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8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Andrés Rossetti

El pasado día viernes 20 de noviembre de 2015, en una casa de campo en la ciudad de Jesús María en la provincia de Córdoba, Argentina, tuve la oportunidad de entrevistar a Andrés Rossetti (Córdoba, Argentina 1961).

8777_4858137213345_463026128_nAndrés, el “Chicho”, es abogado por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), cuenta con un Magister en Derecho Internacional de los Derechos Humanos en la Universidad de Lund, Suecia y es Doctor en Derechos Humanos en la Universidad de Palermo, Italia. Actualmente se desempeña como profesor de Derecho Constitucional y de Derecho Procesal Constitucional en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNC, y también imparte la materia de Teorías de la Justicia en el Master en Estado de derecho global y democracia constitucional, organizado por el Instituto Tarello para la Filosofía del Derecho, de la Universidad de Génova, entre otros cargos.

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Jesús María, 2015.

Me hice amigo del Chicho gracias a la literatura. Después de que nos impartiera una charla sobre el derecho a la protesta social, en el marco del Seminario de Teoría Crítica de la Carlos III de Madrid que dirigen Carlos Lema y Silvina Ribotta, varios alumnos y profesores nos tomamos un café para seguir discutiendo sobre el tema ya de manera más informal. Creo recordar que hablábamos de las protestas que resultan un tanto disparatadas, poníamos como ejemplo cuando la gente salió a las calles para exigir la recontratación de un prestigioso director técnico de una selección nacional de fútbol, cuando diversas personas se organizaron para denunciar las canciones de Ricardo Arjona, o bien cuando unos estudiantes marcharon para reclamar que el quidditch (deporte practicado en el mundo fantástico de Harry Potter) fuera instituido dentro de su universidad…

Más allá de las complejas facetas que implica entender a la protesta como un derecho, lo cierto es que muchas veces la realidad resulta insuficiente no solo para el sistema jurídico, sino también para la realidad misma. De ahí, precisamente, la literatura como vehículo de escape pero, al mismo tiempo, también como puente y guía.

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Con Carlos Lista y Rossetti en la UNC.

Al finalizar el café, acompañé a Andrés a varias bibliotecas y librerías madrileñas, y me sorprendió, más allá de su amplio conocimiento literario, ciertas reglas, más bien principios (al estilo del decálogo de Daniel Pennac), que, como todo verdadero apasionado de las letras, tenía y practicaba con vehemencia. En específico, recuerdo la de nunca abandonar un libro una vez que lo ha comenzado, y la de calificarlos con una nota entre el 0 y el 5 una vez finalizada su lectura. Con ese contexto, pensé que quizá le gustaría conocer un nuevo sitio por Fuencarral, una librería alternativa, donde podía entrar, escoger los libros que quisiera y salir sin tener que pagarlos. Era un proyecto muy novedoso cimentado sobre la idea del libre acceso a la cultura y la solidaridad que conlleva el hábito de la lectura. Andrés aceptó gustoso la invitación. La verdad es que yo, como varios impresentables e indecentes amigos, solíamos ir muy de vez en vez y salir cargados con bolsas y maletas de libros…, no sé, era como el paraíso de aquellos que roban libros, sin el nerviosismo y la adrenalina de ser pillado en el acto, no solo la consciencia queda tranquila, sino que la selección se torna discreta y la economía personal un tanto más saludable. El caso es que entramos, Andrés se detuvo en varios libros, preguntó algunas cosas sobre el funcionamiento de la librería, y después de un buen rato nos fuimos. Yo con algunos libros en la manos, él con ninguno. Sorprendido, le pregunté que por qué no agarró alguno, me contestó que no sabía, que se sentía raro tomando libros y después irse así nomás, que no, que no era su estilo, pero que le parecía un proyecto interesante. Su respuesta me pareció convincente, pues devela el carácter genuino, franco, y sobre todo empático que, tiempo después, conocería en su persona.

Agradezco al Chicho por la presente entrevista, por su inmensa generosidad y su indestructible buena disposición. Por su amistad sincera y desenfadada, su sentido del humor y su ímpetu por la literatura, por ese arte en manos de genios como Bolaño, Cueto, Baricco, Pamuk, Coetze, Belli, Padura, cuya lectura tal vez no nos hará mejores abogados pero, en definitiva, sí mejores personas…, pues, como escribiría el poeta Tomás Segovia al traducir la dilemática primera línea del afamado soliloquio hamletiano, “de eso se trata”.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más, a Andrés Rossetti.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Andrés Rossetti (AR): Litigio. Podrían ser otras (justicia, tribunales, derecho, constitución, códigos, conducta, pero la primera que me vino es esa).

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

AR: Kelsen. También aquí, este es el primero que me vino a la cabeza, pero la lista, variada y con diferentes características, podría ser enorme si lo pienso un poquito. Es más, hay una cierta contradicción entre mi primera contestación (litigio) y la segunda (porque Kelsen no era una “abogado litigante”), lo que puede tomarse como un “síntoma”, en algún sentido, de la “amplitud” de lo “abogadil”.

3. ¿Alguna vez pensaste ejercer como abogado?

AR: Sí, con muchas dudas pero sí. Es más, por unos pocos años, ejercí como abogado litigante. Hoy ejerzo “la abogacía” desde la enseñanza, el estudio, la investigación, pero no litigo. 

¿Y qué pasó, por qué no lo hiciste?

Porque me di cuenta que no era lo mío. Odio el litigio, y quizás por eso mismo contesté eso en la primera pregunta. Lo paradójico es que yo formo abogados, convivo con abogados, provengo de una familia de abogados…, pero le tengo entre respeto, miedo y terror a los abogados. Me parece que son sujetos de mucho cuidado, que en realidad, al final, son como todos (médicos, ingenieros, arquitectos, etc.), pero, quizá, justamente como los conozco más de cerca, y manejan aspectos delicados vinculados muchas veces con la “miseria” humana, les tengo “miedo”.

Uno cuando entra a la facultad de derecho, o por lo menos en mi caso, no tiene idea a lo que se mete. Tan es así que yo, por el colegio que había ido, tenía la oportunidad de entrar directo a cualquier facultad sin realizar el examen de ingreso que en ese entonces existía y tenía en mente cuatro diferentes carreras: periodismo, literatura, economía y derecho. Y te cuento que cuando pedí el certificado de mi colegio para inscribirme lo pedí para economía. La que tendría que haber realizado era, quizás, literatura (cursé un año, en simultáneo con abogacía), la que hice, abogacía, quizás fué por lo que dice el famoso dicho “serás lo que debas ser o serás abogado”. Pero entré en abogacía y me encantó la facultad pero diría que, más bien, por razones extra-jurídico o “extra-curricula”, ya que había mucha gente del interior del país y de la provincia de Córdoba con visiones muy distintas, mas abiertas en muchos casos que las que había frecuentado. Me resultó fascinante y con muchas de aquellos compañeros he recogido amistades genuinas que siguen y son para siempre. Pero insisto, más que por el contenido, por el ambiente. Además, durante mi cursado empezaba a terminar (y terminó) la peor dictadura de la historia argentina con sus nefastos y criminales consecuencias, y se abría un proceso hacia la democracia que era todo nuevo porque se iniciaba a respirar —para mi casi por primera vez debido a mi edad— aires de libertad. 

