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La toga en el ejercicio profesional de la abogacía por Oscar Cruz Barney

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Hace algunos meses, al conversar con Octavio Martínez Michel sobre el ejercicio de la abogacía y la estética de esta profesión, me sugirió escribir para Borde Jurídico (el artículo ya se publicó, lo que hago este domingo es, sencillamente, replicarlo en el blog y ponerle fotitos) sobre el uso de la toga en el ejercicio profesional de los abogados. Sinceramente, la idea me entusiasmó muy poco. 

Creo que el uso de la toga es un tema menor. Aunque, no por ser un tema poco importante deja de tener alguna relevancia. Aun así, no creo que sea una cuestión a la que haya que dedicarle un artículo de opinión. Sin embargo, hay algunos juristas que sí lo creen. Y heme aquí escribiendo no sobre las togas, sino sobre los que están a favor de estas.

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Cruz Barney contemplando a Cruz Barney. Swarzeneger contemplando a Swarzeneger.

En específico, escribo contra el uso de las togas en la profesión por lo aducido en un artículo escrito por Oscar Cruz Barney, publicado en el número 26 de la revista Hechos y Derechos. Si dichas líneas hubiesen sido escritas por cualquier otra persona involucrada en el campo jurídico, lo ahí plasmado no me parecería tan alarmante. Pero al momento en que es, precisamente, este investigador de la UNAM quien ha fungido como uno de los principales impulsores, y artífices de la “Reforma constitucional en materia de colegiación y certificación profesionales”, que desde el año pasado se viene queriendo impulsar en México, y también de la recién difundida “Ley general de la abogacía mexicana”, vale la pena comenzar a preocuparse.


1. Ocurrencias y recetas

Alguna vez Octavio Paz afirmó que Carlos Monsiváis, “no era un hombre de ideas, sino de ocurrencias”. El solemne y renombrado Nobel mexicano, para criticar al tiempo que burlarse de la escritura de su colega ensayista, decidió endilgarle un concepto más bien empatado con la distracción y la falta de rigurosidad. “Paz es un hombre de recetas”, respondió sagazmente Monsiváis, para avivar la futura polémica que no llegó a mayores.

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Una forma de entender las ocurrencias es empatándolas con lo insultante y lo desdeñoso. Otra, es contemplarlas como ideas con posibilidades futuras. Postulados con un potencial descomunal. Imaginativas representaciones que, tarde que temprano, madurarán para abrir causes alternativos y mostrar otros caminos.

En un sentido, las recetas, en cambio, son instrucciones, enfáticas indicaciones que aspiran a la consecución de ciertos remedios. En otro, las recetas conllevan una fuerte dosis de moralidad inoportuna, claudicando de antemano imaginar algún tipo de procedimiento alternativo. Estas marcan tajante y dictatorialmente el camino a seguir. Pueden resultar o no, pero el componente que implica la corrección un desperfecto de forma indefectible está presente.

Ahora bien, una cosa son las ocurrencias y las recetas y otra cosa son los disparates.

Lo que escribe Cruz Barney no son ocurrencias, ni tampoco recetas, son disparates disfrazados de razones, argumentos edulcorados y sin ningún tipo sustento. Algo dicho fuera de razón.

2. Contra los disparates que aducen los que están a favor de las togas

A continuación, se analizan algunos de los disparates del artículo. El autor escribe que la toga:

  • “Es una vestimenta propia de la profesión de abogado”
    • No, esto es falso. En todo caso, la toga sería la vestimenta propia de un tipo de abogado. Muchos de los problemas al querer teorizar, o realizar algún intento por corregir la profesión, radican precisamente en esta confusión, en generalizar y englobar a todos los diferentes tipos de abogados en uno solo.
  • “Es una prenda que colabora en la dignificación del ejercicio profesional”,
    • Decir que algo colabora por el solo hecho de decirlo no es suficiente. Habría que justificar porqué la toga colabora a la dignificación profesional. Lamentablemente en este caso no se dice nada.
  • “Permite igualar en presencia a los profesionales del derecho en el foro, entre ellos y respecto al juez”.
    • Si esto fuera verdad, significaría que por no usar togas en México, desde hace ya muchos años, nos encontramos en una situación que contraviene cuestiones sustanciales en el ejercicio forense como igualdad ante la ley y debido proceso. Incluso eso de “igualar en presencia” asoma una idea elitista que puede rayar en la discriminación.
  • (Se usa en países tales como) “Brasil, Francia, Italia, España, Inglaterra, Turquía, etcétera”
    • Desconozco qué tan dignificada está la profesión en Turquía por usar la toga, quiero creer que el autor lo sabe. En fin, así como existen países donde se usa toga, también existen muchos otros donde no se usa (países, por ejemplo, como Argentina, Chile, China, Dinamarca, Perú, Suecia, Israel), y esto, por la variedad y divergencia de sus sistemas, sus operadores y sobre todo su cultura jurídica, no es un factor que colabore a dignificar la profesión.

3. De historias a historias

En el artículo en cuestión, Cruz Barney narra los orígenes de la toga. No dudo que alguien encuentre interesante lo ahí plasmado, quizás los modistas, las diseñadoras de ropa, o aquellas personas con interés en la industria textil, no lo sé. Lo cierto es que para los fines pretendidos, el autor antes que aportar razones que justifiquen retomar el uso de la toga en la profesión, utiliza el argumento histórico de manera ornamental.

Y es que hay de historias a historias. Historias que sirven para decorar argumentos, como las que narra el autor, u otro tipo de historias que develan fisuras y quiebres al analizar un fenómeno determinado… La de la toga en el ejercicio de la abogacía, por ejemplo.

Pese a que algunos niegan el parentesco de la toga romana con la indumentaria del abogado, es pertinente suponer que debido a la preeminencia del derecho en tales épocas, este terminó por delinear aspectos que encontrarían cauce de manera colateral en la eventual profesionalización de la abogacía. Así, la toga, como vestimenta característica de los romanos, tuvo un rol destacado en dichos asuntos.

ponerse-la-togaLa toga en la sociedad romana reflejó la condición de quien la portaba, distinguiendo inicialmente a los ciudadanos de los extranjeros y después categorizando de forma general las distintas funciones sociales y políticas desarrolladas en Roma, considerando que la indumentaria forma parte del ser humano y tiene una significación social evidente, como bien lo ha dicho Bengoa Vázquez Varela.

Pese a que, los abogados no estaban propiamente obligados a vestir un atuendo específico en sus comparecencias ante los tribunales, lo cierto es que, prácticamente en todos los países del mundo la acción de la justicia se asocia con el uso de ciertas ropas (por ejemplo, el traje y la corbata donde no se usa toga) y la utilización de determinadas enseñas, como ha escrito Luis Zarraluqui en “De togas, pelucas y otros adminículos”, en Lex Nova – La Revista.

Tal como, afirma Lucía Becker, “en la puesta en escena, el vestuario también tiene su dramaturgia y cuenta una historia, por medio del lenguaje visual con el espectador que comunica y se convierte en signo de lo que quiere decir”. Por tanto, el uso de togas en la actividad forense romana cumplía una embrionaria función de diferenciación social, en aras de mantener un cierto respeto en el ejercicio de la abogacía.

Luego de criticar el uso de la toga en la profesión, y presentar otra visión histórica que no necesariamente se empata con el fervor por la misma, a continuación se intentará develar algunos atavismos que al día de hoy todavía se encuentran vigentes, para después desplegar algunas propuestas sobre el tema.

4.  Atavismos vigentes

Aunque cada vez son menos los países en los que obligatoriamente se requiere el uso de una toga para comparecer en juicio por parte del abogado, la imagen social del mismo se mantiene enfocada en tratar de distinguirse de los demás.

En un estudio correlacional de 2003, un profesor colombiano, Mauricio Rojas, descubrió, a través de una pequeña muestra en la Universidad del Rosario, Colombia, que es en la que se desempeña, que antes que la preparación profesional, la ética, las competencias comunicativas o la honestidad, es la presentación personal el aspecto más valorado socialmente en el abogado. Y aunque dicha investigación no puede ser representativa o lo suficientemente amplia para obtener conclusiones generales, sí nos recuerda que la profesión de los abogados se ve al final del día como una profesión de formalismos, de gestión de relaciones públicas.

5. Recetas, ocurrencias y hasta disparates para “dignificar” la profesión de abogado

Se necesita discutir tanto recetas como ocurrencias para tratar de hacer algo con el ejercicio de la abogacía en México.

Si de lo que se trata es de “dignificar” la profesión, creo que antes que pensar en atuendos, en vanos e inaccesibles códigos deontológicos, en reformas abstrusas y poco realistas, se debería intentar acercar el derecho a la experiencia cotidiana.

