8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Estefanía Vela

El pasado día miércoles 6 de septiembre de 2017, en la Facultad Libre de Derecho de Monterrey, tuve la oportunidad de entrevistar a Estefanía Vela Barba (Monterrey, México, 1984).

Estefanía es abogada por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), con estudios de posgrado en la Universidad de Yale, donde actualmente desarrolla su doctorado en derecho. Escribe seguido en el periódico El Universal, en el blog Pornucopia. Ha publicado en medios como The New York Times en español, Letras Libres, Nexos y Marie Claire. También ha tenido diversos proyectos audiovisuales relacionados con el derecho y la sexualidad –y todos los puntos en los que se tocan–. Yo, en pocas palabras, me atrevería a decir que es una de las voces más autorizadas para abordar estos temas en la actualidad, además de ser la causante de que un gran número de personas se hayan interesado por los mismos.

Creo recordar que primero conocí a Sambuka antes que a Estefanía. A pesar de tener un vínculo regional común, los inicios de Twitter sirvieron para encontrar afinidades entre nosotros. Digo, en aquellos años en los que los temas en redes sociales no eran tan diversos ni tan difusos, amplios y variados como en la actualidad (tiempos, en resumidas cuentas, en que los millennials aun estaban en las primarias y Trump era un inofensivo empresario), llamaba la atención cualquier proyecto jurídico que se planteara de forma diferente. Obviamente más si se relacionaba con porno, con el matrimonio igualitario, con género, o mejor dicho con cualquier tema incómodo que resultaba necesario difundir y discutir.

Y es que no parecerá mucho tiempo pero de verdad hace como casi diez años no era nada común hablar de cosas jurídicas en México más allá de los rígidos y añejos espacios que tradicionalmente existen. Poca gente tenía de blogs jurídicos, nadie se metía con la Suprema Corte, no existían los memes, escasa interacción con operadores de otras latitudes, prácticamente nulo o muy segmentado el intercambiar ideas. Sambuka fue la excepción, alguien que abrió cauce a la existencia de muchas constantes.

En ese sentido Estefanía me parece una pionera no solo en la socialización del derecho en nuestro entorno sino y, sobre todo, en ser también una de las primeras personas que puso sobre la mesa el rol de los jóvenes en esta disciplina. Vamos a ver, me refiero a asumir un cambio generacional. A no esperarnos a tener canas, doctorados, estar gordos, publicaciones para empezar a que se nos tome en cuenta. Es decir, simple y sencillamente a levantar la mano y saber que como jóvenes tenemos otras visiones y muchas cosas que decir con la misma seriedad que nuestros profesores solo que de maneras más creativas, atractivas y aterrizadas. Creo.

Por aquellas épocas me tocó articular un discurso que leí en una ceremonia de abogados en la que, casualmente estaba Estefanía, que decía así:

“Ser joven es asumir el papel de los incómodos, de los que comprendemos que la imposición de una manera de ser específica, es algo que no funciona en el mundo de hoy y que no sirve para nada. De los que avanzamos hacia identidades muy fluidas y fragmentadas, escogiendo entre diversas alternativas desde las diferentes opciones políticas hasta las diferentes opciones culturales, sexuales y de estilos de vida, de los que creemos que existe una verdadera pluralidad que resulta tremendamente saludable.

Ser joven en estos tiempos de zozobra es faltarle el respeto al respeto. Reírse de lo complejo, asumiendo sus consecuencias y es que en estos momentos, como escribe Juan Villoro, no hay nada más radical ni disidente que la alegría. 

Y es que pareciera que cuando uno es adulto le da por ver las cosas de otra forma, pero eso no va a suceder, entiéndanlo de una vez por todas, es nuestro tiempo y no nos van a callar, ni nos van a apagar nuestra sonrisa, porque esto no es temporal, a pesar de que como dice Xavier Velasco, que cuando la gente cumple 30 años, por alguna extraña razón uno se vuelve idiota. No queremos volvernos respetable por usar camisa y traje. No nos queremos convertir en lo que todos los demás.”

Recuerdo que al final, se me acercó, me dio un abrazo y me dijo: “Sí a todo”. Durante todos estos años, cada vez que escucho o leo a Estefanía, yo pienso y suscribo la misma frase. Su prosa, su agilidad mental y sus convicciones la han convertido en un ícono, en un role model para muchas, muchísimas, personas. Obviamente me incluyo. Lo cierto es que resulta difícil no estar de acuerdo con ella. Sus argumentos y su capacidades narrativas me parecen increíbles.

El tiempo pasa. Creo que seguimos siendo jóvenes, a pesar de que nos comportamos cada vez más como señoras y aunque ahora exista gente más joven, cuyas ideas son desplegadas con la misma seriedad que nosotros solo que de maneras más creativas, atractivas y aterrizadas…, imagino que esto es la vida, o algo muy parecido, un proceso relacional en el que todos colaboramos para hacer de este espacio algo mejor. O algo así. No sé.

Por más que el concepto “generación” trate de poner límites conceptuales a un determinado fenómeno temporal, este al final del día engloba la trampa de la arbitrariedad. Al igual que las listas, los rankings, o la conformación de un canon, de forma inevitable existirán discrepancias al momento de establecer fronteras y parámetros medianamente objetivos. Yo estoy seguro que pasará el tiempo y no tengo la menor duda en que Estefanía resulta, a todas luces, una referencia indudable… Una persona extraordinaria, una jurista que ha llevado los temas de género a otro nivel, que ha inspirado a muchísimas personas, que ha influenciados a miles más, que ha demostrado que la seriedad no está peleada con la amenidad, que, en mayor o menor medida, ha hecho de este espacio uno mejor.

Qué puedo decir. Yo a Estefanía la quiero y la admiro mucho. Me parece espectacular, alguien de quien aprendo constantemente. Sin duda, la mente más lúcida, crítica, y seria de mi generación. A quien visualizo como abanderada de un grupo de jóvenes juristas que hace años intentamos, y lo seguimos intentando, pensar el derecho desde otras ópticas.

En ese sentido, no me cabe más que agradecer a Estefanía por su vehemencia y su confianza, por el trabajo que ha realizado y que realiza. Por su humor, por su incomodidad. Por que a pesar del paso del tiempo a muchos de nosotros nos inspira a seguir viviendo como jóvenes, alegres y creativos frente a un campo tan hermético y obscuro, como es el derecho, en constante contradicción, preocupados y alertas, dejando en claro que así seguiremos por el resto de nuestras vidas, por que como decía Carlos Fuentes: “Si no vives como joven, te carga la chingada”.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Estefanía Vela.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra “abogado”?

Estefanía Vela (EV): Horror.

2. Menciona el primer abogado o abogada no importando que sean profesionales, profesores, políticos, personajes de literatura, series de televisión o cine que se te venga en mente

EV: John Grisham, jajajaja. Seguido por el abogado de Larry Flynt… Yo quería ser abogada por las series y las películas.

3. Si tuvieras la oportunidad de ir atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho?

EV: Sí.

¿Por qué?

EV: Creo que en la academia, no hay nada más inútil que alguien que estudió derecho, porque ni haces historia, ni haces sociología, ni haces economía; no haces nada. Pero como el derecho tiene un papel tan fundamental en las democracias constitucionales, el que puedas hablar ese lenguaje, el que puedas entender la estructura de este sistema, te permite tener una posición importante para poderlo criticar. Entonces te brinda legitimidad frente a grupos distintos, por lo general de abogados, que cuando llegas hablando el mismo idioma y sacas los títulos nobiliarios, no te pueden descartar tan fácil.

4. ¿Estas a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

EV: ¿En contra?

¿Por qué?

A ver, creo que el derecho, y otros han ya han hablado de esto, tiene una parte religiosa, de rito, que puede ser absolutamente emocionante, necesaria para perpetuar el orden de valores que quieres. Precisamente desde ahí, creo que no es que me oponga al uso de símbolos –porque entiendo que la toga puede ser un símbolo–. Supongo que lo que cuestionaría es el uso de este símbolo en particular. A mí lo que me transmite es esta idea de que tu valor depende en parte de cómo te ves; creo que eso es parte de lo que hace la toga: te impone una forma de verte. Por lo general, me imagino que es negra, me imagino que es formal. En este caso, de nuevo, no sé si este uso sea necesario. Entiendo que es tradición. Pero creo que puede perpetuar, al menos para mí, una de las partes más terribles de este formalismo incluso visual de los abogados, y lo digo en masculino adrede, que a mí no me gusta. Esta soy yo, claro. Veo que Sandra Day O’Connor la defiende, en parte con el argumento de que simboliza que todos los jueces y juezas están ahí para hacer cumplir la Constitución.