El contenido de la carrera —esto lo he ya relatado en un artículo que publiqué en homenaje a Ricardo Caracciolo y que se consigue en Internet (Sobre los derechos colectivos), me resultaba fácil, y, en realidad, solo tenía que memorizar y repetir para aprobar las materias, ya que se exigía “razonamiento cero”. Y seguramente, como lo has escrito en algunos de tus artículos y lo mencionaste en la charla que impartiste aquí en la Universidad de Córdoba hace unos dias, yo entré a la facultad creyendo que me encontraría con la “justicia”. Salí con una idea diferente y una visión diferente del derecho. Contradictoriamente, empecé a entender qué es el derecho —si se puede decir que lo he entendido— recién después de recibido.

Empecé a trabajar cuando era estudiante: trabajé en la universidad y en el poder judicial pero en éste solo durante cuatro meses y medio, porque, cuando todo el mundo aspiraba a entrar, yo renuncié, ante un ofrecimiento de un estudio civil de abogados que me pagaba el doble y trabajando dos horas menos. En base a estas dos últimas experiencias y después de casi dos años de estar en contacto con “el litigio”, me di cuenta que no era lo mío. 

Sin embargo, después llevé algunos casos, casi siempre juicios relativamente simples vinculados con amigos, con familia y poco más. De hecho, hasta hoy sigo teniendo la matrícula de abogado, no “litigo” pero la conservo. Esto resulta un tanto extraño porque además de enseñar derecho constitucional, otra de las materias que imparto es derecho procesal constitucional, y si bien yo no veo esto como una contradicción, en el contexto argentino, se lo suele entender como tal ya que se considera que para enseñar “procesal” tienes que llevar procesos, lo que por cierto no es así.

Muchos años después de recibido aunque no ya como abogado litigante, tuve mucho contacto con problemáticas jurídicas concretas, trabajando en el Estado, vinculadas incluso con los litigios por lo que de alguna u otra manera “ejercía” en litigios indirectamente. Me dediqué, en esos tiempos a asesorar en temas constitucionales y cuestiones de técnica legislativa. Trabajé seis años (cuatro en la provincia, dos en la municipalidad). Terminé renunciado cuando me voy a estudiar a Suecia, que para mi es el fin del ejercicio de la abogacía entendida ella como litigio.

4. Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho?

AR: Quizá sí, porque el estudio del “derecho”, no el “litigio”, me parece muy interesante. ¿Literatura? Seguro. Periodismo, no. Economía, a pesar de que me parece una disciplina clave, tampoco, por citar las cuatro que tuve en mente al momento de iniciar mi carrera universitaria. Creo que, con el conocimiento que tengo hoy y volviendo en el tiempo, la dicotomía fuerte que tenía entre literatura y derecho sería muy difícil de resolver y posiblemente estudiaría ambas…, aunque hoy tendría en cuenta también otras alternativas más: sociología, antropología, filosofía, ciencias políticas, por ejemplo.

Creo, sin embargo, que he encontrado -porque es notable como en la vida uno a la larga, si se puede y se tiene alguna dosis de suerte, lo logra- la actividad que quería hacer y apropiada para mi: investigación y docencia sobre aspectos vinculados con derechos humanos. Por cierto, partí desde una situación de privilegio que me dió márgenes de elección. La mayoría de las personas no tiene grandes alternativas de elección por razones económicas, personales, culturales, etcétera. Siempre hay posibilidades de elección, en algún sentido, pero algunos la tienen en forma amplia y otros muy restringida. Yo, entonces, dentro de mis márgenes, he logrado la conjunción de lo que, quizá inconscientemente, siempre quise… Creo que el campo de los derechos humanos y su estudio mezcla la docencia (que siempre me gustó y me apasiona), la investigación, el derecho, la ética, la literatura, el cine y tantos otros aspectos. Es decir, se logra una especie de mezcla completa de todo un montón de cosas que siempre llevé adentro y sigo cultivando. Además, creo que es muy necesario que se debata, se discuta, se estudie, se conozca. 

Por tanto, no estoy arrepentido de haber estudiado derecho y quizás lo volvería a elegir, ello más allá del terror que me producen los abogados, de que no me gusta el ejercicio profesional del litigio, etc.… Pero el derecho me parece un campo muy interesante para trabajar, más relacionado con los derechos humanos y con otras áreas, no estudiado en forma aislada.

5. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

AR: En contra. Me parece un anacronismo en el siglo XXI. Sin embargo, muchos muchos podrán decir que es una mera formalidad más e incluso, los primeros dos argumentos que se me ocurre usarían para defenderla son: el de la tradición y el del respeto.

Creo que el argumento de la tradición es malo: la esclavitud, por dar un ejemplo llevado al extremo, también se podría haber considerado una tradición y no por eso había que mantenerla.  

Y sobre el tema del respeto, el mismo pasa por otro lado. Esto vale para lo que pasa dentro de las facultades de derecho. Es decir, vos no ganás el respeto de los alumnos y de la comunidad académica por usar traje y corbata. Un buen docente, un buen abogado, un buen juez no se determina porque tenga toga o no tenga toga, use corbata o no la use, sino que pasa por cómo recibe al cliente, como trata al estudiante, al ciudadano, que conocimientos y capacidad tiene y con qué seriedad transmite, cómo argumenta, como motiva, etcétera… 

Es verdad, vivimos en una sociedad de apariencias, una sociedad donde nos han metido tanto la idea de que no solo hay que ser, sino parecer, entonces, seguramente te va a costar más, entrar y ganarte el respeto en el campo jurídico, en caso que no uses la toga (o el traje y la corbata, según los casos) de entrada a si te “adaptás” y la usas. Puedo entender que los más jóvenes se sometan a este anacronismo si se los imponen (y muchas sociedades lo hacen), pero creo que los que somos más viejos, los que tenemos cierta experiencia dentro de esto, tenemos que buscar el cambio justamente para decir: ¡No. Acá lo importante no es la apariencia! La toga, además, pone distancia entre los sectores sociales y académicos.

6. Por lo general, el rol que realizan los abogados lo ejecutan en complicidad con el sistema en el que se desempeñan, perpetuando un sinfín de postulados empatados con la obediencia y la colaboración de las estructuras jurídicas.

Hace algún tiempo escribiste sobre derecho a la protesta social y sus respectivas consecuencias y derivaciones. Extrapolando el tema al campo de la abogacía, te pregunto: ¿están los abogados en una posición importante para poder impulsar este derecho, o por el contrario su profesión se los impide?

AR: Así es, en relación con tu primera afirmación.

En lo que se refiere a tu pregunta, hay muchos aspectos por considerar. Lo primero es que sí, los abogados están en una posición importante para impulsar el cambio en general y este derecho en particular. Claro, si se vive en sociedades más justas la protesta social se va tornando cada vez más innecesaria o superflua. No es la realidad, lamentablemente, que nos toca vivir, ya que nuestras sociedades (latinoamericanas) son las más desiguales del planeta, con todo lo que eso comporta. Por tanto, los abogados pueden ayudar, y son determinantes, para que las conquistas sociales puedan ser una realidad, pero esto tiene riesgos y costos. Y así cabe resaltar que hay algunos abogados que han arriesgado sus vidas para tratar de impulsar causas justas en distintas formas. Una de las formas de reclamar que se tiene es la protesta social que en muchos casos se vuelve uno de los únicos medios posibles de reclamo para algunos sectores, en sociedades tan desiguales como las que vivimos. Y el abogado participa en distintas formas en ellas, o porque acompaña directamente, o porque defiende a las personas que son criminalizadas por su protesta, etc. De todos modos, dejando las excepciones, como regla, el abogado es un sujeto de poder, que suele formar parte del “establishment” o estar a su servicio entonces no está muy preocupado por la defensa de los derechos humanos de los más vulnerables, sino al contrario, por lo que su “impulso” por este derecho suele ser escaso, en general.  