20080508174208-honore-daumier-5Luchar contra ese hermetismo que tanto caracteriza la cuestión jurídica y hacerla más accesible no solo para sus operadores, sino, y sobre todo, para la sociedad. Para llevar a cabo esto, antes que reunir a un grupo de expertos cuya visión de la profesión sea totalmente idílica, o proponer lo de siempre para que nunca se cambie nada, haría falta aportar recetas y ocurrencias. Razones y argumentos antes que disparates.

A continuación, algunas recetas, ocurrencias y hasta disparates para “dignificar” la profesión de abogado:

– Recetas

  • Reforma del lenguaje jurídico.
  • Ampliar y fortalecer la figura de los defensores de oficio.
  • Promoción y difusión de métodos alternativos de resolución de conflictos como la mediación, la conciliación, o el diálogo.
  • Reforma en materia de educación jurídica.

– Ocurrencias

  • Exámenes estandarizados para titularse.
  • Tazar los honorarios.
  • Manuales de estilo y redacción de demandas.

– Disparates

  • Uso obligatorio de pelucas.
  • Latín como lenguaje oficial en la redacción de demandas.

7. Conclusión

Espero sinceramente que estas líneas no provoquen que se abra una petición en change.org contra las togas, tampoco que se genere algún tipo de debate al respecto, ni mucho menos se levante el más mínimo interés sobre el tema.

Que esto suceda así, sería una buena señal de la poca importancia que tiene el uso de la toga en la abogacía. Suficiente tenemos con un artículo de Cruz Barney y este lamentable intento por replicar disparates.


A continuación replico el artículo sobre el que habla este post, publicado en el número 26 (Marzo – Abril 2015) de la revista Hechos y Derechos.

Sobre el copipeisteo. A propósito de la infografía de México SOS y los artículos de Edgar Elías Azar y Alejandro Martí

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Durante las ediciones de los años 2011 y 2012 del evento cultural más importante en México, casual y coincidentemente, los reflectores fueron acaparados por dos abogados. Dos abogados que aunque no necesariamente ejercen su profesión, no dejan de ser abogados.

De la edición del 2011 de Feria Internacional del Libro de Guadalajara, diré más bien poco, pues la verdad es que el presidente de la República no deja de superarse a sí mismo con sus equivocaciones. Me limito a recordar que el entonces precandidato del partido que institucionalizó la revolución, el Licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana, Enrique Peña Nieto, al presentar su obra “México, la gran esperanza”, no supo responder a la pregunta de cuáles eran sus libros preferidos, confundiendo autores y terminando por asegurar que La Biblia, que aunque no la ha leído toda, era uno de sus favoritos.

ABRO PARÉNTESIS: Yo siempre desconfío y catalogo inmediatamente como personas no lectoras a aquellas que me dicen que La Biblia es su libro favorito, por cuatro motivos:

  1. La Biblia son muchos libros en uno, y de muchos autores; por lo que es poco probable que se pueda juzgar con el mismo criterio y rigor literario la obra en cuestión.
  2. Del Pentateuco, a excepción del Génesis y Éxodo, los otros tres libros son más aburridos que leer el artículo 27 constitucional o ver un partido de Rayados, con ese inicio tan lento, es probable que como el actual esposo de Angélica Rivera muchos hayamos abandonado ese proyecto después de las primeras cien o doscientas hojas.
  3. De los cuatro evangelios, yo la verdad prefiero el de Saramago, (no entraré en cuestiones de credibilidad que se me puede acusar de hereje, traidor o contradictorio) por simplemente encontrarlo más llevadero.
  4. La difícil cuestión de encuadrar los Salmos, no es tema menor; pues ya que si bien son parte de la misma obra, estos están considerados como cantos o poesías (existiendo unos lindísimos y bastante armónicos).
  5. Sospecho que para poder considerar a la Biblia como un libro favorito, también se deben conocer con igual o mayor profundidad cualquier otro de los considerados libros sagrados de tantas religiones existentes.

Nota aclaratoria: Desconfíen más de quienes no saben contar y desconfíen mucho más de los que desconfían. CIERRO PARÉNTESIS.

Me centraré en la edición del 2012 de la Feria, al momento en que el jurado que concede el premio FIL de Literatura a un determinado escritor por su trayectoria, se vio envuelto en una fuerte polémica por otorgárselo al Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú, Alfredo Bryce-Echenique, acusado de plagio en múltiples ocasiones. El autor, al recibir previamente el premio para evitar altercados, buscó defenderse y al hacerlo cayó en fuertes contradicciones y una vez desesperado, optó por el insulto.

Situación triste, sin lugar a dudas… Pero (creo) un tanto explicable. Me explico.

En lo personal no tengo problemas con la copia, mmm…, bueno, vamos a ver. No tengo problemas siempre y cuando se encuentre bien referenciada y claramente delimitada.

Cuando tuve la oportunidad de dar clases, les decía a mis alumnos que no estaba peleado con el copipeist, solo que en caso de que decidieran utilizar esa (cansina, aburrida, y poco creativa) técnica, me dejaran, por favor, bien claro cuáles eran sus ideas y cuáles no, y de esas que no eran suyas, fundamentaran el motivo por el que dichas ideas se encontraban en su trabajo, o bien que las criticaran y las comentaran.

Entonces, para mi, andar copipeistiando alegremente por la vida, siempre que se cite la fuente, no me parece que esté mal. Estaría mal hacerlo y no citar la fuente. Y peor sería copipeistiar y que te cachen.

Escribo todo esto porque en días pasados ocurrió algo curioso.

En México, como ya se habrán enterado, desde hace un par de meses son tiempos de vacas gordas, épocas doradas, para escribir sobre abogados; esto debido a la reforma constitucional que se avecina sobre colegiación y certificación profesional. Todos tienen que decir algo al respecto. Da igual si nunca has estudiado el tema, o si ni siquiera te importa, tienes que decir algo porque ES el tema de moda. Está cool escribir sobre abogados y colegiación, y por qué no, ya que andamos en esas, también sobre ética profesional. Estás out (jurídicamente hablando) si al día de hoy no has dicho nada al respecto.

Sinceramente este blog para eso es, para aglutinar cualquier opinión que excepcionalmente existe sobre abogados, pero lo cierto es que me he visto rebasado…, son tantos los escritos que mejor claudiqué, tiré la toalla, pues la verdad es que me parece, y me incluyo, que nadie dice nada. Vueltas en círculos, perros persiguiéndose la colita. Rebuscadas digresiones teóricas, críticas muy críticas, benevolentes e idílicas recetas, bla bla bla, pocas implicaciones prácticas.

Prueba de esto, no es solo que se sigan utilizando los mismos argumentos, sino que también se siguen utilizando los mismos datos, para responder las mismas preguntas:

¿Cuántos abogados hay en México? ¿Cuántas escuelas de Derecho hay en México?

Y bueno, pues quién tiene estos datos. Pues poca gente la verdad. Poca gente que se ha puesto a chambear con seriedad en los mismos. Y que por lo tanto resultan valiosos. Tan valiosos que bien valdría la pena reconocer, o por lo menos citar, cuando se les refiere.

El Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho, CEEAD, desde septiembre de 2014 emitió una relevante y novedosa infografía sobre el número de escuelas de derecho y abogados en México. Datos que no son menores, pues implicaron un arduo trabajo de investigación y recopilación información.

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A tan solo algunos días de que se dio a conocer dicha información, Miguel Carbonell replicó la información con su debida fuente en su columna de La Silla Rota. Sobre esto ya he escrito pero va de nuevo…

Los datos dan para mucho, pero muchísimo análisis. Incluso para una segunda parte de la tesis de Luis Fernando (acá encuentran la versión publicada por el IIJUNAM y el CEEAD). No obstante, la primer pregunta que surge después de leer dicha información es: ¿Existen demasiados abogados en México?

Y bueno, ¿quién más? ¿y quién mejor?, que el mismísimo y omnipresente Miguel Carbonell, que es más vivo que Cristiano Ronaldo dentro del área chica, —ABRO PARÉNTESIS (Fue Baudelaire el que dijo “Lo que es creado por el espíritu es más vivo que la materia”, ¿acaso, no será Carbonell un invento del cosmos?) CIERRRO PARÉNTESIS—, quien escribe de todo, e incluso de lo que todavía no ha pasado (ya he descrito a este peculiar jurista en otro post), el que responde a dicha pregunta en su columna de opinión en La Silla Rota, replicando los datos del CEEAD, y haciéndolo en un tiempo récord de solo 5 días después de que fue publicada la infografía. 

El artículo de Carbonell no lo copio, pues lo único que hace es transcribir en prosa la información del CEEAD con una introducción, relativa a que “La carrera de derecho es la tercera más demandada en México, según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)” y con una conclusión de dos parrafitos. De cualquier manera acá está el link.

