el sentido del modelo económico haha) y progresistas, es decir, rojillos pero a la bon vivant, o digámoslo claro neoburguesillos ilustrados).

BUSTO-

En un blog colectivo, esto que comento no creo que sea cuestionable. Sin embargo, por su afanada autopromoción, su espaméo continuo al más puro estilo Carbonell y su autoelogio (abro paréntesis, al parecer está de moda la vanidad entre personas afines a la promoción en de los derechos humanos desde el ámbito institucional, un saludo a Raúl Plascencia, cierro paréntesis), a veces, me termino enterando de sus artículos aunque no quiera.

No por nada, Javier Marías en una de las novelas más afamadas del siglo pasado, Corazón tan blanco, comienza… “No he querido saber, pero he sabido”, construyendo una narrativa entorno a lo que sabemos y lo que no, y a sus consecuencias y alteraciones en nuestras vidas. Pero bueno, ya escribí mucho del blog. Un espacio de este tipo en la árida y apática ciudad de Monterrey, yo lo aplaudo, y por lo mismo lo difundo (y lo critico, que es lo mismo).

El artículo de Colín, me lo encontré desde hace tiempo, precisamente sin querer, al buscar información sobre el día del abogado para un post que escribí con anterioridad sobre dicha celebración en México. Lo guardé para leerlo detenidamente después, y ahora que se desarrollarán unos foros sobre el tema lo vuelvo a releer en domingo y aprovecho para cumplir con mis estradas.

Para empezar, (pasaré por alto lo ofensivo que puede ser para un fanático de los Simpsons utilizar una imagen pirata de los mismos para ilustrar el artículo) el título del artículo no refleja lo que intenta transmitir, sino solo los 3 primeros párrafos del mismo que, a mi consideración, resultan totalmente prescindibles.

Como la gran mayoría, Colín habla de colegiación en México, no como panacea, pero sí como algo muy pero muy parecido. El artículo más que seguir la tónica crítica del blog, parece responder a criterios de divulgación, de hecho si me dicen que el artículo lo escribió alguien de el Senado, lo creo.

Me llama la atención la ligereza, soltura y atrevimiento o desfachatez, de pronunciarse respecto a una reforma como inconvencional o inconstitucional sin siquiera antes estudiarla.

Es bien fácil y bien bonito decir que tal o cual cosa es inconstitucional. Lo malo sería que quien lo dice se lo cree. Precisamente leyendo sobre la historia de la Suprema Corte me encontré con un documento donde al explicar, a grandes rasgos, el sistema jurídico nacional y sus operadores, se realiza una férrea defensa a la libertad de asociación profesional; manifestando lo coyuntural y político del tema.

Las instituciones públicas entendidas como órganos jurídicos y no políticos; y en general, el derecho en su relación con la política, son discusiones que han pasado desapercibidas, precisamente, por la tendencia que existe al analizar este tipo de cuestiones desde aspectos que aluden de forma exclusiva a cuestiones técnico-jurídicas.

La separación entre política y derecho, es un tema central en este caso que se relega y se ignora provocando su normalización. En este mismo sentido, lo de Corte Interamericana de derechos humanos. Sí, sí, la Corte Interamericana, pero de nueva cuenta, entendida como órgano jurídico y no político.

Antes de evocar tribunales internacionales, sería bueno conocer el transfondo de la reforma, en sus contenidos políticos e ideológicos, darle una leída a la ley que la complementa, comparar otras profesiones quitándose de la mente el esquema jurídico y tener más cuidado al momento de decir que los legisladores deberán ser cuidadosos.

Sobre lo de ayudar “en la consolidación de una sociedad más –o verdaderamente– democrátic”, no sé si Arturo Colín haya leído a Gerardo Pisarello y su pandilla, pero si sí, debería releerlo.

Hago un esfuerzo por encontrar algo que aportar a la discusión partiendo del artículo pero me es difícil. La escritura del post me pareció tan aburrida, que si no conociera al autor, diría que lo escribió un burócrata kafkiano, antes que un perspicaz jurista, o un bloguero creativo.

Sería acaso como criticar un folleto promocional del gobierno federal difundiendo sus reformas, o un flyer de alguna marisquería que regala camarones intoxicados. Que se critica por su forma, pues su contenido, de antemano, se cree válido.

Creo que no ha sido el mejor artículo de Colín, o más bien, creo que estaría más interesante leer algo de su autoría sobre reparaciones, digamos, por ejemplo, su tesis de licenciatura.  Agradezco la posdata implícita, donde  me hace promoción. Promoción de mi blog, dentro de mi blog: Inception.

A continuación el post de Colín, cuya versión original la encuentran acá. Como siempre, subrayo lo que me pareció más relevante.


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Juro que esta es la foto que aparece en su blog.

