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8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Sergio López Ayllón

El pasado martes 29 de enero de 2019, en el Centro de Investigación y Docencia Económica, CIDE, tuve la oportunidad de entrevistar a Sergio López Ayllón (Ciudad de México, México 1960).

Sergio López Ayllón es abogado y doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con estudios de posgrado en la Universidad de Derecho, Economía y Ciencias Sociales de París (París II). Desde 2013 funge como Director General del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), institución en la que ha sido Secretario General, Director de la División de Estudios Jurídicos y profesor e investigador. Asimismo fue investigador y Secretario Académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

En definitiva para quienes intentamos estudiar la profesión jurídica en México desde la sociología del Derecho los textos que, hace ya algunos años, Sergio López Ayllón y Héctor Fix-Fierro escribieron sobre abogados resultan una referencia obligada para poder tener una perspectiva general sobre un tema que resulta urgente pensar y repensar, un tema que, por lo general, pasa inadvertido ante la enorme cantidad de juristas que se centran exclusivamente en una óptica normativista de este fenómeno. Según recuerdo, además de esclarecedores y provocadores, el profundo influjo que tuvieron sus papers en lo que nosotros intentamos realizar desde el CEEAD, marcaron la ruta para trazar unas coordenadas mínimas sobre la abogacía en el país. Saber cuántos abogados existen, su incremento cuantitativo y su decremento cualitativo, conocer a qué se dedican, qué es lo que leen, dónde estudian, etcétera, en definitiva, nos hacen detenernos un momento ante la innumerable cantidad de leyes y de sus incesantes reformas y reflexionar en torno a sus aplicadores.

Cuando podamos estar en posibilidad de comprender que Derecho y operadores jurídicos son productos concomitantes, tal vez, dejemos de sacralizar esta idea tan idílica como falaz que se tiene respecto a nuestro ámbito de estudio y trabajo. Y es que eso es, precisamente, lo fundamental. Saber que así como el Derecho no es algo perfecto, ni sacro, ni impoluto, algo que, por el contrario, es a todas luces perfectible, razonable y que debería estar en constante comunicación con otras disciplinas, también habrá que tener en mente que quienes lo operan están sujetos a una serie de circunstancias contextuales.

Y ahí creo que se encuentra una de las principales virtudes de Sergio, no solo en su trabajo intelectual desde lo jurídico, el cual refleja una amplia conjunción de abordajes multidisciplinares y temáticas variadas, sino también en su actuar cotidiano, en el ejercicio práctico de la profesión. Al compartir diversos amigos en común, en distintas épocas e instituciones, todos coinciden en su sagacidad y su asombrosa intuición para detectar problemáticas y eventualmente encontrar soluciones prácticas. El afamado dicho que afirma que “cuando uno va, algunos ya fueron y vinieron”, no es broma que yo se lo he escuchado aplicado a Sergio aumentado y refinado en más de un par de ocasiones. De ahí que valga la pena nunca perderlo de vista, leyéndolo y escuchándolo, estando al pendiente de su trabajo como académico, como funcionario y como intelectual público. En sus facetas que, a diferencia de muchos otros que lo intentan, ejecuta con una maestría propia de alguien que sabe y disfruta lo que hace.

Agradezco a Sergio López Ayllón su tiempo para tener esta fructífera charla sobre abogacía. Por su capacidad para sintetizar y socializar un fenómeno tan complejo como el Derecho pero, sobre todo, por su disposición para construir mejores prácticas jurídicas que eleven no solo la calidad de sus operadores sino también la de toda una futura generación de profesionistas que enmarcan su trabajo dentro de una misma comunidad política.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Sergio López Ayllón.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Sergio López Ayllón (SLA): Gangster.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

SLA: Mi tío.

3. Si tuvieras la oportunidad de poder volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar Derecho?

SLA: Sí porque me ofreció un enorme horizonte de posibilidades, de conocimientos a partir de la simplicidad del Derecho. El Derecho al final tiene que ver con todo y creo que pude aprovechar esa amplia variedad de espectro para introducirme en muchas cosas que, de otra manera, difícilmente hubiera podido realizar..

4. Una de las principales recomendaciones del Informe en materia de justicia cotidiana que hace tiempo realizó el CIDE, y que tú coordinaste, se enfocó en “revisar los programas de formación de abogados y regular el ejercicio de la profesión jurídica”. Me centro en esta última parte, porque parecería que el tema de la colegiación (en específico la colegiación obligatoria) se ha querido posicionar como la panacea para el gremio.

Después de varios intentos fallidos de reforma en la materia, ante una profunda desigualdad en el acceso a la justicia, y un creciente distanciamiento de los operadores jurídicos de la realidad social, ¿no crees que la colegiación generaría otro “cuello de botella” en las dinámicas de la profesión? En general, ¿cuál es tu opinión sobre la colegiación de los abogados?

SLA: Comparto, o más bien creo, que no hay que sobrevalorarla. La colegiación es una herramienta que puede ser útil si está acompañada de otra serie de condiciones. En este momento yo no he sido partidario de la colegiación y menos de la colegiación obligatoria. Creo que hay que trabajar otras vías que tienen que ver en primer lugar con mecanismos de certificación de los abogados que salen de las muchísimas escuelas de derecho y que difícilmente cumplirían con requisitos mínimos de conocimientos. Creo que hay que fomentar la colegiación pero hay que restructurarla de manera tal que no sea un mecanismo que genera una barrera de acceso, sino que sea un mecanismo de certificación de la calidad profesional y fomento a la educación continua de las personas que están colegiadas. Si hacemos esto probablemente en una década o más podríamos pensar si la colegiación obligatoria es una alternativa razonable. Lo que estoy convencido es que tenemos una profesión jurídica de muy baja calidad en promedio y que la mejora de los mecanismos de operación jurídica, de las instituciones jurídicas, pasan por la calidad de los recursos humanos y de la calidad de la formación de los abogados y que una parte de la explicación de por qué no tenemos un estado de derecho sólido tiene que ver con la baja calidad de la profesión jurídica

5. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

SLA: En general en contra. No me aparece que corresponda a un patrón cultural que haga sentido en el medio jurídico mexicano. Soy un poco más favorable al uso de la toga en la judicatura, no en la profesión.

6. Considerando que el potencial de la licenciatura en Derecho se encuentra relacionado con el hecho de que la economía y la política se rigen en términos jurídicos, ¿qué opinas de que, por lo general, lo cuadros políticos de las clases dirigentes tradicionalmente se encuentran conformados por abogados? Es decir, ¿necesitamos más abogados en la administración pública, o por el contrario sería bueno que otros profesionistas conformen la misma?

SLA: Necesitamos mejores abogados en la administración pública, abogados que conozcan de administración pública, que conozcan de economía, que conozcan de ciencias políticas, que conozcan de regulación, que sepan negociar e innovar… Abogados con otro tipo de habilidades que hoy no tienen los abogados promedio en la administración.

7. En esta serie de emblemáticos trabajos que en 2005 realizaste con Héctor Fix-Fierro respecto a los abogados en México, una de sus conclusiones señalaba que la profesión jurídica mexicana, “si es que existe, no desempeña ningún papel significativo en el proceso de legitimación institucional ni en el gobierno general de la sociedad”.

Quince años después, te pregunto, ¿podrías seguir sosteniendo dicha afirmación o, por el contrario, crees que ya se puede hablar del surgimiento de un sentido efectivo de solidaridad “orgánica” en el gremio?

En cualquier caso, ¿cuál crees que debería su papel de los abogados bajo el actual contexto político que estamos viviendo?

SLA: Hay algunos elementos que me hacen pensar que sí hemos avanzado en esa dirección: todavía de manera incipiente, el rol distinto de los abogados, de las barras de abogados, el papel de los jueces constitucionales, el papel de algunas clínicas del derecho. Creo que encontramos indicios donde la profesión jurídica empieza a jugar ese papel que debió haber jugado hace mucho tiempo y que es el utilizar las herramientas jurídicas para la protección de los derechos y para la consolidación del Estado democrático. Entonces, sin ser extraordinariamente optimista, veo algunos signos alentadores.

8. No tengo la menor duda de que el CIDE ha sido una de las instituciones en México pioneras en la innovación educativa. Por lo menos, en el ámbito jurídico sus métodos de casos y, en general, el sello del trabajo interdisciplinar que los caracteriza ha podido ir permeando no solo distintas generaciones de profesionistas, sino también otros espacios educativos.

Sin embargo, estamos en un país en el que “uno de cada tres universitarios cursa estudios de derecho o contaduría, y en muchos casos el graduado llega al mercado laboral con paupérrimos niveles de habilidades y conocimientos”.  

En ese sentido, te pregunto, ¿qué se te ocurre para diversificar la elección de una carrera en México? O más bien, ¿es deseable que se diversifique? O, en todo caso, ¿qué alternativas imaginas para elevar la formación de los profesionistas en México?

