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Una lectura de la constitución a partir de Harry Potter

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Hoy cinco de febrero es día de la constitución mexicana, texto mágico. Literatura ficción. Algo no apto para muggles. Siguiendo esa lógica, entonces, realizaré una una lectura al estilo Harry Potter, a partir de los títulos de los libros del mago, condensando algunos artículos para su mejor entendimiento

  1. Harry Potter y las piedras preciosas en los yacimientos como dominio directo de la Nación (art. 27)
  2. Harry Potter y la cámara de diputados y la de senadores (art. 50)
  3. Harry Potter y el aprisionado por deudas de carácter puramente civil (art. 17)
  4. Harry Potter y la fisCALIZación Superior de la Federación (art. 79)
  5. Harry Potter y el orden público (art. 6)
  6. Harry Potter y el misterio del principio pro persona (art. 1)
  7. Harry Potter y las reliquias del constituyente de 1917 (preámbulo)
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Parecidos jurídicos razonables No. 5: Venustiano Carrazna vs. Capitan Davy Jones, de Piratas del Caribe

Hoy es 5 de febrero de 2017, hoy cumple cien años la constitución mexicana… La primera en el mundo en incluir una gama en derechos sociales y la última en garantizarlos. Aplausos y confeti.

Sin duda, el mero hecho de llegar a los cien años de edad, es todo una hazaña, aunque la verdad (por tantas reformas), ya poco queda del texto original. Imaginemos a una persona que alcanza el centenario de su vida, pero que durante el transcurso de la misma tiene varias operaciones fuertes, implantes, amputaciones, incluso un transplante de corazón, cirugías estéticas, múltiples transfusiones sanguíneas…, en fin, una infinita lista de operaciones que ni el mismo Frankenstein imagina, bueno pues algo así, como un pinche un androide todo desfigurado e indistinguible, que causa repugnancia y aversión, pero que uno, al final del día, se alegra porque este todavía sigue vivo. Con ustedes, la consti…

Y bueno, está bien, habrá muchas cosas que decir sobre la misma, de hecho ya se están diciendo, los constitucionalistas no caben de alegría y están organizando foros al respecto. Fiesta y pachanga, que es lo que caracteriza a los mexicanos, no puede faltar. Eso que quede claro, quizá el país se está cayendo a pedazos pero el jolgorio no nos lo expropia nadie. Pero algunos se están pasando de la raya, se están mamando (en lenguaje accesible). La verdad, glorificando la constitución hasta más no poder y haciendo homenajes a lo pendejo, difícilmente se podrá generar algún cambio, o siquiera socializar su texto.

Entre tanta parafernalia y ornamento, bien vale la pena hacer un ejercicio crítico no solo sobre nuestro texto constitucional, sino también respecto a aquellos operadores jurídicos que la estudian, la aplican y la manejan.

Tanto por hacer… Tanto por escribir… Y entre tanta ausencia, ¡infografías!, que hoy en día, parecería que es lo único que sirve, que comunica y que tiene incidencia… (Quiero un Pictoline de mi vida para ver si así puedo entenderme).

Bueno pues mi buen amigo abogado Javier Contreras me mandó una infografía, que está bastante bien sobre las reformas a la constitución, pero que tiene pintando a un Venustiano Carranza que, inmediatamente, me hizo recordar al capitán Davy Jones, de la película Piratas del Caribe.

La irrealidad de la estilizada barba de Carranza y su pararelismo con un calamar pirata, me parece la metáfora perfecta de la constitución mexicana.

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8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Andrés Rossetti

El pasado día viernes 20 de noviembre de 2015, en una casa de campo en la ciudad de Jesús María en la provincia de Córdoba, Argentina, tuve la oportunidad de entrevistar a Andrés Rossetti (Córdoba, Argentina 1961).

8777_4858137213345_463026128_nAndrés, el “Chicho”, es abogado por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), cuenta con un Magister en Derecho Internacional de los Derechos Humanos en la Universidad de Lund, Suecia y es Doctor en Derechos Humanos en la Universidad de Palermo, Italia. Actualmente se desempeña como profesor de Derecho Constitucional y de Derecho Procesal Constitucional en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNC, y también imparte la materia de Teorías de la Justicia en el Master en Estado de derecho global y democracia constitucional, organizado por el Instituto Tarello para la Filosofía del Derecho, de la Universidad de Génova, entre otros cargos.

