Monthly Archives: June 2014

Merchandising sobre abogados No. 1

Imagen“Hablar es barato, hasta que tengas que hablar con un abogado”

La taza cuesta 17 euros, y la encontré en Zazzle, también existe en color negro y letras blancas.

Nueva sección: Merchandising sobre abogados No. 0

El merchandising (pronúnciese mer-chan-dai-singg) yo no lo conocía hasta que llegué a España. De hecho me atrevo a decir que en México no existe tal cosa, no existe el merchandising. Pero sin saberlo soy un compulsivo coleccionista del mismo cuando se trata de cualquiera de mis series de televisión favoritas o equipos de fútbol.

Entonces, en mi país de origen sí existe el merchandising pero le llamamos artículos promocionales, o acaso pendejaditas.

El término nos viene de los gringos, bueno no. Me equivoco, en este lugar nos viene de los anglosajones, de merchandise, y la terminación –ing. Su definición acaso sería mmm…, digamos cualquier mercancía promocional con ánimos de fomentar el consumo innecesario.

En esta sección publicaré, de manera enumerada, merchandising sobre abogados que me encuentre por Internet, o que yo, fomentando al diseñador frustrado que llevo en mi interior, impulse desde el aburrimiento y la procrastinación.

Hay muchos, pero muchos, artículos absurdos que tengo la seguridad que quienes ejercen la abogacía comprarían. Si tiene éxito esta sección, en unos años, tal vez, pero solo tal vez, inicie mi negocio de venta de merchandising jurídico.

¿A poco ustedes no compraría una camiseta de Kelsen para el viernes casual?

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O ahora que justo acaba de pasar la fiesta del orgullo gay, ¿acaso no usarían una de H.L.A. Hart bajo un nube que vomita un arcoíris? (Dejo aquí este paper sobre la orientación sexual del “filósofo del derecho más importante del mundo en el siglo XX”  por si se ofrece…)ImagenOjalá les guste esta sección. Y si existe algún interesado en hacer negocios con mis diseños, abajo están mis datos. Ok, no.

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¡Nos convertimos en abogados para hacer una diferencia!

Nos convertimos en abogados para hacer una diferencia

Memes sobre abogados

Abogados ciudadanos por Ana Laura Magaloni Kerpel

Hoy sábado 28 de junio de 2014, en su obligada columna de opinión, de caracter mmm ¿quincenal? en el periódico Reforma, Ana Laura Magaloni escribe sobre abogados. Su artículo aunque se centra en el trabajo pro bono dentro de la profesión—principalmente enfocado en los EUA, al utilizar un método comparativo para desarrollarla, sirve para poner de relieve diversas problemáticas que en México sencillamente no se discuten.

La inquietud sobre el tema no es algo nuevo para Magaloni, pues desde 2006, a través de este paper, que aparece compilado por Héctor Fix-Fierro en un conocido libro sobre abogados, ya se vislumbra su preocupación.

La lectura de su columna solo es posible si uno es suscriptor del periódico. Por tanto, les presto mi ejemplar.


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Abogados ciudadanos

El dilema que enfrentan las grandes firmas de abogados para aumentar las horas de trabajo pro bono y contar con abogados ciudadanos tiene que ver con su estructura de incentivos: en estas firmas, generalmente se cobra a los clientes por hora de trabajo y, para ello, cada abogado tiene que ir reportando, día a día y hora por hora, el trabajo realizado, el tiempo invertido, el cliente para el que se trabajó, etcétera. Los ascensos y los bonos anuales son resultado del dinero que cada abogado traiga al despacho, sea por conseguir clientes importantes, o por el número de horas trabajadas y que el despacho pudo cobrar. Ello significa, por ejemplo, que si un abogado se tarda el doble de tiempo del que regularmente toma una tarea, la firma posiblemente sólo pueda cobrar el tiempo que le debería haber tomado hacer esa tarea. No importa que haya trabajado el doble. Con este sistema de incentivos, todo está puesto para que tan pronto un abogado pone un pie en la firma se dedique a trabajar más de 12 horas diarias sin parar. ¿Cómo, entonces, hacer espacio al trabajo pro bono?

Los socios de grandes firmas europeas y norteamericanas que acudieron al seminario estaban convencidos de que, en el largo plazo, ese sistema de incentivos termina por generar vidas un tanto monótonas e insatisfechas. Comentaban que una parte importante de su vocación por el derecho cuando iniciaron su carrera había tenido que ver con la justicia y el impacto que tiene la profesión legal en la cohesión, la prosperidad y la paz de la colectividad. Arruinar, con un sistema de incentivos perverso, esa cara de la profesión legal es costoso tanto en términos personales como sociales. ¿Qué hacer al respecto?

