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Viñeta sobre abogados e independencia judicial

 

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“Objeción.”


Viñeta sobre abogados.

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8 preguntas sobre abogados (y algo más) a José Ramón Cossío

El pasado viernes 26 de agosto de 2016, en la sede alterna de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), tuve la oportunidad de entrevistar a José Ramón Cossío Díaz (Ciudad de México, México 1960).

Cossío Díaz es abogado por la Universidad de Colima, maestro por el Centro de Estudios Constitucionales de Madrid (CEPC) y por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y doctor por la Complutense de Madrid. Fungió como jefe del departamento de Derecho del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) de 1995 hasta el 2003, año en el que fue nombrado como ministro de la Suprema Corte. Ha sido distinguido en numerosas ocasiones por sus trabajos académicos, aunque creo que vale la pena destacar que es uno de los escasos abogados que forman parte de El Colegio Nacional (de hecho, con él llegan apenas a seis pues solo García Máynez (obviamente), Gómez Robledo, Antonio Carrillo Flores, Diego Valades, y Héctor Fix-Zamudio tienen esta distinción). En un par de líneas, me atrevería a decir que una de las mentes más lúcidas de nuestra geografía jurídica nacional.

La constitución mexicana, en su artículo 95, enlista seis requisitos para ser electo ministro de la SCJN. Al final, dicha norma termina (como que no queriendo), con un parrafito orientativo pero bastante contundente a lo largo de la historia reciente de dicho tribunal que dice:

“Los nombramientos de los Ministros deberán recaer preferentemente entre aquellas personas que hayan servido con eficiencia, capacidad y probidad en la impartición de justicia o que hayan distinguido por su honorabilidad, competencia y antecedentes profesionales en el ejercicio de la actividad jurídica.”

En pocas palabras, hay de dos sopas para poder ser ministro en México: a través de la carrera judicial, (es decir, habiéndose desempeñado durante algún tiempo como juez, como funcionario, como parte del aparato jurisdiccional del Estado) o, simple y sencillamente, limitándose a actuar profesionalmente dentro del campo jurídico. Parece fácil, pero no lo es. Porque tradicionalmente las personas involucradas en el Poder Judicial han sido quienes ocupan dichos cargos tan importantes. Es raro, por no decir excepcional, que una persona ajena a la judicatura, termine ejerciendo de ministro de la Suprema Corte, pues los códigos, los lenguajes, el hermetismo gremial que despliega el aparato de justicia, difícilmente permite que algún foráneo se involucre en el mismo. También el factor de los celos, los malditos celos, que se generan a partir de que alguien así nomás, de la noche a la mañana, pueda ocupar una posición que no solo desconoce sino que no es su fuerte, o sea, ¿cómo alguien que en su vida ha redactado una sentencia, o siquiera conoce dónde están los tribunales, puede ser buen juez? Bueno pues la respuesta a esta pregunta, es posible encontrarla, creo yo, en los académicos, a quienes se les reprocha de forma constante que no saben trabajar en equipo, que no son institucionales, que no les gusta tener jefe, y sobre todo que su fuerte no es la acción sino la reflexión. ¡Falso de toda falsedad!, como dirían muchos juristas prácticos, o bueno, no sé, quizá algo de eso sea verdad, pero lo que sí sé es que los académicos sí saben conformar equipos de trabajo, que nadie más que ellos defienden a una determinando institución a través de la crítica, que son buenos jefes, y sobre todo que nadie mejor en este ámbito jurídico para vincular la acción con la reflexión, para justificar el contexto de descubrimiento.

En ese sentido, José Ramón Cossío, no exento de polémicas y controversias, viene a representar uno de los perfiles académicos que más solvencia, proyección y dinamismo le han impuesto a la Suprema Corte mexicana desde la reforma del 94.

A ver, quizá, puede ser, que todo esto lo escriba desde mi óptica de profesor universitario, siendo parte del ámbito académico, y por ende se me recriminen ciertos sesgos, e incluso se me pueda realizar la misma crítica que líneas arriba hacía sobre el hermetismo grupal de los jueces. Sin embargo, al analizar, y sobre todo comparar, el trabajo de Cossío con el de otros ministros, sinceramente me parce que existe un abismo entre la mayoría de estos. Porque no hay que olvidar que los jueces, en concreto los ministros, no solo hablan a través de sus sentencias y sus sesiones en pleno y en sala, sino también por medio de sus artículos académicos, sus libros, opiniones editoriales, sus tuits, por la conformación de sus equipos de trabajo (por ejemplo, casualmente no conozco en persona a Roberto Lara pero tantas personas me han hablado bien de él, y tenemos tantos amigos queridos en común que me resulta imposible no hacerme una buena impresión al respecto), de sus conferencias, de su amigos, sus coautores, sus maestros, de todo lo demás que rebasa el mero acto de juzgar.

Así entonces, y como alguien que creció, o no, no, no, como alguien más bien que tuvo sus primeras impresiones respecto al Derecho rodeado constantemente de palabras como crisis, constitución, democracia, cambio, transparencia, bla, bla, bla, bla…, rodeado de palabras que al final del día resultaron vacías de contenido y exentas de cualquier tipo de responsabilidad por hacer de nuestro entorno algo mejor; el trabajo intelectual y judicial del ministro Cossío me resulta un aliciente para creer que es posible hacer cosas con palabras, para salir a defender la independencia judicial y, sobre todo, para seguir construyendo el rol que la academia debe jugar frente a cualquier poder público.

No me queda más que agradecer a José Ramón Cossío por su confianza y su tiempo para realizar esta entrevista. También por la seriedad de su trabajo intelectual y jurisdiccional, que ha sabido combinar para, en definitiva, llegar a imprimirle un sello distinto a las dinámicas de nuestras altas cortes.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a José Ramón Cossío Díaz.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

José Ramón Cossío (JRC): Un litigante.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

JRC: Mi abuelo, José Lorenzo.

3. ¿Alguna vez pensaste ejercer como abogado?

JRC: Sí, cuando vivía en Colima. Litigue de hecho un buen tiempo, cerca de cinco años.

 ¿Qué te pareció la experiencia?

Mira me pareció varias cosas. Lo primero, muy formativo. Yo tengo una experiencia padre porque yo entré a trabajar a un despecho empezando el segundo semestre de la carrera. Y era un despacho que creció mucho, entonces nos tuvimos que hacer cargo un licenciado, Domingo Ramírez, y yo del litigio.

Estando en segundo semestre llevaba un chorro de casos… Una acción reivindicatoria, ¿qué es eso?, un juicio de prescripción adquisitiva, ¿qué esto otro? Entonces, yo me forme un poco solo, leyendo expedientes, con el licenciado Domingo, tomando las clases, fue muy padre y al mismo tiempo muy angustiante por los términos, esa parte de la profesión me parecía durísima, un día era una cosa, el otro día otra cosa, al otro día otra cosa, entonces tenías que construir un mundo muy peculiar para que no fueras a olvidar un término con los clientes.

 Colima no era corrupto, no había jueces que yo supieran eran corruptos, la verdad es que era un litigio civil básicamente, algunas cuestiones mercantiles. Y luego tres año estuve en el bufete jurídico gratuito y me gustó mucho, pero pensé al final que no era lo mío.

¿Por qué? ¿Por qué cambiaste eventualmente a lo jurisdiccionales, o antes a lo académico?

Porque al estar en la carrera me gustó mucho ser académico, y pensé que iba a ser académico toda la vida.

Yo estuve en Colima, me vine al Distrito Federal para hacer una maestría, me dio clases Jesús Orozco Henríquez, me invitó a ser asistente de él en Jurídicas. Como a las dos semanas me hice asistente del maestro Fix Zamudio, y yo pensé que toda la vida iba a estar en la academia…

Me fui a España, con el apoyo del maestro Fix y de Orozco, regresé en octubre, y en mayo me dijo el maestro Fix que me fuera a trabajar con Jorge Carpizo que tomaba posesión al otro día como ministro de la Suprema Corte, al quien yo no conocía. Estuve ahí en medio con Carpizo, luego estuve como coordinador de asesores del ministro Ulises Schmill, y cuando terminó me volví a ser profesor. Y ahí sí ya me gustó y me interesó ser ministro y desde el ITAM lo busqué. Eso es básicamente.