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Jesús María, 2015.

Me hice amigo del Chicho gracias a la literatura. Después de que nos impartiera una charla sobre el derecho a la protesta social, en el marco del Seminario de Teoría Crítica de la Carlos III de Madrid que dirigen Carlos Lema y Silvina Ribotta, varios alumnos y profesores nos tomamos un café para seguir discutiendo sobre el tema ya de manera más informal. Creo recordar que hablábamos de las protestas que resultan un tanto disparatadas, poníamos como ejemplo cuando la gente salió a las calles para exigir la recontratación de un prestigioso director técnico de una selección nacional de fútbol, cuando diversas personas se organizaron para denunciar las canciones de Ricardo Arjona, o bien cuando unos estudiantes marcharon para reclamar que el quidditch (deporte practicado en el mundo fantástico de Harry Potter) fuera instituido dentro de su universidad…

Más allá de las complejas facetas que implica entender a la protesta como un derecho, lo cierto es que muchas veces la realidad resulta insuficiente no solo para el sistema jurídico, sino también para la realidad misma. De ahí, precisamente, la literatura como vehículo de escape pero, al mismo tiempo, también como puente y guía.

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Con Carlos Lista y Rossetti en la UNC.

Al finalizar el café, acompañé a Andrés a varias bibliotecas y librerías madrileñas, y me sorprendió, más allá de su amplio conocimiento literario, ciertas reglas, más bien principios (al estilo del decálogo de Daniel Pennac), que, como todo verdadero apasionado de las letras, tenía y practicaba con vehemencia. En específico, recuerdo la de nunca abandonar un libro una vez que lo ha comenzado, y la de calificarlos con una nota entre el 0 y el 5 una vez finalizada su lectura. Con ese contexto, pensé que quizá le gustaría conocer un nuevo sitio por Fuencarral, una librería alternativa, donde podía entrar, escoger los libros que quisiera y salir sin tener que pagarlos. Era un proyecto muy novedoso cimentado sobre la idea del libre acceso a la cultura y la solidaridad que conlleva el hábito de la lectura. Andrés aceptó gustoso la invitación. La verdad es que yo, como varios impresentables e indecentes amigos, solíamos ir muy de vez en vez y salir cargados con bolsas y maletas de libros…, no sé, era como el paraíso de aquellos que roban libros, sin el nerviosismo y la adrenalina de ser pillado en el acto, no solo la consciencia queda tranquila, sino que la selección se torna discreta y la economía personal un tanto más saludable. El caso es que entramos, Andrés se detuvo en varios libros, preguntó algunas cosas sobre el funcionamiento de la librería, y después de un buen rato nos fuimos. Yo con algunos libros en la manos, él con ninguno. Sorprendido, le pregunté que por qué no agarró alguno, me contestó que no sabía, que se sentía raro tomando libros y después irse así nomás, que no, que no era su estilo, pero que le parecía un proyecto interesante. Su respuesta me pareció convincente, pues devela el carácter genuino, franco, y sobre todo empático que, tiempo después, conocería en su persona.

Agradezco al Chicho por la presente entrevista, por su inmensa generosidad y su indestructible buena disposición. Por su amistad sincera y desenfadada, su sentido del humor y su ímpetu por la literatura, por ese arte en manos de genios como Bolaño, Cueto, Baricco, Pamuk, Coetze, Belli, Padura, cuya lectura tal vez no nos hará mejores abogados pero, en definitiva, sí mejores personas…, pues, como escribiría el poeta Tomás Segovia al traducir la dilemática primera línea del afamado soliloquio hamletiano, “de eso se trata”.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más, a Andrés Rossetti.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Andrés Rossetti (AR): Litigio. Podrían ser otras (justicia, tribunales, derecho, constitución, códigos, conducta, pero la primera que me vino es esa).

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

AR: Kelsen. También aquí, este es el primero que me vino a la cabeza, pero la lista, variada y con diferentes características, podría ser enorme si lo pienso un poquito. Es más, hay una cierta contradicción entre mi primera contestación (litigio) y la segunda (porque Kelsen no era una “abogado litigante”), lo que puede tomarse como un “síntoma”, en algún sentido, de la “amplitud” de lo “abogadil”.

