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Sobre el “Primer Congreso de Filosofía del Derecho para el Mundo Latino”

Screen Shot 2016-03-13 at 4.40.40 PMEn Alicante, España, del 26 al 28 de mayo de 2016, se llevará a cabo mmm, estaba pensando algo así como que el “Woodstock de la filosofía jurídica”, pero no, no me termina de convencer la analogía, sobre todo porque en dicho festival artístico, a pesar de que convergen muchos estilos musicales, lo que preponderantemente se escucha son composiciones en inglés. Pensaba también en una especie de “Olimpiadas”, o “Mundial”, pero el carácter global y competitivo de dicho par de eventos no termina de gustarme.

Pero bueno la idea es esa, justo como en los grandes festivales de música, tres intensos días de expresiones culturales, de coincidir con gente muy diversa pero bien interesante, de escuchar cosas que nunca antes hayamos escuchado, pero sobre todo de celebrar ideas afines sobre una determinada concepción de nuestro entorno. En ese sentido lo que genera la música, acá lo intenta la filosofía del Derecho.

imgresTal vez, pero solo tal vez, pueda equiparar lo que se estará celebrando los próximos meses en la Universidad de Alicante a una especie de gran encuentro interreligioso y ecuménico, pues, según me entero, todas las corrientes convergerán ahí… Desde algunos iusnaturalistas que aún quedan dispersos por el mundo, pasando por los críticos, las feministas, los realistas-sociológicos, obviamente los lógicos y también los deónticos, hasta los eternamente resurrectos de los positivistas, los neoconstitucionalistas, y los teóricos de la argumentación.

“De chile, de dulce, y de manteca”, reza un dicho gastronómico popular mexicano para hacer referencia a la amplia existencia de posibilidades. Bueno pues algo así…, y es que todas las escuelas, todos los autores, estarán ahí, solo hace falta ver los nombres de quienes conforman el “Comité de Honor”, para hacerse una idea de lo plural de este encuentro:

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Maestros de maestros, de diferentes escuelas y geografías alrededor del mundo, bueno no, dentro del mundo Latino…

Y es que desde hace tiempo, Manuel Atienza ha estado impulsando esta idea de que la filosofía del Derecho es una disciplina muy vinculada a un medio cultural. En sus palabras: “no existe, para decirlo claramente, un foro de discusión mundial en el que se practique lo que suele llamarse un discurso racional, en el que todos los participantes estén en igualdad de condiciones. Y lo que ocurre es que, en ese contexto dominado por la cultura anglo-americana, muchas veces da la impresión de que la aspiración de los autores latinos es simplemente la de poder llegar a ser citados por alguno de esos autores anglos… digamos en nota a pie de página. Y yo creo que deberíamos reaccionar frente a esa situación: podemos, y debemos, aspirar a más”.

No por nada, Riccardo Guastini ha dicho que “Los anglosajones no conocen otra lengua que la propia, así que no saben nada de lo que se publica en Europa continental o en América latina, y sus trabajos son completamente auto-referenciales”.

Así entonces, convienen resaltar varios aspectos importantes sobre este congreso, que obtengo de la página del mismo:

  1. El carácter “latino” y no meramente iberoamericano del Congreso y de la Asociación que pudiera llegar a constituirse. Con ello se trata de incorporar a países, como Italia, Francia o Bélgica, cuyo peso en el ámbito jurídico y filosófico es manifiesto y que, realmente, forman parte del mismo círculo cultural al que pertenece el resto.
  2. La cercanía entre las diversas lenguas romances ya que permite que, sin demasiado esfuerzo, todos podamos aceptar una especie de plurilingüismo pasivo, de manera que cada cual pueda hablar (o escribir) en su propia lengua y esperar que los demás sean capaces de entenderle.
  3. El rol que tendrán las personas jóvenes, pues una comunidad iusfilosófica sólo puede funcionar si hay un adecuado diálogo intergeneracional y se incentiva a los más jóvenes a participar en el Congreso y a seguir adelante con el proyecto; por eso, aunque la iniciativa de organizar este congreso y de constituir la asociación pertenezca sobre todo a los más seniors, conviene que de ambos instrumentos se hagan cargo en seguida los más jóvenes, de cuyo desempeño depende, obviamente, el futuro de una tradición cultural tan relevante como la filosofía del Derecho.

En un ámbito que muchas veces ha gozado de mala fama por ser elitista, hermético, metafísico, añejo y de escaso anclaje con la realidad, el Congreso iLatina viene a intentar romper esa inercia, o más bien a revitalizar la manera de entender la filosofía jurídica. De ahí que los temas a discutir y debatir sean los siguientes:

  1. ¿Qué Filosofía Del Derecho Para El Mundo Latino?
  2. Los Derechos Sociales En El Estado Constitucional
  3. Pluralismo Jurídico, Multiculturalidad, Derecho Indígena
  4. Anomia y Estado De Derecho
  5. Argumentación, Racionalidad y Derecho
  6. Nuestros Clásicos

Y, también, que el formato de discusión en plenario no sea el tradicional, sino que sea a través de un relator que elaborará una síntesis de las ponencias recibidas y después abrirá un debate general (lo más prolongado posible), para precisamente fomentar una buena discusión transversal.

Cuando tuve la oportunidad de preguntarle a Atienza sobre los objetivos de este Congreso, después de plantearme lo del carácter regional, de hablarme de Vaz Ferreira, y demás temas, terminó diciéndome lo siguiente:

Hay que aprovechar la circunstancia de que hoy existe un buen número de iusfilósofos con un alto nivel de cualificación y el hecho de que fuera de la propia filosofía del Derecho existe también un interés por las cuestiones teóricas, la consciencia de que la (buena) práctica depende de la (buena) teoría”.

En ese orden de ideas, es de valorar el gran esfuerzo que está haciendo la escuela alicantina no solo por organizar este gran Congreso (y fundar la asociación que se derive del mismo), sino, y sobre todo, por tender puentes entre la teoría y la práctica. Entre la filosofía jurídica y la sociedad.


Al día de hoy, según me informan, ya hay más de 210 participantes inscritos. A los cuales hay que añadir los más de 60 estudiantes que, este año, cursarán el Master en Argumentación Jurídica. Así que quizá la cifra pase los 300. También es importante mencionar que en la web ya hay al rededor de 40 ponencias disponibles correspondientes a los más importantes representantes de la filosofía de Derecho de nuestro entorno (si a alguien le interesa presentar algo el plazo se acaba de ampliar hasta el 15 de abril).

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Iniciaba con la analogía del festival de Woodstock porque, en sus inicios, es decir en la primera edición del mismo (durante 1969), nadie se lo quería perder, o más bien, todos querían ser parte de dicho evento, pues más allá de la presencia de Creedence Clearwater Revival, The Who, Santana, Hendrix, Joplin… etcétera, etcétera, etcétera, distintas actuaciones de quienes ahí se presentaron se volvieron realmente un hito en la historia del rock mundial… Yo no sé qué pase en Alicante durante el Primer Congreso de Filosofía del Derecho para el Mundo Latinopero para nada me lo perderé. ¡Allá nos vemos!

Así que bueno… Quedan sólo unos días para pagar el precio de la tarifa diferenciada, así que aprovechen. ¡Si tienen la oportunidad, vayan! Y si no pueden ir, pues no tienen excusas ya que también existe la modalidad virtual, que permite seguir las sesiones en streaming y da derecho a un certificado oficial de participación en el Congreso.

Por acá el cartel (casi) definitivo del evento:

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8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Luis Lloredo

El pasado día miércoles 22 de julio de 2015, en el café Tipos Infames cerca de Malasaña, en Madrid, tuve la oportunidad de entrevistar a Luis Lloredo (Madrid, 1983).

DSC00454-300x200Luis Lloredo Alix, es doctor en Filosofía del Derecho y Derechos humanos por la Universidad Carlos III de Madrid, se desempeña como docente investigador en la Universidad Autónoma de Chile, donde actualmente, en el marco de un proyecto FONDECYT, encabeza una investigación sobre el concepto de autonomía del derecho y una propuesta de reconceptualización del Derecho en los términos de la teoría de los bienes comunes.

A Luis lo conocí en septiembre de 2012, justo recién cuando llegué a España, durante mis primeras clases del Máster en Estudios Avanzados en Derechos Humanos en la Carlos III. Me impartió la materia de “Historia de los derechos humanos”, haciendo énfasis en el período de la Revolución Francesa. Desde su entrada al salón de clases en Getafe, me llamaron la atención dos cosas:

  • Una, su edad: Era un tipo (relativamente) muy joven comparado con algunos viejos (y añejos) profesores que nos dieron clases durante los primeros días.
  • Dos, que traía tres libros bajo el brazo, uno de ellos: La invención de los derechos humanos de Lynn Hunt. Yo había encontrado el libro de Hunt unos meses antes y me pareció una de las mejores obras que leí sobre derechos humanos. Me gustó demasiado, de hecho, hoy en día, probablemente, siga afirmando que es el mejor texto que haya leído sobre el tema. El único problema que le encuentro es que no imagino cómo dicho libro puede transmitirse al momento de enseñar derechos humanos. Es decir, no lo visualizo ni como un libro de texto, ni como un manual para un curso de esta materia. Son tantos los datos y las anécdotas, que a veces creo que antes que una obra propiamente científica, la clasificaría dentro del apartado de narrativa. No sé.

523363El caso es que comenzó la primera clase de Luis y, solo unos minutos después, quedé sorprendido porque, antes que estar presenciando una clase de historia, la persona que tenía frente a mí me estaba haciendo interesarme por la historia. Era como si el libro de Hunt cobrara vida en el aula. Antes que una aburrida, monológica, e inerte clase magistral (muy pero muy habituales por las aulas españolas), Lloredo exponía sus ideas de manera dinámica. Recuerdo que conforme pasaba el tiempo yo me contrariaba al escuchar la historia de los derechos humanos desde una óptica tan diferente como interesante. Más que una historia, Luis relataba una historia alternativa de lo ocurrido, una contra-historia. Antes que sumergirse en la clásica división de poderes, en los conocidos fundamentos del contrato social, o la típica y cursi historia de cómo el pueblo de Francia provocó la abolición de una monarquía absoluta, Luis contaba (como si él mismo lo hubiera presenciado) desde los problemas con el juego que tuvo Voltaire, la compleja vida de Olimpia de Gouges, pasando por los vicios y la vida anti-ilustrada de Rousseau, hasta la literatura, la pintura, el teatro, y la difícil manera de vivir en dicha época. Todo esto al mismo tiempo que llenaba la pizarra con apellidos de autores que recomendaba leer y relacionándolo todo con cuestiones culturales de épocas actuales.