5. A pesar que desde hace algunos años la profesión jurídica se ha feminizado, hablando por lo menos cuantitativamente el número de mujeres que estudian el derecho, resulta claro que el derecho es un campo preponderadamente machista y que invisibiliza a la mujer en el momento de abordar temas relacionados con la legitimidad de sus derechos. En tu experiencia, ¿cuáles son los principales problemas que afronta la mujer en el ejercicio de la abogacía?

EV: No quiero dejar de señalar que urgen en el país estudios específicos y empíricos para entender cuáles son los obstáculos que enfrentan las mujeres abogadas en México en distintos contextos, porque no dudo que los obstáculos que enfrentan en el DF no sean los mismos que Nuevo León. Entonces, me gustaría aprovechar para llamar la atención a la necesidad de estudios que nos den más detalles sobre esto.

Ahora: basándome en los pocos estudios que he leído y de la experiencia que he escuchado de compañeras u otras juezas… parece que existen varios problemas. Primero: creo que sigue persistiendo esta idea de que las mujeres no necesariamente son competentes para ciertas cosas. Un poco recordando: hay una tesis de la Suprema Corte de 1947 donde impugnaron si las mujeres podían ser notarias públicas. Se había reconocido la posibilidad de que las mujeres fueran notarias, alguien lo impugnó, entonces la tesis de la Corte es: Mujeres, pueden ser notarias públicas.

Me interesa señalar el cuestionamiento. Esta idea de que las mujeres no necesariamente son buenas para ciertas cosas.

Y parece que esta idea sobre la falta de “capacidad” se ve reflejada en distintas cosas: desde qué materias pueden o deben trabajar; de qué pueden hablar o no pueden hablar las mujeres (¿de cosas de mujeres?); hasta si pueden o no participar en los procesos de negociación, por esta cosa de que a las mujeres no las toman en serio, un hombre tiene que repetir lo mismo para que se escuche, o simplemente “no son buenas negociando”, etc.

También está el tema de quién tiene acceso a dar clases ¿no? Yo recuerdo en toda mi licenciatura tuve 3 profesoras, de 55 materias que llevé. Parece que eso persiste en muchas universidades. Esto me dice cómo no se te ve como una voz legítima para reproducir el conocimiento jurídico, salvo que, y esto es lo que está pasando y yo me incluyo, hablen de cosas de mujeres o de género.

Estoy segura que habrá, como en todas las profesiones –no es que la abogacía sea excepcional–, distintas razones para esta exclusión. De seguro debe haber problemas de acoso, problemas de conciliación familia-trabajo, debe de haber ideales de masculinidad profundamente arraigados –ideales que trastocan desde el abogado “onegero” hasta el penalista– que se ven reflejados en cómo operan los centros de trabajo y que falta cuestionar.

Pero, de nuevo: hay que estudiarlo más (las estadísticas del INEGI apuntan a fenómenos interesantes que sin duda hay que entender bien).

6. Tú que has tenido diferentes experiencias profesionales, ¿dónde piensas se puede lograr una mayor incidencia social aprovechando las herramientas que te proporciona el derecho, ámbito académico, judicial o incluso desde un ámbito más de la cultura?

EV: Una de las ideas que trato de aplicar es que hay que aprovechar todos los espacios, todos los formatos, todos los lenguajes, y genuinamente lo creo.

¿Pero no existe un riesgo en convertirte en algo así como una vendedora de productos, donde por impulsar ciertas áreas te desdeñen en otras?

Bueno supongo que para cada medio siempre habría que cuidar la calidad… No sé, lo que el pop exige se lo das al pop, pero lo que exige la academia a la academia. Esto no necesariamente significa que una sola persona lo tiene que hacer todo pues. Yo más bien diría que me parece importante fomentar en los y las alumnas, por ejemplo, si lo tuyo neta es la comunicación pues puedes aprovechar hacer, o sea, la parte de todo esto de la cultura de la legalidad, la cultura de los derechos humanos, es necesaria. Esto lo veo también una academia que te leen tres personas, no sirve. Yo no necesariamente estoy diciendo que una persona tiene que encarnar todo, hacer todo, pero sí estoy diciendo que la lucha generalizada –por hacer de los derechos humanos una realidad– tendría que estar en cuanto frente sea posible.

Yo en género veo, por ejemplo, ahorita que el Estado está haciendo muchísimas capacitaciones… las capacitaciones tienen, de entrada, muchos problemas de diseño en muchos sentidos. Parten de esta idea de que se supone que en unas cuantas horas se va a cambiar una manera de pensar que se ha ido arraigando por años. Y por eso parte de la lucha tiene que estar en las facultades de derecho, que es cuando muchos de los ideales sobre la cultura jurídica se empiezan a arraigar (el machismo, por supuesto, es desde antes; pero acá lo importante es ver cómo el machismo se entremezcla con la cultura jurídica).

Entonces pienso en lo importante que es irte a las facultades de derecho, luchar por que cada una de las grandes universidades y pequeñas universidades lo tengan contemplado (los derechos humanos, lo que incluye el derecho a la no discriminación por género). Además de estar en el salón de clases, pienso en la importancia de la producción académica. En fin.

Creo que es necesario tener un ejército de abogados, abogadas comprometidas actuando donde sea posible: la academia, los salones de clase, en las instituciones, etc.

7. Muy relacionado con esto sobre educación jurídica, sobre todo en la parte de género, derechos humanos, filosofía, argumentación ¿crees más en la transversalización o en la especificación, es decir, en dotar materias específicas para el currículo, bajo esta idea te pregunto si hipotéticamente fueras directora de una escuela de derecho ¿cuáles serían tus primeras acciones?

EV: Reducir lo civil, a la mitad. Quitar derecho romano porque ni siquiera damos derecho romano, damos lo que según nosotros es el derecho romano. Todos “los derechos” –el derecho civil, el derecho penal, el derecho mercantil–, los conectaría con la realidad social. Me parece escandaloso que pueda llevar Obligaciones, Contratos, Sucesiones, Mercantil I y Mercantil II sin que jamás haya una clase enfocada en qué papel juega el derecho en el capitalismo y las desigualdades económicas. Me parece un escándalo que estudiemos familiar sin voltear a ver los datos de cuáles son las familias en México.

Supongo que: por un lado, sería reducir ciertas materias que considero son demasiado y asegurarme que todas las materias que tengan una conexión con la realidad.

Ahora: en relación al género: el género está presente en muchas materias. Tú ves género en derecho laboral, tú ves género en derecho penal, tú ves género en derecho civil. Entonces, para las personas que estén mu clavadas supongo puede haber una optativa –sobre género y derecho, por ejemplo–, pero a mí de nada me sirve la optativa si luego los alumnos van a ir a derecho penal y ahí les va a decir que si la mujer fue violada fue porque se lo buscó.

Más allá de la igualdad de género, que es solo uno de muchos temas que pueden verse de derechos humanos… Enfocándome en el paradigma más amplio de los derechos humanos: sigo sin conocer un área del derecho que no está permeada de alguna forma u otra por algún derecho, incluso el derecho a la propiedad, el derecho al debido proceso. Entonces considero que cada materia por más tradicional que sea, debería estar constitucionalizada en alguna medida y siempre conectada a la realidad.

8. Ante un legislativo parsimonioso y un ejecutivo fuertemente comprometido, parecería que el poder judicial ha sido el encargado de emitir importantes criterios que han impulsado la agenda feminista dentro de los sistemas de justicia, sin embargo existen muchos malos entendidos que han enturbiado el desarrollo de estos temas el caso de los porkys resulta emblemático para ver cómo muchas veces las cuestiones de género en México, en específico al momento de ejercer funciones jurisdiccionales se pueden distorsionar y generar fuertes polarizaciones…, ya lo mencionaste, además de protocolos, manuales y capacitaciones ¿se te ocurren algunas herramientas o procesos para lograr concientizar y sociabilizar la importancia de estos temas dentro del campo jurídico?

