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“Como si el mundo necesitara más abogados”, a propósito de La La Land

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Gente de la que me fío en cuestiones cinematográficas me había hablando cosas maravillosas de La La Land. Y no se equivocaban.

Hace mucho que no me conmovía tanto con una película, de verdad a mi me pareció una obra increíble. Estéticamente perfecta, actuaciones de primera y la música pues es todo. Qué puedo decir de esto último, quizá la única advertencia sería para todas aquellas personas que dicen que “no les gustan los musicales”, La La Land, antes que ser propiamente un musical, me parece que es una película musicalizada sobre el arte. Por que más allá del conflicto evidente que se presenta entre el aspecto profesional y el aspecto personal de los protagonistas, la interpretación que más me convence sobre La La Land oscila entre la música, la actuación, el baile, y quienes hacen operativos estos fenómenos, es decir los artistas.

Porque los artistas, precisamente, son aquellas personas encargadas de darle sentido a la vida. A través de sus creaciones, de todo aquello que imaginan en su cabeza y materializan con sus manos, podemos tener la certeza de que están generando condiciones para que tal vez habitemos no un mundo mejor pero, en definitiva, sí en uno menos egoísta e insensible.

Más o menos a mitad de la película, existe una escena donde Emma Stone, después de contarle un tanto apenada a Ryan Gosling sobre un casting que tuvo para ser parte de un programa de televisión a medias aguas entre Dangerous MindsThe O.C., se cuestiona su rol como actriz y dice apesadumbrada: “Debí haber estudiado Derecho“, y aquel le responde: “Como si el mundo necesitara más abogados“.

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Una imagen de la escena que menciono es esta que incluyo, y aunque Emma Stone replica que “Como si el mundo también necesitara más actores“, o algo así, el mensaje de dicho diálogo me parece esclarecedor. Pues, por lo general, estudiar Derecho, convertirse en abogado, suele ser, digamos, un ejercicio que no implica riesgo alguno. Vamos a ver, riesgo en comparación con la falta de certeza profesional que suele resumirse con la típica frase de “te vas a morir de hambre si eres músico”, o con esta clásica pregunta “¿de qué vas a vivir si eres artista?”. Y claro, porque el éxito, la certidumbre y lo valioso en esta vida se empata con un modelo económico donde parecería que hacer lo que más nos gusta, lo que verdaderamente nos apasiona, tiene que ser relegado a un segundo término.

En fin, mi consigna es clara. ¡Más artistas, menos abogados! O en todo caso más artistas y más abogados que se arriesguen a hacer cosas creativas. O ya por lo menos más abogados que convivan y se relacionen con artistas.

P.D. Emma Stone en la película Crazy, Stupid, Love, casualmente también con Ryan Gosling, personifica a una licenciada en Derecho.

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Reseña: The Counselor, de Ridley Scott

photoAcabo de ver The Counselor, traducida en algunos países de habla hispana como El Abogado del Crimen, en otros, simplemente, como El Abogado, o, incluso en algunos más, de forma literal como El Consejero.

Esta película, estrenada durante octubre del 2013, fue dirigida por Ridley Scott (que vale mencionar, es uno de los directores cuyo trabajo más aprecio) y escrita por Cormac McCarthy (que, casualmente, es también uno de los artistas que más disfruto leer).

Protagonizada por Michael Fassbender, Cameron Diaz (mi amor platónica durante mi primera pubertad), Penélope Cruz (mi amor platónica durante mi segunda pubertad), Javier Bardem (cuyas primeras actuaciones me parecen fantásticas) y el gran Brad Pitt, la trama de este filme se centra en un enredado conflicto entre narcotraficantes. Digamos que es un drama, un thriller, a medias aguas entre estas dos categorías, cuyos principales escenarios acontecen en el norte de México; en esa frontera norte que, para bien y para mal, tanto gusta y llama la atención a productores, cineastas, escritores, y creadores en general, llamada Ciudad Juárez.

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Desde que comencé a escribir sobre abogados me siento obligado a consumir cualquier producto cultural sobre los mismos. Esta obsesión, complejo, chiflasón, o lo que sea, seguramente, no solo me lo tendría que resolver el diván sino, también, mi director de tesis, pero en fin. Sé, que al final, esto me sirve para escribir mi proyecto doctoral, a pesar de que muchas veces las películas para abogados tengan menos brillo que zapato de gamuza, que las series para abogado sean más aburridas que un partido de Rayados, o que la literatura sobre abogado sea más inoportuna que cuñado en Navidad… ¡Y sin embargo, aquí estamos!