Por principios, suelo sentarme en los últimos lugares de los salones de clases (ojo, digo suelo, pues pueden existir excepciones, pero por lo general me encuentro mucho más cómodo estando alejando del docente). Bueno, pues al finalizar la primer clase, vi mis notas en mi computadora (¡que eran casi 11 páginas!) y descubrí que estas no solo tenían notas al pie, sino que las notas al pie a su vez tenían otras notas al pie, y algunas de estas contaban con otras referencias que referían a otros textos y otras ideas. Era como la película Incepcion pero en mi procesador de texto. Releí lo que escribí y, al segundo día, fui a sentarme a la primera filas del salón para que no se me pasara detalle de su clase. Al tercer día, y último de dicho bloque de la materia, cuando recién llegó al escritorio, lo abordé y me presenté, le agradecí por sus clases, le pregunté por alguna bibliografía (ahora mismo no recuerdo por qué, pero sé que me recomendó Historia cultural del dolor de Javier Moscoso), y como el pinche, incorregible, absurdo, y lamentable caradura que soy le dije: “Profesor Lloredo, el día de hoy no me puedo quedar a su clase porque voy a escuchar una charla de Javier Marías en el centro de Madrid”. Luis me dijo que ningún problema y que disfrutara la velada.

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El día que escapé de la clase de Luis para escuchar a Javier Marías

Ahora que vuelvo a lo acontecido, y que pienso lo que hice, me doy cuenta no solo de que no valgo madres (eso ya lo tengo bien claro y asimilado), tampoco del tamaño de mi desvergüenza, mucho menos de que a pesar de que la charla estuvo bien, Javier Marías cada vez me gusta menos y me parece más facha, sino simplemente que decirle a Luis que me iba de su clase es probablemente uno de los gestos más grandes que he tenido con un profesor dentro de un salón de clases. Pues invariablemente, si una clase no me gusta, o me parece aburrida, o tengo algo mejor que hacer (sea cualquier excusa que oscile entre ir a escuchar hablar a un escritor, dormir, o tomarme una cerveza con alguien), sencillamente me paro y me salgo del aula. Eso…, o que estoy tratando de expurgar una culpa que cargo desde 2012 y justificar mi pinche actitud tan pinche frente a Luis.

Para mí, Luis es un fuera de serie. No soy nadie para decirlo, pero creo que su obra es una de las pocas en las que la Filosofía del Derecho en Iberoamérica puede tener futuro.

La teoría del derecho de Luis Lloredo es una de las pocas, por no decir la única, que no me parece asilada, ni monótona. Que no me aburre, ni me parece, por decirlo de alguna manera, elitista. Sus escritos son reflejo de un proyecto comprometido y arriesgado, antiformalista diría yo, aunque muy pero muy disciplinado, riguroso, y metodológico. Quien fuera el último discípulo de Gregorio Peces-Barba, no solo es capaz de hablar cinco idiomas, o de escribir sobre indignación y teoría del derecho, o sentimientos y constitucionalismo, o “paradigmismo” y iuspositivismo, sino también, y por encima de todas esas cuestiones (que al final del día son menores), es capaz de empoderar a uno cuando ya nadie más cree en ti. De confiar en los demás, y de ser humilde. Alguien bondadoso y dispuesto a ayudar a los demás para hacer de esto algo mejor. Eso para mí habla más que de un gran filósofo del derecho, de una persona extraordinaria.

Está quedando muy pero muy melosa esta entrada, derrama miel en cada párrafo. No era mi intención, y puede que se crea que a mi querido profesor, amigo, y director de tesis doctoral (aunque no precisamente en ese orden) le estoy haciendo la barba en México, la pelota en España, pero no es así. Es sencillamente que a Luis le estaré profundamente agradecido por presentarme una visión diferente del derecho, y por hacerme creer en lo que investigo.

Agradezco a Luis por haberme recomendado que leyera a Jhering, y también a González Vicén, por decirme que no pierda de vista a Michel Onfray, que al escribir cosas jurídicas tenga presente a Foucault, por invitarme a indagar primero sobre los Critical Legal Studies, y después sobre abogacía, por su infatigable bolígrafo rojo al momento de corregirme, y sus siempre pertinentes intercambios epistolares. Pero más allá de todas esas cosas, le agradezco a Luis por su amistad, y por permitirme aprender de él, y algún día, quizás (aunque muy pero muy lejano), por qué no, pueda llegar a considerarme su discípulo.

Ya escribí mucho y no era la idea. A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Luis Lloredo.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Luis Lloredo (LLl): Grandes juzgados. Una imagen que tengo de hace muchos años de un tribunal, al que fui con un profesor de derecho procesal, con todas las paredes de madera, puertas ocultas tras la madera, y muchas pero muchas togas. La sensación era de encierro, claustrofóbica. Y tiene mucho sentido, porque la sala estaba diseñada ex profeso para producir esa impresión. Creo que es una imagen bastante ilustrativa de la percepción que mucha gente tiene acerca del derecho. Una percepción que, por lo demás, me parece correcta: el derecho funciona como una caja negra que tiene vetado el acceso a la mayoría de la ciudadanía y que suele generar inquietud y angustia.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

LLl: Ally McBeal. Ahora mismo también diría Alicia Florrick, porque estoy enganchado con The Good Wife.

3. Estudiaste la carrera en Humanidades y después el posgrado en Filosofía del Derecho, pero una vez ya en el mundo jurídico, comenzaste Derecho. ¿A qué obedeció dicha decisión?

LLl: Comencé a estudiar Derecho cuando terminaba la carrera de Humanidades. A partir de tercero o cuarto curso de esta licenciatura, comencé a cursar asignaturas jurídicas, aprovechando las asignaturas que entonces se llamaban de libre configuración 

Derecho era una de las cosas que había descartado por completo, junto a Ingeniería y Medicina, pero en el primer curso de Humanidades tuve una asignatura de Teoría del Derecho. Contra todo pronóstico, me gustó mucho, y de repente descubrí que el Derecho era una actividad y una disciplina bastante más interesante de lo que parecía a simple vista.

Tenía la sensación de que con la carrera de Humanidades el futuro laboral se tornaba complicado, que había que especializarse, o que dentro de Humanidades había que estudiar alguna materia en concreto, hacerse con un perfil algo más específico. Aquello me gustó y comencé a estudiar asignaturas de Derecho para ver si me continuaban gustando.  

En líneas generales, así fue, aunque he de confesar que dichas asignaturas de Derecho me siguieron gustando porque las fui estudiando bajo la óptica de la carrera de Humanidades. Por ejemplo, cuando estudié Derecho Mercantil leí, desde una perspectiva sociológica-histórica, o incluso económica, “El Burgués” de Werner Sombart. Desde una perspectiva literaria también leí “El Hereje” de Miguel Delibes, y así pude aprovechar mucho más las asignaturas jurídicas. En general, me solían gustar las llamadas “partes generales”, en las que se estudian los fundamentos de una disciplina jurídica en concreto, su surgimiento y su evolución histórica, sus implicaciones socio-políticas, sus principios vertebradores… En las partes especiales también se encuentran a veces joyas inesperadas, perspectivas interesantes, pero en general me solían resultar más aburridas.

En definitiva, creo que la única manera de estudiar el Derecho de una forma adecuada, generando profesionales responsables y críticos, pero también eficaces, es hacerlo desde la perspectiva humanística. El Derecho no es sino una cara de las Humanidades, una manifestación cultural más, del mismo modo que lo son el cine, la literatura, la ciencia, la técnica… Por eso es tan lamentable el aislamiento en el que se suelen concebir a sí mismos los juristas y en el que se forma a los futuros abogados en la mayoría de las facultades jurídicas del mundo.

 ¿Acaso te has planteado ejercer como abogado?

Hubo una época, hace un montón de años, en la que me lo llegué a plantear. Pero era un poco por la presión de qué iba a ser de mí después de estudiar la carrera de Humanidades. Pero nada, aquello duró unos meses y poco más.

Eso sí, debo decir que a veces he tenido envidia de los abogados ejercientes, sobre todo al hablar con abogados en Chile, que es donde estoy ahora, cuando me cuentan casos y estrategias que utilizan con sus clientes, y también cuando me cuentan anécdotas forenses. En esas ocasiones, a veces me da un poquito de envidia. Pero tampoco es una cosa que me tiente enormemente.

4. ¿Deben los abogados saber historia?

LLl: Obviamente. Si entendemos al abogado en tanto que jurista en sentido amplio, entonces la respuesta es muchísimo más fácil, porque si tú quieres entender el Derecho que tienes, tienes que entender su historia. No hay otro camino. Esto es una consecuencia del historicismo en sentido lato. El historicismo no es solo una corriente del siglo XIX, sino que lo llevamos injerto en nuestra forma de mirar el mundo. El historicismo surgió entonces, pero llegó para quedarse con nosotros: la teoría de la evolución de las especies es historicista; la teoría de la evolución de la tierra es historicista; el mito del progreso es historicista; nuestra concepción de la identidad es historicista. Cualquier fenómeno que nos proponemos estudiar comienza con una “Historia de…”, el Derecho Civil, el Derecho Mercantil, el Derecho Administrativo… Y cualquier Derecho que estudiemos lo hacemos comenzando de esa manera, para entender por qué existe ese Derecho y no otro, y también para desvelar el sesgo ideológico de alguna de estas ramas, o de un determinado enfoque en particular. Nada mejor que el Derecho Mercantil como ejemplo: se trata de una rama del Derecho que surge en el siglo XVI como prerrogativa de una clase social ascendente, la burguesía, que presiona activamente para obtener una jurisdicción propia, independiente de la regulación general que ofrecía el Derecho civil. Después, en el curso de la Revolución francesa, se intenta “domesticar” esa rama bajo la pauta del principio general de igualdad, pero sin demasiado éxito. Hoy en día, el Derecho mercantil vuelve a ser la prerrogativa y el privilegio de las grandes empresas transnacionales (los mercaderes de hoy), que desean desarrollar sus negocios con la menor intromisión posible del Estado y con independencia total de las reglas de la democracia. Esto solo se entiende bien cuando adoptamos una mirada histórica de largo alcance.

