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8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Catherine Romero

El pasado día viernes 22 de octubre de 2015, en el restaurante Madre en la Candelaria, en el centro de Bogotá, Colombia, tuve la oportunidad de entrevistar a Catherine Romero (Cristancho, Colombia, 1980).

3Catherine es abogada y politóloga por la Universidad de los Andes, con Maestría para la protección de los derechos humanos de la Universidad Alcalá de Henares, España, y especialización en ciencias criminológicas y derecho penal de la Universidad Externado. Durante ocho años fungió como abogada y directora del área de litigio nacional e internacional de Women´s Link Worldwide, y actualmente se desempeña como socia de la firma ELEMENTA, Consultoría en Derechos, donde dirige proyectos en la líneas de Desarrollo y Paz Territorial, Justicia y Salud.

A pesar de que en una sola ocasión he coincidido con Catherine, con “Gato” como le dicen sus más allegados, lo cierto es que la energía que transmite, o más bien, lo que comunica al compartir su tiempo con otros es, simple y sencillamente, unas ganas por confiar ciegamente en los demás y contagiarles el querer hacer algo, el intentar cambiar las cosas. Y es que quizá su buen ánimo y disposición al charlar con un completo desconocido (y que además cuenta con tan mala apariencia) como el que ahora escribe, en parte, creo que obedece a la desaforada labor que ha desempeñado conjugando el aspecto teórico-académico con la práctica, con la labor de campo, es decir, no olvidando que el derecho poco importa si no se tiene en consideración a personas de carne y hueso, con nombre y apellido, quienes, de manera contradictoria suelen ser invisibilizados por ese mismo fenómeno.

De ahí, precisamente, que una de las fundadoras de ELEMENTA haya trabajado durante mucho tiempo hasta convertirse en un importante referente en lo que debería ser el principal tema dentro de todos los temas, el del género. Porque, independientemente de haber estado en una organización internacional especializada en género y justicia, o teorizado sobre la discriminación sistemática contra las mujeres, Catherine no olvida que la única forma de librar estas luchas es usando al derecho como una herramienta más, entre otras, de cambio social a favor de los más necesitados.

Más allá de agradecerle a Catherine Romero por la entrevista, por su confianza y buena disposición, creo que bien vale la pena difundir su trabajo, pues no solo es que hagan falta más mujeres comprometidas con estos temas tan complejos, sino, y sobre todo, que todos nos involucremos en el mismo.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más, a Catherine Romero.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Catherine Romero (CR): Pretensioso.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

CR: Una de mis profesoras, gracias a ella seguí estudiando derecho, y entendí que el derecho son más que leyes. Esto gracias al curso de ética que recibí por parte de Julieta Lemaitre.

3. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

CR: A favor, principalmente porque la figura del abogado en una sociedad tiene múltiples representaciones, y en ese sentido, el uso de la toga puede llegar a representar la justicia, la solución, la conciliación, o la reparación, y eso, simbólicamente, funciona en los sistemas orales de justicia.

4. Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho? ¿Por qué?

CR: Si, pero tal vez lo combinaría con una carrera como la medicina.

5. Algunos académicos, desde hace ya algunos años, han sostenido que los grandes cambios en el derecho no provienen, propiamente, de las altas cortes, del activismo judicial, ni de las reformas que nacen en sede legislativa, sino de los abogados, de los colectivos, y de las luchas sociales. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

CR: Yo creo que es una sinergia entre que unos exigen y los otros hacen. Si esos cambios importantes no se realizan desde alguien que exija y alguien que tenga la capacidad de oír, y de responder desde una instancia de poder, o desde una instancia que pueda institucionalizar algo, esas importantes transformaciones sociales no se hubieran dado.  

Sin embargo, últimamente, creo que las transformaciones más importantes vienen desde la institucionalización, y que desde ahí tienen mayor capacidad de permanecer y de hacer cambios estructurales. El activismo tiene que repensarse.

6. ¿En la actualidad, qué potencialidades tiene el litigio estratégico?

CR: Yo creo que el litigio estratégico tienen importantes potencialidades en el uso comunicacional y en el uso simbólico del lenguaje, al generar discusiones que de pronto estaban estancadas, y al trasladar el debate de derechos desde la institución de demandante-juez al ámbito de una mesa que pueda posicionar debates de la cotidianidad.  

No cabe dudar que el litigio estratégico puede revivir debates que están muertos, y por eso, este tiene más potencial de comunicación que de cambio en sí mismo.

7. En tu opinión, ¿cuáles crees que son los principales obstáculos que enfrenta un abogado que a la vez ejerce el rol de activista social?

CR: Yo creo que hay ciertos estigmas importantes a vencer entre activistas y abogados. Ya que, por un lado, los abogados subvaloran el trabajo de los activistas, y a su vez, estos carecen, en algunas ocasiones, de una buena técnica jurídica.

8. Recientemente, a través de ELEMENTA; publicaron un manual de Derechos en Movimiento, en Cuba. Este proyecto me llama mucha la atención porque combina tanto el trabajo jurídico como la experiencia cotidiana, a través de la fotografía y la narrativa. ¿Qué nos puedes comentar sobre esto, en relación con la falta de anclaje fáctico que muchas veces caracteriza a la academia jurídica?

CR: Precisamente esa fue la apuesta de ese proyecto. Ese trabajo fue el resultado de una primera visita de campo a Cuba. A partir de un diagnostico, algo de lo que vimos fue que la academia no tienen ninguna relación con la realidad…

Entonces la academia cubana (que yo creo que es un caso extremo), está desligada de la realidad cubana, ni le interesa complejizar dicha realidad. En algunas temáticas, se podría afirmar que se “maquilla” apartes de una historia muy compleja y reciente de la revolución. Como muestra de ello, podría mencionar la falta de análisis y reconocimiento desde la academia relacionada con las dinámicas de discriminación contra la población LGBTI y raza al inicio de la revolución.  

Además de que también está muy estratificado la academia cubana, al día de hoy quien estudia en Cuba no es la población negra. Nos dimos cuenta que el lenguaje académico, muchas veces, legitima el accionar del Estado. Existe un abismo entre lo que se discute en la academia y lo que sucede en la realidad.

También nos dimos cuenta de que existe una subvaloración del activismo, además este parece sinónimo de amenazas, es sinónimo de peligro y de ir en contra del oficialismo. La idea de nuestro proyecto era visibilizar a las personas que están haciendo activismo en derechos humanos pero su lucha es por un tema de derechos tratando de desvincularse de lo político, afirmar que no toda lucha por los derechos humanos es una lucha contra el oficialismo.

Quizás el ejemplo más grande de esos dos mundos, de esa división entre lo que pasa en la academia y lo que pasa en la realidad, se da en Cuba, pero en todos lados sucede, por ejemplo aquí, un mundo sería Colombia y el otro Quibdó, pero en Cuba, uno es la universidad de la Habana y otro es la esquina de la Universidad de La Habana.

Dicha publicación quiso visibilizar y darle valorar el trabajo de la gente de base, que es gente muy estudiada, gente que ha vivido en el día a día la discriminación, gente que puede hacer la revolución, pues a mi parecer es muy difícil que desde la academia se inicien los debates para un cambio de las estructuras el Estado.

Y ese modelo nos llevo a pensar que tiene que existir una critica al activismo actual. Por mencionar un ejemplo, sería relevante estudiar la representación de las mujeres rurales y los discursos que enmarcan sus luchas. Si los grandes movimientos de mujeres atienden a sus necesidades relacionadas con la alimentación, sus prestaciones sociales, su derecho acceder a la tierra.

Hace falta pensar críticamente el activismo, resaltado sus logros y construyendo sobre sus crítucas.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente: 

Colombia Grande, diferente, mil países en uno
Javier Marías Quisiera ser la protagonistas de algunos de sus libros
Universidad de los Andes Universidad de calidad donde la educación sobre la construcción y formación de tus propios criterios es lo que vale más allá de la memoria de la ley

 

Tribalistas Playa, mar, lectura, risas…, como me sueño en mi tiempo libre
España Aprendizajes dolorosos
Women´s Link Worldwide Un tránsito, un aprendizaje
CoIDH Sistema que genera esperanza pero que tiene que mejorar
Julieta Lemaitre Admiración profunda, por ella soy abogada.
Bogotá Donde nací, ciudad llena de contrastes, a veces pretenciosa para mi gusto
Haruki Murakami Ingenio
Viajar Fue Mi vida durante varios años
Cuba Fascinación por sus contrastes. Grandes mujeres, de quienes aprendí que la vida es tan simple, o tan compleja, como tú te la quieras hacer
Litigio estratégico Sobrevalorado hoy día
Cocinar Me desestresa
Justicia En lo que creo, lo que estudio, lo que intento reivindicar
Alcalá de Henares Más allá de una experiencia educativa, una decisión que me llevó a recorrer muchos países
Género Repensar las estructuras de la sociedad
Leonardo Padura Gran escritor, grandes historias. Quien mejor representa la Cuba de hoy, llena de contradicciones
Derecho Es lo que sé hacer y lo hago con gusto. ¡Lo disfruto!
ELEMENTA Una apuesta
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Merchandising sobre abogados No. 9

Screen Shot 2016-07-24 at 3.01.41 PMpikachu-pokemon-peluche-abogado-30-cm-D_NQ_NP_201211-MCO20492245173_112015-F

A propósito del fervor que está generando el juego de realidad virtual aumentada, Pokemon GO, por acá, un peluche de Pikachu abogado.