EV: Uy. A ver. Hmmm. No podemos olvidar que el Juez de la sentencia de los Porkys era un juez que tenía cursos de género. Una pregunta obligada es: ¿qué cursos estamos dando? Y me incluyo. ¿Cómo los estamos diseñando? Y, número dos: junto con “¿cómo estamos diseñando los cursos?”… Está el tema de los indicadores y mecanismos de evaluación. Por ejemplo: leer el informe de la CEDAW que entrega el Estado mexicano, es un chiste los indicadores y mecanismos de evaluación que existen. El gobierno está en un punto en donde reporta lo que pasa, no si lo que hace funciona o tiene un impacto. Esto en género y en muchas otras materias. Dicen qué hacen, no si lo que hacen sirve o no. De ahí que, por más cero sexy que sean los indicadores de resultados y los mecanismos de evaluación y rendición de cuentas, hay que insistir en ello.

Ay es qué híjole… Insisto, si no empezamos desde las facultades… Mira hay días donde digo: tenemos que encontrar los puntos en común entre género y otros temas, porque si bien hay ciertas cosas específicas de este tema, cosas específicas que les pasa a las mujeres u hombres por ser mujeres u hombres, también hay muchos puentes y quizá esa sea una manera de bajar resistencias y de que se entienda que eso es un problema social más como muchos otros, y que tenemos que hacer una lucha compleja, que incidan en múltiples aristas. Hay otras veces, sin embargo, en las que entiendo porqué se ha “gheottizado” el género… Yo lo sigo descifrando. Me encantaría decirte que ya descubrí una fórmula, pero yo cada foro que voy me vuelvo a encontrar con ciertas resistencias, cada foro que voy me encuentro con nuevas preguntas, yo estoy en el mismo camino de tratar de descifrar qué sí funciona y qué no. Y supongo que por eso también me interesa tanto esta parte de indicadores donde sí se están haciendo cosas buenas, quiero saber qué se puede aplicar aquí, traer aquí, importar aquí.

Para finalizar te diré una serie de nombres y conceptos, me gustaría que me dijeras lo primero que se te venga a la mente:

CIDE Institución… mía
Frente Nacional por la Familia Horror
Justicia Tenemos que llegar a ella
OITNB Diversión
Vicki Schultz La amo
Derecho Mi pasión, complejo… No lo entiendo.
México Colapsándose, ¿por dónde empezar?
The Good Wife Me hace querer ser abogada
Ideología de género Una farsa
Janet Halley Una lectura fundamental
Feminismo Necesario
Monterrey Conciliación
Ana Pecova Baby (Mujerón)
ITAM Mi casa
Batman Lo amo
Harry Potter Algo que todos los niños deben de leer
SCJN Lo amo, aunque hombre blanco… No te creas. Esperanza, la Suprema Corte de Justicia de la Nación… En ciertas cosas
Gatos Mi vida
Alejandro Madrazo Mi jefecito del alma
Constitución Mi apuesta

* Agradezco a Armando Neávez y Lydia Cavazos por la ayuda para transcribir la presente entrevista.

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Viñeta sobre abogados e independencia judicial

 

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“Objeción.”


Viñeta sobre abogados.

Porrúa´s book Rick. A propósito de las editoriales jurídicas en la #FILGuadalajara

eTengo 31 años y es la trigésima primera edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (sospecho que la coincidencia se debe a que en el mismo año en que murió Rulfo (y Borges) yo también aproveché para nacer, no sé). Estoy muy emocionado porque es la primera vez que vengo y porque además se la dedican a mi ciudad favorita, que es Madrid (obviamente), y porque el premio se lo dan a uno de mis escritores favoritos vivos, que es Emmanuel Carrère (si no han leído El adversarioDe vidas ajenas, o Limónov, me parece una excelente oportunidad para hacerlo, de otro nivel).

Todo me resulta increíble, lo variado de las actividades, la cantidad de gente leyendo, los descuentos, los personajes que te encuentras (ayer, por ejemplo, me topé dos botargas, una otaku, un ministro de la SCJN, a Margarita Zavala y a un luchador, así namás paseando por la feria), las presentaciones de libros, bueno con mencionar que hasta un agua de guayaba que me tomé me resultó bien rica, TO-DO. No sé, digo igual porque soy primerizo en estas cuestiones, o provinciano, o porque me reencuentro con gente que quiero mucho, o porque lo mejor de la Feria del Libro en Monterrey son las nieves que venden al final, o porque simplemente me gusta leer y estar rodeado de libros o de gente que comparte mi gusto, o porque yo qué sé pero, en definitiva, me parece un ejercicio y un fenómeno extraordinario que esto se desarrolle en mi país.

Ayer escuché a Villoro, a Carreré, Manuela Carmena, a Volpi, Savater, Rivera Garza…, hoy a Paul Auster, ¡vamos! gente que difícilmente en un mismo espacio podrán coincidir. De verdad, a mi esto me emociona, escuchar a tantas personas compartir lo que significa para ellos la lectura y la escritura, el respeto que se le tiene, las ideas que les provocan, y los sentimientos que les genera, no hace más que ilusionarme e imaginarme no sé si un país mejor pero sí un país con mejores habitantes.

De ahí, precisamente, una de las virtudes de la lectura: imaginar. Inventar o crear espacios diferentes, creatividad para idear otros escenarios y ahí desplegar potencialidades que puedan, eventualmente, ser aterrizadas en la realidad.

Pero bueno, este blog, no es de libros, ni de lecturas, ni tampoco un diario personal, es de abogados, o de cosas de abogados, o, en su caso, de libros sobre, de, y para abogados.

La variedad es muchísima en la FIL, uno se encuentra seguido puestos de las grandes editoriales jurídicas del país y también de las medianas, de las Universidades y sus Facultades de Derecho, también los sobrios pero al mismo tiempo pretenciosos stands de nuestras autoridades judiciales exhibiendo sus libros promocionales que en todo caso nadie lee, o solo sirven para adornar los añejos libreros que enaltecen las espaldas de distinguidos abogados. Vamos, hay de todo, me he encontrado varias joyas, siempre (a pesar de su precio) está editorial Trotta, Siglo XXI, Fontamara, y algunas más. Pero en contraste con las grandes casas editoriales, resulta hasta penoso lo sombrío y hasta triste que resultan los espacios jurídicos en la feria. No sé igual soy yo que les tengo un poco de manía, o que en comparación con los espacios, propiamente, de literatura o poesía, incluso los de niños, me sabe a poco, o más bien me sabe demasiado formal e institucional para estos espacios de encuentro y creación e imaginación. O no. No sé.

El caso es que llegué a Porrúa. Que no está mal, que resulta una editorial interesante, pero que en la parte jurídica ya conocen mi opinión, ya he escrito en este blog bastante con Darío Ángeles, Javier Martín Reyes, y demás gente involucrada, sobre la escasa responsabilidad social de esta casa, sobre los escándalos de plagio que aquí se han denunciado, sobre su mercantilización, sobre muchas cosas. Pero bueno, ya está, cada quien sus fobias y sus batallas. Volviendo al tema, lo que me sorprendió es que algunos de los libros jurídicos de Porrúa se encontraban fuera del alcance de cualquier lector que estuviera en la FIL. Imagino que esto es por los acondicionamientos del espacio pero a mi me dio risa. Estaban colocados bien arriba, apenas con escalera se puedieran alcanzar, los título no se divisan a simple vista, como para evitar que dichas ediciones se vendan o se lean. Quién sabe. La imagen es esta y me parece hermosa…

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Hermosa porque resulta una metáfora perfecta de lo que viene a significar el acceso a la ciencia jurídica, al estudio del Derecho, a ese mundo abstruso, lejano, intocable y lejos del alcance de cualquiera, cubierto por plásticos para evitar deteriorarse y, al mismo tiempo, evitar socializarse.