Por cierto que los abogados pueden, entonces, impulsar estos temas, claro que lo pueden hacer, porque tienen todo el poder fáctico y técnico para realizarlo, sin embargo, no siempre les interesa hacerlo, porque la protesta viene en buena medida a poner en jaque, o cuestionar precisamente su poder, su estatus, sus privilegios. Además, salvo en casos de ONG’s que se preocupan por el tema y por tanto garantizan la necesaria cobertura económica que toda defensa suele requerir, la defensa de las protestas populares no suele ser rentable.

7. Una de las cuestiones más graves que enfrenta hoy en día Argentina, y en general toda la región latinoamericana, es el problema de la pobreza. Dicho tema encuentra reflejo en muchas situaciones de índole jurídica, como por ejemplo el acceso a la justicia, y el derecho a la debida defensa… ¿Qué se te ocurre que pueden hacer las personas que ejercen la abogacía frente a este panorama?

AR: Bueno, este es un tema que sí necesitaría muchas horas para explayarme. Nosotros acabamos de sacar un libro sobre pobreza y derecho (Derecho y pobreza. Un análisis desde el método de casos, Córdoba 2015), y yo escribo en dos capítulos allí, uno sobre sistema interamericano, pero en el otro justamente me pregunto qué puede hacer “el derecho” (o que puede hacerse con la ayuda del derecho) y respondo que el derecho es un instrumento y cómo tal depende de como sea utilizado. Está vinculado con quien lo invoque y lo utilice y, por cierto, con quien lo resuelva y determine en definitiva. Está vinculado con el poder. Los que tenemos que hacer algo somos los seres humanos, con la ayuda del derecho para cambiar situaciones injustas como lo es que muchos vivan en la pobreza cuando existe simultáneamente la riqueza y la opulencia. No es tanto un problema de derecho, en realidad, sino es más un problema de los seres humanos que no quieren, no pueden, no saben (segun los casos) como cambiar el derecho para lograr sociedades justas donde la pobreza en desigualdad no exista. El derecho, por cierto, es muchas veces “instrumental” para que esto no cambie, o incluso se profundice en algunos casos. Pero esto depende y se relaciona con el poder y, generalemnte, los seres humanos involucrados con el derecho, los actores jurídicos, seguramente, estamos en mayores y mejores condiciones de poder hacer algo más para cambiar que la persona que se encuentra en la situación de pobreza. La pregunta es: ¿lo hacemos?

La persona en situación de pobreza cuenta con pocos elementos para poder exigirle “al derecho” algo, porque está en una grave situación de indefensión y de vulnerabilidad, quizá la protesta es de lo poquito que puede hacer, pero, muchas veces, termina siendo reprimida y castigada con el aval de las mismas normas jurídicas que permiten estas actitudes represivas.  

Son las personas quienes podemos realizar los cambios. Claro, los actores jurídicos en mayor medida en cuanto personas con algún grado de empoderamiento y situación privilegiada (un título universitario, probablemente, ya nos garantiza una situación de “no pobreza”) tenemos aún más responsabilidad frente a la falta de cambio, ya que contamos con mejores elementos para reclamarlo e impulsarlo…

Con las herramientas que otorga el derecho, los abogados, los actores jurídicos, tienen la obligación de pelear para que vivamos en una sociedad donde los derechos humanos se respeten para todos, y no solamente para algunos (incluídos, por cierto, el derecho de acceso a la justicia y el derecho a la defensa para todos, que tu planteas en tu pregunta).

El derecho tendría que empezar a avanzar también, más allá de las responsabilidades estatales, en los deberes y en las responsabilidades de los mejor posicionados frente a los peor posicionados. Este es un tema que se debe construir, trabajar, pensar, y luchar porque, por supuesto, entran a jugar otros intereses que se tocan y que generan resistencia y por eso estamos como estamos. Además, por cierto, se vincula con temas como la libertad, la autonomía, los planes de vida. Estoy convencido de que desde el derecho (o con su ayuda) sí se puede hacer algo, y seguramente mucho más de lo que hoy se hace…… pero no depende tanto del derecho……

8. El persistente estado de crisis en el que nos encontramos pone de manifiesto que final del día las crisis económicas son crisis de derechos. En tal sentido, ¿pueden los abogados garantizar derechos?, o en otras palabras, ¿pueden los abogados fungir como garantes de la constitución?

AR: Los abogados por supuesto que pueden, y deben en algún sentido, pero hay bastantes problemas en esta pregunta, porque, habría que determinar qué es la constitución. No es lo mismo la constitución que rige bajo una dictadura sin reconocimiento de derecho que una progresista que los incluye en democracia. Entonces: ¿cuál debe ser el rol de los abogados? ¿Defender a muerte una constitución, o defender otros valores y otros principios? En su caso cuáles y determinados por quien. No puede darse una respuesta única, entonces, a tu pregunta pero yo diría que el compromiso de los abogados tiene que ser con pautas éticas en serio (honestidad, transparencia, seriedad, respeto, solidaridad, etc.) y con la defensa de los derechos humanos. Es mi concepción, pero seguramente habrá muchos abogados que prefieran comprometerse exclusivamente con los intereses de su cliente, o con el dinero, el poder……

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

Milán

Familia

Alonso Cueto

Escritor peruano, poco conocido pero, quizá, incluso más brillante que EL conocido (jajaja)

Discos compactos

Una bella obsesión, que creo me va acompañar el resto de mi vida

Katarina Tomasevski

Profesora. Ejemplo de seriedad, capacidad y docencia

Córdoba

Lugar donde nací. Mi mundo. Mi hábitat. Lugar que justamente porque quiero tanto, lucho mucho para que mejore. Mi lugar en el mundo

Mauricio Macri

Un empresario “hijo de papá” devenido en político. Oportunista, que en base a lo que ya ha hecho, a su historia y quienes lo acompañan poco bien puede hacerle a la Argentina y su pueblo si llega al gobierno…

Europa

Contradicciones y belleza. La cuna de nuestra cultura pero a su vez, al conocer su historia, mucha de su riqueza y bienestar está vinculado con grandes atropellos realizados en el resto del mundo

Leonardo Padura

Escritor cubano que descubrí el año pasado -lo que habla de mi ignorancia- ya que leí un texto que me fascinó, fue el mejor libro que leí en 2014 (El hombre que amaba los perros)

Universidad Nacional de Córdoba

Córdoba era mi lugar, pero lugar más macro… La Universidad de Córdoba es mi lugar más micro. Soy hijo de docente de esta universidad, fuí a colegio que pertenece a esa universidad, y después entré a la carrera de abogacía y de esa Facultad ya nunca más salí. Por eso es que me importa tanto y sufro frente a los atropellos, discriminaciones, injusticias que se viven, en particular en mi Facultad de Derecho..