Lo encontré en Mercado Libre Colombia y cuesta 50.000 pesos colombianos, que es algo así, más o menos, como 17 dólares, o por ahí. Acá encuentran la liga al producto.

Los abogados por Mauricio García Villegas

Hace apenas 2 días, Mauricio García Villegas escribió sobre abogados en su columna en El Espectador.

No es la primera vez que lo hace, de hecho ya he replicado en este espacio cuando, hace más o menos dos años, también escribió sobre estos operadores jurídicos y la justicia.

Como siempre muy crítico, muy claro, y, sobre todo, muy consciente de las problemáticas que parecerían pasar desapercibidas en muchos de nuestros contextos latinoamericanos.

Aunque el artículo de opinión está pensado para Colombia, aprovechando la candidatura del próximo Fiscal General de la Nación, la mayoría de las ideas de García Villegas pueden fácilmente estandarizarse a otras realidades: Abogados que al mismo tiempo son profesores, jueces que una vez jubilados son abogados, políticos que son abogados, puestas giratorias, desatención por el estado de la educación jurídica, inconsciencia del carácter público, falta de seriedad…

En fin, de diagnósticos en estos temas estamos más bien sobre-diagnosticados. Aunque la verdad, es que no son diagnósticos, son autopsias. Habrá que comenzar a hacer algo, denunciar y escribir, me parece un inicio razonable.

A continuación el artículo de Mauricio García Villegas, acá encuentran el enlace original, y, como siempre, subrayo lo que me pareció más pertinente.


mauricio-garcia-villegas-altaLos abogados

En Colombia se habla mucho de la crisis de la justicia y de las instituciones, pero se habla muy poco de la crisis de la profesión jurídica. Sin embargo, es imposible entender lo primero sin tener en cuenta lo segundo. Me explico.

Los profesionales del derecho se pueden desempañar como jueces, profesores, litigantes, asesores de empresas o funcionarios públicos. La calidad del derecho en un país depende de la cultura jurídica que anima a esos profesionales y de la aptitud que esa cultura tiene para promover la institucionalidad y la efectividad de la constitución y los derechos fundamentales.

En Colombia tenemos una profesión que no siempre cumple con esos propósitos. Con demasiada frecuencia el derecho es usado para defender intereses particulares e incluso para debilitar al Estado. Eso se debe, creo yo, a que la profesión jurídica está en buena medida capturada por los litigantes y asesores jurídicos que son, entre todos los profesionales del derecho, los menos inclinados a defender lo público y las instituciones.

El problema empieza con la enseñanza. La gran mayoría de los profesores de derecho son litigantes que no suelen ver en la docencia una vocación sino un cargo útil para ganar clientes. El litigante, además, enseña el derecho a partir de su visión particular, sesgada por el negocio, por las partes en conflicto y por la estrategia litigiosa. Hay por supuesto excepciones, algunas de ellas notables, pero son eso, excepciones.

Algo parecido ocurre en el mundo de la justicia: hay demasiados jueces y magistrados que vienen del litigio (o van para el litigio después) y que interpretan la ley con el sesgo particularista que es propio del litigante. Se calcula que solo el 40 % de los jueces y magistrados han hecho su carrera en la Rama Judicial. Es de suponer que una buena parte del 60% restante viene del litigio. No son pocos los abogados que quieren llegar a las altas Cortes con el propósito de convertirse en exmagistrados litigantes.

Lo mismo ocurre con cargos jurídicos del Estado, desde el Ministerio de Justicia hasta la Fiscalía, pasando por todos los cargos jurídicos del sector oficial. Muchos de esos cargos están ocupados por profesionales que vienen del litigio o de la asesoría a empresas. Aquí llegamos a la célebre puerta giratoria del Estado, en donde un funcionario público que trabaja e incluso crea normas en un determinado ámbito institucional (salud, infraestructura, minas, etc.) se convierte luego en un litigante o en un abogado empresarial para utilizar a su favor esas mismas normas que ayudó a crear.

Un ejemplo de lo que digo es el del abogado Néstor Humberto Martínez, quien es hoy candidato para la Fiscalía General de la Nación. Martínez ha pasado del mundo de los negocios al sector público con una facilidad impresionante. Ha sido superintendente y ministro de varias carteras; pero sobre todo ha sido abogado (uno de los más prestigiosos del país) y asesor jurídico de empresas, todo ello sin perder la memoria ni abandonar sus intereses cada vez que salta de un lado a otro. Pero Martínez no es el único. Que yo sepa, seis de los últimos nueve ministros de Justicia y cinco de los últimos siete fiscales eran litigantes y han vuelto a serlo después de desempeñarse como tales.

En países en donde el derecho se ejerce con seriedad, digamos en Alemania o Francia, la transitividad de un tipo de profesión jurídica a otro es casi inexistente. Los profesores de derecho son casi siempre profesores, los jueces son casi siempre jueces y los litigantes son siempre litigantes y, además, tienen un arraigado sentido de lo público, inculcado en las facultades de derecho. Nos falta mucho para llegar allá… y eso que no hablé de los estrechos vínculos que existen entre la profesión jurídica y la política.

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Nora Picasso

El pasado día sábado 23 de octubre de 2015, en su departamento en Bogotá, Colombia, tuve la oportunidad de entrevistar a Nora Estefanía Picasso Uvalle (Ciudad Victoria, México, 1990).

Screen Shot 2016-06-05 at 9.40.40 AMNora Picasso es abogada por la Facultad Libre de Derecho de Monterrey, y cuenta con una maestría en Derecho por la Universidad de Los Andes. Desde hace algunos años se ha venido especializando en temas de género y colectivos transexuales.

Desde que conozco a Nora, me ha llamado la atención que esta siempre ha estado interesada tanto en la academia y como en el ejercicio profesional, o en los colectivos sociales, sabiendo combinar así, lo que debe entenderse por una determinada concepción del derecho que tenga más bien finalidades prácticas. Un ejemplo bien relevante de esto, es la campaña #NoEsNormal misma que coordina desde enero de 2016, (que después han ido replicando distintas organizaciones en diferentes países) enfocada en concientizar y visibilizar las situaciones de acoso y discriminación que ocurren día a día en la vida universitaria.

La verdad es que cualquier cosa que escriba sobre Nora estará sesgada, pues la quiero mucho, quizá sea una de las personas que más quiera en mi vida. Esto no solo por lo vivido, sino porque, simple y sencillamente, solemos compartir una determinada visión sobre lo absurdo que resulta el mundo (generalmente reflejado a través de Facebook). Yo qué sé, Nora para mi es una de esas personas con las que uno se entiende sin hablar… (mentira, quizá ella sea una de las personas con la que más grupos comparto de WhatsApp), dijo Juan Villoro que la mejor forma de comunicación es la sonrisa, pues algo así, pero más estrafalario y tropical por que, sin lugar a dudas, el bullying ajeno resulta crucial para el fortalecimiento de nuestra amistad (esto último quizá lo heredamos de nuestro amigo y maestro Iván de la Garza).

No sé qué contar sobre Nora, pues las anécdotas jurídicas y no jurídicas abundan. Mmmm ah bueno, contaré una que se encuentra justo a mitad de camino. La del día que conocimos a mi grupo favorito de rock, Caifanes. Fue el 23 de septiembre de 2011, lo recuerdo clarito porque ha sido uno de los mejores días de mi vida.

caifa_22489Caifanes se separó en 1994 (¡ese fatídico año para los mexicanos!) y anunciaron su reencuentro a finales de 2010, solo para hacer dos conciertos en grandes festivales, uno en el Vive Latino y otro en Coachella. Obvio tenía que ir a los dos, al primero fui con Dino y Joss, al segundo con Gabs y Yorch. Increíbles ambas experiencias. Vamos…, un sueño cumplido para un fanático que pensó que nunca en su vida los vería en vivo. Después, de que bajó la euforia, y vieron lo rentable que es el fenómeno de la resurrección musical, Caifanes anunció una gira por México a partir de septiembre la cual, casualmente, iniciaría con dos fechas en Monterrey.

Recuerdo que al primer concierto no llegué emocionado ni ilusionado, sino con prisas y enojado porque a la pinche Nora se le hizo tarde y casi me pierdo el inicio, de hecho no tuve oportunidad ni de ver la mercancía pirata (que tanto me gusta comprar), ni de tomarme unas cervezas para llegar entonado. Al entrar corriendo a buscar nuestros lugares junto a varios amigos, me percato que justo en la fila de atrás a la de nosotros se encontraba una maestra de la Facultad en la que trabajo, quien además había sido nuestra profesora. Mi enojo se acrecentó pues no iba a poder ponerme borracho por guardar un poco las formas, ni tampoco subirme a las sillas a cantar el repertorio completo de los Caifanes por cuidar una cierta institucionalidad. Lo cierto es que comenzó el concierto…, y todo me dio igual. Un corcientazo, que unió generaciones y donde la menoscabada voz de Saúl Hernández se impuso antes los miles de espectadores que le hacíamos los coros.

