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8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Rodolfo Vázquez

El día viernes 26 de octubre de 2017, en un café en la Ciudad de México, tuve la oportunidad de entrevistar a Rodolfo Vázquez (Buenos Aires, Argentina 1956).

Constantemente relato una anécdota que me sucedió cuando estando fuera del país, estudiando el postgrado, un grupo de profesores de filosofía, me preguntaron que quién era el mejor filósofo del Derecho en México, y les respondí que un argentino… Pero un argentino que radica en nuestro país desde hace mucho tiempo. Además, aplicando el criterio de interpretación de Chavela Vargas, claramente, se puede afirmar que “los mexicanos nacemos donde nos da la gana”.

Rodolfo obtuvo en México el grado de Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), después de estudiar Derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y Filosofía en la Universidad Iberoamericana (IBERO). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Oxford, Génova y Carlos III y, desde 1979, profesor de tiempo completo en el ITAM, institución que recientemente le otorgó el nombramiento de profesor emérito.

He de comenzar diciendo que no seré yo quien narre los logros intelectuales de Rodolfo, se atreva a compilar sus obras, o incluso pueda realizar un esbozo de su perfil para rendirle homenaje. Sinceramente no me puedo considerar su alumno, mucho menos su discípulo. Esta labor, sin lugar a dudas, corresponde a grandes maestros, juristas que en la actualidad se encuentran ejerciendo una importante labor dentro del Derecho. Sin embargo, en mayor o menor medida, puedo afirmar que muchas de mis ideas o de mis inclinaciones intelectuales se pueden retrotraer a Rodolfo Vázquez.

Esto porque gracias a él, a sus ediciones, a las colecciones que dirige, a sus seminarios, a la revista que fundó, pero sobre todo a la confianza que tiene con los jóvenes, su figura se ha convertido en un referente que trasciende generaciones y geografías, en un maestro indirecto de muchas personas que nunca ha tenido dentro del aula.

prof1050-e12-2016-08-09Alguna vez, charlando con Mica Alterio sobre la enseñanza de la filosofía jurídica en México, se refirió a Rodolfo como el gran y generoso pater familias que a su alrededor ha generado (quizá muchas veces sin querer) un grupo de personas comprometidas no propiamente con sus ideas pero, en definitiva, sí con una determinada concepción sobre el Derecho y la justicia. Y sí, totalmente. Creo que la analogía resulta adecuada porque en tiempos en los que todo es rápido, todo es acción, la obra de Rodolfo y, me atrevo a decir, Rodolfo en sí mismo, surge como una posibilidad y una alternativa. En este lugar que por costumbre llamamos México, en un país en el que primero se sobrevive y después se intenta vivir, la obra de Rodolfo resulta un oasis frente al patético desierto que evita la indispensable necesidad de pensar, una invitación a hacer de la vida un constante ejercicio de reflexión.

Alejado de controversias más nunca ajeno a la misma, Rodolfo Vázquez se erige como un maestro de maestros, como un role model no solo para los futuros filósofos del Derecho en México, sino también para cualquier profesor que aspire a hacer de este mundo algo mejor. Vamos sin prisa porque vamos lejos. Porque iremos más allá de cualquier reforma “estructural”, de cualquier político improvisado.., porque esa es, precisamente, la tarea del filósofo, del pensador, de alguien congruente con sus ideas y su vida.

En lo personal agradezco a Rodolfo su confianza y su tiempo para invariablemente siempre responder y estar atento tanto a mis dudas como a mis necedades. Rodolfo es alguien a quien admiro mucho, su humildad, su inteligencia, y su calma, son características que me hacen creer en que si la filosofía del Derecho tiene futuro, no me cabe duda que será por medio de su pensamiento.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Rodolfo Vázquez.


1. ¿Qué es lo primero que se te viene en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Rodolfo Vázquez (RV): Bueno, lo primero es la formación rigurosa en el conocimiento de la normatividad jurídica, que no debe en ningún sentido ser desplazada por algún tipo de interés estratégico. Cualquier disciplina que aspire a constituirse en un conocimiento científico debe comenzar por conocer su objeto, que en nuestro caso, son las normas y los ordenamientos jurídicos.