Hay mucho por hacer dentro del mercado editorial jurídico en nuestro país. Tanto que habría que empezar por seguir llamando la atención, o en todo caso hacer un meme.

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Los polémicos modelos de la profesión jurídica por Diego Eduardo López Medina

Hace tiempo que no utilizo este espacio para compartir artículos de opinión o editoriales sobre abogados. No porque no se escriban, de hecho se escriben bastantes (las suelo monitorear diariamente), el problema es que casi ninguno dice nada, o más bien dicen muy poco, o dicen lo mismo de siempre. Enteramente de índole informativa, o en todo caso descriptiva, los artículos que hablan sobre abogados, por lo general, son pensados para ellos mismos. Como si fuera un hermético ejercicio de autopoiesis, las críticas y las construcciones narrativas prescriptivas resultan excepcionales cuando se aborda este tema en espacios divulgativos. Me queda claro que la función de los medios no es hablar sobre abogados, o teorizar de los mismos, o incluso tener una sección para ventilar sus problemas gremiales. También me queda claro que, en mayor o menor medida, es necesario que pasen cosas relacionadas con la profesión, o con casos específicos dentro del campo jurídico, para que los abogados sean nota. Sin embargo, no estaría demás, comenzar poco a poco desplegar ejercicios de autocrítica y reflexión en torno al rol de estos profesionistas en sociedad desde otras trincheras más allá de las nuestras. Las secciones de sociales, pueden ser un buen inicio para darnos cuenta de muchos de los problemas que se encuentran ocultos al momento de ejercer la abogacía, de elefantes que están en la sala y que nadie quiere hablar de ellos, de pensar que el imaginario colectivo poco se deja influenciar y retroalimentar sobre lo que se pretende.

En días pasados, mi mejor amiga, la Nora Picasso, me pasó este artículo de Diego Eduardo López Medina, profesor de la facultad de derecho de la Universidad de los Andes, el mismo que escribió el gran libro sobre la Teoría Impura del Derecho, en el que despliega un interesante ejercicio sobre ética y estética en la abogacía colombiana. Abogacía, por demás, que puede equipararse a diversas latitudes en Occidente.

Tanto que pensar sobre publicaciones tipo “El mundo del abogado”, sobre series de televisión, sobre responsabilidad social, sobre apariencias, sobre todo. Ya habrá tiempo. Por lo pronto comparto el artículo que originalmente aparece en Ambito Jurídico, el día 7 de noviembre de 2017. Subrayo lo que me pareció más pertinente.


Los polémicos modelos de la profesión jurídica

En un artículo de Jet Set del 2015, donde habla un conocido y mediático abogado, se lee lo siguiente: “(Este restaurante que estoy abriendo) es una síntesis de lo que soy, de mis obsesiones, de la visión que tengo de la estética y de la buena vida. Aquí confluyen el culto a los sabores, la música que me apasiona, la farándula, la gente del periodismo y el poder. Y de paso me deja dividendos”.

Más adelante, el periodista, en un giro manido de la prensa rosa, caracteriza al abogado de marras como una persona “con una fuerza mediática indiscutible” y como “pasaporte a la convocatoria social”.

Con todo, el punto central del artículo no está en su texto, sino en sus fotos: aparece nuestro abogado en varias, donde hace ostentación de un amplio y sofisticado guardarropas. Las fotos invocan, en su versión masculina, el haute couture y las luxury brands, un verdadero mundo de consumo de las élites globales a las que estaban vinculadas, hasta hace poco, unos pocos empresarios y banqueros locales. Recordarán los lectores que, en un reciente episodio de corrupción judicial, la prensa reportó que el dinero pagado terminó, a las pocas horas, en la registradora de la firma italiana de ultralujo Bvlgari. Es interesante ver cómo ciertos segmentos de la profesión jurídica en Colombia se han apropiado de los imaginarios de distinción y sofisticación de las élites globalizadas y buscan afanosamente incorporarse a ellas.

En esta y otras apariciones mediáticas, nuestro jurista no pide excusas por el consumo ostentoso o por el exhibicionismo social. Se adscribe a una cierta tradición desvergonzada, nietzscheana en su progenie más profunda y que copia, más directamente, del abogado francés Jacques Vergès, quien se hizo célebre por su estrategia de escandalizar. “No soy un abogado vergonzante, pongo mi firma y mi cara en cualquier caso”. Esta provocación la dirige a los demás abogados que, según él, aceptan también estos casos y cobran los honorarios, pero ponen a firmar a segundones. Su objetivo en ser genuino y auténtico, al tiempo que posa milimétricamente para la cámara, para sus potenciales clientes y para la posteridad.

No tengo objeciones a esta imagen pública que nuestro amigo ha construido cuidadosamente. Su imagen es un problema solo suyo. Solo quisiera proponer dos tesis, una descriptiva y otra normativa: en primer lugar, que las élites de la profesión jurídica en Colombia están en búsqueda de nivelación con las élites jurídicas y financieras locales y que sus patrones de comportamiento y consumo constituyen ya un referente claro de éxito profesional. Este nuevo baremo, sin embargo, exige impensados niveles de ingresos para el mercado local. Quizás eso explique por qué los sueldos de las altas magistraturas (descomunalmente altos para el país y la región, aunque modestos frente a las verdaderas élites globales) ya no bastan para blindar contra la corrupción al proceso judicial.

La segunda constatación es normativa. Aunque su defensa parte de la libertad, quisiera argumentar que el modelo implícito de ejercicio profesional que irradia nuestro mediático abogado es inconveniente y peligroso para el ejercicio generalizado de la abogacía. Los abogados con convocatoria social y mediática construyen modelos de éxito que los más jóvenes observan y consumen. El principio del debido proceso, de hecho, consiste en el esfuerzo sistemático, en la medida de lo posible, de separar el poder social de la toma de decisiones jurídicas. Hay abogados que, en contra de este principio, buscan potenciar su capital social como base de la prestancia profesional. La convocatoria y cercanía con los poderosos no debería ser una ventaja profesional susceptible de marketing.

Afortunadamente conozco contra-modelos de ejercicio profesional que vale la pena proponer como alternativa: abogados para los que la modestia y la respetuosa distancia con los jueces es un valor que sus clientes deberían apreciar; abogados donde cuenta el conocimiento y la cercanía a las partes, y no la formación de círculos de socialización entre la profesión y los jueces. La existencia de una Muralla China entre jueces y litigantes ha sido siempre una forma válida de sabiduría profesional. Los jugadores de fútbol y los árbitros no deberían ser amigos íntimos ni tener empresas conjuntas. Si se acepta la existencia de una Muralla China ética, se prohíben los contactos ex parte con los jueces y se desaprueba la creación de ficticias oportunidades de contacto y cercanía con ellos que generan familiaridad o, al menos, cierto compromiso social. El último que debería mencionarle un caso a un juez es su amigo; y el juez no debería temer la socialización con la profesión, porque ella nunca debiera ser utilizada para contactos ex parte. El litigio puede ser también un espacio de austeridad, de trato respetuoso, pero distante entre los operadores jurídicos. Ese otro modelo profesional me parece más atractivo.

En el Derecho también importa, no lo ignoro, el poder y el posicionamiento social. Pero el Derecho es esa parte de la política donde, por aspiraciones de justicia, buscamos neutralizar al máximo posible la coerción, el miedo, las jerarquías y las diferencias de capital (económico, social, político, etc.). Aspiramos a escuchar a las partes, a que nos cuenten su historia y buscamos impedir que los poderosos siempre ganen por ser poderosos. El poder de convocatoria social como modelo de éxito profesional va en contra del modelo, más modesto y letrado, del abogado que trabaja en la carpintería de los argumentos y que presenta un caso desprovisto de la fuerza semiótica del ropero de ultralujo. Un modelo donde el capital profesional es más ético e intelectual, no político y social. Y no vale decir, a la Nietzche, que esto es simplemente una hipocresía o parte de la moralina tradicional. A veces el desvergonzamiento no es creativo, ni interesante, ni rupturista, ni intelectual, ni libertario, ni sofisticado. Es tan solo otra máscara.

Sobre Morty Abogado en Rick and Morty

Fuera de las personas que han vivido conmigo poca gente sabe que me gustan mucho las caricaturas. Mi mejor manera de distraerme y cerrar un día de mierda pasa por encender la tele y abstraerme en mundos animados hasta desconectarme de este mundo de mierda.