SLA: En general creo que la educación universitaria tiene que modificar ya su modelo. Seguimos manteniendo el modelo de disciplina en estancos, donde hay poca comunicación y poca intercomunicación entre las diferentes disciplinas. Creo que necesitamos una reforma comprensiva de la educación de licenciatura que permita más movilidad, que permita más interdisciplinariedad y evidentemente pienso en el derecho. El derecho debería, como el modelo americano, ser más una etapa terminal de especialización que una disciplina que corre una sola dirección de 4, 5, 6 años. El mundo se está moviendo a velocidad vertiginosa en las nuevas habilidades que requieren los profesionales y yo creo que todo el sistema se va a tener que adaptar a estas disposiciones mucho más rápido de lo que usualmente somos capaces de reaccionar.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

Sociología del Derecho Deber
Universidad Paris II Francia
Alejo Carpentier La consagración de la primavera
CIDE Energía
María del Refugio González Maestra
NAFTA La mejor Universidad
Derecho administrativo José Roldan
UNAM Mi casa
Constitución El ideal
Sistema Nacional Anticorrupción Una quimera
Piano Música
Impunidad Guerra
José Barragán Mi profesor
SCJN Mis amigos
Vino tinto Vida
Justicia Cotidiana Una promesa
Jorge Carpizo Un maestro
Derecho Paz
Justicia Lo indispensable
México Mi patria
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8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Luisa Reyes Retana

El pasado miércoles 30 de enero de 2019, en su casa en la colonia Roma, tuve la oportunidad de entrevistar a Luisa Reyes Retana (Ciudad de México, 1979).

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Luisa estudió Derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y cuenta con un posgrado en Derecho Comparado en la Universidad de Berkeley, en California. Después de pasar varios años ejerciendo la profesión, destacando su paso por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), desde hace tiempo se ha desempeñado en el mundo de la Literatura, donde ha sido cofundadora de Sicomoro Ediciones y coeditora de la revista Animal. También ha colaborado en Arte al Día, La Tempestad y el semanario Frente. Hace un par de años, su novela “Arde Josefina” ganó el Premio Mauricio Achar / Literatura Random House.

Balzac afirmó que “la novela es la historia privada de las naciones” , y esto resulta más que evidente pues, como diría Javier Cercas la literatura no es solo eso que necesitamos “para vivir de mentira lo que no pudimos o no quisimos vivir de verdad, para enriquecer nuestras vidas, para ensayar el futuro y prepararnos para él o protegernos de él, para vivir del todo” sino que también representa la más sincera queja de una sociedad agobiada por la injusticia , ya que al hacer explícitos los riesgos de un tiempo concreto, escribir se convierte en una forma de protestar. “Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia que implica la libertad”, alguna vez escribió o dijo algo así un afamado Nobel español (cito de memoria, quizá me equivoque), pero, en definitiva, las posibilidades de creación, de imaginación, a través de la escritura denuncia contra lo que nos inquieta quedarían ampliamente reducidas.

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Conocí a Luisa, o más bien, el libro de Luisa, o sea a una parte de Luisa, una Navidad que mi amigo Javier Martín me regaló “Arde Josefina”. Tenía un vuelo por delante y decidí llevármelo conmigo. La verdad es que me gustó, no lo pude soltar durante todo el camino, y, para ser sincero, lo que más me había sorprendido es como al ser abogada podía escribir tan bien su primer novela. ¡Vamos!, mucho del tiempo del trabajo que realizo lo dedico a leer cosas que escriben abogados y, no es por nada, pero, por lo general, la prosa resulta bastante estándar, por no decir aburrida, con muchos problemas de sintaxis, y prácticamente tendiente a pasar desapercibidos a los anales de la historia entre un montón de cosas escritas por abogados. Lo que encontré en el libro de Luisa, sin todavía conocer su background, probablemente, fue una novela inteligente, bien pensada, que me conmovió, con algunos destellos jurídicos, habrá que decirlo, una novela sucinta, incluso diría breve pero precisa, que sabe condensar lo necesario para detonar ciertos elementos en sus lectores. Creo. No lo sé, igual es lo lindo de la literatura, que no del Derecho, lo subjetivo, que cada quién pueda hacer un juicio de valor al respecto, o no, no es cierto, eso claramente no es lo que diferencia una disciplina de otra, pero por ahí iba la idea.

En fin, no abordaré en este post el intrincado tema de literatura y Derecho, de Derecho y literatura, que en este espacio, ya se han plasmado algunas ideas, y que ojalá un día pueda hacerlo con mayor calma y rigurosidad, por el momento simple y sencillamente ojalá que como gremio no olvidemos que somos una profesión de letras. Que lo importante no es escribir una novela, o una demanda, o una sentencia, o un paper, sino escribir una buena novela, demanda, sentencia, paper, o lo que sea, pero de calidad. Luisa, es un claro ejemplo de que se pueden hacer las dos cosas. O más bien un tremendo precedente de que cuando se respeta y se le dedica tiempo a la escritura, los resultados serán satisfactorios.

Agradezco a Luisa su disposición y su tiempo para charlar, así como también le doy las gracias por el atrevimiento por escribir ficción (o mejor dicho, buena ficción), por contar sus historias y hacernos no solo imaginar otros escenarios en este mundo sino también más y mejores posibilidades en el uso de nuestro lenguaje.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Luisa Reyes Retana.


1.- ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Luisa Reyes Retana (LRR): Ha cambiado varias veces (lo primero que me aparece en la mente cuando escucho la palabra “abogado”). Cuando decidí estudiar derecho, imaginaba voces autorizadas para hablar sobre el significado específico de la palabra “derecho”. Pensaba en el Juez Bernardo Sepúlveda Amor, en mi abuelo, Oscar Reyes Retana. Me parecía el inicio una profesión avocada a la justicia. Conforme pasaron los años, he asociado la palabra también a una profesión avocada al dinero, a los negocios. Luego empecé a escuchar el sonsonete del desprestigio de la profesión y distorsionó mis conceptos medio puristas. Más tarde me pareció una palabra demasiado masculina, en un mundo masculino en el que las mujeres batallamos el doble y obtenemos la mitad. Recientemente, la palabra me habla de la habilidad de abogar, de argumentar, de pensar en soluciones.

2.- Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

LRR: Olga Sánchez Cordero y Carlos Reygadas.

3.- Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar Derecho?

LRR: En las mismas condiciones, creo que sí. Aunque quizá pude aprender a pensar en otros términos estudiando otra cosa, me siento muy apegada a mis estructuras de pensamiento. Hay una ventaja interesante en el absurdo de elegir la abogacía (una profesión que, en esencia, te hace titular de problemas ajenos) que consiste en que los obstáculos se vuelven elementos de complejidad, incluso enriquecen el panorama de un jurista en el ejercicio de su profesión. El conflicto es la materia y se desarrollan una buena variedad de habilidades para tratarlo. Además, disfruté estudiar derecho y trabajar primero como litigante y más tarde como proyectista en la Suprema Corte. Tuve buenos profesores, buenos jefes y muchas oportunidades. El derecho me ha dado mucho. Incluso es posible que sea mi herramienta más versátil en la literatura.

4.- Alguna vez se afirmó que “El arte tiene más verdad que la ciencia” ¿Qué opinión te merece esta idea? Y ¿Qué rol juega la creatividad en el ejercicio de la abogacía?

LRR: El arte tiene más verdad que la ciencia es una frase que tiene tanto espacio para la interpretación que se vuelve controvertida. Coincido en la medida en la que puedo reconocer que un derecho que no tiene a su favor la posibilidad de imaginar supuestos creativamente, tampoco puede ser justo en su aplicación, porque no es capaz de diferenciar. Sin creatividad no hay empatía y en esa medida “el arte tiene verdad”. No me atrevería a afirmar que tiene más que la ciencia, pero sí diría que la creatividad da flexibilidad, profundidad, perspectiva; promueve el respeto, la amplitud de criterio y acrecienta la esperanza.

5.- ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

LRR: Estoy a favor. Pensando, por ejemplo, en jueces, lo veo como un factor igualador entre voces que deben ser imparciales y tener el mismo peso.

6.- ¿Qué nos puede decir el Derecho sobre la literatura? ¿Crees que leer ficciones genera mejores abogados?

LRR: Claro. Leer es nutritivo para la creatividad jurídica de la que hablábamos.

7.- Aunque queda claro que siempre existirán excepciones, por lo general, es posible identificar una cierta aversión a los abogados desde la literatura, también existe un amplio repertorio de casos de abogados que abandonaron su oficio y terminaron siendo escritores, tú, por ejemplo, ¿por qué crees que sucede esto? ¿Qué reflexión puedes hacer al respecto?

LRR: Los procesos del derecho, a la hora de escribir ficción, resultan muy convenientes porque puedes contar una buena historia con una serie de planteamientos problemáticos y sus soluciones o su falta de soluciones. La literatura ya se encargará de que valga o no la pena, de que sea interesante, que esté bien escrito, que importe, etcétera.

8.- A pesar de que el Derecho es una disciplina masculinizada, al día de hoy, se podría afirmar que ninguna profesión dentro de este ámbito pertenece exclusivamente a los hombres. 

Sin embargo, al analizar diversos fenómenos culturales desde una perspectiva diacrónica es posible advertir que las mujeres, de manera irremediable, no solo quedan mal representadas en aquellos puestos en los que un mayor nivel de responsabilidad y de toma de decisiones son requeridos, sino que también es posible descubrir al propio Derecho como un fenómeno que se encarga de excluir la perspectiva femenina dentro de sus diferentes manifestaciones. ¿Qué se puede hacer ante este panorama?