Ahora bien, si pensamos en el abogado en el sentido del foro, yo creo que también es imprescindible la historia. Si el abogado tiene algo de sentido histórico, puede armar mejores estrategias, puede recurrir a la historia del derecho, a la intención del legislador en su momento, o puede hacer caso de la dinámica histórica de determinadas legislaciones, o de la historia jurisprudencial de algún problema, y a partir de ahí argumentar. En general, si un abogado conoce bien la historia de la comunidad en la que se desenvuelve, estará más capacitado para comprender los intereses de su cliente y los sesgos ideológicos con los que se encontrará al ponerse frente al juez, o al rebuscar entre el material normativo que le ofrece la legislación vigente. Por la misma razón, estará más capacitado para llevar a cabo una argumentación creativa, para ver posibilidades donde a primera vista no parece haber sino un muro infranqueable.

De hecho, tanto para juristas en sentido amplio, como para abogados forenses, es importante subrayar que la historia sirve para volvernos creativos. Te ayuda a descubrir conexiones que no están en la superficie inmediata, te ayuda incluso a interpretar mejor a la persona que tienes enfrente, o a tu propio cliente. La historia en la abogacía sirve porque te ayuda a desdogmatizar muchas cosas, a ponerte en el lugar del otro. Cuando, por ejemplo, aprendes que en el derecho ruso no existió la separación entre derecho público y privado hasta bien entrado el siglo XIX, o cuando te das cuenta de que el liberalismo y el pensamiento democrático surgen en contextos dispares, de la mano de autores muy distintos, relativizas muchos de los lugares comunes que nos venden en los manuales al uso y en el discurso dominante. Lugares comunes que, por supuesto, están allí para afianzar el statu quo y para hacernos creer que no existen formas alternativas de pensar la realidad.

Por supuesto, no estoy hablando de la historia como algo lúdico o puramente ornamental, la historia no vale para ponerle ribetes y lazos de colores al estudio que uno hace, sirve para hacer crítica a una determinada ideología. Hay una cierta tendencia a hacer historias totalmente funcionales al orden establecido, señalando selectivamente hitos del pasado en sucesión escalonada, como peldaños cada vez más perfectos hasta nuestro mundo actual, como si existiese una línea que conduce ininterrumpidamente desde la barbarie del pasado hasta la civilización actual. No me refiero a ese tipo de historia, sino a la historia que se compromete con la crítica de la ideología y es capaz de reconocer que la Ilustración, por ejemplo, fue un periodo de luz en bastantes aspectos, pero también el momento fundacional del desastre ambiental y del neocolonialismo contemporáneos. Me refiero al tipo de historia que, al estudiar la Revolución francesa, habla de Olimpia de Gouges y de los derechos de las mujeres, y que denuncia el carácter patriarcal de la organización jurídico-política que nos legaron.

5. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

LLl: Me da un poco igual, la verdad. Quizás no hace falta pero tampoco lo veo tan importante. Si me ponen ante la dicotomía de decir sí o no, te contestaría que no. Me parece importante aproximar el derecho a la experiencia cotidiana, pero no sé si esta sea concretamente la estrategia a seguir.

6. A diferencia de otros operadores jurídicos como el juez o el legislador, la figura del abogado no se encuentra teorizada dentro de la Filosofía del Derecho. ¿A qué crees que obedezca esto? ¿No pensarías que dicho estudio corresponde tradicional y propiamente a la sociología jurídica?

LLl: Yo creo que no. Tengo la impresión de que existen muchos asuntos importantes para legos y juristas que tienen vínculos con el Derecho desde diferentes puntos de vista, que sin embargo se relegan sistemáticamente a la sociología jurídica. Algo que no cabe en el canon de la teoría jurídica, en el catálogo precocinado de temas, autores y problemas que encontramos en la mayoría de los manuales, se dice que corresponde a la sociología del derecho. Esto ocurre con el abogado, con la temática del derecho y el poder o con las cuestiones de género…

Si hay algo que tiene que ver con el Derecho, y de manera directa, es precisamente la figura del abogado. Por lo tanto, este debería ser tratado por la Filosofía del derecho.

Creo que la no tematización del abogado se debe a que la Filosofía del derecho, tal y cómo la conocemos hoy en día (siguiendo la estela de González Vicén, como aquella disciplina que surge en tanto que manifiesto y correlato académico del positivismo jurídico) se formó de manera un tanto autoritaria, en el sentido amplio del término. Se forjó como una disciplina que servía para delimitar el concepto de Derecho en relación con el Estado, y exclusivamente en relación con este. Derecho, entonces, sería todo aquello que es producido por el Estado, descartando por lo tanto al derecho canónico o al derecho de aquellas comunidades que, aun figurando dentro de los límites geográficos del Estado, no representan la cultura hegemónica del mismo. Incluso, hubo autores del siglo XIX que descartaron al derecho internacional como derecho en sentido estricto. Todo eso, sin lugar a dudas, tiene un punto autoritario. Desde ese planteamiento, el derecho se percibe en sentido vertical, como una cadena que conduce desde el legislador, que produce el derecho, hasta el ciudadano, que lo recibe. Todo el discurso de la soberanía popular, según el cual el legislador es investido de autoridad por la ciudadanía, casi nunca es más que pura parafernalia, por lo menos en lo que se refiere a la teoría jurídica, porque la propia ciudadanía no suele ser objeto de tratamiento por su parte. Es un punto ciego de la teoría. El único punto de quiebre posible de ese juego vertical es el juez, que es casi siempre percibido como alguien que puede desvirtuar la voluntad del legislador. Yo creo que la filosofía jurídica comenzó a tematizar el momento judicial porque interesaba limitar las potestades del juez, para no desvirtuar esa voluntad original del legislador, que es donde, digamos, radicaba la potencia del Estado.

Incluso aquellos autores que intentaron impugnar ese punto de vista del derecho (estoy pensando en los diferentes antiformalismos del siglo XX), cayeron, yo creo, en la trampa de fijarse de forma casi exclusiva en el juez. Ahí tienes la doctrina del derecho libre, que pensaba en un juez más creativo, o la doctrina de Gény de la libre investigación científica, que abogaba por un juez un poco más libre en la elección de fuentes; ahí tienes también a Philipp Heck, que planteaba únicamente la problemática del juez. En ese sentido, creo que hay una inercia epistemológica debida a la circunstancia política de cómo surgió el positivismo, de la mano del auge del Estado moderno como ente monopolizador de la fuerza. Para hablar del abogado, en efecto, haría falta sofisticar ese modelo vertical, que por cierto encuentra un momento álgido en la metáfora de la pirámide kelseniana, y ver el derecho como una red, como un ente difuso, lleno de puntos de repetición y de centros de producción. Uno de estos puntos, especialmente interesante por su posición dentro del juego del proceso y de su cercanía al ciudadano, sería el abogado.

7. Entre estrategias lingüísticas, procedimientos complicados, infinidad de normas, parecería que el derecho se encuentra rodeado de barreras y obstáculos para que una persona que no tenga un mínimo de conocimientos jurídicos acceda al mismo. Este aislamiento del derecho ha generado graves problemas estructurales de índole democrática, y de acceso a la justicia. Sin embargo, por otro lado, indispensablemente se necesitan técnicos especializados para desplegar el potencial del mismo. ¿Pueden hacer los abogados algo para contribuir a desmonopolizar el derecho? ¿O acaso serán ellos mismos parte del problema?

LLl: Yo creo que la abogacía es parte del problema, en el sentido de que gran parte de los abogados que se licencian cuentan, hoy en día, con una visión un tanto acrítica. Esto es así porque la enseñanza del derecho está constituida justamente para eso, para formar profesionales que no se planteen su función social, que no hagan crítica ideológica del derecho, ni de las profesiones jurídicas. En general, los abogados aprenden a comportarse como élites y a desenvolverse de forma corporativa, como un gremio que ostenta buenas dosis de poder social Ese poder social se sustenta, precisamente, en el manejo de un lenguaje extraño, en el cultivo críptico de ciertas tradiciones, de ciertos ritos y en el levantamiento de barreras intelectuales. Evidentemente, hablo de la abogacía en tanto que institución, no en relación con personas concretas. Hay, sin duda, muchísimos abogados comprometidos con la justicia y con los problemas sociales. Sin embargo, estructuralmente hablando, creo que son parte del problema.

Desde ese punto de vista, habría que desprofesionalizar y destecnificar el derecho. Porque como tú bien decías en el planteamiento de la pregunta, en muchas ocasiones el abogado, o el notario, o el juez, mantiene relaciones chamánicas con los ciudadanos. Es decir, son personas que manejan un lenguaje tremendamente abstruso, que se visten de forma extraña, que te reciben en un despacho cuya disposición física, decoración, etcétera, configura en muchas ocasiones relaciones de poder, incluso entre la ciudadanía y la persona que hipotéticamente debería estar para servirla, y que en última instancia generan sensaciones de miedo, de hostilidad, de extrañamiento frente a la ciudadanía.

Eso se puede corregir con una reforma del lenguaje jurídico, que no necesariamente debe capitanearse desde arriba, sino que quizás debe plantearse desde la base. Eso también puede cambiarse con una reforma de las altas judicaturas, siguiendo por ejemplo la senda de Bolivia, que ha introducido la elegibilidad de los miembros del tribunal constitucional, y también, y sobre todo, a través de una reforma de los estudios jurídicos, fomentando otro tipo de abogacía, más preocupada por su papel social, introduciendo asignaturas de política, de sociología, incluso de artes, de literatura, de cine, de ética, de filosofía en sentido amplio. Todo esto es muy difícil, es un reto muy complicado porque hay mucha resistencia en la profesión, pero es un reto que hay que abordar

8. Tú has criticado la obsesión dentro del grueso de la teoría del derecho contemporánea por el estudio de los vínculos entre derecho y moral, ya que estos tienden a diluir las relaciones entre derecho y política. Sin embargo, para el caso de los abogados parecería que la moral juega un rol primordial dentro de su actuar, incluso más que la política. ¿Qué opinas al respecto?