3. ¿Alguna vez pensaste ejercer como abogado?

AR: Sí, con muchas dudas pero sí. Es más, por unos pocos años, ejercí como abogado litigante. Hoy ejerzo “la abogacía” desde la enseñanza, el estudio, la investigación, pero no litigo. 

¿Y qué pasó, por qué no lo hiciste?

Porque me di cuenta que no era lo mío. Odio el litigio, y quizás por eso mismo contesté eso en la primera pregunta. Lo paradójico es que yo formo abogados, convivo con abogados, provengo de una familia de abogados…, pero le tengo entre respeto, miedo y terror a los abogados. Me parece que son sujetos de mucho cuidado, que en realidad, al final, son como todos (médicos, ingenieros, arquitectos, etc.), pero, quizá, justamente como los conozco más de cerca, y manejan aspectos delicados vinculados muchas veces con la “miseria” humana, les tengo “miedo”.

Uno cuando entra a la facultad de derecho, o por lo menos en mi caso, no tiene idea a lo que se mete. Tan es así que yo, por el colegio que había ido, tenía la oportunidad de entrar directo a cualquier facultad sin realizar el examen de ingreso que en ese entonces existía y tenía en mente cuatro diferentes carreras: periodismo, literatura, economía y derecho. Y te cuento que cuando pedí el certificado de mi colegio para inscribirme lo pedí para economía. La que tendría que haber realizado era, quizás, literatura (cursé un año, en simultáneo con abogacía), la que hice, abogacía, quizás fué por lo que dice el famoso dicho “serás lo que debas ser o serás abogado”. Pero entré en abogacía y me encantó la facultad pero diría que, más bien, por razones extra-jurídico o “extra-curricula”, ya que había mucha gente del interior del país y de la provincia de Córdoba con visiones muy distintas, mas abiertas en muchos casos que las que había frecuentado. Me resultó fascinante y con muchas de aquellos compañeros he recogido amistades genuinas que siguen y son para siempre. Pero insisto, más que por el contenido, por el ambiente. Además, durante mi cursado empezaba a terminar (y terminó) la peor dictadura de la historia argentina con sus nefastos y criminales consecuencias, y se abría un proceso hacia la democracia que era todo nuevo porque se iniciaba a respirar —para mi casi por primera vez debido a mi edad— aires de libertad. 

El contenido de la carrera —esto lo he ya relatado en un artículo que publiqué en homenaje a Ricardo Caracciolo y que se consigue en Internet (Sobre los derechos colectivos), me resultaba fácil, y, en realidad, solo tenía que memorizar y repetir para aprobar las materias, ya que se exigía “razonamiento cero”. Y seguramente, como lo has escrito en algunos de tus artículos y lo mencionaste en la charla que impartiste aquí en la Universidad de Córdoba hace unos dias, yo entré a la facultad creyendo que me encontraría con la “justicia”. Salí con una idea diferente y una visión diferente del derecho. Contradictoriamente, empecé a entender qué es el derecho —si se puede decir que lo he entendido— recién después de recibido.

Empecé a trabajar cuando era estudiante: trabajé en la universidad y en el poder judicial pero en éste solo durante cuatro meses y medio, porque, cuando todo el mundo aspiraba a entrar, yo renuncié, ante un ofrecimiento de un estudio civil de abogados que me pagaba el doble y trabajando dos horas menos. En base a estas dos últimas experiencias y después de casi dos años de estar en contacto con “el litigio”, me di cuenta que no era lo mío. 

Sin embargo, después llevé algunos casos, casi siempre juicios relativamente simples vinculados con amigos, con familia y poco más. De hecho, hasta hoy sigo teniendo la matrícula de abogado, no “litigo” pero la conservo. Esto resulta un tanto extraño porque además de enseñar derecho constitucional, otra de las materias que imparto es derecho procesal constitucional, y si bien yo no veo esto como una contradicción, en el contexto argentino, se lo suele entender como tal ya que se considera que para enseñar “procesal” tienes que llevar procesos, lo que por cierto no es así.