Los que han tomado la batuta son los norteamericanos. En Estados Unidos, las firmas de abogados están incentivadas a llevar trabajo pro bono, pues ello se ha convertido en una importante fuente de buena reputación. Muchas veces, los mejores estudiantes de las facultades de derecho norteamericanas eligen trabajar en uno u otro despacho en función de las características y relevancia del trabajo pro bono de la firma. Asimismo, la Barra de Abogados de Nueva York, entre otras, exige que, además de pasar el examen para poder litigar en la entidad, el abogado debe haber llevado a cabo un número importante de horas de trabajo pro bono.

Esta práctica de una profesión legal al servicio de los intereses colectivos es inexistente en México. Inclusive las firmas de abogados internacionales con sede en México que, en otros países llevan a cabo trabajo pro bono, en México, salvo honrosas excepciones, no lo hacen. Esta indiferencia de la élite jurídica mexicana por su impacto en la justicia social es uno de los grandes lastres de nuestro sistema jurídico. Para que cambie, el Estado tendría que diseñar un nuevo sistema de incentivos, que puede ir desde la colegiación obligatoria, hasta la obligación de los estudiantes de derecho de trabajar un tiempo en la defensoría pública, como lo hacen hoy los estudiantes de medicina en los hospitales públicos.

La vocación por el interés público está en muchos estudiantes de derecho. Ello me consta. Busquemos los caminos para que estas vocaciones no se pierdan. Estoy segura de que un México con muchos abogados ciudadanos será un México más potente, más próspero y menos violento.

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Conviértete en abogado, decían. Será divertido, decían.

Conviértete en abogado, decía. Será divertido, decía.

Memes sobre abogados

Los abogados y la política por Gustavo Briceño Vivas

El pasado 23 de junio fue día del abogado en Venezuela. La celebración se aprovechó para realizar diversos actos en la república bolivariana.

De hecho, me atrevería a decir que dicho país, cuenta con el académico que ha estudiado más a estos actores jurídicos en todo Latinoamérica. Rogelio Pérez Perdomo, a mi consideración, es un referente bibliográfico obligado del tema. Valga, esta entrada para mencionar que eventualmente podré a disposición diversos de sus artículos y obras al respecto.

Pero bueno, el día del abogado en Venezuela también sirvió como excusa para escribir sobre el tema. A continuación, comparto el artículo de opinión de Gabriel Briceño Vivas, abogado y profesor universitario en la Universidad Central de Venezuela, que dImagenesde una posición política contraria al gobierno en turno, desarrolla sus ideas.

El artículo, que es de acceso libre, fue publicado en El Universal, el día 24 de junio de este año. Subrayo las ideas que me resultaron más interesantes.


ImagenLos abogados y la política

Ayer lunes 23 de junio fue el día de los abogados. Y eso es decir mucho, por cuanto los abogados son los profesionales de un país que más sufren las consecuencias de una autocracia. La dictadura, constituye el mal gasto de la libertad, por cuanto los hombres y las mujeres que habitan en un país sin libertad encuentran su vida marcada por la carencia de expresión y de pensamiento, tal indica la dificultad que tiene un profesional del Derecho para desarrollar sus potencialidades y sus imaginaciones.

Una democracia con problemas alerta la existencia de un sistema judicial incompatible con la verdad y la armonía. Desde allí, se planifica la injerencia del Estado que limita sin ley que ampare al Hombre y su destino y lo embarca en ideas que a la larga infringe sus conductas y somete sus sentimientos. Los abogados son personas que cumplen una vida filantrópica, si se quiere, por cuanto adquieren el hábito de mejorar las condiciones sociales y personales de los demás, lo que indudablemente la abogacía como profesión, se encuentra vinculada muy especialmente al género humano en su cuido y todo lo que ello significa en un contexto social y político como el que convivimos. Partiendo de esta concepción, ¿cómo pueden los abogados vivir en un país donde su actividad principal como lo es el de abogar por los demás, se encuentra muy limitada por las políticas gubernamentales? Respuesta difícil, si adquirimos el pensar y convivir en un país donde la justicia no existe y donde la misma se encuentra seriamente comprometida en sus efectos y en sus consecuencias.

Cuando decimos que en una determinada sociedad no hay justicia, ello tiene un significado muy específico, cual es que, la propia sociedad puede hacerse justicia por sí misma, lo que delata una verdad existencial peligrosa y es el hecho de que en cualquier momento puede darse un conflicto bélico y producir muertes, dado el ejemplo determinante que sin justicia, la ley como expresión de la voluntad general se sitúa al margen de las necesidades y deseos sociales. Acantilados por un espíritu de abogar por los demás, la contradicción entre justicia y autocracia parece un conflicto irremediable a los ojos de un abogado, es desde luego, una situación enfermiza y digna de sobresalir en un país en crisis.