Vuelvo sobre el tema pues durante esta semana recibí una infografía de la asociación civil que preside y fundó Alejandro Martí, México SOS, la cual copia a la infografía del CEEAD. O sea, hahahaha, una infografía dentro de otra infografía, algo tipo Inception, o tipo Vicente Fernández cuando pinta cuadros al oleo de Vicente Fernández.

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¿Los que hicieron dicha infografía están copiando sin citar? Sí. Y eso está feo. Pero está más feo que no solo copien, sino que además copian mal, pues en México no se crean tres escuelas cada dos semanas, como dicen ellos, sino cada semana, como dice la infografía del CEEAD.

Pero bueno tampoco pasa mucho, no es propiamente un trabajo académico, ni una opinión editorial, además habrá que mencionar que el pasado 2deoctubrenoseolvida, en un escrito publicado en el periódico El Universal, el señor Martí, al hablar ZzzzzZzZzzzzzzzZzzZsobre colegiación, ahora sí cita la fuente del CEEAD (aunque también lo hace mal), como queriendo solventar lo sucedido, o reivindicar a los generadores de la información, o yo qué sé cuáles serán las razones por las que sí decide citar su fuente en el artículo pero no en la infografía.

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Lo cierto es que sería bastante burdo y grosero que en un artículo de opinión publicado en un importante periódico de circulación nacional se hiciera alusión a este tipo de datos y no se citara la fuente. Bien por el señor Martí que copipeistea y avisa. Dudo que exista alguien que tenga la desfachatez de no hacer esto.

Me equivoco. También durante esta semana, y también en una columna de opinión en El Universal, nada más y nada menos, que el mismísimo Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Edgar Elías Azar, al hablar ZzzzzZzZzzzzzzzZzzZsobre colegiación, cita los datos del CEEAD sin referencia alguna.

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Como dijo una amiga, “¿cómo queremos profesionalizar abogados, si no actuamos de manera profesional cuando damos datos sobre la colegiación y certificación?” La pregunta, entonces, sería: ¿Quiénes profesionalizan a los que profesionalizan? Chale.

ABRO PARÉNTESIS No puedo pasar la oportunidad de comentar la foto del Magistrado. Hahaha, o sea da para un post entero, y mil memes, se me ocurren tres…

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CIERRO PARÉNTESIS. En fin.

Hay de maneras a maneras. Y también de operadores jurídicos a operadores jurídicos. De persona a personas. Un ejemplo, también con los datos del CEEAD, y también en El Universal (me voy percatando que este periódico es, posiblemente, el que más haya publicado cosas sobre abogados y colegiación, hmmm), que me parece acertado, o más que acertado que sencillamente se limita a sí hacer una referencia, y justificada, de los datos, fue a través de un artículo del Ministro Cossío, denominado: ¿Y los abogados?

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Como diría un compadre, si bien es cierto que la información que genera el CEEAD es pública y que todos la pueden utilizar, también lo es que un principio ético básico es el dar reconocimiento a las fuentes de las que obtenemos la información.

Más allá de lo patético que puede resultar la copipeistiada sin fuentes, del plagio y sus implicaciones éticas (agravadas cuando son llevadas a cabo por alguien que aspira a profesionalizar la profesión), me parece tan sensato como importante llamar la atención sobre la riqueza de citar fuentes, y lanzar una invitación a intentar abandonar la idea de que todos debemos ser grandes generadores de LAS ideas y LOS datos, de información novedosa, nueva, atractiva, de seguir queriendo descubrir el hilo negro.

El último libro que ha escrito Alfredo Bryce Echenique se titula Dándole pena a la tristeza, bastante adecuado para estos tiempos.

Entre abogados te veas… por Pedro Salazar Ugarte

011113_HIDRAImaginemos un villano de esos invencibles. No tipo Dart Vader, o Lord Voldemort, Úrsula la de La Sirenita, o Scarf en El Rey León, que aunque terribles, al final siempre pierden frente al bien y desaparecen. No. Uno de esos que como el mar, se va y siempre regresa. Se me ocurre evocar a alguien más bien de carácter mitológico, tipo el monstruo acuático llamado Hidra. O sea, que le cortan una cabeza, y le salen dos más, que se tiene la seguridad de que ya ha fallecido, y al final se levanta y vuelve a causar estragos. Acaso, otro ejemplo por el estilo también sería el pollo gigante de Family Guy que pelea con Peter Griffin cada temporada, y que aunque suele perder las batallas a muerte, de manera irremediable al final, cuando se cree que está inerte, abre un ojo y queda vivo (aunque convaleciente) para la próxima batalla. Bueno pues lo mismo con el tema de la colegiación de los abogados en México.

Cuando parece que el tema se ha calmado, pasa un buen tiempo, y así de la nada, ¡PUM!, este aparece intempestivamente y durante varias semanas, o incluso meses, hay que hablar sobre colegiación.

Chingaó. A mi el tema me cansa un poco, sobre todo por la manera como se suele abordar. Pero al mismo tiempo que me cansa, también me enoja, pues este tiene mucho, muchísimo, potencial, pero las formas fallan, se vuelve trivial, lo postulado hay que venderlo como remedio, y como solución a todos nuestros problemas jurídicos. Y que ni se nos ocurra estar  en contra porque es pecado. Y también hay que aplaudir y usar togas porque así tendremos mejores abogados. Bah.

Sin embargo, pues ahí hay que estar al pendiente de lo que se diga, y sobre todo preparados para lo que se venga.

Como esta semana fueron unos “foros” “públicos” en el Senado de la República para discutir las reformas sobre colegiación y certificación profesional, pensé que sería buena idea hacer a través de este espacio una especie de anti-foro, o sencillamente estar presentando visiones críticas, y disidentes, sobre la colegiación, un tipo de Semana de la colegiación en el blog. Pero la verdad es que ni me alcanzó el tiempo, ni tampoco me terminó de entusiasmar la idea. Igual mejor en las siguientes semanas voy presentando algunos de los materiales que encontré.

Escribí algo para un blog del CIDE que por acá lo encuentran (y que días después Oscar Cruz Barney también lo hizo pero en otro sentido). También se recuperaron en Borde Jurídico un par de escritos que me pidieron el año pasado sobre las reformas de colegiación y certificación, que en aquel entonces también estaban de moda y todos hablando de estas. Pero poco más.

Yo no lo sé. Yo no estoy en contra de la colegiación. Estoy en contra de cómo se ha planteado esta colegiación, y también de lo idealizada que está la profesión del abogado en el país. De que sea tan hermética, de que los clientes, y los usuarios de los abogados no tengan nada que ver en esto. Se necesita creatividad, y mucha para sortear los problemas del ejercicio de la abogacía en México. Pero pues esto no interesa. Habrá que sacar la reforma rapidito, y sobre la marcha ir viendo cómo fracasa, y cómo se adecua a la cultura jurídica. Todo mal. Todo improvisado, todo tarde. En fin, heme aquí otra vez hablando sobre colegiación, pido que me ignoren, tanto por mi desinterés, como por mi odio infundado. En todo caso, y ya que andamos en esto, recomiendo a Cecilia Martínez (abogada por la UDEM e investigadora del CEEAD), que hizo un excelente trabajo, en el marco de su maestría por el ITESM, sobre el tema. Ella sí sabe sobre esto, es más conciliadora que yo (no sé si esto necesariamente es algo bueno), y también más sensata (esto tampoco), y sobre todo más audaz y más clara (esto creo que sí) que muchos que, como yo, escriben sin ganas o escriben por escribir por la coyuntura, o porque en estas semanas el tema volvió . Ya le he dicho, y pedido, que me gustaría leer su opinión sobre lo que estamos viviendo pero pues quién sabe, como que no se anima (sí Cecilia. Si estás leyendo esto, interprétalo como una forma de presionarte).

Dentro de los muchos que están, que estamos, hablando sobre colegiación, lo hizo el director de Jurídicas de la UNAM, Pedrito Salazar, y me llamó la atención que el artículo editorial de su columna en El Universal la tituló igual que este blog, es decir Entre abogados te veas…

Ya he explicado el origen del nombre de mi blog, y también he dicho algunas cosas sobre este dicho. Y nada, sencillamente me hace gracia, haha. O sea me da poquita risa, pero poco más que comentar. Salazar es muy pero muy lúcido en sus temas de democracia, teoría del derecho, de constitucionalismo, pero pues bueno para esto de la colegiación, este mmm hmmm, pues más bien más de lo mismo, detectar problemas, justificarlos, pero dentro de las mismas fórmulas y esquemas en que se plantea el tema de colegiación, certificación, y ética en la profesión. Sinceramente me gustaría creer que con buenas intenciones basta, pero pues no, hay que teorizar, y entrarle de lleno, y socializar el derecho, y mil cosas más. Ahí queda. Más que por interés, escribo este post para dejar constancia de lo escrito por Salazar, y para seguir cumpliendo con la misión archivística de este blog sobre cualquier cosa que se produzca sobre abogados. De hecho, prueba de esto, es que no es domingo, de hecho es viernes por la noche y estoy posteando.