Muchos años después de recibido aunque no ya como abogado litigante, tuve mucho contacto con problemáticas jurídicas concretas, trabajando en el Estado, vinculadas incluso con los litigios por lo que de alguna u otra manera “ejercía” en litigios indirectamente. Me dediqué, en esos tiempos a asesorar en temas constitucionales y cuestiones de técnica legislativa. Trabajé seis años (cuatro en la provincia, dos en la municipalidad). Terminé renunciado cuando me voy a estudiar a Suecia, que para mi es el fin del ejercicio de la abogacía entendida ella como litigio.

4. Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho?

AR: Quizá sí, porque el estudio del “derecho”, no el “litigio”, me parece muy interesante. ¿Literatura? Seguro. Periodismo, no. Economía, a pesar de que me parece una disciplina clave, tampoco, por citar las cuatro que tuve en mente al momento de iniciar mi carrera universitaria. Creo que, con el conocimiento que tengo hoy y volviendo en el tiempo, la dicotomía fuerte que tenía entre literatura y derecho sería muy difícil de resolver y posiblemente estudiaría ambas…, aunque hoy tendría en cuenta también otras alternativas más: sociología, antropología, filosofía, ciencias políticas, por ejemplo.

Creo, sin embargo, que he encontrado -porque es notable como en la vida uno a la larga, si se puede y se tiene alguna dosis de suerte, lo logra- la actividad que quería hacer y apropiada para mi: investigación y docencia sobre aspectos vinculados con derechos humanos. Por cierto, partí desde una situación de privilegio que me dió márgenes de elección. La mayoría de las personas no tiene grandes alternativas de elección por razones económicas, personales, culturales, etcétera. Siempre hay posibilidades de elección, en algún sentido, pero algunos la tienen en forma amplia y otros muy restringida. Yo, entonces, dentro de mis márgenes, he logrado la conjunción de lo que, quizá inconscientemente, siempre quise… Creo que el campo de los derechos humanos y su estudio mezcla la docencia (que siempre me gustó y me apasiona), la investigación, el derecho, la ética, la literatura, el cine y tantos otros aspectos. Es decir, se logra una especie de mezcla completa de todo un montón de cosas que siempre llevé adentro y sigo cultivando. Además, creo que es muy necesario que se debata, se discuta, se estudie, se conozca. 

Por tanto, no estoy arrepentido de haber estudiado derecho y quizás lo volvería a elegir, ello más allá del terror que me producen los abogados, de que no me gusta el ejercicio profesional del litigio, etc.… Pero el derecho me parece un campo muy interesante para trabajar, más relacionado con los derechos humanos y con otras áreas, no estudiado en forma aislada.

5. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

AR: En contra. Me parece un anacronismo en el siglo XXI. Sin embargo, muchos muchos podrán decir que es una mera formalidad más e incluso, los primeros dos argumentos que se me ocurre usarían para defenderla son: el de la tradición y el del respeto.

Creo que el argumento de la tradición es malo: la esclavitud, por dar un ejemplo llevado al extremo, también se podría haber considerado una tradición y no por eso había que mantenerla.  

Y sobre el tema del respeto, el mismo pasa por otro lado. Esto vale para lo que pasa dentro de las facultades de derecho. Es decir, vos no ganás el respeto de los alumnos y de la comunidad académica por usar traje y corbata. Un buen docente, un buen abogado, un buen juez no se determina porque tenga toga o no tenga toga, use corbata o no la use, sino que pasa por cómo recibe al cliente, como trata al estudiante, al ciudadano, que conocimientos y capacidad tiene y con qué seriedad transmite, cómo argumenta, como motiva, etcétera… 

Es verdad, vivimos en una sociedad de apariencias, una sociedad donde nos han metido tanto la idea de que no solo hay que ser, sino parecer, entonces, seguramente te va a costar más, entrar y ganarte el respeto en el campo jurídico, en caso que no uses la toga (o el traje y la corbata, según los casos) de entrada a si te “adaptás” y la usas. Puedo entender que los más jóvenes se sometan a este anacronismo si se los imponen (y muchas sociedades lo hacen), pero creo que los que somos más viejos, los que tenemos cierta experiencia dentro de esto, tenemos que buscar el cambio justamente para decir: ¡No. Acá lo importante no es la apariencia! La toga, además, pone distancia entre los sectores sociales y académicos.