Después de muchas recomendaciones de gente que quiero (gente, por lo general, en la cual confío para cuestiones culturales (gente que, al final, es la única que quiero)) me puse a ver Rick and Morty. Simple y sencillamente me pareció espectacular. Vamos, para tener un parámetro comparativo en esta categoría de series animadas contemporáneas diría que se encuentra solo un poquito atrás de Bojack Horseman, pero en verdad creo que es de las mejores producciones que he visto este año y en los últimos tiempos. Justo, el viernes pasado, comentaba con un amigo lo afortunados que somos para estar vivos durante esta época, “what a time to be alive“, le dije eufórico entre mezcales haha… Él dijo que era la “época de oro de la televisión”,  yo ya sin mezcales y sin cruda sería un poco más cauto, pero creo que tiene razón… Lo bien que están realizadas este tipo de series, sinceramente, me emociona y no me hace otra cosa más que querer pensarlas, repensarlas, difundirlas, complejizarlas, teorizarlas y pasarme horas escribiendo sobre ellas para tener un día de mierda y luego volver a ver dibujitos animados. Así funciono, qué les digo.

No es momento (todavía) para esbozar algunas ideas sobre Rick and Morty. Su complejidad, profundidad y repercusiones, por lo menos a mi, me hacen una invitación para volver a ver las tres temporadas disponibles por lo menos otro par de ocasiones. No sé. Quizá después. Lo que no puedo pasar por alto es cualquier referencia al mundo jurídico, al campo en concreto de los abogados, que aparezca en cualquier producto pop que sigo.

La escena transcurre durante el primer capítulo de la tercera temporada, “The Rickshank Rickdemption”, donde Morty y su hermana Summer se enfrentan al Consejo de Ricks (órgano supremo encargado de controlar a todos los Ricks en la realidad y cuyas atribuciones se empatan con la imposición de sanciones cuando se cometan crímenes), donde, a manera de juicio, estos claman por la inocencia de su abuelo que se encuentra encarcelado.

A ver, me valió madres. Una disculpa. Para aquellos que no saben de qué va Rick and Morty, en un parrafito podría decir que trata mmmmm, o bueno, para mi, por lo menos, trata sobre las infinitas posibilidades relacionales que tenemos en este tiempo y espacio, de los abuelos y los nietos, de nuestra ignorancia y soberbia frente a la inmensidad de lo desconocido, de la ciencia y quienes hacen ciencia, y de las nuevas tecnologías y nuestras añejas costumbres. Algo así, lo cierto es que no le hago honor a las grandes complejidades y posibilidades de la serie.

Retomando el tema, el caso es que, por azares del destino, Rick que es el hombre más inteligente del mundo se encuentra preso, y sus nietos Morty y Summer intentan clamar por su liberación frente a este órgano colegiado de otros seis Ricks que coexisten en otras realidades.

Desde la escena inicial en la que se visualizan al Consejo de Ricks y los dos nietos, se puede observar un Rick con traje y papeles bajo el brazo, el cuál hace suponer sea su defensor, o por lo menos alguien que los está asesorando en en el juicio…, hasta que se descubre que nada de eso es cierto.

Cuando las acusaciones se tornan álgidas y resulta necesario entablar alguna estrategia argumentativa para continuar el ejercicio dialéctico, Morty menciona que el proceso en el que están inmersos no es justo, porque además su abogado es un Morty, conocido por sus escasas capacidades intelectuales.

El diálogo en específico que devela el misterio sobre quién es el supuesto Morty abogado que está detrás de Rick y Summer es el siguiente:

– ¿Cómo va a ser esto un juicio justo? Nuestro abogado es un Morty…

– No es justo, de hecho, no tienes derechos, y él no es un abogado. Solo lo tenemos aquí porque es divertido. ¡Míralo actuar!

En eso el Morty abogado avienta los papeles al aire y comienza una especie de baile que genera gracia y simpatía al Consejo. La escena me parece muy reveladora en el sentido del rol que los abogados ejercen frente a los jueces y su relación con sus clientes. Dos ideas súper breves. La primera en el sentido de la imagen, por el solo hecho del traje, de los papeles, de aparentar las formas, se tiene la idea de que ya es un abogado, quizá competente, quizá no, pero abogado al fin. Las equivalencias entre los médicos y los abogados, como centros generadores de poder, de normatividad social, a través de sus hábitos genera esta especie de preconcepciones y estereotipos en la profesión que pueden confundirse con cuestiones materiales importantes. La segunda, sobre la idea de los abogados como meros alfiles del proceso jurisdiccional. Por más que, muchas veces, se tengan argumentos suficientes, resulta claro (ya lo teorizaron los realistas gringos hace años) que los jueces deciden, a veces, ejerciendo distancia de cualquier realidad fáctica que ocurra en la audiencia. En el caso de Morty abogado queda claro que su función antes de ser abogado del Consejo, es servir de bufón, de entretenimiento a quienes ostentan el poder, siguiéndole el juego  por el mero hecho de simular. Algo así, por ahí irían las ideas que me generó la escena del Morty abogado.

Por si alguien le interesa la escena acá se encuentra en You Tube y también acá el capítulo completo. De hecho, Morty abogado solo tiene otra participación en un determinado momento que parece aconsejar a Rick sobre un argumento en juicio y lo que en verdad hace es decirle un sinsentido, le dice que tiene una colección de tazos. Aunque solo haya aparecido unos segundos, el Morty Lawyer la rompió en Internet y gracias a toda la gente que lo hace posible, rápidamente, se crearon referencias a otras series, películas, y videojuegos de abogados que a continuación compilo.

Better Call Saul!

Ace Attorney

Suits

El buen, el malo, y el feo

Sobre Better Call Saul y las telenovelas de abogados en México

Hace rato Miguel Carbonell preguntó en TW lo siguiente…

De primera impresión le contesté que cualquiera de ciencia ficción, porque me parece fantástico que se realicen megaproducciones que enaltezcan cualquier tipo de irrealidad jurídicas en foro hollywodense, pero luego me quedé pensando, y después de ver que en la encuesta tuitera de Miguel ganó “Suits” y “How to get away with murder”, decidí recuperar estas líneas sobre Better Call Saul…

La serie de televisión Better Call Saul me parece bastante, pero bastante amena. Tal vez debido a que estudié derecho, y por tanto me gustan las series de abogados, y al final de cuentas esta trata preponderantemente sobre abogados y cuestiones judiciales. Pero quizá también me gustó mucho porque para aquellos que quedamos huérfanos después de que terminó Breaking Bad, pues esta serie vendría a significar una complemento a dicha obra, una explicación a una de las múltiples historias que conformaron el núcleo de la primer trama.

Siguiendo el patrón de Breaking Bad (que despliega un buen soundtrack, planos y tomas estéticamente precisas y el uso reiterado de flashforwards y flashbacks), esta nueva producción sobre el abogado Saul Goodman combina complejas cuestiones morales con la crudeza de un realismo que raya en el sinsentido.

Así como en Breaking Bad se narra el cambio radical, aunque paulatino, de Walter White (una persona cuya actitud ante la vida no ha sido otra que la de soportar cualquier cantidad de infortunios, no por algún tipo de estoicismo, sino más bien por miedo a propiamente al hecho de vivir), sospecho que, al final de cuentas, esta nueva serie también desarrollará la historia sobre la transformación de su protagonista.

Pues desde el primer momento de Better call Saul podemos ver que Saul Goodman no se llama así, sino Jimmy McGill. Ni tampoco que este personaje es el extravagante abogado que en Breaking Bad puede resolver cualquier asunto de manera legal, ilegal o alegal, que entiende su profesión como una profesión de relaciones, y al que no le hacen falta clientes, sino un humilde abogado de oficio, más bien solitario, y que se encuentra frustrado por no poder conseguir clientes. Y que Saul todavía no se promociona de forma estrafalaria en panorámicos y anuncios sensacionalistas de televisión, sino que tiene arduas dificultades económicas y que sus tarjetas de presentación son unas carteritas de cerillos con sus datos.