Cristina Redondo

Gran amiga y, además, una de las personas más brillantes que conozco, porque sabe unir una inteligencia muy aguda, muy seria, con calidez, con simpleza, con cultura general, con amistad. Sabe disfrutar de las cosas sencillas de la vida. Y, “last but not least”, aun siendo brillante, no es soberbia, que es un mal muy común en el mundo académico

Protesta social

En un mundo ideal no haría falta. En un mundo tan poco justo como el nuestro, la protesta social es la única arma que le queda a los invisibles

Ricardo Caracciolo

Maestro de maestros. Gracias a sus seminarios, principalmente, aprendí a razonar el derecho y no solo a repetirlo

Encuentro de Derecho Constitucional y DDHH en Jesús María

Una idea media loca que surgió en un congreso y que fue una reunión de amigos y que, como muchas veces pasa, se ha ido institucionalizado. Este año ya son dieciséis ediciones ininterrumpidas. Un efecto disparador para mucha gente que viene, para pensar el derecho desde perspectivas diferentes. Pequeños granitos de arena que uno trata de hacer, con la esperanza de ayudar a construir una visión menos conservadora del derecho que permita ir hacia una sociedad mejor, más justa

Justicia

Algo muy difícil de definir, pero algo que persigo casi exageradamente

Seminario de Jurisprudencia Constitucional y Método de Casos

El ámbito que más disfruto en la facultad de derecho. Un ámbito de horizontalidad, de discusión, de respeto, pero a su vez de estudio y de reflexión. Una especies de oasis, en ese ámbito de repetición, donde la única autoridad es el mejor argumento, no el que da el profesor titular o el director del seminario. Además, compuesto por un grupo humano excepcional

Argentina

La vida hizo que me tocará, por casualidad como a todos les pasa, nacer aquí. Yo creo poco en los países, en el fanatismo basado en las cartografías. O sea, desconfío mucho de los nacionalismos, de las patrias, pero a su vez estamos fraccionados así, y no deja de ser una carta de presentación   que se vincula con la identidad y la pertenencia de cada uno. Y bueno, más allá del fútbol y de otras cosas, seguramente hay un “ser” nacional, en ese sentido, y Argentina es un país que amo entrañablemente, amo su música, su literatura, a la mayoría de su gente, a pesar de que, muchas veces, me cuesta entenderla y que creo que tiene pocas perspectivas de salir seriamente adelante, como debiera ser, si la clase dirigente (política, empresarial, industrial, rural, religiosa, sindical, etc.) sigue, como hasta ahora en su mayoría, siendo mezquina, miope, egoísta y mediocre a lo que, por cierto, se unen intereses externos que coadyuvan tambien en contra

Paolo Comanducci

Un amigo y una gran persona. Otro de los seres más brillantes que conozco. Cuento una anécdota: fue mi director de doctorado. Yo escribí casi trescientas páginas en mi tesis, no sé si buenas o malas, pero sobre un tema clave: el derecho a la redistribución de la riqueza. El hizo un informe sobre ella y cuando lo leí me dije: “¡En tres páginas dice casi mejor lo que yo dije en trescientas!”. Comanducci, además, es un generador y multiplicador de buenas cosas en el campo de lo jurídico y no sólo

Música

Quizá porque soy un desastre para ejecutar y tengo pésimo oído musical -desafino hasta cuando toco el timbre- por eso para mi es una pasión. Es una compañía constante e ineludible, cada día más

Derecho

Un instrumento sí, pero con el que se puede hacer tanto bien, pero también tanto mal. El tema es: ¿los que lo determinan, generalmente privilegiados, quieren el bien de todos?

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Evento: 50 años de “Notas sobre Derecho y Lenguaje. Homenaje a Genaro R. Carrió”

Genaro R. Carrió fue un gran abogado y un gran teórico del Derecho, y, en palabras de Atienza, la teoría del Derecho sin duda contribuyó a que fuese tan buen abogado. Dicha influencia se puede ver reflejada en un estupendo librito que escribió dando consejos a los abogados noveles, librito que no es tan conocido, en comparación con su magna obra “Notas sobre Derecho y Lenguaje”, que precisamente este 2015 cumple 50 años.

En tal sentido, mañana miércoles y también el jueves, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, habrá unas jornadas en homenaje a Carrió. Por allá estarán varios buenos amigos hablando sobre su obra y diversos temas afines. La entrada es libre.


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Jueces, privilegios y derecho moral a administrar justicia por Juan Iosa y Juan Jesús Garza Onofre

Conocí a Juan Iosa mientras vivía en Madrid durante 2012, coincidimos en varias reuniones, seminarios, y creo que la última vez que lo vi fue en un bar por Callao mientras jugaba México vs. Croacia en el mundial de fútbol pasado. No lo había vuelto a ver hasta el día de ayer lunes, solo que ahora en su Córdoba, Argentina, en el marco del afamado “wine seminar” que conduce Pablo Navarro.

Precisamente, ayer por la mañana Juan escribió esto en Facebook, que me llamó la atención:

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Me llamó la atención por dos motivos.

  • Uno, por que es una problemática común en México, un tema que poco se ha tratado y que resulta bastante hermético al momento en que se quiere abordar.
  • Y dos, porque en el “wine” después de que se discutió un texto de Von Wright sobre Wittgenstein y la tradición, (ah y después de que obviamente se discutiera sobre las próximas elecciones presidenciales) se armó una álgida discusión entre los asistentes sobre el papel de los juzgadores, los privilegios, la moral, e incluso el positivismo, y Dworkin, es decir sobre lo que había escrito Juan en Facebook.

Sinceramente yo me limité a escuchar, estaba muy divertido viendo lo que ocurría, pero lo cierto es que me sentía mucho más afín a lo que argumentaba Juan. Tanto así que hoy por el mediodía al intercambiar mensajes, me comentó que escribiría algo de lo de ayer, le dije que contara conmigo, y bueno, se puso a escribir, me puse a escribir y salió esto.

Si algunos (en especial los jueces y los funcionarios judiciales) están interesados en agregar sus ideas al respecto, refutar, etcétera, más que invitados, pues de eso se trata.


Jueces, privilegios y derecho moral a administrar justicia

Por Juan Iosa y Juan Jesús Garza Onofre

12029086_988644291199546_637494985_n¿Son los jueces y demás funcionarios judiciales unos privilegiados dentro de nuestra sociedad?

En caso que lo sean ¿tienen derecho moral a administrar justicia sobre aquellos que, en buena medida, son víctimas de la injusticia estructural de la que los jueces se benefician? ¿No podría decirle el desclasado, el excluido: ”tú no tienes derecho a juzgarme?”

El punto es que, al menos prima facie, parece haber una profunda contradicción entre ser beneficiario de un sistema social injusto y pretender, desde ese lugar, juzgar y administrar justicia sobre los que están del lado de los perjudicados por ese sistema.

Nuestra intuición es que los jueces son de hecho unos privilegiados y que ello los invalida moralmente para ordenar se aplique la fuerza pública sobre las víctimas de la injusticia estructural.

Van algunos argumentos a favor de ambas cosas, y algunas objeciones posibles. Aquí nada es concluyente de modo que esto es una invitación a los que les interese sumarse a opinar, a ver si entre todos arrojamos un poco de luz sobre el tema.

En primer lugar está la cuestión de si los jueces y demás funcionarios son unos privilegiados. Definitivamente, no son los que más ganan en nuestra sociedad. Además muchos ganamos muy por arriba del nivel de pobreza. Entonces, ¿somos todos los que ganamos por arriba de esa línea, privilegiados? Sin duda en un sentido lo somos, al menos desde el punto de vista del que tiene ingresos por debajo de ese nivel. Pero si bien es necesario que la mayoría de nosotros tomemos conciencia de que en ese sentido somos privilegiados y nos hagamos cargo de las responsabilidades morales que eso implica, necesitamos, parece, un estándar objetivo que excluya de las consecuencias morales de imputar privilegio al menos a buena parte de los que meramente están por sobre la línea de pobreza.