 4. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

JRC: Mira qué buena pregunta… Yo creo que a favor. Me parece que genera una condición de cierta distancia con los litigantes, que genera cierta objetividad. Yo cuando estoy en las cosas de litigio, me gusta hablarle de usted a las personas, me gusta que las cosas que me tienen que tratar me las traten en la oficina y no en los pasillos, no suelo estar en compromisos sociales, he reducido mi actividad social prácticamente a nada, y sí me gusta generar una distancia respecto a las partes. Y creo que la toga es una forma de decir, ustedes están allí, yo estoy acá, nos podemos conocer, podemos ser amigos, pero en estos momentos estoy ejerciendo una función judicial.

5. Si bien es cierto que de un tiempo para acá puede percibirse, sobre todo en la judicatura, una mayor tendencia por socializar el derecho, por el lenguaje accesible y la justicia abierta, también lo es que, por lo general, dentro del campo jurídico, existe la arraigada creencia de que la forma es fondo. Este dicho, en concreto para los abogados parecería acentuarse por su función estratégica como igualadores, o traductores de las pretensiones de sus clientes a términos jurídicos.

Y es que no cabe duda de que mejores demandas generan mejores sentencias, pero, en tu faceta como juez, ¿cómo distinguir la suplencia de la queja de los malos argumentos?

JRC: Mira ahí hay varias cosas. Primera, creo que sí existe un discurso sobre el lenguaje claro, sobre accesibilidad, pero creo que no se ha transformado en lo más mínimo. Creo que seguimos teniendo pésimas sentencias, pésimas demandas. Un lenguaje crecientemente defectuoso. Cuando menos antes tenías una claridad en el sujeto, el verbo y el predicado, hoy ni siquiera hay eso. Mucho rollo con eso de que las personas saben argumentar y tienen palabras, a veces, muy vacías.  

Otro fenómeno que me preocupa muchísimo es un uso desbordad de cómo si todo pasara por derechos humanos. Entiendo que las personas hacen su esfuerzo para ganar los asuntos pero a veces se llega a niveles ridículos, como choteando las categorías. Eso por un lado.

Por el otro, creo que no hemos podido penetrar en las prácticas, en el discurso sí, pero en las prácticas ordinarias no.  

Ahora cómo distinguir el tema, aquí en la Corte pasa algo que, bueno yo nunca he estado en un órgano jurisdiccional unitario, pero como órgano colegiado hay cosas que tú sabes que puedes plantear, y hay cosas que sabes que resultan casi imposible que te las acepten. Hay márgenes de corrección institucionalizados en función de la colegiación. A lo mejor en algún caso yo puedo decir que hay suplencia de la queja respecto a una persona muy particular, pero en general, te digo, los márgenes restrictivos al estar con otros cuatro, o con otros diez jueces, impiden muchas de estas condiciones. 

Y hay otra parte, que yo creo que casi nadie va a confesar, pero que existe. Y es que cada uno de nosotros, no lo digo en ningún sentido peyorativo, ni en ningún sentido de corrupción, tiene una agenda. Cada uno de nosotros le gustaría que ciertas cosas de sus pensamientos, de su ideología, de sus estudios, se vieran transformadas en derecho positivo. Yo creo que ahí hay un margen de apreciación importante, porque tú podrías decir a mi me interesan más el tema, yo qué sé, de los derechos sociales, o yo quiero ser un constructor del federalismo…, cada quien tiene como cosas y creo que eso sí te genera un sesgo para avanzar.

6. En México no se sabe a ciencia cierta cuántos abogados ejercen la profesión. Quizá podemos saber más o menos un estimado a partir de las cédulas profesionales, pero la verdad es que resulta un tema bastante difuso. Esto, a la par de otros tantos temas, ha generado un grave problema de desigualdad ante la ley, propiciando diferentes tipos, o más bien clases, de abogacía, que dependen de las posibilidades económicas de los clientes. ¿Se te ocurren algunas alternativas para intentar atenuar esta problemática?

JRC: Mira yo he estado, con todos los riesgos que tiene porque quizá se llega a un corporativismo de abogados que tal vez es sumamente peligroso, impulsado el asunto de la certificación.

No sé si la colegiación nos ayude del todo, sinceramente no estaría en contra de la colegiación bien organizada, etcétera, pero lo voy viendo cada vez más difícil, en cambio me parece que sí podemos generar condiciones para la certificación. Por ejemplo, el modelo que tienen los médicos me gusta mucho, que cada cinco años pasemos un examen general, cierto nivel de actualización, ciertos conocimientos, etcétera…, eso me parece que es un asunto central.  

Otro asunto que me parece gravísimo es que no encuentro formas para encontrar algún sistema de identificación de capacidades profesionales. El otro día lo discutíamos, cuál es el sistema de precios, cómo sé que hay un buen abogado y un mal abogado, entonces necesitaríamos tener un sistema razonable de señales en el mercado, para decir este cuate es mejor, este cuate es peor, etcétera. No sé si podría existir un buró, que diga: este señor ha sido abusivo con sus clientes, este señor otra cosa, no sé, que sea un buró de información, a lo mejor que no tenga una consecuencia directa de prohibir pero que tenga cierta influencia… Vengo a quejarme de este señor por tal motivo, vengo a señalar a este señor que me cobró más honorarios, en fin, algún sistema de señales me parecería bien.

Y un tercer factor, que me parece crucial, es hacer algo con el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (REVOE), porque esto es la locura infinita. Nos decían de la existencia de cerca de 1750 escuelas de derecho en México, me parece que esto es locura. La otra vez vi a una persona de Mérida, y le pregunté cuántas escuelas de derecho había allí y me dijo que 35 solo en la ciudad, pues bueno esto es un desastre. La parte del REVOE lo tendríamos que organizar mejor.

7. ¿Cuál crees que sea el principal reto que afronta la enseñanza del derecho en nuestros días?

JRC: Mira, yo lo primero, vamos a ponernos, ya no en las escuelas malas, vámonos a las escuelas de élite, es decir las que conocemos, las otras, cualquier cosa que hagas pues ya es un beneficio. Yo sigo creyendo que ahí existe un problema muy grave que es que no hemos encontrado un equilibrio entre enseñarles a los alumnos a realizar un actividad profesional, lo que significa saber hacer contratos, demandas, en general lo que hacen los abogados… y generarles una condición crítica, porque, por lo general, muchos académicos me parece que tienen una gran condición crítica, quienes son capaces de entender y encontrar dónde están los problemas ideológicos, los problemas operativos, los problemas de acceso del derecho, etcétera, pero no enseñan a los alumnos a hacer operaciones con el derecho, y la mayor parte de los que vienen recién titulados de las escuelas lo que quieren es vivir de la profesión, no criticar a la profesión, o criticar a las condiciones generales del derecho y su dominación.

Yo creo que creo que hay un desequilibro enorme en eso. A cuento de que les estamos enseñando estos temas críticos, me parece que no les estamos enseñando Derecho… O viceversa, no tienen ninguna visión crítica del Derecho y, probablemente, solo son reproductores de normas, individualizadores de normas, y eso no tiene ningún sentido. Ese es el equilibrio. Creo que eso, a veces, se oculta baja la idea de la división entre clases teóricas y clases prácticas. Yo creo, que esa no es una buena diferenciación, me parece que a los alumnos hay que enseñarles una buena teoría como elemento formalizador y luego ya las dinámicas, o materias, o las ramas, o cómo quieras ponerle, sobre el Derecho… En definitiva, ahí encuentro un problema súper complicado.

Y otra cosa que creo es que los abogados en general, no se han dado cuenta del cambio tecnológico. Yo tengo 30 años de dar clase, cuando comencé, tenía que ser proveedor de información y de formación, es decir, les tenía que decir: esto es lo que dice el código, este es el código, esto es un derecho y sirve para hacer estas operaciones, esto es una obligación y pasan estas cosas, etcétera. Hoy, lo que creo es que cualquier chico, otra vez estoy hablando de las escuelas de élite, tiene una acceso a una cantidad brutal de información, entonces creo que los profesores no debemos seguir siendo meros enseñadores de información, porque lo que les tienes que decir es qué hacer, y qué operaciones jurídicas, en los términos más formales posibles, casi como una especie de álgebra, pueden hacer con estas cosas, es decir, mire, cuándo usted vea esta conformación, esto significa que ya hay una obligación, una obligación significa normalmente una responsabilidad, y una responsabilidad significa normalmente una sanción, y una sanción significa una afectación de bienes o de libertades, en fin… Ahora, cómo llenamos todo eso, bueno pues vamos al Código Civil, o al Código de Comercio, pero ahí sí hay una parte que, me parece, no hemos dado el cambio, les seguimos enseñando como si ellos no tuvieran acceso… En clase, tú estás explicando un tema y levanta la mano un alumno y te reprocha: ¡oiga profesor eso no es cierto!, por lo general, la justificación que es el típico latoso, ¿no?… Pero, lo cierto es que como profesión nos está faltando un montón de proceso de actualización.