Las series sobre abogados son todo un género (desde la clásica “Perry Mason”, “Boston Legal”, o “Ally McBeal”, pasando, más recientemente, por “The Practice”, “Shark”, “Suits”, “The Good Wife”, hasta “How to get away with murder”) y estas esbozan continuamente rasgos en la profesión que son retroalimentados por los operadores jurídicos y que, con el paso del tiempo, terminan por moldear una determinada proyección social sobre la abogacía.

Bueno, sobre la abogacía en Estados Unidos, en un sistema jurídico concreto, pero al momento en que las series norteamericanas son las que cuentan con mayor preponderancia en el actual contexto de globalización, sus influjos se reflejan hacia muchos otros sistemas.

Ahora bien, que las series estadounidenses sobre de abogados sean las de mayor profusión, no significa que no existan otras de diferentes nacionalidades.

En España, por ejemplo, han sido varias las series de televisión que han encauzado su trama hacia cuestiones jurídicas. Por mencionar las más importantes: “Turno de Oficio”, “Abogados, Al Filo de la Ley”, y “Lex”. Si bien no hay una tradición tan arraigada como en Estados Unidos, es importante destacar que las producciones españolas sobre la abogacía expresan cuestiones concretas de la forma en cómo es ejercida dicha profesión en este país, sobre la idiosincrasia de los abogados y, en general, sobre la cultura jurídica del país.

¿Cuántas series sobre abogados se han producido en xico? Cero. Pero probablemente porque en México no exista una fuerte devoción hacia las series. Nosotros somos más de telenovelas.

Entonces, un silogismo básico y contundente. Uno. La telenovela en xico cuenta con rango de patrimonio nacional. Dos. La abogacía es una de las carreras más demandadas entre los jóvenes mexicanos. Tres. Una telenovela sobre abogados resultaría una idea millonaria.

¿Cuántas telenovelas sobre abogados se han producido en xico? Tengo la sospecha de que más bien pocas, poquísimas, casi ninguna.

Hace años, en 2008, TV Azteca realizó un experimento llamado Alma Legal. ¿De qué trataba? Abro cita. “Esta es la historia de Blanca, una joven exitosa egresada en Leyes que llega a un despacho de abogados a querer cambiar la forma de trabajar. El jefe es Víctor Montes de Ocaso, un hombre divertido, irónico y algo corrupto, al que la vida lo sorprenderá al conocer la personalidad mitad inocente y mitad seductora de Blanca. Ellos dos nunca lo imaginaron, pero el amor nacerá en medio de diferencias de las que se sentirán profundamente atraídos”. Cierro cita.

Abro otra cita. “Corrupción, extorsiones, arreglos bajo la mesa y complicidades son parte de la cotidianidad en los juzgados mexicanos que serán llevados a la pantalla chica de lunes a viernes”. Cierro la otra cita.

La telenovela fue un rotundo fracaso y fue confinada al olvido, duró poco más de un mes, que en tiempo telenovelero es prácticamente nada (esto considerando que RBD comenzó en 2004 y terminó en 2006).

¿Por qué en xico no hay telenovelas sobre abogados? No lo sé. Habría que darle varias vueltas al asunto. Aventuro varias hipótesis bastante vagas.

  1. Suficiente tenemos con soportar el drama que implica iniciar un procedimiento jurídico.
  2. Al abogado, como a los dentistas o funerarios, no se les ve por placer, sino más bien por necesidad. Sería difícil ver día a día a abogados en televisión.
  3. Hay abogados que superan cualquier ficción.
  4. Sería difícil entender los diálogos entre abogados, pues su lenguaje se caracteriza por estar lleno de tecnicismo.
  5. Difícilmente un proceso jurídico termina como la mayoría de las telenovelas, es decir con un final feliz.

Por eso, o porque sencillamente ha faltado un Luis de Llano, un Pedro Damián, o una Carla Estrada que produzca una buena telenovela de abogados. O una Thalía, una Lucero, o un Fernando Colunga que protagonicen la misma. Quién sabe.

Después de haber visto la mayoría de series para abogado en Netflix, la verdad es que no sé cuál sea la mejor serie sobre abogados disponible en Netflix. Lo que sí sé es que Better Call Saul me parece de las más apegadas a la realidad. Y, por ende, de las mejores, pues antes que propulsar ficciones dentro de la profesión creo que hace falta aterrizarla un poco a lo que en verdad sucede en la práctica. Creo.

Otras viñetas sobre Halloween y los abogados

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“Helen usó su cabeza para ganar la audiencia de Halloween”


'Are these billable hours?'

“¿Son estas horas facturables?”


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“Abogado especialista en negligencias médicas”

Por un #PorruaSinPlagios

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Un texto escrito por Darío Ángeles, Tito Garza Onofre, y Javier Martín Reyes

Hace un par de meses tuvimos (la poco grata) oportunidad de documentar un lamentable plagio, encontrado en un texto publicado por Editorial Porrúa. Se trata del libro Derecho administrativo integral, firmado oficialmente por Sergio E. Casanueva Reugart, pero que no es otra cosa que una colección de plagios. Como se evidenció en este análisis, al menos 181 de las 350 páginas contenían plagios completos de obras de otros autores, entre los que destaca Derecho Administrativo, de José Roldán Xopa.

Como hicimos del conocimiento público en su momento, el texto que documentó el plagio llegó a manos de Porrúa y ellos –muy amablemente, hay que reconocerlo– abrieron un canal de comunicación y dijeron estar abiertos a recibir propuestas para controlar sus contenidos.

Nosotros no podíamos dejar de aprovechar esta oportunidad para hacer propuestas de cómo mejorar la calidad de la más renombrada casa editorial jurídica de México. Les tomamos la palabra y concluimos que valía la pena democratizar y abrir el proceso a fin de elaborar una propuesta para Porrúa.

Así, en este espacio invitamos públicamente a la gente a que nos diera su opinión o comentarios sobre cómo mejorar los contenidos publicados en dicha casa editorial. Además, nos comprometimos a sumar y sistematizar las propuestas, a fin de enviárselas a Porrúa.

Desde aquí queremos agradecer a la gente que se comunicó con nosotros de muy diversas formas (correos, tuits, mensajes directos, conversaciones personales), unidas por el interés legítimo de conseguir materiales jurídicos de calidad en México.

downloadSabemos, por supuesto, que la calidad de los libros de derecho en México es un problema que va mucho más allá del papel específico que juegan las editoriales. No han sido pocas las veces que hemos discutido sobre la necesidad de mejorar, en general, la calidad de nuestra academia. Sabemos que son muchos los retos y sinceramente guardamos la esperanza de que, en el futuro, tengamos una realidad distinta.

Somos conscientes que las editoriales solo son una parte del problema (y de la solución) y que quizá debamos cambiar –al menos en el corto plazo– nuestras expectativas sobre el tipo de textos disponibles en el mercado editorial. Pero también estamos convencidos que las editoriales jurídicas, entre ellas Porrúa, tienen una ineludible responsabilidad con sus lectores. Como mínimo, las editoriales deberían garantizar que el contenido de lo que publican no sea el producto de un vil copy-paste. Y, por desgracia, la obra de Casanueva nos ha mostrado que esta mínima garantía no siempre se cumple, al menos en el caso de Porrúa.