¿Qué significa ser un privilegiado? ¿Qué criterio podríamos construir para decidir a partir de qué nivel de ingresos se es un privilegiado? Sobre esto hay un montón de literatura, pero nos quedemos con lo que podamos pensar nosotros, ahora.

Tal vez podríamos llamar económicamente privilegiados a aquellos que ganan más del promedio de ingresos en la sociedad en cuestión. Este criterio habría que corregirlo usando algo así como el principio de la diferencia de Rawls: las mayores remuneraciones están justificadas en la medida en que tiendan a favorecer a los que están peor en la escala social. Está bueno que un juez o un neurocirujano, por ejemplo, gane un poco más que la media, en la medida en que eso va a incentivar a que haya jueces y neurocirujanos, y esto a la vez va a redundar en beneficio de todos y particularmente de los que menos tienen.

Bien, suponiendo que algo así es un criterio de privilegio, nuestra intuición (y esta afirmación requeriría una justificación que no daremos aquí) es que los jueces no sólo ganan por arriba del promedio social sino que ganan incluso más que lo que el principio de la diferencia puede justificar.

searchUn juez de Cámara de Córdoba, Argentina, gana cerca de 100 mil pesos argentinos, es decir, aproximadamente 10 mil dólares al cambio oficial, por mes.

En México, el presidente de la Suprema Corte tiene ingresos que ascienden a los 25 mil dólares mensuales, y los Magistrados de Circuito cotizan cerca de 15 mil dólares al mes.

¿Qué consecuencias morales se siguen de que un juez sea un privilegiado? Es común afirmar que el derecho incluye necesariamente una pretensión de corrección, de justicia. No es que necesariamente sea justo, pero al menos pretende serlo. El juez debe aplicar el derecho con la idea de justicia en mente, debe resolver los casos a los que se enfrenta de tal modo que su interpretación del derecho lo muestre en su mejor luz moral. El derecho en su mejor luz moral necesariamente debe ser una herramienta que nos lleve a una sociedad donde reine la justicia distributiva. Pongámoslo en los términos menos exigentes posibles: en tal sociedad al menos no deben prevalecer diferencias distributivas aberrantes.

juzga-el-mazo-de-la-ley-en-la-pila-de-monedas-56110619Pero justamente, las diferencias del salario de nuestros jueces en relación al de la mayoría de los ciudadanos son o (al menos en ausencia de un argumento muy fuerte en contrario) parecen ser aberrantes. Se sigue que un juez deudor de una injusticia estructural tal que lo pone en esa situación (acá estamos hablando de cuestiones estructurales, no de si tal o cual juez es una buena o mala persona) no está en condiciones de interpretar el derecho como debe ser interpretado, como una herramienta que nos permita acercarnos cada día un poco más a una sociedad justa. Simplemente sus intereses de clase le impondrán unas anteojeras tales que la neutralidad le será inaccesible.

Además pareciera que el cliente típico del sistema de justicia, sobre todo el imputado en una causa penal, siempre estaría en condiciones de interpelar al juez privilegiado: “yo estoy en la posición desaventajada en la que estoy, con todas las consecuencias que eso conlleva (violencia, desnutrición, falta de acceso a la cultura, etc., etc., etc.) justamente porque usted, señor juez, y gente como usted, está en la posición en la que está. Si cometí un delito, ello en parte tiene que ver con ese contexto. Sí, soy un sujeto libre y nadie me torció la mano, pero lo que hice, lo hice en un contexto que se explica en parte por el suyo. Yo cometí una injusticia puntual, un acto injusto. Pero usted, señor juez, sostiene con sus prácticas un sistema estructuralmente injusto. ¿Quién merece mayor reproche?”

Imaginemos un médico nutricionista que regala dulces a sus pacientes con diabetes, o un pornógrafo a favor de la censura…, la analogía es manifiesta.

Argumentos en contra: una concepción positivista del derecho. Si el derecho es un conjunto de normas y nada más que de normas, entonces, al menos en los casos claros, los jueces cumplen acabadamente su rol aplicando esas normas. No se requiere que sean sujetos moralmente solventes.

una_idea_mucho_arte_manos_dureroEl problema es que hay casos difíciles. Y si bien es cierto, como afirma Guastini, que “cuando se habla de razonamiento jurídico, casi siempre se hace referencia al razonamiento del juez, que se presenta, por tanto, como razonamiento jurídico por antonomasia”, o incluso que “entre los diferentes operadores jurídicos, los jueces son ciertamente quienes han desarrollado unos hábitos argumentativos más depurados”, también lo es que nuestros juzgadores siguen anclados a una concepción formalista y fundamentalmente legalista y apolítica, del derecho. Al abrazar la idea de que existe un modo especial de razonamiento en el que es posible distinguir tajantemente entre derecho por un lado, y moral y política por el otro, se sigue utilizando al derecho como una herramienta que cumple, básica aunque encubiertamente, una función persuasiva y hegemónica, convirtiéndose los jueces y funcionarios judiciales en los encargados de conservar y reproducir los beneficios que reporta a toda la clase privilegiada la existencia de una estructura social injusta. Así los jueces evitan comprometerse con la transformación de su realidad social, perpetuando arcaicos modelos de adjudicación donde la ley, el código, o la norma, tienen la última palabra. Esto les permite inmunizarse frente a cualquier crítica moral: su tarea es meramente aplicar la ley al caso. Pero el caso es que esta estrategia les impide ser congruentes y sinceros consigo mismos, y con el rol que deben cumplir dentro del sistema: interpretar el derecho en su mejor luz moral.

Una cosa más. Parece que los mismos jueces deberían estar interesados y luchar por dejar de ser unos privilegiados. Salir de ese estatus moral tan incómodo en que los pone la injusticia estructural de la cual son deudores es algo que va en su propio interés como sujetos morales. Jueces, adelante, ¡a luchar por sus derechos morales!

Evento: Una crítica a la enseñanza del derecho

Digo que escribo sobre abogados pero lo cierto es que escribo sobre enseñanza del Derecho. O son dos cosas muy relacionadas, o en el trasfondo siempre aparece este último tema. O algo así. No lo sé, pero creo que lo intuyo.

Desde el viernes pasado estoy en Córdoba (“la Docta”, según me enteran sus habitantes que así le dicen a esta linda ciudad Argentina), y mañana miércoles por la tarde en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, de la Universidad Nacional de Córdoba, habrá una charla-debate sobre educación jurídica desde una perspectiva más bien crítica.

Sinceramente lo que diga está demás pues me acompañan un par de cracks: Carlos Lista y Chicho Rossetti. ¡Ahí nos vemos!


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Eventos: XVI Congreso Nacional y VI Latinoamericano de sociología jurídica

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Los días 28, 29 y 30 de octubre de 2015 en Santiago del Estero, Argentina, en la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales, y de la Salud de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, la Sociedad Argentina de Sociología Jurídica (SASJU) llevará a cabo el XVI Congreso Nacional y VI Latinoamericano de sociología jurídica, denominado: “Latinoamérica entre consensos y disensos, nuevos abordajes en Sociología Jurídica”.

La conferencia inaugural correrá a cargo de Raffaele De Giorgi, y en la clausura estarán Carlos Lista, Manuela González y Germán Silva.