En segundo lugar, esperaría, que ese abogado tuviera una formación integral en el sentido de saber contextualizar las normas desde un punto de vista histórico, político y cultural, y se acompañe siempre de una teoría robusta de la justicia, digamos, con la responsabilidad propia de asumir un “sentido de justicia”. Hay que reconocer que nuestras escuelas de Derecho, deudoras de un estéril formalismo jurídico, han sido muy omisas con respecto a esa formación integral y a la interacción que correspondería al Derecho con las demás disciplinas sociales y humanísticas.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

RV: En México he tenido la fortuna de poder conocer algunos juristas ejemplares: Efraín González Morfín, Ulises Schmill; y a maestros que han sido determinantes en mi formación como Ernesto Garzón Valdés, Manuel Atienza, Ronald Dworkin, Luigi Ferrajoli, Jorge Malem, Paolo Coamanducci, y si bien, no personalmente –solo alcancé a conversar con él por teléfono en un par de ocasiones- Carlos Santiago Nino. Entre los discípulos de este último tengo mucha afinidad y admiración por mi querido amigo Roberto Gargarella.

¿Personajes del mundo político, literario o mediáticos? Es difícil seleccionar. Vuelvo una y otra vez a los clásicos de la literatura mundial. Recientemente, y acompañado de charlas y debates, y por consejo insistente de Ulises, he terminado de leer la obra completa de Shakespeare. Con la guía de un recordado amigo cinéfilo, Alberto Sauret, he disfrutado toda la obra de Tarkovski, y bueno, del realismo italiano. En series de televisión no nos perdemos con mi esposa ningún capítulo de Game of Thrones, y entre los políticos, invariablemente me inclino por aquellos que se instalan o se acercan a la socialdemocracia.

3. Conociendo tu trayectoria intelectual parece que siempre estuviste enfocado en estar dedicado por completo a la academia y además conociendo que tú antes que Derecho estudiaste Filosofía…, ¿alguna vez pensaste ejercer como abogado, propiamente como litigante?

RV: Sí pensé hacerlo, pero más por un sentimiento de culpa, que por una verdadera vocación al litigio, por ejemplo.

Sí, estoy consciente de que una buena práctica jurídica ayuda incluso para una buena teoría jurídica, pero si debo de ser muy franco, mi vocación ha sido siempre la enseñanza. Mi lugar natural es la universidad. No me concibo en otro contexto: ni político, ni en un despacho jurídico, ni como activista social. Ello no me ha impedido estar atento a la actividad de los actores jurídicos pero la formación teórica-filosófica me ha ganado siempre al momento de tener que ver algún tema jurídico, y el espacio que te da la Universidad es insustituible. No hay forma de que se pueda compensar con otros espacios.

4. Esta pregunta justo está relacionada con eso, y con lo que mencionabas al principio, sobre todo hablando de tu formación que fue eminentemente filosófica. De hecho, en algún foro Leticia Bonifaz decía que le gustaba escuchar mucho tus ideas, porque sobre todo en estas modas jurídicas que aparecen de tanto en tanto, existe un trasfondo filosófico que casi no se conoce y que resulta importante relacionarlo con el Derecho para comprenderlo, de hecho, hace ya algunos años en Alicante, cuando tuve la oportunidad de tenerte como profesor, presentabas un texto llamado “Jueces, derechos y filosofía” re-elaborando un poco las ideas de Dworkin en su artículo “Must our judges be philosophers? Can they be philosophers?”, la pregunta en concreto, y creo que se relaciona mucho con esto, es ¿los abogados litigantes, propiamente este tipo de abogado que ejerce en el foro, que acciona el sistema, debe saber filosofía?

RV: La pregunta es muy apropiada, y me la he preguntado muchas veces. En línea con el pensamiento de Dworkin diría que un buen litigante, en el momento de construir su litigio o su demanda; o un juez cuando reflexiona su argumentación; o un legislador cuando debe pensar su exposición de motivos; harían muy bien el saber, o tener nociones básicas de epistemología, o de ética, o de filosofía en general. Cuando digo nociones básicas estoy pensando en el a-b-c que dice Dworkin con respecto a estas áreas. No se necesita tampoco llegar a sutilezas de debates propias de filósofos pero sí un a-b-c que permita distinguir entre lo que es una visión deontológica de una consecuencialista; entre una metaética objetivista y una subjetivista; entre una concepción de filosofía política liberal, comunitarista o conservadora, por ejemplo. Es realmente decepcionante descubrir los vaivenes teóricos de nuestros jueces –un día resuelven bajo la luz de una teoría y al poco tiempo, bajo la luz de otra, diametralmente opuesta-, o bien, revisar amparos en donde el litigante reúne citas de filósofos disímiles sin tomar ninguna conciencia de su valor teórico. Pero más allá de estas “patologías”, estoy convencido, como le gusta decir a Manolo Atienza, que “la mejor práctica es una buena teoría”.

