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A propósito de Una novela criminal de Jorge Volpi. O Florence (Cassez) + The Machine, una reseña criminal

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Primero, una advertencia (se puede omitir si el interés radica en la novela de Volpi).

Hace años realicé en este blog una reseña de la novela Justicia de Gerardo Laveaga. Lo escribí, como muchas veces escribo mis entradas domingueras para este blog, de forma más bien intuitiva, sin que me cueste el tiempo que me cuesta escribir en otros espacios, podría decir, incluso, de forma un tanto apresurada, recuerdo que no tardé más de una hora en terminar. La reseña, en la cual claramente reflejo mi disgusto por lo ficcionado por Laveaga, se compartió en redes, llegando a las manos de un querido amigo que me ofreció publicarla en una revista estudiantil de una escuela de Derecho de Guanajuato. Afiné un poco el texto (nada del otro mundo, quitando algunas ironías y referencias innecesarias pero sustancialmente manteniendo la idea de que me parecía una mala novela) y meses después vio luz la reseña. Como, por lo general, suelo hacer con cualquier texto de mi autoría que se publique en algún medio impreso con ISBN, lo escaneó y lo subo a la plataforma de Academia, simple y sencillamente, para tener registro y, a manera de archivo, organizar un poco lo que he escrito a lo largo del tiempo.

El texto fue un éxito en dicha plataforma, superando con creces en descargas a cualquier otro pinche paper, artículo de revista, sesudo texto que me he tardado en escribir más de seis meses…, con decir que dejó muy por detrás a la entrevista que le realicé a Manuel Atienza, creo que se puede tener una idea. No entendía por qué, hasta que un día descubrí que extrañamente todas las descargas provenían de una zona específica del país, al indagar en esto, y visualizar los motivos que exige Academia para descargar algún texto publicado ahí, descubrí que en alguna escuela de Derecho en la clase de Introducción al Estudio del Derecho, semestre tras semestre, un profesor les pide a sus alumnos que lean la novela de tarea y hagan una reseña sobre la misma. Las justificaciones para bajar mi reseña son divertidísimas desde “el libro está muy caro”, hasta “el profesor me va a reprobar” o un sincero “no voy a leer algo tan largo”.

El texto se compartió al grado que llegó a manos del autor, quien a través de un tuit, según recuerdo, me decía que la literatura era cuestión de gustos. Ahora mismo busco el tuit y veo que profe Xopa entró a mediar, para descubrir que al final, tal parece que Laveaga sí se lo tomo a mal pues borró el tuit y, de paso, también me dio unfollow. Todo bien, no pasa nada, sin rencores.

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Dicho esto, y pensando en las implicaciones y la responsabilidad que conlleva publicar, o más bien que un texto por azares del destino llegue a ciertos lectores, bien vale la pena decir que lo que a continuación escribo no es, propiamente, una reseña sino un montón de proyecciones personales articuladas después de reventarme las casi 500 páginas de la novela de Volpi, de la profesión que ejerzo, del conocimiento del caso, y del escaso bagaje literario que pueda llegar a tener.