LLl: Es muy complicado pero pienso que la distinción entre moral, política y derecho no es tan férrea. Pienso que a veces aquello que denominamos moral en verdad es política. Pienso que aquello que llamamos derecho en realidad es política, o está ribeteado por la política, o tiene, digamos, un componente político.

Lo que sucede es que cuando lo denominamos moral, esta tiene un aura distinta y produce una percepción distinta en el oyente al que nos estamos dirigiendo. Yo creo que una percepción un tanto anestesiante. Cuando planteamos la disputa entre derecho y moral y nos obsesionamos tanto con esta, creo que estamos viendo el problema, a veces, con cierta candidez.  

Me parece que lo que ocurre más a menudo no es que sucedan problemas morales, sino problemas políticos. Problemas políticos en el sentido de intromisión del poder ejecutivo en la independencia de la justicia, problemas políticos en el sentido de que hay que aplicar normativas que son políticamente indeseables (pensemos en el caso de la reciente Ley Mordaza que se ha aprobado en España), problemas políticos en el sentido de que las altas cortes deciden problemas de naturaleza fuertemente política, como por ejemplo el aborto. Podemos abordar la cuestión del aborto como un problema ético, pero yo creo que es un problema político que involucra una estructura social patriarcal. Entonces, si se reduce a una perspectiva moral, se subjetiviza el problema, se diluye su naturaleza colectiva y se nos anestesia respecto a nuestra responsabilidad frente a ello, como si no se tratara más que de un problema de conciencia individual

Traído al tema de la abogacía creo que, muchas veces, los problemas de los abogados son problemas políticos y no problemas morales. Es verdad que muchas veces el abogado se puede ver en una tesitura éticamente complicada de tener que defender a una persona que a todas luces parece un criminal indeseable. Evidentemente ahí se sitúa en un problema ético, desde la perspectiva subjetiva del abogado. Pero si salimos de la perspectiva subjetiva del abogado y lo pensamos en un sentido mayor, también se está planteando ahí una problemática profundamente política, que es la del Estado de derecho, que involucra aspectos tan nucleares como el derecho de toda persona a tener una defensa, o el sentido de la política criminal de un gobierno. Estos son problemas políticos porque se produce una transición prácticamente invisible entre el terreno de la moral individual y el terreno de la moral colectiva.

A continuación, te diré una serie de nombres o conceptos y, por asociación, me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

España Deslealtad
Philipp Heck Una figura trágica. Originalmente tuvo ideas interesantes pero terminó ligándolas con el nacional-socialismo
Temuco Soledad, lluvia, pero también cariño
Alicia Florrick Un personaje apasionante que me sorprende a cada rato
Latinoamérica Muy complicado. A veces me siento tentado a pensar que es el futuro, pero en realidad esa es una idea paradójicamente eurocéntrica: la eterna idea de El dorado, de Latinoamérica como algo exótico
Cantabria Sentimientos muy contradictorios. La región de mi padre. Mi infancia
Fernando Broncano Admiración
Positivismo jurídico Felipe González Vicén. Algo en lo que creo que debemos seguir pensando. Un paradigma en el que todavía estamos insertos, pese a que algunos crean que no
Universidad Carlos III Originalmente mi casa. Un lugar en el que fui muy feliz, pero que al día de hoy me ha decepcionado.
Asterix Un clásico, mi clásico
Jhering Mi otro clásico. Un personaje apasionante que todos los estudiantes de derecho deberían leer, por lo menos “La lucha por el Derecho”
Felipe González Vicén Un autor que me ha marcado muchísimo. Alguien a quien me hubiera gustado conocer
Chile Mi país de acogida. Aunque a veces me enerve un poco por ser un país fuertemente neoliberal y autoritario en muchos sentidos, le estoy muy agradecido
Gregorio Peces-Barba Uno de mis maestros, una persona a la que tenía muchísimo cariño, pese a que en algunas ocasiones se comportaba de forma un tanto caciquil
México El país más hospitalario en el que me he encontrado nunca
Derecho Disciplina interesante si se estudia bien, con una perspectiva humanística. Profundamente aburrida de otra manera
Madrid Mi ciudad, de la que estoy enamorado, y sobre todo desde que vivo lejos de ella. Me sorprende en cada esquina

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Manuel Atienza

El pasado día jueves 16 de julio de 2015, en la Universidad de Alicante, tuve la oportunidad de entrevistar a Manuel Atienza (Oviedo, 1951).

La entrevista, en la que hablamos sobre derecho y literatura, argumentación, Jhering, enseñanza jurídica, el carácter regional de la filosofía del derecho, entre otras cosas, saldrá publicada en unos cuantos meses en una revista jurídica mexicana.

Captura-de-pantalla-2013-11-09-a-las-16.53.26Al terminar, aproveché la ocasión para comentarle a Atienza sobre este blog y el nuevo espacio de entrevistas que tendrá. Le propuse realizar 8 preguntas concretas sobre abogacía y un peculiar ejercicio respecto a diversos temas relacionados tanto con su persona como con el derecho en general. Manuel accedió gustoso y el resultado, además de fructífero, me parece que fue bien interesante.

Manuel Atienza (dudo que haya todavía alguien que no lo conozca, pero bueno…), es catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Alicante, director de la revista Doxa y del máster de argumentación jurídica. Sin lugar a dudas, uno de los filósofos del derecho de mayor influencia en la actualidad.

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De hecho, tengo la sospecha de que Atienza, junto con Alexy, y Ferrajoli, es uno de los teóricos del derecho más citado en el mundo. No sé, habría que ver, pero lo que sí sé es que es el momento adecuado para relatar una anécdota que me sucedió el año pasado en un congreso sobre derecho y sociedad en Zaragoza. Después del evento, por azares del destinó terminé, junto a mi mejor amigo, en la cena de clausura. Al llegar tarde a la misma, casualmente el único par de lugares disponibles en la mesa eran al lado del gran Elías Díaz. Entre el buen ambiente de la cena, y después de varias (muchas) botellas de vino, en un determinado momento de la noche, tuve la osada ocurrencia de preguntarle a Elías sobre quién considera que es el mejor filósofo del derecho en España. Después de recorrer el claustro académico de bastantes Universidades, de mencionar una a una las virtudes de los juristas españoles, y de un preámbulo bastante educado de más de 7 minutos, Elías Díaz, como el gran maestro de maestros que es, finalizó su discurso diciendo que todos eran muy buenos. Excelentes todos. Después hizo una pausa, bebió agua, y dijo: “pero hay 2 que sobresalen. Uno es Paco Laporta y otro Manolo Atienza. De ellos, creo que Manolo ha sabido no solo exportar sus ideas de mejor manera fuera de España, sino también crear escuela, y eso es algo invaluable”. Ahí queda el relato para el anecdotario.

No me queda más que agradecer a Manuel Atienza por su confianza y, sobre todo, por su sinceridad y coherencia intelectual. Me siento muy afortunado de poder haber coincidido con él dentro de un salón de clases y de compartir durante mes y medio la experiencia alicantina. Como diría mi querido amigo Guillermo Garay, de haber sobrevivido, y con gusto, a esa tan afamada “clínica de desintoxicación positivista”.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más, a Manuel Atienza.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Manuel Atienza (MA): Por el hecho de que los 2 últimos años he dado clases en un master de acceso a la abogacía, el cual me ha causado una impresión mala, yo creo que lo primero que tengo en mente es falta de formación.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

MA: Cicerón.

3. ¿Alguna vez pensaste ejercer como abogado?

MA: Sí, es algo que me habría gustado mucho. No dedicarme exclusivamente a la abogacía, pero sí defender de vez en cuando algún caso. Lamento no haber tenido esa oportunidad.

4. ¿Deben los abogado saber filosofía?

MA: Por supuesto. Pero no se trata simplemente de que deban saber filosofía por cuestiones, digamos, ornamentales, para ser un abogado culto, etc. Se trata de que, en mi opinión, no se puede ser un buen abogado si no se tiene cierta formación en filosofía y en teoría del Derecho. Por ejemplo, si lo que hace el abogado es, fundamentalmente, argumentar, parece bastante razonable pensar que quien sabe algo de teoría de la argumentación (lógica, teoría de la interpretación, etc.) va a estar en mejores condiciones para desempeñar su profesión. Un ejemplo bien importante es el de Genaro Carrió, a quien considero uno de mis maestros: el fue un gran abogado y un gran teórico del Derecho, y la teoría del Derecho sin duda contribuyó a que fuese tan buen abogado. Se puede ver esa influencia en un estupendo librito que escribió dando consejos a los abogados noveles.

 ¿Vaz Ferreria también ejerció como abogado, no es así?

MA: Sí, pero Vaz Ferreira muy poco. Y Vaz Ferreira siempre tuvo la preocupación de que la abogacía fuese una profesión intrínsecamente inmoral. Sobre esto escribió algunas páginas de gran interés, quizás un tanto ambiguas.

5. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

MA: Creo que no es una cuestión importante. En principio, yo no movería un dedo ni a favor ni en contra, salvo que se diera algún contexto que cambiara las cosas. Me parece un tema parecido a la discusión sobre la República o la Monarquía, que en España fue un tema, por así decirlo, “candente” hace un par de años. Pero no me parece que las cuestiones decisivas de carácter político tengan que ver con eso: Suecia es una monarquía y las Juntas militares del cono sur, repúblicas.

6. ¿A qué crees que se deba el descuido por parte de la teoría estándar de la argumentación jurídica respecto a los abogados?

MA: Pues probablemente a que no hay teóricos del Derecho, o no hay muchos, que sean abogados. Seguramente se debe a que el ejercicio de la profesión es tan absorbente que no deja tiempo para hacer otra cosa. Pero es algo de lamentar. Una de las lagunas de la actual teoría de la argumentación jurídica es la poca atención que se presta al razonamiento de los abogados, en comparación con el de los jueces. Habría que animar a jóvenes abogados (o no tan jóvenes) a trabajaren ese campo, conjuntamente con filósofos del Derecho. Esa conjunción sería, yo creo, muy provechosa.

7. Robert Alexy afirma que la argumentación jurídica es un caso especial del discurso racional. ¿La de los abogados es un caso especial de discurso racional? ¿El abogado que argumenta bien, es el que sigue sus reglas?

MA: No, yo creo que eso es un error manifiesto de la teoría de Alexy. Error que fue detectado desde el comienzo, que no se ha corregido, y que muestra que la suya es una concepción de la argumentación excesivamente idealizada, a pesar de su manifiesta importancia.