Al final, ya cuando estaba ebrio, Nora, un tanto menos alcoholizada que yo, se acercó a saludar cordialmente a la profesora, y esta le comentó que algún familiar de ella que, a su vez, era familiar de alguien de la banda (o algo así) le había dado unos brazaletes para pasar al backstage, y que como ella tenía prisa por irse, nos las podía dar. Yo no entendía lo que pasaba pues entre la pena de saludar a la profesora en mi estado y mi confianza en que los Caifanes volvería a salir al escenario a tocar más canciones (obvio esto no sucedió), Nora tuvo que violentarme para que me diera cuenta de la gran oportunidad que teníamos. Así que me zarandeó, me habló fuerte, y fuimos con las pulseras de la profesora, para entrar a camerinos.

Screen Shot 2016-03-16 at 2.33.37 AMYa adentro, para nuestra fortuna, un afamado reportero musical de la localidad me confundió con un conocido suyo, y yo le seguí la corriente para que no pareciéramos los únicos colados. Recuerdo, que lo que pasó después a Nora le da un poco de pena, porque yo llegué agarrando cerveza, charlando con los familiares y amigos íntimos de los Caifanes, y hasta incluso con Diego Herrera, el tecladista y saxofonista de la banda (no sé qué mala conversación de esa de borrachos le estaba diciendo sobre las virtudes de correr los domingos). Nos quedamos hasta que conseguimos una foto con cada uno de los de la banda, el último fue Saúl, quien nos dijo: “Gracias por esperar”, y yo, todo emocionado y malacopa, le contesté: “Gracias a ustedes por volver”, y nos dimos un abrazo entre los tres que quedó inmortalizado en una memorable foto que hasta el día de hoy adorna mi escritorio. Más allá de lo increíble y fortuita que resultó esa madrugada, y a pesar de que el acuerdo era de que el primer día del concierto yo me ponía borracho y el segundo ella, resalto la paciencia de Nora no solo para aguantarme sino, y sobre todo, su capacidad para que sucedan cosas increíbles, para transformar realidades, me estoy poniendo potteriano (y también algo cursi), pero sí, algo hay de eso.

Las virtudes de Nora son muchas. Yo, sinceramente, creo que tiene eso que hace a un operador jurídico, un buen operador jurídico… Tiene intuición para el Derecho, tiene muy potencializado su razonamiento práctico, digamos que es buena para esto, es inteligente, y por eso mismo, nunca pero nunca veré a Nora charlando toda una noche sobre sentencias, o dejándose la vida en una discusión sobre conceptos jurídicos fundamentales, y eso, precisamente, devela su carácter divertido y relajado, que quizá en estos tiempos tenga muchísimo más valor que cualquier otra virtud. Pues, abusando de las citas de Villoro, sonreír se ha convertido en un acto subversivo.

Agradezco a Nora por la entrevista, por su confianza, y en general por tanto durante todos estos años. Nos vamos juntos, dirían, precisamente, los Caifanes.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Nora Picasso.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Nora Picasso (NP): Aburrido.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

NP: Ruth Bader Ginsburg.

3. Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho? ¿Por qué?

NP: No, o bueno sí, pero no solo Derecho. Haría doble programa con algo más, porque esta carrera por sí sola me parece insuficiente.

4. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

NP: En contra, me parece que es una formalidad innecesaria y que llena de poder simbólico a alguien que probablemente debería estar en el mismo nivel, o en una relación muchísimo más horizontal con las persona, ¿sabes?, sólo refuerza esas relaciones jerárquicas y verticales y no creo que esa deba ser la posición de un juez o jueza.

5. En México, y en específico en Monterrey, existe un prototipo preponderante de abogado que por lo general se especializa en derecho mercantil, o comercial, y en tal sentido enfoca sus labores en la defensa de grandes empresas, de entidades financiaras, a través de sus propios departamentos jurídicos, o bien por medio de grandes despachos. ¿Qué opinión te merecen este tipo de abogados?

NP: No sé, no me gusta demonizar a quienes trabajan defendiendo esos grandes “intereses económicos”. Cada quien tiene su rol y sus metas en este mundo, al final, alguien tiene que defenderlos también a ellos. Lo que sí creo, es que a veces este tipo de actividad invisibiliza o “hace menos” a quienes se interesan por los temas sociales, desde “de eso no vas a vivir”, pasando por “mejor ponte a jalar (trabajar, para quienes no comparten el léxico)”, hasta “hay problemas más importantes que ese por el que tú peleas”, que generan un conflicto innecesario entre quienes ejercen el derecho desde distintos ámbitos. Lo mismo pasa con las personas que se dedican al activismo o causas sociales, no podemos andar por ahí ejerciendo superioridad moral. Que cada quien haga su parte, la haga bien y sin hacer menos a quienes no la comparten.

En otro sentido, algo que me parece importante evaluar, es el rol de estos abogados/as en el salón de clase. En muchos de los cursos que tomé (con sus lindas excepciones) los profesores te invitan a ser la mejor abogada… ¿cómo se logra esto? Haciendo lo mejor para tu cliente aun y cuando eso implique “pasar” por encima de alguien más: ¿tu cliente tenía que pagarle cincuenta mil pesos a un trabajador y lograste que únicamente le pagaran tres mil? ¡bien! ¿tu cliente tenía que pagar mil millones de pesos en impuestos pero constituiste no sé qué empresa en un paraíso fiscal y un montón de trucos más y lograste que solamente pagara quinientos mil pesos? ¡bien! ¿tu cliente quería construir un estadio de “primer mundo” aunque eso implique contaminar más la ciudad, modificar el caudal de un río y probablemente futuras inundaciones a los vecinos y lo lograste? ¡bien! Esta es la idea de éxito y sí, así es la vida y trabajo es trabajo, pero me parece importante pensar qué es lo que le transmitimos a las nuevas generaciones de abogados. Qué idea de éxito y bienestar estamos produciendo. Cómo esto contribuye a que nuestro país es lo que es en este momento.

6. A pesar de que, desde hace algunos años, la profesión jurídica se ha feminizado, resulta claro que el derecho es un campo preponderantemente machista y que invisibiliza a la mujer al momento de abordar temas relacionados con la exigibilidad de sus derechos. En tu experiencia, y sabiendo que durante algunos años estuviste litigando, ¿cuáles son los principales problemas que afronta una mujer al ejercer la abogacía?

NP: Antes de tratar de enlistar problemas concretos, quisiera anotar que para muchas personas no es claro que el derecho sea preponderantemente machista y que muchas veces invisibiliza a la mujer. Me parece que este es el problema número uno. Por el hecho de que a algunas mujeres nos ha ido bien y hemos logrado abrirnos campo en lugares que son generalmente masculinos, no quiere decir que así sea para todas. Sin embargo, estas excepciones hacen pensar a muchas personas que ésta es la regla. Ya podemos trabajar ¡¿qué más queremos?!… Dicen que a los jefes los escoge uno mismo, yo he tenido la fortuna de trabajar con personas que nunca me han hecho menos y que, al contrario, me han impulsado para llegar a donde estoy hoy. Esto no quiere decir, sin embargo, que yo haya estado exenta de situaciones en donde mi género ha sido un factor de trato desigual. Me parece que este debe ser el objetivo central de quienes nos interesamos por los temas de género relacionados con el ejercicio del derecho: visibilizar las problemáticas (de género) que viven miles de mujeres cada día.

¿Cuáles son los principales problemas que afronta una mujer en este tipo de ambientes? Recuerdo una vez que entré a trabajar a un lugar (no diré nombres) y en mi primer día escuché a uno de mis futuros compañeros de trabajo decirle al otro: ¿ya viste la nueva adquisición de la oficina?… Tengo compañeros de trabajo, amigos y conocidos que cuando les dicen que alguien (mujer) va a unirse a un proyecto/equipo/oficina lo primero que preguntan es: ¿está buena? A algunos les dará risa, a otros les parecerá un “beneficio” propio de “nuestro sexo” y habrá a quien le parezca irrelevante: a mí me molesta y me parece injusto que sea así. La sexualización de las mujeres es un fuerte problema y obstáculo en el mercado de trabajo.

Otro problema es el tema de la vida familiar vs. el trabajo. En estos tiempos, todavía no hemos encontrado el balance entre el tiempo que dedicamos al trabajo y el tiempo que le dedicamos a nuestras familias. Es claro que este aspecto aplica tanto para hombres como para mujeres, sin embargo, su impacto sí es diferenciado. Basta con revisar campañas como con todo respeto para darnos cuenta que, en últimas, las responsabilidades del hogar siguen siendo atribuidas a las mujeres. Esto ha generado fuertes disyuntivas para las mujeres que quieren, por un lado, ser exitosas en sus trabajos y/o actividades profesionales y, por otro lado, formar una familia. Aunque hay casos en los que las parejas han logrado llegar a acuerdos en los que ambas partes se encargan de las actividades del hogar, son muchas las mujeres que se ven obligadas a escoger entre una y otra.

7. Últimamente te has involucrado como abogada en temas relacionados con los colectivos trans. ¿Qué nos puedes contar sobre esto?