6. Por lo general, el rol que realizan los abogados lo ejecutan en complicidad con el sistema en el que se desempeñan, perpetuando un sinfín de postulados empatados con la obediencia y la colaboración de las estructuras jurídicas.

Hace algún tiempo escribiste sobre derecho a la protesta social y sus respectivas consecuencias y derivaciones. Extrapolando el tema al campo de la abogacía, te pregunto: ¿están los abogados en una posición importante para poder impulsar este derecho, o por el contrario su profesión se los impide?

AR: Así es, en relación con tu primera afirmación.

En lo que se refiere a tu pregunta, hay muchos aspectos por considerar. Lo primero es que sí, los abogados están en una posición importante para impulsar el cambio en general y este derecho en particular. Claro, si se vive en sociedades más justas la protesta social se va tornando cada vez más innecesaria o superflua. No es la realidad, lamentablemente, que nos toca vivir, ya que nuestras sociedades (latinoamericanas) son las más desiguales del planeta, con todo lo que eso comporta. Por tanto, los abogados pueden ayudar, y son determinantes, para que las conquistas sociales puedan ser una realidad, pero esto tiene riesgos y costos. Y así cabe resaltar que hay algunos abogados que han arriesgado sus vidas para tratar de impulsar causas justas en distintas formas. Una de las formas de reclamar que se tiene es la protesta social que en muchos casos se vuelve uno de los únicos medios posibles de reclamo para algunos sectores, en sociedades tan desiguales como las que vivimos. Y el abogado participa en distintas formas en ellas, o porque acompaña directamente, o porque defiende a las personas que son criminalizadas por su protesta, etc. De todos modos, dejando las excepciones, como regla, el abogado es un sujeto de poder, que suele formar parte del “establishment” o estar a su servicio entonces no está muy preocupado por la defensa de los derechos humanos de los más vulnerables, sino al contrario, por lo que su “impulso” por este derecho suele ser escaso, en general.  

Por cierto que los abogados pueden, entonces, impulsar estos temas, claro que lo pueden hacer, porque tienen todo el poder fáctico y técnico para realizarlo, sin embargo, no siempre les interesa hacerlo, porque la protesta viene en buena medida a poner en jaque, o cuestionar precisamente su poder, su estatus, sus privilegios. Además, salvo en casos de ONG’s que se preocupan por el tema y por tanto garantizan la necesaria cobertura económica que toda defensa suele requerir, la defensa de las protestas populares no suele ser rentable.

7. Una de las cuestiones más graves que enfrenta hoy en día Argentina, y en general toda la región latinoamericana, es el problema de la pobreza. Dicho tema encuentra reflejo en muchas situaciones de índole jurídica, como por ejemplo el acceso a la justicia, y el derecho a la debida defensa… ¿Qué se te ocurre que pueden hacer las personas que ejercen la abogacía frente a este panorama?

AR: Bueno, este es un tema que sí necesitaría muchas horas para explayarme. Nosotros acabamos de sacar un libro sobre pobreza y derecho (Derecho y pobreza. Un análisis desde el método de casos, Córdoba 2015), y yo escribo en dos capítulos allí, uno sobre sistema interamericano, pero en el otro justamente me pregunto qué puede hacer “el derecho” (o que puede hacerse con la ayuda del derecho) y respondo que el derecho es un instrumento y cómo tal depende de como sea utilizado. Está vinculado con quien lo invoque y lo utilice y, por cierto, con quien lo resuelva y determine en definitiva. Está vinculado con el poder. Los que tenemos que hacer algo somos los seres humanos, con la ayuda del derecho para cambiar situaciones injustas como lo es que muchos vivan en la pobreza cuando existe simultáneamente la riqueza y la opulencia. No es tanto un problema de derecho, en realidad, sino es más un problema de los seres humanos que no quieren, no pueden, no saben (segun los casos) como cambiar el derecho para lograr sociedades justas donde la pobreza en desigualdad no exista. El derecho, por cierto, es muchas veces “instrumental” para que esto no cambie, o incluso se profundice en algunos casos. Pero esto depende y se relaciona con el poder y, generalemnte, los seres humanos involucrados con el derecho, los actores jurídicos, seguramente, estamos en mayores y mejores condiciones de poder hacer algo más para cambiar que la persona que se encuentra en la situación de pobreza. La pregunta es: ¿lo hacemos?