5. Esta la hago para todas las personas, sobre todo pensando en lo simbólico o muchas veces en las formas que impone la profesión, ¿estás a favor o en contra del uso de la toga dentro de la profesión?

RV: No soy muy partidario de ningún elemento identitario en las profesiones, ni en los países, es decir, todos los aspectos identitarios de una profesión, o los símbolos nacionalistas, me provocan un rechazo inicial inmediato. Entiendo que los aspectos protocolarios o ritualistas son, en el sentido de Hobbes, civilizatorios, y que cierta solemnidad en los actos es necesaria; pero puestos a elegir, prefiero la austeridad, la disciplina y el desempeño efectivo. Creo que lo demás distrae de lo esencial. Además, tienen un cierto tufo elitista que sacude mis esquemas igualitarios. Quizás estoy exagerando, y admito que mi rechazo a tales solemnidades tiene un componente visceral.

6. En México no se sabe a ciencia cierta cuántos abogados ejercen la profesión, quizá podemos saber más o menos a partir de un estimado de las cédulas profesionales pero la verdad es que el resultado es bastante difuso, esto a la par de otros temas, han generado un grave problema de desigualdad ante la ley propiciando diferentes tipos o más bien clases de abogados que dependen de las posibilidades económicas de los clientes.

Recientemente leía tu texto en el que citabas a Margalit, diciendo que una sociedad decente es aquella que no humilla a las personas, la pregunta en concreto es en relación con las relaciones que se establecen entre abogado y cliente, y sobre todo en este contexto tan desigual, ¿se te ocurren algunas formas para que que esta forma de humillar a través de la economía, de la justicia de clase, los abogados puedan tener puentes para generar un mejor acceso a la justicia?

RV: Sin duda, yo creo que tendría que haber una responsabilidad muy grande de todos los litigantes en términos de trabajo pro bono, en donde cada despacho tuviera una cuota muy clara de asuntos que responden a un sentido de justicia y de solidaridad con los menos aventajados.

Por otra parte, es muy importante que formemos muy bien a nuestros abogados de oficio, con un claro sentido social y con una remuneración digna. Es una asignatura pendiente que hemos descuidado por décadas, y más en nuestra región latinoamericana.

7. En cuestiones de ética me parece que el objetivismo es la concepción que destella mucho de tus ideas, o por lo menos quizá aquellas que bosquejas dentro de la teoría del derecho, si bien es cierto que muchas veces el objetivismo, malamente, se confunde con absolutismo, y también quedándome claro que esta visión se encuentra sujeta a modulaciones que dependen de la racionalidad, al momento de aterrizar esta concepción con la labor de los abogados, me parece complejo mantener una cierta congruencia o equilibrio, sobre todo por la faceta liberal, es la profesión liberal por excelencia, la más antigua, con el otro aspecto que es como agente coadyuvante del Estado, con responsabilidad social para su sector, en ese sentido muy relacionado con eso, ¿puede un abogado en concreto desplegar una visión objetivista del Derecho a través de sus labores?

RV: Sí, pienso que sí. A ver, como tú dijiste muy bien, el objetivismo tiene muchas aristas, y es necesario ir viendo cada una de ellas, pero una que a mí me parece fundamental es que, en el discurso de los diferentes actores jurídicos, no digamos entre los jueces, hay ciertos presupuestos que me parece que son importantes conocerlos y mantenerlos: siempre debería procurarse una imparcialidad, criterios de racionalidad y coherencia y, en general, para no abundar en ello, las condiciones señaladas por pensadores como Habermas, Alexy, Atienza y los deliberacionistas.

