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Porrúa´s book Rick. A propósito de las editoriales jurídicas en la #FILGuadalajara

eTengo 31 años y es la trigésima primera edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (sospecho que la coincidencia se debe a que en el mismo año en que murió Rulfo (y Borges) yo también aproveché para nacer, no sé). Estoy muy emocionado porque es la primera vez que vengo y porque además se la dedican a mi ciudad favorita, que es Madrid (obviamente), y porque el premio se lo dan a uno de mis escritores favoritos vivos, que es Emmanuel Carrère (si no han leído El adversarioDe vidas ajenas, o Limónov, me parece una excelente oportunidad para hacerlo, de otro nivel).

Todo me resulta increíble, lo variado de las actividades, la cantidad de gente leyendo, los descuentos, los personajes que te encuentras (ayer, por ejemplo, me topé dos botargas, una otaku, un ministro de la SCJN, a Margarita Zavala y a un luchador, así namás paseando por la feria), las presentaciones de libros, bueno con mencionar que hasta un agua de guayaba que me tomé me resultó bien rica, TO-DO. No sé, digo igual porque soy primerizo en estas cuestiones, o provinciano, o porque me reencuentro con gente que quiero mucho, o porque lo mejor de la Feria del Libro en Monterrey son las nieves que venden al final, o porque simplemente me gusta leer y estar rodeado de libros o de gente que comparte mi gusto, o porque yo qué sé pero, en definitiva, me parece un ejercicio y un fenómeno extraordinario que esto se desarrolle en mi país.

Ayer escuché a Villoro, a Carreré, Manuela Carmena, a Volpi, Savater, Rivera Garza…, hoy a Paul Auster, ¡vamos! gente que difícilmente en un mismo espacio podrán coincidir. De verdad, a mi esto me emociona, escuchar a tantas personas compartir lo que significa para ellos la lectura y la escritura, el respeto que se le tiene, las ideas que les provocan, y los sentimientos que les genera, no hace más que ilusionarme e imaginarme no sé si un país mejor pero sí un país con mejores habitantes.

De ahí, precisamente, una de las virtudes de la lectura: imaginar. Inventar o crear espacios diferentes, creatividad para idear otros escenarios y ahí desplegar potencialidades que puedan, eventualmente, ser aterrizadas en la realidad.

Pero bueno, este blog, no es de libros, ni de lecturas, ni tampoco un diario personal, es de abogados, o de cosas de abogados, o, en su caso, de libros sobre, de, y para abogados.

La variedad es muchísima en la FIL, uno se encuentra seguido puestos de las grandes editoriales jurídicas del país y también de las medianas, de las Universidades y sus Facultades de Derecho, también los sobrios pero al mismo tiempo pretenciosos stands de nuestras autoridades judiciales exhibiendo sus libros promocionales que en todo caso nadie lee, o solo sirven para adornar los añejos libreros que enaltecen las espaldas de distinguidos abogados. Vamos, hay de todo, me he encontrado varias joyas, siempre (a pesar de su precio) está editorial Trotta, Siglo XXI, Fontamara, y algunas más. Pero en contraste con las grandes casas editoriales, resulta hasta penoso lo sombrío y hasta triste que resultan los espacios jurídicos en la feria. No sé igual soy yo que les tengo un poco de manía, o que en comparación con los espacios, propiamente, de literatura o poesía, incluso los de niños, me sabe a poco, o más bien me sabe demasiado formal e institucional para estos espacios de encuentro y creación e imaginación. O no. No sé.