Cuando se estrenó The Counselor me encontraba en España, y recuerdo haberme emocionado por la misma, pues además de su tremendo reparto, lo que más me hizo entusiasmarme por esta película fueron tres motivos:

  1. La dirección de Ridley Scott, a quien aprecio mucho (del verbo demasiado, a pesar de algunos de sus fiascos cinematográficos de carácter dominguero) desde Blade Runner, hasta que descubrí, y me enamoré de la saga de Alien, esto por el fantástico universo alienígena que nos entregó en la década de los ochenta cuando todavía no teníamos ni idea de cómo era el universo, y el cual todavía perdura hasta la actualidad con atrevidos aspavientos fílmicos como Prometeo (que a mi sí me gustó), y su segunda parte que se estrena el otro año.
  2. La prosa de Cormac McCarthy, que me parece de verdad, de las arriesgadas, de las que a uno le provocan desasosiego y desolación hasta el grado de cerrar el libro, y preferir no leerlo, o por lo menos no leerlo de noche. O sea desde que leí La Carretera, y después vi la adaptación de los hermanos Cohen al cine de No Country for Old Men, dije este tipo está loco. Esto es lo que me gusta leer, y desde ahí no le pierdo la pista.
  3. Los primeros dos elementos, es decir la combinación del lente de Scott y las letras de McCarthy. Lo mejor de dos de mis mundos. Como cuando me compré una camiseta que concertaba una imagen de Darth Vader con una frase de Pink Floyd. Algo así, yo qué sé. O sea, me sobrexcitan estos tándems entre artistas, entre campos que no suelen tener coincidencias, tipo cuando Paul Thomas Anderson dirigió Inherent Vice basada en la novela de Thomas Pynchon, o cuando Patti Smith recita versos de Roberto Bolaño, o cuando Xavier Velasco escribió una novela sobre Caifanes… La conjunción, la interdisciplinariedad de las no disciplinas, el incesto artístico, todo eso me vuela la cabeza. Ya está, creo que ya me di a entender.

Por tanto, mis expectativas sobre este filme eran bastante, pero bastante altas. Más altas que las expectativas que se tenían de Castro y su pandilla cuando triunfó la Revolución Cubana, ADENDO había escrito también que la reunión de las Spice Girls durante las juegos olímpicos en Londres, pero tiene razón Bruja Guachichila (@nellop13) cuando me reclama que las Spice lo hicieron muy bien, entonces rectifico y digo más altas que las expectativas generadas por la reunión de Menudo TERMINA ADENDO, que Fox cuando derrotó al PRI en el 2000, incluso, mucho mayores que aquella vez que Jesucristo resucitó y dijo que volvería. En cualquier caso, el resultado es el mismo: la pinche, y siempre parrandeada, decepción.

Y es que sí. No hay nada más terrorífico que las expectativas altas, porque estas implican un riesgo superfluo, una idealización, una quimera construida, poco a poquito, a base de fantasmas, de promesas no cumplidas, de oscuros deseos inalcanzables, de todo lo que no será pero que, por alguna extraña razón, no perdemos la ilusión en que llegará a cumplirse. Y bueno aunque una consigna popular afirme que la esperanza es lo último que muere, no hay que olvidar que esta muere, la esperanza muere al último dice otro dicho, entonces eso: batallas perdidas, que quizá y tal vez, pero solo tal vez, podamos librar de buena manera si fuéramos consientes de lo inconscientes que somos al esperar algo que, sencillamente, no es. Ya lo dijo Beckett, “Ever tried. Ever failed. No matter. Try Again. Fail again. Fail better”, o sea, y traducidito a lenguaje pulcro, a mexicano antiguo, sería algo así como: “Cágala no hay falla, no hay pex, igual la vas a volver a cagar y hasta la vas a cagar mucho más mamalón”. Algo así. Y concuerdo con el que todavía está Esperando a Godot, con él, y con mi mejor amigo que me escribió hace unas semanas un correo sobre el tema (transcribo pues no le sobra ni una sola palabra a lo que me envió):