Si nos vamos más al aspecto sustantivo, yo diría que hay dos elementos que deben estar siempre presentes El primero, el litigante, por ejemplo, al momento de tocar algún tema delicado, por ejemplo en materia civil, no puede ir en contra del estado del arte de la ciencia. El litigante y el doctrinario, tienen que estar al tanto de qué es lo que está pasando en el ámbito científico, en materia de interrupción del embarazo, de reproducción asistida, de neurociencia, por ejemplo. En segundo lugar, el abogado tiene que tener en cuenta que existe un marco constitucional donde los derechos humanos juegan un papel fundamental. Los derechos humanos no están sujetos a ningún balance costo-beneficio, ni a ninguna subjetividad, ni a la idea de que yo puede balancear los derechos humanos a conveniencia del cliente. Este es un elemento de objetividad que el abogado tiene que tener siempre presente en cualquier análisis que haga del problema jurídico que le presentan.

Entonces, diría que si se cumple con estas condiciones que acabo de señalar –los aspectos formales del discurso, estar al tanto del estado del arte de la ciencia, y tener siempre como faro las precondiciones de cualquier discurso, que son los derechos humanos, me parece que ya estamos en una línea objetivista que no se compromete ni con el absolutismo moral, ni con una visión subjetivista.

8.- Durante años, has realizado labores de edición, me parece que una de las más importantes en México, respecto a obras relacionadas con ética, filosofía del derecho, y política, así como también intentando reanimar la lectura de ciertos autores y textos clásicos, sin embargo, me atrevería a decir que tu labor de edición, y acaso otros ejemplos concretos son excepcionales en estos contextos, en los que el cuidado y la publicación de textos jurídicos, políticos, de obras para abogados en general, depende, más bien, de criterios de mercado editorial, o de simples compromisos institucionales que a veces se confunden con el mero hecho de publicar por publicar.

Se habla mucho de la cantidad de escuelas de derecho en México, la falta de acceso a la justicia, abogados de oficio, escasa cultura por el respeto de las reglas, la pregunta en concreto es, ¿crees que tienen alguna responsabilidad social las casas editoriales, respecto a la formación de futuros abogados? ¿Cómo aumentar la calidad de los libros que se publican para los abogados?

RV: Bueno, creo que el elemento comercial no puede estar ajeno en una empresa editorial; obviamente no son instituciones altruistas, sino que van a querer también tener utilidades, y me parece muy legítimo.

Lo que tiene que tener cuidado una editorial es que, si va a crear una colección o va a publicar un libro, se practique el dictamen de doble ciego y se constituya un Consejo Editorial con gente experta, y si es posible remunerada, para no perder nunca la exigencia de calidad de los productos. Lo que ha sucedido y sucede con muchas editoriales es que terminan haciendo malas publicaciones por meros ánimos de lucro y pierden legitimidad. Entran a un círculo vicioso que tiene altos costos económicos, negativos. No, la idea es entrar en un círculo virtuoso que requiere de un gran esfuerzo inicial, pero que a larga redundará también en ganancias pecuniarias para los editores. Con un buen trabajo eficiente, por supuesto, se pueden abaratar costos para que los estudiantes puedan tener acceso a la compra de libros impresos o virtuales.

Pero insisto, el secreto es tener buenos Consejos Editoriales dentro de las casas editoriales para garantizar la calidad. Las colecciones que nosotros hemos sacado en una editorial mediana, como Fontamara, ha pasado por esos filtros en donde el criterio ha sido siempre la calidad, independientemente de la teoría que sustenten las y los autores.

A continuación, te diré una serie de nombres o conceptos y por asociación mental me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente, alguna palabra o algún concepto corto.