El significado de la abogacía por Arturo Colín 

El pasado 12 de julio se celebró en nuestro país el Día de los Abogados y las Abogadas. La abogacía es una profesión que a través de los años ha generado tanto admiración como desprecio. La verdad es que, por lo general, la gente tiene una idea equivocada o limitada de lo que es ser abogado o abogada. Estoy seguro que toda persona que se ha graduado de la licenciatura en Derecho ha escuchado más de una vez la frase: “ahora sí, ya tenemos quién nos saque de la cárcel”, u otra parecida.

Muchas personas se cuestionarán por qué hay que festejar una profesión que genera más males que cosas positivas, y, aunque cueste, debemos aceptarlo, la situación actual de la abogacía en México no es nada alentadora. Y no es que todo sea malo, definitivamente hay juristas excepcionales que se empeñan en hacer su trabajo y aportar a la sociedad, pero la calidad de los profesionistas en Derecho, por los intereses que hay en juego, debería ser la regla general y no la excepción.

Actualmente –aunque eso no signifique que sea un problema de reciente nacimiento– no es tan sencillo responder a la pregunta: ¿qué significa ejercer la abogacía? Mientras es claro que –por decirlo en términos sencillos– la doctora pronostica y cura, el arquitecto diseña y construye, y la ingeniera planea y produce, la forma como muchos abogados y abogadas desarrollan esta profesión deja en entredicho su razón de ser. Por como están las cosas parecería que respuestas como “robar”, “engañar” y “manipular”, serían correctas.

Ahora sí, dejemos de un lado los comentarios negativos y empecemos a hablar de soluciones. En diversos espacios se ha discutido sobre las distintas cuestiones que tienen injerencia en el bajo nivel de la profesión jurídica, y también se han presentado propuestas para resolverlas, destacando una en especial: la coligación obligatoria de abogados y abogadas.

Aunque esa medida no es una novedad, dada la experiencia de otros países como Estados Unidos, esta posibilidad ha sonado fuerte desde hace algún tiempo en México. Es de conocimiento público que al interior del Senado de la República se han realizado trabajos dirigidos a la presentación de una iniciativa de reforma constitucional que tiene por objeto la modificación de distintos preceptos para contemplar la colegiación obligatoria de distintas profesiones, entre las que se encuentra la abogacía.

Sin duda habrá voces que se resistan a este cambio, pero me parece que significaría un importante avance para que se brinde un servicio jurídico de calidad que permita que la ciudadanía recupere –o adquiera– la confianza en los profesionistas del Derecho, lo cual ayudaría en la consolidación de una sociedad más –o verdaderamente– democrática.

Si bien se trata de un mecanismo que implica la restricción del derecho a la libertad de profesión consagrado en el artículo 5o. de nuestra Constitución, el mismo tendría por finalidad buscar la protección de los derechos fundamentales de los y las mexicanas, por la gran injerencia que pueden tener ciertas profesiones en los mismos. Sobre este punto es pertinente recordar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que “la organización de las profesiones en general, en colegios profesionales, no es per se contraria a la Convención sino que constituye un medio de regulación y de control de la fe pública y de la ética a través de la actuación de los colegas”. Entonces, aunque en principio la medida propuesta no sería inconvencional –ni inconstitucional–, la manera como se reglamente sí podría traer aparejada una restricción que sobrepase límites razonables y proporcionales, por lo que los legisladores deberán ser cuidadosos.

Ahora bien, el caso de la abogacía encuentra su legitimación en gran medida porque el Derecho está formado por los distintos mecanismos a través de los cuales las personas pueden ejercer sus derechos humanos. De esta manera, el significado de la abogacía se traduce en la facilitación del goce y disfrute de dichos derechos, así como en su protección en caso de que se vulneren. Y lo más importante es que todos los abogados y abogadas contribuyen en su satisfacción: académicos, servidores públicos, litigantes y juzgadores.

El ejercicio de la abogacía se relaciona especialmente con el derecho al acceso a la justicia, que está plasmado en el artículo 17 constitucional y en el 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Litigantes y autoridades judiciales deben actuar con la debida preparación técnica, para estar en aptitud de contrarrestar cualquier violación de un derecho fundamental, de manera que se asegure su eficacia.

Entonces, en tanto mediadores entre las personas y el orden jurídico, que lo único que tiene por objeto es permitir el desarrollo de cada persona conforme a su voluntad en el marco de una sociedad, es que el papel de los abogados y abogadas se vuelve trascendental, lo que amerita obligarles a que se sometan a un medio de control en el ejercicio de su profesión. La abogacía no es un fin en sí mismo, sino un medio para solucionar algunos de los problemas más elementales de las personas. Si tomamos esa postura no habrá duda de que cada 12 de julio habrá algo que celebrar.

Aprovecho este medio para compartir el blog de mi buen amigo @garza_onofre, en el que publica entradas muy interesantes y originales sobre los abogados. Se los recomiendo: https://entreabogadosteveas.wordpress.com