En ese sentido, antes que servir para orientar a un potencial lector sobre la novela en cuestión, lo ideal sería que se leyera la novela y se compartan diferentes opiniones sobre la misma, para así juzgar desde diferentes ópticas. Eso precisamente fue lo que pasó con Justicia de Laveaga, fuera de él, dentro de mis conocidos en el gremio, no conozco a nadie que la haya leído, pero sí conozco a gente que dice que no va a leer la novela porque leyó mi reseña…, nada más errado. Lo que aquí plasme, no tiene algún tipo de autoridad de cualquier índole para influir al respecto. Cada quién que lea lo que quiera, más allá de sus filias y sus fobias. Lo que a continuación escribo lo hago más que por emitir un juicio simplemente por la necesidad de expresar lo que me generó su lectura, porque quiero y porque creo que si se escribe una novela (que además fue laureada) sobre un afamado caso jurídico de mi país, tengo que leerla, porque me gusta leer y porque tengo el tiempo en estos momentos, vamos que se juntó el hambre con las ganas de comer, pero por favor relajémonos, lo de pisar callos, tomarse las críticas de manera personal, como afrentas, como si el ego fuera quien dictara los parámetros del éxito es una idea tan errónea como vacua. Justo ayer intercambiaba mensajes con una colega que refería una patética anécdota sobre andarse con cuidado en el gremio por incomodar a algunos a partir de un texto académico de su autoría. No va por ahí, de verdad, el gremio abogadil, destella un absurdo profesionalismo basado en una constante ejercicio de relaciones públicas, vayamos desterrando estas ideas y podamos enfrentarnos, carearnos y criticarnos a partir de un ejercicio que pueda develar nuestras verdaderas intenciones por auxiliarnos los unos a los otros. No sé si sea algo exclusivo de quienes ejercemos el Derecho o, por el contrario, es algo propio de nuestra condición humana, pero en definitiva los celos, la egolatría y las presunciones se acentúan cuando se realiza algún ejercicio crítico dentro de la profesión.

Después de todo este rollo he de decir que Una novela criminal no me gustó, que más bien me parece una novela que no es una novela, una novela mala, por no decir indebida.

(Aquí comienzo a escribir sobre la novela)

La novela de Volpi trata sobre un caso judicial, y desde sus primeras páginas advierte que será una novela documental, o una novela sin ficción, ok, va. Pero, si esto es así, su lectura me da la impresión que parece una especie de cuarta instancia del caso de Cassez o un mero chismógrafo jurídico. Lejos, pero bastante lejos de A sangre fría de Capote, o recientemente de Cercas y Carreré con El adversario y El Impostor, respectivamente, se sitúa este proyecto. Lo digo porque no hay que olvidar que ganó el Premio Alfaguara de novela 2018, otorgado por un jurado presidido por Fernando Savater, quien a su vez el año pasado fue homenajeado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara por un conjunto de autores entre los que se encontraba Jorge Volpi (algo más bien autopoiético, en terminología de Maturana y Varela). Un premio que, preponderantemente, han ganado grandes novelas, novelas a secas, ficciones, composiciones que puedan despertar en sus lectores la imaginación y sobre eso construir nuevos escenarios y transformar la realidad, tan lúgubre y básica que difícilmente resulta tolerable. Para el caso de México un premio que solo han ganado Elenita Poniatowska y Xavier Velasco. Más allá de política literaria y de lo difícil que resulta la credibilidad de ciertos galardones, mi problema es con la estructura de la novela. Es decir, cuando leo, me gusta leer para suponer y vislumbrar alternativas y posibilidades, para vivir otras vidas, y llenar los vacíos y las insuficiencias de la cotidianidad, si quisiera sumergirme en la rutina, y más como abogado, pues de lo que se trata es de eso, de tomar otro expediente, estudiarlo, organizarlo, armar sus estructuras y tratar de indagar lo más que se pueda al respecto. Pues nada, eso es lo que hace Volpi, aprovechando su formación como jurista (de la cual ya he hablado en este blog), este dedica los últimos tres años de su vida a organizar no diría uno de los casos más complejo en la historia jurídica del México contemporáneo pero sí uno de los más politizados y mediatizados.

Si seguimos la idea de la novela documental o la novela sin ficción, en lo personal encuentro varias inconsistencias, veamos, varias cosas que por amigos y por personas cercanas al caso sé que no sucedieron así, me consta. La verdad es parcial, nada de posverdades, ni mucho menos, al final, la selección de voces que elige Volpi para estructurar su documento ineludiblemente resulta sesgada, y esto no es malo es simplemente saber de las limitantes que conlleva mezclar un par de disciplinas como el Derecho y la literatura.