8. Hace unos meses, en alguna de tus columnas de El País, utilizaste la novela Sumisión de Michel Houellebecq para abordar el tema de las fuentes del derecho y relacionarlo con la trama ficticia ideada por el afamado escritor francés. Después hiciste algo parecido con La ley del menor de Ian McEwan para reflexionar en torno al rol de los jueces. ¿Qué nos puede decir la literatura sobre el derecho? ¿Crees que leer ficciones genera mejores abogados?

JRC: Yo creo que sí. Igual que ver cine. ¿Por qué? Porque primero, porque puedes encontrar desde cosas muy básicas, como “role models” que, a veces, nos hacen mucha falta, sobre todo en los años formativos, tratar de parecernos a alguien para adoptar algunas actitudes, algunas prácticas, que después uno las va soltando pero sí me parece que eso genera como estos modelos a seguir.  

Segundo, me parece que uno puede con cierta perspicacia entender operaciones del Derecho que no son visibles, salvo cuando estás ya en grados altos, o sofisticados. Por lo general, nos preguntamos, cómo empiezo, si uno llega y a uno lo ponen a transcribir, lo ponen a sacar fotocopias, lo ponen a pasar la lista, etcétera…, entonces nunca entiendes la operación general del Derecho, no entiendes por qué estas ahí. Yo creo que entendido bien las películas, o entendiendo bien un expediente, tú puedes empezar a encontrar relaciones y operaciones…, y decir ¡ah!, esto que estoy haciendo va para esto, y esto que estoy haciendo lleva a esto otro. Entonces, me parece que es un articulador.

Y en el caso de la novela de McEwan, creo que es una cosa bien interesante, cuando por el ejemplo, que ese es el tema central de este joven con leucemia, cuando te das cuenta que la juez se suspende la sesión, va con la trabajadora social del hospital, entrevistan al chico, y toma una decisión, ahí prácticamente en tiempo real, y dice vamos a transfundir a este muchacho. Entonces, esa parte, yo creo que para el que la tome, no la lea así como pasaje rápido, sino que realmente se pregunte, ¿qué es lo que está sucediendo aquí?, lo que se está viendo allí son los problemas del poder del juez, los jueces como ejecutores, los jueces como verdugos, en este caso no matas a nadie, pero se puede entender a los jueces como interventores, como asignadores de bienes, esa esa parte de la novela te permite conectar operaciones que vas viendo hasta dónde llegan.

Yo todavía a mi edad, tú que ya vienes con estudios muy largos, etcétera…, tú ya solo sin ayuda puedes conectar cosas, no necesitas que alguien te diga cómo hacerlo. Pero esa parte es a lo que lleva, eso es a lo que conduce las narrativas así largas del cine, de la literatura, y eso me parece fenomenal.

Hace tres semanas vi la película “Media noche en el jardín del bien y del mal”, de Clint Eastwood, y me encontré algo bien interesante, que yo he reflexionado ya desde hace rato, de hecho hasta escribí algo sobre lo mal que nos preparamos para llegar a los juicios, entonces volver a ver esto, sí me llevó a cosas diferentes, a decir: a ver…, sí sigo creyendo que tengo razón en mi tema de peritos, pero dónde está todo este paralegal que se mete con la audiencia, qué te digo…, me volvió a dar un sentido general. Yo creo que sí es importante que los chicos vean cine y lean literatura. También con alguna orientación, porque todavía hay gente que me dice: “oiga cuándo van a existir jurados”, y les respondo que eso no va a pasar, pero con una cierta guía, sí puedes tener una forma general de comprensión del Derecho.  

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente: 

Colima Gratísimos años de formación, muy intensos
José Revueltas Dejando los lugares comunes, esta forma en la que enfrenta al juez Ferrer MacGregor, y lo desconoce cuando está siendo procesado por los delitos de disolución, creo que es una de las mejores piezas jurídicas que yo he leído 
España Primero una confusión enorme. Yo llegué a España y no entendía nada de Derecho, lo cual es una experiencias fantástica. Porque, según yo, me estaba preparando para el doctorado y me puse a leer todo lo que yo podía, y cuando tuve la primera clase con Javier Jiménez Campo, que fue secretario general del tribunal constitucional durante muchos años, y yo oía a Javier y no entendía nada. Y decía, cómo puede ser que yo he leído a Lucas Verdú, Sánchez Agesta, los que tú quieres y no entendía nada. Y esa fue una crisis padrísima que tuve ahí en los Jardines de Sabatini, ya sabes, junto al palacio real, y yo dije algo estoy haciendo mal, no estoy entendiendo, todo lo que sé de Carl Schmitt no lo entiendo. Hasta que dije este profesor trata a la constitución como el código civil, entonces ese día, te prometo que casi como una epifanía, hice el trabajo y me gané el premio del Centro. Este es Derecho, esto no es poesía, ni vaciladas, ni fuerzas naturales, ni metafísica, estos cuates dicen artículo 1, agárralo como el código civil en un juicio reivindicatorio, y le das. Entonces fue fantástico. Como una revelación increíblemente potente en ese sentido
Justicia Una complejidad humana extraordinaria
José de Jesús Gudiño Pelayo Un muy querido amigo, un hombre muy bueno y entusiasta
Colegio Nacional Una extraordinaria distinción
Ámbito académico Desperdicio de recursos
Los demonios y los días Gran temor
ITAM Enorme camaradería
Medicina Lo que debí haber estudiado
Universidad Complutense de Madrid Una abstracción. Nunca fui parte. Nunca me sentí cercano. Un título universitario
El Padrino En las palabras de mi hijo, “todo lo que necesitas saber de mi vida”, ¿no?, que siempre me dice esa frase. Ese es otro caso espléndido de todo lo que uno puede aprender, una concentración de sabiduría
Vicente Fox En términos formales, la persona que me postuló para venir aquí. Y una persona que me parece que se ha ido caricaturizando a sí mismo con el paso del tiempo
SCJN Ay… Está difícil. Yo creo que algo que podría haber sido mucho más, algo que puede llegar a ser…
Ulises Schmill Mi profesor de teoría del Derecho
La Teoría General del Estado de Hans Kelsen Mi mayor relevación. Probablemente el libro que más me ha influenciado en el mundo jurídico
The Police Buenas canciones…, y buenos recuerdos
Héctor Fix-Zamudio Mi maestro
Derecho A lo que me dedico y a lo que estoy concentrado todo mi tiempo
México Una tristeza en este momento, con posibilidades absolutamente desperdiciadas

 

Viñeta de El Roto sobre las funciones de los jueces

Hoy es sábado y no tendría que estar escribiendo en este blog, sin embargo, me encontré esta viñeta de El Roto (que no solo es mi dibujante favorito sino que sinceramente creo que es quien mejor ilustra nuestra cotidianidad) sobre la justicia y las personas que la imparten. Y aunque este blog es sobre abogados, no se puede entender a estos sin los jueces.

Ayer precisamente le reclamaba a un querido amigo y profesor sobre su confianza depositada en estos operadores jurídicos para fomentar condiciones más igualitarias en nuestro entorno, y me corregía diciendo que él antes de creer en los jueces, creía en el proceso judicial. Y aunque me convenció un poquito…, sigo teniendo mis dudas. Pues algo, más o menos, así con la viñeta que publica hoy El País…

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Por un Tribunal Electoral #SinCuotasNiCuates: No alteren la designación de magistrados

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Un buen maestro me dijo que en este país lo único serio es la lucha libre, que todo lo demás es poca cosa.

Me gustaría decir que, de alguna u otra manera, me esperaba la iniciativa que pretende alterar el mandato de cuatro magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Pero lo cierto es que no.