NP: Ha sido una experiencia que me ha hecho crecer mucho. Por un lado, mi único acercamiento al tema había sido desde una perspectiva meramente teórica, es decir, pura lectura. Si bien esto te da un panorama importante sobre la situación, no terminaba de aprehender la problemática real. Es hasta que tienes un amigo/amiga trans y la gente se queda viendo raro en la calle, o hasta que no te dejan entrar a un bar porque “no permiten travestis” que el problema se comienza a volver personal (por lo menos para mí). Durante el último año y medio he venido trabajando con mujeres trans trabajadoras sexuales en distintas zonas de Bogotá y población LGBT en la cárcel Modelo (también de Bogotá). Es impresionante la renuencia de los funcionarios de gobierno a llamarle a las mujeres trans como lo que son: mujeres. En la cárcel, por ejemplo, los guardias se refieren a ellas como “las maricas” y tienden a hablarles en masculino, aun y cuando muchas de estas mujeres ya tienen modificaciones corporales y todo lo que entra dentro del estereotipo de “femenino”. Hemos encontrado también que en temas de trabajo sexual, las mujeres trans son las más expuestas a violencia por parte de la policía (más que las mujeres cisgénero y hombres gays). En general, hay un desconocimiento y confusión entre la identidad de género y la orientación sexual, para muchas personas, las mujeres y hombres transgénero simplemente son hombres gays y mujeres lesbianas. Todo esto se sabe, sí, pero ahora lo siento más de cerca.

Por otro lado, esto me ha puesto a pensar sobre los alcances del feminismo, las teorías de la sexualidad y mi papel como feminista. Como sabes, la lucha transgénero y un sector del movimiento feminista han entrado varias veces en conflicto pues, para este sector, entre otras cosas, las mujeres trans representan un “peligro” en la medida en que su construcción muchas veces está basada en los estereotipos contra los que el feminismo lucha. Sin embargo, el género parece entrar por los ojos, y a las personas trans se les impone el deber de parecer más acorde con el género escogido. Pero esto, a su vez, nos lleva a darnos cuenta que no todas las personas trans se construyen igual y que hay quienes se construyen fuera de lo binario.

Hay sectores de la teoría feminista que reciben y apoyan la lucha trans, esto ha llevado también a la (re)conceptualización de lo que significa “ser mujer”. Si los genitales no nos definen, ¿cómo definir a las mujeres? A esto me refiero cuando hablo de los alcances del feminismo. En todo caso, me parece que el feminismo debe incluir la experiencia de las mujeres trans, que como cada experiencia (mujer de clase alta, mujer de clase baja, mujer indígena, mujer lesbiana, mujer con discapacidad, mujer negra, etcétera, etcétera) es una de las formas de ser mujer.

8. En un artículo que publicaste hace unos meses en Las2Orillas, defendiste una posición sobre el ejercicio de la prostitución. Una crítica que se te podría hacer es que ese tipo de trabajo termina por cosificar a las personas, contribuyendo a fortalecer las estructuras del neoliberalismo ¿Qué opinas al respecto?

NP: ¿Te puedo contestar con una pregunta? 

No.

¿Por que?

Bueno haz lo que quieras.

(Risas) 

¿Pero por qué cosificando? 

Al final de cuentas, dentro de los actuales esquemas de globalización, el trabajo antes que servir como fenómeno sociabilizador y emancipatorio, este se encarga de reducir a la persona para alienarlas dentro de los valores liberales. En ese sentido, tú propones una defensa de la prostitución cuando se ejerce bajo condiciones de libertad, autonomía, consentimiento, mmmm, bajo todos esos principios que fundamentan el capitalismo neoliberal. ¿No crees que la misma crítica que se le hace al abogado que está trabajando todo el día desde un gran despacho se le podría hacer al de la prostituta que está en la calle? 

Totalmente, pero tengo dos comentarios. En primer lugar, que el trabajo sexual, como cualquier otro trabajo, estaría inmerso en la lógica actual de mercado. En últimas, o por lo menos yo así lo creo, uno no puede “salirse del sistema”, en todo caso, sería encontrar lugares pequeños en donde se subvierten o se desestabilizan ciertos principios/conceptos. El primer paso, sin embargo, es que logre reconocer como trabajo y en esas estamos. En segundo lugar, que ese es el punto en el que estoy en desacuerdo con quienes se oponen al trabajo sexual. Estos frecuentemente argumentan que el trabajo sexual debería ser prohibido pues estas personas son “explotadas” y sus cuerpos “degradados”, como si el sistema laboral no fuera así. Si esa es la razón ¿por qué no nos causa igual indignación, por ejemplo, los mineros? ¿las empleadas domésticas (sobre todo aquellas que son de “planta”)? ¿cualquier persona que trabaje en condiciones insalubres y con horarios extendidos? ¿cuál es la diferencia entre el minero y la trabajadora sexual? Ambos lucran con su cuerpo, ambos corren riesgos en sus trabajos. En resumen: me parece una doble moral.

Con esto no quiero decir que la explotación o trata de personas no exista, ni tampoco niego que hay quienes ejercen el trabajo sexual por necesidad. Lo único que digo es que muchas veces somos condescendientes, nos causan lastima esas pobres mujeres que terminaron trabajando en eso (porque hasta eso, el trabajo sexual masculino es muy invisibilizado). Pero eso sí, no nos preocupamos por las causas que hacen que tres noches de ejercer el trabajo sexual para muchas sea lo equivalente a un mes de salario de cajera o de empleada doméstica. Nos molesta la consecuencia y se nos olvida la causa.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente: 

Colombia Donde encontré mi lugar
Fernando Villarreal Gonda Brillante y divertidísimo
Universidad de los Andes Conocimiento y oportunidades
Frida Kahlo Mujer sufrida
Ciudad Victoria Pubertad
Dinorah Cantú Amar y sentir
Ángeles Abogados Mis inicios
The Good Wife Me dan ganas de ser abogada de verdad (jaja)
Iván de la Garza Mi maestro del alma
Bogotá Mi hogar
Rafael Pérez Gay El viejito neurótico que soy yo
PARCES Ser quien soy
Arrested Development Bob Bob Law
Gorditas Doña Tota Chicharrón en salsa verde
Harry Potter Hermione Granger
Janet Halley Decisiones responsables
Justicia Todo y nada
Facultad Libre de Derecho de Monterrey Donde conocí a grandes personas
Isabel Cristina Jaramillo Mi mentora
Derecho Cambio social (a veces)
México Amor de mis amores

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Adriana Muro

El pasado día viernes 22 de octubre de 2015, en el restaurante Madre en la Candelaria, en el centro de Bogotá, Colombia, tuve la oportunidad de entrevistar a Adriana Muro Polo (Ciudad de México, México, 1986).

UDUrjbHV_400x400Adriana Muro, es abogada por la Universidad Iberoamericana (IBERO), y Maestra en Derechos Humanos y Democratización por la Universidad Externado de Colombia. Actualmente radica en Bogotá, desempeñándose profesionalmente como socia de “ELEMENTA, Consultoría en Derechos”, y también siendo parte de la Universidad Sergio Arboleda.

A Adriana, @adrianawall, la Wall para algunos, la Muro para otros, no tengo la certeza, pues mi memoria es más bien engañosa y poco confiable (el problema no es ser olvidadizo, sino olvidar, dijo Murakami, (ay ajá)), pero creo, ojo, creo, que la conocí por dos ámbitos distintos pero coincidentes.

El primero más bien etéreo y poco sensato, Twitter. O sea, como a todos esos avatares sin rostro ni cuerpo que allá por dos mil diez, o quizá años antes, andábamos en dicha red social, sin conocernos pero en los mismos temas. Incluso, me acuerdo que algunos de los primeros tuits coincidentes, de los primeros #hashtags comunes, eran para apoyar la postulación de Emilio Álvarez Icaza para presidir la Comisión Nacional de Derechos Humanos, o para informar sobre la comparecencia de Ministros para la Suprema Corte cuando quedó seleccionado Justice Zaldivar, o sobre el matrimonio igualitario, o respecto al proceso de reforma constitucional en materia de derechos humanos… Da igual, el caso es que estuvo chido saberse parte de un grupo, o bueno no propiamente un grupo, pero saberse por lo menos no solos, es decir saber que existían otras personas que estudiaban Derecho en México con afinidades ideológicas sobre diferentes temas.

El segundo más bien fáctico y también poco sensato, el Moot Court de American University en Washington, D.C. A manera de tradición, la competencia que organiza la Academia de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario sirve para aglutinar muchas personas de todo el mundo que están en sintonía no solo con los temas derechohumaneros, sino también con unas pinches ganas de pasar un buen (cuasi) verano en Estados Unidos. Entonces, en varios años ahí me encontré con Adriana, no sé si como participantes, o coaches, o jueces, o cualquier cosa, pero el caso es que además de las buenas relaciones entre la IBERO y la Facultad Libre de Derecho de Monterrey (FLDM), y de los amigos en común, existen puntos de encuentro más allá de cuestiones jurídicas e institucionales que resultan más provechos, armonizadores, y perdurables… Me refiero a temas como el fútbol, la música, la literatura, la fiesta, o tal vez, pero solo tal vez, al simple hecho de ser jóvenes. Quién sabe.