Ahora bien, sinceramente yo no quería leer la novela (tengo una pila de ensayos y novelas pendientes que sospecho nunca iniciaré) pero había que leer la novela, digo la no novela, la novela sin ficción. Gana el morbo y resulta pintoresco encontrarte en las páginas de una novela, digo de un texto que no es una novela sino una novela sin ficción, a profesores, amigos, jueces, periodistas, colegas… Así, uno descubre un conglomerado en el que aparecen no solo muchos de los actores relevantes de los últimos años en el escenario jurídico-político sino también personajes tan aleatorios como determinantes para el devenir de lo relatado, con decir que aparece hasta la mamá del ministro de la Suprema Corte José Ramón Cossío, o también Luigi Ferrajoli.

Screen Shot 2018-06-11 at 1.25.08 PM.pngSí, la verdad es que está bien. No está mal esbozar a través muchas páginas perfiles de personas y de personajes que conoces de lejos o de cerca, pero que conoces. Las partes de la insufrible Isabel Miranda de Wallace, del patético de Carlos Alazraki, las grillas entre los ministros de la Suprema, la desesperación de los involucrados, la fantochería de los magistrados, las sorprendente actuaciones (para bien y para mal) de diversos periodistas (no me refiero a Loret), los claroscuros de Vallarta, la justicia selectiva y clasista, los vínculos relacionales entre quienes ocupan los puestos de poder, el duelo de egos entre Calderón y Sarkozy, la influencia que tenía García Luna, los abogados siendo abogados, los policías siendo policías, la astucia de Carbonell, el papel de los jerarcas de la Iglesia católica, la decisión de Héctor de Mauleón para escribir sobre el caso después de empinarse una botella de Glenlivet, la connivencia de Guadalupe Loaeza, el consejo de Claudio Grossman que se torna crucial para el final de caso…, pero, de nueva cuenta, está bien, sin embargo me sabe a poco. Vamos, demasiada realidad termina incluso por hacer desconfiar de la misma. O por propulsar una parte de la misma y ocultar otra.

Hay partes muy tediosas, partes de interrogatorios, que quizá era la intención del autor…, generar ese sentimiento de desasosiego, de cierta desesperación que muchas veces implica el ejercicio del Derecho y la impartición de justicia, insisto, y ahora caigo en cuenta y rectifico, la novela no es que sea mala, es que no es una novela, se me olvida que más bien es una novela sin ficción.

A ver, me vuelvo a excusar, para alguien que se dedica de tiempo completo al Derecho, en específico, a estudiar el Derecho, pues no hay mucha diferencia de revisar una tesis de alguno de mis mejores alumnos, o bien organizar un paper o realizar un estudio de caso, que leer Una novela criminal. Volpi evoca a El proceso de Kafka (¡cómo no hacerlo!) para encontrar un símil en su relato. Mmmmmmm no sé, o (ZzzZzzZzzzzzZ)sea sí pero no, vamos, de verdad como literatura jurídica, como un relato judicial no ficcionado me resulta un tanto escaso de creatividad.

Se nos escapa otra gran oportunidad para escribir una gran novela jurídica de índole mexicana a manos de un gran novelista. Imagino los años, el tiempo que le invirtió Volpi a este proyecto y digo: ¡chingado, ojalá lo haya hecho a partir de la ficción!

Y ojo, yo exijo (ojo quizá también por mi formación y por que a esto me dedico) que Volpi no vuelva a escribir novela sin ficción. Lejos está No será la tierra, muy muy lejos Klingor, tanto que ya casi ni se vislumbra. Que no escriba otra novela sin ficción porque tampoco es un ensayo, difuminado está Leer la mente y la pinche joya que resulta El insomnio de Bolivar.

De nuevo trataré de aclararme, como novela es mala (porque no es una novela), como novela sin ficción pues mehhhhhh. O sea, no es que sea un parámetro objetivo pero suelo subrayar mis libros cuando encuentro las frases que más me gustan. En la novela de Volpi solo subraye cuestiones técnicas, cuando me encontraba alguna discrepancia con hechos que conocía del caso, al sorprenderme viendo reflejados a personas que conozco y poco más. No es por nada pero el prefacio está bonito y también la nota del final para comprender mejor a lo que uno se enfrenta. De hecho Jesús Silva-Herzog Márquez, en una nota que escribió sobre la novela, parte de la importancia del epígrafe (sospecho que fue lo único que leyó), y aunque es una reseña o una nota bastante diferente en comparación con lo que nos tiene acostumbrados (insisto, me parece que no refleja el contenido del libro), resulta favorable y asumible como un buen ejercicio para criticar al sistema de justicia en México, a la manera de hacer política judicial, en otras palabras, y de nueva cuenta, los mismos diciendo lo mismo sobre lo mismo.