Para construir una teoría de la argumentación, que de cuenta de todo lo que son nuestras prácticas argumentativas, no podemos quedarnos solo con la teoría del discurso. Existen muchos contextos de razonamiento jurídico en los que no se argumenta siguiendo estrictamente las reglas del discurso racional elaboradas por Alexy, y eso no tiene por qué verse como un defecto. La teoría de Alexy está pensada, podríamos decir, para las argumentaciones que llevan a cabo los jueces de las altas cortes o los dogmáticos del Derecho, pero deja fuera la de los abogados.

 Pero, dicho esto, creo que también es importante añadir que el hecho de que la argumentación de los abogados no pueda verse como un caso especial del discurso racional, no implica ningún desdoro para la profesión. O sea, no significa que nos encontramos frente a una profesión sucia (intrínsecamente inmoral), o algo por el estilo Se trata sencillamente de que, por razones institucionales, no se argumenta (no se puede, ni se debe) argumentar igual en todas las instancias jurídicas. Por lo demás, que no se sigan de manera estricta las reglas del discurso racional, no quiere decir que no jueguen ningún papel en la argumentación de los abogados.

8. Tu visión de la abogacía es que esta no es una profesión intrínsecamente inmoral, pero sí una profesión de riesgo moral. ¿Se te ocurren algunas herramientas o procesos para lograr dicha concepción?

MA: Los códigos deontológicos sin lugar a dudas pueden jugar un papel, pero quizás no sea el único instrumento. En una de las últimas cosas que he escrito sobre esto, aparece una propuesta (de un autor estadounidense) que me parece interesante: se trata de recurrir al diálogo como herramienta para abordar problemas éticos de la abogacía. El diálogo con el cliente que pretende llevar a cabo una actuación que plantea problemas éticos al abogado, o el diálogo entre los propios profesionales, los miembros de un despacho jurídico. Como digo, puede ser un buen instrumento para identificar dónde hay un problema ético y dónde hay que poner una línea roja, un límite que el abogado no debería traspasar por razones morales.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

España España como problema
Rodrigo Rato Representativo de lo peor de España
Oviedo Vetusta
Alicia Florrick Un personaje que me resulta interesante: está dispuesta a arriesgar, a triunfar, pero no se olvida de que existen principios, límites
Latinoamérica El futuro
Juan Ramón Capella Un gran intelectual. Alguien del que he aprendido mucho y con el que me habría gustado tener una relación más próxima
Positivismo jurídico Algo que debemos dejar atrás
Jhering El sentido del derecho
Génova ¿Por qué habrá prendido ahí la filosofía analítica?
Dr. House Ayuda a pensar
México Modelo de grandes defectos y de grandes virtudes
Elías Díaz Una gran persona con las ideas claras, me parece que es lo que dijo él alguna vez de Renato Treves
Argentina La quintaesencia de la frustración: ¿por qué Buenos Aires no es la Atenas de América?
Constitucionalismo Una idea a desarrollar
Derecho Algo de lo que merece la pena ocuparse
Alicante Un lugar en busca de una identidad
Máster de argumentación jurídica El proyecto más exitoso en el que he participado

¿Puede una abogada ser madre? por Xabier Etxebarria

lawyer_moms_logo-full3binit_Hoy es 10 de mayo, en México día de la madre, en España no, aquí este día se celebra el primer domingo de mayo, o sea justo hace una semana. Me parece que las maneras de festejar a las mamás son bien distintas en estos 2 países. Mientras en México Denisse de Kalafe suena todo el día y abundan los mariachis, las rosas rojas, y los festivales en las escuelas (obviamente con sus respectivos trabajos manuales), en España puedo afirmar que la celebración es más bien discreta, o bueno no discreta, digamos menos tropical, estrafalaria y pachangosa, ¿qué no es menos tropical, estrafalario y pachangoso comparado con, como diría Villoro, esa indescifrable realidad que por conveniencia llamamos México? Muy probablemente tenga mucho que ver la cultura machista mexicana, su doblemoralismo, y también los pinches estereotipos respecto a la maternidad. Ojo, no digo que en España esto esté superado, pero por lo menos, a mi no me parece tan burdo como en mi país. *Uiii, uiii, uiii, uiii…, suena la alarma malinchista*

Festejar a la madre por el solo hecho de ser madre me parece ofensivo por varias razones, menciono un par por ser las primeras que me vienen a la mente, pero seguro hay muchas, muchísimas más. Uno, por el alto contenido misógino que conlleva la parafernalia de festejar a mamá en su día regalándole un electrodoméstico, o invitándola a comer para que no cocine…, pfff, patético. Y dos, porque al resaltar “el valor de ser madre”, “el instinto maternal”, “el mejor regalo que Dios te puede dar”, se relega un rol emancipador de las mujeres que deciden ser madres al normalizar lo que implica el sacrificio de su realización personal y profesional.

Ya he hablado sobre patriarcado y abogacía. Me queda claro que todavía falta hacerlo con mayor profundidad (espero que me de  la vida, digo la tesis, digo la  vida, para hacerlo). Dentro de este apartado algo que puede resultar bien interesante es, precisamente teorizar sobre las madres que ejercen como abogadas. En Estados Unidos existen varios blogs que tratan el tema, o más que tratar el tema estos espacios, realizados por madres abogadas, difunden experiencias y consejos al respecto. En Hispanoamérica no conozco algo concreto. Debe de existir, seguro. Pero la verdad es que como todavía no entro a desarrollar el tema, no tengo la certeza. Pido perdón por ello, también pido perdón por pedir perdón, digo, es mi blog, y mi investigación, ya veré qué hago cuándo se me de la gana. Pido perdón por eso también.

Tras una búsqueda rápida me encontré un artículo de opinión de la edición española de El HuffPost escrito por, Xabier Etxebarria, un abogado y profesor de derecho penal de la Universidad de Deusto (por cierto, acabo de ir a San Sebastián y quedé fascinado, ¡¡¡está bien bonito!!!, quiero estudiar algo, lo que sea en el País Vasco, (no descarto cocina) si alguien sabe de algo más allá de Oñati…, por su colaboración eskerrik asko).

El artículo es más bien viejito, de 2012, pero está bien, o sea me gusto porque, además de llamar la atención sobre la importancia del tema, traza las principales directrices de la cuestión en España, pues abogacía y maternidad tiene muchas aristas jurídicas, sobre todo en materia laboral. No sé si la legislación que se cita todavía esté vigente, o se haya reformado, pero bueno, creo que proporciona una buena panorámica y, sobre todo, sirve para poder contrastar lo que se está haciendo o no, en otros países.

Termino. Aprovecho para saludar a 2 abogadas y mamás que quiero mucho y son ejemplo para mi. Obviamente mi mamá, que es la mejor, y la otra, hasta Argentina (que según me informo allá el día de las madres se celebra durante el mes de octubre, pero da igual), mi  amiga Caro Villanueva, que cuida a su hermosa Julia y al mismo tiempo lucha por los derechos de las personas privadas de su libertad (acá algo de lo que logró ella y el equipo con el que trabaja, el año pasado).

A continuación, ¿Puede una abogada ser madre? por Xabier Etxebarria. El artículo es de acceso libre, y acá encuentran la liga. Subrayo las ideas que me resultaron más interesantes.


Screen Shot 2015-05-11 at 2.05.37 AM¿Puede una abogada ser madre?

Sí, claro. Me consta. Conozco casos. Obviamente la pregunta es una provocación, una llamada de atención. La cuestión en realidad es si puede serlo y sobrevivir, y a qué coste.

Me refiero principalmente a las abogadas ―sirve exactamente igual para procuradoras― autónomas, que trabajan por su cuenta, en un despacho individual o pequeño, es decir, a la mayoría de las abogadas españolas.

Conciliar es la palabra mágica, conciliación de la vida laboral y familiar; hasta se conjuga como verbo: yo concilio, tú concilias, ella concilia, nosotros conciliamos… todo el mundo concilia; se supone que es un objetivo consensuado entre todos los sectores sociales, ideologías, opciones partidarias…; se apoya en multitud de legislación que la promueve, incluso existe legislación específica como la Ley 39/1999; se regula la reducción de jornada, el permiso de maternidad y paternidad, el permiso de lactancia…; se forman redes sociales como ewww.conciliacionrealya.org

Incluso la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles ha establecido el siguiente decálogo de propuestas para mejorar la situación: 

  1. Separar lo personal de lo laboral. Seguir la regla de ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de tiempo libre.
  2. Priorizar. Organizar el tiempo en función de tareas urgentes de verdad.
  3. Aprender a decir “no”.
  4. Planificar. La planificación es la piedra angular de la gestión del tiempo: hacer un listado de tareas.
  5. Ser respetuoso con el tiempo propio y exigir a los demás que lo sean también.
  6. Ser puntual en los horarios de comienzo de jornada para estar más legitimado para salir puntualmente.
  7. Evitar y combatir el presentismo. Las empresas cada vez evalúan más a sus trabajadores de acuerdo a sus resultados.
  8. Convocar reuniones sólo cuando sea necesario, sustituirlas cuando se pueda por una conversación telefónica.
  9. Organizar las reuniones para que no se extiendan. Hay que fijar no sólo hora de inicio, sino también de finalización.
  10. Sustituir las comidas de trabajo por desayunos. Igual de efectivos para la toma de decisiones, pero mucho más breves.

Pero, ¿y en el ámbito de la Administración de Justicia? Las jueces, las fiscales, las funcionarias, las peritos… casi todas las mujeres en el ámbito de la justicia tienen acceso a las posibilidades actuales de conciliación de la vida familiar y la laboral.

Sin embargo, para las profesionales liberales conciliar la vida familiar y la vida laboral es una carrera de obstáculos.

