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Sobre abogados deshonestos y Roberto Bolaño, a 14 años de su muerte

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Ayer, 15 de julio de 2017, se cumplieron catorce años de la muerte de Roberto Bolaño. De que le explotara el hígado mientras escuchaba “Lucha de gigantes” y terminaba su novela 2666. Se dice que la última palabra que escribió fue “México”, con la que precisamente termina dicha obra.

Desde hace años suelo escribir algo por su aniversario luctuoso pero esta vez la ocasión me agarró de viaje en Venecia y sin acceso a Internet. Me dio gusto, porque Bolaño decía que: “El paraíso es como Venecia, espero, un lugar lleno de italianas e italianos. Un sitio que se usa y se desgasta y que sabe que nada perdura, ni el paraíso, y que eso al fin y al cabo no importa“. Imagino, por tanto, que en el paraíso no hay wifi.

Entonces, aproveché la entrada de hoy domingo, y sobre todo también  que mi compadre Iván está leyendo 2666, para volver a algunas frases que tengo anotadas de Bolaño y algunos temas de mi interés.

Me encontré la siguiente que es sobre abogados deshonestos, y creo, en gran medida, también sobre México, pues dichas líneas se desarrollan en una escena que ocurre en tal país. Dicen así…

Si te vejan, te acostumbras. Si te miran por encima del hombro, te acostumbras. Si desaparecen tus ahorros, te acostumbras. Si tu hijo te estafa, te acostumbras. Si tienes que seguir trabajando cuando por ley deberías dedicarte a lo que te diera la real gana, te acostumbras. Si encima te bajan el sueldo, te acostumbras. Si para redondear el sueldo tienes que trabajar para abogados deshonestos y detectives corruptos, te acostumbras.

En México parecería que es fácil acostumbrarse a cualquier cosa (incluso a la corrupción), y no ser consecuentes en los distintos ámbitos en que nos desarrollamos como personas, para el caso concreto me refiero al ejercicio de la abogacía. “La moral es un arbol que sirve para dar moras..., o sirve para una chingada“, reza el clásico refrán acuñado por un priísta de abolengo en décadas pasadas para hacer referencia a las cuestiones valorativas en el ámbito profesional. En tiempos en los que el valor de decir que “no”, de rechazar cosas se difumina entre los compromisos previamente acordados y la cotidianidad, ojalá no nos acostumbremos a las cosas. Yo por ejemplo no me acostumbro a un mundo sin Bolaño.

Roberto Bolaño sobre los abogados (también sobre los políticos y los escritores)

“Tengo diecisiete años, me llamo Juan García Madero, estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. Yo no quería estudiar Derecho sino Letras, pero mi tío insistió y al final acabé transigiendo. Soy huérfano. Seré abogado. Eso le dije a mi tío y a mi tía y luego me encerré en mi habitación y lloré toda la noche. O al menos una parte de ella”.

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Así inicia el segundo párrafo de una de la mejores novelas mexicanas que se han escrito en los últimos tiempos, Villoro dixit, Los detectives salvajes de Roberto Bolaño.

Para nada resulta casual que Bolaño haya decidido hacer énfasis, desde la primer página de su máxima obra, sobre la tensión existente entre derecho y literatura.

Existe una gran, pero gran, cantidad de escritores que han iniciado la carrera en derecho, o combinando ambas profesiones, o abandonando alguna de las dos, o sencillamente con la finalidad de tener un respaldo, en caso de que su producción literaria no llegué a buen término.

Sin embargo, las referencias a la profesión jurídica, o al mundo del derecho, a través de la narrativa de Bolaño, se encuentran perspicazmente matizadas para fungir como catalizadores que conducen, de manera invisible, la historia pretendida.

Un buen ejemplo de esto que menciono se encuentra en “El Gaucho Insufrible”, cuento que inaugura el libro de cuentos y ensayos con el mismo nombre. No doy spoilers.

Justamente, hoy se cumplen once años del fallecimiento del escritor nacido en Chile. Su obra abordó múltiples temas. Pero inevitablemente, al final, Bolaño siempre pero siempre escribió sobre escribir, sobre literatura.

En el libro póstumo Entre paréntesis, que recoge sus artículos, ensayos, crónicas y entrevistas a lo largo de su vida, se encuentra una referencia clara hacia los abogados, aunque, obviamente, abordadas de forma tangencial debido a su obsesión por escribir sobre escribir.

El texto se llama “Exilios” y trata, brevemente, la idea de la abogacía como profesión de índole local, con dificultades para ejercerla fuera del lugar donde se haya estudiado, en contraposición con la del escritor. Destaco la imagen del pez fuera del agua que me parece precisa.

La cita es la siguiente:


En el mejor de los casos el exilio es una opción literaria. Similar a la opción de la escritura. Nadie te obliga a escribir. El escritor entra voluntariamente en ese laberinto, por múltiples razones, claro está, porque no desea morirse, porque desea que lo quiera, etc., pero no entra forzado, en última instancia entra tan forzado como un político en la política o como un abogado en el Colegio de Abogados.

Con la gran ventaja para el escritor de que un abogado o un político al uso, fuera de su país de origen, se suele comportar como pez fuera del agua, al menos durante un tiempo. Mientras que a un escritor fuera de su país de origen pareciera como si le crecieran alas.

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