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8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Estefanía Vela

El pasado día miércoles 6 de septiembre de 2017, en la Facultad Libre de Derecho de Monterrey, tuve la oportunidad de entrevistar a Estefanía Vela Barba (Monterrey, México, 1984).

Estefanía es abogada por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), con estudios de posgrado en la Universidad de Yale, donde actualmente desarrolla su doctorado en derecho. Escribe seguido en el periódico El Universal, en el blog Pornucopia. Ha publicado en medios como The New York Times en español, Letras Libres, Nexos y Marie Claire. También ha tenido diversos proyectos audiovisuales relacionados con el derecho y la sexualidad –y todos los puntos en los que se tocan–. Yo, en pocas palabras, me atrevería a decir que es una de las voces más autorizadas para abordar estos temas en la actualidad, además de ser la causante de que un gran número de personas se hayan interesado por los mismos.

Creo recordar que primero conocí a Sambuka antes que a Estefanía. A pesar de tener un vínculo regional común, los inicios de Twitter sirvieron para encontrar afinidades entre nosotros. Digo, en aquellos años en los que los temas en redes sociales no eran tan diversos ni tan difusos, amplios y variados como en la actualidad (tiempos, en resumidas cuentas, en que los millennials aun estaban en las primarias y Trump era un inofensivo empresario), llamaba la atención cualquier proyecto jurídico que se planteara de forma diferente. Obviamente más si se relacionaba con porno, con el matrimonio igualitario, con género, o mejor dicho con cualquier tema incómodo que resultaba necesario difundir y discutir.

Y es que no parecerá mucho tiempo pero de verdad hace como casi diez años no era nada común hablar de cosas jurídicas en México más allá de los rígidos y añejos espacios que tradicionalmente existen. Poca gente tenía de blogs jurídicos, nadie se metía con la Suprema Corte, no existían los memes, escasa interacción con operadores de otras latitudes, prácticamente nulo o muy segmentado el intercambiar ideas. Sambuka fue la excepción, alguien que abrió cauce a la existencia de muchas constantes.

En ese sentido Estefanía me parece una pionera no solo en la socialización del derecho en nuestro entorno sino y, sobre todo, en ser también una de las primeras personas que puso sobre la mesa el rol de los jóvenes en esta disciplina. Vamos a ver, me refiero a asumir un cambio generacional. A no esperarnos a tener canas, doctorados, estar gordos, publicaciones para empezar a que se nos tome en cuenta. Es decir, simple y sencillamente a levantar la mano y saber que como jóvenes tenemos otras visiones y muchas cosas que decir con la misma seriedad que nuestros profesores solo que de maneras más creativas, atractivas y aterrizadas. Creo.

Por aquellas épocas me tocó articular un discurso que leí en una ceremonia de abogados en la que, casualmente estaba Estefanía, que decía así:

“Ser joven es asumir el papel de los incómodos, de los que comprendemos que la imposición de una manera de ser específica, es algo que no funciona en el mundo de hoy y que no sirve para nada. De los que avanzamos hacia identidades muy fluidas y fragmentadas, escogiendo entre diversas alternativas desde las diferentes opciones políticas hasta las diferentes opciones culturales, sexuales y de estilos de vida, de los que creemos que existe una verdadera pluralidad que resulta tremendamente saludable.

Ser joven en estos tiempos de zozobra es faltarle el respeto al respeto. Reírse de lo complejo, asumiendo sus consecuencias y es que en estos momentos, como escribe Juan Villoro, no hay nada más radical ni disidente que la alegría. 

Y es que pareciera que cuando uno es adulto le da por ver las cosas de otra forma, pero eso no va a suceder, entiéndanlo de una vez por todas, es nuestro tiempo y no nos van a callar, ni nos van a apagar nuestra sonrisa, porque esto no es temporal, a pesar de que como dice Xavier Velasco, que cuando la gente cumple 30 años, por alguna extraña razón uno se vuelve idiota. No queremos volvernos respetable por usar camisa y traje. No nos queremos convertir en lo que todos los demás.”

Recuerdo que al final, se me acercó, me dio un abrazo y me dijo: “Sí a todo”. Durante todos estos años, cada vez que escucho o leo a Estefanía, yo pienso y suscribo la misma frase. Su prosa, su agilidad mental y sus convicciones la han convertido en un ícono, en un role model para muchas, muchísimas, personas. Obviamente me incluyo. Lo cierto es que resulta difícil no estar de acuerdo con ella. Sus argumentos y su capacidades narrativas me parecen increíbles.

El tiempo pasa. Creo que seguimos siendo jóvenes, a pesar de que nos comportamos cada vez más como señoras y aunque ahora exista gente más joven, cuyas ideas son desplegadas con la misma seriedad que nosotros solo que de maneras más creativas, atractivas y aterrizadas…, imagino que esto es la vida, o algo muy parecido, un proceso relacional en el que todos colaboramos para hacer de este espacio algo mejor. O algo así. No sé.

Por más que el concepto “generación” trate de poner límites conceptuales a un determinado fenómeno temporal, este al final del día engloba la trampa de la arbitrariedad. Al igual que las listas, los rankings, o la conformación de un canon, de forma inevitable existirán discrepancias al momento de establecer fronteras y parámetros medianamente objetivos. Yo estoy seguro que pasará el tiempo y no tengo la menor duda en que Estefanía resulta, a todas luces, una referencia indudable… Una persona extraordinaria, una jurista que ha llevado los temas de género a otro nivel, que ha inspirado a muchísimas personas, que ha influenciados a miles más, que ha demostrado que la seriedad no está peleada con la amenidad, que, en mayor o menor medida, ha hecho de este espacio uno mejor.

Qué puedo decir. Yo a Estefanía la quiero y la admiro mucho. Me parece espectacular, alguien de quien aprendo constantemente. Sin duda, la mente más lúcida, crítica, y seria de mi generación. A quien visualizo como abanderada de un grupo de jóvenes juristas que hace años intentamos, y lo seguimos intentando, pensar el derecho desde otras ópticas.

En ese sentido, no me cabe más que agradecer a Estefanía por su vehemencia y su confianza, por el trabajo que ha realizado y que realiza. Por su humor, por su incomodidad. Por que a pesar del paso del tiempo a muchos de nosotros nos inspira a seguir viviendo como jóvenes, alegres y creativos frente a un campo tan hermético y obscuro, como es el derecho, en constante contradicción, preocupados y alertas, dejando en claro que así seguiremos por el resto de nuestras vidas, por que como decía Carlos Fuentes: “Si no vives como joven, te carga la chingada”.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Estefanía Vela.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra “abogado”?

Estefanía Vela (EV): Horror.