“Kierkegaard se cuestionaba que en qué lugar
del mundo estaba escrito que el ser humano debía ser feliz, que quién
había escrito que se debía buscar la felicidad, que todos estos eran
pensamientos que damos por ciertos sin cuestionar si esto debe ser así
o no. Sino que tal vez lo relevante de la vida del ser humano no sea
ser feliz, sino luchar contra las contingencias de la vida. Tener una
consciencia de lucha.
No sé si Kierkegaard tenía razón, murió solo y posiblemente triste
pero en pie de lucha contra toda la sociedad danesa: el gobierno, la
burguesía, la iglesia, los diarios, solo contra todos.
En fin, en momentos como estos poco importa si tenía razón o no, o si
lo importante es ser feliz o se impone la obligación moral como
pensaba Kant, tal vez lo relevante es pensar que pase lo que pase no
nos vencerán tan fácil, que seremos como aquellos griegos que ante la
tragedia le exigían a los dioses más, siempre más; ante cierta o mucha
desazón, imaginemos a Sísifo feliz.
Y siempre vuelvo a las Batman de Nolan: “¿Y por qué lo vamos a perseguir?
– Porque él lo puede soportar” Jajaja.”

Soportemos entonces, a la mierda el de Königsberg y su Fundamentación de la metafísica de las costumbres. No pasa nada, y si pasa tampoco con eso de las expectativas. Lo que pasa es que el factor tiempo conjugado con lo de las expectativas resulta, profundamente (qué bonita palabra) dañino. A ver… Me perdí. Mal. Esto se supone que es una reseña, y lo cierto es que no es otra cosa que una manera de evitar al terapeuta, a ver, no. Intentaré centrarme. ¿En qué me quedé? Expectativas, España, errores, ya. Ya me acordé. A ver un punto y aparte para seguir.

Tenía muchas expectativas, tantas que no vi la película cuando se estrenó, y ahora me doy cuenta que la olvidé, y que pasaron más dos años hasta el día de hoy que me la encontré en la televisión y la pude observar tranquilamente y con toda mi atención. Esto que hablo de toda la emoción que me provocó, y que sin embargo dejé pasar, tiene una razón, más bien económica, la verdad. El cine allá en España es caro, la verdad muy caro, y bueno como estudiante, uno sencillamente tiene que evocar a Alexy y ponderar…, entonces, o se come bien, se sale a tomar cerveza, de vez en vez se compra un librito, o, sencillamente se gasta el presupuesto en cine…, en buen cine. Entonces lo que hacía, era leer mucha crítica. Meterle mucho blog, mucho foro, y si de plano a una película ya me la ponían mal pues resolvía no verla. Es decir confiar en la omisión y, también (¿por qué no?) en la solidaridad, y en la confianza. Y así fue con The Counselor, la olvidé por completo, la borré de mi mala memoria y apareció hasta el día de hoy. Suerte un poco, la verdad. O sea, estaba tirando en el sillón de la sala de mi mejor amiga viendo Los Simpsons, y anunciaron que, pasadita la media noche, en el canal FOX pasarían esta película. Entonces, eso. Me limité a voltear el celular, y centrar toda mi atención en El Abogado del Crimen que debí de ver hace años, y que para fines de la tesis, y del momento en el que me encuentro, no me viene mal. No me vino mal, hasta que la vi.

La película no solo me decepcionó, sino que también me aburrió y me pareció más bien mala. Mala del verbo mñé. Para empezar he de decir que no es una película de abogados, me pareció una película con un tipo que actúa como abogado, pero que no necesariamente es tal. Es más bien de narcos, de malosos, de mafias, de facilitadores, de personas tan ambiciosas como absurdas que no hacen otra cosa más que cosificar todo lo que tocan, todo lo que les rodea.

La traducción de Counselor a “abogado”, no me queda nada clara, pues si bien es cierto que hay un par de frases explícitas que hacen referencia a estos operadores jurídicos, como por ejemplo:

  • Cuando el personaje de Bardem le dicen al de Fassbender (quien vendría a ser el “Counselor”) que el título en Derecho es casi una licencia para robar discretamente.
  • Cuando en la primer escena que sale Brad Pitt le advierte al “Counselor” que los cárteles mexicanos no tienen piedad con las personas, sobre todo con los abogados.

