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«Juristas, malos cristianos». Abogacía y ética jurídica de Massimo La Torre

“En la primera edición de “La Teoría pura del Derecho”, de Hans Kelsen, y puede que también en la segunda, la palabra «abogado» no aparece ni siquiera una vez”


La cita es del catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Catanzaro y profesor visitante en la Universidad de Hull, Massimo La Torre quien, en palabras de Ferrajoli, es una de las poquísimas excepciones que se han dedicado a estudiar, desde una perspectiva iusfilosófica, a la figura del abogado.

Precisamente este jurista italiano ha hecho notar que la mayor parte de la producción de teoría y filosofía del derecho, con poquísimas loables excepciones, omite el análisis de este agente de la administración de justicia. Y es que como él mismo dice: “Sobre el abogado, Savigny, Ihering, Jellinek, Kelsen y Hart —sólo por mencionar algunos de los nombres más ilustres de la tradición del pensamiento positivista—, no han dicho prácticamente nada. O, si han dicho algo, no han sido más que pocas, rápidas y descuidadas palabras”.

En el presente trabajo, de casi 40 páginas, se exponen a grandes rasgos las principales inquietudes de este autor por el tema de la abogacía y la filosofía del derecho. A mi parecer, creo que vienen a ser medularmente dos.

  • La primera: La obsesión del positivismo jurídico por la figura del legislador, y después por la del juez.
  • La segunda: La comprensión y posteriores implicaciones de la dimensión deontológica en la profesión.

Ojo digo creo (del verbo no sé) porque es posible que después de leer este artículo, y darle una hojeada a la obra de La Torre, las vertientes por las que puede transitar y desarrollarse este tema son tan variadas como fértiles.

Sin tener la intención de reseñar el artículo o de hacer un comentario al mismo, (esto porque de verdad creo que su lectura vale mucha la pena y entonces cualquier intento por resumirlo sería inútil…, bueno por eso y porque tengo lecturas pendientes y varias cosas que escribir…, ok bueeeeeno también porque en estos momentos lo estoy utilizando para mi tesis…, y ya que andamos sincerándonos también porque sencillamente hoy ando bien pinche disperso para sentarme a escribir algo medianamente decente) de manera muy pero muy general puedo decir que el artículo de La Torre, a pesar de su longitud, resulta bien ameno y bien interesante.

Ameno por la manera cómo va entretejiendo el artículo, aderezando cada uno de los temas que trata y de las perspectivas presentadas sobre la abogacía con citas literarias y pensamiento de autores conocidos que complementan sus postulados. Así en el mismo, aparecen (desde el título) personajes como Martín Lutero, pasando por San Pablo y varios evangelistas, Kant, Voltaire, Platón, hasta escritores del Barroco español, León Tolstói, Dostoievski y Shakespeare (aunque en este último caso, la cita utilizada para denostar las funciones de los abogados, la clásica de Enrique VI, está sacada de contexto, porque contradictoriamente lo que intentaba el escritor inglés con su “The first thing we do, let´s kill all the lawyers” es hacer un cumplido a los abogados (espero después escribir sobre esto)).

Interesante por la manera en que trata los temas. Entender a la deontología jurídica como un conjunto de postulados bienintencionados dirigidos a hacer de los abogados personas honestas, íntegras y congruentes es una visión falsa y alejada de toda realidad. En esa lógica, escribir sobre deontología se convierte en escribir ficción. Y esto no está mal, sino que sencillamente es estéril para fines prácticos. Lo que está mal es que, por lo general, esta visión edulcorada de la abogacía y la ética es la que comparten muchos de los que escriben sobre el tema. Entonces, lo que hace La Torre en su artículo es presentar un atractivo recorrido por distintas cuestiones entre las que destacan los colegios, el menosprecio teórico sobre la abogacía, la ausencia del abogado en el positivismo e incluso en el realismo jurídico, las caracterizaciones del sistema europeo y anglosajón y su relación con el abogado y la ética jurídica, la percepción social de este actor y dos de las principales posturas respecto a su moral. En este último punto destacan dos tesis diametralmente opuestas. La primera, expuesta por Giovanni Tarello, denominada doctrina de la parcialidad neutral, o en otros términos de la “moral amoralidad”, donde los únicos límites éticos a la actividad del abogado son los establecidos por la ley. Y la segunda, desarrollada por Lombardi Vallauri, que desde una perspectiva más bien pesimista, o bueno no pesimista pero sí negativa, desarrolla la llamada visión eticista/paternalista en la que la conducta moral del abogado debe anticiparse a la acción del juez, y así transformar su rol para convertirse en un médico de familia, un consejero matrimonial, que intenta evitar el proceso y fomentar la paz entre las partes. La Torre termina criticando estas dos posturas y develando la condición ambigua de la abogacía para reescribir la famosa fórmula de Radbruch y aplicarla a la profesión proponiendo un modelo que postula que el abogado puede (le es lícito moral y jurídicamente), en el respeto a la ley, utilizar argumentos y llevar a cabo conductas a favor de su cliente, incluso si su orientación a la justicia (como valor moral) es dudosa o incluso contraria a ésta, salvo que la posible injusticia consiguiente a sus actos se presente en proporciones tales como para resultar intolerable.