Pero bueno, sin más preámbulos, a continuación presentamos un resumen de las opiniones que a manera de crítica nos hicieron llegar:

  1. La oferta de materiales de Librería Jurídica Porrúa se encuentra francamente desactualizada. En esta colección podemos encontrar un buen número de textos jurídicos de autores muertos hace ya varios años o décadas que, si acaso y en el mejor de los supuestos, se han intentado mantener “actualizados” por familiares y/o colegas. En otros casos simplemente se han tirado incontables reimpresiones que se venden como si fueran nuevas ediciones. Esto impide al lector tener conocimiento mínimo sobre la actualidad de la obra que adquiere, y hace que muchas veces termine leyendo sobre disposiciones reformadas o derogadas hace ya bastante tiempo. Dicho en pocas palabras: Porrúa vende, como tratados o libros de texto, obras que más bien deberían formar parte de una colección de Historia del Derecho o Clásicos del Derecho.
  2. El sello de Porrúa dice muy poco (o nada) sobre la calidad del texto. Aquí las críticas se centraron en el hecho de que una persona –particularmente alguien que está tratando de obtener nuevos conocimientos– no tiene forma de saber si el producto que adquiere tiene cierto grado de seriedad. En Porrúa uno encuentra extraordinarios libros, pero también textos de pésima calidad.
  3. Porrúa debería indicar, cuando menos, si ha sido sometida o no a un proceso de evaluación de su contenido (lo que implica, además, hacer públicos los parámetros de evaluación empleados). En principio, nos agrada que Porrúa tenga una amplia disposición de publicar los materiales que le hacen llegar. Pensamos que, hasta cierto punto, esta disposición permite abrir la discusión y hace que el público, consumidor final, sea quien juzgue si la obra vale la pena o no. Sin embargo, estamos convencidos que los sellos editoriales tienen un papel que va mucho más allá de la de ser meras imprentas; que una editorial seria necesariamente debe evaluar el contenido de lo que publica, pues de lo contrario incumplen con su responsabilidad social.
  4. Los contenidos de Porrúa son (muy) mexicanos. Los comentarios recibidos en este sentido no planteaban que publicar a autores mexicanos fuera algo negativo per se. Más bien, hacían eco de una petición propia de nuestro mundo globalizado: la gente quiere saber qué dicen los autores de otros lugares del mundo sobre el derecho. Y, agregaríamos nosotros, de preferencia con precios similares a los libros producidos en México (sí, todos quisiéramos comprar más ediciones de Trotta o de Cambridge University Press, pero la cartera duele). Como lo dijo un amigo tuitero (@DonMrMonster): “Porrúa es una editorial localista y enfocada a la realidad (a veces desfasada) del entorno mexicano, […] no estamos aislados y no sólo se escribe del o sobre el derecho en México”. No podríamos estar más de acuerdo: nos faltan aportaciones extranjeras y comparadas.

Pues bien, con base en esto, en los siguientes días elaboraremos un pliego de peticiones que es el que formalmente haremos llegar a Porrúa. Si tienen comentarios de ello, por favor, no duden en hacérnoslos llegar y –ahora sí– veamos qué puede (o quiere) hacer Porrúa por sus lectores.

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Nancy Onofre

El pasado día miércoles 5 de abril de 2017, en el Hospital Muguerza, tuve la oportunidad de entrevistar a Nancy Onofre Castillo (Torreón, Coahuila, México 1956).

Screen Shot 2017-10-15 at 12.05.36 AMNancy Onofre es abogada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, con maestría en derecho laboral por esa misma Institución, también ha estudiado recursos humanos en la UCLA y estrategias para el desarrollo social en el Banco Mundial. Se ha desempeñado en el sector privado en una empresa de telecomunicaciones y también en el sector público en distintas instancias de Gobierno tanto en el orden municipal como estatal aquí en Nuevo León, preponderantemente en el área de educación y finanzas.

La Licenciada Onofre, o simple y sencillamente la “Lic.”, no puedo mentir, es mi mamá. Y como lo personal es político, y este blog, es tan personal como político, desde hace meses esbocé esta entrevista cuya realización no me quitó más de siete minutos, pero que llevo pensando, no es mentira, más de siete meses.

De mamá podría escribir una enciclopedia. Muchas y muchas páginas que relaten sus hazañas, sus consejos, sus recuerdos, sus risas, sus lágrimas y sus abrazos. Que narren todas esas veces que salió adelante y consiguió lo que se propuso, a pesar de todo, a pesar de todos… Terca como ella sola, puedo afirmar que en mi vida no he conocido a nadie tan perseverante, disciplinada, independiente e insistente como ella, para bien y para mal.

Anécdotas sobre mi madre abundan, he escuchado historias sobre su vehemente militancia en ese lúgubre partido político que un día la ilusionó por intentar ser oposición y años después la decepcionó, presentando su renuncia en congruencia con sus ideales, sobre su pasión por el fútbol, por ejemplo aquella vez que viajó sola al Distrito Federal para presenciar uno de los primeros campeonatos de los Tigres, de su obsesión y fanatismo por comprar lentes de sol, de cuando era la única mujer en un puesto directivo en una trasnacional, de cuando era maestra en la Facultad de Enfermería y se enamoró de uno de sus alumnos con el cual terminó casándose, teniendo un hijo y todavía al día de hoy compartiendo una vida, de sus múltiples operaciones y batallas libradas en hospitales, de aquella vez que me acompañó a mi primer concierto de rock  en una escandalosa plaza de toros abarrotada por pubertos, de cuando conoció a Schwarzenegger, o incluso cuando en Oaxaca tropezó y cayó por varias escaleras, quebrándose varios huesos, y aguantó estoicamente para evitar arruinar las vacaciones familiares.

De mi mamá podría escribir varias tesis, no lo hago porque sé que no me dejaría, entonces me limitó a dedicárselas. Me limito también a confesar, por medio de estas líneas, que estudié la licenciatura en derecho por su culpa. Que cuando más me aburre ser abogado, cuando me parece más patético esto de la ciencia jurídica, pienso en ella, como mi mayor ejemplo, como una persona plena y segura de sus decisiones.

De hecho, siempre que hago la segunda pregunta de este cuestionario, da igual sea el mejor académico, algún ministro, o alguien que admiro…, cuando le digo a mis entrevistados que me digan al primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se les venga en mente, yo trato de adelantarme a sus respuestas, pensando qué contestaría yo, e inevitablemente siempre pienso en mamá, como mi principal referencia personal y profesional.

Camus, alguna vez, dijo que “entre la justicia y mi madre prefiero a mi madre”. Pues eso.

Aunque mis abuelos no dejaron estudiar a mamá para ser antropóloga, teniéndose que conformarse con derecho, ella nunca ejerció la dulce y gustosa venganza con su hijo. De hecho, yo nunca me sentí presionado al elegir carrera, pues ella nunca me incitó a tomar esa decisión, ya he contado algunas veces que estaba entre estudiar para ser músico o abogado (¡muy bien orientado el muchacho!), solamente recuerdo que dijo que cualquier decisión que tomara me iba a apoyar al cien por ciento.

Y es que, si pudiera definir nuestra relación en una palabra, sería libertad (¡para la libertad!, cantaría Serrat los versos de Miguel Hernández), suena a tópico, pero mamá nunca me prohibió nada (igual por eso me da igual casi todo (menos obviamente mi madre)), nunca me dijo no (igual por eso soy tan chiflado), nunca me dijo que por tal o cual decisión me iba a arrepentir (igual por eso siempre intento ser feliz). Muchas veces me equivoqué, lo sigo haciendo, y ella distante, más nunca ausente, quizá pensando que me lo había advertido, me anima a continuar.

A ella, le agradezco todo lo que soy. Y, en definitiva, si algo soy es abogado. Pero antes que agradecerle por ser abogado, quizá lo que más le tengo que agradecer es que me haya inculcado la pasión por la lectura y la música.

Mamá y yo hemos establecido una cómplice relación a partir del arte, a partir de artistas, que se contraponen pero al mismo tiempo nos complementan.

En un temprano cumpleaños me regaló El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz, y he de confesar que en esos momentos me cambió la vida. Las partes de las máscaras, de la chingada, del petróleo, me resultaron esclarecedoras para intentar explicar este difuso espacio en el que nos ha correspondido ser una familia. Para devolverle el favor, años después, y fuera de México un día le presenté a Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño.

De niño, mamá me hablaba de un catalán que no solo fungía como embajador de dios en la tierra, alguien perfecto cuyas canciones se transformaban en poemas. Así crecí, escuchando a Serrat y sus Cantares, su Penélope, su Mediterráneo, sus Locos Bajitos. Tiempo después me limité a presentarle la aguardientosa e irreverente voz de Sabina. Su reunión en 2007 vino a fusionar lo mejor de nuestros mundos.