Por otro lado, la sensibilidad de los juzgados se encuentra entre el cero y los números negativos. Las madres abogadas o abogadas madres podrían contar innumerables anécdotas: tener que redactar un recurso de casación en el hospital a punto de dar a luz, porque el Tribunal Supremo, que se toma un año en decidir si acepta el recurso anunciado, considera improcedente ampliar el plazo de 15 días sólo porque vayas a dar a luz; asistir a un cliente en una declaración en el último mes de embarazo sin que nadie le acerque una silla a la única persona de pie, la mujer embarazada; que para hacerte un favor te señalen un juicio para el mismo día que está el parto planificado, “así haces el juicio y te vas para el hospital tranquila”; que tu hijo conozca más la luz del ordenador del despacho que la del parque; tirar de sacaleches en los baños de los juzgados para poder aguantar todo el juicio…

Afortunadamente, la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, modificó el art. 188 de la LEC, en relación con los motivos de suspensión de las vistas, estableciendo en su punto 5 lo siguiente:

5.- Por muerte, enfermedad o imposibilidad absoluta o baja por maternidad o paternidad del abogado de la parte que pidiere la suspensión, justificadas suficientemente, a juicio del Tribunal, siempre que tales hechos se hubiesen producido cuando ya no fuera posible solicitar nuevo señalamiento conforme a lo dispuesto en el artículo 183, siempre que se garantice el derecho a la tutela judicial efectiva y no se cause indefensión.

Igualmente, serán equiparables a los supuestos anteriores y con los mismos requisitos, otras situaciones análogas previstas en otros sistemas de previsión social y por el mismo tiempo por el que se otorgue la baja y la prestación de los permisos previstos en la legislación de la Seguridad Social.

Como se puede comprobar, finalmente se ha atendido la reiterada pretensión de la Abogacía estableciendo como causa de suspensión de las vistas la “baja por maternidad o paternidad del abogado” ―aunque difícilmente una autónoma podrá tener una baja como tal―. Queda que los juzgados apliquen la ley y que los Colegios de Abogados se impliquen en esta reivindicación legítima de las abogadas.

Dónde trabajan los abogados No. 8

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Olvidaba que hoy es 3 de mayo, día de la Santa Cruz. Día del albañil en México. Y me encuentro esta foto, que al parecer es de aquí de Madrid.

Mi mejor amigo el Mikes que es ingeniero y que, según esto, le sabe a eso de la construcción me dice que el oficio de albañil está menospreciado. Que nadie valora que trabajan mucho (“un chingo”, me dijo exactamente) y que, en general, los albañiles son bien competentes (“están verga”, me dijo exactamente).

La foto creo que ilustra muy bien lo que dice mi amigo. Aquí en Madrid, y en general en España, todavía es muy común encontrarse plaquitas (letreros  o carteles informativos) talladas en madera, o en materiales metálicos, que anuncian el despacho de un abogado. No sé si sea la mejor manera de publicitarse, discreción, elegancia, sí, pero también hay algo de fantochería y pretenciosidad. Lo del prestigio y el autoelogio en la profesión es un tema que ya he tratado, y que me parece patético. Evitar criticas, difundir una imagen edulcorada de la profesión no hace más que propulsar una idea falsa de la misma que, al final del día, evita que el derecho sea algo común, sencillo y democrático. De ahí que la foto me resulta tan ingeniosa como subversiva. ¿Por qué un albañil no puede tener su plaquita tallada en oro para publicitar su oficio?

La imagen, y una apología de la misma, la encontré en este blog sobre albañilería  y construcción española.

¿De qué se enferman las personas españolas que ejercen la abogacía? Sobre el informe que estudia las patologías y lesiones de los abogados en España

UnknownAlguna vez quise estudiar medicina. No recuerdo si me lo llegué a plantear de manera seria, pero queda claro que claudiqué. ¿La razón? La sangre. No soy de esas personas que entran en pánico al verse involucrados en una situación de emergencia frente al fluido rojo, pero la verdad es que me imagino en un quirófano límpido, rodeado de angelicales personas dispuestas a salvar vidas ajenas, y al momento en que intento meterle cuchillo a un cuerpo, inmediatamente la escena se transforma en una desvergonzada película gore, donde las náuseas me superan y termino huyendo del asesino que soy yo mismo.

Mucha, pero mucha pinche responsabilidad, eso de diagnosticar y velar la vida de los otros. Suficiente tengo con cuidarme a mi mismo.

812chaseSí, sí, sí, ya me han dicho que ser médico no significa solo cuchillos y emociones fuertes. Me queda claro que uno también podría dedicarse a la investigada, o a la gestión, o a otras áreas de la salud que pueden sortear el encarar los dolores, los olores, los colores… Pero que pereza, o sea, o se estudia medicina para ser Dr. House o nada.

Como todas las profesiones y los oficios, creo que la elección profesional por ejercer la medicina tendrá mucho que ver con esa palabreja que tanto gusta en las escuelas católicas y que es la vocación. Yo sencillamente no tengo vocación para el área de la salud. Prefiero las humanidades y las ciencias sociales, se está tan bien entre libros, evitando el trato directo con los demás, y lidiando solo con mis problemas (físicos y mentales), que lo cierto es que a estas alturas veo difícil ponerme a estudiar medicina.

Eso por un lado, pero por el otro para nada niego que las relaciones entre el campo jurídico y el campo de la salud son interesantísimas. Lo poco que he leído sobre bioética, paternalismo, o derechos sexuales, podría emocionarme hasta abrir un blog de derecho y medicina (www.entreabogadosymedicosteveas.worpress.com). Ok, no. Pero sí para ponerme a pensar seriamente sobre sus consecuencias. Quién sabe, tal vez después, lo que me queda claro es que tengo que entrar a estudiar las similitudes entre médicos y abogados. Entre togas y batas. Será después, todo es después.

Bueno, este innecesario preámbulo para decir que esta semana, fue presentado un informe bien interesante, realizado por la Fundación Instituto Investigación de la Abogacía, sobre las patologías y las lesiones de los abogado en España.

Lesiones-centran-patologias-abogados-Espana_TINIMA20150427_0151_5Yo me enteré de la noticia por los diferentes titulares de algunos periódicos y portales informativos (El Periódico, Lawyer Press, de resaltar El Mundo que encabezó la noticia de la siguiente manera “Abogados de cristal”) que dieron cobertura al evento. Lamentablemente la mayoría de las notas eran réplicas de una agencia de noticias que poco aportaban sobre el contenido del informe, así que después de realizar una búsqueda en los diferentes colegios de abogados que participaron en el estudio, encontré el documento completo en la página de Internet del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona (ICAB).

Decía que era un informe bien interesante porque imaginen que a toda madre sería conocer de qué se van a enfermar las personas que estudian derecho, o a qué edad es probable que les de un infarto a los abogados, o cómo prevenir dichas patologías si se encuentran dentro de las características que agrupa el informe. Algo así como aquello que tanto les gusta hacer a los gringos sobre la felicidad y la salud de los abogados, pero no con encuestas o entrevistas, sino sustentado con datos que ofrecen las mismas clínicas de salud y hospitales de un determinado país.

El informe está bien, bien a secas. Tampoco es el hilo negro, y según yo estaría más interesante, pero no está mal (he de confesar que, probablemente, el problema no sea el informe, sino que el problema sea yo, pues algo parecido me está pasando con el cine, de un tiempo para acá nada me gusta, nada me emociona, nada me agrada, así que pido perdón de antemano, y espero que este nefastismo pase pronto). De cualquier manera, no recomiendo la lectura íntegra del trabajo, más que para aquellos interesados en el tema, o propiamente para los abogados de alguno de los colegios que sirvieron como base al estudio. Esto, sobre todo, porque después de leerlo detenidamente encuentro varios datos que no resultan congruentes, mmm bueno no, congruentes no es la palabra, ni tampoco fiables, tal vez mmm ¿cuál es el antónimo de endebles?, no sé, no me acuerdo, pero esa es la palabra que estoy buscando, digo esto por las divergencias temporales en las muestras utilizadas y por una escasa representatividad que al presente año no es posible sostener. Además el lenguaje utilizado en el informe, a veces, se me hizo  muy técnico, no sé si lo que leía lo escribió un médico, o un abogado, o un sociólogo. No está densito ni confuso pero su lectura me cansó (pero insisto, quizá el problema sea yo, y no el informe).

Como no recomendaría la lectura íntegra del trabajo, pero tampoco me fiaría de los resúmenes uniforme de los diferentes medios de comunicación que cubrieron la nota, a continuación, y de manera puntual, intentaré resumir las más de 40 páginas divididas en ocho apartados sobre las principales enfermedades de los abogados españoles.

  • Los análisis sobre enfermedades profesionales en la abogacía, tanto en ámbitos nacionales como internacionales, son más bien escasos.
  • En la página 8 y 9, a manera de compilación, se exponen sucintamente diversos estudios que se han realizado sobre este tema en Europa. Llama la atención que no se incluyan los trabajos realizados en Estados Unidos, que son bastantitos.
  • En España existen 83 colegios de abogados. El estudio solo contempla los de Catalunya, Vizcaya, Madrid y Málaga. No llego a distinguir dentro del informe la diferenciación entre abogados colegiados que ejercen y aquellos que no lo hacen pero que están colegiados.
  • El top 3 de las enfermedades en las personas que ejercen la abogacía en España son:
    • 1. Patologías traumatológicas, especialmente las fisuras, prótesis y ortopedias.
    • 2. Enfermedades psicosociales, como estrés y ansiedad.
    • 3. Accidentes cardiovasculares.
  • Aproximadamente la jornada laboral de una persona española que ejerce la abogacía se divide en:
    • 30% de formación e investigación,
    • otro 30% de relaciones con clientes,
    • 30% en desplazamientos (que a mi me parece muchísimo),
    • y un 10% de trabajo en la oficina y marketing.
  • El porcentaje de accidentes en desplazamiento de las personas que ejercen la abogacía son más elevados que los de la población general.
  • Las traumatologías en los abogados españoles son derivadas de sus desplazamientos laborales, esto obedece a que su media de movilidad es más alta que la de población en general. No quiero imaginar un estudio de este tipo sobre  el colectivo de los carteros.
  • Ojo al dato. Existe una relación entre los accidentes cardiovasculares y el ejercicio de la abogacía. Esta conclusión no es poca cosa.
  • Las mujeres abogadas suelen tener hijos 4 años más tarde que la media de edad de la población en España.
  • Si eres abogado español, a los 48 años de edad es probable que tengas un depresión o ansiedad. O dicho en palabras bonitas, la edad media de los abogados con trastornos mentales es de 48 años.

A continuación el informe íntegro.