Screen Shot 2015-09-11 at 5.21.28 PMAhhh una última cosa. Poner un artículo titulado como este blog, dentro de este blog… Me recordó un reciente post de Chente Fernandez en su Facebook, al confesar que la pintura era otra de sus grandes pasiones, y compartir algo que pinto que era un retrato de él mismo. Hahaha. Vinception, dijeron poray. Bueno pues algo así. Hahaha.

A continuación, lo que escribe el autor en cuestión sobre la colegiación de los abogados en México. El artículo es de acceso libre, y acá encuentran el link. Como siempre, subrayo las ideas que me resultaron más interesantes.


pedrosalazarreEntre abogados te veas… 

Los abogados tenemos fama de “aves negras”, dice Cristian Courtis, que aparecen cuando hay problemas para obtener ventaja de la desgracia ajena. “Tiburones” ha llamado Magaloni a ciertos jurisconsultos que abusan de sus clientes y se enriquecen a sus costillas. Y todos sabemos que —si bien es incorrecto e injusto generalizar— ambas imágenes tienen asideros en la realidad. Lo que sucede es que los abogados intervienen con protagonismo en eventos que tienen que ver con bienes y valores muy sentidos para las personas: sus relaciones familiares, su patrimonio, su libertad, etcétera. Así que cuando adolecen de una formación técnica adecuada y, sobre todo, de un bagaje ético solvente pueden causar daños graves a la vida de sus clientes.

Por lo mismo, en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM estamos decididos a apoyar tres acciones estratégicas: la formación de abogados técnicamente sólidos, socialmente responsables y éticamente solventes; la certificación periódica de quienes han decidido ejercer la abogacía y la colegiación obligatoria. Son tres acciones distintas, necesarias en lo particular y complementarias en su conjunto.

Sobre el tema de la formación de los futuros abogados nos preocupa especialmente la proliferación de escuelas de Derecho sin la calidad académica y los estándares éticos necesarios. El Estado mexicano ha sido negligente en esta materia y estamos pagando un costo muy alto por ello. Esto es preocupante en sí mismo pero sobre todo lo es cuando se viven momentos de profunda transformación jurídica como los actuales.

Por lo que hace a la certificación pensamos que la libertad en el ejercicio profesional no debe mermar la calidad de los servicios y, por lo mismo, que es legítimo exigir que los profesionistas del Derecho demuestren que cuentan con conocimientos actualizados para realizar su tarea.

Finalmente, en lo que se refiere a la colegiación obligatoria, estamos convencidos de que esta es una pieza clave en el rompecabezas del ejercicio de la profesión jurídica. Me detengo en este punto. La colegiación es una medida estratégica para lograr el control ético, la independencia y la libertad de los abogados. Los colegios sirven como instancias para controlar el ejercicio de la profesión jurídica pero también —y esto es muy importante— para permitir su plena realización. No debemos olvidar que los abogados interactúan con actores poderosos y pueden afectar intereses sensibles. Por lo mismo, deben actuar bajo la exigencia y el acompañamiento de sus pares. De hecho, no es posible concebir a la certificación sin la colegiación y viceversa. 

A muchos nos preocupa cómo dar el paso del desorden actual hacia un sistema de certificación y colegiación obligatorias eficiente. Para lograrlo, si se aprueba la ley que lo permita (y que está en la mesa de los senadores), sería importante contar con una instancia implementadora que sea independiente de las autoridades del Estado y de las organizaciones de abogados existentes. Se trataría de una especie de “ómbusman de la abogacía”, que —como ha propuesto D. Valadés— podría denominarse “comisión nacional de ética forense” y que serviría para orientar el proceso de cambio. Dicha orientación tendría un carácter meramente ético o axiológico. Es decir, dicha instancia carecería de facultades vinculantes o punitivas. Su misión sería guiar el cambio, denunciar sus desviaciones, advertir problemas, emitir recomendaciones.

Es cierto que existen preocupaciones legítimas en torno a la propuesta de la Colegiación Obligatoria. Algunos dudan de sus efectos potenciales y otros temen la creación de monopolios poderosos. Estoy convencido de que la instancia propuesta serviría para evitar esas distorsiones. Su carácter sería transitorio pero jugaría un papel clave en la implementación de un proyecto que debe ser amplio, incluyente y verdaderamente nacional. Un proyecto para brindarle al país los abogados que necesita (y merece).

¿De qué se enferman las personas españolas que ejercen la abogacía? Sobre el informe que estudia las patologías y lesiones de los abogados en España

UnknownAlguna vez quise estudiar medicina. No recuerdo si me lo llegué a plantear de manera seria, pero queda claro que claudiqué. ¿La razón? La sangre. No soy de esas personas que entran en pánico al verse involucrados en una situación de emergencia frente al fluido rojo, pero la verdad es que me imagino en un quirófano límpido, rodeado de angelicales personas dispuestas a salvar vidas ajenas, y al momento en que intento meterle cuchillo a un cuerpo, inmediatamente la escena se transforma en una desvergonzada película gore, donde las náuseas me superan y termino huyendo del asesino que soy yo mismo.

Mucha, pero mucha pinche responsabilidad, eso de diagnosticar y velar la vida de los otros. Suficiente tengo con cuidarme a mi mismo.

812chaseSí, sí, sí, ya me han dicho que ser médico no significa solo cuchillos y emociones fuertes. Me queda claro que uno también podría dedicarse a la investigada, o a la gestión, o a otras áreas de la salud que pueden sortear el encarar los dolores, los olores, los colores… Pero que pereza, o sea, o se estudia medicina para ser Dr. House o nada.

Como todas las profesiones y los oficios, creo que la elección profesional por ejercer la medicina tendrá mucho que ver con esa palabreja que tanto gusta en las escuelas católicas y que es la vocación. Yo sencillamente no tengo vocación para el área de la salud. Prefiero las humanidades y las ciencias sociales, se está tan bien entre libros, evitando el trato directo con los demás, y lidiando solo con mis problemas (físicos y mentales), que lo cierto es que a estas alturas veo difícil ponerme a estudiar medicina.

Eso por un lado, pero por el otro para nada niego que las relaciones entre el campo jurídico y el campo de la salud son interesantísimas. Lo poco que he leído sobre bioética, paternalismo, o derechos sexuales, podría emocionarme hasta abrir un blog de derecho y medicina (www.entreabogadosymedicosteveas.worpress.com). Ok, no. Pero sí para ponerme a pensar seriamente sobre sus consecuencias. Quién sabe, tal vez después, lo que me queda claro es que tengo que entrar a estudiar las similitudes entre médicos y abogados. Entre togas y batas. Será después, todo es después.

Bueno, este innecesario preámbulo para decir que esta semana, fue presentado un informe bien interesante, realizado por la Fundación Instituto Investigación de la Abogacía, sobre las patologías y las lesiones de los abogado en España.

Lesiones-centran-patologias-abogados-Espana_TINIMA20150427_0151_5Yo me enteré de la noticia por los diferentes titulares de algunos periódicos y portales informativos (El Periódico, Lawyer Press, de resaltar El Mundo que encabezó la noticia de la siguiente manera “Abogados de cristal”) que dieron cobertura al evento. Lamentablemente la mayoría de las notas eran réplicas de una agencia de noticias que poco aportaban sobre el contenido del informe, así que después de realizar una búsqueda en los diferentes colegios de abogados que participaron en el estudio, encontré el documento completo en la página de Internet del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona (ICAB).

Decía que era un informe bien interesante porque imaginen que a toda madre sería conocer de qué se van a enfermar las personas que estudian derecho, o a qué edad es probable que les de un infarto a los abogados, o cómo prevenir dichas patologías si se encuentran dentro de las características que agrupa el informe. Algo así como aquello que tanto les gusta hacer a los gringos sobre la felicidad y la salud de los abogados, pero no con encuestas o entrevistas, sino sustentado con datos que ofrecen las mismas clínicas de salud y hospitales de un determinado país.

El informe está bien, bien a secas. Tampoco es el hilo negro, y según yo estaría más interesante, pero no está mal (he de confesar que, probablemente, el problema no sea el informe, sino que el problema sea yo, pues algo parecido me está pasando con el cine, de un tiempo para acá nada me gusta, nada me emociona, nada me agrada, así que pido perdón de antemano, y espero que este nefastismo pase pronto). De cualquier manera, no recomiendo la lectura íntegra del trabajo, más que para aquellos interesados en el tema, o propiamente para los abogados de alguno de los colegios que sirvieron como base al estudio. Esto, sobre todo, porque después de leerlo detenidamente encuentro varios datos que no resultan congruentes, mmm bueno no, congruentes no es la palabra, ni tampoco fiables, tal vez mmm ¿cuál es el antónimo de endebles?, no sé, no me acuerdo, pero esa es la palabra que estoy buscando, digo esto por las divergencias temporales en las muestras utilizadas y por una escasa representatividad que al presente año no es posible sostener. Además el lenguaje utilizado en el informe, a veces, se me hizo  muy técnico, no sé si lo que leía lo escribió un médico, o un abogado, o un sociólogo. No está densito ni confuso pero su lectura me cansó (pero insisto, quizá el problema sea yo, y no el informe).