En ese sentido, aunque han sido más bien pocas las veces que he coincidido con Adriana (más allá de estar en un lugar ruidoso, estar alcoholizados, o hablando de moot courts), la afinidad sospecho es manifiesta. El pinche tiempo es relativo y como tal no hace falta conocer a alguien durante muchos años, o compartir una vida para saber de las potencialidades comunes que aguardan las personas. Eso, o la verdad es que a mi me basta con saber que si escucha CaféTacvba, o lee Roberto Bolaño, seguro es alguien con quien quiero gastar mi tiempo. Pero si además trabaja por los derechos humanos, escribe (en Nexos, o en revistas científicas, o en publicaciones independientes), o da clases en distintas Universidades, pues bueno ya está, no hay mucho más que agregar.

Agradezco a Adriana por la entrevista, por su tiempo, por lo compartido, por lo que compartiremos, pero sobre todo por compartir la causa (sin tener que sufrirla para ser parte de la misma, como bien lo dice ella).

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Adriana Muro.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Adriana Muro (AM): Simulación.

2.Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

AM: Boaventura de Sousa Santos.

3. Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho?

AM: Sí, porque cuando empecé no estaba segura de lo que quería, y hoy creo que estoy más segura que nunca que el Derecho es lo que yo tenía que hacer.

4. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

AM: La toga entiendo busca legitimar una especie de solemnidad en la profesión, sin embargo considero que actualmente más que solemnidad las y los abogados debemos optar por ganarnos la credibilidad de quien confía en nosotros.

5. ¿Cuáles son las principales diferencias que has encontrado entre el ejercicio de la abogacía en México y en Colombia?

AM: Creo que académicamente me dio una preparación muchísimo más profunda y sólida, y no sé si es un poco también porque yo crecí en un ámbito del Derecho que no estaba comprometido con derechos humanos, y mi primer acercamiento en Colombia fue ese… Puede ser por el contexto colombiano, pero yo veo mucho más compromiso y mucho más entendimiento del Derecho como herramienta de cambio social aquí en Colombia que en México.

6. ¿Qué fue lo que te hizo involucrarte en el campo de los derechos humanos?

AM: Fueron los concursos de derechos humanos los que me salvaron y me hicieron darme cuenta que la insuficiencia académica y técnica que yo veía en mi Universidad la podía rescatarla a través de los derechos humanos. Fue un poco accidental, no lo voy a negar pero sí fue eso lo que me hizo seguir, y así pude comprometerme un poco con esa causa que no era mía pero que sentía que tenía que serlo.

7. ¿Deben los abogados conocer sobre el sistema interamericano de protección de derechos humanos?

AM: Sí, pero creo que es una herramienta más. En estos últimos años me he dado cuenta que el Sistema Interamericano no tiene la última palabra, ni la mejor, que es un Sistema que se agota muy rápido, pero creo que para el ejercicio de la abogacía es primordial.

8. En México después de la reforma en materia de derechos humanos de 2011, la constante discusión del 133 constitucional, el caso Radilla, y de otros acontecimientos relacionados con temas de derecho internacional, parecería reinar una especia de confusión generalizada donde cada quien entiende lo que mejor le conviene. Se me ocurre, por ejemplo, hace unos meses cuando algunos senadores defendieron la designación del ahora ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eduardo Medina Mora, alegando el principio pro persona, para solventar uno de los requisitos constitucionales exigidos para dicho cargo.

 Como abogada radicada en Colombia, y tomando un poco de distancia sobre lo que ocurre en nuestro país, ¿cuál es tu impresión sobre este fenómeno?

AM: Creo que ha sido un fenómeno extraño, parecería que fue un fenómeno positivo esta reforma y te lo digo porque me tocó ser parte al final y conocer a la gente que lucho durante diez años por esa reforma que se consolidó en el artículo primer constitucional. Sin embargo, me parece que la falta de conocimiento en derechos humanos hace que existan pronunciamientos como los que dices de Medina Mora, o los de en su tiempo del ministro Aguirre Anguiano. Me parece que la confusión radica en los altos mandos, dentro del Ejecutivo, Legislativo y Judicial hay mucho desconocimiento y sobre todo, mucha esquizofrenia.

A veces siento que esa reforma trajo cosas buenas pero también considero que la ignorancia hace que en ocasiones se prostituyan los principios que sustentan la protección de los derechos humanos.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente: 

Colombia Mi segundo hogar
IBERO

Lo mejor y lo peor de mis mundos. Lo que no me gusta de dónde crecí y lo que me dio la oportunidad de desarrollarme profesionalmente.

Chicharito Hernández

Yo le tengo mucho cariño al Chicharito por mi mexicana que llevo dentro, por el que siempre tendremos que sentirnos orgullosos, aunque estemos bien o estemos mal, seamos banca o metamos dos goles en la Champions, estamos presentes

Latinoamérica

Contrastes

Universidad Externado

Donde aprendí muchas cosas de las que me faltaban académicamente hablando.

Ayotzinapa

Vergüenza, pena, pero también una oportunidad de cambiar las cosas

Roberto Bolaño

El escritor que me hizo soñar muchas noches con Arturo Belano. A Bolaño me lo presentó una persona que quise mucho, se convirtió en mi autor favorito.

Carlos Vives Felicidad
SCJN

Amor apache. Siempre voy a creer en la Suprema Corte y siempre la voy a criticar

Bogotá La ciudad que me enseñó a creer
ELEMENTA

Una segunda oportunidad. Un proyecto de amistad, de tratar de cambiar las cosas y reivindicar la causa de los derechos humanos

Tacos Lo que más extraño
SIDH

Lo que me abrió las puertas al tema de los derechos humanos y, al mismo tiempo, lo que hoy más critico

Café Tacvba

El pedacito de México que siempre llevo a todos lados

Justicia

Palabra que durante toda mi vida buscaré su significado

OITNB Repensar el feminismo
Mezcal

Un trago que me incita a compartir de donde yo soy

Simona

La que me dio el sentido de la responsabilidad y cariño a los animales. La que nunca me ha dejado sentirme sola

Derecho Para lo que llegué a Colombia
México Mi lugar favorito

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Daniel Bonilla

El pasado miércoles 21 de octubre de 2015, en la Universidad de Los Andes (Uniandes) en Bogotá, Colombia, tuve la oportunidad de entrevistar a Daniel Eduardo Bonilla Maldonado (Bogotá, Colombia 1969).

imagenes2301aDaniel Bonilla es abogado por la Uniandes, maestro en Derecho por la Universidad de Yale, y doctor en Derecho por esta misma Institución. Desde el 2006 se desempeña como profesor asociado de la Uniandes, así como también ha ejercido como profesor visitante en distintas Instituciones educativas, como el Instituto Internacional de Sociología Jurídica de Oñati (IISJ), la Universidad de Puerto Rico, o las Escuelas de Derecho de las Universidades de Fordham, Brescia y Yale.

Las principales líneas de investigación de Daniel son el derecho de interés público y la educación jurídica, los derechos de las minorías culturales, el derecho constitucional (aunque me atrevo a decir que este desde una perspectiva más bien crítica y bastante heterodoxa a lo que, por lo general, se entiende por derecho constitucional) y la teoría del derecho.

imgresPrecisamente, a Daniel lo conocí al estar investigando sobre teoría del derecho y enseñanza jurídica, en específico al escribir el apartado sobre formalismo y formación de los abogados durante mi tesina en el master de derechos humanos en la Carlos III, en España. Bueno, mentira. No lo conocí ahí, o sea sí, pero no. Recuerdo que leí un artículo suyo en un libro titulado Derecho y pueblo Mapuche, editado por Universidad Diego Portales, que además de servirme mucho, me pareció bastante ameno y, sobre todo, lo encontré muy en sintonía con lo que pienso sobre cómo se enseña del Derecho. A partir de ahí le seguí la pista a su trabajo intelectual, y me encontré con artículos suyos sobre literatura y Derecho, y también sobre temas directamente relacionados con la abogacía, entonces, pues, no pude menos que interesarme en su trabajo.

imagesDespués, al viajar por Latinoamérica durante todo el segundo semestre del año pasado, cuando pasé por Colombia, y estuve una semana en Los Andes, sencillamente, le escribí a Daniel Bonilla para una asesoría y le propuse la entrevista. Este accedió sin ningún problema, y creo que no solo ambos quedamos satisfechos con el resultado, sino que también sospecho que esa afinidad que comparto por su trabajo intelectual, la encontré en igual manera dentro del plano personal. Después, en Córdoba, Argentina, cuando di una charla sobre mis temas y conocí a Carlos Lista, este me habló bastante bien de Daniel, pues lo había conocido mientras fue director del IISJ, y me instó a que aplicará para una de sus clases o para un workshop. Así que bueno, como a Lista le suelo hacer caso en todo lo que dice, haha, probablemente tenga la fortuna de tener a Daniel como profesor durante el próximo diciembre, pero bueno ya veremos, por lo pronto eso… Agradecer a Daniel por su disposición y su tiempo para la entrevista. Por comprometerse con lo que debería ser una academia jurídica en serio, que busque tanto transformar su entorno, como tender puentes entre las personas que están en la misma sintonía. Estoy seguro que con más académicos como Daniel, hay posibilidades de una mejor educación jurídica, y por tanto en mejor Derecho.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Daniel Bonilla.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Daniel Bonilla (DB): Justicia social.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

DB: Paul Kahn.

3. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

DB: Creo que no es un problema central para la disciplina. Entiendo el simbolismo de la toga, y entiendo a quienes critican ese simbolismo.  