El artículo está publicado en el número 12 de “Derechos y Libertades”, la revista del Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas de la Carlos III, que dirige Javier Ansuátegui y quien precisamente es el traductor.

Viñeta de Trino “Pinchis abogados por eso nadie los quiere”

Hace dos semanas en su tradicional tira “Fábulas de Policías y Ladroenes“, publicada en los distintos periódicos mexicanos del Grupo REFORMA, el conocido caricaturista Trino hizo alusión a los abogados (y a su facilidad para adaptarse a cualquier situación presentada, independientemente de su moralidad, o incluso su legalidad).

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Agradezco al buen Alejandro Posadas, profesor del ITAM y doctor por Duke, que me hizo llegar la viñeta.

En ese sentido toda contribución, en su formato de fotos, viñetas, artículos, chistes, lo que sea…, ¡bienvenida siempre!

 

Los operadores jurídicos de Gregorio Peces-Barba

El jueves pasado se cumplieron 2 años del fallecimiento de Gregorio Peces-Barba Martínez. Las repercusiones por su fallecimiento en 2012 fueron de grandes magnitudes en España. Sobra decir que a su funeral asistieron todos.

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Óleo de Peces-Barba en el Congreso de los Diputados.

Peces-Barba fue casi todo dentro de entorno español. Padre de la constitución del 78, político, abogado, jurista, catedrático, fundador y primer rector de la Carlos III de Madrid, Alto Comisionado de apoyo a las víctimas del terrorismo, etcétera.

Desarrolló principalmente su producción científica en la filosofía del derecho y filosofía política, la ética y los derechos humanos. Su obra, caracterizada por una visión humanística, cultural, e histórica de la filosofía del derecho, es considerada una de las más pertinentes en el ámbito europeo continental (en concreto su teoría dualista sobre el concepto y fundamento de los derechos).

Paco Ignacio Taibo II dice que la buena suerte no existe, que solo existe la mala suerte. Tuve la mala suerte de llegar a Madrid, a estudiar en su universidad –en su instituto de derechos humanos–, un mes y dos semanas después de su fallecimiento. Por tanto, nunca lo conocí.

La viñeta de FORGES en El País el día del fallecimiento de Peces-Barba.

Viñeta de FORGES en El País el día del fallecimiento de Peces-Barba.

Aunque confieso que la elección de estudiar en la Carlos III, no se debió para nada a Peces-Barba, o mejor dicho, mi decisión final para estudiar el posgrado no obedeció a querer llevar clases con él, o acaso a querer ser considerado como parte de su escuela de pensamiento (Norberto Bobbio se refirió a la escuela formada por Peces-Barba de la siguiente manera (aprovecho para practicar mi italiano): “mi glorio della scuola di Gregorio”)… La verdad es que me hubiese gustado conocerlo.

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Curso de derechos fundamentales. Libro de referencia (para bien o para mal) para cualquier estudiante de Máster en DDHH aquí en la UC3M.

No obstante entre actos y actividades en su recuerdo (que avivan las anécdotas y leyendas sobre el personaje), obras póstumas, y sobre todo lecturas (y relecturas e interpretaciones y reinterpretaciones) de su autoría, estudiadas durante los primeros cursos del Máster; puedo decir que al final creo que sí lo conocí. O lo conocí poquito.

Alguna vez un investigador de Jurídicas de la UNAM mencionó, a manera de crítica, que resultaba difícil no encontrar algún trabajo del mismo IIJ-UNAM sin hacer referencia a algún Fix. A la defensa de dicho comentario, se pude argumentar que eso no necesariamente es incorrecto, pues habla de un profundo sentido de pertenencia y de conocer qué es lo que se está haciendo en un determinado instituto en el que se desarrolla alguna investigación.

Bueno pues algo igual acá en la Carlos III, en el Instituto de derechos humanos Bartolomé de las Casas. De las tesinas que conozco, (también aplica para algunas tesis doctorales) son minoría, pero escasa minoría las que no citan a Gregorio Peces-Barba. Aunque sea una vez. Pero Peces-Barba está presente.

Esta cuestión, lejos de ser focalizada, es común a cualquier centro de investigación, o institución educativa que desarrolla actividades académicas. Si bien no creo que esto sea un problema en sí, vale la pena mencionarlo por llamar la atención sobre la independencia e imparcialidad que suele caracterizar a la condescendiente vida académica.

De hecho, ahora que lo pienso estoy en contra. Pero al ser mi incongruencia, lo único congruente que queda en mi vida… Obviamente yo también cité a Peces-Barba, e incluso lo citaré en mi tesis doctoral. Pero que conste que no es por compromiso. O al menos eso creo. Pero bueno, quién sabe. Estos fenómenos, justo como la ideología, se filtran inconciente e imperceptiblemente en nuestra mente, cuando ni nos hemos dado cuenta de ello. En fin.