Como no recomendaría la lectura íntegra del trabajo, pero tampoco me fiaría de los resúmenes uniforme de los diferentes medios de comunicación que cubrieron la nota, a continuación, y de manera puntual, intentaré resumir las más de 40 páginas divididas en ocho apartados sobre las principales enfermedades de los abogados españoles.

  • Los análisis sobre enfermedades profesionales en la abogacía, tanto en ámbitos nacionales como internacionales, son más bien escasos.
  • En la página 8 y 9, a manera de compilación, se exponen sucintamente diversos estudios que se han realizado sobre este tema en Europa. Llama la atención que no se incluyan los trabajos realizados en Estados Unidos, que son bastantitos.
  • En España existen 83 colegios de abogados. El estudio solo contempla los de Catalunya, Vizcaya, Madrid y Málaga. No llego a distinguir dentro del informe la diferenciación entre abogados colegiados que ejercen y aquellos que no lo hacen pero que están colegiados.
  • El top 3 de las enfermedades en las personas que ejercen la abogacía en España son:
    • 1. Patologías traumatológicas, especialmente las fisuras, prótesis y ortopedias.
    • 2. Enfermedades psicosociales, como estrés y ansiedad.
    • 3. Accidentes cardiovasculares.
  • Aproximadamente la jornada laboral de una persona española que ejerce la abogacía se divide en:
    • 30% de formación e investigación,
    • otro 30% de relaciones con clientes,
    • 30% en desplazamientos (que a mi me parece muchísimo),
    • y un 10% de trabajo en la oficina y marketing.
  • El porcentaje de accidentes en desplazamiento de las personas que ejercen la abogacía son más elevados que los de la población general.
  • Las traumatologías en los abogados españoles son derivadas de sus desplazamientos laborales, esto obedece a que su media de movilidad es más alta que la de población en general. No quiero imaginar un estudio de este tipo sobre  el colectivo de los carteros.
  • Ojo al dato. Existe una relación entre los accidentes cardiovasculares y el ejercicio de la abogacía. Esta conclusión no es poca cosa.
  • Las mujeres abogadas suelen tener hijos 4 años más tarde que la media de edad de la población en España.
  • Si eres abogado español, a los 48 años de edad es probable que tengas un depresión o ansiedad. O dicho en palabras bonitas, la edad media de los abogados con trastornos mentales es de 48 años.

A continuación el informe íntegro.

La inconstitucionalidad de la colegiación obligatoria de abogados en Puerto Rico

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En su afamado discurso de aceptación del Premio Rómulo Gallegos, Roberto Bolaño confesaba tener un problema de índole verbal y geográfica con Venezuela. Su problema, era su capital.

UnknownDecía Bolaño… “Para mí lo más lógico era que la capital de Venezuela fuera Bogotá. Y la capital de Colombia, Caracas. ¿Por qué? Pues por una lógica verbal o una lógica de las letras. La uve o ve baja del nombre Venezuela es similar, por no decir familiar, a la b de Bogotá. Y la ce de Colombia es prima hermana de la ce de Caracas.”

Las asociaciones que generalmente hacemos para afianzar alguna referencia espacial resulta tan endeble como el actual concepto de frontera.

Tengo la sospecha de que con Puerto Rico y Costa Rica subsiste un problema similar, que incluso puede ser de carácter colectivo. La capital del primero es San Juan. La del segundo, San José.

Ambos países al ser tanto gramática como fonéticamente parecidos, por lo general conllevan al equívoco.Unknown-1Desde hace más de un mes me enteré de la inconstitucionalidad de la colegiación obligatoria para abogados en Puerto Rico. De hecho, por acá, en este escrito publicado en Borde Jurídico hice referencia a la misma. Sin embargo, dejé pasar la nota para este blog sencillamente porque ya tenía algo calendarizado. Tiempo después intenté subirla, pero al no encontrar ninguna noticia sobre la colegiación de los abogados en Costa Rica decidí abandonar mis intenciones.

15th Annual Latin GRAMMY Awards - ShowHoy que Calle 13 vuelve a ser noticia en México por el apoyo mostrado a los padres de los estudiantes desparecidos en Ayotzinapa, Guerrero, recordé que este grupo es originario de Puerto Rico. No de Costa Rica, (de ahí es Chavela Vargas y la Corte Interamericana). Y en Puerto Rico había sucedido lo de la inconstitucionalidad colegiación de los abogados y no en Costa Rica.

Una vez solventadas mis carencias y confesados mis complejos y mis pecados, resulta bien pertinente mencionar para efectos del presente blog, que justo el pasado mes de octubre el Tribunal Supremo de Puerto Rico declaró inconstitucional la colegiación obligatoria de los abogados en dicho país.

Este hecho se remonta a la Ley Número 109-2014, aprobada en julio, donde se decidió reinstalar el sistema de colegiación obligatoria como requisito para practicar la abogacía en Puerto Rico.

Así entonces se ha de hacer notar que la colegiación obligatoria de los abogados en Puerto Rico duró el increíble tiempo de solamente ¡TRES MESES!

Pero, ¿por qué sucedió esto? Pues bueno, sencillamente porque Puerto Rico es un estado tan extravagante como peculiar. Bueno, mmm, propiamente no es un estado y creo que con esto ya se sobrentiende su peculiaridad.

En fin, se argumentaron dos principales postulados para declarar la inconstitucionalidad de la colegiación en Puerto Rico: El primero: Violar la cláusula de libre asociación de la constitución boricua. Y el segundo: Violación del principio de separación de poderes por parte del legislativo al usurpar funciones que ostenta el judicial para regular dicha profesión.

logo colegio sin lineaA continuación, un sitio puertorriqueño denominado microjuris.com desarrolló sucintamente dicho par de postulados que creo conveniente replicar:

“(1) El Supremo reconoció que existe jurisprudencia federal que manifiesta que no hay violación a la Constitución federal el que un estado legisle para requerir la colegiación obligatoria de una profesión pero que en el presente caso, se examinará exclusivamente a la luz de la cláusula de libre asociación y expresión de la Constitución de Puerto Rico. Esbozó que bajo nuestra Constitución (la costarricense), dicha cláusula es más amplia que la estadounidense y protege a personas que no deseen pertenecer a una asociación. Esto por su influencia directa con la Declaración Universal de Derechos Humanos. Reiteró que bajo nuestra Constitución, el Estado debe demostrar dos cosas: (A) Un interés gubernamental apremiante para obligar a una persona asociarse, lo quiera ésta o no; (B) Que no existían alternativas menos onerosas. En otras palabras, se someterá la ley a un escrutinio adjudicativo estricto. El Supremo indicó que las razones que proveyó el Estado no satisfacen dicho escrutinio por ser abstractas y especulativas. Las razones apremiantes que alegó el Estado son las siguientes: poseer una profesión legal digna, apremiante, capacitada y digna.

(2) Reafirmado lo vertido en el caso Ex Parte Boneta, 39 DPR 154,165 (1929), se indicó que los abogados son funcionarios de los Tribunales. Como la Constitución de Puerto Rico le faculta exclusivamente a la Rama Judicial la administración del sistema de justicia, y como los abogados son catalogados funcionarios del tribunal, estos están subordinados exclusivamente a la Rama Judicial. Por tanto, la facultad de admitir, disciplinar y desaforar a los abogados es una exclusiva del poder judicial. A esto se le conoce como la doctrina inherente de los tribunales de reglamentar la profesión legal. También manifestó que la Asamblea Legislativa puede legislar de manera complementaria sobre la abogacía. Pero el Tribunal Supremo se reserva el poder de decidir qué legislación acepta como complementaria.”

Si bien el postulado relativo a la separación de poderes es punto y aparte por las particularidades de Puerto Rico, me parece increíble la manera en que se pueden transformar/manipular los argumentos relativos al derecho a la libre asociación en el caso de la colegiación.

Bajo una primera lectura de la sentencia y del seguimiento que hicieron los diversos medios de comunicación del caso parecería que los argumentos jurídicos plasmados resultan bien pero bien convincentes. Tanto que no dudar de ellos resultaría inocente. Sin embargo, después de una segunda lectura y de enterarse de la disputa política detrás del conflicto y del contexto en cuestión, al final del día el tema de la colegiación obligatoria de los abogados en Puerto Rico es un tema de más contenido político que jurídico. Si no me creen, hagan el favor de leer esta nota, o caso esta otra.

mexicali

¡¡¡¡¡¡¡¡Mi mariachi!!!!!!!