También lo es que el papel del protagonista, de quien la hace de “Counselor”, de consejero, de abogado, no me termina de convencer como tal. No sé, igual cosas mías, igual esos fantasmas que citaba antes, igual algo que no concuerda, que no es consecuente. A veces Fassbender parece más economista, CEO, padrotillo, politiquero, ipeco, algo, pero a lo que nos tiene acostumbrado el imaginario colectivo sobre el gremio de los abogados más bien no termina de cuajar. Quizá quieran presentar a alguien más tendiente a las relaciones públicas, a un libertario temerario, un free rider reconvertido al obsceno mundo del vicio, y sí, eso está bien con lo que, muchas veces, viene a significar la profesión pero creo que aquí se les va un poco-mucho de las manos. Porque no viene a ser propiamente un “Narcoabogado” (por acá un buen libro que sí viene a reflejar lo que estos son en el contexto de la guerra contra el narco en mi país), ni tampoco un abogado del narco, no me deja insatisfecho, ni una cosa ni la otra, por un lado queriendo ser parte del desmadre, pero por el otro enamorado, o con un pasado turbio que se intenta palear a través de una trama más bien sentimentaloide y cursi, que en lo personal me dio hueva, fiaca, pereza.

pUnas escenas de sexo que rayan en el porno malo, y embarazoso, cuya visualización, comparada con lo que estimula la lectura del Libro Vaquero (un saludo al actual Gobernador de Nuevo León) es más bien escasa, me parecen desangeladas en muchos sentidos, y no me terminan por aportar algo. No me queda la menor duda que la escena de Cameron Diaz teniendo sexo con el carro de Bardem pasará a los anales del cine como una escena memorable, pero más que por lo bien lograda, por su absurda propensión a llamar la atención por el simple hecho de llamarla.

El resultado final de la película no lo termino por entender. Si queremos narco, México profundo, Colombia, digo perdón loCombia (como le diría mi maestro ChecoElías a la tierra adoptiva de Nora Picasso) profunda, Juárez, Ciudad Gótica, sangre, futurismo que ya está aquí, ahí tenemos la bien lograda Salvajes, de Oliver Stone, la serie Narcos que la encontramos en Netflix, la misma Breaking Bad, la literatura de Fernando Vallejo, incluso contraviniendo los pocos principios que me quedan algunas cosas que escribió García Márquez sobre el tema, hubo otro más que leí sobre este tópico que era colombiano, ¿quién era? Madres, no me acuerdo, a ver… Ah no, mal, estoy confundiendo países y latitudes literarias. Perdón. Ah chingá, no, no, esperen, sí hay alguien… ¡YA! Pésima mi memoria, pésimo burlarse del presidente Peña Nieto que no se acordaba de sus libros favoritos, es el de Juan Gabriel Vázquez, el de El ruido de las cosas al caer, en fin. No, no me parece un producto bien logrado. No sé si Cormac McCarthy, y me da igual, conoció alguna vez México, pues, probablemente, la mejor novela norteamericana la escribió un ruso, y la mexicana un tipo que nació en Chile, entonces eso da igual, pero el sabor de insatisfacción es uniforme, El Abogado del Crimen me parece una película mal lograda, confusa, que me desorienta y al mismo tiempo me hace investigar sobre si, realmente, vale la pena tener expectativas cuando se juntan dos de mis mejores mundos.

No lo sé, puede ser que el problema no sean ellos, sino sea yo. Siempre cabe esa posibilidad. Pero confieso que, rescatando algunas escenas y algunos diálogos, no recomiendo gastar dos horas de su vida viendo The Counselor.

Al final, pero solo y muy al final, me doy cuenta que no estuvo tan mal no ver esta película en España, ni tampoco haberme gastado nueve euros en la entrada, ni mucho menos haber llevado esa decepción que me genera la expectativa alta respecto a Scott y McCarthy.