LRR: Desde el lenguaje de las normas de derecho hasta las prácticas profesionales hay instancias de discriminación y exclusión.

Es un ejemplo facilón, pero explica cómo la cultura sexista afecta hasta la voluntad legislativa más bien intencionada de justicia: ( Ulpiano, Roma, hace como 220 años): “la constante y perpetua voluntad de darle a cada quien lo que le corresponde” a pesar de sus silencios (quién da, qué da quien da, cómo se decide, quién recibe y quién quita), sigue repitiéndose (constante y perpetuamente) en las aulas en las que se estudia el Derecho.

Hay algo romantizado en presuponer que sabemos una serie de cosas que derivan de tener la “constante y perpetua voluntad” de dar a cada quien lo que le corresponde. No quedan visibles los sujetos (¿las sujetas?) en la redacción. Lo colmamos con cultura. El arbitrio de quien da, se impone invariablemente sobre el que recibe (la que recibe, el lenguaje siempre en masculino como primera instancia de discriminación/exclusión). ¡Es un tema que amerita varios tomos!

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

ITAM Escuela
Sicomoro Mi editorial
Arde Josefina Primera Novela
Torreón Mi ciudad favorita
SCJN Mi último trabajo formal
Berkeley El mejor año de mi vida
Arturo Zaldivar Presidente de la Corte
Laura Restrepo Mi escritora favorita
Constitución Un documento abierto
Alondra de la Parra Mi mejor amiga
Los adioses Rosario Castellanos
Familia Refugio
Ciudad de México Mi hogar
Trabajo doméstico Hay que hacerlo
María Álvarez Cómplice
Feminismo Mi bandera
Cuarta transformación Una posibilidad
Literatura Mi pasión
Derecho Herramienta
Justicia Aspiración
México La arena de la batalla

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Iván de la Garza

El pasado día jueves 17 de enero de 2019, en una cantina en el casco antiguo de San Pedro Garza García, tuve la oportunidad de entrevistar a Gabriel Iván de la Garza Santos (Monterrey, Nuevo León, 1979).

NoticiaThumb.jpgIván es abogado por la Facultad Libre de Derecho de Monterrey (FLDM), Maestro en Gestión Pública y Gobernabilidad por el Instituto Universitario Ortega y Gasset y Maestro en Derecho Público por la Escuela de Graduados en Administración Pública y Política Pública del Tec de Monterrey. Desde hace tiempo se encuentra realizando su tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) en la cual investiga los temas del Juicio Político en México, responsabilidad de los servidores públicos y rendición de cuentas. Su actividad profesional siempre ha combinado la academia y la investigación con el ejercicio práctico de la abogacía, este último preponderantemente dentro de la procuración de justicia, fungiendo un rol preponderante en la implementación del sistema penal acusatorio así como el Modelo de Gestión para su operación y del proceso de reorganización institucional.

Comenzaré diciendo que Iván es mi mejor amigo y, por ende, a partir de ahí cualquier descripción que haga de su trabajo seguramente se encuentra alterada por eso. Sin embargo, a lo largo del tiempo (ya casi diez años de aquel fructífero encuentro en la ahora extinta Procuraduría de Nuevo León, a la que asistí a su oficina para que me aconsejara eligiendo tema de tesis de licenciatura), he podido ir descubriendo en su persona, precisamente, que el valor de una amistad no solo radica en compartir sino y sobre todo en la posibilidad de discrepar y de aprender y tolerar juntos.

En estos tiempos supuestamente tan álgidos y polarizados creo que sobre comentar aquella anécdota bochornosa en la que Iván, el maestro de la Garza, en substitución del maestro Gerardo Puertas, en aquel lejano tercer semestre de mi carrera, nos impartió una clase de derecho constitucional en pleno desafuero del, quién diría, actual presidente de la República. Unas sesiones que, en retrospectiva, valoro (aunque me haya terminado saliendo) y antes que nada me hace repensar los caminos que hemos seguido. Digamos los procesos de maduración, o quizá simple y sencillamente de envejecimiento, o transición hacia otras dimensiones, explorando opciones y decidiendo lo que, en definitiva constituye la vida. Decía un clásico poco recordado que “morir es cosa fácil, lo difícil es hacer vida”. Tal vez, pero solo tal vez, me doy cuenta que Iván además de ser alguien que aprecio, escucho, disiento, al final encuentro coincidencia en su persona al compartir una visión de este trayecto anclada en evitar ser aplastado por la realidad. De ahí, los amigos, el mezcal, la literatura, el buen cine, la inconformidad, por qué no el Derecho, la música, sobre todo la música. Puede ser que eso fue lo que al final nos terminó por descubrir… Aunque es sabido, no todos conocen que Iván toca el bajo y tuvo un mítico grupo de rock alternativo (en aquellos años todos tocábamos rock alternativo).

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Anécdotas sobran (gasolineras fantasmas, pantalones rotos, sesiones en el pepper, triunfos y derrotas en el patanegra, carnes asadas, bullying, mucho bullying), amigos suyos que ahora son mis amigos y viceversa, mezcales nos faltan, apodos abundan, proyectos inacabados que todavía estamos por planear, infinitas recomendaciones a seguir. Yo no tengo pena en decir que lo mejor de mi trabajo es trabajar con Iván, aunque cada vez coincidamos menos, y quizá ideológicamente (a mi pesar) concordemos más, es broma, o no. Tampoco miento cuando a cada generación de estudiantes los interrumpo para decirles que tienen en frente a uno de los mejores constitucionalistas de la región, que lo aprovechen, que no se salgan de su clase, o que si se salen, después lo intenten descubrir por otros medios.

Bolaño decía que Mario Santiago fue su mejor amigo, su mejor amigo lejos. Que era un ser rarísimo. Que en realidad parecía haber bajado de un ovni hacía un par de días. Estoy seguro, pero cien por ciento seguro, que en algunas ocasiones mi mejor amigo habrá pensado eso de mi. Lo que no sospecha Iván es que lo que yo he pensado de él, es que, en todo caso, él es el pinche ovni. El me ha abducido y presentado un sinfín de cosas que yo ni siquiera tenía en el radar. Por eso, con mi compadre, la deuda es infinitiva, por ser el primero que me puso sobre la mesa una libro de Abramovich y Courtis, una visión política de la Constitución, la idea de que el tequila toma con cerveza, compartirle una pasión tardía por los Tigres, ofrecerme una interesante relectura de Lasalle, Ferrajoli, Sartori, Bobbio, pero sobre todo Bolaño, Camus, Coetze, y Houellebecq.

A Iván le agradezco su tiempo, y su sinceridad. No ha habido un solo día que por más trabajo, pendientes, o apuros que tenga, me ha dejado de aconsejar, mandar un meme, ayudarme a poner un sobrenombre, recomendar lo que en definitiva se tiene que recomendar. Imagino eso, al final del día, es ser amigos. Ayudarse a sobrellevar lo absurda y difícil que muchas veces resulta compartir un mismo tiempo y espacio. Así, el fundamento de esta amistad no es otra que “la comprensión de que la vida es absurda no puede ser un fin, sino un comienzo”. O algo así, dijo Camus.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Iván de la Garza.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

IDLG: Lo primero que tengo en mente cuando escucho la palabra abogado es a mi papá.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

IDLG: También pienso en mi papá.

3. Si tuvieras la oportunidad de poder volver atrás en el tiempo volverías a estudiar Derecho?

IDLG: Sin duda. Es una carrera con la que he tenido algunos altibajos. Primero me enamoré por lo que veía en mi casa, por una idealización de la figura del abogado; luego con el paso del tiempo me desencanté, pero que una vez que pude ver más allá de las cuestiones formales y reconocí el carácter transformador que puede tener la profesión, logré una reconciliación plena. Así que la respuesta es que sí volvería a estudiar Derecho.

4. En tu concepción de lo que rige la profesión y el Derecho, ¿Ves alguna relación entre los abogados y los actuales modelos de Democracia Constitucional?

IDLG: Sí, me parece que los actuales modelos de democracia constitucional tienen características que sólo se pueden entender desde la teoría del Derecho y en esto los juristas son indispensables. Pensemos en los aportes que los abogados han hecho a la idea de la Constitución como un límite para el ejercicio del poder público, para la garantía de los derechos fundamentales, para la solución pacífica de los conflictos entre todas las opciones electas democráticamente. Sin la intervención o la mediación de los abogados no podríamos comprender los contenidos de los principios que permean a la democracia constitucional.

5. Una de tus áreas de especialización como jurista es el derecho constitucional sin embargo desde hace años ya sea como consultor abogado o bien como funcionario público haz dedicado tu carrera profesional al ejercicio del derecho penal ¿Cómo le sirve a los abogados el derecho constitucional al ejercer el derecho penal?,  o de manera más general, ¿qué tan bueno o qué tan malo es el derecho constitucional para el ejercicio práctico de la abogacía?