La colegiación obligatoria de los abogados a pesar de que parece ser un tema eminentemente jurídico, al momento de ser tratado y ventilado se descubre como un tema político.

Recordemos el caso de Luis Miguel, que a pesar de nacer en Puerto Rico, todos sabemos que es más pero mucho más mexicano que el mismísimo mariachi…

Eventos: Colegiación y certificación para los profesionistas en México

Si andan hoy por el DF, la Escuela Libre de Derecho organizará un foro sobre la reforma de colegiación y certificación que está por llegar. Estarán todos los principales actores involucrados en la misma, al menos dentro de lo que respecta al ámbito jurídico. Ahí nos vemos.

Colegiación

El significado de la abogacía por Arturo Colín

Tuve la fortuna de conocer a Arturo Augusto Colín Aguado, hace ya un par de años, cuando estaba como profesor de planta en la Facultad Libre de Derecho de Monterrey (FLDM).

Me consta que su capacidad intelectual, en lo que respecta a cuestiones jurídicas, suele ser bastante acertada.

Desde inicios de este año (creo), tiene un blog con varios ex alumnos de la FLDM. Su título es “(re)escribiendo derecho(s)”. Y en el mismo aparecen las opiniones críticas de sus integrantes, analizando eventos coyunturales desde una óptica jurídica, aunque de forma campechana y amena.

Podría decir que su espacio podría catalogarse como periodismo jurídico, pero no. Ese calificativo solo puede autoproclamárselo Manuel Atienza. Más bien los de (re)escribiendo, escriben alegremente sobre lo que sucede en su entorno, combinando el oportunismo mediático de un determinado suceso, su formación en derecho y sus intereses propios.

El blog está bien, suelo estar al pendiente de lo que escriben. Esto, más que por interés personal, debido a que sus integrantes se autopromocionan entre sí, sin importar la calidad, el tema, o la afinidad ideológica del artículo (bueno esto de la ideología es un decir porque todos sus miembros provienen de una Universidad de índole privada, han estudiado o estudian o estudiarán el posgrado en otra institución educativa privada, han sido, son o serán servidores públicos, apegados por ende a lo institucional, y con opiniones afines a posturas liberales (también en el sentido del modelo económico haha) y progresistas, es decir, rojillos pero a la bon vivant, o digámoslo claro neoburguesillos ilustrados).

BUSTO-

En un blog colectivo, esto que comento no creo que sea cuestionable. Sin embargo, por su afanada autopromoción, su espaméo continuo al más puro estilo Carbonell y su autoelogio (abro paréntesis, al parecer está de moda la vanidad entre personas afines a la promoción en de los derechos humanos desde el ámbito institucional, un saludo a Raúl Plascencia, cierro paréntesis), a veces, me termino enterando de sus artículos aunque no quiera.

No por nada, Javier Marías en una de las novelas más afamadas del siglo pasado, Corazón tan blanco, comienza… “No he querido saber, pero he sabido”, construyendo una narrativa entorno a lo que sabemos y lo que no, y a sus consecuencias y alteraciones en nuestras vidas. Pero bueno, ya escribí mucho del blog. Un espacio de este tipo en la árida y apática ciudad de Monterrey, yo lo aplaudo, y por lo mismo lo difundo (y lo critico, que es lo mismo).

El artículo de Colín, me lo encontré desde hace tiempo, precisamente sin querer, al buscar información sobre el día del abogado para un post que escribí con anterioridad sobre dicha celebración en México. Lo guardé para leerlo detenidamente después, y ahora que se desarrollarán unos foros sobre el tema lo vuelvo a releer en domingo y aprovecho para cumplir con mis estradas.

Para empezar, (pasaré por alto lo ofensivo que puede ser para un fanático de los Simpsons utilizar una imagen pirata de los mismos para ilustrar el artículo) el título del artículo no refleja lo que intenta transmitir, sino solo los 3 primeros párrafos del mismo que, a mi consideración, resultan totalmente prescindibles.

Como la gran mayoría, Colín habla de colegiación en México, no como panacea, pero sí como algo muy pero muy parecido. El artículo más que seguir la tónica crítica del blog, parece responder a criterios de divulgación, de hecho si me dicen que el artículo lo escribió alguien de el Senado, lo creo.

Me llama la atención la ligereza, soltura y atrevimiento o desfachatez, de pronunciarse respecto a una reforma como inconvencional o inconstitucional sin siquiera antes estudiarla.

Es bien fácil y bien bonito decir que tal o cual cosa es inconstitucional. Lo malo sería que quien lo dice se lo cree. Precisamente leyendo sobre la historia de la Suprema Corte me encontré con un documento donde al explicar, a grandes rasgos, el sistema jurídico nacional y sus operadores, se realiza una férrea defensa a la libertad de asociación profesional; manifestando lo coyuntural y político del tema.

Las instituciones públicas entendidas como órganos jurídicos y no políticos; y en general, el derecho en su relación con la política, son discusiones que han pasado desapercibidas, precisamente, por la tendencia que existe al analizar este tipo de cuestiones desde aspectos que aluden de forma exclusiva a cuestiones técnico-jurídicas.

La separación entre política y derecho, es un tema central en este caso que se relega y se ignora provocando su normalización. En este mismo sentido, lo de Corte Interamericana de derechos humanos. Sí, sí, la Corte Interamericana, pero de nueva cuenta, entendida como órgano jurídico y no político.

Antes de evocar tribunales internacionales, sería bueno conocer el transfondo de la reforma, en sus contenidos políticos e ideológicos, darle una leída a la ley que la complementa, comparar otras profesiones quitándose de la mente el esquema jurídico y tener más cuidado al momento de decir que los legisladores deberán ser cuidadosos.

Sobre lo de ayudar “en la consolidación de una sociedad más –o verdaderamente– democrátic”, no sé si Arturo Colín haya leído a Gerardo Pisarello y su pandilla, pero si sí, debería releerlo.

Hago un esfuerzo por encontrar algo que aportar a la discusión partiendo del artículo pero me es difícil. La escritura del post me pareció tan aburrida, que si no conociera al autor, diría que lo escribió un burócrata kafkiano, antes que un perspicaz jurista, o un bloguero creativo.

Sería acaso como criticar un folleto promocional del gobierno federal difundiendo sus reformas, o un flyer de alguna marisquería que regala camarones intoxicados. Que se critica por su forma, pues su contenido, de antemano, se cree válido.

Creo que no ha sido el mejor artículo de Colín, o más bien, creo que estaría más interesante leer algo de su autoría sobre reparaciones, digamos, por ejemplo, su tesis de licenciatura.  Agradezco la posdata implícita, donde  me hace promoción. Promoción de mi blog, dentro de mi blog: Inception.

A continuación el post de Colín, cuya versión original la encuentran acá. Como siempre, subrayo lo que me pareció más relevante.


foto-blog

Juro que esta es la foto que aparece en su blog.

El significado de la abogacía por Arturo Colín 

El pasado 12 de julio se celebró en nuestro país el Día de los Abogados y las Abogadas. La abogacía es una profesión que a través de los años ha generado tanto admiración como desprecio. La verdad es que, por lo general, la gente tiene una idea equivocada o limitada de lo que es ser abogado o abogada. Estoy seguro que toda persona que se ha graduado de la licenciatura en Derecho ha escuchado más de una vez la frase: “ahora sí, ya tenemos quién nos saque de la cárcel”, u otra parecida.

Muchas personas se cuestionarán por qué hay que festejar una profesión que genera más males que cosas positivas, y, aunque cueste, debemos aceptarlo, la situación actual de la abogacía en México no es nada alentadora. Y no es que todo sea malo, definitivamente hay juristas excepcionales que se empeñan en hacer su trabajo y aportar a la sociedad, pero la calidad de los profesionistas en Derecho, por los intereses que hay en juego, debería ser la regla general y no la excepción.

Actualmente –aunque eso no signifique que sea un problema de reciente nacimiento– no es tan sencillo responder a la pregunta: ¿qué significa ejercer la abogacía? Mientras es claro que –por decirlo en términos sencillos– la doctora pronostica y cura, el arquitecto diseña y construye, y la ingeniera planea y produce, la forma como muchos abogados y abogadas desarrollan esta profesión deja en entredicho su razón de ser. Por como están las cosas parecería que respuestas como “robar”, “engañar” y “manipular”, serían correctas.

Ahora sí, dejemos de un lado los comentarios negativos y empecemos a hablar de soluciones. En diversos espacios se ha discutido sobre las distintas cuestiones que tienen injerencia en el bajo nivel de la profesión jurídica, y también se han presentado propuestas para resolverlas, destacando una en especial: la coligación obligatoria de abogados y abogadas.