La partidocracia en México no deja de asombrarnos, nuestros (supuestos) representantes día a día se superan y ejecutan absurdas acciones que los comprometen y develan sus propios intereses.

senado-ok.jpgNuestros (supuestos) representantes son como ese obstinado compañero malacopa, un nefasto y predecible borracho que cuando uno cree que, más o menos, ha vuelto al buen camino, invariablemente recae y con más fuerza. Que a pesar de que uno tiene la firme esperanza en que no vuelva a cometer errores, retorna a las pifias y al lúgubre camino de la amargura.

En pocas palabras, ciertos legisladores quieren aumentarle la duración a quienes ya fueron designados como magistrados electorales. Da igual la aplicación retroactiva de las leyes, las leyes privativas, pero sobre todo la legitimidad de una de las pocas instituciones en esta democracia de baja intensidad que ha caracterizado al México contemporáneo.

hand-drawn-vector-sketch-illustration-of-voting-or-vote_204199888De un tiempo para acá, el Tribunal Electoral ha intentado dotar de certeza a un derecho tradicionalmente cuestionado en México. Lo difícil que ha sido difundir una imagen sólida, certera y confiable respecto a la institución encargada de velar por los derechos políticos electorales, y, en gran medida, por la democracia en el país, ahora tiene que desmarcarse de esa lógica de cuotas y de cuates que tanto afecta a la independencia y la autonomía de las instituciones.

De ahí que pedimos tu firma, en la plataforma change.org para llamar la atención sobre este delicado tema

De ahí que solicitamos un Tribunal Electoral #SinCuotasNiCuates. Para que no se altere la designación de magistrados electorales.

Que estos esfuerzos sirvan, por lo menos, para hacerles saber a ciertos senadores y líderes de partidos políticos que no son ni los dueños de este país, ni que tampoco nos representan.


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Por acá un artículo en el blog de Nexos donde se explica con detenimiento lo que se intenta hacer.

Por acá también una nota en el periódico La Jornada que da cuenta de lo que está ocurriendo, y de lo que se solicita.

Evento: Foros sobre derechos humanos, arraigo, y tortura en el marco del Moot Court que organiza la Facultad Libre de Derecho de Monterrey

El Centro de Derechos Humanos (CDH) de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey (FLDM) está organizando, en colaboración con la Suprem Corte de Justicia de la Nación, el Poder Judicial Estatal, la Procu del Estado, el Instituto de Defensoría Pública de Nuevo Léon, y la Casa de la Cultura Jurídica Monterrey, el primer concurso de derechos humanos: Valentina Rosendo e Inés Fernández.

O sea, es un tipo Moot Court donde habrá participación de distintos equipos de diferentes escuelas de derecho en México. La verdad el proyecto me parece fantástico y sobre todo por su incidencia en el tema sobre el que versa, que es el de la tortura. Práctica que Juan Méndez, desde hace rato viene diciendo que es más bien generalizada en México y que algo hay que hacer, y sin lugar a dudas se hace pero bueno, habrá que hacer algo más. Siempre se puede hacer algo más.

Además de la competencia, habrá distintos foros y ponencias que tienen muy buena pinta, y sobre todo que serán sin costo alguno. Dentro de los ponentes se encuentran abogados de la Comisión Interamericana, académicos, el juez Miguel Bonilla López, el ministro en retiro Juan Silva Meza, el director de Amnistía México y otros más.

No me queda más que compartir la invitación, y felicitar a toda la gente del CDH, encabezada por mi carnal Victor Pérez Cobos por el gran proyecto que se realizará los próximos días en la FLDM.

A continuación pongo los flyers donde se indican las fechas, los temas, y las ponencias.


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8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Reyes Rodríguez Mondragón

El pasado día viernes 11 de septiembre de 2015, en la Sala Regional Monterrey del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), tuve la oportunidad de entrevistar a Reyes Rodríguez Mondragón (Ciudad de México, 1974).

Screen Shot 2015-11-19 at 4.12.00 PMReyes Rodríguez funge actualmente como uno de los tres magistrados de la Sala Regional Monterrey del TEPJF. Sus estudios comprenden la licenciatura en derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), la Maestría de Administración y Políticas Públicas en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y otra Maestría en Derecho y Sociedad del reputado Instituto Internacional de Sociología Jurídica en Oñati, España. En el ámbito profesional se ha desempeñado dentro de la administración pública federal en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el Instituto Federal Electoral (IFE) en el Senado de la República y en el ámbito académico fungió como director de la Licenciatura en Derecho del CIDE, o sea, en pocas palabras, un todo-terreno.

Por paradójico que parezca, conocí al Magistrado Reyes hasta que me fui de Monterrey. O sea, vamos a ver, sabía que la Sala Regional Monterrey estaba haciendo cosas interesantes, y que estaban trabajando en el Tribunal personas muy capaces, pero eso era todo lo que sabía, esta desatención probablemente obedezca a un sesgo mío y también a mi ignorancia, pero bueno cada quién sus traumas y fantasmas.

En lo personal el derecho electoral me parece más bien poco interesante, o sea me imagino un órgano como el IFE, digo como el INE, o como el TRIFE, digo como el TEPJF, que se encargan de velar y desarrollar, con la misma minuciosidad derechos como la educación o la alimentación y me entusiasmo. Me imagino el mismo boom que ocurre en la teoría jurídica electoral que en la relativa a los derechos sociales y digo va. Y no, de hecho cada vez me parece más sensato no votar y desentenderme, poco a poquito, del sistema, pero bueno, lo cierto es que dentro de ese mundo que es el derecho electoral se están gestando propuestas y transformaciones importantes que tienen un impacto en todo el sistema jurídico.

El tema es que recién llegaba a Alicante y una noche, tomándome unas cañas con muchos pero muchos abogados (con gente aburrida que, por lo general, solo suele (y puede) hablar de derecho, y bueno yo sé aparentar muy bien, tan bien que esa noche me salieron gratis las cervezas), y de repente, en algún momento alguien me preguntó que de dónde era y contesté que de Monterrey. Acto seguido varios de los ahí presentes me dijeron “Ahhhh de los que están haciendo muy bien las cosas en materia electoral”. Y yo dije: Ajá. Y replicaron, “qué interesante ese nuevo modelo de sentencias”, y yo dije: Ajá, tremendo. Después, alguien dijo que el modelo debería ser exportado a todo el país, otro que era un ejercicio de imaginación increíble, y otro más que como práctica argumentativa tenía mucho potencial. Yo hice mi mejor cara y desvié la conversación para evitar hablar del tema, porque sería inadmisible que el regio no supiera del nuevo modelo de sentencias, casi casi tan imperdonable como si un genovés no supiera de filosofía analítica, o que un cordobés no supiera de lógica deóntica, un pecado de ese tamaño.

tepjf-monterreyTerminó la noche y me fui a mi dormitorio a leer sobre el modelo de sentencias de la Sala Regional Monterrey del TRIFE, digo del TEPJF, y preguntando e investigando me llevé la sorpresa de que precisamente ahí era donde se encontraban laborando tanto Pame Teutli, como Arturo Colín, probablemente no solo dos de los mejores estudiantes que he conocido durante el tiempo en que tuve la oportunidad de dar clases en la Facultad Libre de Derecho de Monterrey, sino dos de los mejores amigos con los que cuento. Un par de personas capaces y muy sagaces pero, sobre todo, con una gran calidad humana. A veces medios impuntuales, me refiero en lo que respecta a su proyecto de tesis, pero convencido de que llegarán lejos (si algún día se titulan). Recordé que por ahí había pasado también Nora Picasso, Aarón Segura (aunque en otra ponencia), después también me enteré que por ahí se encontraba mi buen amigo Polo Gama, y ya después vi la formación de quien los lidera, del magistrado de la ponencia, y todo hizo “click”.

No es este un post para explicar el “nuevo modelo de sentencias” del TRIFE, digo del TEPJF (ya vendrá después), pero creo que es algo que cualquier abogado, cualquier jurista, pero sobre todo cualquier ciudadano debería conocer. Es en lo que creo, una nueva manera de afrontar el derecho, y de intentar cotidianizarlo. Como dije líneas arriba, o cómo di a entender, el derecho electoral me parece poco interesante, pero con las personas tan interesantes que están dentro del mismo, no me queda más que ponerme a estudiar derecho electoral.