Los que lo defienden usualmente promueven la separación radical entre derecho y política. Para ellos, el juez debe poner su subjetivad en suspenso cuando decide los casos que llegan a su despacho. La toga es el símbolo de esta marginación de la identidad individual, de este cubrimiento de las características que hacen del juez un ser humano particular. Las convicciones morales y políticas del juez no deben involucrarse en las decisiones judiciales. El mensaje que se quiere mandar a la comunidad política con la toga, por ende, es uno de neutralidad y objetividad judicial.

 Ahora bien, entiendo también que los críticos de la toga argumenten que esta proyecta un discurso descriptivamente impreciso y normativamente indeseable sobre la decisión judicial. Los jueces, afirman los críticos, al menos en los casos difíciles, no pueden dejar de involucrar elementos extrajurídicos cuando adjudican derechos y obligaciones. Asimismo, al solucionar este tipo de casos el juez tiene la posibilidad de conectar apropiadamente derecho y realidad social. Para los críticos de la toga sería mejor que la comunidad política reconociera explícitamente el carácter perspectivo de la decisión judicial y las intersecciones que existen, por lo menos en los casos difíciles, entre Derecho y política. Este reconocimiento generaría varias consecuencias positivas, entre otras, que los jueces tuvieran que hacer explícitas las variables extrajurídicas que conforman sus decisiones y que las deban justificar adecuadamente. Este reconocimiento permitiría, por tanto, un mayor control de los jueces por parte de la ciudadanía y las otras ramas del poder público.

Sin embargo, me parece que centrar la discusión en la toga genera pocos beneficios analíticos y políticos. Creo que sería mejor discutir abiertamente el problema que esta detrás del símbolo: cuál es el papel que deberían jugar los jueces en una democracia liberal; en el caso latinoamericano, más precisamente, cuál es el papel que deberían jugar estos funcionarios públicos en una democracia en proceso de consolidación. Creo que si hay toga o no hay toga en una comunidad política particular es una cuestión más bien marginal.

4. ¿Qué es el pro bono en el ejercicio de la abogacía?

DB: El pro bono es una de las formas mediante las cuales los abogados materializan las obligaciones sociales que tienen para con su comunidad política. El pro bono, más específicamente, es uno de los instrumentos que tienen los profesionales del derecho para contribuir a la concreción del derecho al acceso a la justicia de la población socioeconómicamente vulnerable. Esta obligación se vuelve especialmente apremiante y exigente en comunidades políticas como las nuestras, donde las democracias están todavía en procesos de consolidación, y donde el acceso a la justicia, en particular el de los más pobres, es todavía una promesa por cumplir.

5. En alguna ocasión has dicho que el trabajo pro bono, en la abogacía, existe más como discurso que como realidad, en el actual contexto de grandes despachos entendidos a manera de “trasnacionales jurídicas” ¿tiene este “trasplante jurídico” más potencialidades o riesgos?

DB: Creo que hay una distancia enorme entre el discurso y la práctica pro bono. Esta brecha existe tanto en Latinoamérica, donde aquel y esta son relativamente nuevos, como en Norteamérica, donde llevan mucho más tiempo circulando dentro de las comunidades jurídicas. Las grandes firmas de abogados del continente americano dicen tener un compromiso fuerte con el pro bono. No obstante, su trabajo en esta área del derecho no se corresponde con este supuesto compromiso: los montos de dinero que invierten en las fundaciones que sirven como casas de intermediación son pequeños, el número de horas pro bono que laboran es bajo y la formulación e implementación de casos de interés público marginal.

En esta medida el trabajo pro bono puede usarse (se ha usado) como un instrumento para legitimar socialmente a las grandes firmas de abogados. Mediante el discurso pro bono, las firmas proyectan una imagen positiva en la colectividad; se presentan como socialmente responsables y pueden contrarrestar la imagen negativa que tienen los abogados en muchas democracias liberales contemporáneas. No obstante, el trabajo pro bono que hacen usualmente no tiene un impacto notable en la materialización del derecho al acceso a la justicia o la protección del interés público de sus comunidades políticas.

Sin embargo, creo que la institución pro bono” tiene la posibilidad tanto de hacer realidad la idea de que los abogados tenemos obligaciones para con nuestra sociedad como de contribuir a la satisfacción de las necesidades jurídicas de amplias capas de la población. El discurso en abstracto, por tanto, es valioso y se justifica apelando a argumentos poderosos dentro de una democracia liberal. Los abogados debemos contribuir a disminuir las desigualdades epistemológicas (control del saber jurídico) y socioeconómicas que no permiten que los ciudadanos más vulnerables puedan acceder a la justicia.

Ahora bien, para cerrar la brecha entre discurso normativo y práctica pro bono lo que se necesita es un mayor compromiso de quienes concentran el poder de decisión dentro de las firmas de abogados. Las firmas son estructuras empresariales profundamente jerárquicas. En esta medida, solo si los socios deciden que se debe hacer trabajo pro bono este podrá enraizarse en la vida cotidiana de los estudios e interiorizarse por parte de los abogados que los conforman. Solo si lo socios lo consideran pertinente, por ejemplo, las horas pro bono se podrían considerar como equivalentes a las horas pro lucro. Esta decisión aumentaría notablemente las posibilidades de que el trabajo pro bono fuera viable dentro de las firmas de abogados.

6. ¿Cuál crees que sea el principal reto que afronta la enseñanza del derecho en nuestros días?

DB: En Latinoamérica el principal reto está directamente relacionado con la profesionalización de la academia jurídica. Para que haya calidad e innovación en la docencia y para que haya producción de conocimiento jurídico original, es necesario que exista un conjunto de abogados dedicado, como parte de su proyecto de vida, a la Universidad, a la enseñanza y la investigación del Derecho. Estos abogados, además, deben tener condiciones de trabajo adecuadas: un salario que corresponda con su formación y experiencia y estabilidad laboral que les de independencia frente a la administración universitaria y los poderes políticos y económicos de sus sociedades.

7. El filósofo alemán Hans Robert Jauss alguna vez afirmó que “El arte tiene más verdad que la ciencia” ¿Qué opinión te merece esta idea? Y ¿Qué rol juega la creatividad en el ejercicio de la abogacía?

DB: El Derecho puede ser una disciplina profundamente creativa y retadora intelectualmente. Creo, sin embargo, que las formas de enseñanza y práctica del derecho tradicionales generan enormes obstáculos para que lo sea efectivamente. El formalismo que ha caracterizado a una buena parte de nuestra educación jurídica ha empobrecido el estudio y la praxis de la disciplina. La métodos pedagógicos, los tipos de producción académica, las formas de interpretación y los roles de los diversos operadores jurídicos que promueve este concepto de derecho han convertido a una buena parte de la educación y práctica jurídicas en un espacio estéril y poco desafiante desde el punto de vista intelectual.

Pensar el Derecho como un arte, por un lado, y pensar que puede existir un diálogo entre el Derecho y el arte, por el otro, abre caminos para que el derecho pueda concebirse y experimentarse como una disciplina creativa, innovadora y útil para los contextos en los que está inmersa. El arte, por ejemplo, puede ofrecer interpretaciones del derecho que iluminan aspectos tradicionalmente marginales en el derecho (piénsese, por ejemplo, en lo que los orientalistas franceses nos pueden decir sobre las conexiones entre el derecho y el proyecto colonial o Daumier sobre la relación entre los clientes y los abogados); la literatura puede ayudar a evaluar las ventajas y desventajas de los estilos que se usan para escribir el derecho, desde las decisiones judiciales hasta las leyes pasando por los tratados académicos; y el teatro puede contribuir con formas innovadoras para la crítica de los ordenamientos jurídicos o para la enseñanza del derecho (piénsese, por ejemplo, en lo que las obras de Bertolt Brecht nos pueden decir sobre el uso de la ley, las élites políticas y aquellos situados en las márgenes de nuestras sociedades o en los usos de las técnicas actorales para mejorar las formas en que enseñamos el derecho) .  

8. Se te ocurre, cómo poder educar abogados que sean socialmente responsables y tengan las destrezas para desempeñarse eficientemente en la práctica profesional.

DB: Creo que hay varias estrategias para alcanzar este objetivo. En esta conversación quisiera referirme a dos de ellas: la primera es discursivamente persuasiva pero muy difícil de materializar. Me refiero a la idea de que tanto el currículo formal como el currículo vivo hagan explícito y promuevan la idea de que el Derecho se entrecruza con la justicia, que hay diversas formas razonables de hacer uso del sistema jurídico como instrumento de transformación social y que los abogados tenemos obligaciones para con nuestra comunidad política.

Para que esta estrategia fuera efectiva seria necesario que las clases que se ofrecen en una facultad de derecho y la manera como efectivamente se dictan tengan como uno de sus objetivos mostrar las intersecciones entre derecho y justicia y entre la abogacía y la sociedad. El profesor de derecho comercial, el de procesal, el de derecho constitucional y el derecho de interés público, por nombrar solo algunos, deberían, por tanto, hacer explícito la manera como sus objetos de estudio se entrecruzan con la justicia y que tipo de obligaciones sociales particulares le generan a los abogados que las practican.

Ahora bien, la materialización de esta estrategia genera unos retos inmensos: desde la creación de una masa crítica compuesta por alumnos y profesores que la apoyen hasta la consecución de los recursos económicos necesarios para su concreción, pasando por la formulación de programas de los cursos y actividades pedagógicas que la puedan poner en práctica.