Recuerdo cuando era niño muchas tardes en casa de mis abuelos, mientras iba apresurada a comer, que mamá leía sin falta la columna que Germán Dehesa publicaba diariamente en el periódico Reforma. Recuerdo su risa, carcajadas a todo volumen, al leer a su cronista preferido. Me llamaba la atención como era posible que la lectura le generara tanta alegría. De ahí que no me haya sorprendido que en mi último cumpleaños su regalo haya sido un poema de Miguel Hernández que decía:

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Más allá de cualquier complejo de Edipo o Electra que pueda distinguir Freud en estos párrafos, me parece bastante entendible que las personas escriban sobre sus padres. Me parece entendible porque al final tal vez, pero solo tal vez, no somos más que destellos de ellos mismos… En ese sentido, ojalá, algún día, pueda llegar a ser aunque se la mitad de valiente, consecuente, y amoroso que mi madre.

Si acaso sirven de algo estas desordenas líneas sobre mamá, sean para mostrar mi admiración y cariño. Aunque no sean nuestros días más libres, aunque en estos momentos nos limiten las paredes de un hospital, seguimos juntos, viéndonos y escuchándonos a diario. Seguimos juntos, leyendo y escribiendo, diciéndonos sin falta que nos queremos mucho. Seguimos, en resumidas cuentas, viviendo.

No por nada afirma Bolaño que: De lo perdido, de lo irremediablemente perdido, solo deseo recuperar la disponibilidad cotidiana de mi escritura, líneas capaces de cogerme del pelo y levantarme cuando mi cuerpo ya no quiera aguantar más. Que nos quiten todo, incluso la vida…, solo que nos dejen, las letras, la música, el arte, pues es ahí donde radica la verdadera vida.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Nancy Onofre.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Nancy Onofre (NO): Justicia.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

NO: Perry Mason.

3. Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho?

NO: No, yo creo que ya no.

¿Por qué?

Porque, sinceramente, para comenzar lo que te enseñan no tiene nada que ver con la realidad. Luego la forma cómo se desempeñan la gran mayoría de los abogados, aprovechándose de la gente que los necesita, el ver cómo los jueces construyen sus sentencia dependiendo de los recursos económicos de los involucrados… No, la verdad es que no volvería a estudiar esta profesión.

Yo creo que se necesitaría un cambio realmente profundo para que el derecho fuera más accesible y entretenido. Para comenzar que existieran profesores que enseñaran derecho de otra forma, yo todavía me acuerdo de maestros que tuve, que lo único que hacían era darnos el código y nos ponían a leer, y a eso se limitaba su clase. Falta mucho incluir la cuestión valorativa, la cuestión de ver cómo es el entorno, no, yo no volvería a pasar cinco años de mi vida estudiando derecho.

4. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

NO: No estoy a favor. Creo que la toga es un obstáculo más que se interpone entre los que dizque saben derecho y los que no sabemos.

De hecho, aunque es otro tipo de toga pero creo que la anécdota tiene relación, todavía recuerdo cuando yo me gradué de abogada, de manera obligatoria unos días antes de la ceremonia final, nos dijeron que todos deberíamos usar toga para hacer el evento formal y solemne, y yo fui la única de toda la generación que no llevé, yo llevé mi vestido y no acepté usar la toga, porque pues qué te da, o para qué diferenciar, solo aparentar que eres más que alguien…, no, yo no estoy de acuerdo

5. En la abogacía es bastante común que exista una especie de herencia dentro de las familias por estudiar la misma carrera que los que te rodean, ¿sientes algún tipo de honor o sentimiento por que tu hijo haya decidido estudiar Derecho?

NO: Pues yo desde que me acuerdo, te dije que nunca estudiaras derecho. Yo te decía que tú tenías mucha capacidad para estudiar cualquier otra carrera pero menos derecho, al final te decidiste irte por esta carrera. Pero, yo creo que a ti además de la Facultad donde estudiaste, algo que te ayudó mucho, digo obvio por lo cual sí estoy muy orgullosa de que hayas estudiado eso, fue tanto el tiempo que te fuiste a la Sierra y cuando te involucraste en los temas de derechos humanos, logrando darle un enfoque diferente y propulsar una visión más amplia sobre el derecho y su forma de enseñarlo.

Ahora sí que estoy orgullosa de lo que has hecho pero a pesar del derecho. En fin, yo todavía sigo creyendo que pudiste ser un gran científico o artista pero bueno hahaha. 

Eres mi mamá, me ves con cariño…

NO: Siempre dices lo mismo pinche Juan.

6. Has ejercido la profesión en el ámbito privado, en el corporativo de una gran empresa trasnacional, y en el ámbito público, a través de distintas funciones en gobiernos municipales y estatales. ¿Dónde crees que se puede lograr una mayor incidencia social aprovechando las herramientas que proporciona el Derecho?

NO: Definitivamente en el ámbito público, porque las empresas ven solo para su propio beneficio y aunque hacen dos o tres acciones en beneficio de lo social, muchas veces es solo por cubrir el requisito y limpiar un tanto su imagen. En el ámbito público, hay áreas, como en la que estuve en Educación, en las que puedes palpar realmente los cambios y los beneficios, a favor de los niños con más necesidades, de escuelas rurales, que ahí, bien orientado y programado todo, yo creo que sí se puede apoyar más. Obviamente, siempre y cuando, seas parte de una administración honesta y ordenada, que busque el beneficio de la sociedad.

7. ¿Cómo mujer te ha sido difícil desarrollarte profesionalmente dentro de un ámbito tan masculinizado como el Derecho?

NO: Sí, sobre todo en los veinte años que trabajé en empresa privada, se notaba mucho las diferencias entre ser hombre y ser mujer. En el ámbito de los abogados, has de cuenta que, muchas veces, te subestiman, te dicen que analices, y que analices, pero las tomas de decisiones importantes siempre quedan en manos de los abogados hombres. A diferencia de eso en Gobierno, ahí sí no he sentido muchas diferencias entre abogados, porque estás en función de las tareas que realizas, pero en el ámbito privado, más que relegada, yo creo que a una no la ven con la capacidad de tomar decisiones importantes.

8. Actualmente te desempeñas dentro del esquema de la tesorería del Estado de Nuevo León, donde, preponderantemente lo que se tienen que analizar son números y dinero, o al menos eso creo. ¿Basta la formación jurídica para afrontar este tipo de retos?

NO: No. Se necesita más preparación sobre todo con las nuevas leyes que han salido de disciplina financiera y contabilidad gubernamental. Es bien importante tener la formación de abogado, pero se necesita más que una carrera adicional, capacitación en materia de contabilidad, de finanzas, que bueno, yo tuve la oportunidad de hacerlo, pero bueno, independientemente de eso, como desde hace tres o cuatro años para acá, el Gobierno Federal trató de evitar, o va a tratar de evitar que los Estados se sigan endeudando más, creando una serie de normativa que necesitas estar muy actualizado y conocer sobre todo la cuestión contable que un abogado saliendo de la Universidad difícilmente la tiene.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

Torreón Infancia feliz
Germán Dehesa De los que más me han hecho reír en este mundo. Y reflexionar
Universidad Autónoma de Nuevo León Mi alma mater
Tesorería del Estado Control y austeridad
México Lo que pudo ser y no fue
Coyote Puro amor y felicidad. Puro cariño. Puras atenciones. Jugar a las comiditas con tierra
Monterrey La ciudad donde nació mi hijo
José “Pájaro” Martínez Me ayudó a desarrollarme profesionalmente, me dejó ser mamá en un tiempo en que las mamás no podías trabajar en la empresa privada. Sí porque ya me iban a correr y el abogó por mi. Muy codo también jaja
Derecho notarial Aburrido
Derecho laboral Es que… Cómo te digo… Corrupción
Harry Potter Londres. Ay. Quiero ir a Londres otra vez. Su música y pues su magia
Jack Bauer El salvador del mundo
Mole Mi comida favorita. Mi mamá. El rancho
Justicia Difícil en este país
Joan Manuel Serrat El amor de mi vida
Piano Me hicieron estudiarlo a fuerza, nunca fui buena
Miguel Bosé He vivido con sus canciones. Me gusta su forma de ser
Derecho Es como una gran esperanza de que algún día se logre
El Quijote Picaresco. Muy entretenido

Viñeta sobre chistes de abogados

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“Los fallos judiciales está acá. Toda esa sección es sobre chistes de abogados”


Viñeta sobre abogados.