El programa definitivo este:

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Y las comisiones de trabajo son estas:

12186411_186667701669340_6361439077564563528_o¡Ahí, como por la mesa 10, nos vemos!

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Paula Gastaldi

El pasado día viernes 17 de julio de 2015, en una cafetería atrás de la Puerta del Sol, denominada El Calamar, tuve la oportunidad de entrevistar a Paula Gastaldi (Córdoba, Argentina 1989), en compañía de su novio Maximiliano Giacomino y nuestra amiga Crestina de Castro.

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Paula y Alexy

Paula Gastaldi es licenciada en derecho por la Universidad de Córdoba, aunque sabe, y mucho, de filosofía. Preponderantemente ejerce (o bueno, ejercía) como abogada, no obstante también cuenta con un pie en la academia, pues desde hace tiempo es profesora auxiliar de Filosofía del Derecho en la Universidad Católica de Córdoba.

Paula es un sol, aunque al mismo tiempo también es una pinche bruja. Un magneto social, un repulsivo de dementores. Paula, Paulaner de cariño, es mi mejor amiga, así que cualquier cosa que escriba sobre ella, creo que no bastará para representarla de manera fiel. Puedo limitarme a decir que lo compartido a su lado durante más de dos meses en el marco de la Maestría en Argumentación Jurídica, organizado por la Universidad de Alicante, bastó para confirmar que el tiempo es un factor irrelevante al momento de erigir una amistad.

A diferencia de muchas amistades que ya he olvido cómo surgieron, o que no me explico su origen, con Paulaner tengo la fortuna de saber perfectamente la fecha y el lugar en que me hice su amigo. Fue tomando vino y comiendo papitas durante la madrugada del viernes 15 de mayo, afuera de la Villa Universitaria donde nos hospedamos en Alicante. Esto lo supe por cinco razones en concreto:

  • La primera. Por la manera cómo me describió a Marx. Cito: “Pero ché, si éste dividió al mundo en dos, cómo no leerlo”.
  • La segunda. Porque discutimos, con una pasión que no pudo levantar ningún tema jurídico, por ver quién era más fan de Harry Potter. Ella argumentaba que tradujo a mano los primeros capítulos del último libro para sus amigas, mientras salía la versión en castellano. Yo que me iba vestido a ver las películas y que mi cumpleaños es el mismo día que “The Chosen One“.
  • La tercera. Porque sabiendo que en unas pocas horas tendríamos la conferencia con Robert Alexy, ponderamos (sin utilizar la fórmula del peso (obviamente la versión ampliada)), y decidimos tomarnos hasta las molestias.
  • La cuarta. Porque como a eso de las seis de la mañana, cuando no quedaba más vino tinto en todo San Vicente del Raspeig, fuimos a robar una botella de una de nuestras compañeras de generación (la cual nunca repusimos, y por ello pedimos perdón, pero que estamos seguros ya nos la cobró la vida, con todo lo que perdimos durante nuestra estancia alicantina). Que después descorché con unas tijeras, provocando unas manchas moradas que, al día de hoy, todavía no salen de mis bermudas.
  • La quinta. Porque a las ocho, ocho y media, de la mañana comenzamos a cantar a todo pulmón canciones de Sabina, y, sin proponérnoslo, despertamos a varios compañeros del curso que estaban por iniciar su día.

Después de eso, y de que pasó la resaca, digo la cruda, recuerdo que pensé, “quiero a esta pinche loca para siempre en mi vida”. Y así fue. O por lo menos así está siendo, y estoy seguro que así será.

A pesar de su extrema argentinidad y de su barcelonismo, sinceramente yo le tengo fe en el campo jurídico y en la incidencia social a Paula Gastaldi. Esto, no solo por sus habilidades para argumentar, o sus conocimientos en deóntica jurídica, sino, y sobre todo, por su increíble manera de sentir al prójimo. De ayudar a uno, y no dejarlo abajo en sus peores momentos.

Ya he dicho en reiteradas ocasiones que para mi Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, trata sobre la amistad. Sin embargo, otra de las (infinitas) lecturas que se puede hacer de dicha obra es aquella que resalta a los poetas que no escriben, es decir, a los verdaderos poetas, a aquellos que hacen de su vida un poema. Guardado sus debidas proporciones, algo así me ocurre con Paulaner y la filosofía jurídica. Mil veces preferiré un filósofo del derecho que antes que escribir aburridas teorías, se encargue de ponerlas en prácticas.

11831741_1462599997397355_4225503410413940961_nAgradezco a Paula por esta entrevista, por su alegría, por la manera de querer a sus perras, de ejercer la abogacía. Por su vehemencia al enfrentar a los hipócritas, a los machirulos, a los fachas. Por su irresponsabilidad, por ser parte medular del Equipo Responsable (1/6). Por idear, junto a Kari Carpintero, el diálogo ficticio en la última clase con Atienza. Por ayudarme a intentar atrapar una osa que se encontraba junto a un madroño en Madrid, por querer pagar una cubeta de pollo KFC con un labial, por tocar el piano con una botella de cerveza, por declararnos fan de Arjona (el primer Arjona, claro está), por rencontrarnos en su querida Córdoba y después en mi sibilino Monterrey, y, por qué no, por escribir algo un día juntos, ¿o no?

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Paula Gastaldi.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Paula Gastaldi (PA): Compromiso por la justicia social.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

PA: El abogado del diablo.

3. Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho?

PA: Sí.

4. ¿Cómo llevas a cabo el ejercicio de la abogacía? ¿Tu forma particular de tratar con aquellas personas que necesitan tus servicios?

PA: Con mucha empatía. Casi sin posibilidad de despegarme de los problemas de las personas que requieren mis servicios. Cuando llego a casa, es como que ese problema pasa a ser el mío. Los libros recomiendan lo contrario.

5. ¿Deben los abogado saber lógica deóntica?

PA: Sí. Porque para ser un buen abogado no debes conocer únicamente de leyes, sino que necesitas contar con una profundidad lógica para saber cómo plantear los razonamientos sobre los que se erigen tus argumentos. Y también para detectar errores lógicos en razonamientos judiciales o de la contraparte.

6. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

PA: En contra, porque me parece que el ritualismo hace que la abogacía se despegue de lo que realmente está hecha que es para hacer valer los derechos del cliente, y cuando más formal se demuestra más alejado de la realidad está.

7. ¿Qué rol tiene la moral dentro del ejercicio de la abogacía?

PA: Todo. Absolutamente todo. El buen abogado es el que tiene convicciones y razones morales las que soportan, y no meros fines materiales por lo que hace. De ahí que el abogado esté tan mal visto porque -en las generales de la ley- el abogado ve un caso exitoso porque le da mucha fama o éxito o porque le dá, materialmente hablando, una mejor vida.

Yo a mis clientes suelo decirles pacientes. Y es que imagínate: de tu accionar, del ejercicio de tu profesión, depende la vida de una persona. Un juicio puede llegar a ser muy cruel o agotante para una persona. Eso es tremendo y una gran responsabilidad. Exige la mayor entrega de uno.

El ejercicio inmoral de la abogacía hace que los derechos no se hagan valer. Por esa razón, lo es todo.

8. ¿Te parecen justificables las acciones ilegales, o alegales, que puede llegar a cometer un abogado en el ejercicio de su profesión para la consecución de ciertos fines?