El caso es que llegué a Porrúa. Que no está mal, que resulta una editorial interesante, pero que en la parte jurídica ya conocen mi opinión, ya he escrito en este blog bastante con Darío Ángeles, Javier Martín Reyes, y demás gente involucrada, sobre la escasa responsabilidad social de esta casa, sobre los escándalos de plagio que aquí se han denunciado, sobre su mercantilización, sobre muchas cosas. Pero bueno, ya está, cada quien sus fobias y sus batallas. Volviendo al tema, lo que me sorprendió es que algunos de los libros jurídicos de Porrúa se encontraban fuera del alcance de cualquier lector que estuviera en la FIL. Imagino que esto es por los acondicionamientos del espacio pero a mi me dio risa. Estaban colocados bien arriba, apenas con escalera se puedieran alcanzar, los título no se divisan a simple vista, como para evitar que dichas ediciones se vendan o se lean. Quién sabe. La imagen es esta y me parece hermosa…

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Hermosa porque resulta una metáfora perfecta de lo que viene a significar el acceso a la ciencia jurídica, al estudio del Derecho, a ese mundo abstruso, lejano, intocable y lejos del alcance de cualquiera, cubierto por plásticos para evitar deteriorarse y, al mismo tiempo, evitar socializarse.

Hay mucho por hacer dentro del mercado editorial jurídico en nuestro país. Tanto que habría que empezar por seguir llamando la atención, o en todo caso hacer un meme.

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Por un #PorruaSinPlagios

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Un texto escrito por Darío Ángeles, Tito Garza Onofre, y Javier Martín Reyes

Hace un par de meses tuvimos (la poco grata) oportunidad de documentar un lamentable plagio, encontrado en un texto publicado por Editorial Porrúa. Se trata del libro Derecho administrativo integral, firmado oficialmente por Sergio E. Casanueva Reugart, pero que no es otra cosa que una colección de plagios. Como se evidenció en este análisis, al menos 181 de las 350 páginas contenían plagios completos de obras de otros autores, entre los que destaca Derecho Administrativo, de José Roldán Xopa.

Como hicimos del conocimiento público en su momento, el texto que documentó el plagio llegó a manos de Porrúa y ellos –muy amablemente, hay que reconocerlo– abrieron un canal de comunicación y dijeron estar abiertos a recibir propuestas para controlar sus contenidos.

Nosotros no podíamos dejar de aprovechar esta oportunidad para hacer propuestas de cómo mejorar la calidad de la más renombrada casa editorial jurídica de México. Les tomamos la palabra y concluimos que valía la pena democratizar y abrir el proceso a fin de elaborar una propuesta para Porrúa.

Así, en este espacio invitamos públicamente a la gente a que nos diera su opinión o comentarios sobre cómo mejorar los contenidos publicados en dicha casa editorial. Además, nos comprometimos a sumar y sistematizar las propuestas, a fin de enviárselas a Porrúa.

Desde aquí queremos agradecer a la gente que se comunicó con nosotros de muy diversas formas (correos, tuits, mensajes directos, conversaciones personales), unidas por el interés legítimo de conseguir materiales jurídicos de calidad en México.

downloadSabemos, por supuesto, que la calidad de los libros de derecho en México es un problema que va mucho más allá del papel específico que juegan las editoriales. No han sido pocas las veces que hemos discutido sobre la necesidad de mejorar, en general, la calidad de nuestra academia. Sabemos que son muchos los retos y sinceramente guardamos la esperanza de que, en el futuro, tengamos una realidad distinta.

Somos conscientes que las editoriales solo son una parte del problema (y de la solución) y que quizá debamos cambiar –al menos en el corto plazo– nuestras expectativas sobre el tipo de textos disponibles en el mercado editorial. Pero también estamos convencidos que las editoriales jurídicas, entre ellas Porrúa, tienen una ineludible responsabilidad con sus lectores. Como mínimo, las editoriales deberían garantizar que el contenido de lo que publican no sea el producto de un vil copy-paste. Y, por desgracia, la obra de Casanueva nos ha mostrado que esta mínima garantía no siempre se cumple, al menos en el caso de Porrúa.