Agradezco la buena disposición de la gente que conforma el sistema electoral, que estoy seguro que aunque no son todos iguales, sí hay bastantes intentando repensar el derecho. A Pame y Colín por su amistad y conseguirme la entrevista con el Magistrado. Al Magistrado Reyes por su amabilidad, su creatividad, pero sobre todo porque tengo la sospecha de que se identifica con una frase que me gusta mucho y que le robé a Iván García Gárate, porque es un abogado, un operador jurídico que cree más en la sociología que en el derecho.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Reyes Rodríguez Mondragón.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Reyes Rodríguez Mondragón (RRM): Resolutor de problemas, una profesión social.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando que sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

RRM: Alicia Florrick, de The Good Wife. Olivia Pope, de Scandal.

3. Por lo que sé, al inicio de tu vida profesional ejerciste la abogacía a través de un despacho de abogado, ¿cómo recuerdas esta experiencia?

RRM: Fue muy poco tiempo, más o menos durante un año, y no era un despacho tradicional sino una consultoría donde me encargaba del área de estudios legislativos.

Durante gran parte de la licenciatura mi interés versó sobre el trabajo legislativo, de hecho mi tesis (la cual fue defendida ante Luis Raigosa, Rodolfo Vázquez, y Leticia Bonifaz) la realicé sobre teoría de la legislación y racionalidad en el sistema jurídico, tema que parece bastante teórico, pero que cuenta con importantes intereses prácticos.

Yo lo que quería al salir de la licenciatura era trabajar como asesor en el Congreso, lo cual nunca hice, formalmente hablando, hasta el 2012 que fui Secretario Técnico de la Comisión de Justicia de la Cámara de Senadores, entonces, derivado de mis estudios durante la licenciatura y de mi participación en algunos proyectos en 1999, me invitaron algunos profesores del ITAM a integrarme a esa consultoría. Ellos llevaban las áreas de litigio y yo me encargaba del área de consultoría y particularmente me enfocaba a trabajar en la elaboración de propuestas de reformas legales. Por tanto, era un trabajo muy de escritorio, de resolutor de problemas, sí, pero desde esta perspectiva de lo público y de la ley. 

Nunca he trabajado como abogado, es decir, nunca he tenido que enfrentarme a la tradicional relación entre abogado-cliente que es más propia del litigante o del abogado corporativo. Inclusive cuando trabajaba en la administración pública, en el área jurídica, mi función siempre fue la de revisar lo que hacían los abogados y asesorar en la toma de decisiones, es decir mi aproximación al ejercicio de la abogacía ha sido predominantemente la del abogado-consultor.

De hecho, yo me he pensado como un administrador público, trabajando con el derecho, antes que propiamente como un abogado.

4. ¿Deben los abogados saber sobre sociología jurídica?

RRM: Sí. Para empezar, los abogados deben saber metodología, no solo de investigación sino metodología para analizar textos, para plantearse problemas y preguntas y creo que lo que aporta la sociología jurídica a la formación tradicional del derecho, es en primer lugar una metodología de aproximación y análisis de los problemas de la realidad jurídica y sus consecuencias. 

La sociología tiene un contenido empírico, un enfoque para analizar la realidad y para eso necesitas un método y a los abogados nos falta ese método, metodología.

En segundo lugar, la sociología jurídica genera en los abogados una conciencia de la relevancia del derecho en la sociedad y los efectos que tiene en cuestiones prácticas. Las decisiones, el litigio, las asesorías, las resoluciones de un tribunal nutren al derecho y, éste contribuye al cambio social. De esta manera, un abogado se da cuenta de la importancia que tiene lo que decide en la sociedad, en las relaciones entre personas, en los incentivos de los actores políticos y sociales.

Y en tercer lugar, los abogados hoy en día necesitan una visión interdisciplinaria. No es suficiente con el dominio de la técnica jurídica, de la doctrina legal, de la jurisprudencia de los tribunales, etcétera. Como jurista, necesitas una visión que te permita estudiar las diferentes aristas de los problemas, y la sociología es muy amplia ya que facilita el acercamiento a una pluralidad de visiones, de enfoques, de fenómenos sociales, económicos y políticos… La sociología del derecho, aunque sea tangencialmente, te acerca a otras disciplinas. Se necesita una perspectiva inter y multidisciplinaria para hacer un buen trabajo como abogado que responda a la responsabilidad social que tiene y que responda, además, a la competencia del mercado.

5. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

RRM: No estoy ni a favor ni en contra.  

¿Quién usa la toga? Los jueces, o sea uno trabaja como juez, no es juez. Si para trabajar como juez es un requisito usar la toga, pues que esta sea usada. Si no es un requisito o una formalidad necesaria… no sé qué agrega en realidad.

Entiendo el uso de la toga como un elemento más de las formalidades en el sistema legal y en la profesión.  

La profesión, y el derecho en general, están llenos de formalidades, y no lo digo con un sentido peyorativo o despectivo. Así es el derecho. Las instituciones legales requieren de formas y las formalidades también comunican.

La toga creo que podría comunicar algo valioso en una ceremonia de graduación, distingue a quienes están recibiendo un grado; probablemente en un recinto, en un tribunal, también pueda ser un signo distintivo de quienes tienen ahí el poder de tomar una decisión, o de quienes tienen la facultad de dirigirse a los juzgadores, y entre los abogados. Pero más allá de esa función distintiva no estaría ni a favor ni en contra.

No encuentro una razón práctica de peso, más que la comunicación.

6. Uno de los postulados clásicos del realismo jurídico clama porque el derecho, antes que identificarse como un conjunto de normas formalmente válidas, debería empatarse con el comportamiento efectivo de los jueces. En materia electoral, creo que esto obtiene mayor importancia, pues muchas veces quienes litigan casos frente al tribunal continuamente evocan cuestiones de índole política, o que sencillamente develan relaciones de poder donde el derecho parecería no bastar. ¿Cómo deciden los jueces? ¿Qué opinas sobre el componente poder-político al decidir en materia electoral?

RRM:. Yo creo que aquí hay dos preguntas distintas. Una tiene que ver con ese postulado del realismo donde la definición del derecho está dada por lo que los pragmáticos, los de la escuela pragmática norteamericana (por ejemplo Pound), denominan derecho en acción, es decir, lo que es derecho es lo que deciden los jueces. Esta es una visión que responde también a la concepción que tienen del derecho aquellos que ven al derecho como una profesión, antes que como una ciencia; esos postulados nos ayudan a entender, como dijiste, que el derecho está en función de la conducta de los jueces.  

Ahora bien, creo que el objeto de estudio de eso en realidad son los jueces, y lo que nos estarían diciendo, de alguna manera, es que los jueces deciden conforme a su ideología, conforme a sus valores, conforme a sus concepciones de la vida, y conforme a sus concepciones del derecho. Ello no sería exclusivo del ámbito electoral, que esa sería la otra parte de la pregunta… No sería exclusivo de problemas donde pueden existir factores extranormativos. Me gustaría distinguir esta pregunta en dos niveles.

Uno, nos problematiza sobre la concepción del derecho como aquello que deciden los jueces, y también nos problematiza cómo deciden los jueces. Y otra es, qué tipo de problemas jurídicos, necesariamente, nos obligan a tener consideraciones normativas y extra-normativas.

Sobre lo primero, creo que la importancia de la judicatura en México, y en países del civil law, se visibiliza cada vez más. Creo que en las escuelas de derecho, los académicos no pueden ignorar las decisiones de los jueces, ni como objeto de estudio, ni para entender lo que llamen derecho. El dinamismo tanto de la disciplina jurídica como del sistema legal está fuertemente movido por los tribunales. Entonces, creo que independientemente de cuál sea nuestra visión sobre lo que es el derecho, debe tener lugar ahí el papel de la judicatura como objeto de estudio (como profesión) y como actor que define el derecho en sí mismo. 

Ahora, que si los jueces deciden conforme a su ideología, sus valores, etcétera, pues ahí existe un debate importante. Seguro conoces este libro “Izquierda y derecho” de Duncan Kennedy, que es el que en estos momentos recuerdo como aquel que sintetiza esa discusión. En mi opinión, sí. Los tribunales, los jueces, gran parte de sus decisiones están movilizadas por lo que ellos piensan que es el derecho, esto es por una ideología, sí, por sus concepciones del mundo, pero esto no significa que decidan o actúen fuera de los parámetros legales, o fuera de lo que la constitución, el orden jurídico, obliga.