La analogía con Kafka se me hace no solo fallida sino preponderantemente común. Se me ocurre una analogía más imaginativa, millennial, amigable y musical: Florence (Cassez) + The Machine. Pues al final es eso, el relato de alguien que enfrenta al sistema. Poco más.

¿Recomendaría la novela? Sí y no. Porque no es una novelaooooquelaverga. Cuando el acta del jurado que le concedió el Alfaguara dice que es un libro que rompe todas las convenciones del género, no se equivoca pues el texto es ambicioso políticamente, jurídicamente más o menos, pero literariamente en definitiva no. La descripción, me recordó una escena de Los Simpsons cuando en una feria mediaval se presumen animales fantásticos, por ejemplo el mitológico can de dos cabezas que nació con solo una cabeza y el legendario Esquilax, un caballo con cabeza de conejo y cuerpo de conejo.

De las tinieblas de la historia aparece el legendario Esquilax, un caballo con cuerpo de conejo y cabeza de conejo.png

Al final, perdón…, perdón, perdón, perdón, parece que volví a escribir una pinche reseña sobre la novela, digo sobre una novela que no es una novela. Sin embargo, no se me malinterprete, juro que no fue mi intención, en todo caso que se me acuse de haber escrito una reseña criminal. Una no reseña sobre una no novela.

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Dónde estudian los abogados No. 1

Estuve toda la semana en Puebla, me sorprendió gratamente es un lugar lindo, no había tenido la oportunidad de conocerlo a fondo. Me llamó la atención no solo la gran cantidad de iglesias por kilómetro cuadrado que tienen, sino también el alto número de escuelas de Derecho en donde se forman y estudian los futuros operadores jurídicos, según datos del CEEAD en este Estado de la república mexicana son más de 130. Aprovecho esta nueva sección del blog para compartir algunas de esta amplia oferta educativa…

Comienzo con este ubicado en el mero centro de Puebla… El Colegio Minimalista de Ciencias Penales, seguramente Ferrajoli algo tendrá que ver.

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Viñeta sobre abogados y argumentos

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“Caballeros, parece que están listos para sus argumentos iniciales”


Viñetas sobre abogados.

Abogados y política

Me mandaron esto desde Colombia pues allá, como acá en México, también es tiempo de elecciones…

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No sé si se pueda generalizar, ni aplicar el zapatero a sus zapatos, pero bueeeeeeno. Si de lo que se trata es de protestar para eso nos pintamos solos.

Viñetas de abogados y el diablo

Hace unos días se armó una controversia porque en una entrevista el papa Francisco dejó entrever que el infierno no existe. Después salió a rectificar el Vaticano y todo bien, pero aprovechando la coyuntura del inicio de Pascua, por acá algunas viñetas de algo que sí existe, abogados y el diablo.

BC0012Hell-of-a-Lawyer-color.jpg“Eso es un infierno de abogados.”

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“Señor tenemos un problema, la sección para los abogados está totalmente sobrepoblada”

“- Su señoría, con todo respeto, el abogado defensor claramente no cree lo que está diciendo. Él solamente está jugando al abogado del diablo. – No lo esto. – Tú estás literalmente abogado por el diablo. Satán está justo a tu lado.”

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“Encontramos al acusado culpable de estar en los detalles.”


Viñetas sobre abogados.

Abogados y el día de San Patricio

Ayer fue día de San Patricio, antigua tradición irlandesa que se ha globalizado y mantenido hasta nuestros días para usarse como excusa para embriagarse y vestirse de verde. Celebración que combina dos elementos prototípicos en la profesión jurídica: es el desaforado consumo de alcohol y las serpientes. A continuación, dos imágenes que ilustran lo dicho.