2. Menciona el primer abogado o abogada no importando que sean profesionales, profesores, políticos, personajes de literatura, series de televisión o cine que se te venga en mente

EV: John Grisham, jajajaja. Seguido por el abogado de Larry Flynt… Yo quería ser abogada por las series y las películas.

3. Si tuvieras la oportunidad de ir atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho?

EV: Sí.

¿Por qué?

EV: Creo que en la academia, no hay nada más inútil que alguien que estudió derecho, porque ni haces historia, ni haces sociología, ni haces economía; no haces nada. Pero como el derecho tiene un papel tan fundamental en las democracias constitucionales, el que puedas hablar ese lenguaje, el que puedas entender la estructura de este sistema, te permite tener una posición importante para poderlo criticar. Entonces te brinda legitimidad frente a grupos distintos, por lo general de abogados, que cuando llegas hablando el mismo idioma y sacas los títulos nobiliarios, no te pueden descartar tan fácil.

4. ¿Estas a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

EV: ¿En contra?

¿Por qué?

A ver, creo que el derecho, y otros han ya han hablado de esto, tiene una parte religiosa, de rito, que puede ser absolutamente emocionante, necesaria para perpetuar el orden de valores que quieres. Precisamente desde ahí, creo que no es que me oponga al uso de símbolos –porque entiendo que la toga puede ser un símbolo–. Supongo que lo que cuestionaría es el uso de este símbolo en particular. A mí lo que me transmite es esta idea de que tu valor depende en parte de cómo te ves; creo que eso es parte de lo que hace la toga: te impone una forma de verte. Por lo general, me imagino que es negra, me imagino que es formal. En este caso, de nuevo, no sé si este uso sea necesario. Entiendo que es tradición. Pero creo que puede perpetuar, al menos para mí, una de las partes más terribles de este formalismo incluso visual de los abogados, y lo digo en masculino adrede, que a mí no me gusta. Esta soy yo, claro. Veo que Sandra Day O’Connor la defiende, en parte con el argumento de que simboliza que todos los jueces y juezas están ahí para hacer cumplir la Constitución.

5. A pesar que desde hace algunos años la profesión jurídica se ha feminizado, hablando por lo menos cuantitativamente el número de mujeres que estudian el derecho, resulta claro que el derecho es un campo preponderadamente machista y que invisibiliza a la mujer en el momento de abordar temas relacionados con la legitimidad de sus derechos. En tu experiencia, ¿cuáles son los principales problemas que afronta la mujer en el ejercicio de la abogacía?

EV: No quiero dejar de señalar que urgen en el país estudios específicos y empíricos para entender cuáles son los obstáculos que enfrentan las mujeres abogadas en México en distintos contextos, porque no dudo que los obstáculos que enfrentan en el DF no sean los mismos que Nuevo León. Entonces, me gustaría aprovechar para llamar la atención a la necesidad de estudios que nos den más detalles sobre esto.

Ahora: basándome en los pocos estudios que he leído y de la experiencia que he escuchado de compañeras u otras juezas… parece que existen varios problemas. Primero: creo que sigue persistiendo esta idea de que las mujeres no necesariamente son competentes para ciertas cosas. Un poco recordando: hay una tesis de la Suprema Corte de 1947 donde impugnaron si las mujeres podían ser notarias públicas. Se había reconocido la posibilidad de que las mujeres fueran notarias, alguien lo impugnó, entonces la tesis de la Corte es: Mujeres, pueden ser notarias públicas.

Me interesa señalar el cuestionamiento. Esta idea de que las mujeres no necesariamente son buenas para ciertas cosas.

Y parece que esta idea sobre la falta de “capacidad” se ve reflejada en distintas cosas: desde qué materias pueden o deben trabajar; de qué pueden hablar o no pueden hablar las mujeres (¿de cosas de mujeres?); hasta si pueden o no participar en los procesos de negociación, por esta cosa de que a las mujeres no las toman en serio, un hombre tiene que repetir lo mismo para que se escuche, o simplemente “no son buenas negociando”, etc.

También está el tema de quién tiene acceso a dar clases ¿no? Yo recuerdo en toda mi licenciatura tuve 3 profesoras, de 55 materias que llevé. Parece que eso persiste en muchas universidades. Esto me dice cómo no se te ve como una voz legítima para reproducir el conocimiento jurídico, salvo que, y esto es lo que está pasando y yo me incluyo, hablen de cosas de mujeres o de género.

Estoy segura que habrá, como en todas las profesiones –no es que la abogacía sea excepcional–, distintas razones para esta exclusión. De seguro debe haber problemas de acoso, problemas de conciliación familia-trabajo, debe de haber ideales de masculinidad profundamente arraigados –ideales que trastocan desde el abogado “onegero” hasta el penalista– que se ven reflejados en cómo operan los centros de trabajo y que falta cuestionar.

Pero, de nuevo: hay que estudiarlo más (las estadísticas del INEGI apuntan a fenómenos interesantes que sin duda hay que entender bien).

6. Tú que has tenido diferentes experiencias profesionales, ¿dónde piensas se puede lograr una mayor incidencia social aprovechando las herramientas que te proporciona el derecho, ámbito académico, judicial o incluso desde un ámbito más de la cultura?

EV: Una de las ideas que trato de aplicar es que hay que aprovechar todos los espacios, todos los formatos, todos los lenguajes, y genuinamente lo creo.

¿Pero no existe un riesgo en convertirte en algo así como una vendedora de productos, donde por impulsar ciertas áreas te desdeñen en otras?

Bueno supongo que para cada medio siempre habría que cuidar la calidad… No sé, lo que el pop exige se lo das al pop, pero lo que exige la academia a la academia. Esto no necesariamente significa que una sola persona lo tiene que hacer todo pues. Yo más bien diría que me parece importante fomentar en los y las alumnas, por ejemplo, si lo tuyo neta es la comunicación pues puedes aprovechar hacer, o sea, la parte de todo esto de la cultura de la legalidad, la cultura de los derechos humanos, es necesaria. Esto lo veo también una academia que te leen tres personas, no sirve. Yo no necesariamente estoy diciendo que una persona tiene que encarnar todo, hacer todo, pero sí estoy diciendo que la lucha generalizada –por hacer de los derechos humanos una realidad– tendría que estar en cuanto frente sea posible.

Yo en género veo, por ejemplo, ahorita que el Estado está haciendo muchísimas capacitaciones… las capacitaciones tienen, de entrada, muchos problemas de diseño en muchos sentidos. Parten de esta idea de que se supone que en unas cuantas horas se va a cambiar una manera de pensar que se ha ido arraigando por años. Y por eso parte de la lucha tiene que estar en las facultades de derecho, que es cuando muchos de los ideales sobre la cultura jurídica se empiezan a arraigar (el machismo, por supuesto, es desde antes; pero acá lo importante es ver cómo el machismo se entremezcla con la cultura jurídica).