La persona en situación de pobreza cuenta con pocos elementos para poder exigirle “al derecho” algo, porque está en una grave situación de indefensión y de vulnerabilidad, quizá la protesta es de lo poquito que puede hacer, pero, muchas veces, termina siendo reprimida y castigada con el aval de las mismas normas jurídicas que permiten estas actitudes represivas.  

Son las personas quienes podemos realizar los cambios. Claro, los actores jurídicos en mayor medida en cuanto personas con algún grado de empoderamiento y situación privilegiada (un título universitario, probablemente, ya nos garantiza una situación de “no pobreza”) tenemos aún más responsabilidad frente a la falta de cambio, ya que contamos con mejores elementos para reclamarlo e impulsarlo…

Con las herramientas que otorga el derecho, los abogados, los actores jurídicos, tienen la obligación de pelear para que vivamos en una sociedad donde los derechos humanos se respeten para todos, y no solamente para algunos (incluídos, por cierto, el derecho de acceso a la justicia y el derecho a la defensa para todos, que tu planteas en tu pregunta).

El derecho tendría que empezar a avanzar también, más allá de las responsabilidades estatales, en los deberes y en las responsabilidades de los mejor posicionados frente a los peor posicionados. Este es un tema que se debe construir, trabajar, pensar, y luchar porque, por supuesto, entran a jugar otros intereses que se tocan y que generan resistencia y por eso estamos como estamos. Además, por cierto, se vincula con temas como la libertad, la autonomía, los planes de vida. Estoy convencido de que desde el derecho (o con su ayuda) sí se puede hacer algo, y seguramente mucho más de lo que hoy se hace…… pero no depende tanto del derecho……

8. El persistente estado de crisis en el que nos encontramos pone de manifiesto que final del día las crisis económicas son crisis de derechos. En tal sentido, ¿pueden los abogados garantizar derechos?, o en otras palabras, ¿pueden los abogados fungir como garantes de la constitución?

AR: Los abogados por supuesto que pueden, y deben en algún sentido, pero hay bastantes problemas en esta pregunta, porque, habría que determinar qué es la constitución. No es lo mismo la constitución que rige bajo una dictadura sin reconocimiento de derecho que una progresista que los incluye en democracia. Entonces: ¿cuál debe ser el rol de los abogados? ¿Defender a muerte una constitución, o defender otros valores y otros principios? En su caso cuáles y determinados por quien. No puede darse una respuesta única, entonces, a tu pregunta pero yo diría que el compromiso de los abogados tiene que ser con pautas éticas en serio (honestidad, transparencia, seriedad, respeto, solidaridad, etc.) y con la defensa de los derechos humanos. Es mi concepción, pero seguramente habrá muchos abogados que prefieran comprometerse exclusivamente con los intereses de su cliente, o con el dinero, el poder……

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

Milán

Familia

Alonso Cueto

Escritor peruano, poco conocido pero, quizá, incluso más brillante que EL conocido (jajaja)

Discos compactos

Una bella obsesión, que creo me va acompañar el resto de mi vida

Katarina Tomasevski

Profesora. Ejemplo de seriedad, capacidad y docencia

Córdoba

Lugar donde nací. Mi mundo. Mi hábitat. Lugar que justamente porque quiero tanto, lucho mucho para que mejore. Mi lugar en el mundo

Mauricio Macri

Un empresario “hijo de papá” devenido en político. Oportunista, que en base a lo que ya ha hecho, a su historia y quienes lo acompañan poco bien puede hacerle a la Argentina y su pueblo si llega al gobierno…

Europa

Contradicciones y belleza. La cuna de nuestra cultura pero a su vez, al conocer su historia, mucha de su riqueza y bienestar está vinculado con grandes atropellos realizados en el resto del mundo

Leonardo Padura

Escritor cubano que descubrí el año pasado -lo que habla de mi ignorancia- ya que leí un texto que me fascinó, fue el mejor libro que leí en 2014 (El hombre que amaba los perros)

Universidad Nacional de Córdoba

Córdoba era mi lugar, pero lugar más macro… La Universidad de Córdoba es mi lugar más micro. Soy hijo de docente de esta universidad, fuí a colegio que pertenece a esa universidad, y después entré a la carrera de abogacía y de esa Facultad ya nunca más salí. Por eso es que me importa tanto y sufro frente a los atropellos, discriminaciones, injusticias que se viven, en particular en mi Facultad de Derecho..