La pirámide de Kelsen sería obra de los extraterrestres (según MONGOLIA)

mongoliaEl jueves pasado fui al teatro. Fui a ver a los de MONGOLIA, en su puesta en escena “Mongolia el musical”. La revista Mongolia (para aquellas personas que no la conocen) nace en España en 2012, en plena crisis, con la firme intención de emitir un claro y contundente mensaje, que es que dicha publicación no tiene mensaje. Heredera de publicaciones como el Charlie Hebdo, Mongolia utiliza eminentemente la sátira para criticar la actualidad.

El humor de la revista Mongolia es bastante pero bastante crudo, y por ende también bastante bueno. En sus portadas han declarado la muerte de Rajoy, han llamado hija de puta a la infanta Cristina, han publicado la última foto del Rey Juan Carlos antes de morir (al estilo como hizo El País con Hugo Chávez), han revivido a Adolfo Suarez para ser eurodiputado, o incluso han mostrado la bandera de España cubierta de mierda para celebrar el día de la hispanidad.

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Yo conocí la revista a través de Twitter, pues algunas de las personas que sigo empezaron a retuitear algunos de sus comentarios. Y la verdad es que sus portadas llaman muchísimo la atención en los kioscos donde se vende la prensa aquí en Madrid.

En lo personal, su estilo me gusta y me suele dar risa. La combinación de una estética atractiva y bien diseñada, a la par de una sección de noticias críticas, y sobre todo de un contenido variado han hecho de esta publicación un referente importante, pero sobre todo tangible, de lo que vendría a significar el ejercicio de la libertad de expresión. O algo así.

No sé en México cuál sería su equivalente, de hecho no sé si exista algo así. Acaso El Chamuco, o alguna otra, pero no estoy seguro. El caso es que en estos tiempos de neopriísmo, replicar un proyecto así, sería bien interesante. En fin.

FullSizeRender_1En la edición del mes pasado, de febrero de 2015, cuya portada fue dedicada a afirmar que la religión mata (en clara alusión y crítica a los atentados ocurridos en París), dentro de las primeras páginas de la misma, se encuentra una nota, en la sección “La última frontera”, que un buen amigo nos hizo notar y que afirma que: Un estudio concluye que la pirámide normativa de Kelsen también sería obra de los extraterrestres. Se estudia si la pirámide de Maslow, la de la población, la feudal y la venta piramidal también proceden del espacio exterior. La filosofía del Derecho está de enhorabuena. Expertos en iuspositivismo y ciencias ocultas han concluido que la pirámide del jurista vienés es de origen extraterrestre, cosa que no es de extrañar porque eso de que “la validez de las normas jurídicas emana y depende de una norma superior a la que el resto debe su validez y eficacia…” siempre sonó un poco raro. A continuación, una foto que tomé de la nota…

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Cinco comentarios:

  • El primero, no sé a quien de las personas que trabaja en en la revista se le haya ocurrido esta nota, pero sospecho que algo tendrá que ver Gonzalo Boye, quien además de ser el abogado encargado de que los de MONGOLIA no estén presos, es editor de la publicación, profesor de derecho procesal-penal y columnista en el diario.
  • El segundo, a mi Luis Lloredo (y a Luis le creo todo) me dijo que la idea piramidal en Kelsen no es de Kelsen (!!!), sino de Adolf Julius Merkl,  (acá un paper sobre el verdadero, y olvidado, autor).
  • El tercero, eso de que “la filosofía del Derecho está de enhorabuena” haha, me parece fantástico, lo que no ha podido hacer el neoconstitucionalismo, o la teoría de la argumentación, a través de miles y miles de páginas, Mongolia en un párrafo viene y destierra a Kelsen y su positivismo jurídico que a tantos y tantos abogados ha influenciado, hahaha, chingón.
  • El cuarto, memorable lo de “Expertos en iuspositivismo y ciencias ocultas“, haha aunque parecería redundancia.
  • El quinto, siempre, pero siempre nos quedará la regla de reconocimiento de Hart.

ADENDO (al segundo comentario): Ya me corrigió Luis, la idea piramidal en Kelsen sí la formula Adolf Julius Merkl, pero este a su vez la toma de Puchta. Plagio, del plagio, del plagio, o sencillamente: Inception.

Ally Mcbeal y machismo en la abogacía. Resultados de la encuesta aplicada a estudiantes de la UC3M.

Parecería que el transcurso de la historia que formula la impostergable emancipación femenina, ha provocado que de un tiempo para acá, lo dice Lipovetsky, “ninguna especialidad puede ya considerarse feudo exclusivo del sexo masculino”, pues desde hace varios años, la cifra de mujeres que acceden a la universidad (por lo menos a la española), es superior a la de los hombres.

Concepcion ArenalAsí, la anécdota bastante extendida de la vida de la escritora y precursora del movimiento feminista en España, Concepción Arenal, relativa a que tuvo que asistir vestida de hombre durante su transcurso por la Facultad de Derecho en la Universidad de Madrid en los años cuarenta del siglo XIX, parecería en la actualidad un mero antecedente que abre la brecha para eliminar el veto a la mujer en las universidades. Sin embargo, la incorporación del género femenino en el campo jurídico de manera más o menos regular y del incremento en los últimos años respecto al número de mujeres que ejercen como abogadas, estas al final del día, quedan mal representadas pues son pocas las mujeres que ocupan cargos decisivos.

Hace (más o menos) un año y medio, con la intención de ir perfilando mi proyecto doctoral, ideamos una encuesta sobre abogados para aplicarla a los futuros abogados de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

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La “Charlie”

La recolección de la información se realizó en el mes de septiembre de 2013, durante las 3 semanas iniciales del ciclo, con el objetivo de que las opiniones de los estudiantes se encontraran lo menos influenciadas por las primeras clases cursadas. La aplicación de los instrumentos, se realizó de forma presencial, en las aulas de la UC3M, durante las horas de clase, encuestando a la totalidad de los alumnos que asistieron a las sesiones. Se combinaron grupos magistrales (que reúnen un amplio número de estudiantes) y reducidos, se asistió a un total de 9 salones, 8 en el campus de Getafe, y 1 en Colmenarejo.

UnknownCabe mencionar que durante el ciclo académico 2013-2014 la UC3M ofertó 605 plazas para cursar el grado en derecho, en su modo tradicional o a través de sus dobles modalidades (derecho y ciencias políticas, derecho y economía y derecho y administración de empresas). Del total de plazas ofertadas, se aplicaron y recopilaron 466 encuestas a estudiantes de nuevo ingreso; es decir, se cuenta con una muestra representativa del 77.02% de los estudiantes matriculados en dicho ciclo académico.

Dentro de las múltiples preguntas realizadas a los estudiantes, una de ellas se enfocó en la identificación de una determinada persona o personaje con la actividad que despliega la abogacía, ya que esta refleja la forma en que es visualizada dicha profesión, más allá de lo que se crea que es, o de lo que debe ser.

En concreto lo que se les preguntó a los futuros abogados fue: Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

A pesar de que dicho cuestionamiento fue el que menor nivel de respuesta tuvo de toda la encuesta, al haber sido contestadas solamente por 284 estudiantes, representando el 60.9% del total, las respuestas dan para mucho, pues agrupando un conjunto de características y dependiendo de la situación coyuntural que se vive, en el momento en que se empata la figura del abogado con algún individuo concreto, se conjugan estereotipos y concepciones sobre estos, que develan tanto lo que se supone que es, como lo que se anhela que sea la profesión.

Considerando la diversidad de respuestas proporcionadas, a continuación se presentan en la tabla solo aquellas respuestas que obtuvieron más de un 2% de los resultados, cuya suma representa aproximadamente el 75% del total de las mismas. El desglose de todas las demás opciones, para obtener el 100% de la encuesta, se explican después.

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Los resultados completos son los siguientes… Con un 1.8% del total se agrupan las siguientes 2 respuestas: Nicolás Sisinni y Marshall Eriksen (personaje de la serie de televisión estadounidense How I Met Your Mother), 6 respuestas contaron con un 1.4%: Perry Mason (personaje ficticio de novelas policíacas que alcanzó gran popularidad debido a la serie de televisión del mismo nombre), Ángel Cabrero, José María del Nido, Shark (serie de televisión estadounidense basada en la vida de un prestigioso abogado de Los Ángeles), el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero y Soraya Sáenz de Santamaría (política del Partido Popular). Con el 1.0% existieron cinco respuestas: el ex presidente José María Aznar, Fernando (de la serie española Aquí no hay quien viva), Alberto Ruiz Gallardón (ex-ministro de justicia en España), Otros políticos y Otros jueces (Alaya, Grande-Marlaska y Ruz). Con 12 respuestas de 0.7% se encuentran: el Despacho Uria Menéndez, el Despacho Cuatrecasas, Nancy Ruys, Amigos, Barak Obama, el personaje de Al Pacino la película El abogado del diablo, María Dolores de Cospedal, Olivia Pope (personaje de la serie Scandal), Otros despachos, Montesquieu, Lionel Hutz (abogado de la serie animada de televisión The Simpsons) y Alan Shore (de la serie de televisión Boston Legal), la suma de todos estos resultados, aunados a los presentados en la tabla representa el 100.0% de los encuestados.

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En lo individual, oro para Garzón, plata para McBeal, y bronce para Peces-Barba.

Aprovechando la coyuntura del 8 de marzo, me referiré en específico al quinto lugar de las respuestas, es decir, el obtenido por el personaje de la serie de televisión estadounidense Ally Mcbeal, pues esta resultó ser la única mujer dentro de los primeros lugares de la encuesta.

La serie de la abogada en cuestión fue transmitida originalmente en España desde 1997 hasta 2002, y aunque la gran mayoría de los estudiantes tienen entre 17 y 18 años y por tanto pareciera que la fecha de emisión de la serie no concuerda con la edad de los estudiantes, es pertinente indicar que la misma se ha retransmitido desde hace varios años en este país.

ally-mcbealQue este personaje continúe siendo el referente de la emancipación femenina en el campo jurídico hasta el día de hoy, resulta cuestionable, pues desde el año 1998 al ocupar una portada de la revista Time en Estados Unidos junto a Susan B. Anthony, Betty Friedan y Gloria Steinem, que favorecía de forma insidiosa la muerte del feminismo, las referencias a las mujeres en la cultura de masas, más que propugnar su emancipación, terminan reduciéndola, e incluso caricaturizándola, a estereotipos que perpetúan los esquemas de dominación machista.