Entonces pienso en lo importante que es irte a las facultades de derecho, luchar por que cada una de las grandes universidades y pequeñas universidades lo tengan contemplado (los derechos humanos, lo que incluye el derecho a la no discriminación por género). Además de estar en el salón de clases, pienso en la importancia de la producción académica. En fin.

Creo que es necesario tener un ejército de abogados, abogadas comprometidas actuando donde sea posible: la academia, los salones de clase, en las instituciones, etc.

7. Muy relacionado con esto sobre educación jurídica, sobre todo en la parte de género, derechos humanos, filosofía, argumentación ¿crees más en la transversalización o en la especificación, es decir, en dotar materias específicas para el currículo, bajo esta idea te pregunto si hipotéticamente fueras directora de una escuela de derecho ¿cuáles serían tus primeras acciones?

EV: Reducir lo civil, a la mitad. Quitar derecho romano porque ni siquiera damos derecho romano, damos lo que según nosotros es el derecho romano. Todos “los derechos” –el derecho civil, el derecho penal, el derecho mercantil–, los conectaría con la realidad social. Me parece escandaloso que pueda llevar Obligaciones, Contratos, Sucesiones, Mercantil I y Mercantil II sin que jamás haya una clase enfocada en qué papel juega el derecho en el capitalismo y las desigualdades económicas. Me parece un escándalo que estudiemos familiar sin voltear a ver los datos de cuáles son las familias en México.

Supongo que: por un lado, sería reducir ciertas materias que considero son demasiado y asegurarme que todas las materias que tengan una conexión con la realidad.

Ahora: en relación al género: el género está presente en muchas materias. Tú ves género en derecho laboral, tú ves género en derecho penal, tú ves género en derecho civil. Entonces, para las personas que estén mu clavadas supongo puede haber una optativa –sobre género y derecho, por ejemplo–, pero a mí de nada me sirve la optativa si luego los alumnos van a ir a derecho penal y ahí les va a decir que si la mujer fue violada fue porque se lo buscó.

Más allá de la igualdad de género, que es solo uno de muchos temas que pueden verse de derechos humanos… Enfocándome en el paradigma más amplio de los derechos humanos: sigo sin conocer un área del derecho que no está permeada de alguna forma u otra por algún derecho, incluso el derecho a la propiedad, el derecho al debido proceso. Entonces considero que cada materia por más tradicional que sea, debería estar constitucionalizada en alguna medida y siempre conectada a la realidad.

8. Ante un legislativo parsimonioso y un ejecutivo fuertemente comprometido, parecería que el poder judicial ha sido el encargado de emitir importantes criterios que han impulsado la agenda feminista dentro de los sistemas de justicia, sin embargo existen muchos malos entendidos que han enturbiado el desarrollo de estos temas el caso de los porkys resulta emblemático para ver cómo muchas veces las cuestiones de género en México, en específico al momento de ejercer funciones jurisdiccionales se pueden distorsionar y generar fuertes polarizaciones…, ya lo mencionaste, además de protocolos, manuales y capacitaciones ¿se te ocurren algunas herramientas o procesos para lograr concientizar y sociabilizar la importancia de estos temas dentro del campo jurídico?

EV: Uy. A ver. Hmmm. No podemos olvidar que el Juez de la sentencia de los Porkys era un juez que tenía cursos de género. Una pregunta obligada es: ¿qué cursos estamos dando? Y me incluyo. ¿Cómo los estamos diseñando? Y, número dos: junto con “¿cómo estamos diseñando los cursos?”… Está el tema de los indicadores y mecanismos de evaluación. Por ejemplo: leer el informe de la CEDAW que entrega el Estado mexicano, es un chiste los indicadores y mecanismos de evaluación que existen. El gobierno está en un punto en donde reporta lo que pasa, no si lo que hace funciona o tiene un impacto. Esto en género y en muchas otras materias. Dicen qué hacen, no si lo que hacen sirve o no. De ahí que, por más cero sexy que sean los indicadores de resultados y los mecanismos de evaluación y rendición de cuentas, hay que insistir en ello.

Ay es qué híjole… Insisto, si no empezamos desde las facultades… Mira hay días donde digo: tenemos que encontrar los puntos en común entre género y otros temas, porque si bien hay ciertas cosas específicas de este tema, cosas específicas que les pasa a las mujeres u hombres por ser mujeres u hombres, también hay muchos puentes y quizá esa sea una manera de bajar resistencias y de que se entienda que eso es un problema social más como muchos otros, y que tenemos que hacer una lucha compleja, que incidan en múltiples aristas. Hay otras veces, sin embargo, en las que entiendo porqué se ha “gheottizado” el género… Yo lo sigo descifrando. Me encantaría decirte que ya descubrí una fórmula, pero yo cada foro que voy me vuelvo a encontrar con ciertas resistencias, cada foro que voy me encuentro con nuevas preguntas, yo estoy en el mismo camino de tratar de descifrar qué sí funciona y qué no. Y supongo que por eso también me interesa tanto esta parte de indicadores donde sí se están haciendo cosas buenas, quiero saber qué se puede aplicar aquí, traer aquí, importar aquí.

Para finalizar te diré una serie de nombres y conceptos, me gustaría que me dijeras lo primero que se te venga a la mente:

CIDE Institución… mía
Frente Nacional por la Familia Horror
Justicia Tenemos que llegar a ella
OITNB Diversión
Vicki Schultz La amo
Derecho Mi pasión, complejo… No lo entiendo.
México Colapsándose, ¿por dónde empezar?
The Good Wife Me hace querer ser abogada
Ideología de género Una farsa
Janet Halley Una lectura fundamental
Feminismo Necesario
Monterrey Conciliación
Ana Pecova Baby (Mujerón)
ITAM Mi casa
Batman Lo amo
Harry Potter Algo que todos los niños deben de leer
SCJN Lo amo, aunque hombre blanco… No te creas. Esperanza, la Suprema Corte de Justicia de la Nación… En ciertas cosas
Gatos Mi vida
Alejandro Madrazo Mi jefecito del alma
Constitución Mi apuesta

* Agradezco a Armando Neávez y Lydia Cavazos por la ayuda para transcribir la presente entrevista.