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Cinco datos que no conocía sobre Ronald Dworkin

Ya he charlado con algunos profesores, colegas y demás gente del mundillo jurídico, incluso lo he posteado en este espacio, sobre la falta que hace escribir y conocer la microhistoria de la filosofía del Derecho. Conozco un par de grandes biografías, varios artículos académicos, algunos ensayos, pero sobre todo, prólogos, u obituarios en los que se suelen encontrar relevantes anécdotas para comprender de mejor manera los contextos de las ideas que sostienen y forjan  esta compleja y hermética disciplina.

Volví a Dworkin, porque uno siempre vuelve a Dworkin. No, como algunos me lo echaron en cara, para tratar de justificar la constitución moral que hace días propuso el candidato a la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador. Nada más errado (ABRO PARÉNTESIS (de hecho, me parece, que este tema más allá de encerrar peligrosos saltos conceptuales tanto de militantes como detractores por querer decir algo al respecto, bien podría solventarse a partir de lo que Genaro Carió denominó como una “seudo-disputa originada en equívocos verbales”, es decir, creo, que por el contexto y las condiciones de nuestra democracia, ni la idea de constitución ni la de moral del político tabasqueño refieren a los postulados postpositivistas bosquejados en las últimas décadas por distintos teóricos del Derecho, ni tampoco la cuestión valorativa y el compromiso respecto a nuestros ordenamientos constitucionales pueden evocarse de buenas a primeras hacia cualquier fenómeno que encierre el concepto “moral”, pero bueno, da igual, al parecer, en estos tiempos de lo que se trata es de politzarse y radicalizarse por el mero hecho de convivir) CIERRO PARÉNTESIS). Volví a Dworkin pues porque hay que volver a los sitios en los que uno ha sido feliz, na, mentira, volví por algo peor que ese par de razones juntas, por la tesis, pero bueno, más allá de filias y fobias, leyendo un par de papers, encontré referencias a otros, y luego a algunos otros hasta encontrar varias anécdotas (la mayoría en el número de la Harvard Law a su memoria, y en un amplio artículo de una revista estudiantil de NYU) que me parecieron algunas más interesantes que otras pero, en definitiva, todas no tan ampliamente conocidas sobre la vida de este gran jurista.

  • Día del amor

Dworkin muere el 14 de febrero de 2013. El día que tradicionalmente se celebra el sentimiento de unión, encuentro y cuidado hacia el prójimo, es decir el día del amor. No me parece un dato menor considerando que durante los últimos años de su vida, Dworkin se enfocó en destacar dentro de su filosofía moral la idea de responsabilidad como uno de los pilares fundamentales para que las personas alcancen su modelo de vida buena para disfrutar sus éxitos y revertirlos en la sociedad, haciendo de su entorno un lugar mejor en tanto que más valioso.

  • Carta de recomendación

Cuando comenzó su carrera profesional, al fungir como “clerk” con el influyente y sagaz juez Learned Hand de la corte federal de apelaciones, antes de que Dworkin aceptara una oferta para trabajar en un prestigioso despacho de abogados de Wall Street, el juez, en una carta de recomendación, elogió a su joven asistente llamándolo “the law clerk to beat all law clerks”…, luego el juez mandó todo al carajo pues al escribir el nombre este se equivocó llamándolo: “Roland Dworkin”.

Algo así como si te llamaras Ronaldo (Dworkin) y tu carta de recomendación dijera Rolando (Dworkin). Nada graver pero bueeeeeeno.

  • “El Show de Tom y Ronnie”

Durante más de veinte años Ronald Dworkin con su amigo Thomas Nagel dirigieron un seminario en NYU en el que, según se cuenta, “la discusión siempre fue del más alto nivel, convirtiéndose sin duda en uno de los puntos medulares de la vida filosófica de la ciudad de Nueva York”. Quienes tuvieron la oportunidad de asistir como ponentes cuentan que tanto el abogado como el filósofo eran bastante meticulosos con la producción del mismo, al que amistosamente se le conocía como: “the Tom and Ronnie Show”.