Dentro de sus más de veinte monografías, e innumerables artículos, Peces-Barba tiene uno titulado “Los operadores jurídicos” donde aborda, tangencialmente el tema de los abogados.

El postulado básico con el que Gregorio Peces-Barba inicia su trabajo afirma que los operadores jurídicos se diferencian del común de los ciudadanos por actuar en el ámbito legal, a través de la intervención profesional estable en un cargo u oficio, como creadores, como intérpretes, como consultores o como aplicadores del derecho. Siguiendo dicha postura, y analizando el tema desde lo que a mi me interesa, que es el de los abogados, estos tendrían el compromiso de fungir como los principales intermediarios entre el derecho y sus destinatarios, pues sus acciones afectan vigorosamente al mejoramiento del sistema.

Ahora bien, la abogacía, tradicionalmente se ha venido caracterizando por ser una actividad independiente (predicándose dicha independencia en la libertad del ejercicio de la profesión y en la libertad de organización del ejercicio profesional al permitirse su autorregulación), que se identifica como uno de los ejemplos más claros de profesiones liberales, cuyas labores se encuentran subordinadas a los intereses de las clases dominantes. Sin embargo, como bien menciona Virgilio Zapatero, el abogado no es solo un representante de un cliente, sino también es “un operador del sistema y un ciudadano que tiene una especial responsabilidad en la calidad del sistema de justicia”.

Precisamente, esa ambivalencia del abogado es la que, además de quitarme el sueño, me interesa estudiar desde la teoría y filosofía del derecho. Porque dicha característica termina por tensar la cuerda hasta el extremo sin llegar a romperla, produciendo una abrumadora contención habitada tanto por el orden y la pulcritud como por la descomposición moral y la obcecación (¿!¡?). Siguiendo a Marcos Kaplan, al encontrar comodidad con posturas que evitan cualquier tipo de compromiso con su entorno, los abogados, por lo general, prefieren mantener el ritualismo y la jerga, antes que preocuparse por la simplicidad, la racionalidad, el realismo, la respuesta creativa ante conflictos, dilemas, nuevas situaciones y desafíos. Esta actitud, no obstante, no es fruto de una degeneración moral o de una abulia alienada que pueda predicarse de la maldad individual de los abogados, sino el resultado estructural de una historia que ha hecho de esta profesión una actividad ambivalente, digna de elogio en tantas ocasiones, pero casi siempre presa de las relaciones objetivas de poder.

El trabajo me resultó bastante interesante para mi finalizar mi Máster (aunque ahora que lo vuelvo a releer, me resultará de mayor utilidad en la tesis), pues siguiendo su característica visión holística sobre la filosofía del derecho, Peces-Barba hace un recorrido histórico sobre los operadores jurídicos desde esta rama del derecho.

Desde la Antigüedad (conjugando datos sobre estos agentes), hasta analizarlos en el pensamiento de algunos de los principales filósofos del derecho de la tradición positivista y en los dos principales sistemas jurídicos, Peces-Barba intenta poner de relieve los diferentes modelos en los que los operadores jurídicos se han desempeñan, para así estudiar sus funciones.

El artículo tiene mucho, pero mucho contenido y como él mismo lo termina, el tema tiene posibilidades todavía no exploradas. Otro tema en íntima relación con lo aquí abordado es el relativo al aislamiento de estos operadores, en íntima conexión con la educación que reciben. En este sentido (además de las citas a Montaigne, Pascal o Unamuno) llama la atención, en la página 469, la breve lista de libros que propone para ser un “jurista completo”.

Termino pues ya escribí mucho y prometí que no lo haría. Pero antes dejo una Posdata, por si alguien está interesado en conocer más sobre Peces-Barba.

PD. Acá encuentran un artículo en El País que escribió, a manera de homenaje discreto, José Manuel Rodríguez Uribes, maestro de Filosofía Política acá en el posgrado (precisamente la broma inoportuna que comenta, que es esta, ocurrió en un Congreso Nacional de Abogacía  y sospecho que, en parte, obedece a la conocida afición por el Real Madrid de Peces-Barba). Y acá un libro de cartas de personas cercanas a Peces-Barba, donde se narran anécdotas tan divertidas como reveladoras para llegar a comprender las magnitudes de este personaje. Me atrevo a recomendar una: la de Elías Díaz.

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Foto y no pedazos. Elías Díaz frente al busto de su amigo Gregorio Peces-Barba, el día de su develación, hace un par de meses en la UC3M, Getafe.

A continuación el artículo del profesor Peces-Barba titulado “Los operadores jurídicos” publicado en la Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, No. 72, 1986 – 1987.


Abogados… O mueres siendo un heroe, o vives lo suficiente para convertirte en villano

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Memes sobre abogados