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Los polémicos modelos de la profesión jurídica por Diego Eduardo López Medina

Hace tiempo que no utilizo este espacio para compartir artículos de opinión o editoriales sobre abogados. No porque no se escriban, de hecho se escriben bastantes (las suelo monitorear diariamente), el problema es que casi ninguno dice nada, o más bien dicen muy poco, o dicen lo mismo de siempre. Enteramente de índole informativa, o en todo caso descriptiva, los artículos que hablan sobre abogados, por lo general, son pensados para ellos mismos. Como si fuera un hermético ejercicio de autopoiesis, las críticas y las construcciones narrativas prescriptivas resultan excepcionales cuando se aborda este tema en espacios divulgativos. Me queda claro que la función de los medios no es hablar sobre abogados, o teorizar de los mismos, o incluso tener una sección para ventilar sus problemas gremiales. También me queda claro que, en mayor o menor medida, es necesario que pasen cosas relacionadas con la profesión, o con casos específicos dentro del campo jurídico, para que los abogados sean nota. Sin embargo, no estaría demás, comenzar poco a poco desplegar ejercicios de autocrítica y reflexión en torno al rol de estos profesionistas en sociedad desde otras trincheras más allá de las nuestras. Las secciones de sociales, pueden ser un buen inicio para darnos cuenta de muchos de los problemas que se encuentran ocultos al momento de ejercer la abogacía, de elefantes que están en la sala y que nadie quiere hablar de ellos, de pensar que el imaginario colectivo poco se deja influenciar y retroalimentar sobre lo que se pretende.

En días pasados, mi mejor amiga, la Nora Picasso, me pasó este artículo de Diego Eduardo López Medina, profesor de la facultad de derecho de la Universidad de los Andes, el mismo que escribió el gran libro sobre la Teoría Impura del Derecho, en el que despliega un interesante ejercicio sobre ética y estética en la abogacía colombiana. Abogacía, por demás, que puede equipararse a diversas latitudes en Occidente.

Tanto que pensar sobre publicaciones tipo “El mundo del abogado”, sobre series de televisión, sobre responsabilidad social, sobre apariencias, sobre todo. Ya habrá tiempo. Por lo pronto comparto el artículo que originalmente aparece en Ambito Jurídico, el día 7 de noviembre de 2017. Subrayo lo que me pareció más pertinente.


Los polémicos modelos de la profesión jurídica

En un artículo de Jet Set del 2015, donde habla un conocido y mediático abogado, se lee lo siguiente: “(Este restaurante que estoy abriendo) es una síntesis de lo que soy, de mis obsesiones, de la visión que tengo de la estética y de la buena vida. Aquí confluyen el culto a los sabores, la música que me apasiona, la farándula, la gente del periodismo y el poder. Y de paso me deja dividendos”.

Más adelante, el periodista, en un giro manido de la prensa rosa, caracteriza al abogado de marras como una persona “con una fuerza mediática indiscutible” y como “pasaporte a la convocatoria social”.

Con todo, el punto central del artículo no está en su texto, sino en sus fotos: aparece nuestro abogado en varias, donde hace ostentación de un amplio y sofisticado guardarropas. Las fotos invocan, en su versión masculina, el haute couture y las luxury brands, un verdadero mundo de consumo de las élites globales a las que estaban vinculadas, hasta hace poco, unos pocos empresarios y banqueros locales. Recordarán los lectores que, en un reciente episodio de corrupción judicial, la prensa reportó que el dinero pagado terminó, a las pocas horas, en la registradora de la firma italiana de ultralujo Bvlgari. Es interesante ver cómo ciertos segmentos de la profesión jurídica en Colombia se han apropiado de los imaginarios de distinción y sofisticación de las élites globalizadas y buscan afanosamente incorporarse a ellas.

En esta y otras apariciones mediáticas, nuestro jurista no pide excusas por el consumo ostentoso o por el exhibicionismo social. Se adscribe a una cierta tradición desvergonzada, nietzscheana en su progenie más profunda y que copia, más directamente, del abogado francés Jacques Vergès, quien se hizo célebre por su estrategia de escandalizar. “No soy un abogado vergonzante, pongo mi firma y mi cara en cualquier caso”. Esta provocación la dirige a los demás abogados que, según él, aceptan también estos casos y cobran los honorarios, pero ponen a firmar a segundones. Su objetivo en ser genuino y auténtico, al tiempo que posa milimétricamente para la cámara, para sus potenciales clientes y para la posteridad.

No tengo objeciones a esta imagen pública que nuestro amigo ha construido cuidadosamente. Su imagen es un problema solo suyo. Solo quisiera proponer dos tesis, una descriptiva y otra normativa: en primer lugar, que las élites de la profesión jurídica en Colombia están en búsqueda de nivelación con las élites jurídicas y financieras locales y que sus patrones de comportamiento y consumo constituyen ya un referente claro de éxito profesional. Este nuevo baremo, sin embargo, exige impensados niveles de ingresos para el mercado local. Quizás eso explique por qué los sueldos de las altas magistraturas (descomunalmente altos para el país y la región, aunque modestos frente a las verdaderas élites globales) ya no bastan para blindar contra la corrupción al proceso judicial.

La segunda constatación es normativa. Aunque su defensa parte de la libertad, quisiera argumentar que el modelo implícito de ejercicio profesional que irradia nuestro mediático abogado es inconveniente y peligroso para el ejercicio generalizado de la abogacía. Los abogados con convocatoria social y mediática construyen modelos de éxito que los más jóvenes observan y consumen. El principio del debido proceso, de hecho, consiste en el esfuerzo sistemático, en la medida de lo posible, de separar el poder social de la toma de decisiones jurídicas. Hay abogados que, en contra de este principio, buscan potenciar su capital social como base de la prestancia profesional. La convocatoria y cercanía con los poderosos no debería ser una ventaja profesional susceptible de marketing.

Afortunadamente conozco contra-modelos de ejercicio profesional que vale la pena proponer como alternativa: abogados para los que la modestia y la respetuosa distancia con los jueces es un valor que sus clientes deberían apreciar; abogados donde cuenta el conocimiento y la cercanía a las partes, y no la formación de círculos de socialización entre la profesión y los jueces. La existencia de una Muralla China entre jueces y litigantes ha sido siempre una forma válida de sabiduría profesional. Los jugadores de fútbol y los árbitros no deberían ser amigos íntimos ni tener empresas conjuntas. Si se acepta la existencia de una Muralla China ética, se prohíben los contactos ex parte con los jueces y se desaprueba la creación de ficticias oportunidades de contacto y cercanía con ellos que generan familiaridad o, al menos, cierto compromiso social. El último que debería mencionarle un caso a un juez es su amigo; y el juez no debería temer la socialización con la profesión, porque ella nunca debiera ser utilizada para contactos ex parte. El litigio puede ser también un espacio de austeridad, de trato respetuoso, pero distante entre los operadores jurídicos. Ese otro modelo profesional me parece más atractivo.