Recapitulo, que escribí cualquier cosa menos un intento de reseña:
Uno. La película me pareció mala. La delgada línea entre el aburrimiento y la confusión.
Dos. A pesar del nombre, no diría que es una película de, y para, abogados.
Tres. Igual sigo queriendo, y mucho, a Ridley Scott y Cormac McCarthy. De hecho, tendría que leer la novela del segundo para ver qué tan bien está adaptada, o si refleja, fielmente, lo pretendido.
Cuatro. Le temo a las expectativas altas pero igual le temo más a no tener expectativas.
Cinco. En una escena, casi al final, hay un pequeño guiño, un discreto homenaje, a todas las personas desaparecidas durante la guerra contra el narco en México. Eso se rescata, y se resalta, y se aplaude, pues antes que el narco, los abogados, son, precisamente, esas personas sobre las que deberíamos estar ocupándonos.
Seis. La película, además de mala, también me pareció machista, clasista, xenófoba, ¡vaya casualidad!, justo como mi país.

Back To The Future y la abolición de la abogacía

El gato está sobre el felpudo, pero yo no lo creo. Por tanto, el león no es como lo pintan, ni el futuro está escrito. Finalmente llegó el día en que Marty Mcfly y el Dr. Emmett L. Brown, “Doc”, viajaron en el tiempo.

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Hoy es 21 de octubre de 2015, y pues eso. El futuro, según la clásica saga cinematográfica ochentera “Back to the future / Volver al futuro”, no es como lo imaginó Robert Zemeckis. O bueno, algunas cosas sí, otras tantas no. Una de estas últimas, la abolición de los abogados…

En una escena de la segunda película de la trilogía, al momento en que en el futuro “Doc” le muestra el periódico al protagonista de la película, es posible encontrar el siguiente diálogo:

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Una traducción al español sería más o menos así…

  • ¡Mira lo que le pasó a tu hijo!
  • Después de 2 horas de estar arrestado, Marty Mcfly Jr. fue juzgado, condenado, y sentenciado a 15 años en la prisión estatal
  • ¿En tan solo 2 horas?
  • El sistema de justicia funciona de forma expedita, ahora que en el futuro han abolido a los abogados.

La idea de abolir la profesión, como solución final a todos los problemas que conlleva la misma, ha permanecido latente en el imaginario colectivo, ya sea por medio de diversas manifestaciones culturales (como en Los Simpsons), o incluso revelada en casos concretos de nuestro propio devenir histórico (por ejemplo, en 1791, cuando los revolucionarios franceses eliminaron la orden y los cuerpos de abogados).

Sin embargo, resulta difícil pensar que un mundo sin abogados puede ser un mundo mejor, pues habrá que mencionar su rol preponderante en la construcción de múltiples instituciones jurídico-políticas que han servido de sustento a nuestra civilización y en igual sentido han hecho posible la efectividad de los derechos de las personas.

Los abogados, al 21 de octubre del 2015, siguen existiendo. Volver al futuro se equivocó… Tanto así que el auto de Mcfly, el famosísimo DeLorean, desde hace unos meses se encuentra protagonizando un pleito en tribunales.

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Bien dicen, que no hay que pensar en el futuro porque este termina llegando muy pronto. Acá encuentran la nota.

Abogados defienden a villanos de Disney

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Una estrecha tradición dualistas generada por los antagonismos, donde las categorías importan más que sus propios contenidos, obliga indispensablemente a definirse. Negro o blanco. Liberal o conservador. Rico o pobre. Izquierda o derecha. Capitalista o socialista. Técnico o rudo. Bueno o malo. Héroe o villano.

Aquel lacónico versículo del evangelista Juan en el Apocalipsis (3:15-16), “…pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”, anuncia tajantemente, desde tiempos inmemoriales, ya no solamente lo limitado de las opciones, sino también la condena de los indefinidos.

En un mundo generalmente dividido en dos bandos, cualquier otra posibilidad que intente matizar lo que se plantea, es desplazada o reducida hacia alguna pauta concreta establecida con anterioridad.

Con “los buenos” no hay tanto problema. A un bueno se le quiere, se le estima, se le aprecia, se le dan los papeles protagónicos. La cuestión, es más bien con “los malos”.

Sinceramente, yo no creo que “los malos” sean tan malos ni que deban, ni tengan, que categorizarse como tales. Precisamente, fue Gilles Deleuze quien llamó a dicho fenómeno “síntesis disyuntivas”. Excluyendo la capacidad de afrontar una oposición, la existencia de elementos divergentes que obtienen su propia identidad a partir de la diferencia, vienen a provocar una ruptura en los procesos de alineación dual del discurso. Así se amplían las posibilidades para evitar asfixiar un tema que en principio ya se nos ha presentado sesgado. Pero bueno, esa es otra discusión.