No comulgo con las posiciones extremas. Ni con aquellos que piensan que los jueces deciden como quieren y no tienen constreñimientos institucionales, ni con los que, en el extremo opuesto, piensan que los jueces en realidad son solamente la boca de la ley, y que su única función se limita a hacer hermenéutica de la ley, donde no existe un ingrediente valorativo. En mi opinión, sí lo hay, pues nuestra propia concepción del derecho nos va orientando sobre cómo interpretamos la ley, nuestra concepción de la democracia (entrando al tema electoral) nos guía también a cómo interpretar y aplicar el derecho y las reglas del juego electoral para resolver problemas de ciudadanos o partidos políticos, muchos de esos problemas no tienen respuestas textuales en la ley, por lo menos explícitas, o tan evidentes, y entonces hay que desentrañar y hay que argumentar y construir decisiones, con la responsabilidad de sus efectos en el sistema electoral y político. Y cuando uno argumenta, tiene que elegir entre diferentes tipos de razones, y me refiero a lo sustantivo, a lo que le vamos a dar relevancia para tomar una decisión.

Por ejemplo, cuando uno resuelve un problema sobre paridad de género, creo que sí existe un ingrediente ideológico al enfrentarnos a una norma que establece la obligación de postulación de candidaturas en distritos, por ejemplo en los más competidos y en los menos competidos, en donde debe existir una distribución entre hombres y mujeres con igual probabilidad de que sean electos; en estos casos sí hay una concepción ideológica al decidir si cumpliendo con un mínimo de distritos competitivos atiendes a la finalidad de la ley, o, por el contrario, al decir que debe existir una distribución igualitaria entre distritos ganadores y perdedores entre hombres y mujeres.

El derecho en general, creo que tiene que considerar componentes extralegales, por ejemplo en un conflicto entre vecinos. Yo tengo derecho a que no hagas ruido a partir de tal hora de la noche, hay un número de decibeles permitidos para escuchar música, tengo derecho a que la basura no se deja afuera de las puertas de los condóminos, sino a que haya un lugar donde se deposite la basura… Y nos preguntamos constantemente, por qué nuestros vecinos dejan la basura afuera de la puerta, por qué alguno de nuestros vecinos supera el límite permitido y no llamamos a la policía, y por qué no los denunciamos una vez, dos veces… Porque tenemos que considerar cuestiones culturales, o sea porque hay una interrelación social, por un elemento extralegal que nos pone un límite de tolerancia.

Sirvan estos ejemplos de conflictos mínimos para abordar la materia electoral, pues en el derecho electoral tienen lugar conflictos políticos, conflictos en el poder, de acceso y de ejercicio, de la representación política, entonces necesariamente van a existir elementos conductuales que van a ser considerados como relevantes, o irrelevantes, para resolver un problema. 

Eso no significa que se decida políticamente, creo que hay una confusión. Yo en algunas charlas con colegas, en algunas conferencias, o aquí mismo en la ponencia, digo que el derecho es política, creen que entonces las decisiones son políticas, no, nada más equivocado, las decisiones son jurídicas, el componente relevante de la decisión está guiado por lo legal. Pero el fenómeno sobre el cuál se decide es un fenómeno político, es un fenómeno de poder, y hay que considerar eso y los efectos en ese ámbito. Y la competencia política está reglada, y los actores, evidentemente, siempre se van a comportar tratando de maximizar sus intereses, y las decisiones jurisdiccionales los ponen en perspectiva y en un balance entre los derechos de los competidores en los procesos electorales, o en general en la vida política. Qué normaliza sus conductas cómo democráticas, qué pone límites a lo que pueden hacer, qué modera la maximización de sus intereses: las reglas y las decisiones judiciales; entonces los derechos son incentivos y desincentivos, y muchas veces las decisiones de los operadores jurídicos van a moldear las conductas y los incentivos políticos.

No podemos dejar de lado, no podemos ignorar, si queremos considerar los efectos de las decisiones en la política los elementos extra-normativos.

El tema de la cultura política del ciudadano, también es algo en lo cual los tribunales electorales inciden al momento de tomar decisiones.

7. Cuando estaba en España, una de las principales inquietudes y preocupaciones de varios amigos de allá era el tratamiento del fenómeno electoral en México. Una cierta eclosión tanto teórica como práctica por erigir un amplio sistema que se encargue de velar por los derechos políticos. Muchos abogados se dedican y escriben y se especializan sobre el derecho electoral. ¿Hay un boom por la materia electoral en México? ¿A qué crees que se deba esto?

RRM: Es muy interesante la pregunta porque viene de fuera, porque desde fuera se preguntan qué está pasando en México, y no sé si inclusive lo dicen con preocupación, que a veces lo electoral está tomando en la discusión pública, y mediática, un papel que no lo tenía antes. Y los tribunales están decidiendo lo que compete a los electores.

Sin pretender darte una explicación completa y muy comprensiva, me atrevería a aventurar algunas hipótesis.

Creo que esto es resultado, sobre todo, del diseño institucional y las prácticas que tenemos. ¿Por qué hay más abogados en materia electoral? ¿Por qué hay más conflictos en materia electoral? Pues porque hay más dinero en la política. Cada día hay más dinero invertido por el Estado mexicano, por los ciudadanos en lo que es la arena electoral. Una hipótesis es esa, tenemos más inversión en instituciones electorales, en las campañas, en los partidos, en la política en general.

Dos, hay una sobrerregulación. No solo todo está bastante bien regulado, sino que está en exceso regulado. Hay una sobrerregulación de las diferentes formas de expresión, de acceso a la radio y a la televisión, del financiamiento, de la fiscalización, de la propaganda, de los partidos políticos, en fin, y al existir una sobrerregulación hay más problemas y, por tanto, más demanda de servicios.

Tres, esta sobrerregulación de la que hablo, y la creación de instituciones como el INE, el Tribunal Electoral, han hecho muy técnico el derecho electoral. Cada vez lo hacen más técnico, entonces realmente necesitas un expertise, una especialización en materia electoral si quieres tener éxito como sujeto regulado, como candidato a un cargo de elección pública, porque necesitas conocer no solo el lenguaje, sino también las prácticas de la dinámica jurisdiccional-electoral, o administrativa-electoral. Y esta especialización está acompañada de una exigencia temporal que no hay en otras materias, aquí para impugnar tienes 3 días, 4 días, para resolver hay una exigencia en todos los niveles: administrativo y jurisdiccional, los abogados tienen que responder muy rápido. Entonces si tienes que hacer una demanda en 3 o 4 días, necesitas un abogado que conozca realmente la materia. Hay una creación de jurisprudencia muy abundante, y hay, sobre todo, un incremento en la litigiosidad.

Y cuatro, porque la arena electoral se ha convertido en una forma de comunicación política también, el tema electoral se ha llevado a la arena mediática. Se puede hacer campaña a través del litigio electoral o se puede buscar incidir en las campañas al llevar conflictos a la arena administrativa o a la arena jurisdiccional, entonces se ha vuelto parte de la misma competencia mediática.

Hay un quinto, pero la verdad no sé cuánta fuerza tenga porque es más teórico, y es que la legitimación del ejercicio del poder se ha visto nutrida por la institucionalidad electoral. Lo electoral tiene mucha presencia y penetración porque ha sido, en la transición democrática, un factor que añade legitimación. Hoy en día encontramos todavía casos en que se dice, “Oye, la elección fue muy competida”, o “tal elección fue muy cuestionada”, pero luego viene una autoridad, que es el Tribunal Electoral, y la valida, algunos están de acuerdo y entonces los que están de acuerdo lo ven como un ingrediente de legitimación de su triunfo electoral. Creo que también eso tiene un valor en sí mismo para los actores de la competencia y lo van a comunicar a la ciudadanía.

Esos serían, yo creo, los cinco factores que explican este boom.