En el Derecho también importa, no lo ignoro, el poder y el posicionamiento social. Pero el Derecho es esa parte de la política donde, por aspiraciones de justicia, buscamos neutralizar al máximo posible la coerción, el miedo, las jerarquías y las diferencias de capital (económico, social, político, etc.). Aspiramos a escuchar a las partes, a que nos cuenten su historia y buscamos impedir que los poderosos siempre ganen por ser poderosos. El poder de convocatoria social como modelo de éxito profesional va en contra del modelo, más modesto y letrado, del abogado que trabaja en la carpintería de los argumentos y que presenta un caso desprovisto de la fuerza semiótica del ropero de ultralujo. Un modelo donde el capital profesional es más ético e intelectual, no político y social. Y no vale decir, a la Nietzche, que esto es simplemente una hipocresía o parte de la moralina tradicional. A veces el desvergonzamiento no es creativo, ni interesante, ni rupturista, ni intelectual, ni libertario, ni sofisticado. Es tan solo otra máscara.

Otras viñetas sobre Halloween y los abogados

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“Helen usó su cabeza para ganar la audiencia de Halloween”


'Are these billable hours?'

“¿Son estas horas facturables?”


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“Abogado especialista en negligencias médicas”

Por un #PorruaSinPlagios

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Un texto escrito por Darío Ángeles, Tito Garza Onofre, y Javier Martín Reyes

Hace un par de meses tuvimos (la poco grata) oportunidad de documentar un lamentable plagio, encontrado en un texto publicado por Editorial Porrúa. Se trata del libro Derecho administrativo integral, firmado oficialmente por Sergio E. Casanueva Reugart, pero que no es otra cosa que una colección de plagios. Como se evidenció en este análisis, al menos 181 de las 350 páginas contenían plagios completos de obras de otros autores, entre los que destaca Derecho Administrativo, de José Roldán Xopa.

Como hicimos del conocimiento público en su momento, el texto que documentó el plagio llegó a manos de Porrúa y ellos –muy amablemente, hay que reconocerlo– abrieron un canal de comunicación y dijeron estar abiertos a recibir propuestas para controlar sus contenidos.

Nosotros no podíamos dejar de aprovechar esta oportunidad para hacer propuestas de cómo mejorar la calidad de la más renombrada casa editorial jurídica de México. Les tomamos la palabra y concluimos que valía la pena democratizar y abrir el proceso a fin de elaborar una propuesta para Porrúa.

Así, en este espacio invitamos públicamente a la gente a que nos diera su opinión o comentarios sobre cómo mejorar los contenidos publicados en dicha casa editorial. Además, nos comprometimos a sumar y sistematizar las propuestas, a fin de enviárselas a Porrúa.

Desde aquí queremos agradecer a la gente que se comunicó con nosotros de muy diversas formas (correos, tuits, mensajes directos, conversaciones personales), unidas por el interés legítimo de conseguir materiales jurídicos de calidad en México.

downloadSabemos, por supuesto, que la calidad de los libros de derecho en México es un problema que va mucho más allá del papel específico que juegan las editoriales. No han sido pocas las veces que hemos discutido sobre la necesidad de mejorar, en general, la calidad de nuestra academia. Sabemos que son muchos los retos y sinceramente guardamos la esperanza de que, en el futuro, tengamos una realidad distinta.

Somos conscientes que las editoriales solo son una parte del problema (y de la solución) y que quizá debamos cambiar –al menos en el corto plazo– nuestras expectativas sobre el tipo de textos disponibles en el mercado editorial. Pero también estamos convencidos que las editoriales jurídicas, entre ellas Porrúa, tienen una ineludible responsabilidad con sus lectores. Como mínimo, las editoriales deberían garantizar que el contenido de lo que publican no sea el producto de un vil copy-paste. Y, por desgracia, la obra de Casanueva nos ha mostrado que esta mínima garantía no siempre se cumple, al menos en el caso de Porrúa.

Pero bueno, sin más preámbulos, a continuación presentamos un resumen de las opiniones que a manera de crítica nos hicieron llegar:

  1. La oferta de materiales de Librería Jurídica Porrúa se encuentra francamente desactualizada. En esta colección podemos encontrar un buen número de textos jurídicos de autores muertos hace ya varios años o décadas que, si acaso y en el mejor de los supuestos, se han intentado mantener “actualizados” por familiares y/o colegas. En otros casos simplemente se han tirado incontables reimpresiones que se venden como si fueran nuevas ediciones. Esto impide al lector tener conocimiento mínimo sobre la actualidad de la obra que adquiere, y hace que muchas veces termine leyendo sobre disposiciones reformadas o derogadas hace ya bastante tiempo. Dicho en pocas palabras: Porrúa vende, como tratados o libros de texto, obras que más bien deberían formar parte de una colección de Historia del Derecho o Clásicos del Derecho.
  2. El sello de Porrúa dice muy poco (o nada) sobre la calidad del texto. Aquí las críticas se centraron en el hecho de que una persona –particularmente alguien que está tratando de obtener nuevos conocimientos– no tiene forma de saber si el producto que adquiere tiene cierto grado de seriedad. En Porrúa uno encuentra extraordinarios libros, pero también textos de pésima calidad.
  3. Porrúa debería indicar, cuando menos, si ha sido sometida o no a un proceso de evaluación de su contenido (lo que implica, además, hacer públicos los parámetros de evaluación empleados). En principio, nos agrada que Porrúa tenga una amplia disposición de publicar los materiales que le hacen llegar. Pensamos que, hasta cierto punto, esta disposición permite abrir la discusión y hace que el público, consumidor final, sea quien juzgue si la obra vale la pena o no. Sin embargo, estamos convencidos que los sellos editoriales tienen un papel que va mucho más allá de la de ser meras imprentas; que una editorial seria necesariamente debe evaluar el contenido de lo que publica, pues de lo contrario incumplen con su responsabilidad social.
  4. Los contenidos de Porrúa son (muy) mexicanos. Los comentarios recibidos en este sentido no planteaban que publicar a autores mexicanos fuera algo negativo per se. Más bien, hacían eco de una petición propia de nuestro mundo globalizado: la gente quiere saber qué dicen los autores de otros lugares del mundo sobre el derecho. Y, agregaríamos nosotros, de preferencia con precios similares a los libros producidos en México (sí, todos quisiéramos comprar más ediciones de Trotta o de Cambridge University Press, pero la cartera duele). Como lo dijo un amigo tuitero (@DonMrMonster): “Porrúa es una editorial localista y enfocada a la realidad (a veces desfasada) del entorno mexicano, […] no estamos aislados y no sólo se escribe del o sobre el derecho en México”. No podríamos estar más de acuerdo: nos faltan aportaciones extranjeras y comparadas.

Pues bien, con base en esto, en los siguientes días elaboraremos un pliego de peticiones que es el que formalmente haremos llegar a Porrúa. Si tienen comentarios de ello, por favor, no duden en hacérnoslos llegar y –ahora sí– veamos qué puede (o quiere) hacer Porrúa por sus lectores.

Recopilación de servicios jurídicos gratuitos por el sismo en México

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Casi una semana después del sismo ocurrido en el centro del país, todavía queda mucho por hacer y por prever.