PA: No. Justamente en razón del papel de la moral en el ejercicio de la abogacía. Sin moral el actuar del abogado se torna maquiavélico. Por más que sea la costumbre de ejercer (para algunos o mucho) justificando una práctica inmoral para la consecución de un buen resultado, la profesión no deja de ser una cuestión de medios. Siempre es una cuestión de medios. Por ejemplo, robar un expediente para dilatar un proceso le puede servir a mi cliente pero yo no lo haría. Puede que la contraparte lo haga, pero que muchos lo hagan no lo convierte en una “buena práctica”.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

España Lo desconocido
Diego Maradona Un ídolo. Pero le hago muchas críticas a nivel humano
Córdoba Hogar
Carlos Santiago Nino Referente
Cristina Fernández Dolor
Europa Nostalgia
Manuel Atienza Respeto
Lógica deóntica Insuficiente
Forest Gump La necesidad de saber que se puede ser feliz con muy poco
Marx   Utopía: lo mejor
Clientes Pacientes
Las pastillas del abuelo Moda para muchos, pasión para mi
Justicia Por lo único que quiero vivir
Mauricio Macri Derecha asquerosa
Argentina Injusta
Constitucionalismo Necesario
Derecho Un camino, no el único. Refiriéndome a mis elecciones profesionales
Alicante Amigos
Constructivismo ético La única vía para avanzar

Sobre el próximo presidente argentino que no será abogado

El domingo pasado hubo elecciones primarias en Argentina para elegir al próximo presidente de la nación. Entre las distintas opciones políticas, al final, los dos candidatos que tienen posibilidades reales de enfrentarse en una segunda vuelta (durante los próximos meses) para ocupar La Casa Rosada son:

  • Screen Shot 2015-08-11 at 12.38.04 PMDaniel Scioli (pronúnciese Sioli), abanderado del Frente para la Victoria, el partido de la actual presidenta Cristina Fernández.
  • Mauricio Macri, candidato de una coalición política (de tintes conservadores) denominada CAMBIEMOS.

La verdad es que de la actual política argentina sé más bien puras cosas confusas. Para empezar el voto es obligatorio, luego a cada rato surgen nuevos partidos, una agrupación política de derecha se llama PRO, el peronismo no termino de asemejarlo al priísmo, el kirchnerismo sigue vivo sin ningún Kirchner a la cabeza, después no entiendo la naturaleza de la Cámpora, y para finalizar tengo amigos de izquierda que no votan a la izquierda y amigos de derecha que votan a la izquierda, en fin…

Lo poco que sé es que Macri me suena porque cuando (hace montones, pero montones de años) fui a Buenos Aires, recuerdo que este se andaba candidateando para ser presidente del club de fútbol Boca Juniors (de hecho es probable que si busco entre mis pertenencias de mi infanciadolencia encuentre una banda para la cabeza azul y amarilla con el apellido de Macri, si la encuentro no prometo una foto, prometo quemar dicha indumentaria).

De Scioli (pronúnciese Sioli), qué después de un mes de decirle “Chioli”, e incluso “Skioli”, supe que en su peculiar apellido la ce, al igual que la hache en idioma no argentino, es muda. Que es la derecha de la izquierda de lo que en Argentina se entiende como izquierda, o algo así, y poco más.

Da igual todo esto, el caso es que por primera vez desde que finalizó (de facto) la dictadura, Argentina tendrá un presidente ¡QUE NO ES ABOGADO!

Mauricio Macri estudió ingeniería civil en la Universidad Católica Argentina, y Daniel Scioli (pronúnciese Sioli), mmm Scioli (pronúnciese Sioli) fue deportista (piloto naútico) y luego empresario, creo que inició la Licenciatura en Comercio, en la Universidad Argentina de la Empresa, pero no la terminó, hace poco la retomó pero no me queda claro si ya se licenció o no.

Acá un grafiquito que encontré en un periódico argentino pretenciosamente llamado “Ámbito financiero”, donde se muestran las profesiones de los últimos presidentes y presidentas de Argentina:

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De hecho, ahora que lo pienso hace algunos meses escribí sobre esto en relación a la cantidad de abogados que existen en México, para finalizar posteando un par de memes sobre “esa” creencia que si una persona no abogada gobierna un país, este será un lugar próspero y feliz. Vuelvo a insertar la imagen por aquello de la mala memoria, y porque es más falsa que la justiciabilidad de los derechos sociales en México.

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Bueno. Que por primera vez en mucho tiempo no exista un presidente abogado en Argentina no solo me emociona pues es un poco sobre lo que estoy estudiando, sino que también, suma puntos a mi favor, o bueno más bien (utilizando un pinche lenguaje adecuado para un trabajo académico) me ayudará a sustentar lo que intento probar. Pues una de las hipótesis que estoy tratando de desarrollar en la tesis es: Que la mala fama de la que gozan los abogados en el imaginario colectivo no única y necesariamente se corresponde con ejercicio de su profesión…, sino a algo más. A algo mucho más amplio. A algo que va por otro lado, ¿a la cultura jurídica puede ser?, ¿al propio derecho tal vez? Quién sabe, pero creer que de la profesión de la figura del primer mandatario depende enteramente la buena salud un Estado, y la completa dirección de las políticas públicas, es tan absurdo como creer que de un delantero depende por completo el resultado de un partido (aquí es donde levanta la mano Diego Armando Maradona y destruye mi hipótesis).

Por acá dejo el link al artículo del diario que hago alusión, no lo copio pues es más bien expositivo, y la verdad últimamente se me anda pasando la mano escribiendo entradas muy largas. Y para finalizar, bailemos al ritmo de Cristina Fernandez (el vime lo descubrí gracias al TW de @inconsistente).

Camisetas de fútbol de clásicos latinoamericanos de la filosofía del derecho

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Desde hace ya algunos días ha comenzado la Eurocopa de América, es decir, perdonen el colonialismo, la Copa América. A pesar de mi fanatismo por el fútbol, la verdad es que he estado más bien poco atento a esta competición. Ahora bien, esto no quita ni que siga los resultados atentamente, ni que aproveche la pinche coyuntura para postear algo al respecto.

Precisamente ahora que me encuentro en Alicante con los analíticos, he tenido la oportunidad no solo de volver a repasar a algunos autores clásicos de filosofía del derecho, sino también de pensar en esta área del derecho como un campo delimitado que despliega y retroalimenta su contenido a través de una determina región geográfica, que idílica y ancestralmente podría denominársele región latina. Precisamente, sobre este tema, Manuel Atienza ha escrito un paper denominado “La filosofía del derecho como filosofía “regional”“.

De lo “latinoamericano” se ha teorizado. Acaso Galeano sería uno de los que mejor han entendido dicha noción, aunque a mi parecer Jorge Volpi tiene una obrita, El insomnio de Bolivar, que refleja a la perfección las actuales condiciones de lo que implica, o más bien implicaba (pues su tesis es que esta región ha dejado de existir), ser latino. Ojo, se ha teorizado pero no estoy tan seguro que lo suficiente y más en la filosofía del derecho. Sí, están los estudios sociológicos, decolonialistas, la escuela de Boaventura, los colombianos de Dejusticia, pero propiamente desde la teoría jurídica encuentro obras más bien aisladas o que aspiran a compilar autores, corrientes, e identificarlas dentro de alguna tradición. Ahora mismo, recuerdo un texto de Binder sobre “cultura jurídica” que bien puede englobar un poco lo que digo, acá el link al texto que es bien pero bien pinche bueno.