ITAM Exigencia académica
SCJN Formalismo judicial
Ernesto Garzón Valdés Maestro, amigo y filósofo integral
Liberalismo igualitario Concepción comprometida valores como la autonomía y dignidad, con un trasfondo de igualdad estructural
Isonomía Revista seria, plural y propositiva
Estado de Derecho Marco para cualquier decisión parlamentaria, judicial o litigiosa
Fernando Salmerón Gran docente y pilar de la filosofía analítica en México
Bioética Ciencia de frontera en los límites con la ética
UNAM Nuestra universidad pública por excelencia
Latinoamérica Complejidad y grandes oportunidades
Objetivismo moral Ni absolutismo, ni subjetivismo
Seminario “Eduardo García Maynez” Espacio de discusión incluyente, con gran vocación académica
Manuel Atienza Amigo fraternal y jurista ejemplar
Biblioteca de Ética, Filosofía del Derecho y Política de editorial Fontamara Espacio de convocatoria para las propuestas teóricas, filosóficas y jurídicas contemporáneas
Argentina Cuna de grandes teóricos y filósofos de derecho con mucho impacto internacional
Marta Lamas Nuestra feminista liberal de orígenes socialistas. Ejemplo de militancia y amiga entrañable
Ulises Schmill Filósofo ortodoxo en la línea kelseniana, gran polemista, culto y maestro amigo.
Derecho Nada de los humano le es ajeno. Conocimiento apasionante y comprometedor
México País contrastante, hospitalario, que despierta odios e indignaciones para toda la vida.
Efraín González Morfín Primer jurista que conocí, modélico en su vida personal y como académico universitario
Justicia Ideal de todo jurista en el sentido más robusto y sustantivo de la expresión
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Sobre el abogado que insultó a comensales por hablar español en EE UU

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Hace días se hizo viral el video de un abogado norteamericano, de nombre Aaron Schlossberg, que en un expendio de comida rápida en New York se quejó de sus empleados por hablar español. El lamentable incidente transcurre entre los patéticos reclamos discriminatorios y las amenazas de llamar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para que deportaran a los involucrados.

La actitud del abogado sentó bastante mal entre la comunidad latina… tanto que a medida que se esparcía el video las reacciones y respuestas, tanto en un plano formal como informal, no se hicieron esperar.

Dentro de las primeras se incluyen desde la expulsión de la oficina que estaba rentando en el edificio donde laboraba, hasta un queja formal ante el Comité Disciplinario del Sistema de Cortes Unificados del Estado de Nueva York para que sea revisada su licencia en vías de una posible revocación. Sobre las segundas, muchos memes como los siguientes:

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Pero la que me llama la atención es la organización de  una recolectar fondos con la intención de contratar unos mariachis para que le llevaran serenata al abogado. Una creativa forma de protestar contra los actos de Schlossberg.

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Más allá del caso, sirva el mismo para reflexionar sobre el rol de los abogados en sociedad. Sobre las implicaciones que tienen sus labores no solo como profesionales de índole liberal sino también como colaboradores de la administración pública. Eso de que si una mala persona puede ser buen abogado, la verdad que al día de hoy resulta bastante desactualizado.

Viñeta sobre abogados y verdugos

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“Los muchachos están emocionados por fusilar a un abogado”


Viñetas sobre abogados.

¿Por qué los abogados necesitan una amplia educación social? de Martha Nussbaum

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Hoy cumple 71 años Martha Nussbaum, quien (aunque nunca ha pisado un juzgado) se autoproclama como “la abogada del mundo”, quien a pesar de contar con un JD en Derecho se decantó por ser filósofa. Aunque sus contribuciones al campo jurídico han sido más por la línea de la filosofía moral, no cabe duda que sus ideas han trastocado el campo de la educación jurídica, de forma específica respecto a la formación de muchos futuros abogados, pues su obra ha dejado claro que ya no basta con transmitir información sino que resulta necesario relacionarla con emociones y sentimientos, aspirando a desarrollar más allá del razonamiento moral la imaginación empática. Sin lugar a dudas, un objetivo difícil pero lo suficientemente realista para ejecutarlo a través de la interdisciplinariedad. Vale la pena echarle un ojo a este texto de Nussbaum, de hace un año más o menos, donde aborda dicho tema a partir de la figura de Ernst Freund, uno de los primeros juristas que clamaron por una educación jurídica no solo limitada a la ciencia del Derecho sino abierta a otras disciplinas, muy en línea con lo que años después desarrolla la filósofa. Ojo es en el contexto australiano y teniendo siempre en cuenta la educación jurídica estadounidense, fuera de eso, el texto es valioso por la forma en cómo, al final, uno se da cuenta de que los problemas antiguos siguen siendo bastante actuales.

A continuación el enlace en inglés: Nussbaum – Why Lawyers Need a Broad Social Education