Resultan impresionantes los esfuerzos, los actos de solidaridad, y sobre todo las maneras tan distintas y creativas que cada persona (humana o no) y colectivo, desde sus campos profesionales o experiencias, han aportado en la búsqueda de restaurar nuestro territorio.

Poetas, ilustradores, periodistas, artistas, rescatistas, ingenieros, diseñadoras, psicólogas, médicas, enfermeros, taqueros, todos y todas, de alguna u otra manera, están sumando esfuerzos de forma voluntaria en estos momentos tan complicados por los que están pasando muchas personas en México.

A pesar de que la ayuda no ha parado, lo cierto es que en los próximos días se tendrán que poner a discusión y comenzar a solventar ciertos temas (como reglamentos de construcción, condiciones laborales, reparaciones e indemnizaciones, trámites y burocracia en general) que indispensablemente pasan por el análisis jurídico.

En ese sentido, como operadores del derecho, antes que actuar de forma intempestiva, tenemos bastante que pensar y estudiar para no entorpecer y obstaculizar ciertas labores.

Habrá que tener en cuenta, como bien me hace notar Chema, que los abogados somos tan inútiles que necesitamos que el Estado exista para poder funcionar y desplegar nuestras labores. Por lo que, en crisis como esta, por el momento, quizá el mejor recurso que tenemos, además de tomar una pala y un casco, es ir analizando, estudiando y, en general, preparando el terreno para lo que se venga en relación a los temas de responsabilidades de las constructoras y el gobierno, pero una vez que la normalidad llegue al sistema de justicia…

Precisamente, estos días, creemos que para nada de mala fe sino por el contrario debido a falta de comunicación y una serie de irreflexivos juicios y decisiones, se cometieron varios errores al momento de interponer un amparo que buscaba detener el ingreso de maquinaria pesada en las labores de reconstrucción en la Colonia Narvarte, en Ciudad de México. Acá en Nexos se encuentra una reseña de lo sucedido y en la página de la ONG involucrada también es posible informarse, desde esa óptica, sobre lo que pasó.

En ese sentido, resulta pertinente hacer un llamado a todos los operadores jurídicos que se involucren en estas tareas a buscar la prudencia, la mesura, y sobre todo a fomentar la sinceridad y la claridad en la comunicación entre aquellas personas que necesiten de su ayuda.

Se puede hacer mucho desde lo jurídico, ya lo escribió hace unos días profe Xopa, “en la reparación de daños (y daños punitivos) por obras defectuosas, el derecho civil es revolucionario”…, pero todo a su debido tiempo, y siempre de forma organizada, tomando en consideración la mayor cantidad de información posible (de preferencia de primera mano) y solo asesorando si somos especialistas en la materia.

Geraldina González de la Vega propuso el HT #RevisaMiCaso para facilitar la búsqueda a través de redes de este tipo de información, a partir del mismo y hasta el momento, esta es una recopilación de los servicios jurídicos gratuitos y colectivos para el sismo que se pueden encontrar de forma electrónica.

  • RED PRO BONO MÉXICO: Appleseed, Fundación Barra Mexicana y Centro Mexicano Pro Bono. Página para llenar el formulario correspondiente y recibir asesoría jurídica particularizada. También se cuentan con números de WA que responden preguntas.

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  • FACULTAD DE DERECHO DE LA UNAM: Página de preguntas y respuestas con las principales dudas jurídicas para personas afectadas por el sismo, categorizadas por especialidad. Por acá también el teléfono y el correo electrónico: 5622-2009 / asesoria@derecho.unam.mx

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Borde Político realiza esta infografía y reenvía al sitio recién descrito de la UNAM

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  • INCAM, EL COLEGIO DE NOTARIOS DE LA CDMX, UP, Y REVISTA IDC: Habilitan sus correos electrónicos para responder dudas jurídicas.

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  • BASE DE DATOS DE ABOGADOS EN LO INDIVIDUAL: Organizados por nombre, materia, tipo de asesoría, lugar de residencia, teléfono celular, teléfono fijo y correo electrónico. ACA es posible encontrar el listado.

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¿En México cuáles son los Estados con más abogados y con más escuelas de derecho? A propósito del mes patrio y los datos del CEEAD y de la SCJN

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De niño te enseñan que México tiene forma de cuerno de la abundancia. De cornucopia, de ese artefacto imperecederamente productor de prosperidad y riqueza, que nos proyecta como un espacio feliz, un lugar donde la escasez es excepción y el bienestar una constante.

El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros de petróleo el diablo” escribió Ramón López Velarde, en los versos más lindos que se han escrito sobre este país, como para recordarnos la ambivalencia que implica intentar organizar y disponer estas tierras. Hay que acostumbrarse a administrar la abundancia, dijo el difuso ex presidente López Portillo…

Todo mal, todo falaz, todo idílico, todo, de alguna u otra manera, contradictorio. Es decir, muy tendiente a creer que lo cuantitativo prima sobre lo cualitativo. Pero en fin, como siempre, no todo es mentira, ni todo es verdad. Lo cierto es que en cuestiones legales, en producción jurídica, seguimos teniendo una abundante cantidad de escuelas de derecho y, eventualmente, de abogados, que esto parece que se nos está yendo de las manos.

Aprovechando las fiestas patrias, la gloriosa independencia de nuestra nación, vale la pena traer a colación algunos datos, propongo dos. La conocida infografía anual del CEEAD respecto al número de escuelas de derecho y una reciente que sacó la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sobre el número de cédulas profesionales divididas por territorio.

A ver una cosita solamente antes de entrar exponerlas…, abro paréntesis…, los dos materiales dan para mucho, su análisis particular, así como también al cruzar la información se puede generar un buen referente para indicarnos algunas problemáticas que van desde federalismo, burocracia, litigiosidad, oportunidades de trabajo, igualdad, mil cosas, ¿va?, listo, todo bien, todo fain. También para cuestionarnos cuántos abogados son muchos abogados, no nos apresuremos y emitamos un juicio alarmista sobre la cantidad antes que analizar la calidad. A todas luces resulta escandalosos los números pero al desagregarlos y pasarlos por varios filtros puede ser que estos no reflejen nítidamente lo que sucede, porque no por el solo hecho de tener cédula significa que se está ejerciendo la profesión, ni que el hecho de que una escuela de derecho exista viene a reflejar que de forma automática ya se cuenten con un alto número de titulados. Hay que pensar bien estos datos y reflexionarlos detenidamente. No cabe duda que el acceso a la justicia en México, es un tema urgente a tratar, uno de los derechos menos garantizados y sobre el cual se erigen muchos otros, sino es que la justiciabilidad de todos los demás. Queda claro. En ese sentido, el problema transita por ahí, por sus operadores y quienes accionan el sistema de justicia. Me queda claro que hay problema, lo que hay que hacer es idear maneras para abordarlo. Por el momento, todavía toca difundir y llamar la atención sobre el tema. Así que por espacio, energía, y mil pendientes, me limito a eso en este post. Les prometo que estamos trabajando en algo más grande. Cierro paréntesis…

Primero la del número de escuelas de derecho en México que, según el CEEAD, para este ciclo llegan a la nada despreciable cantidad de MIL SETECIENTAS SETENTA (1770), y en el top 5 de Estado con mayor número se encuentran:

  1. Estado de México
  2. Ciudad de México
  3. Veracruz
  4. Guanajuato
  5. Jalisco

Después la que hace varias semanas sacó la SCJN, que aunque no dice el número total de cédulas profesionales para abogados existen en el país nos da una muy buena referencia de su distribución geográfica.