Pero bueno, sin más preámbulos, a continuación presentamos un resumen de las opiniones que a manera de crítica nos hicieron llegar:

  1. La oferta de materiales de Librería Jurídica Porrúa se encuentra francamente desactualizada. En esta colección podemos encontrar un buen número de textos jurídicos de autores muertos hace ya varios años o décadas que, si acaso y en el mejor de los supuestos, se han intentado mantener “actualizados” por familiares y/o colegas. En otros casos simplemente se han tirado incontables reimpresiones que se venden como si fueran nuevas ediciones. Esto impide al lector tener conocimiento mínimo sobre la actualidad de la obra que adquiere, y hace que muchas veces termine leyendo sobre disposiciones reformadas o derogadas hace ya bastante tiempo. Dicho en pocas palabras: Porrúa vende, como tratados o libros de texto, obras que más bien deberían formar parte de una colección de Historia del Derecho o Clásicos del Derecho.
  2. El sello de Porrúa dice muy poco (o nada) sobre la calidad del texto. Aquí las críticas se centraron en el hecho de que una persona –particularmente alguien que está tratando de obtener nuevos conocimientos– no tiene forma de saber si el producto que adquiere tiene cierto grado de seriedad. En Porrúa uno encuentra extraordinarios libros, pero también textos de pésima calidad.
  3. Porrúa debería indicar, cuando menos, si ha sido sometida o no a un proceso de evaluación de su contenido (lo que implica, además, hacer públicos los parámetros de evaluación empleados). En principio, nos agrada que Porrúa tenga una amplia disposición de publicar los materiales que le hacen llegar. Pensamos que, hasta cierto punto, esta disposición permite abrir la discusión y hace que el público, consumidor final, sea quien juzgue si la obra vale la pena o no. Sin embargo, estamos convencidos que los sellos editoriales tienen un papel que va mucho más allá de la de ser meras imprentas; que una editorial seria necesariamente debe evaluar el contenido de lo que publica, pues de lo contrario incumplen con su responsabilidad social.
  4. Los contenidos de Porrúa son (muy) mexicanos. Los comentarios recibidos en este sentido no planteaban que publicar a autores mexicanos fuera algo negativo per se. Más bien, hacían eco de una petición propia de nuestro mundo globalizado: la gente quiere saber qué dicen los autores de otros lugares del mundo sobre el derecho. Y, agregaríamos nosotros, de preferencia con precios similares a los libros producidos en México (sí, todos quisiéramos comprar más ediciones de Trotta o de Cambridge University Press, pero la cartera duele). Como lo dijo un amigo tuitero (@DonMrMonster): “Porrúa es una editorial localista y enfocada a la realidad (a veces desfasada) del entorno mexicano, […] no estamos aislados y no sólo se escribe del o sobre el derecho en México”. No podríamos estar más de acuerdo: nos faltan aportaciones extranjeras y comparadas.

Pues bien, con base en esto, en los siguientes días elaboraremos un pliego de peticiones que es el que formalmente haremos llegar a Porrúa. Si tienen comentarios de ello, por favor, no duden en hacérnoslos llegar y –ahora sí– veamos qué puede (o quiere) hacer Porrúa por sus lectores.

Sobre los libros Porrúa del presidente Peña Nieto en su mensaje a Trump

Decir que el mundo se está cayendo a pedazos sería exagerar. En todo caso, parece mucho más sensato advertir que el mundo está empeorando, aunque la verdad es que no estaba ya precisamente lo que se dice bien. Pero la reflexión es clara, todo siempre puede ir a peor.

El pasado día jueves fue un día intensito en cuestiones de relaciones internacionales, un día de esos inolvidables entre Estados Unidos y México, entre la administración trumpista y algo mucho más amplio que el nuevo PRI (representado bajo los esquemas políticos del peñanientismo), pues al momento en que el actual presidente de los Estados Unidos emitía órdenes, declaraba y tuiteaba en contra de determinadas políticas públicas, no solo se afectaba a una administración en concreto, sino a una idea, a una historia, a todo ese extraño lugar que por costumbre llamamos México.

No es este un espacio para relatar a detalle lo que ocurrió (creo que acá se puede leer una buena crónica sobre lo sucedido), pero valga la pena resaltar que el agravio por lo sucedido con Trump, fue tanto que Peña Nieto emitió un emotivo mensaje (que pareció conmover y convencer a gran parte de sus oyentes) para tratar de tranquilizar un día tan caótico.