IDLG: Yo incursioné en el derecho penal por una casualidad primero en la licenciatura me gustó mucho el derecho constitucional luego entré más en el área de ciencia política y políticas públicas y por circunstancias entré a trabajar en la fiscalía y después de varios años de trabajar en la fiscalía empecé a trabajar en la implementación de la Reforma Penal. Ante una reforma tan importante como esta, me di cuenta es que sin ser penalista se podía entender su trascendencia cuando se piensa en clave constitucional. Es decir cuando tienes una reforma penal que lo que busca es evitar la concentración del poder, que tiene como eje rector el respeto, la protección y garantía de los derechos humanos, es mucho más sencilla entenderla desde el punto de vista del derecho constitucional.

6. Esta pregunta se la hago a todos a partir de la estética de la profesión ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión jurídica?

IDLG: Vamos a ver, creo que la pregunta puede tener distintas dimensiones a partir de las cuales se puede responder. Si se quiere responder nada más del punto de vista estético formalista es decir la toga como forma de disfrazar lo que está debajo de la toga, me parece que estoy en contra. Pero si se quiere pensar en la toga como una manera de igualar a todas partes que están en litigio pues me parece que es un ejercicio interesante democratizador.

7. Por lo general, el rol que realizan los abogados lo ejecutan en complicidad con el sistema en el que se desempeñan, perpetuando un sinfín de postulados empatados con la obediencia y la colaboración de las estructuras jurídicas, ¿están los abogados en una posición importante para poder impulsar la transformación social, o por el contrario su profesión se los impide?

IDLG: Yo creo que hay una vertiente en la formación de los abogados en donde los hace profundamente conservadores pero creo que también hay otra vertiente de los abogados que los puede hacer verdaderamente transformadores de la realidad a través del Derecho. Lo pienso desde el punto de vista, otra vez, con el ejemplo de la implementación de la Reforma Penal en donde quienes participamos en ella teníamos que llevar a cabo un proceso súper creativo, teníamos que imaginarnos reglas que, aunque podías tener un referente en otros países, tenías que pensar en cómo podía ser la regla para nuestro país, para México.

Cuando tenías que pensar en una forma nueva para hacer las cosas que tal vez nunca se habían hecho en el país y que a la mejor desde el punto de vista de los abogados más tradicionales te decían “oye eso que estás planteando nunca se va a poder” pero desde el punto de vista transformador el gremio de los abogados tenemos un compromiso de cambiar las cosas, de aportar para contar con un sistema de justicia que garatnice los derechos de las víctimas, imputados y demás involucrados en el proceso penal. Y aquí yo creo que hay un elemento bien importante que es pensar en el abogado, no necesariamente como un litigante sino como alguien que facilita esa relación entre el Derecho y la comunidad, si tú estás pensando en el abogado como un facilitador entre las reglas que conforman todo el régimen jurídico y la comunidad y no te piensas como alguien transformador del Derecho en realidad lo único que estás pensando es en cómo mantienes el estatus quo y no en realidad como lo puedes transformar para beneficio de todas las personas.

8. Como profesor de Derecho desde ya algunos años y sobretodo con los obstáculos que enfrentas al tratar transmitir el Derecho a las nuevas generaciones, ¿cuál crees que deba ser el perfil de los futuros abogados en nuestros días?

IDLG: El futuro abogado tiene que ser un abogado que piense más allá de estrictamente lo que tiene que ver con las reglas que le enseñan en la escuela creo que tiene que ser un abogado formado humanísticamente tiene que un abogado que le dedique tiempo a leer novelas, cuentos, filosofía. Tiene que ser un abogado enterado de la historia de su país, tiene que ser un abogado que está enterado de lo que está pasando en el mundo y yo creo que relacionándolo con la pregunta anterior tiene que ser un abogado que no pueda apostar a mantenerse en el estatus quo sino que tiene que pensar en qué le puede aportar a la comunidad , en cuál es su responsabilidad con las personas que tiene enfrente y no nada más frente al cliente.

A continuación, te diré una serie de nombres, conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente: 

Red Hot Chili Peppers Flea
Juicio Político Una tarea pendiente para México… Y para mí
Procuración de justicia Una función indispensable del estado para tener una sociedad en paz
Camus Mi referente filosófico, alguien que me ayuda a levantarme todas las mañanas
Facultad Libre de Derecho de Monterrey Mi casa
Garro Funk Mi pasado y ojalá también fuera mi futuro
Mezcal Doble, por favor
AMLO Esperanza
Teoría de la constitución Una forma de entender las cosas que pasan en el día a día
Roberto Bolaño Una felicidad compartida con mi mejor amigo
Nuevo Sistema de Justicia Penal Un pendiente para el país
Pedro Torres Maestro
Monterrey Un lugar que me costó trabajo querer, pero que con el paso del tiempo he aprendido a agarrarle cariño
Roma Pecho apachurrado
Constitución Mi objeto de estudio
Michael Núñez Alguien que me enseñó a entender la Constitución
Justicia Una aspiración que tienen todos los mexicanos y todas las personas que habitan este planeta y que los abogados tenemos un compromiso por ayudarlos a conseguirla
Derecho Creación súper ingeniosa del ser humano para no matarnos entre nosotros
México Mi patria

Dónde comen los abogados. A propósito de dos restaurantes llamados “La Corte”

Hace días el buen Chema mandó esta foto desde Londres… Un pub llamado The Court, ¡porque claro!, es sabido que los abogados si algo sabemos es tomar…, decisiones e hincarle el diente no solo a los clientes sino también a la comida. Así cualquier alusión gastro-jurídica, en definitiva, tiene el potencial de convertirse en un aliciente para los operadores del Derecho, para convertirlo en un lindo espacio de convivencia godín, en el que podamos trasladar no solo nuestras charlas laborales a los espacios cotidianos sino también nuestros complejos a cualquier persona que no sea del gremio. El lugar me pareció simpático porque al final en estos espacios la verdad es que muchas veces se delibera y se discute más que en los plenos de nuestros altos tribunales. En fin. Seguramente será por el calor de las copas o por lo informal del espacio, quién sabe.

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Lo más simpático es que recién mandó la foto, el tocayo Juan Luis envío otra la cuál mostraba una imagen de un restaurante en Ciudad de México igualmente llamado La Corte y que, claramente, a nadie sorprendió porque soy el único de ese chat que vive fuera de la capital.

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La verdad es que a mi me hace gracia que existan estos lugares. Debería comenzar una recopilación de estos sitios, recuerdo en Santiago del Estero, en Argentina, había un café denominado Doxa… Pero bueno, ya es muy tarde y el tiempo apremia.

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Tatiana Clouthier

El pasado viernes 28 de septiembre de 2018, en sus oficinas “Espacio Ciudadano”, en los linderos de Monterrey y San Pedro, tuve la oportunidad de entrevistar a Tatiana Clouthier Carrillo (Culiacán, Sinaloa, 1964).

Tatiana estudió la Licenciatura en Lengua Inglesa en el Tecnológico de Monterrey y tiene una maestría en Administración Pública por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Al ser hija de Leticia Carrillo y Manuel Clouthier —el mitológico “Maquío” (afamado líder político y ex candidato presidencial del Partido Acción Nacional (PAN) en las controvertidas elecciones de 1988), Tatiana no niega sus orígenes, desempeñándose durante los últimos años dentro de la política local del norte del país, como funcionaria y activista. Sin embargo, hace unos meses, se convirtió en la sensación nacional… Al ser coordinadora de campaña del candidato ganador de las últimas elecciones presidenciales, Andrés Manuel López Obrador, Tatiana terminó por ser una de las figuras claves en el triunfo electoral de MORENA, imprimiendo un estilo muy particular de ejercer sus labores que conectó con una gran parte de la ciudadanía. Después de rechazar el cargo en la Secretaría de Gobernación, como subsecretaria de Participación Ciudadana, Democracia Participativa y Organizaciones, Tatiana actualmente se desempeña como vicecoordinadora de la bancada de MORENA en la Cámara de Diputados.

Resulta tan extraño como simpático ese tierno fenómeno social que devela burdamente la forma en que nos vinculamos dentro de nuestro entorno más próximo. Así, cuando alguno de los personajes locales, de la noche a la mañana, saltan a la fama nacional e internacional, inevitablemente resulta que todos los conocemos y tenemos miles de anécdotas para compartir.

download-1.jpgQueda claro que Monterrey, Nuevo León en general, es una de las entidades de México más grandes, que la idea del anonimato aun resulta posible dentro de los más de tres millones de personas que compartimos el fervor por los 45º grados y la carne asada. Sin embargo, la verdad es que al mismo tiempo de proyectarnos como una gran ciudad, nos jactamos de ser un rancho grandote, un ranchototote. En ese sentido, me consta, haber escuchado a personas que juran que compartieron momentos inevitables con “Edgar se cae” antes de que se cayera, que fueron a la misma escuela de Gloria de los Ángeles Treviño Ruiz y desde esos momentos vislumbraron su espíritu rebeldes y contestatario que terminaría decantando en grandes obras poéticas como “Pelo suelto” o “La papa sin cátsup”, que de niños jugaron cascaritas callejeras con Giovani y Jonathan Dos Santos, que eran vecinos de Miriam de La Academia, o que incluso una vez “el Pato” Zambrano les salvó la vida con una hebilla.