  1. Ciudad de México
  2. Estado de México
  3. Puebla
  4. Nuevo León
  5. Veracruz

Está raro. O no raro. Complejo. Hay que echarle cabeza y validar algunas de estas cifras para ver por dónde se pueden pensar y hacer algo al respecto. En cualquier caso, sirva esta entrada para seguir visibilizando algo que parece que no importa, que no es prioridad dentro de la agenda política. Hay que hacer algo respecto a la forma cómo se enseña derecho en México, algo sobre cómo está regulada la profesión. Abundan abogados que busquen la justicia y abundan escuelas de derecho que enseñen lo que es la justicia, lo que difícil y contradictoriamente no se encuentra en este país es justicia.

Sobre los libros Porrúa del ex presidente Vicente Fox

Una persona que se ha ido caricaturizando a sí mismo con el paso del tiempo”, así fue como definió José Ramón Cossío a Vicente Fox, cuando le pregunté su opinión sobre el ex presidente de México, quien, precisamente, lo postuló como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Me parece que aunque tiene razón, su descripción se queda corta, porque lo cierto es que desde un tiempo para acá, Fox se devela como un hazmerreír, como un idiota, un persona de corto entendimiento tan enloquecida como terca que busca llamar la atención por el solo hecho de llamarla.

El lúgubre personaje en el que se ha convertido ese embustero que, hace 17 años, envolvió a todo un país bajo la idea de cambio, al día de hoy oscila mediáticamente entre penosas cápsulas de YouTube, disparatados tuits, y (acabo de descubrir), un tipo de cápsulas o mini programas de tele en Milenio Televisión, audazmente denominadas “FOX POPULÍ” (una especie de fatuos y presuntuosos monólogos donde el ex mandatario habla sin decir nada, abusando de la palabra fácil y aprovechando la siempre atractiva coyuntura política).

Contenido y personaje aparte, vale la pena destacar el espacio en el que se desarrollan las cápsulas del guanajuatense…

¡En efecto!, no podría ser de otra forma: libros jurídicos editorial Porrúa. En diferentes colores, con sus inconfundibles letras doradas y pastas de cuero de marrano. Todos y cada uno de ellos ahí se encuentran bien acomodaditos, incluso, como bien lo hizo notar Aldo Partida, los cuatro tomos del diccionario jurídico de la UNAM, nadie se queda fuera de escena.

Esto podría parecer menor, tal vez  un mero tema tangencial de índole estética, quizá una broma de mal gusto, pero no. No lo es. ¿Por qué? Porque, si esto se piensa un poco en clave simbólica, es posible descubrir que esta idea de aparentar dentro del campo jurídico se encuentra difundida más allá del mismo. Digo esto, porque Fox, no es abogado. Estudió, según recuerdo, administración de empresas, o algo así, y se tituló, según recuerdo, meses antes de ser presidente, o en plena campaña, o algo así.

El caso es que muchos de los libros que publica editorial Porrúa son ornamentales, sirven para adornar antes que para generar contenido o discutir ideas. No me explayaré mucho en esto pues en este mismo espació se abordó este tema un día que el presidente Peña Nieto emitió un mensaje y detrás de él se encontraban varios libros de la misma casa editorial; y también cuando en compañía de Darío Ángeles develamos un plagio de esta clase de material de Porrúa por parte de Sergio E. Casanueva Reguart (que al día de hoy sigue sin mencionar nada al respecto) en “su” libro Derecho Administrativo Integral.

Ya no me sorprende cómo Fox ganó una elección presidencial… Me sorprende porque sin ser abogado compra libros Porrúa. Quizá tal vez, pero solo tal vez, como bien lo dijo Octavio Martínez Michel, al parecer en el imaginario colectivo se encuentra muy arraigada la idea de que estos libros te hacen ver profesional. Que dentro del derecho, la forma sigue prevalenciendo sobre el fondo. No importa que no seas abogado, lo importante es que parezcas abogado. No importa que no hayas leído un libro, lo importante es que tengas libros.

Sobre el comic #JusticiaAbierta de @CarlosSotoM @MariaSilvaTE y @GuffoCaballero

El afamado cuento Ante la Ley de Franz Kafka me parece uno de los mejores ejemplos que se han ideado para explicar la lógica del funcionamiento de cualquier sistema de justicia. Aunque no es momento de explayarme sobre dicho relato, me parece tan cruda como verídica la idea que ronda el escritor nacido en Praga respecto al hermetismo, violencia, ajenidad e indiferencia que entraña la impartición de justicia. La eterna espera del campesino que se presenta ante las puertas de la ley custodiada por ese tétrico guardián barbado, viene a desmentir determinados conceptos preconcebidos sobre la justicia preconcebida como algo de acceso universal, de rápida y eficiente diligencia, y articulada sobre la base del respeto de otros derechos.

Bueno pues Kafka ideo ese cuento en 1915. Hace ya más de cien años. Y aunque se pueda decir que las cosas han cambiado, lo cierto es que resulta difícil hablar de que enfrentar al derecho, apercibirse ante las puertas de la ley, sigue siendo una actividad más bien hermética y repleta de turbias complejidades.

La revictimización que sufren las personas al interponer sus pretensiones ante tribunales, el fuerte componente clasista dentro de las estructuras del propio sistema, la indiferencia e ignorancia de muchos funcionarios jurisdiccionales, los engorrosos trámites, lo arraigado del formalismo en nuestra cultura, el aislamiento de la disciplina jurídica, etcétera, etcétera, etcétera…, son múltiples y diversos fenómenos que difícilmente pueden modificarse, ya no digamos de la noche a la mañana, sino cada tantos años.

El lenguaje como componente fundamental dentro del ejercicio del derecho, resulta clave no solo para establecer un mínimo común denominador con relación a nuestros vínculos relacionales, sino también para forjar las dinámicas sobre las que se despliega este fenómeno. Sobre esto se ha escrito mucho, sin embargo, parecería que de forma continua la agravada tecnificación del lenguaje sirve como excusa para anclarnos en lo anacrónico y lo añejo. No por nada se dice qué aun y cuando la Iglesia Católica ha dejado de usar el latín, nosotros los abogados lo seguimos manteniendo.