Aunque esa medida no es una novedad, dada la experiencia de otros países como Estados Unidos, esta posibilidad ha sonado fuerte desde hace algún tiempo en México. Es de conocimiento público que al interior del Senado de la República se han realizado trabajos dirigidos a la presentación de una iniciativa de reforma constitucional que tiene por objeto la modificación de distintos preceptos para contemplar la colegiación obligatoria de distintas profesiones, entre las que se encuentra la abogacía.

Sin duda habrá voces que se resistan a este cambio, pero me parece que significaría un importante avance para que se brinde un servicio jurídico de calidad que permita que la ciudadanía recupere –o adquiera– la confianza en los profesionistas del Derecho, lo cual ayudaría en la consolidación de una sociedad más –o verdaderamente– democrática.

Si bien se trata de un mecanismo que implica la restricción del derecho a la libertad de profesión consagrado en el artículo 5o. de nuestra Constitución, el mismo tendría por finalidad buscar la protección de los derechos fundamentales de los y las mexicanas, por la gran injerencia que pueden tener ciertas profesiones en los mismos. Sobre este punto es pertinente recordar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que “la organización de las profesiones en general, en colegios profesionales, no es per se contraria a la Convención sino que constituye un medio de regulación y de control de la fe pública y de la ética a través de la actuación de los colegas”. Entonces, aunque en principio la medida propuesta no sería inconvencional –ni inconstitucional–, la manera como se reglamente sí podría traer aparejada una restricción que sobrepase límites razonables y proporcionales, por lo que los legisladores deberán ser cuidadosos.

Ahora bien, el caso de la abogacía encuentra su legitimación en gran medida porque el Derecho está formado por los distintos mecanismos a través de los cuales las personas pueden ejercer sus derechos humanos. De esta manera, el significado de la abogacía se traduce en la facilitación del goce y disfrute de dichos derechos, así como en su protección en caso de que se vulneren. Y lo más importante es que todos los abogados y abogadas contribuyen en su satisfacción: académicos, servidores públicos, litigantes y juzgadores.

El ejercicio de la abogacía se relaciona especialmente con el derecho al acceso a la justicia, que está plasmado en el artículo 17 constitucional y en el 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Litigantes y autoridades judiciales deben actuar con la debida preparación técnica, para estar en aptitud de contrarrestar cualquier violación de un derecho fundamental, de manera que se asegure su eficacia.

Entonces, en tanto mediadores entre las personas y el orden jurídico, que lo único que tiene por objeto es permitir el desarrollo de cada persona conforme a su voluntad en el marco de una sociedad, es que el papel de los abogados y abogadas se vuelve trascendental, lo que amerita obligarles a que se sometan a un medio de control en el ejercicio de su profesión. La abogacía no es un fin en sí mismo, sino un medio para solucionar algunos de los problemas más elementales de las personas. Si tomamos esa postura no habrá duda de que cada 12 de julio habrá algo que celebrar.

Aprovecho este medio para compartir el blog de mi buen amigo @garza_onofre, en el que publica entradas muy interesantes y originales sobre los abogados. Se los recomiendo: https://entreabogadosteveas.wordpress.com

Evento sobre Colegiación y certificación profesional en Ciudad de México

Desde hace unos cuantos meses en México se está promoviendo una reforma constitucional, y legal, de relevantes consecuencias sociales sobre colegiación y certificación en determinadas profesiones que afectan de manera directa la vida, la libertad o la propiedad. Dentro de las profesiones a regular está, obviamente, la abogacía.

No se han hecho esperar los foros, seminarios y cursos sobre el tema. Sin embargo, estos cuentan con dos particularidades que valdría la pena cuestionar:

  1. Son pocas, por no decir escasas, las voces que critican dicha reforma.
  2. Son, precisamente, los abogados quienes han intentando monopolizar el tema, siendo que la reforma también incluye a profesionales como los arquitectos, los médicos o los contadores, entre otros, cuya voz resulta primordial.

Por lo que cualquier evento que presente el tema desde un enfoque plural, o bien que sencillamente cuestione la  reforma, antes que solo aplaudirla, conviene tenerlo en el radar.

Los próximos días jueves 28 y viernes 29 de agosto, en la Ciudad de México, teniendo como sede el Colegio Nacional, se llevará a cabo un seminario sobre Colegiación y Certificación profesional, coordinado por el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, José Ramón Cossío que parece, de entrada, bastante interesante por su carácter ecléctico.

La entrada será libre. Y el programa es el siguiente…

Evento

La oralidad en peligro por Diego Valadés

El martes pasado Diego Valadés, en su columna de opinión en REFORMA, que a la vez es replicada en acceso libre el periódico guanajuatense AM, escribió sobre los pendientes del nuevo sistema de justicia penal en México. Es decir, escribió fundamentalmente sobre la abogacía, pues en este nuevo panorama, el papel de estos agentes jurídicos será primordial para su funcionamiento.

Uno de los juristas de referencia de la IIJ-UNAM, y portero de mi selección mexicana de derecho, destaca cuatro aspectos que pueden resultar cruciales a 2 años de que se cumpla el plazo establecido por ley para la implementación del sistema:

  1. Colegiación de abogados,
  2. Escuelas de derecho,
  3. Actualización, y
  4. Pro Bono.

Valadés, como habitualmente lo hace, de manera sucinta y lúcida expone puntualmente los riesgos en cada uno de esos cuatro rubros, en referencia con la oralidad del nuevo sistema.

El artículo es tan pertinente como bueno. Sin embargo, llama la atención que no se hiciera referencia alguna a la reforma constitucional en materia de Colegiación y Certificación Obligatorias que, desde hace varios meses, se encuentra en el Senado (¿o ya está en la Cámara de Diputados?), con su respectiva Ley General que la desarrolla. Precisamente, dicha reforma lo que pretende modificar el es artículo 5º de la constitución (también el 28 y el 73), al cual hace referencia Valadés en el cuarto párrafo de su escrito.

Usando léxico arjoniano… El problema de estos problemas, es la falta de armonización entre la reforma al sistema de justicia y la relativa a colegiación. Existe un desfase importante de índole temporal entre los objetivos que persiguen estas modificaciones jurídicas.

Vamos a ver. Faltan 2 años para que se cumpla el término para que entre en vigor  la oralidad en el sistema. Probablemente, no se cumpla. Pero quién sabe. Si no se cumple, tampoco pasa nada. Bochornosamente, ya hemos visto lo sucedido con el nuevo amparo. Pero bueno, para la reforma de colegiación obligatoria, los chismes dicen que tal vez se apruebe en el próximo periodo de sesiones. A partir de ahí, se contarán 10 años para su implementación, es decir esperaremos hasta 2024 para desplegar íntegramente su contenido. O bueno, 10 años para que se empiece a certificar la profesión y se cuente con un examen de acceso a la misma. Entonces, suponiendo que en 2016 se cumple el término del nuevo sistema de justicia penal, existe un handicap de 8 años entre el arranque de este y los métodos de certificación y colegiación de los abogados que de manera obligatoria deberán cumplir si quieren desempeñarse en el mismo. Un limbo que, entre la confusión y los problemas de implementación, será aprovechado para aprovecharse del nuevo sistema.

El problema de los abogados ante el nuevo sistema de justicia, no es tema ausente en el debate jurídico. Tanto justice Cossío, justice Zaldivar y hasta justice Luna Ramos se han pronunciado sobre el tema. Lo que está ausente es una agenda legislativa congruente.

A continuación el artículo de Diego Valadés. Subrayé lo que más me interesó, que es más bien todo.


Screen shot 2014-07-26 at 8.03.06 PMLa oralidad en peligro

Una reforma constitucional de 2008 adoptó el sistema penal acusatorio y oral. Su aplicación práctica implica cambios institucionales todavía sujetos a prueba. Las expectativas son elevadas, máxime que a la oralidad de los juicios penales se atribuye la posibilidad de amplios efectos transformacionales para la justicia. No entraré en la cuestión procesal, ya bastante explorada, y me centraré en analizar si, además de los ajustes formales, se han previsto otros también necesarios.

La mencionada reforma constitucional incluyó un transitorio conforme al cual, en un plazo que concluye en junio de 2016, la legislación de todo el país se deberá adaptar al nuevo sistema. A partir de ahora se dispone de menos de dos años para hacer todo lo que está pendiente. En cuanto a las modificaciones legales es posible cumplir a tiempo; lo malo es que no basta con esas adecuaciones.

Hay aspectos que han sido omitidos. Por ejemplo, no se han resuelto los problemas de la colegiación de los abogados, de la calidad de las escuelas de derecho, de la actualización de los abogados en activo, ni de la asistencia jurídica para los justiciables. Son asuntos de los que también depende el éxito o el fracaso de la reforma. Veámoslos.