Cristina Redondo

Gran amiga y, además, una de las personas más brillantes que conozco, porque sabe unir una inteligencia muy aguda, muy seria, con calidez, con simpleza, con cultura general, con amistad. Sabe disfrutar de las cosas sencillas de la vida. Y, “last but not least”, aun siendo brillante, no es soberbia, que es un mal muy común en el mundo académico

Protesta social

En un mundo ideal no haría falta. En un mundo tan poco justo como el nuestro, la protesta social es la única arma que le queda a los invisibles

Ricardo Caracciolo

Maestro de maestros. Gracias a sus seminarios, principalmente, aprendí a razonar el derecho y no solo a repetirlo

Encuentro de Derecho Constitucional y DDHH en Jesús María

Una idea media loca que surgió en un congreso y que fue una reunión de amigos y que, como muchas veces pasa, se ha ido institucionalizado. Este año ya son dieciséis ediciones ininterrumpidas. Un efecto disparador para mucha gente que viene, para pensar el derecho desde perspectivas diferentes. Pequeños granitos de arena que uno trata de hacer, con la esperanza de ayudar a construir una visión menos conservadora del derecho que permita ir hacia una sociedad mejor, más justa

Justicia

Algo muy difícil de definir, pero algo que persigo casi exageradamente

Seminario de Jurisprudencia Constitucional y Método de Casos

El ámbito que más disfruto en la facultad de derecho. Un ámbito de horizontalidad, de discusión, de respeto, pero a su vez de estudio y de reflexión. Una especies de oasis, en ese ámbito de repetición, donde la única autoridad es el mejor argumento, no el que da el profesor titular o el director del seminario. Además, compuesto por un grupo humano excepcional

Argentina

La vida hizo que me tocará, por casualidad como a todos les pasa, nacer aquí. Yo creo poco en los países, en el fanatismo basado en las cartografías. O sea, desconfío mucho de los nacionalismos, de las patrias, pero a su vez estamos fraccionados así, y no deja de ser una carta de presentación   que se vincula con la identidad y la pertenencia de cada uno. Y bueno, más allá del fútbol y de otras cosas, seguramente hay un “ser” nacional, en ese sentido, y Argentina es un país que amo entrañablemente, amo su música, su literatura, a la mayoría de su gente, a pesar de que, muchas veces, me cuesta entenderla y que creo que tiene pocas perspectivas de salir seriamente adelante, como debiera ser, si la clase dirigente (política, empresarial, industrial, rural, religiosa, sindical, etc.) sigue, como hasta ahora en su mayoría, siendo mezquina, miope, egoísta y mediocre a lo que, por cierto, se unen intereses externos que coadyuvan tambien en contra

Paolo Comanducci

Un amigo y una gran persona. Otro de los seres más brillantes que conozco. Cuento una anécdota: fue mi director de doctorado. Yo escribí casi trescientas páginas en mi tesis, no sé si buenas o malas, pero sobre un tema clave: el derecho a la redistribución de la riqueza. El hizo un informe sobre ella y cuando lo leí me dije: “¡En tres páginas dice casi mejor lo que yo dije en trescientas!”. Comanducci, además, es un generador y multiplicador de buenas cosas en el campo de lo jurídico y no sólo

Música

Quizá porque soy un desastre para ejecutar y tengo pésimo oído musical -desafino hasta cuando toco el timbre- por eso para mi es una pasión. Es una compañía constante e ineludible, cada día más

Derecho

Un instrumento sí, pero con el que se puede hacer tanto bien, pero también tanto mal. El tema es: ¿los que lo determinan, generalmente privilegiados, quieren el bien de todos?