Quiero destacar el tema del dinero. De entrada hay un subsidio importante en la materia electoral que permite que los partidos políticos tengan abogados de planta pagados por el financiamiento público, que tengan una representación en el INE, o para contratar abogados externos que les llevan los juicios, etc. Los partidos políticos se han convertido en “repeat players”, en jugadores repetitivos del sistema legal electoral, ellos tienen muchas veces interés no solo en resolver su caso, sino en sentar ciertos criterios para el futuro, porque eso o les da certeza o les permite poner límites a sus competidores, entonces litigan estratégicamente y están financiados. El INE paga la oficina de representación de los partidos políticos, o sea es un subsidio. Las oficinas de los partidos políticos también operan con financiamiento público, entonces tienen abogados “gratis”, además pueden destinar a contratar consultorías o servicios de litigio externo, que a veces necesitan, ¿por qué?, porque requieren de ciertos especialistas o porque la cantidad de trabajo los rebasa. Los subsidios en la política les ha permitido enfocar sus esfuerzos en esta excesiva litigiosidad electoral.

Y la litigiosidad electoral genera discusión pública, no sé si el costo institucional se justifique con el beneficio social de eso, pero lo que sí tiene es un valor, o un efecto colateral en términos de que haya más discusión pública, y más información, que la gente pueda darle seguimiento a las campañas que a veces resultan muy aburridas.

En general, es eso, y también un contexto de cultura política que lo permite. Que haya un boom de estos temas es porque le permite a los partidos políticos estar presentes permanentemente.

La profesión legal se define por su lenguaje especializado, por ofrecer servicios con un cierto valor, si no, no sería una profesión especializada; entonces, tanto los abogados como los operadores hemos contribuido a hacer una profesión legal-electoral, con un lenguaje muy técnico que sirve para visibilizar el valor que tiene. El valor es esa legitimación del triunfo.

8. Ha tenido mucho éxito el denominado “Nuevo modelo de sentencias” que, precisamente, tiene su origen en este lugar. En lo personal, me parece una muy buena forma de hacer más accesible el derecho, de democratizarlo, y quitarle ese hermetismo que tanto lo caracteriza. ¿Podría esto ser implementado desde la perspectiva de los abogados al momento de redactar sus sentencias?

RRM: No sería políticamente correcto que sea yo quien diga que este modelo ha tenido éxito, pero de todos modos quiero moderar eso. Yo no sé si ha tenido mucho éxito, porque tampoco lo hemos medido y el éxito se tiene que medir, de alguna forma evaluar el resultado.  

Hemos tenido evaluaciones del modelo de sentencias que trabajamos con personas como Raymundo Gama, egresado de Alicante, o de Argentina como Jorge Cerdio, o Luis Raigosa, que también estudió en España, ellos nos han ayudado a realizar un trabajo de evaluación del modelo de sentencias no tanto de los resultados sino del modelo en sí mismo, cómo está siendo percibido por destinatarios, por parte del auditorio al que nos dirigimos que es: secretarios de estudio y cuenta de Sala Superior, de salas regionales, algunos abogados, magistrados de tribunales electorales estatales, se perciben aspectos, digamos, de ventaja y de desventaja.  

En general, se encuentran ventajas. Yo creo que el éxito va a depender de si cuando los tres magistrados que integramos esta Sala Regional dejemos de integrarla, el modelo se conserva. Porque para que un esfuerzo de este tipo tenga éxito debe ser un objetivo de las instituciones, entonces debe trascender a las personas y uno de los factores que nos ayudaría a medir si tiene éxito o no, es si la profesión legal, los practicantes, los abogados adoptaran algunas de las características del modelo de sentencias de la Sala Regional de Monterrey, como tal no son solo características propias de esta sentencia, sino de cualquier documento jurídico, o de cualquier documento legal. Entonces las demandas que escriben los abogados, o los documentos que los abogados les entregan a sus clientes para dar a conocer los fallos judiciales, podrían tener estas características: un lenguaje claro para poder comunicar de forma más eficiente, ser concretas al plantear los problemas, en su identificación, es decir, tener la capacidad de comunicarrlo el derecho en un lenguaje accesible.  

El comunicar en lenguaje accesible no solo es una obligación de las instituciones públicas, yo creo que la profesión legal tiene esa responsabilidad social y en esa medida tiene que comunicar el derecho de la manera más clara posible.

Nos falta profundizar en nuestra cultura legal porque nos falta comprender lo que hace la profesión, lo que hacen los operadores jurídicos, lo que hacen los jueces. O sea, la llamada cultura legal externa, precisamente, necesita que le traduzcan la cuestión jurídica. 

Es importante llamar la atención respecto a aquellos que hacen cine, que hacen series, que hacen literatura sobre fenómenos legales para dar a conocer lo que es el derecho, pues lo hacen mucho mejor que nosotros mismos como profesión. 

Nosotros en México, los abogados en general, cualquiera que sea nuestra función, tenemos mucha dificultad para explicar con claridad lo que hacemos. La cultura legal se va afianzar en la medida en que la ciudadanía pueda asimilar para qué sirve el derecho y qué contribución tiene en nuestra sociedad. Los documentos legales deberían elaborarse en un lenguaje sencillo, comprensible. Sí se puede, porque no son características propias de una sentencia, son características del lenguaje, de la estructura de un documento, es saber comunicar en un lenguaje claro, de manera directa, identificando con precisión los problemas, dando respuestas utilizando un lenguaje de lo más sencillo que se pueda, y bueno la verdad es que no lo hemos logrado del todo.

Muchas veces cuando hablo de un lenguaje llano, los abogados siempre dicen no porque nosotros tenemos un lenguaje técnico y el componente técnico siempre va a estar y la decisión debe responder a esa exigencia técnica, que es propia de la profesión y de nuestro compromiso con el orden jurídico. Pero eso no significa que no debemos hacer algún esfuerzo para comunicarlo de manera asertiva. Creo que la toma de decisiones es un proceso técnico, y la comunicación de esas decisiones podría hacerse en un lenguaje mucho más comprensivo.

Y además, con este cambio, ganarían los abogados, ganarían en términos de prestigio social, en términos de sus relaciones con sus clientes, en realidad ganaríamos en conjunto todos. No hay riesgo de que después digan, ¿para qué necesito un abogado? Creo que es una apuesta para que todos ganemos en términos de cultura legal.

A continuación, te diré una serie de nombres y conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

ITAM Escuela de derecho con perspectiva multidisciplinaria
Distrito Federal Objeto de estudio para la sociología del derecho
Jordi Ferrer   Un buen académico
Scandal Una serie para aprender de comunicación y para confrontar los   dilemas entorno a la justicia, la ética y la política
San Sebastián Una experiencia sensorial, gastronómica, del entorno
Ana Laura Magaloni Académica apasionada por la profesión legal y brillante. Una persona que respeto y admiro
Candidaturas

Independientes

 

Institución en construcción. Dilemas por resolver

Ditter Nolen Académico que ha contribuido, de manera muy importante, a la ciencia política de Latinoamérica
Salud
Monterrey Ha superado mis expectativas
Feminismo El movimiento social más importante del siglo XX
Benito Nacif Buen tomador de decisiones, considera el binomio política y derecho. Un maestro
SCJN Institución clave de la transición democrática en México
Oñati Un espacio para la creatividad y el aprendizaje
Justicia Vacuidad
Mario Ledezma Fue mi profesor de derechos humanos
CIDE Espacio público de formación y discusión académica relevante
Tribunal Electoral Institución para la consolidación de la democracia electoral
Yoga Armonía. Práctica que recomendaría a todos los abogados
Derecho Está en todas partes

Jueces, privilegios y derecho moral a administrar justicia por Juan Iosa y Juan Jesús Garza Onofre

Conocí a Juan Iosa mientras vivía en Madrid durante 2012, coincidimos en varias reuniones, seminarios, y creo que la última vez que lo vi fue en un bar por Callao mientras jugaba México vs. Croacia en el mundial de fútbol pasado. No lo había vuelto a ver hasta el día de ayer lunes, solo que ahora en su Córdoba, Argentina, en el marco del afamado “wine seminar” que conduce Pablo Navarro.

Precisamente, ayer por la mañana Juan escribió esto en Facebook, que me llamó la atención:

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Me llamó la atención por dos motivos.

  • Uno, por que es una problemática común en México, un tema que poco se ha tratado y que resulta bastante hermético al momento en que se quiere abordar.
  • Y dos, porque en el “wine” después de que se discutió un texto de Von Wright sobre Wittgenstein y la tradición, (ah y después de que obviamente se discutiera sobre las próximas elecciones presidenciales) se armó una álgida discusión entre los asistentes sobre el papel de los juzgadores, los privilegios, la moral, e incluso el positivismo, y Dworkin, es decir sobre lo que había escrito Juan en Facebook.