Los profesionales del Derecho no pueden escurrir la lucha cuando de la libertad se toca, entre otros motivos, porque la profesión de abogado supone una lucha por los demás, en su propia naturaleza; el abogado actúa con un significado especial, producto de su carrera y de la idea que él está para ayudar a hacer justicia en los demás. El buen abogado es fundamentalmente un hacedor de justicia, con cuidado de no caer en un Robín Hood, ni mucho menos dejarse someter por un mercantilismo encausado en litigios inútiles y sin sentido. Luchar por la justicia es una tarea titánica, en condiciones normales; imagínese, estimado lector, luchar por la justicia en un país donde la ausencia de ella es un síntoma manifiesto que invade de forma real la sociedad entera. En términos religiosos es un pecado, no darle a cada quien lo suyo, y lo que ella implica como noción, ejemplifica que el día del abogado debe ser un feriado nacional, dada las características de que referencia hacemos a una de las profesiones más dignas y sacrificadas que existen en el mundo. Prácticamente se los manifiesto con entera causa, quien ha disfrutado y sufrido mucho esta profesión.

Tres chistes sobre abogados y analogías con animales

  1. “¿Por qué los laboratorios que realizan experimentos decidieron usar abogados en vez de ratas? Por tres motivos: 1. Los abogados son más numerosos. 2. Los asistentes de laboratorio no se encariñan con ellos y, 3. Hay en definitiva algunas cosas que las ratas no harían”
  2. “¿Cuál es la diferencia entre un abogado y un vampiro? El vampiro te chupa la sangre solo de noche”
  3. “¿Por qué los tiburones no atacan a los abogados? Por cortesía profesional”

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“Un abogado de su propia causa”, antipoema de Nicanor Parra

Nicanor Parra, creador de la antipoesía, ganador del Cervantes en 2011, hermano de Violeta, y quien según Roberto Bolaño “no escribe sobre la pureza. Sobre el dolor y la soledad sí que escribe; sobre los desafíos inútiles y necesarios; sobre las palabras condenadas a disgregarse así como también la tribu está condenada a disgregarse“, tiene dentro de su vasta obra, un antipoema donde hace alusión a la profesión de abogado… En lo personal es uno de mis poetas favoritos. Tanto así, que si algún día termino mi tesis doctoral, tengo el firme propósito de iniciarla con su siguiente verso:

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El antipoema lo encontré en este libro que compila, en inglés y en español, diversas composiciones del chileno próximo a cumplir cien años de vida en este septiembre.

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Le pedí de favor a mi querido Cristo Corvalán, oriundo de Valparaíso, aunque con hartas ganas de ser mexicano (en específico del norte del país), compañero de generación en el doctorado aquí en Madrid y sobre todo alegre y buen amigo, que me compartiera su interpretación de lo que escribe Nicanor en este antipoema. Va…

En este caso es un abogado de su propia causa, no está ahí defendiendo intereses ajenos sino propios, llega a un lugar que suele estar relacionado con el deber de guardar respeto por los muertos, un lugar de oración, también de peticiones para que el finaito interceda en favor del visitante (ojo con esto, podría ser el abogado desesperado que pide ayuda extraterrenal), pero sobre todo importa que va un lugar de recogimiento, de paz, de descanso eterno y que representa además el momento en que te llega la hora de rendir cuenta por tus malas actitudes en vida.

Los claveles son flores que se regalan en señal de respeto, amor y/o admiración, y no sólo por los muertos, también para los vivos; pero en este caso son rojos, lo que uno podría relacionar con amor.

Llega y se descubre con solemnidad: respeta los usos apropiados al lugar y muestra al muerto el respeto aún ante su no presencia. Es típica la asociación de los abogados con el respeto a las formas, no sólo jurídicas (que es lo que nosotros sabemos como abogados formalistas), sino también a las buenas costumbres, los buenos usos (de hecho, un profe dijo alguna vez que el título de abogado era el único título nobiliario que quedaba vigente en Chile; los título nobiliarios los abolieron por el 1815); en palabras simples: es reconocido como el gentleman sudaca jajaja.

Cuando llega el momento de depositar su ofrenda (lo que podría confirmar que está ahí por un interés rogatorio, pidiendo una intervención del más allá en su favor, porque es abogado de su propia causa) no tiene donde hacerlo y no decide nada mejor que robarse, ni siquiera un florero, un tarro de duraznos que alguien humildemente improvisó como florero. Aunque respeta todos los buenos usos, acorde a su condición de abogado, defiende sus intereses sin importar echar mano a una trampita, a una improvisación, a fin de que resulte lo que quiere obtener.

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Decidí compartir íntegramente lo que me contestó mi amigo. Y es que, como casi siempre, la verdad suelo coincidir demasiado con todo lo que dice mi querido Cristo. Creo que alterar su interpretación o acaso completarla sería tan osado como innecesario. Además es chileno. Y que un chileno interprete a otro chileno en el contexto chileno, es casi casi lo mismo que un mexicano escriba sobre mexicanos en México. O sea, asegura una calidad y fidelidad al entorno que cualquier interpretación realizada por algún ignoto outsider estaría fuera de lugar. No por nada la mejor novela sobre mi país la escribió Roberto Bolaño que era…, mexicano.

P.D. La bandera de la imagen no es la de Texas, es la de Chile.