Hay de todo…, pero, en definitiva, sabemos de la existencia de grandes personas en el ámbito local, en el íntimo decoro, diría el poeta nacional, de ahí que cuando les llega su momento, cuando les toca brillar fuera del terruño, no queda de otra más que seguirles la estela y alegrarse por la exportación.

Screen Shot 2018-10-14 at 6.01.00 PM.pngNo es por nada, pero así con Tatiana Clouthier. Aunque no era propiamente la “tía Tatis”, ni la identificábamos con el proyecto de la cuarta transformación, en mayor o menor medida, todos la conocíamos… O, por lo menos, sabíamos de su activa presencia en la ciudad. De su espíritu crítico y de sus ganas de politizar espacios tan áridos (literal y metafóricamente hablando). Vamos, que alguien aunque no propiamente de Monterrey, aunque sí de ese místico territorio fronterizo denominado por los cartógrafos occidentales como “el norte”, ahora se encuentre en “el centro”, tanto del país como de la discusión, definitivamente reconforta y alienta a seguir expandiendo el talento local.

No se trata este espacio de realizar un perfil sobre la diputada, y menos recién publicado el gran artículo que escribió Rafa Cabrera en Gatopardo, sino simple y sencillamente de seguir compartiendo y difundiendo las ideas específicas de alguien que apreciamos y que da mucho gusto que su voz cada vez más se esté amplificando.

Agradezco a Tatiana su tiempo, su franqueza, y transparencia, su voz crítica dentro de estos espacios y sobre todo su valentía para tomarse en serio la política y tratar no solo de reivindicar el trabajo de tantas personas que nos han quedado a deber, sino, y sobre todo, de algunos otros que se han quedado en el camino, tratando de hacer de este lugar uno mucho mejor.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más, a Tatiana Clouthier.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

TC: Tribunal, juicio, discusión.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

TC: No sé cuál sea, pero te puedo decir que lo que me encanta ver es los programas norteamericanos de “Corte Abierta”, o de ese estilo. Desde muy pequeña disfrutaba ver los casos que se resuelven de forma muy interesante y breve, no más media hora. La verdad es que me apasionaba ver los procedimientos de los juicios orales.

3. En los últimos sexenios, se ha destacado un gran número de abogados que lideran la política y el gobierno en nuestro país. ¿Te hubiera gustado estudiar la licenciatura en Derecho?

TC: Fue mi sueño, mi primer intención había sido deportes y luego abogacía, y cuando vi para qué sirve en este país ser abogado…, decidí que mejor no.

4. En el mismo sentido que la pregunta anterior, ¿necesitamos más abogados en la administración pública, o por el contrario sería bueno que otros profesionistas, como en tu caso, conformen la misma?

TC: Yo creo que no es la profesión la que hace ni deja de hacer, sino es la variedad de perfiles que complementan puestos técnicos, hay lugares donde tienes que tener gente técnica y hay lugares donde desde cualquier profesión puedes sumar.  

5. ¿Crees que la literatura, el arte en general sirve para las cuestiones jurídico-políticas o es solo una vía de escape a las frustraciones diarias?

TC: Creo que la filosofía y el leer, te abre la mente para buscar la verdad, para buscar y profundizar y no aceptar todo como algo incuestionable, como algo fijo y estático. Estas disciplinas te ayudan a encontrar caminos nuevos y cuestionarte.

6. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión? ¿por qué?

TC: Ni a favor ni en contra, te voy a decir, creo que todas o algunas profesiones tienen rituales, tienen eso y es como si el ritual tiene sus propias y respetables solemnidades.

Te voy a confesar que me hiciste la pregunta el día equivocado. Ayer, precisamente, me invitaron a una graduación de una maestría en Derecho de la Academia de Derecho Internacional en el Colegio San Ildefonso…, entonces acabo de vivir todo el ritual y me pareció muy bello, me pareció muy bello en la manera en la que nos explicaron de dónde venía la academia, quiénes habían sido los primeros y todo lo demás. Y, la verdad, es que me gusto y me gusta mucho más cuando los rituales tienen su sentido y su momento. Pero ojo, eso no te define, pero te lleva a encontrar momentos para cada cosa.

7. Según datos del CEEAD en México hay 1,817 Escuelas de Derecho, en Nayarit hay más que en Canadá, en Guerrero más que en Alemania, en Nuevo León hay cerca de 70, la profesión parece que ha eclosionado desde finales de los noventas, creándose una nueva escuela de derecho por semana, en ese sentido, en el país existen muchísimos abogados pero parecería que la cultura jurídica se encuentra en un estado lamentable.

Aunado a la proliferación de escuelas de Derecho de mala calidad, existe una clara problemática de acceso a la justicia diferenciado por cuestiones de clase, el fenómeno de los “coyotes”, la insuficiencia de los defensores de oficio. Mientras parecería que se han realizado importantes reformas en múltiples campos, política, energética, del Estado, judicial, sin embargo, se disocia a las personas que se encargan de operarlas, es decir a los abogados mismos.

En concreto, te pregunto… ¿Qué se te ocurre para incrementar la calidad de los abogados en México?

TC: Desde que trabajé en la Secretaría de Educación del Estado, hace muchos años, veíamos que había un montón de profesiones, recuerdo en específico cuatro carreras en el Estado de Nuevo León que estaban sobrerrepresentadas, si así se pudiera decir, o que tenían demasiada demanda, y decíamos que normalmente luego venía una frustración de no encontrar el trabajo en donde escogiste y querías tener la profesión de tus sueños…, Una reflexión que me generas es si valdría la pena que el mercado se regulará a partir de esa información, de las áreas donde tienes perfiles, pero también de cuáles son las más demandadas, la pregunta aquí es cómo hacer para empatar oferta y demanda, sin limitar las decisiones de cada persona. Y si creo que en el sobreofertar, en todo, viene una baja calidad, no porque sobreofertes, sino porque no controlas; no por la sobreoferta, sino porque el Estado no a hecho lo que le corresponde para regular propiamente la demanda y existen escuelas patitos o semipatitos y no sé que tantas cosas más.

Creo que hemos denigrado, si así se pudiera decir, el papel de la Universidad y no hemos puesto, por decirlo de algún modo, centros educativos, que es diferente. No está bien ni está mal, solo es distinto y es que, hoy en día, creo que el conocimiento debería de tener otro valor, ser contemplado desde otra dimensión, más allá de un mero título. Eso es más menos lo que voy viendo que va sucediendo.

Esta gacho que pagues y te engañen, pero eso, también tiene que ver con un apendejamiento personal.

8. Me parece que tú has llamado mucho la atención por impulsar la participación ciudadana. Sin embargo, entre tanta desigualdad, en un sistema político-económico que explota profesionalmente y crea tantas condiciones agravadas para involucrarse en los asuntos públicos, ¿no? O por lo menos parecería una cuestión afectada por las cuestiones de clase. ¿Se te ocurren algunas soluciones para impulsar estos temas?

TC: No puede haber ciudadanos ni de primera, ni segunda. Sin embargo, uno no puede negar y te regresas a la pirámide de Maslow, una vez con las necesidades básicas resueltas, podemos entrar en otras dinámicas, entonces viene ahí de origen una democracia discriminatoria, por llamarlo de alguna manera. Porque si yo trabajo ocho o diez horas diarias para poder suplir lo básico y ni siquiera lo básico, sino lo súper básico, pues no me pidas que haga más, porque no tengo ni fuerza, ni nada para hacer más. Entonces de entrada me descalificas o me sacas del esquema de poder participar no porque no tenga el derecho sino porque no tengo el ánimo, ni las ganas, ni puedo, ni la cabeza para hacerlo porque estoy sobreexplotado en términos de trabajo. No obstante, eso no me limita el derecho, y ahí es donde entras a una discusión otra vez, por qué nos conviene como sociedad tener una clase media más gorda, no en términos de diabetes ni obesidad, sino en términos de que sea más amplia, más grande, por lo mismo, porque en la medida de que tengamos una clase social que tiene sus necesidades básicas resueltas se puede involucrar en otras cosas, pero en otras cosas desde el arte, otras cosas que le llenen la vida desde otra perspectiva, y no andar sobreviviendo.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

Constitución Ley suprema
MORENA Movimiento regeneración nacional
Nuevo León Ciudad de las montañas
Manuel Clouthier Mi padre
Cantos gregorianos Relajación
Evolución mexicana Participación ciudadana
Andrés Manuel Presidente electo
Corrupción No la quiero
Rosaura Barahona Maravillosa
Comida mexicana Deliciosa
Culiacán Mi casa
Participación ciudadana Un obligado
PAN Se come
Beatriz Gutiérrez Müller Gran mujer
igualdad de género Un deseo
San Pedro Garza García Donde vivo
Hacer patria El actuar cotidiano
Millenials Entendiendo
Abre más los ojos Una necesidad
Familia Lo fundamental
Justicia Mi deseo máximo
Derecho Lo que todos tendríamos que tener
México El lugar más bello del mundo

 

Sobre el abogado que se disfrazó de Spiderman en su graduación

Según me cuentan mis amigos de Chihuahua, hace años a Ciudad Juárez, por sus altos niveles de violencia e inseguridad, se le conocía como Ciudad Gótica (en alusión al lugar ficticio donde el superhéroe Batman tiene que luchar diariamente contra infames y desgraciados villanos). Bueno pues hace días, se hizo justicia poética, ya que en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) pasó algo que solo pudo ser ideado en México o, mejor dicho, algo que en definitiva mezcla lo mejor de la realidad de DC Comics con la pintoresca ficción nacional… Me refiero a la nota que cubrieron varios medios nacionales y que se llegó a viralizar respecto al estudiante Hiram Yahir Salas, de 21 años de edad, quien en la graduación de la licenciatura en Derecho se fue vestido como el superhéroe Spiderman.