Esta es una imagen del mensaje. Los más de dos minutos y medio los pueden encontrar en este link.

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Hubo gente que analizó el contenido, la forma, el lenguaje, el tono, las medidas, las consecuencias, el color de la corbata del presidente, el horario, el medio, la altura del copete, todo… Otros cuantos, nos centramos en cuatro libros colocados a espaldas de Peña Nieto.

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Cuatro libros inconfundibles, cuatro libros para abogados, editorial Porrúa, de esos gordos de cuero de marrano con letras doradas, que todos llevamos durante la carrera, ya si los leímos o no es otro tema. De esos libros que, una vez titulados, utilizamos para adornar nuestros estantes, que nos negamos a tirar, pues al fin de cuentas sirven para aparentar que somos ilustres juristas.

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No hay que olvidar que el presidente Peña es abogado por la Universidad Panamericana (UP, sí la del Opus Dei), y que su tesis (sobre presidencialismo) estuvo envuelta recientemente en un escándalo sobre plagio.

La discusión la lideró en Twitter mi estimado Aarón Segura (@AaSegura), quien abrió la caja de Pandora, cuando tuiteó lo siguiente…

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Dicha declaración sirvió como excusa perfecta para poder explayarse sobre esta cuestión del mensaje, y así, rápidamente, otros tantos desvelados en Twitter compartimos la duda y comenzamos a teorizar al respecto, y luego ya se desmadró por completo.

  • Alfonso Herrera (@jAlfonsoHerrera) fue de los primeros en aventurarse a decir que eran algunos tomos de los libros de “Derecho procesal constitucional 1-4” de Ferrer Mac-Gregor. Esta teoría cobra sentido porque, si uno le echa ganas, es posible distinguir las palabras en el lomo de los tres libros color cafesito culero.
  • Yo dije que era un diccionario jurídico pinche de esos que a uno lo obligan a comprar en primer semestre, quizá de los de Rafael de Pina y de su carnal de Pina Vara. No estoy seguro, la neta no llega mi vista, pero mi apuesta, por lo que aparente el presidente sería algo mucho menos ambicioso que entrarle al procesal constitucional.
  • Después vino Ximena Ramos (@xrpc) volviendo a la cancha de lo procesal y lo civil, al decir que “El último puede ser Becerra Bautista o Arellano García“. 
  • Alfonso, volvió al juego diciendo que era el de constitucional mexicano y comparado de Fix-Zamudio y Valencia Carmona.
  • En esa lógica, se sumo al debate Carlos Antonio (@CarlosAntonioMZ) y dijo que eran los de Carlos Arellano de Derecho Internacional Público 1 y 2.
  • Se sumo Eduardo Román (@eromangz) quien dijo el de Derecho Adminisrativo de Serra Rojas el azul.
  • El bueno de Trini (@trini7817) mencionó: “El verde parece el Tratado Teórico- Práctico del Derecho de las Obligaciones“…

*Nótese a estas alturas de la discusión, la confusión ya también era cromática.

  • Anael (@) dijo que eran libros de cartón hueco de esos que ponen en los libreros de las mueblerías.
  • Carlos Alberto (@) se fue por la fácil y dijo que los de color guinda eran los clásicos de derecho civil de Rojina Villegas .
  • Adalberto Guevara (@adalberto_gm) tiró el último tuit diciendo que era el de Efraín Moto Salazar – Elementos de Derecho… texto de secundaria.

Obviamente nadie supo. Llama la atención que no hubo coincidencias en ninguna de las opciones planteadas por cualquiera de los interesados. De hecho, sospecho que todo lo que dijimos no son más que meras proyecciones y complejos del daño que como abogados nos ha hecho Porrúa al asociar colores con materias, no teniendo ningún criterio para ordenar sus ediciones de forma cromática.

La teoría que más me gusta fue una que dijo el mismo Aaron. Si son libros de Derecho Internacional Público, la ironía sería perfecta, y en gran medida ahí radicaría el problema de cómo se está abordando lo que está pasando.