El día del seminario, la actividad comenzaba a las 1130am con una junta en la oficina de Dworkin, con Nagel y el participante para afinar detalles sobre la dinámica del mismo y ponerse al día. Después, durante tres horas se llevaba a cabo una comida de trabajo en el que los dos académicos interrogaban “sin piedad” al participante en privado sobre su trabajo a presentar. Seguía una hora libre para que el participante pudiera distraerse y, finalmente, el seminario que duraba otras tres horas, con “una participación igualitaria y disputas sin límites”.

  • La preocupación por el Erizo

En una de sus últimas entrevistas, al hablar sobre su libro Justicia para erizos, Dworkin se manifestó preocupado por la portada del mismo pues en sus palabras, habían ilustrado el libro con un erizo extremadamente atractivo, generándole inquietud que los libreros colocaran su obra en las librerías dentro de la sección de animales. O que algunos despistados lectores lo compraran pensando que era un libro sobre las sanciones para quienes lastimen a estos animales.

Quizá por eso la portada de la edición mexicana del libro, editado por el FCE, el erizo es menos simpático, al ser cambiado por una figurita que, me parece, es de barro negro. Cuál prefiere, juzgue usted.

  • Curiosidades

No todo era filosofía en Dworkin. Otra de sus principales pasiones era su amor y conocimiento por el arte. Comprar y coleccionar pintaras (muchas veces de precios exorbitantes) era una de las muchas formas en cómo se gastaba su tiempo más allá de la academia.

En otro aspecto poco conocido de la vida del teórico del Derecho, Frances Kamm, amigo íntimo de Dworkin y profesor de Filosofía y Políticas Públicas en Harvard, cuenta que una vez se sorprendió cuando “Dworkin sugirió que podría ser bueno si las personas accedieran a no informar sobre lo que se discutía en el aula” y también relata que se quedó perplejo “al descubrir que pertenecía a un famoso club londinense que tenía una política de exclusión a las mujeres”, esto considerando que todas sus doctrinas filosóficas partían del liberalismo igualitario.


Yo compro la crítica de que muchas veces la teoría general de Dworkin parecería pensada e ideada exclusivamente para el ámbito anglosajón, y que, por ende, difícilmente se puede transpolar. Simón. De hecho, en la primera edición de Los Derechos en serio en castellano, publicada por Ariel, el prólogo lo escribe Albert Calsamiglia y menciona que las ideas de este jurista anglosajón aun no han sido recibidas de la mejor manera en nuestros contextos latinos pero que en definitiva causarían polémica en los años venideros… No se equivocó. La polémica, a lo largo de los años, se convirtió en una gran adhesión, o en todo caso reelaboración de muchas de nuestras corrientes de pensamiento.

No me cabe duda de que Ronald Dworkin era un titán, y que como abogados el compromiso valorativo y las construcciones y adecuaciones que se han realizado ya desde el ámbito Iberoamérica a su obra, en lo particular, me convencen. No sé, cada quién. En cualquier caso, su lectura y reelectura y reelectura y reelectrua siempre viene bien.

 

Dónde trabajan los abogados No. 18

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Me la mandaron esta foto hace tiempo desde la capital del estado de Zacatecas. Sinceramente no sé si este lugar funge como bar, cabaret, consultorio dental, tribunal, o despacho para asesorías jurídicas. Quizá todo, tal vez nada. En cualquier caso, resulta claro que eso de las múltiples posibilidades que te otorga estudiar Derecho está más vigente que nunca en ese lugar de la república mexicana.

Sobre abogados y divorcios

Esta semana, por primera vez en mi vida, comencé a comprar a través de Internet. Actividad, según me informa mi estimado Panch Parra, propia de señores y/o síntoma de que uno comienza a disfrutar de otras ventajas de la tecnología más allá de perder el tiempo o del Tinder. Quizá el mejor síntoma de saberse viejo es la sorpresa, es decir la sensación de saber que existen cosas que uno nunca imaginó y que, por ende, uno quiere comprarlas todas, y así se va saltando de un producto a otro y otro y otro hasta que llega al absurdo de encontrar cosas realmente inútiles que, sin embargo, uno las quiere. Como por ejemplo, esta vela aromática que me encontré con olor a papeles de divorcio recién firmados.