Vale la pena citar, la crónica relatada en Televisa noticias:

“La ceremonia transcurría con normalidad y sin novedad alguna, los alumnos pasaban por su reconocimiento y las familias gozaban del momento; pero la formalidad terminó cuando tocó el turno a la carrera de Derecho e Hiram hizo su aparición despojándose sorpresivamente de la tradicional toga y quedó caracterizado de Spiderman. Disfrazado de Hombre Araña, pasó al presídium y saludó de mano a cada una de las autoridades escolares que ahí se encontraban, al finalizar el recorrido, bajó del templete y observó cómo todos los presentes en el Gimnasio Universitario gritaron y aplaudieron su aventura. El ‘abogado araña’ agradeció el gesto y lanzó besos al público.”

Según comenta al periódico El Universal, Hiram “el abogado araña” Salas, “desde pequeño tuvo el anhelo de graduarse vestido como el hombre araña y lo cumplió. También tenía el propósito de romper esquemas y derrumbar el esteoritipo de que los abogados son gente seria y con mente cuadrada “no soy como los demás, lo dejo en claro con este acto”.”

¡De acuerdo!, válido perseguir los sueños y luchar por alcanzarlos, bien por Hiram, pero de eso a que su performance ayude a desterrar la idea de que los abogados son personas serias, ya no estoy tan seguro. Y es que quizá, en sentido contrario, su traje del Hombre Araña también se podría leer como que dentro del gremio siempre existirán excéntricos, estrafalarios, e incluso profesionistas un tanto desubicados.

Queda claro que una de las principales batallas es contra el formalismo, contra el ritualismo en el ejercicio de la abogacía pero de ahí a no tener el mínimo decoro o respeto por una ceremonia protocolaria, creo que existe un abismo. Digo, a mi en un primer momento la nota me pareció graciosa, simpática, incluso me hizo soltar alguna risa, pero una vez que leí con cuidado otras crónicas y seguí un poco el pulso en redes sociales, encontré tanto reproches de sus compañeros de su generación (algunos de sus colegas se negaron a ayudarle con las cremalleras y a ajustarle la máscara) como molestias por parte de algunas autoridades.

Mmmmm, no sé, sentimientos encontrados, eso tal vez es la juventud, imprudencia,  desfachatez, inmadurez, valemadrismo, al parecer el tipo se tomó bastante enserio su triunfo, la finalización de sus carrera, y qué bueno, ojalá nunca normalicemos las derrotas y las victorias, de eso se trata la vida, de permitirse sentir y adecuarse y adaptarse a cada momento. Sin embargo, de nueva cuenta, pongo en duda el momento y el espacio para algo como lo que hizo Hiram, pues probablemente si lo que quiere es demostrar su atrevimiento y llamar la atención sobre otras formas de ejercer la abogacía, antes que terminar una entrevista diciendo que “sí estaría dispuesto a ser parte de un programa de entretenimiento”, podría utilizar sus energías y su creatividad para luchar contra las injusticias en su entorno con un poquito más de seriedad. Vale la pena recordarle que incluso el verdadero “Hombre Araña”, tarde que temprano, se deja de chorradas y tiene que buscar un abogado que lo defienda. Para muestra esta viñeta… Cámara.

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Pedro Salazar

El pasado jueves 25 de enero de 2018, en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, tuve la oportunidad de entrevistar a Pedro Salazar Ugarte (Ciudad de México, México 1971).

Screen Shot 2018-07-28 at 6.20.30 PM.pngPedro Salazar es Licenciado en Derecho por el ITAM y Doctor en Filosofía Política por la Universidad de Turín, Italia. Desde hace 15 años es investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y tiene el nivel III en el Sistema Nacional de Investigadores. Actualmente se desempeña como director del IIJ de la UNAM, profesor de la Facultad de Derecho y Conductor del programa Observatorio en TVUNAM.

En mayor o menor medida, a todos aquellos que nos tocó aprender Derecho en México a partir del cambio de siglo, el contenido visto en las aulas a través de la carrera resultó de una extraña mezcla entre anacrónicos textos que sirvieron de guía a nuestros profesores y la interpretación y recepción de teorías que (aunque no del todo nuevas) iban amoldándose a las exigencias de los tiempos contemporáneos.

Y es que, algunos dirán que difícilmente puede salir algo bueno de leer a Carpizo y Burgoa por la mañana y a Zagrebelsky o Ferrajoli por la noche. De seguir anclados a la  quinta época pero al mismo tiempo mirar hacia tribunales internacionales. Sin embargo, la experimentación, la prueba y el error, el cuestionar las jerarquías normativas, la emoción de ejercitar nuevos medios de control constitucional, de hacer valer el peso de los contrapesos, abrió por primera vez la posibilidad para discutir de manera abierta las intrincadas relaciones entre Derecho y poder en nuestro país.

Así, como cualquier otro campo social, aunque quizá con un mayor rezago que todos los demás, la academia jurídica nacional  comenzó a experimentar un cambió generacional, que dio voz, en aquellos años, a importantes y prominentes juristas (los cuales no es casual que actualmente funjan como cabezas de importantes instituciones de incidencia jurídico-política), que supieron ver más allá del texto normativo y pudieron llamar la atención sobre lo que estaba por venir. En ese sentido, no cabe duda que el trabajo académico de Salazar Ugarte se encuentra en sintonía con esa visión que posibilita no solo un mejor entendimiento de nuestro sistema sino también una genuina preocupación por equilibrar la teoría con la realidad social.

De ahí, precisamente, que Pedro Salazar además de su producción académica nunca haya dejado de escribir, de estar al pendiente de la vida pública nacional,  en general, de socializar el Derecho a partir de programas de televisión y  artículos de opinión en múltiples espacios divulgativos. Pero no me atrevería a decir divulgar por divulgar, o por el solo hecho de llamar la atención sino por congruencia con una academia comprometida con su entorno, no se olvida su renuncia como editorialista de uno de los periódicos de mayor tiraje en el país (por la tendenciosa cobertura al sistema anticorrupción), o también sus múltiples pronunciamientos en controvertidos temas de actualidad.

Agradezco a Pedro su tiempo y amabilidad para la entrevista, pero sobre todo por esa capacidad que tiene para propulsar el trabajo de los más jóvenes, creer en ellos, y sobre todo tratar de entenderlos, haciendo su trabajo a partir de las exigencias y necesidades que conllevan las transformaciones sociales.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Pedro Salazar.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?
Pedro Salazar (PS): Este… Normas jurídicas y una cuestión ambivalente entre conservación del statu quo o, cada vez más potencial transformador.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.
PS: No sé por qué se me vino a la mente Arturo Zaldívar.

3. ¿Alguna vez pensaste ejercer como abogado?
PS: No.

¿Por qué?
PS: Porque siempre tuve una vocación mucho más orientada hacia la aproximación teórica o política del Derecho. De hecho, mi experiencia lo que ha sido como jurista digamos en algún tiempo trabaje en administración pública, y el resto del tiempo, me he dedicado mucho más a el estudio del Derecho, pero desde la perspectiva de la academia.

4. ¿Ves alguna relación entre los abogados y nuestros actuales modelos de democracia constitucional?

PS: Yo creo que sí, llevo tiempo sosteniendo que hay una disputa por los derechos, una disputa por la concepción del Derecho en la cual lo que está en juego son distintas concepciones del ordenamiento jurídico, del Estado y de la relación entre poderes y derechos. Y sí, creo que hay una tradición de abogados, una tradición de juristas que es mucho más nacionalista, mucha más parroquial, mucha más conservadora, y mucho más formalista que otra, que es una tradición que se ha ido abriendo brecha que probablemente es menos cuantiosa desde el punto de las personas involucradas en la misma, pero que tiene una concepción mucho más universalista, mucho más comparativista, mucho más orientada hacia la interpretación abierta del Derecho. Y creo que sí, estas dos tradiciones contribuyen a consolidar distintas concepciones de Estado y distintas concepciones, vuelvo a decirlo, de relación entre el poder y los derechos.

5. De un tiempo para acá, mientras que los Poderes Judiciales, los jueces y las juezas en específico, se han fortalecido tanto en sus recursos humanos como materiales, existiendo cada vez mayores condiciones para ejercer sus labores bajo estándares de calidad, o por lo menos procurar escenarios en los que el ejercicio del Derecho resulte más eficiente, para el gremio de los abogados difícilmente se puede afirmar lo mismo… Proliferación de escuelas de Derecho de mala calidad, acceso a la justicia diferenciado por cuestiones de clase, el fenómeno de los “coyotes”, la insuficiencia de los defensores de oficio, incluso la mala fama de la profesión, ¿a qué crees que se deba esto?