Sinceramente yo me limité a escuchar, estaba muy divertido viendo lo que ocurría, pero lo cierto es que me sentía mucho más afín a lo que argumentaba Juan. Tanto así que hoy por el mediodía al intercambiar mensajes, me comentó que escribiría algo de lo de ayer, le dije que contara conmigo, y bueno, se puso a escribir, me puse a escribir y salió esto.

Si algunos (en especial los jueces y los funcionarios judiciales) están interesados en agregar sus ideas al respecto, refutar, etcétera, más que invitados, pues de eso se trata.


Jueces, privilegios y derecho moral a administrar justicia

Por Juan Iosa y Juan Jesús Garza Onofre

12029086_988644291199546_637494985_n¿Son los jueces y demás funcionarios judiciales unos privilegiados dentro de nuestra sociedad?

En caso que lo sean ¿tienen derecho moral a administrar justicia sobre aquellos que, en buena medida, son víctimas de la injusticia estructural de la que los jueces se benefician? ¿No podría decirle el desclasado, el excluido: ”tú no tienes derecho a juzgarme?”

El punto es que, al menos prima facie, parece haber una profunda contradicción entre ser beneficiario de un sistema social injusto y pretender, desde ese lugar, juzgar y administrar justicia sobre los que están del lado de los perjudicados por ese sistema.

Nuestra intuición es que los jueces son de hecho unos privilegiados y que ello los invalida moralmente para ordenar se aplique la fuerza pública sobre las víctimas de la injusticia estructural.

Van algunos argumentos a favor de ambas cosas, y algunas objeciones posibles. Aquí nada es concluyente de modo que esto es una invitación a los que les interese sumarse a opinar, a ver si entre todos arrojamos un poco de luz sobre el tema.

En primer lugar está la cuestión de si los jueces y demás funcionarios son unos privilegiados. Definitivamente, no son los que más ganan en nuestra sociedad. Además muchos ganamos muy por arriba del nivel de pobreza. Entonces, ¿somos todos los que ganamos por arriba de esa línea, privilegiados? Sin duda en un sentido lo somos, al menos desde el punto de vista del que tiene ingresos por debajo de ese nivel. Pero si bien es necesario que la mayoría de nosotros tomemos conciencia de que en ese sentido somos privilegiados y nos hagamos cargo de las responsabilidades morales que eso implica, necesitamos, parece, un estándar objetivo que excluya de las consecuencias morales de imputar privilegio al menos a buena parte de los que meramente están por sobre la línea de pobreza.

¿Qué significa ser un privilegiado? ¿Qué criterio podríamos construir para decidir a partir de qué nivel de ingresos se es un privilegiado? Sobre esto hay un montón de literatura, pero nos quedemos con lo que podamos pensar nosotros, ahora.

Tal vez podríamos llamar económicamente privilegiados a aquellos que ganan más del promedio de ingresos en la sociedad en cuestión. Este criterio habría que corregirlo usando algo así como el principio de la diferencia de Rawls: las mayores remuneraciones están justificadas en la medida en que tiendan a favorecer a los que están peor en la escala social. Está bueno que un juez o un neurocirujano, por ejemplo, gane un poco más que la media, en la medida en que eso va a incentivar a que haya jueces y neurocirujanos, y esto a la vez va a redundar en beneficio de todos y particularmente de los que menos tienen.

Bien, suponiendo que algo así es un criterio de privilegio, nuestra intuición (y esta afirmación requeriría una justificación que no daremos aquí) es que los jueces no sólo ganan por arriba del promedio social sino que ganan incluso más que lo que el principio de la diferencia puede justificar.

searchUn juez de Cámara de Córdoba, Argentina, gana cerca de 100 mil pesos argentinos, es decir, aproximadamente 10 mil dólares al cambio oficial, por mes.

En México, el presidente de la Suprema Corte tiene ingresos que ascienden a los 25 mil dólares mensuales, y los Magistrados de Circuito cotizan cerca de 15 mil dólares al mes.

¿Qué consecuencias morales se siguen de que un juez sea un privilegiado? Es común afirmar que el derecho incluye necesariamente una pretensión de corrección, de justicia. No es que necesariamente sea justo, pero al menos pretende serlo. El juez debe aplicar el derecho con la idea de justicia en mente, debe resolver los casos a los que se enfrenta de tal modo que su interpretación del derecho lo muestre en su mejor luz moral. El derecho en su mejor luz moral necesariamente debe ser una herramienta que nos lleve a una sociedad donde reine la justicia distributiva. Pongámoslo en los términos menos exigentes posibles: en tal sociedad al menos no deben prevalecer diferencias distributivas aberrantes.

juzga-el-mazo-de-la-ley-en-la-pila-de-monedas-56110619Pero justamente, las diferencias del salario de nuestros jueces en relación al de la mayoría de los ciudadanos son o (al menos en ausencia de un argumento muy fuerte en contrario) parecen ser aberrantes. Se sigue que un juez deudor de una injusticia estructural tal que lo pone en esa situación (acá estamos hablando de cuestiones estructurales, no de si tal o cual juez es una buena o mala persona) no está en condiciones de interpretar el derecho como debe ser interpretado, como una herramienta que nos permita acercarnos cada día un poco más a una sociedad justa. Simplemente sus intereses de clase le impondrán unas anteojeras tales que la neutralidad le será inaccesible.

Además pareciera que el cliente típico del sistema de justicia, sobre todo el imputado en una causa penal, siempre estaría en condiciones de interpelar al juez privilegiado: “yo estoy en la posición desaventajada en la que estoy, con todas las consecuencias que eso conlleva (violencia, desnutrición, falta de acceso a la cultura, etc., etc., etc.) justamente porque usted, señor juez, y gente como usted, está en la posición en la que está. Si cometí un delito, ello en parte tiene que ver con ese contexto. Sí, soy un sujeto libre y nadie me torció la mano, pero lo que hice, lo hice en un contexto que se explica en parte por el suyo. Yo cometí una injusticia puntual, un acto injusto. Pero usted, señor juez, sostiene con sus prácticas un sistema estructuralmente injusto. ¿Quién merece mayor reproche?”

Imaginemos un médico nutricionista que regala dulces a sus pacientes con diabetes, o un pornógrafo a favor de la censura…, la analogía es manifiesta.

Argumentos en contra: una concepción positivista del derecho. Si el derecho es un conjunto de normas y nada más que de normas, entonces, al menos en los casos claros, los jueces cumplen acabadamente su rol aplicando esas normas. No se requiere que sean sujetos moralmente solventes.

una_idea_mucho_arte_manos_dureroEl problema es que hay casos difíciles. Y si bien es cierto, como afirma Guastini, que “cuando se habla de razonamiento jurídico, casi siempre se hace referencia al razonamiento del juez, que se presenta, por tanto, como razonamiento jurídico por antonomasia”, o incluso que “entre los diferentes operadores jurídicos, los jueces son ciertamente quienes han desarrollado unos hábitos argumentativos más depurados”, también lo es que nuestros juzgadores siguen anclados a una concepción formalista y fundamentalmente legalista y apolítica, del derecho. Al abrazar la idea de que existe un modo especial de razonamiento en el que es posible distinguir tajantemente entre derecho por un lado, y moral y política por el otro, se sigue utilizando al derecho como una herramienta que cumple, básica aunque encubiertamente, una función persuasiva y hegemónica, convirtiéndose los jueces y funcionarios judiciales en los encargados de conservar y reproducir los beneficios que reporta a toda la clase privilegiada la existencia de una estructura social injusta. Así los jueces evitan comprometerse con la transformación de su realidad social, perpetuando arcaicos modelos de adjudicación donde la ley, el código, o la norma, tienen la última palabra. Esto les permite inmunizarse frente a cualquier crítica moral: su tarea es meramente aplicar la ley al caso. Pero el caso es que esta estrategia les impide ser congruentes y sinceros consigo mismos, y con el rol que deben cumplir dentro del sistema: interpretar el derecho en su mejor luz moral.

Una cosa más. Parece que los mismos jueces deberían estar interesados y luchar por dejar de ser unos privilegiados. Salir de ese estatus moral tan incómodo en que los pone la injusticia estructural de la cual son deudores es algo que va en su propio interés como sujetos morales. Jueces, adelante, ¡a luchar por sus derechos morales!