La segunda estrategia es la creación o consolidación de consultorios jurídicos o clínicas de interés público en las facultades de derecho. Estos espacios académicos están comprometidos con la educación jurídica experiencial. Por un lado, quieren que los estudiantes aprendan haciendo. Los estudiantes podrían desarrollar habilidades centrales para convertirse en profesionales competentes mediante el desarrollo de actividades análogas a las que realizan los abogados practicantes. Por el otro, estas instituciones consideran que las actividades que desarrollan los alumnos bajo la supervisión de un profesor deben contribuir a materializar el derecho al acceso a la justicia de las personas socioeconómicamente desfavorecidas o contribuir a la defensa del interés público. Infortunadamente, el impacto que han tenido los consultorios jurídicos en Latinoamérica en la formación de los abogados ha sido limitado. Usualmente estas instituciones han sido ubicadas al final de los programas de derecho y son voluntarios para los estudiantes. En esta medida tocan a los estudiantes cuando ya han sido moldeados por cuatro años de estudio de la dogmática jurídica y son pocos los alumnos y profesores que se vinculan a estos espacios académicos.

Finalmente, pensando en términos más generales, para que los entrecruzamientos entre justicia y derecho se hagan parte efectiva de la formación del abogado es necesario que las Facultades tomen una serie de decisiones políticas. Estas decisiones tocan muy diversos temas: desde cómo deben usarse los recursos escasos de los que disponen; pasando por la contratación de profesores de tiempo completo hasta la definición sobre como debe usase el tiempo de los profesores que ya hacen parte de la institución. Si no se toman estas decisiones, en las facultades, a lo sumo, se podrán encontrar esfuerzos individuales de profesores y estudiantes por pensar el Derecho de la mano de la justicia social.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

Colombia Creatividad, violencia y esperanza
Yale Producción de conocimiento jurídico original
Pro bono Función social de los abogados
Universidad de Los Andes Profesionalización de la academia jurídica en Latinoamérica
Filosofía analítica Rigor
Ronald Dworkin Principios
Latinoamérica Entre la difusión y reproducción de conocimiento jurídico de otras latitudes y la creación de conocimiento jurídico propio
Paul Kahn Mi maestro
Bogotá Vibrante y caótica
J. M. Coetzee Belleza y contundencia desde el Sur
Academia jurídica Producción de conocimiento jurídico
Bernhard Schlink Punto de encuentro entre la literatura y el Derecho
Clínicas de derecho de interés público Uso del derecho como instrumento de transformación social
Eugène Delacroix Derecho e imperialismo
Justicia Derecho de interés público
Estados Unidos Colonialismo y producción de conocimiento jurídico de calidad
Democracia Una aspiración en Latinoamérica
Kafka Una mirada desesperanzadora pero bella del Derecho
Derecho Justicia
Arte Develación y construcción de nuevas formas de ver el mundo

Camisetas de fútbol de clásicos latinoamericanos de la filosofía del derecho

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Desde hace ya algunos días ha comenzado la Eurocopa de América, es decir, perdonen el colonialismo, la Copa América. A pesar de mi fanatismo por el fútbol, la verdad es que he estado más bien poco atento a esta competición. Ahora bien, esto no quita ni que siga los resultados atentamente, ni que aproveche la pinche coyuntura para postear algo al respecto.

Precisamente ahora que me encuentro en Alicante con los analíticos, he tenido la oportunidad no solo de volver a repasar a algunos autores clásicos de filosofía del derecho, sino también de pensar en esta área del derecho como un campo delimitado que despliega y retroalimenta su contenido a través de una determina región geográfica, que idílica y ancestralmente podría denominársele región latina. Precisamente, sobre este tema, Manuel Atienza ha escrito un paper denominado “La filosofía del derecho como filosofía “regional”“.

De lo “latinoamericano” se ha teorizado. Acaso Galeano sería uno de los que mejor han entendido dicha noción, aunque a mi parecer Jorge Volpi tiene una obrita, El insomnio de Bolivar, que refleja a la perfección las actuales condiciones de lo que implica, o más bien implicaba (pues su tesis es que esta región ha dejado de existir), ser latino. Ojo, se ha teorizado pero no estoy tan seguro que lo suficiente y más en la filosofía del derecho. Sí, están los estudios sociológicos, decolonialistas, la escuela de Boaventura, los colombianos de Dejusticia, pero propiamente desde la teoría jurídica encuentro obras más bien aisladas o que aspiran a compilar autores, corrientes, e identificarlas dentro de alguna tradición. Ahora mismo, recuerdo un texto de Binder sobre “cultura jurídica” que bien puede englobar un poco lo que digo, acá el link al texto que es bien pero bien pinche bueno.

Ya hice hace un año una selección mexicana de fútbol inspirada en el blog de Gustavo Arballo, y tuve que justificar, creo que de más, mis elecciones para ahorrarme algunas explicaciones (y  también algunos enemigos). Esta vez ya no lo haré, creo que se entiende claramente que toda decisión implica una arbitrariedad y que, para bien o para mal, existen razones racionales que puedan criticar o aplaudir lo elegido.

Algunas puntos a considerar:

  • Uno de los criterios para seleccionar fue sencillamente que no estuvieran vivos.
  • No elijo ni a los mejores, ni a los más conocidos, sino a los que he leído, o me han recomendado personas y amigos de los que me fío.
  • Elijo solamente seis países de los doce que están en competencia. Elijo esos seis porque, según yo, eran los que iban a pasar a la siguiente ronda. O sea, parecería obvio que Brasil y Argentina y otros cuatro. Chile por local, México por patriota, y Uruguay porque es Uruguay y Colombia porque todavía recuerdo el mundial pasado. Después de ya saber los primeros clasificados, queda claro que lo mío no son los pronósticos. Para eso tengo a mi amigo el profesor y oráculo Charly Asúnsolo, a quien aprovecho para mandarle un fuerte abrazo.
  • Utilizo el número 10. El creativo, el eje del equipo, el orquestador, el de verdad. Creo que de eso precisamente se trata ser filósofo del derecho. O algo así. Bobbio podría darnos luz sobre este tema.
  • Patriarcado. Es obvio que el fútbol es un deporte eminentemente machista. Lo mismo podría decir sobre la filosofía del derecho. Es bastante emblemático lo masculinizada que está dicha área jurídica. Los grandes, los clásicos, los más leídos, tradicionalmente han sido hombres. Esto no es poca cosa. Vale la pena echarle una pensada. Estoy escribiendo algo sobre el tema, prometo profundizar después.

A continuación, un Miguel, tres Carlos y dos Eduardos, quienes conforman la primera edición de las camisetas de fútbol de clásicos sudacas latinoamericanos de filosofía del derecho.


 

Brasil. Miguel Reale.Screen Shot 2015-06-21 at 10.30.41 AMArgentina. El Diego Maradona de la filosofía del derecho: Carlos Nino.Screen Shot 2015-06-21 at 10.25.46 AMChile. Eduardo Novoa Monrreal.Screen Shot 2015-06-21 at 10.22.46 AMMéxico. Eduardo García Máynez. Screen Shot 2015-06-21 at 10.16.14 AMUruguay. El precursor de los precursores: Carlos Vas Ferreira. Screen Shot 2015-06-21 at 10.24.56 AMColombia. Carlos Gaviria.Screen Shot 2015-06-21 at 10.29.29 AM

Los abogados y la justicia por Mauricio García Villegas

Hace 10 días Mauricio García Villegas escribió sobre abogados en su columna quincenal en el periódico colombiano El Espectador.

He de confesar que la primera vez que leí el artículo, no sabía que lo escribió García Villegas. De hecho, el inicio del mismo me pareció un poco pedante y estuve a punto de abandonar su lectura. Pero no lo hizo. Y por el contrario, al continuar leyéndolo lo descubrí bastante pero bastante agudo y por tanto bien ameno e interesante.

En el artículo, el autor del conocido libro La eficacia simbólica del derecho además de pronunciarse a favor de regular la profesión de los abogados en su país, que es Colombia, realiza una pertinente argumentación sobre la misma donde involucra temas de desigualdad educativa, de ética, además de tomar en consideración factores cuantitativos sobre la profesión y circunstancias políticas coyunturales.

El artículo no es el típico (y aburridísimo) artículo sobre medios de regulación en la abogacía que propugna soluciones milagrosas, o que acaso diagnostica un tema sobrediagnosticado. Y es que valga la pena mencionar que  Mauricio García Villegas es, a mi consideración, uno de los nombres indispensables hoy en día al momento de abordar temas de teoría crítica y sociología jurídica, no solo en Latinoamérica, sino a nivel mundial.

Me calló, no doy más spoilers. A continuación, lo que escribe el autor en cuestión sobre la regulación de los abogados en Colombia. El artículo es de acceso libre, y acá encuentran el link. Subrayo las ideas que me resultaron más interesantes (que son casi todas).


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Los abogados y la justicia

Por ejemplo, es una lástima que en una sociedad no haya buenos filósofos ni buenos médicos; pero que un filósofo diga pendejadas por no haber recibido una buena formación, no es tan grave como que un médico opere a un paciente sin saber lo que hace. Por eso, el Estado se debe preocupar más por lo segundo que por lo primero. Con los abogados ocurre lo mismo que con los médicos; como son parte esencial del engranaje de la justicia, que es algo esencial en la vida de una sociedad, no deberían ir por ahí litigando como se les antoje.