Cuando le pregunté a Justice Cossío sobre este tema y la impartición de justicia en México, me respondió: “creo que existe un discurso sobre el lenguaje claro, sobre accesibilidad, pero creo que no se ha transformado en lo más mínimo. Creo que seguimos teniendo pésimas sentencias, pésimas demandas. Un lenguaje crecientemente defectuoso“. No se equivoca.

Screen Shot 2017-08-20 at 7.09.17 PM.pngHace días salió a circulación un comic sobre la importancia de la Justicia Abierta ilustrado por mi paisano regiomontano, el buen Guffo Caballero, e ideado y compuesto por la magistrada María Silva y el magistrado Carlos Soto, donde en dieciséis páginas, de la mano de un martillito (yo prefiero llamarle así, pues su nombre correcto (mallete) es más bien un tanto feo) y una lupita, se trata de evidenciar la importancia de utilizar ciertos principios guías al momento de impartir justicia.

Después de leer el comic, me parece que este se puede dividir en tres apartados que a continuación reseño de forma bastante sucinta. En la primera se realiza un repaso por ciertas ideas que es importante socializar y propulsar para mejorar el sistema de justicia en cualquier sociedad que aspire a su consolidación democrática, así como también se proponen algunos mecanismo para involucrar a la sociedad al momento de impartir justicia. Después, en un segundo momento, se enlistan seis beneficios puntuales de la Justicia Abierta, que van desde mejoras económicas hasta el fomento de capacidades intelectuales y el fortalecimiento de principios institucionales. Por último, y aunque solo en una página pero muy importante, se realiza un breve diagnostico sobre este tema en México, a la vez que se describen un par de acciones para impulsarlo.

Pues bueno, yo no sé si esto se pueda medir, se pueda categorizar, o incluso si se pueda traducir en beneficios concretos para nuestro entorno jurídico-político. Quién sabe, ojalá. Lo que por el momento sí puedo hacer es alegrarme por pensar otras formas de pensar el derecho, porque estos esfuerzos valen la pena por su pretensión de socializar lo que hacemos más allá de nosotros mismos.

Idear nuevos esquemas sobre los que podamos convertir al campo jurídico en un campo menos hermético y asilado, es una tarea muy pero muy compleja (que a algunos se les hace aburrida y a otros les parece algo pueril) que conlleva comunicarnos mejor para que podamos entendernos, exigir, criticar y reflexionar sobre nuestra propia comunidad.

A continuación replico de forma íntegra el trabajo de Guffo, María y Carlos.



 

Otras 12 palabras que usan los abogados, una nueva lista compilada junto con Nora Picasso

Genaro Carrió, uno de los escasos teóricos del derecho que ejerció como abogado, al traducir y prologar en los años sesenta un texto de uno de los principales líderes del movimiento del realismo jurídico norteamericano, Felix Cohen, escribe que: “El lenguaje específico del derecho, con su ejército de palabras divorciadas del uso común, puede llegar a ser un obstáculo formidable en el camino de la claridad y aún de la sensatez”. No se equivoca.

Hace año y medio en este espacio publicamos 16 palabras que usan los abogados, una lista que compilaba distintas expresiones las cuales fuimos encontrando al leer demandas, sentencias y, en general, textos jurídicos, que de alguna u otra manera nos parecían extrañas, anacrónicas, u obtusas (justo como estos adjetivos que estamos utilizando, perdón, perdón de corazón).

El afamado “abogañol”, ese idioma raro que usan los operadores jurídicos para enmarañar a la vez que supuestamente adornar sus labores, al final del día mina la vocación de apertura y transparencia que debería conllevar la mera existencia y desarrollo del fenómeno jurídico.

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Definición nuestra, siguiendo los inmaculados e infalibles criterios de la santísima y purísima Real Academia.

Entre los tecnicismos y las apariencias, los siempre bien habidos latinazos y las formalidades exigidas, muchas veces, los usos y abusos de este tipo de nociones alejan al derecho de las personas, generando una hermética dinámica en la que los no iniciados difícilmente pueden comprender y participar de la misma.

Como lo afirmamos aquella primera vez: La intención no es que estas palabras que usan los abogados dejen de utilizarse, ni tampoco pretender que el lenguaje jurídico no involucre conceptos técnicos; sino, simple y sencillamente, buscamos impulsar una revaluación de cómo construimos nuestra profesión, de las formas en que nos comunicamos entre nosotros y socializamos nuestro trabajo.

  • “Adminicular”
  • “Envergadura”
  • “Contumaz”
  • “Impetrar”
  • “Parangón”
  • “Argüir”
  • “Corolario”
  • “Nugatorio”
  • “Supérstite”
  • “Incardinar”
  • “Acicate”
  • “Menester”

*Este texto fue escrito en coautoría con Nora Picasso.

Sobre Harry Potter, Roscoe Pound, magia, la Ley y el Orden, y enseñanza del derecho

Mañana cumple años Harry Potter. Y las relaciones entre este personaje y el derecho son bastantes (acá en el blog ya he escrito mucho sobre el tema). Leyendo sobre realismo jurídico norteamericano, en específico sobre la figura de uno de sus exponentes más emblemáticos, a la vez que mas radicales, Roscoe Pound (ideólogo de la postura que postula el escepticismo sobre los hechos), me encontré en uno de sus libros, exactamente en Courts on Trial: Myth and Reality un American Justice, la siguiente cita sobre la noción que este jurista tenía sobre la magia y su relación con el derecho…

El fenómeno de la magia para mi puede entenderse como una forma de explicar el derecho moderno, así como el ritualismo en este campo social. Estoy seguro que el mecanismo psicológico entre el lenguaje jurídico y el uso de la magia en las sociedades primitivas es el mismo: ambos trataban de influir en las cosas más allá del control inmediato de un individuo”

La cita da para mucho, para construir sobre la misma una tesis entera desde la vertiente analítica del derecho. Y es que las relaciones entre lenguaje, operadores jurídicos y magia creo que tiene potencial. Pero por el momento estoy tan cansado, y en mis últimos días de vacaciones, que antes que empezar a teorizar sobre la misma, me limito a transcribir la definición que la Real Academia proporciona de magia, digo de derecho, digo de magia… Digo… Ustedes elijan.

Arte o ciencia oculta con la que se pretende producir, valiéndose de ciertas palabras y actos, o que con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales.

Eso y un meme, sobre su aprendizaje de estas ciencias oscuras. En cualquier caso, feliz cumple al mago que venció a He-Who-MustNot-Be-Named.

Decir que ver Harry Potter te enseña a ser mago, es como decir que ver La Ley y el Orden te enseña a ser abogado


Viñetas de abogados.