PS: Son varios temas. Por ejemplo, tenemos que hablar de una discusión muy importante que es el tema de la colegiación. Yo soy de los que estoy a favor de la colegiación obligatoria, y de la certificación para el desempeño de la profesión jurídica. Entre otras razones porque, eso nos permitiría tener estándares de calidad de desempeño, no solamente desde el punto de vista técnico sino también desde el punto de vista ético, que me parece fundamental para el ejercicio de la profesión jurídica.

Entonces lo que hace falta es, en esa dirección o en otra —porque sé que hay una discusión alrededor del tema—, es una ley de la abogacía en México que ordene, una ley que establezca estándares mínimos para la formación y para el desempeño profesional, una ley que te permita decantar la calidad de las escuelas de Derecho. Es decir, mientras no tengas eso lo que tienes es un escenario en el cual hay de todo, digamos.

Y si, tienes razón yo creo el gremio de los abogados le está quedando a deber a los retos de su profesión. Y, por el otro lado tienes razón en el caso poderes judiciales, han hecho sus inversiones importantes de recursos, han más o menos sistematizado sus procesos de ingreso, selección y ascenso. En fin, hay más profesionalización de la del gremio de los abogados entendidos como los practicantes del Derecho.

6. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

PS: Yo estoy en contra incluso del uso de la corbata… Aunque sé que hay que usarla, pues no me queda duda de la importancia de las formas. Pero yo estaría en contra del uso de la toga porque, más allá de lo simbólico, no creo que contribuye en nada a mejorar el desempeño sustantivo de la abogacía.

7. Considerando que el potencial de la licenciatura en Derecho se encuentra relacionado con el hecho de que la economía y la política se rigen en términos jurídicos, qué opinas de que, por lo general, lo cuadros políticos de las clases dirigentes tradicionalmente se encuentran conformados por abogados.

 Es decir, ¿necesitamos más abogados en la administración pública, o por el contrario sería bueno que otros profesionistas conformen la misma?

PS: A ver, yo creo que es un elemento muy estudiado y muy, digamos, reflexionado en la teoría del Estado y en la conformación del Estado —por lo menos de Weber hacia delante—, de la relevancia de los juristas en la operación del aparato estatal. La relevancia de los juristas pues por su conocimiento técnico sobre el instrumental básico con el que se gestiona la cosa pública que es, precisamente, el instrumental normativo. En ese sentido, creo que los abogados son fundamentales para el servicio público, pero yo creo lo que debemos de hacer es imaginar otro perfil de abogados es decir, yo creo que la abogacía debe de seguir siendo lo que es, la disciplina, la ciencia jurídica, pero también las abogadas y abogados deben de tener mucha más conciencia de la interacción del Derecho con las otras esferas de la vida social. Es decir, de la interacción necesaria entre Derecho y política, Derecho y economía, Derecho y sociología, y, en ese sentido la profesión jurídica debería de ser menos autorreferente como es hasta ahora. Debería de ser más receptiva de otros saberes para que las personas que estudian Derecho y que luego van a practicar Derecho tengan una cultura más amplia que la exclusivamente legal.

8. Hace algunos meses en un Congreso en Guadalajara, mientras hablabas sobre enseñanza del derecho constitucional y la incorporación de los nuevos abogados al ámbito profesional, afirmaste que quizá lo que cualquier oficina debería hacer para contratar a nuevo personal es poner una placa que diga “Se buscan personas sin experiencia”, esto en relación con lo difícil que, muchas veces, resulta dentro del campo jurídico romper con atavismos y formalismos que no solo impiden que los futuros abogados sean creativos o intenten nuevas formar de ejercer y socializar sus labores, sino que también la propia dinámica de la profesión va moldeando sus hábitos conforme a sus superiores y dentro de los estrechos márgenes que exige el propio Derecho, generando cada vez más desigualdades entre operadores jurídicos y usuarios del sistema.

Como director de uno de los institutos de investigación con mayor incidencia dentro de nuestro entorno jurídico-político, ¿qué ideas se te ocurren para que las futuras generaciones de abogados puedan fungir como detonantes de cambios sociales?
PS: Bueno, yo creo que lo que ustedes llevan tiempo estudiando en el CEEAD es fundamental. Es decir, deberíamos de transformar la manera en que formamos a los abogados, y no solamente estoy pensando en los contenidos de planes de estudio, temarios y demás, sino también en las dinámicas de razonamiento jurídico y en las maneras de aproximarse al Derecho. Yo creo que ahí hay un desafío muy grande y que la verdad el gremio es tan resistente que esas transformaciones se han dado con gotero.

Deberíamos entre otras cosas enseñar, por ejemplo, mucho más a razonar y argumentar jurídicamente que a aprender, patrones, procedimientos y normas de manera formal. Yo creo que es uno de los grandes retos.

Lo otro es que también deberíamos de tener una discusión en serio sobre para que queremos el Derecho, es decir para que sirve el instrumental jurídico en la sociedad , cual es la finalidad, porque, es muy distinto imaginar el Derecho desde la perspectiva de la organización del poder, de la administración del Estado y de la ejecución de las decisiones de los órganos políticos que, mirar al Derecho como un entramado normativo para fortalecer a las personas, para aumentar sus capacidades, y para contribuir a la participación en la adopción de las decisiones colectivas. Hay una diferencia que vale la pena tomar en cuenta, que es tanto como preguntarnos si queremos un derecho orientado hacia los poderes en plural, o un derecho orientado hacia los derechos y hacia las personas en lo particular.

Lo otro yo creo que tenemos que enseñar una aproximación mucho más práctica hacia el Derecho, eso también es algo fundamental. A mí me parece que la manera en que se debería enseñarse el Derecho, ustedes lo saben muy bien, no solo puede tener una función teórica fuerte sino también tendría estar muy vinculado al ejercicio práctico de la profesión jurídica, para entenderlo, aunque no lo vayas a ejercer. No hay manera de analizar bien sentencias constitucionales, por ejemplo, si no tienes una proximidad con la manera en la que se articula un litigio estratégico y yo creo que por ahí habría otra cuestión.

Otro elemento fundamental que deberíamos de tomarnos muy en serio es la dimensión axiológica de nuestra profesión, es decir el sustrato ético que debe de estar detrás del Derecho que no quiere decir confundir el Derecho con la moral ni vertientes iusnaturalistas. Simplemente quiere decir que el Derecho no puede verse como un ente aislado de una pretensión de corrección moral.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

Norberto Bobbio Filósofo político
Italia Tercera casa
Liberalismo Igualitario Concepción de vida
UNAM Mi casa adoptiva
Laicidad Principio fundamental para la convivencia
ITAM Centro de formación profesional
“Escuela de Turín” Una idea en formación
Mariano Otero Predecesor de Kelsen
Conferencia Mariano Otero CoMO Recuerdo de juventud
IIJ Mi casa
Rodolfo Vázquez Ejemplo
TEPJF Institución inestable
Democracia constitucional Modelo de organización política ideal
SCJN Tribunal Constitucional
Café (espresso) Todos los días
José Woldemberg Amigo y modelo
Justicia Pretensión constante
Michelangelo Bovero Tutor y formador
Derecho Instrumento de trabajo
Poder Derecho
México

Futuro

Las 11 felicitaciones más extrañas o culeras por el día del abogado

El pasado jueves, 12 de julio, se celebró el día del abogado aquí en México. Ya he hablado de su origen, he realizado alguna reseña de su celebración e incluso he criticado la futilidad de este evento que, sin embargo, se sigue festejando en nuestros tiempos a través de imágenes repletas de balanzas, buhos, diosas temis, corbatas, libros pasta de cuero, con letras cursivas y citas que oscilan entre Mandela, Gandhi, Couture, Aristóteles o Platón. Vamos que si se trata de imaginación o creatividad, el gremio se queda corto, muy corto. Así, como ya es tradición, me di a la tarea de recopilar las 11 postales más extrañas, o culeras o pinches, del día del abogado. No están rankeadas, para mi todas son ganadoras. Qué las disfruten, añado alguna nota o comentario para las mismas.


1. Al tiro con el botonazo.

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2. Temis met Second Life.

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3. “no hay nada”… NADA alv.

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4. Piolines jurídicos, ya toda una tendencia.

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5. WestWorld temporada 3.

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6. Versión para toda la familia.

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7. Esta es espectacular, la banda sinaloense El Recodo subió a sus redes sociales esta felicitación. Una joya.

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8. Reciclando la del 14 de febrero.

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9. Haha, me dio risa. Sobre todo por el Torres.

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10. Queer Eye For The Straight Law Guy

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11. Nos podrán quitar todo menos el powerpoit.

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La normalidad de Jorge Volpi

 

Ayer en México fue un día difícil. Bueno no es cierto, fue un gran día, sábado de Gloria (lo nominó Juan Villoro). El triunfo de la selección nacional frente al equipo de Corea en el mundial, nos catapultó hasta al primer lugar de grupo y se desató la alegría colectiva. Además coincidió con el Pride y sus múltiples marchas y celebraciones. París era una fiesta, digo México. Una fiesta que concentró toda la atención de todos en dichos acontecimientos festivos, o por lo menos difuminó otras tantas cosas que sucedieron.