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La vela me hizo recordar que tengo varias viñetas sobre abogados y divorcios que he ido recopilando durante los últimos años y que no he compartido y que bueno el inicio de año es buen momento para la toma de decisiones importantes.

Los divorcios, las rupturas en general, suelen ser procesos complejos (vamos, como cualquier relación humana), pero estos al final del día, más allá del amor después del amor, en términos prácticos no son otra cosa más que la disolución de un contrato civil, de algo técnico para lo cual, lamentablemente, es necesario involucrar a técnicos, o sea abogados.

En el imaginario colectivo existe una mala imagen de los abogados de divorcios, no me consta, de primera mano tengo amigos y amigas que se dedican a esto y parecen personas sensatas y razonables que no tienden al conflicto. Imagino depende de cada caso en concreto, como la mayoría de las situaciones en las que se involucran abogados. No lo sé. La verdad he escuchado historias terribles sobre divorcios pero, en definitiva, no todo depende solo de los involucrados.

Dicen que el trabajo de los abogados siempre debe ser preventivo. Para el caso de los divorcios el consejo es fácil. No se casen.

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– ¿Por qué divorciarse sale tan caro? – ¡Porque vale la pena!

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“Finalmente se terminó. El abogado de Frank se quedó con el apartamento y mi abogado con los dos coches y la casa de playa”

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EL DIJO – ELLA DIJO

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“Si tanto les desagrada el término “divorcio”, entonces piénselo como una forma de reducir el tiempo que pasan juntos.”

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“Desearía que hubieras tratado de arruinarme tanto mientras estábamos casados.”

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“Oye, no te sientas mal – algunos tipos pierden todo.”


 

Y de bonus esta publicidad de un despacho de abogados en California…

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Los 10 posts con más visitas durante 2017

imgres.jpgRaro, sería el adjetivo que para mi resume este año que hoy termina. Tan raro que acaba en domingo y mañana lunes empezaremos el 2018 en feriado y probablemente crudos. Ojalá sea un buen pronóstico para que los próximos 12 meses aprendamos de lo que nos sucede y sigamos adelante. Suele ser duro aprender, decía Cerati, pero igual vale la pena. No hay que olvidar que lo raro no está peleado con lo entrañable, o algo así decía Villoro.

Entonces, a manera de recuento y porque ya llevo tres años haciéndolo… A unas horas de terminar el año, los números de ·Entre abogados te veas· durante 2017 fueron los siguientes:

  • Visitaron esta página: cincuenta y siete mil quinientas ocho personas.
  • Publiqué 60 nuevos posts.
  • Los cinco países de donde vinieron más visitantes fueron:
    1. xico
    2. Estados Unidos
    3. Colombia
    4. Argentina
    5. Ecuador

Y, en ese sentido, los diez posts con más populares fueron… Muchas gracias por visitar, leer y comentar. ¡Por un mejor 2018!


10. Sobre los libros Porrúa del ex presidente Vicente Fox

9. Las 4 razones de la Suprema Corte para invalidar la #LeyDeCuates

8. Recopilación de servicios jurídicos gratuitos por el sismo en México

7. Sobre los libros Porrúa del presidente Peña Nieto en su mensaje a Trump

6. 8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Nancy Onofre

5. 8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Estefanía Vela

4. 8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Pedro Kumamoto

3. 8 preguntas sobre abogados (y algo más) a José Roldán Xopa

2. Abogados plagiando abogados, a propósito del plagio de Sergio E. Casanueva Reguart en “su” libro Derecho Administrativo Integral, por Darío Ángeles y Tito Garza Onofre

1. 8 preguntas sobre abogados (y algo más) a José Ramón Cossío