Entonces, en relación con el objeto de estudio de este blog… ¿Defender o no defender criminales? ¿Merecen ser defendidos los villanos?

Hace unos días en Reddit se lanzó una pregunta, enfocada a los abogados que están en esta red social, que tuvo bastante respuestas, e incluso repercusiones en otros ámbitos externos al Interné.

La pregunta fue la siguiente: Abogados de Reddit, ¿cuál sería su defensa para los diferentes villanos de Disney?

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Entre más de 1000 respuestas, se encontraron unas bien interesante. Algunos diarios y portales en línea recopilaron las más llamativas…, y eso está bien, o sea no está mal como un ejercicio que refleja la imaginación y la creatividad en la profesión. Está interesante. Pero creo que también vale la pena llamar la atención sobre uno de los principales aspectos al momento de ejercer la abogacía. Es decir, el derecho a contar con un abogado, y sus consecuentes implicaciones morales.

Más allá de una determinada configuración social, o una predisposición sobre el imaginario colectivo, suele ser bastante común encontrar abogados que abiertamente declaran no defender a ciertas personas, ciertos “villanos”, por cuestión de principios, por que su ética profesional se los prohibe, porque al ser su profesión de índole liberal estos decidirán a quién y a quién no prestar sus servicios. O sea, al utilizar alguna de estas razones la problemática se puede obviar de manera más o menos sencilla. De ahí, que figuras como la de Jacques Vergès, de los denominados “Narcoabogados”, o incluso de los coyotes, tienen mucho potencial para teorizar. Ojo, digo potencial, porque lo cierto es que el factor económico, el dinero, es primordial en la elección de clientes. Por otro lado,  los abogados de oficio sería acaso también una figura que pueda ejemplificar esto de mejor manera, y que a la vez devela lo de el derecho a que toda persona cuente con un abogado.

La defensa de “los malos” cobra sentido cuando el mismo sistema genera estructuras que excluyen a los componentes que lo conforman. Los abogados como traductores de los intereses que se litigan juegan un rol crucial, rol que más allá de seguir diferenciando prototípicamente a sus implicados, debería empatarse con la corrección, o propulsión, del mismo sistema jurídico.

A veces, parecería que la moral es EL tema al momento de estudiar el ejercicio de la abogacía. No lo sé. Creo que el más llamativo sí que lo es. Pero no me queda claro si muchas de esas implicaciones morales realmente tienen un anclaje fáctico que verdaderamente pueda traducirse en comportamientos estándares, o directivas comunes al momento de ejercer la abogacía.

En fin, a continuación, y solo por no dejar, transcribo la traducción de algunas de las principales respuestas. Si les interesa, acá encuentran el link donde se desarrolló el ejercicio. Vale la pena echarle un vistazo a estas preguntas de manera completa pues la pinche imaginación de la gente no tiene límites, algunas llegan al grado de inventarse tramas, otros metatramas, rebatir argumentos, e incluso algunos se lo toman personal… Justo como cualquier abogado comprometido, antes que con la defensa propia y egotista de su cliente, con el fortalecimiento social del sistema de justicia.


El Rey León. Defensa de Scimagesar por la muerte de Mufasa. “El Rey León, Mufasa, fue asesinado por una estampida de ñus. No se puede negar que esto, a todas luces, fue una tragedia, tanto que Scar lloró la muerte de su propio hermano. Así, este antepuso su dolor personal para dar lugar a lo que necesitaba una nación.

Y ahora su sobrino, Simba, que misteriosamente se fue corriendo tras la muerte de su padre, ¿aparece y lo acusa de jugar sucio, muchos años más tarde?

Este muchachito que ha pasado su vida eludiendo cualquier tipo de responsabilidad, viviendo con una pareja de pervertidos, y haciendo sabrá Dios qué cosas, nunca ha tenido en mente conseguir un trabajo y de la noche a la mañana, se le ocurre regresar casa y comienza a hacer demandas.

Cuando su amoroso tío, Scar, simplemente se niega a entregar todo y sugiere que Simba se introduzca en un programa de rehabilitación, de repente empieza a tirar alrededor acusaciones salvajes.”


imgresLa Sirenita. Relación contractual entre Úrsula y Ariel. “Úrsula realizó un contrato con Ariel que no contaba con cláusula alguna que estipulara que ella no debía intervenir.