Ya hice hace un año una selección mexicana de fútbol inspirada en el blog de Gustavo Arballo, y tuve que justificar, creo que de más, mis elecciones para ahorrarme algunas explicaciones (y  también algunos enemigos). Esta vez ya no lo haré, creo que se entiende claramente que toda decisión implica una arbitrariedad y que, para bien o para mal, existen razones racionales que puedan criticar o aplaudir lo elegido.

Algunas puntos a considerar:

  • Uno de los criterios para seleccionar fue sencillamente que no estuvieran vivos.
  • No elijo ni a los mejores, ni a los más conocidos, sino a los que he leído, o me han recomendado personas y amigos de los que me fío.
  • Elijo solamente seis países de los doce que están en competencia. Elijo esos seis porque, según yo, eran los que iban a pasar a la siguiente ronda. O sea, parecería obvio que Brasil y Argentina y otros cuatro. Chile por local, México por patriota, y Uruguay porque es Uruguay y Colombia porque todavía recuerdo el mundial pasado. Después de ya saber los primeros clasificados, queda claro que lo mío no son los pronósticos. Para eso tengo a mi amigo el profesor y oráculo Charly Asúnsolo, a quien aprovecho para mandarle un fuerte abrazo.
  • Utilizo el número 10. El creativo, el eje del equipo, el orquestador, el de verdad. Creo que de eso precisamente se trata ser filósofo del derecho. O algo así. Bobbio podría darnos luz sobre este tema.
  • Patriarcado. Es obvio que el fútbol es un deporte eminentemente machista. Lo mismo podría decir sobre la filosofía del derecho. Es bastante emblemático lo masculinizada que está dicha área jurídica. Los grandes, los clásicos, los más leídos, tradicionalmente han sido hombres. Esto no es poca cosa. Vale la pena echarle una pensada. Estoy escribiendo algo sobre el tema, prometo profundizar después.

A continuación, un Miguel, tres Carlos y dos Eduardos, quienes conforman la primera edición de las camisetas de fútbol de clásicos sudacas latinoamericanos de filosofía del derecho.


 

Brasil. Miguel Reale.Screen Shot 2015-06-21 at 10.30.41 AMArgentina. El Diego Maradona de la filosofía del derecho: Carlos Nino.Screen Shot 2015-06-21 at 10.25.46 AMChile. Eduardo Novoa Monrreal.Screen Shot 2015-06-21 at 10.22.46 AMMéxico. Eduardo García Máynez. Screen Shot 2015-06-21 at 10.16.14 AMUruguay. El precursor de los precursores: Carlos Vas Ferreira. Screen Shot 2015-06-21 at 10.24.56 AMColombia. Carlos Gaviria.Screen Shot 2015-06-21 at 10.29.29 AM

Las escuelas de Derecho en México, datos del CEEAD

En días pasados Luis Fernando Pérez Hurtado, Doctor por la Universidad de Stanford, cuya tesis fue dirigida por el gran sociólogo del derecho Lawrence Friedman, publicó en su Twitter (y creo que también en Facebook, pero no consta porque no tengo) una infografía sobre las escuelas de Derecho en México.

ByU49cuIUAAuoF-Dicha información, realizada en el marco del programa de Educación Jurídica del Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho, A.C. (CEEAD), revela datos bien interesantes sobre los abogados en México. Datos, por ejemplo, como los siguientes:

• Durante 2013-2014, un total de 1608 instituciones mexicanas de educación superior ofrecieron la licenciatura en derecho.
• En promedio, se están creando en México 3 escuelas de derecho cada semana durante los últimos años.

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No se me ocurre otra analogía para la eclosión de escuelas de derecho en México que la de los Gremlins.

• El Estado de México, es la entidad federativa con más escuelas de derecho con 194. Cifra que sobrepasa al total de instituciones de educación superior que ofrecen el mismo grado en Canadá (21), España (73), Alemania (44), / Ecuador (17), Paraguay (9), Honduras (4), y Guatemala (7). (Los datos de estos últimos cuatro país los conseguí acá)
• En Alemania hay menos escuelas de derecho que en Guerrero. En Canadá menos que en Nayarit. En España menos que en Guanajuato.

Como si fueran fábricas de abogados, estas instituciones producen, producen, producen, producen, y terminan convirtiendo a la licenciatura en derecho en una de las carreras más saturadas en México y generando, por ende, una situación de crisis de empleo, donde los nuevos abogados podrían verse obligados a aceptar trabajos de baja calidad y con menores salarios.

Los datos dan para mucho, pero muchísimo análisis. Incluso para una segunda parte de la tesis de Luis Fernando (acá encuentran la versión publicada por el IIJUNAM y el CEEAD). No obstante, la primer pregunta que surge después de leer dicha información es: ¿Existen demasiados abogados en México?

imagesY bueno, ¿quién más? ¿y quién mejor?, que el mismísimo y omnipresente Miguel Carbonell, que es más vivo que Cristiano Ronaldo dentro del área chica, —ABRO PARÉNTESIS (Fue Baudelaire el que dijo “Lo que es creado por el espíritu es más vivo que la materia”, ¿acaso, no será Carbonell un invento del cosmos?) CIERRRO PARÉNTESIS—, quien escribe de todo, e incluso de lo que todavía no ha pasado (ya he descrito a este peculiar jurista en otro post), el que responde a dicha pregunta en su columna de opinión en La Silla Rota, replicando los datos del CEEAD, y haciéndolo en un tiempo récord de solo 5 días después de que fue publicada la infografía.

El artículo de Carbonell no lo copio, pues lo único que hace es transcribir en prosa la información del CEEAD con una introducción, relativa a que “La carrera de derecho es la tercera más demandada en México, según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)” y con una conclusión de dos parrafitos. De cualquier manera acá está el link.

Ahora bien, ¿Cuántos abogados son demasiados abogados? Tengo la sospecha de que es realmente ahí donde se encuentran muchas de las claves de la cuestión. ¿Para qué me servirá preguntarme si hay muchos abogados en una determinada área geográfica, si al final se desconoce cuántos realmente ejercen la profesión, o cuántos se dedican a otras actividades totalmente ajenas al derecho? ¿Cómo andan las proporciones entre el número de licenciados en derecho que ejercen la profesión y el número de habitantes? ¿Índices de acceso a la justicia? ¿Abogados de oficio? ¿Análisis económico de los servicios jurídicos? ¿Índices de acciones promovidas?…

Israel, según tengo entendido es el país con más abogados en el mundo, mientras que Sudáfrica cuenta con una de las menores tasas de profesionistas por persona. ¿Esto los hace ser naciones más o menos democráticas o, por usar terminología de moda, los hace una país de leyes? No sé. Y no lo tengo nada claro. Seguramente existe alguna correlación que se pueda demostrar, pero no tengo la menor idea.

De hecho, ahora recuerdo que hay un meme colombiano que se burla de las profesiones de sus últimos presidentes, entreviendo que si en dicho país tuvieran mandatarios que no estuvieran la típica formación jurídica-económica, y por el contrario fueran como China quienes sus presidentes suelen ser ingenieros o personas de ciencias exactas, otra cosa sería. Meme tan falaz, como un billete de treinta, pero vale la pena traerlo a colación.

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También existe la versión argentina, donde ahí sí nadie se salva, pues todos son de formación jurídica.

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En fin… Hace falta que se consigan y transparenten estos datos. Hace más falta difundir estos datos. Hace mucho más falta estudiarlos.