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Para la Cátedra de Derecho Penal por Eduardo Galeano

UnknownHoy, 13 de abril de 2015, falleció el escritor Eduardo Galeano (casualmente el mismo día que Günter Grass). No solo uno de los principales referentes para entender eso que por costumbre llamamos Latinoamérica, sino también, y sobre todo, uno de los poetas más claros para llamar la atención sobre las injusticias del mundo, para describir la condición humana, y para ayudarnos a entender nuestras propias contradicciones.

Dentro de su abundante obra política, ensayística, filosófica, poética (añada aquí __________ cualquier otro calificativo literario que termine en “ica”), existen múltiples denuncias a los sistemas de justicia y sus operadores.

41L6IJbfvYL._SY344_BO1,204,203,200_Recordé una cita, o bueno un instrumento, una referencia específica en su libro Patas arriba. La escuela del mundo al revés, publicado en 1998, por Siglo XXI. Se denomina “Para la Cátedra de Derecho Penal”, y hace alusión al sistema judicial y carcelario en México, en el Estado de Chiapas. Al caso de un indígena tzotzil acusado y condenado por el delito parricidio.

Lo relatado se relaciona directamente con la abogacía y con el debido proceso y las garantías judiciales. O al menos así quiero verlo yo. En concreto, con el derecho del inculpado a ser asistido gratuitamente por un traductor o intérprete, en caso de que no comprenda o no hable el idioma del juzgado, y con su derecho a que se le proporcione una defensa adecuada.

Actualmente el artículo 20 de la constitución mexicana, esa norma programática que enuncia idílicamente los derechos del imputado en el proceso penal,  no otorga el derecho a un  traductor desde el inicio de un proceso para las personas que no comprenden el idioma español por hablar una lengua indígena. Y bueno, de la figura del abogado de oficio mejor no hablamos… En fin. No se trata de explicar esto, sino sencillamente de replicar lo que escribió Galeano al respecto que es más que suficiente para entender un poco la situación.

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La imagen la obtengo de la página 67 del libro en cuestión, en su edición de bolsillo. Que en paz descanse Eduardo Galeano.

No existe un premio Nobel de economía, existe un supuesto premio Nobel de economía. No existe un premio Nobel de derecho, ni existe un supuesto premio Nobel de derecho

nobel-medalQuímica, física, medicina o fisiología, literatura y paz. Estos son los únicos 5 campos que Alfred Nobel señaló en la versión final de su testamento de 1895 para instituir un premio anual dirigido a aquellas personas que durante el año anterior “hayan aportado el mayor beneficio a la humanidad”.

No obstante la existencia de un premio comúnmente denominado “Nobel de economía”, no existe como tal el premio Nobel de economía. Pues dicho premio fue instituido en por el Banco Central de Suecia en 1968 utilizando como pretexto la celebración de su tricentenario.

A pesar de que fue creado con un nombre parecido (Premio en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel, fundador del Premio Nobel), confeccionado con diferencias estéticas mínimas en comparación con las otras medallas otorgadas y con una cantidad de dinero que, aunque no patrocinada en su totalidad por la fundación Nobel, resulta de un monto similar a las demás; el supuesto premio Nobel de economía, a lo largo de los años, ha ido generando una percepción de uniformidad entre todas las categorías premiadas.

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Medallas a detalle.

Percepción falsa, pero percepción al fin, que equipara a la economía con las otras disciplinas laureadas, para encarecer su significación y su preponderancia.

Philip Mirowski, profesor de la University of Notre Dame, especialista en historia y filosofía de la economía, afirma que una de las principales razones de incluir tal premio (que suele ser bastante desconocida) fue que a finales de la década de los sesenta, en medio de una gran disputa política en Suecia, el Banco trató de ser una entidad más independiente respecto al gobierno en turno o los sindicatos y sobre todo en relación a la rendición de cuentas. Para apoyar tales postulados, más allá de buscar un soporte político, lo que se pretendió fue erigir una percepción científica creíble de la economía para lograr su cometido.

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Friedman y Pinochet, en 1975.

Hasta 2013, de las 74 personas laureadas, en las cuarenta y cinco ediciones que se ha entregado el galardón, solamente una ha sido mujer, 43 han nacido en Estados Unidos y alrededor de una cuarta parte de los mismos son provenientes de la llamada “Escuela de Chicago, liderada por Milton Friedman, cuyos antecedentes lo sitúan como el principal artífice y divulgador de la doctrina neoliberal contemporánea.