Entre tantos ejemplos de mujeres líderes que han conquistado derechos en el campo de la equidad de género, cuando Ally McBeal, cuya trama inicia al ser despedida de un despacho de abogados por denunciar acoso sexual, obtiene este porcentaje de respuestas entre los estudiantes, pareciera estar en concordancia con el hecho de que, la mujer se sigue manteniendo ausente de las estructuras de poder y en los altos puestos directivos en la actual sociedad.

La cuestión del género es uno de los temas cruciales, tanto en el devenir profesional de los futuros abogados, como en las concepciones de aspectos que se involucran de manera directa en su ejercicio.

Los resultados completos, y lo que escribí sobre los mismos, los encuentran por acá.

Dónde trabajan los abogados No. 6

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Edificio color tierra, ubicado justo al lado de un negocio de venta de pelo humano. No es broma pelo humano.

Decorado estéticamente con graffiti y una carita feliz dibujada involuntariamente entre una ventana de barrotes estilo penitenciaría y una puerta cuadriculada color rojo.

A unos cuantos metros del pleno corazón de barrio Lavapiés,  se encuentra este peculiar despacho de abogados que enmarca su oficio con la misma tipografía que la del supermercado español Mercadona.

Screen Shot 2014-12-13 at 9.44.34 PMYa sea por su inconfundible musiquita institucional, su insuperable pan de cebolla, su tomate frito receta artesanal, o por su champú Stylius para cuero cabelludo sensible…, de un tiempo para acá Mercadona se ha convertido en uno de mis lugares de confianza aquí en Madrid para hacer las compras, no por nada su lema es precisamente “Supermercados de confianza”. Siguiendo esa lógica, si los parámetros, formas y servicio de dicho comercio es aplicado a la de un despacho de abogados, cuenten conmigo como cliente. Abogados a la Mercadona, o Abogados de confianza.

Los operadores jurídicos de Gregorio Peces-Barba

El jueves pasado se cumplieron 2 años del fallecimiento de Gregorio Peces-Barba Martínez. Las repercusiones por su fallecimiento en 2012 fueron de grandes magnitudes en España. Sobra decir que a su funeral asistieron todos.

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Óleo de Peces-Barba en el Congreso de los Diputados.

Peces-Barba fue casi todo dentro de entorno español. Padre de la constitución del 78, político, abogado, jurista, catedrático, fundador y primer rector de la Carlos III de Madrid, Alto Comisionado de apoyo a las víctimas del terrorismo, etcétera.

Desarrolló principalmente su producción científica en la filosofía del derecho y filosofía política, la ética y los derechos humanos. Su obra, caracterizada por una visión humanística, cultural, e histórica de la filosofía del derecho, es considerada una de las más pertinentes en el ámbito europeo continental (en concreto su teoría dualista sobre el concepto y fundamento de los derechos).

Paco Ignacio Taibo II dice que la buena suerte no existe, que solo existe la mala suerte. Tuve la mala suerte de llegar a Madrid, a estudiar en su universidad –en su instituto de derechos humanos–, un mes y dos semanas después de su fallecimiento. Por tanto, nunca lo conocí.

La viñeta de FORGES en El País el día del fallecimiento de Peces-Barba.

Viñeta de FORGES en El País el día del fallecimiento de Peces-Barba.

Aunque confieso que la elección de estudiar en la Carlos III, no se debió para nada a Peces-Barba, o mejor dicho, mi decisión final para estudiar el posgrado no obedeció a querer llevar clases con él, o acaso a querer ser considerado como parte de su escuela de pensamiento (Norberto Bobbio se refirió a la escuela formada por Peces-Barba de la siguiente manera (aprovecho para practicar mi italiano): “mi glorio della scuola di Gregorio”)… La verdad es que me hubiese gustado conocerlo.

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Curso de derechos fundamentales. Libro de referencia (para bien o para mal) para cualquier estudiante de Máster en DDHH aquí en la UC3M.

No obstante entre actos y actividades en su recuerdo (que avivan las anécdotas y leyendas sobre el personaje), obras póstumas, y sobre todo lecturas (y relecturas e interpretaciones y reinterpretaciones) de su autoría, estudiadas durante los primeros cursos del Máster; puedo decir que al final creo que sí lo conocí. O lo conocí poquito.

Alguna vez un investigador de Jurídicas de la UNAM mencionó, a manera de crítica, que resultaba difícil no encontrar algún trabajo del mismo IIJ-UNAM sin hacer referencia a algún Fix. A la defensa de dicho comentario, se pude argumentar que eso no necesariamente es incorrecto, pues habla de un profundo sentido de pertenencia y de conocer qué es lo que se está haciendo en un determinado instituto en el que se desarrolla alguna investigación.

Bueno pues algo igual acá en la Carlos III, en el Instituto de derechos humanos Bartolomé de las Casas. De las tesinas que conozco, (también aplica para algunas tesis doctorales) son minoría, pero escasa minoría las que no citan a Gregorio Peces-Barba. Aunque sea una vez. Pero Peces-Barba está presente.

Esta cuestión, lejos de ser focalizada, es común a cualquier centro de investigación, o institución educativa que desarrolla actividades académicas. Si bien no creo que esto sea un problema en sí, vale la pena mencionarlo por llamar la atención sobre la independencia e imparcialidad que suele caracterizar a la condescendiente vida académica.

De hecho, ahora que lo pienso estoy en contra. Pero al ser mi incongruencia, lo único congruente que queda en mi vida… Obviamente yo también cité a Peces-Barba, e incluso lo citaré en mi tesis doctoral. Pero que conste que no es por compromiso. O al menos eso creo. Pero bueno, quién sabe. Estos fenómenos, justo como la ideología, se filtran inconciente e imperceptiblemente en nuestra mente, cuando ni nos hemos dado cuenta de ello. En fin.

Dentro de sus más de veinte monografías, e innumerables artículos, Peces-Barba tiene uno titulado “Los operadores jurídicos” donde aborda, tangencialmente el tema de los abogados.

El postulado básico con el que Gregorio Peces-Barba inicia su trabajo afirma que los operadores jurídicos se diferencian del común de los ciudadanos por actuar en el ámbito legal, a través de la intervención profesional estable en un cargo u oficio, como creadores, como intérpretes, como consultores o como aplicadores del derecho. Siguiendo dicha postura, y analizando el tema desde lo que a mi me interesa, que es el de los abogados, estos tendrían el compromiso de fungir como los principales intermediarios entre el derecho y sus destinatarios, pues sus acciones afectan vigorosamente al mejoramiento del sistema.

Ahora bien, la abogacía, tradicionalmente se ha venido caracterizando por ser una actividad independiente (predicándose dicha independencia en la libertad del ejercicio de la profesión y en la libertad de organización del ejercicio profesional al permitirse su autorregulación), que se identifica como uno de los ejemplos más claros de profesiones liberales, cuyas labores se encuentran subordinadas a los intereses de las clases dominantes. Sin embargo, como bien menciona Virgilio Zapatero, el abogado no es solo un representante de un cliente, sino también es “un operador del sistema y un ciudadano que tiene una especial responsabilidad en la calidad del sistema de justicia”.

Precisamente, esa ambivalencia del abogado es la que, además de quitarme el sueño, me interesa estudiar desde la teoría y filosofía del derecho. Porque dicha característica termina por tensar la cuerda hasta el extremo sin llegar a romperla, produciendo una abrumadora contención habitada tanto por el orden y la pulcritud como por la descomposición moral y la obcecación (¿!¡?). Siguiendo a Marcos Kaplan, al encontrar comodidad con posturas que evitan cualquier tipo de compromiso con su entorno, los abogados, por lo general, prefieren mantener el ritualismo y la jerga, antes que preocuparse por la simplicidad, la racionalidad, el realismo, la respuesta creativa ante conflictos, dilemas, nuevas situaciones y desafíos. Esta actitud, no obstante, no es fruto de una degeneración moral o de una abulia alienada que pueda predicarse de la maldad individual de los abogados, sino el resultado estructural de una historia que ha hecho de esta profesión una actividad ambivalente, digna de elogio en tantas ocasiones, pero casi siempre presa de las relaciones objetivas de poder.

El trabajo me resultó bastante interesante para mi finalizar mi Máster (aunque ahora que lo vuelvo a releer, me resultará de mayor utilidad en la tesis), pues siguiendo su característica visión holística sobre la filosofía del derecho, Peces-Barba hace un recorrido histórico sobre los operadores jurídicos desde esta rama del derecho.

Desde la Antigüedad (conjugando datos sobre estos agentes), hasta analizarlos en el pensamiento de algunos de los principales filósofos del derecho de la tradición positivista y en los dos principales sistemas jurídicos, Peces-Barba intenta poner de relieve los diferentes modelos en los que los operadores jurídicos se han desempeñan, para así estudiar sus funciones.

El artículo tiene mucho, pero mucho contenido y como él mismo lo termina, el tema tiene posibilidades todavía no exploradas. Otro tema en íntima relación con lo aquí abordado es el relativo al aislamiento de estos operadores, en íntima conexión con la educación que reciben. En este sentido (además de las citas a Montaigne, Pascal o Unamuno) llama la atención, en la página 469, la breve lista de libros que propone para ser un “jurista completo”.

Termino pues ya escribí mucho y prometí que no lo haría. Pero antes dejo una Posdata, por si alguien está interesado en conocer más sobre Peces-Barba.

PD. Acá encuentran un artículo en El País que escribió, a manera de homenaje discreto, José Manuel Rodríguez Uribes, maestro de Filosofía Política acá en el posgrado (precisamente la broma inoportuna que comenta, que es esta, ocurrió en un Congreso Nacional de Abogacía  y sospecho que, en parte, obedece a la conocida afición por el Real Madrid de Peces-Barba). Y acá un libro de cartas de personas cercanas a Peces-Barba, donde se narran anécdotas tan divertidas como reveladoras para llegar a comprender las magnitudes de este personaje. Me atrevo a recomendar una: la de Elías Díaz.

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Foto y no pedazos. Elías Díaz frente al busto de su amigo Gregorio Peces-Barba, el día de su develación, hace un par de meses en la UC3M, Getafe.

A continuación el artículo del profesor Peces-Barba titulado “Los operadores jurídicos” publicado en la Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, No. 72, 1986 – 1987.