El contrato afirmaba que Ariel debía lograr que Eric se enamorara de ella sin su voz, y esta fracasó, y, por ende, tiene que pagar las consecuencias. No es culpa de Úrsula que Ariel no consultara con un abogado antes de firmar.”

“- Sin embargo, alguno también alegan que al momento de firmar el contrato Ariel era menor de edad, y por lo tanto no tenía representación legal para generar consecuencias jurídicas.”


La Bella y la Bestia. Defensa de Gastón por la captura de Bestia. “Gastón al ser un cazador profesional por naturaleza, antepuso su propia vida para combatir un salvaje en el pueblo. Con todo el derecho del mundo, conformó un grupo de valientes e intentó capturar a la amenaza.

La joven mujer que se encontraba con la Bestia puede ser considerada como rehén, su padre también, así como los sirvientes del mismo. Si Bella no hubiera tenido ese extraño fetiche hacia su captor, esta hubiera sido una gran historia de rescate.”


imgres-1Peter Pan. Defensa del Capitan Garfio. “El capitán fue provocado, e incitado a la violencia, por el señor Pan. Que su mano haya sido dada como alimento a un cocodrilo y que este haya sido desde entonces acechado por el tic tac de un cocodrilo durante años, le causó severos daños mentales. Peter Pan y sus niños perdidos victimizaron a mi cliente años antes de que él decidiera actuar en defensa propia.”


images-1Aladdín. Pruebas inválidas y defensa de Jafar. “Considerando que el genio tiene el poder de alterar arbitrariamente la realidad y las reglas de la física. No hay manera de probar definitivamente nada. Cada cosa que pasó desde que el genio apareció en escena se puede atribuir a un truco de magia. Todas las pruebas incriminatorias podría haber sido manipulada por el genio. Todos los testigos presenciales de los acontecimientos incriminatorios estaban viendo una ilusión de Jafar proyectada por el genio.”


Screen Shot 2015-09-20 at 8.58.04 PMFrozen. Defensa del príncipe Hans. “El intento de asesinato del príncipe Hans hacia la reina Elsa se realizó en nombre de la nación de Arrendelle, que ciertamente hubiera sufrido terribles sufriemientos y pérdidas económicas si el invierno se hubiera prolongado aún más”.


imgres-2101 dálmatas. Sobre Cruella Deville y su trato respecto a los animales“Cruella Deville actuo de forma legal y sobre todo dentro de lo que  su papel como Oficial de Control de Animales, debidamente nombrado, le permitía.

– Ella era rica y excéntrica, sencillamente utilizó su enorme finca para proporcionar un refugio a los dálmatas callejeros. No hay evidencia de lo contrario.”


Una lista (de las muchas listas) sobre las mejores películas jurídicas

Screen Shot 2015-02-21 at 9.10.11 PMHoy se llevará a cabo la 87.a edición de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos a lo mejor del cine durante 2014, los premios Óscar.

Ninguna de las películas nominadas a “Mejor película del año” trata, propiamente, sobre cuestiones jurídicas. Tampoco en las categorías de “Mejor actor” y “Mejor actriz” existe alguien que haya representado el papel de algún abogado.

Solamente en la categoría de “Mejor actor de reparto” destaca la nominación de Robert Duvall por su papel como juez en la película The Judge. Y acaso también en el premio a “Mejor película extranjera (de habla no inglesa)” se encuentra la producción argentina de Relatos Salvajes, en la que una de las seis historias que la componen, aquella denominada “La propuesta”, versa sobre las correspondientes consecuencias jurídicas de un homicidio y el papel que juegan eludiendo la justicia tanto el culpable y su familia, como los diferentes operadores jurídicos involucrados.

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Escena del corto “La propuesta” en Relatos Salvajes

Las películas sobre abogados son todo un género en sí mismo. A veces buenas, a veces malas, pero, definitivamente, estas nunca están de más. Son muchas, bastantes, tantas que suelen existir listas y categorizaciones que intentan agruparlas y organizarlas por su calidad.

De hecho cada vez existen más y más listas y rankings sobre películas de abogados que al paso que vamos lo siguiente que se necesitará será hacer una lista sobre esas listas.