Ya hoy con la calma que implica la cotidianidad (y la maldita cruda que me tiene prácticamente inmovilizado), me doy cuenta que la editorial de ayer de Jorge Volpi en periódico Reforma fue respecto a su novela documental y sobre el sistema de justicia.

Hoy escribo brevemente sobre eso puesto que hace dos semanas realicé una no reseña sobre la no novela de Volpi, y, sinceramente, porque quiero. Porque mi blog antes que ser un espacio sobre abogados, es un espacio mío, que puedo utilizar limitadamente como trinchera para decir lo que pienso y tratar de influir dentro de mi campo social.

Una de mis principales quejas con la Novela criminal de Volpi (¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡la cual hoy descubro fue pensada para seducir a los lectores de ficción pero no para los lectores de ficción que conocen el sistema de justicia en México!!!!!!!!!!, mea culpa), fue precisamente eso de novelar, o documentar, un caso real. O sea, al final por más que queramos construir un relato a partir de hechos reales, tal relato se erige por medio de una determinada selección de actores, hechos, y perspectivas sesgadas, que inevitablemente son filtradas a discreción. De nueva cuenta, no es posmodernidad, ni posverdad…, es entender que la objetividad es mucho más compleja, que en el arte las creaciones literarias no son asépticas.

A ver, no estoy peleado con la idea de la novela documental, ejemplifiqué las obras de Javier Cercas y Emmanuel Carrère como trabajos precisos y fuera de serie, pero la diferencia con el texto de Volpi es que quizá él no se centró solamente en relatar la historia de UN solo personaje, sino (ahora descubro) de poner en evidencia el lúgubre sistema de justicia en el país.

De ahí que utilicé el término chismógrafo, es decir la no novela, para quienes estamos en el medio, se puede leer como un documento recopilatorio de la opinión de Volpi sobre múltiples abogados y actores políticos en México. De ahí también que cuando uno está en el medio, y conoce a ciertos personajes y actores involucrados, sabe que algunas cosas no bastas, o simplemente no coinciden con la realidad.

El ejemplo específico fue con Jorge Ordóñez. Quienes tenemos la fortuna de conocerlo sabemos de su profesionalismo, sabemos que además de ser un gran abogado es una gran persona, que difícilmente dependió de él lo aducido en la novela. De ahí entonces, y sumado a otros varios detalles, la verdad ya no es tan verdad, o más bien la novela de no ficción, al final no es tan novela de no ficción.

En todo caso, yo me quedé pensando, si Volpi entrevistó a Jorge para su proyecto, si le preguntó directamente a él, o si acaso contrastó varias fuentes de un hecho tan relevante no solo en el desarrolló del caso sino también para la posterior construcción de la novela…

En cualquier caso, es valiente y sorprendente lo que escribió el ganador del premio Alfaguara en su columna semanal. Valiente porque acepta su error y trata de reivindicar los hechos que él mismo endilga a Ordóñez. Sorprendente, porque entonces qué hacemos con su no ficción… ¡ESTO ES COMO INCEPTION! No, no, no, mejor aun, esto es como que Volpi en una novela de no ficción, ficciona algo, hace un montaje, ¡justo como hizo García Luna con el primer montaje de Florence Cassez e Israel Vallarta!. Un montaje del montaje.

Lo que me queda la duda es si se va a modificar la novela de Volpi, digo la no novela de Volpi, en la siguientes reimpresiones, o en las versiones on line. O si se va a incluir como epílogo esta editorial… ¿Se irá Volpi a adentrar en quién filtró el proyecto? ¿Lo eliminará, lo dejará pasar? ¿O cambiará el curso de la historia? Digo este evento, y algún otro… La implicaciones podrían rebasar la realidad, e incluso tal vez modificarla…, chingado siento que al final estoy viendo un capítulo de Rick and Morty. Un capítulo en el que en un universo en el que una novela, digo una no novela, sobre una historia real, tiene que ser modificada porque a su vez alteró la realidad.

Sinceramente agradezco que Volpi no escribió una no ficción sobre Caperucita. En fin, siento que al seguir hablando de la novela de Volpi, digo de la no novela de Volpi, resulta contraproducente pues se le hace más promoción. Nada más errado, o sea, reitero que cada quién lea lo que quiera, o en todo caso si te gusta la ficción y eres abogado y conoces lo mal que está el sistema este libro no es para ti, limítate mejor a tratar de transformar y mejorar el sistema… Justo, como algunos de los personajes de la no novela. Ordóñez incluido.

Dejo la columna de opinión sobre la que escribo…. Y, como siempre, subrayo las ideas que me resultaron más interesantes para el tema de este blog, que es el de los abogados.


La normalidad

Si algo misterioso tiene la escritura de una novela es que con frecuencia ni siquiera el autor mismo adivina sus alcances. Con una novela sin ficción, donde los personajes en realidad son personas, con sus propias vidas, destinos y creencias, el descontrol se recrudece. Han pasado tres meses desde que publiqué Una novela criminal, el libro en el que pretendí contar, usando las armas de la literatura, la historia verídica de Florence Cassez e Israel Vallarta, y solo ahora he empezado a columbrar el sentido de sus páginas. Cuando inicié el recorrido por esta historia tan inverosímil como real, mi meta era contar de la mejor manera posible una trama con todos los ingredientes para seducir a un lector de ficción; poco a poco caí en la cuenta de que el tema central del libro era otro, más extenso y doloroso: un retrato de México, de lo peor de México -su sistema de justicia-, a través de un caso que me parecía excepcional.

Tres meses después, reviso este juicio. Sin duda el caso se volvió excepcional, pero en sus inicios no lo era. Volvamos por un segundo a aquel 9 de diciembre de 2005, cuando los dos principales noticieros de la televisión anuncian que transmitirán en vivo la captura de unos peligrosos secuestradores: ¿por qué ese día nadie nota las incongruencias de la grabación?, ¿por qué ninguno de los periodistas que llegan a Las Chinitas observa irregularidad alguna? Porque todo lo que ocurrió en ese “rancho” en las afueras de la capital era normal. Era -y es- normal que la policía detuviera a presuntos criminales un día y los presentara al siguiente; era -y es- normal que sembrara armas y pruebas; era -y es- normal que presionara a las víctimas; era -y es- normal que inventase testigos.

Lo que no vimos o apenas atisbamos ese día, también era normal: la complicidad entre los medios y el poder, la tortura, la falsificación de los hechos, la destrucción de la verdad. Mientras escribía este libro ocurría el caso Ayotzinapa: otro ejemplo de torturas e ineficacia, de intromisiones políticas y destrucción de los hechos, como acaba de demostrar una arriesgada sentencia judicial. El reportaje de Animal Político publicado en estos días, “Matar en México”, comprueba lo mismo: 9 de cada 10 homicidios quedan impunes. Nuestra justicia simplemente no existe.

En aras de esa justicia reconozco, aquí, un error mío: una fuente que se reveló errada me llevó a escribir que quien le mostró la sentencia del ministro Arturo Zaldívar al abogado Miguel Carbonell, poco antes de que se hiciera pública, fue el abogado Jorge Ordóñez, entonces secretario de la ministra Olga Sánchez Cordero. Ahora sé que no fue él: lamento profundamente la falsa atribución.

En estos tres meses he sido acusado -lo esperaba- de defender a criminales. Mis detractores repiten la misma mentira: que el montaje de García Luna no implica que Florence e Israel sean inocentes. Y claman, en teoría, por las víctimas. No me sorprende que varios implicados en el caso lo hagan, ni tampoco periodistas asociados con el gobierno, sino voces que se pretenden críticas. Sorprende que defiendan al gobierno y a un sistema que violó los derechos tanto de los presuntos criminales como de esas víctimas, haciendo imposible desentrañar la verdad. Y sorprende aún más que tomen posiciones propias de la ultraderecha: no asumir que incluso los criminales tienen derechos los emparienta con Bush Jr. o con Trump. No: Florence no fue liberada por un pequeño error en su proceso, por la falta de asistencia consular o por el mero montaje: lo fue porque los encargados de buscar la verdad la destruyeron por completo.

Florence es inocente porque nuestra legislación recoge, al fin, la presunción de inocencia. El único culpable de que no haya justicia, ni para ella ni para Israel Vallarta y su familia, ni para las víctimas que los acusan, es el Estado. En estas semanas, Israel fue trasladado arbitrariamente de El Altiplano a Puente Grande, en Jalisco, otra cárcel de máxima seguridad, lo cual retrasará aún más su proceso. Como él, hoy en México todos somos ciudadanos a medias: víctimas potenciales de un sistema de justicia tan corrupto como ineficaz.

Dónde trabajan los abogados No. 18

Una foto que tomó mi querido amigo Chema de su viaje a Tlaxcala la semana pasada… La tuitió diciendo “Sólo le faltó poner que en la noche maneja un taxi“. Que no se diga que la profesión no goza de un fuerte componente polifacético.