Y es que parece olvidarse que en aquella época las teorías económicas neoclásicas no gozaban de la aceptación y difusión global que obtuvieron a partir de los premios. El catapultar proposiciones específicas como dogmas económicos a partir de los efectos posteriores provocados por el galardón, como principal institución internacional de reconocimiento y excelencia científica, se encargó de guiar a la opinión pública y posicionar portavoces dentro de una profesión que carecía de ellos. Así, la economía, al equipararse con las otras disciplinas laureadas, encareció su significación y preponderancia. En fin.

En ese sentido, no existe un premio Nobel de derecho. Tampoco existe en supuesto premio Nobel de derecho. O acaso un galardón que celebre universalmente a esta disciplina.

A diferencia de la arquitectura donde existe el Premio Pritzker, o la Fields Medal para descubrimientos sobresalientes en el campo de las matemáticas, en el área del derecho no existe un galardón al respecto que cuente con una importante tradición que lo avale o con un respaldo internacional mayoritario.

Sin embargo, siempre hay un sin embargo, cabe hacer mención que justo en 2012 se instituyó la entrega cada 2 años de los Premios Tang, galardones de origen taiwanés, fundados por Samuel Yin (empresario, filántropo y considerado, según la última edición de la lista que publica la revista Forbes, como la novena persona más rica en el mundo) y respaldados por el instituto de investigaciones académicas más importante de China, la Academia Sínica.

28356_9560400.128.8128CL4H_2013資料照片_copy1 Estos premios fueron ideados para reconocer, con una suma de dinero mayor que la de los Premios Nobel, las investigaciones novedosas en distintos campos, que contribuyan a la creación de otra era dorada en la historia de la humanidad.

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Gráfica de los premios con más cuantía en el mundo.

Ahora bien, agárrense, dentro de las categorías premiadas se encuentra la denominada “Estado de derecho”, cuyo objetivo es promover: “que en última instancia, el derecho, tanto en la teoría como en la práctica, corone la paz, los derechos humanos y el desarrollo sostenible con el fin de servir al bien común de la humanidad y la naturaleza”.

albie-sachs¿Será acaso este premio el que dentro de algún tiempo pueda ser llamado el premio Nobel de derecho? Quién sabe. De entrada parece que no. Esto, porque el primer galardón entregado (hace solo un para de meses) fue para Albie Sachs, ex juez de la Corte Constitucional de Sudáfrica que bien antes de distinguirse propiamente por su actividad intelectual o por desarrollar teóricamente postulados jurídicos de aspiraciones transversales, su actividad se ha desplegado preponderantemente en el campo de la tutela jurisdiccional de los derecho o propiamente dentro del activismo de los derechos humanos.

Yo hubiese esperado nombres como Posner, Ferrajoli, Atienza, Alexy, Boaventura, MacKinnon, Cançado Trindade…

No sé. Pero si lo que se pretende es celebrar y propulsar el activismo en la materia, tal vez pero solo tal vez, antes que crear otro premio, sería más adecuado seguir promoviendo otros galardones, como por el ejemplo el premio Martin Ennals para Defensores de los Derechos Humanos.

¿Cuántos abogados han ganado el premio Nobel de literatura?

Recién finalizó la semana de entrega de unos de los premios más mediáticos (¿y prestigiosos?) del mundo. No me refiero a los premios Oscar, sino a los premios Nobel.

Este 2014. El de literatura lo ganó el novelista francés, de origen italiano, Patrick Modiano. Significando que, por quién sabe cuántos años consecutivos, Haruki Murakami (otra vez) no ganó.

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No existe un premio Nobel de derecho. No obstante, a lo largo de la historia de los premios han sido distintas las personas laureadas que han cursado estudios en derecho.

Me centraré en el premio Nobel de literatura. Pues además de las influencias recíprocas entre derecho y literatura, es bien conocido que un gran número de personas que han comenzado estudiando derecho, terminan escribiendo literatura, o bien sencillamente abandonando la primer carrera, o por el contrario, utilizándola como trampolín para ejercer el oficio de la escritura, o incluso adecuándola y haciéndola compatible con otras actividades afines.

Y es que tanto literatos como juristas tienen el común denominador de ser personas que profesan y cultivan las letras, aunque en sentidos opuestos (sin que esto necesariamente sea incompatible).