En lo personal, de las listas sobre películas de abogados que conozco, la obra realizada por Miguel Juan Payán y José Luis Mena (Todo el cine de abogados y juicios. Los cien mejores títulos, Editorial Cacitel, Madrid, 2010), suele ser una de las más completas pues además de presentar una sucinta descripción de más de cien películas, también cuenta con un apartado sobre la aportación cinematográfica española a dicho subgénero.

Y es que uno de las más frecuentes omisiones de las listas sobre películas de abogados es que, por lo general, estas se centran en producciones exclusivamente norteamericanas. Y esto no es que necesariamente esté mal, pero  excluye otras tantas películas de diferentes nacionalidades que también aportan importantes ideas y reflejos sobre la abogacía.

Pero en fin, una lista (de las muchas listas existentes) bastante bien lograda sobre  películas jurídicas no es precisamente una lista en sí. O bueno no sé. Es una infografía (que es una manera bonita y elegante de decirle a la combinación que es utilizada para explicar algo a base de dibujitos y numeritos) que dentro de la misma cuenta con varias listas, organizadas por varios criterios como: más premios Oscar, mayor cantidad de dinero generada, mejor calificación en Rotten Tomatoes, y mejor rankeada en el IMBD.

La infografía la hizo el despacho de un abogado de Oklahoma, y es de 2014. La encontré en Pinterest y de ahí me redireccionó precisamente a su blog, y a pesar de que tiene varias inconsistencias (como añadir a La Red Social de Fincher en la lista, o incluir un apartado de figuras históricas dentro de la misma (¿?)), la verdad es que las fuentes consultadas son tan consistentes como variadas y está estéticamente perfecta. Vale la pena echarle una revisada.

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¿Qué pasaría si Harry Potter fuera un personaje de La Ley y el Orden?

El quinto libro de la saga de Harry Potter se titula originalmente en inglés: Harry Potter and the Order of the Phoenix.

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“La Orden del Fénix”, es una organización de carácter secreta fundada por Dumbledore, para combatir, principalmente, a los Mortífagos y la latente amenaza de Lord Voldemort.

En arrebatos absurdos de creatividad e ingenio, los títulos de las obras de J. K. Rowling han sido distorsionados hasta el ridículo para provocar gracia, o sencillamente para convertirse en una especie de metaficción que, nosotros los fanáticos del mago, agradecemos enormemente pues se sigue engordando la vastedad del universo de Harry Potter.

En este sentido, el título de “La Orden del Fénix”, generalmente se le ha relacionado con la serie de televisión  Law and Order, “La Ley y el Orden”.

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Para estudiar la “La Ley y el Orden” no es suficiente un post aparte, ni tampoco un paper, ni un blog entero dedicado a este programa norteamericano. “La Ley y el Orden” merece una enciclopedia completa para analizar las múltiples cuestiones jurídicas y culturales manifestadas a través de este programa.

Solo después de Los Simpsons, el programa de “La Ley y el Orden” es, sin contar sus derivaciones, ni sus spin-offs, el segundo de mayor duración en la historia de la televisión.

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No recuerdo el libro, ni el autor, ni la cita, o sea no recuerdo nada, ahora entiendo Peña Nieto en la FIL, pero recuerdo que en un libro sobre abogados estadounidense que leí hace no mucho (probablemente The Happy Lawyer o Lawyers and Vampires: Cultural Histories of Legal Professions, o quizá otro) venía una cita que no pude subrayar, pues el libro era de la biblioteca, pero que me quedó grabada porque decía que es probable que en Estados Unidos gracias al programa “La Ley y el Orden” se tenga una noción más general (acaso distorsionada, pero noción al fin) sobre el sistema jurídico de dicho país, antes que gracias a algún libro o alguna determinada política pública.

¿Qué pasaría si Harry Potter y compañía fueran personajes de “La Ley y el Orden”? (Que conste que es la versión de SVU: Special Victims Unit (Unidad de Víctimas Especiales))

Bueno pues, algo así…

El video está muy bien hecho y a mi me pareció bastante bueno. Destaco la típica proyección que se le da al sistema acusatorio gringo, el papel preponderante del jurado y sobre todo la figura del juez representada por una añeja calaca presente más en un sentido alegórico que sustantivo.