En el caso de los abogados el Estado debe vigilar dos cosas. En primer lugar, la calidad de sus conocimientos. Esto se puede hacer a través de un examen de Estado o a través de colegios de abogados (de afiliación obligatoria) que evalúen periódicamente a sus afiliados. Lo segundo, es la ética profesional del abogado. Esto también lo pueden hacer los colegios de abogados o lo puede hacer un tribunal disciplinario políticamente independiente y éticamente intachable.

Estos son controles elementales que se utilizan en casi todos los países democráticos. En Colombia, sin embargo, con una de las tasas de abogados más altas del mundo (354 por cien mil habitantes), estas ideas simples y razonables nunca se han podido llevar a la práctica. No es que no se hayan propuesto, es que cada vez que se proponen, sus opositores, en la academia jurídica y en los círculos políticos (dos mundos demasiado cercanos en este país), ganan la partida. La semana pasada el ministro Yesid Reyes propuso que los abogados tuvieran que pasar un examen de Estado antes de ejercer la profesión y de inmediato saltó un buen número de decanos de facultades de derecho para descalificar la medida, con el consabido argumento de la autonomía universitaria.

El examen de Estado para los abogados se justifica sobre todo en países que tienen una educación muy dispar, como es el caso de Colombia, con facultades de derecho buenas, regulares y malas. Que todos los egresados de esas facultades puedan ejercer la profesión sin ningún control, es un absurdo que muestra cómo en este país los abogados funcionan más como un grupo de interés que como una profesión asociada con la justicia. El control disciplinario, por su parte, también funciona mal, dado que, como se sabe, la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura ha sido, en buena parte, capturada por intereses políticos y corporativistas.

Como los diplomas de las facultades de derecho tienen un valor tan distinto (dadas sus diferencias en términos de calidad), en Colombia hemos creado un mecanismo informal de homogeneización de esos diplomas: se trata de las maestrías ofrecidas por algunas facultades de prestigio en las grandes ciudades, sobre todo en Bogotá. Así, quien obtiene su título en una facultad mediocre y desconocida, hace luego una maestría en una universidad reputada y se presenta como egresado de esta última (una especie de lavado de título). Esto ha conducido, además, a la mercantilización de los posgrados, muchos de ellos de pobre calidad, lo cual es una expresión adicional de la falta de control de la que vengo hablando.

Se habla mucho por estos días de la crisis de la justicia y de las innumerables propuestas para remediar sus males. Eso está bien, sin duda, pero no deberíamos olvidar que la justicia también depende de la educación legal y de la ética profesional, dos cosas que, dicho sea de paso, se refuerzan mutuamente, para bien o para mal.

Las escuelas de Derecho en México, datos del CEEAD

En días pasados Luis Fernando Pérez Hurtado, Doctor por la Universidad de Stanford, cuya tesis fue dirigida por el gran sociólogo del derecho Lawrence Friedman, publicó en su Twitter (y creo que también en Facebook, pero no consta porque no tengo) una infografía sobre las escuelas de Derecho en México.

ByU49cuIUAAuoF-Dicha información, realizada en el marco del programa de Educación Jurídica del Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho, A.C. (CEEAD), revela datos bien interesantes sobre los abogados en México. Datos, por ejemplo, como los siguientes:

• Durante 2013-2014, un total de 1608 instituciones mexicanas de educación superior ofrecieron la licenciatura en derecho.
• En promedio, se están creando en México 3 escuelas de derecho cada semana durante los últimos años.

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No se me ocurre otra analogía para la eclosión de escuelas de derecho en México que la de los Gremlins.

• El Estado de México, es la entidad federativa con más escuelas de derecho con 194. Cifra que sobrepasa al total de instituciones de educación superior que ofrecen el mismo grado en Canadá (21), España (73), Alemania (44), / Ecuador (17), Paraguay (9), Honduras (4), y Guatemala (7). (Los datos de estos últimos cuatro país los conseguí acá)
• En Alemania hay menos escuelas de derecho que en Guerrero. En Canadá menos que en Nayarit. En España menos que en Guanajuato.

Como si fueran fábricas de abogados, estas instituciones producen, producen, producen, producen, y terminan convirtiendo a la licenciatura en derecho en una de las carreras más saturadas en México y generando, por ende, una situación de crisis de empleo, donde los nuevos abogados podrían verse obligados a aceptar trabajos de baja calidad y con menores salarios.

Los datos dan para mucho, pero muchísimo análisis. Incluso para una segunda parte de la tesis de Luis Fernando (acá encuentran la versión publicada por el IIJUNAM y el CEEAD). No obstante, la primer pregunta que surge después de leer dicha información es: ¿Existen demasiados abogados en México?

imagesY bueno, ¿quién más? ¿y quién mejor?, que el mismísimo y omnipresente Miguel Carbonell, que es más vivo que Cristiano Ronaldo dentro del área chica, —ABRO PARÉNTESIS (Fue Baudelaire el que dijo “Lo que es creado por el espíritu es más vivo que la materia”, ¿acaso, no será Carbonell un invento del cosmos?) CIERRRO PARÉNTESIS—, quien escribe de todo, e incluso de lo que todavía no ha pasado (ya he descrito a este peculiar jurista en otro post), el que responde a dicha pregunta en su columna de opinión en La Silla Rota, replicando los datos del CEEAD, y haciéndolo en un tiempo récord de solo 5 días después de que fue publicada la infografía.

El artículo de Carbonell no lo copio, pues lo único que hace es transcribir en prosa la información del CEEAD con una introducción, relativa a que “La carrera de derecho es la tercera más demandada en México, según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)” y con una conclusión de dos parrafitos. De cualquier manera acá está el link.

Ahora bien, ¿Cuántos abogados son demasiados abogados? Tengo la sospecha de que es realmente ahí donde se encuentran muchas de las claves de la cuestión. ¿Para qué me servirá preguntarme si hay muchos abogados en una determinada área geográfica, si al final se desconoce cuántos realmente ejercen la profesión, o cuántos se dedican a otras actividades totalmente ajenas al derecho? ¿Cómo andan las proporciones entre el número de licenciados en derecho que ejercen la profesión y el número de habitantes? ¿Índices de acceso a la justicia? ¿Abogados de oficio? ¿Análisis económico de los servicios jurídicos? ¿Índices de acciones promovidas?…

Israel, según tengo entendido es el país con más abogados en el mundo, mientras que Sudáfrica cuenta con una de las menores tasas de profesionistas por persona. ¿Esto los hace ser naciones más o menos democráticas o, por usar terminología de moda, los hace una país de leyes? No sé. Y no lo tengo nada claro. Seguramente existe alguna correlación que se pueda demostrar, pero no tengo la menor idea.

De hecho, ahora recuerdo que hay un meme colombiano que se burla de las profesiones de sus últimos presidentes, entreviendo que si en dicho país tuvieran mandatarios que no estuvieran la típica formación jurídica-económica, y por el contrario fueran como China quienes sus presidentes suelen ser ingenieros o personas de ciencias exactas, otra cosa sería. Meme tan falaz, como un billete de treinta, pero vale la pena traerlo a colación.

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También existe la versión argentina, donde ahí sí nadie se salva, pues todos son de formación jurídica.

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En fin… Hace falta que se consigan y transparenten estos datos. Hace más falta difundir estos datos. Hace mucho más falta estudiarlos.

No el abogado, “mejor el doctor”. La imagen social del profesional del Derecho por Mauricio Rojas

Hace ya más de 5 años, por medio de este estudio correlacional, el profesor colombiano Mauricio Rojas descubrió, a través de 549 encuestas aplicadas en la ciudad de Ibagué, Colombia, que antes que la preparación profesional, la ética, las competencias comunicativas o la honestidad, es la presentación personal el aspecto más valorado socialmente en los abogados.

La arraigada idea de que “las formas en el Derecho son importantes” y que “el ejercicio profesional va unido a una serie de requisitos que no se exigen en otras profesiones”, conjuga una característica que propugna la exclusividad en el gremio como barrera de diferenciación social.

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Ciudad de Ibagué

El artículo titulado “No el abogado, “mejor el doctor”. La imagen social del profesional del Derecho”, hace alusión, como lo dice el mismo autor, a la típica imagen del doctor, en el medio colombiano, referida a los abogados, y al trato institucionalizado que hay que darles.

Los doctores, formalmente, son aquellos profesionales que en cualquier disciplina o técnica han alcanzado el grado formal más alto de la educación avanzada; en Colombia la formación doctoral es muy escasa en todos los campos disciplinares. El trato impersonal, el título de doctor otorgado en el sentido común al profesional del derecho sin que este formalmente lo haya adquirido, es indicativo de las relaciones de poder que se establecen en lo social y en el “ropaje” que las profesiones imponen al ejercicio de un oficio concreto vuelto profesión.

El artículo publicado en la Revista Estudios Socio-Jurídicos (Vol. 11, No. 2), de la Universidad del Rosario, resulta interesante pues, aunque no puede ser lo suficientemente amplio para obtener conclusiones generales, trabaja la idea que contempla a la abogacía como una profesión de formalismos y de gestión de relaciones públicas.