Colegiación. Llevamos décadas discutiendo si se adopta la colegiación de los abogados como requisito para su desempeño profesional. Conforme al artículo 5o. de la Constitución existe plena libertad para el ejercicio de una profesión. La salvaguarda de esta regla general es importante, pero en el caso de la abogacía ha impedido regular su ejercicio como una actividad de la que dependen la libertad, el patrimonio y la seguridad jurídica de los justiciables. Es indispensable, por ende, llevar a cabo una reforma cuidadosa de ese precepto.

La defensa de inculpados o la representación de víctimas está relacionada con la capacidad profesional y con la idoneidad ética de los abogados. En todos los países donde hay oralidad los colegios o barras ejercen la función de certificar esa capacidad y de controlar esa idoneidad, para ofrecer a los justiciables la certidumbre de que están bien patrocinados y de que, si resulta necesario, cuenten con la posibilidad de defensa ante sus propios defensores.

En México la colegiación está pendiente de una regulación acorde con la trascendencia social de la abogacía. Los datos del INEGI indican que hay alrededor de doscientos mil abogados en activo. Con el sistema penal acusatorio y oral tendrán muchas más atribuciones y obligaciones que las actuales. Acerca de su desempeño profesional y ético no existen instrumentos pertinentes de certificación ni de control, de manera que los justiciables estarán en manos de personas cuyas aptitudes y rectitud no en todos los casos van a ser satisfactorias.

Calidad académica. Conforme a los registros de la Asociación Nacional de Universidades, en el ciclo escolar participan más de mil escuelas de derecho que atienden a casi trescientos mil estudiantes; pero es muy probable que el número de escuelas y de alumnos sea superior. La enseñanza va desde la excelencia de algunas instituciones hasta otras muchas que padecen niveles ínfimos. No existen controles que ofrezcan a los estudiantes un mínimo de garantías en cuanto a la educación que reciben. Las consecuencias de que haya quienes ejerzan sin la formación requerida afectarán al nuevo sistema y se trasladarán a la sociedad. La ineptitud es fuente de corrupción e injusticia.

Actualización. Si la preparación de buena parte de los futuros abogados es más que dudosa, la actualización de los que están en activo es casi inexistente, entre otras cosas porque no se exige como requisito para ejercer la profesión.

Asistencia jurídica. El Estado mexicano no ha anunciado ningún proyecto de instituir un servicio de asistencia jurídica destinada a los millones de mexicanos que carecen de medios para hacer valer sus derechos ante los tribunales. Los servicios de defensoría pública son muy desiguales en el país y sólo están disponibles para los acusados. Hay organizaciones filantrópicas que realizan una tarea encomiable en esta materia, pero sus recursos serán insuficientes frente a las cargas de trabajo que se aproximan.

La conclusión es sencilla: se han consumido seis de los ocho años disponibles. Hay algunas tareas avanzadas y otras a medio andar, pero varias ni siquiera han sido previstas. La oralidad está en riesgo de ser un fracaso más. Todavía es posible recuperar el tiempo perdido.

Para el Día del Abogado por Miguel Carbonell

A 2 días del día del abogado en México, Miguel Carbonell, en su columna de opinión de carácter quincenal en El Universal, adelantándose a todos, escribe sobre el día del abogado y por tanto sobre los abogados mexicanos.

El articulo de opinión de Carbonell no aporta nada nuevo. Cosas que se saben y que año tras año aprovechando esta fecha se reiteran:

  • No se sabe cuántos abogados hay en el país.
  • Derecho es una de las carreras más demandadas en México.
  • Propugnar por la colegiación obligatoria como panacea.
  • Los abogados deben permanecer actualizados ante las importantes reformas que han ocurrido en los últimos años.

Pan con lo mismo. Pero al fin pan, que es mejor que no tener nada y tener hambre. Así entonces, yo lo agradezco y lo aplaudo. Es importante que quienes tienen influencia, ya sea mediática, académica, económica o de cualquier índole, vayan abordando el tema para animar un amplio debate que pueda impactar en el entorno.

Carbonell aporta un ejemplo comparativo que me gustó, cuando trata el tema de la rendición de cuentas en la profesión, al llamar la atención sobre los consejos de la judicatura y los colegios de notarios frente a la ausencia de algún órgano que vele por la calidad en la abogacía. Ojo, aquí el autor se centra solo en 2 profesionales del derecho que tienen relación directa con los abogados. Sin embargo, existen otros profesionales y también operadores jurídicos que caen en los supuestos tanto de la regulación como de la ausencia de la misma en el país. Ejemplos: los ministeriales, los actuarios, los registradores, e incluso los propios legisladores.

Me hizo gracia, la analogía con los dentistas, el gran Lawrence M. Friedman, tiene una referencia muy parecida sobre la profesión pero respecto a los sepultureros. La cita no la recuerdo de momento, pero prometo buscarla.

En ese mismo sentido, resalto la manera cómo Carbonell pone sobre la mesa el tema de la iniciativa sobre la colegiación, instando a los legisladores a ponerse las pilas. Al final, el tuitstar jurídico por excelencia recalca la naturaleza ambivalente de los abogados para concluir, a mi parecer, exaltando de más a los mismos de manera muy romántica y melosa.

A continuación, lo que escribe Miguel Carbonell sobre los abogados. El artículo aunque es de acceso libre, no es posible copipestiarlo, a menos que alguien se de a la absurda tarea de transcribirlo. Subrayo las ideas que me resultaron más interesantes.


Screen shot 2014-07-10 at 10.42.24 PMPara el Día del Abogado

El 12 de julio de cada año se celebra el Día del Abogado. Es una excelente ocasión para reflexionar sobre el significado de la profesión y para recordar lo mucho que puede aportar el gremio jurídico al desarrollo del país.

No hay datos que nos indiquen cuántos abogados hay en México, pero deben ser varios cientos de miles, tomando en consideración que la carrera de derecho es la tercera del país con mayor número de estudiantes (cerca de 300 mil en la actualidad). El impacto del trabajo de los abogados en la política, la economía y la sociedad en general es notable. Basta recordar que muchos Presidentes de la República (incluyendo al actual), secretarios de Estado, legisladores, gobernadores, presidentes municipales, empresarios, literatos, etcétera, han estudiado derecho.

Sin embargo, la profesión se encuentra en nuestros días ante una serie de desafíos que la van a cambiar de manera profunda en los siguientes años. Para poder superar esos desafíos debemos recordar la necesidad de asegurar un correcto nivel de desempeño profesional de los abogados. Infortunadamente, son recurrentes las quejas sobre la falta de ética profesional de personajes del gremio, tanto de algunos que se desempeñan como servidores públicos, como los que se dedican al litigio particular.

Los ciudadanos desconfían de sus abogados y sólamente acuden ante ellos cuando no tienen otra forma de resolver sus problemas. Nos hemos convertido, junto con los dentistas, en profesionales a los que nadie quiere ir a visitar, salvo cuando se esté en una situación desesperada.

Además de mejorar el nivel profesional que tenemos, también es indispensable que los abogados se actualicen. Con tantas y tan profundas reformas que ha sufrido recientemente el ordenamiento jurídico mexicano, el abogado que no se actualice se quedará obsoleto en muy poco tiempo. Pongo dos ejemplos que lo evidencian de manera clara: los cambios que para el litigio derivan de la Ley de Amparo expedida en el 2013 (que impactan en el conjunto del sistema jurídico nacional) y los juicios orales en materia penal que progresivamente se están implementando en todo el país.

Estos dos casos (el amparo y los juicios orales) requieren de habilidades y de capacidades para las que no todos los abogados están preparados y para las que no todas las escuelas de derecho forman a sus alumnos. Hoy como nunca se requiere un amplio dominio del tema de la argumentación jurídica, que durante mucho tiempo fue ignorado en los planes de estudio de la mayor parte de universidades del país.

Por otra parte, el mejoramiento de la profesión exige que los abogados rindan cuentas por su trabajo, lo que solamente se podrá lograr si existe una colegiación obligatoria. De otra forma, los litigantes podrán seguir prestando mal servicio sin que suceda nada (como pasa en la actualidad) y los ciudadanos no tendrán manera de saber si el abogado en el que están depositando su confianza es o no digno de ella. Los consejos de la judicatura supervisan el trabajo de los jueces, los colegios de notarios lo hacen respecto a sus propios agremiados, pero nadie revisa que los litigantes hagan bien su trabajo. Eso es lo que hay que corregir mediante la colegiación obligatoria. La iniciativa para que ello sea posible se encuentra ya en el Senado de la República, esperando que los legisladores se dignen atender este importante tema algún día.

Los abogados pueden ser una palanca de cambio para el país. O pueden ser un lastre. De su correcto desempeño dependen, en alguna medida, el crecimiento económico, el incremento de la seguridad jurídica y hasta la tranquilidad de nuestras familias. Tener mejores abogados es una buena forma de ir construyendo un mejor país para todos.