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Neruda no estudió derecho, aunque siempre estuvo relacionado con el mundo de la diplomacia. Precisamente se le atribuye a él quien haya sido quien sonsacó a Paz para que no se titulara como abogado y se involucrara de lleno en la literatura.

A continuación, presento las personas (dentro de los 111 premios Nobel de literatura que se han entregado en 107 ocasiones desde 1901 hasta 2014) que han iniciado estudios formales de derecho y que han ganado el Nobel de literatura.

De antemano, es pertinente señalar que la lista es engañosa. Pues no por decir que hayan estudiado derecho, significa que hayan ejercido propiamente la profesión, o de plano terminado la carrera. De ahí que con un asterisco se señalan aquellos que iniciaron sus estudios para ser abogados pero a la postre prefirieron abandonarlos.

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La lista es de elaboración propia. Cualquier corrección o enmieda es bienvenida.

Respondiendo a la pregunta de ¿cuántos abogados han ganado el premio Nobel de Literatura? Hasta 2014, la respuesta, en sentido estricto, sería ninguno. A caso se podría decir que Theodor Mommsen quien era romanista y catedrático de derecho en distintas universidades en Europa. Sin embargo, respondiendo en sentido amplio, se podría afirmar que 17, de los cuales 6 abandonaron la carrera en derecho y 11, sencillamente, nunca ejercieron o más bien prefirieron dedicarse por entero a la creación literaria.

Roberto Bolaño sobre los abogados (también sobre los políticos y los escritores)

“Tengo diecisiete años, me llamo Juan García Madero, estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. Yo no quería estudiar Derecho sino Letras, pero mi tío insistió y al final acabé transigiendo. Soy huérfano. Seré abogado. Eso le dije a mi tío y a mi tía y luego me encerré en mi habitación y lloré toda la noche. O al menos una parte de ella”.

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Así inicia el segundo párrafo de una de la mejores novelas mexicanas que se han escrito en los últimos tiempos, Villoro dixit, Los detectives salvajes de Roberto Bolaño.

Para nada resulta casual que Bolaño haya decidido hacer énfasis, desde la primer página de su máxima obra, sobre la tensión existente entre derecho y literatura.

Existe una gran, pero gran, cantidad de escritores que han iniciado la carrera en derecho, o combinando ambas profesiones, o abandonando alguna de las dos, o sencillamente con la finalidad de tener un respaldo, en caso de que su producción literaria no llegué a buen término.

Sin embargo, las referencias a la profesión jurídica, o al mundo del derecho, a través de la narrativa de Bolaño, se encuentran perspicazmente matizadas para fungir como catalizadores que conducen, de manera invisible, la historia pretendida.

Un buen ejemplo de esto que menciono se encuentra en “El Gaucho Insufrible”, cuento que inaugura el libro de cuentos y ensayos con el mismo nombre. No doy spoilers.

Justamente, hoy se cumplen once años del fallecimiento del escritor nacido en Chile. Su obra abordó múltiples temas. Pero inevitablemente, al final, Bolaño siempre pero siempre escribió sobre escribir, sobre literatura.

En el libro póstumo Entre paréntesis, que recoge sus artículos, ensayos, crónicas y entrevistas a lo largo de su vida, se encuentra una referencia clara hacia los abogados, aunque, obviamente, abordadas de forma tangencial debido a su obsesión por escribir sobre escribir.

El texto se llama “Exilios” y trata, brevemente, la idea de la abogacía como profesión de índole local, con dificultades para ejercerla fuera del lugar donde se haya estudiado, en contraposición con la del escritor. Destaco la imagen del pez fuera del agua que me parece precisa.

La cita es la siguiente:


En el mejor de los casos el exilio es una opción literaria. Similar a la opción de la escritura. Nadie te obliga a escribir. El escritor entra voluntariamente en ese laberinto, por múltiples razones, claro está, porque no desea morirse, porque desea que lo quiera, etc., pero no entra forzado, en última instancia entra tan forzado como un político en la política o como un abogado en el Colegio de Abogados.

Con la gran ventaja para el escritor de que un abogado o un político al uso, fuera de su país de origen, se suele comportar como pez fuera del agua, al menos durante un tiempo. Mientras que a un escritor fuera de su país de origen pareciera como si le crecieran alas.

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Bukowski sobre los abogados (también sobre doctores, plomeros y escritores)

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Eran los abogados, médicos, y los plomeros, los que ganaban dinero. ¿Los escritores? Los escritores se morían de hambre. Los escritores se suicidaban. Los escritores se volvían locos.