Tag Archives: SCJN

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a José Ramón Cossío

El pasado viernes 26 de agosto de 2016, en la sede alterna de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), tuve la oportunidad de entrevistar a José Ramón Cossío Díaz (Ciudad de México, México 1960).

Cossío Díaz es abogado por la Universidad de Colima, maestro por el Centro de Estudios Constitucionales de Madrid (CEPC) y por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y doctor por la Complutense de Madrid. Fungió como jefe del departamento de Derecho del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) de 1995 hasta el 2003, año en el que fue nombrado como ministro de la Suprema Corte. Ha sido distinguido en numerosas ocasiones por sus trabajos académicos, aunque creo que vale la pena destacar que es uno de los escasos abogados que forman parte de El Colegio Nacional (de hecho, con él llegan apenas a seis pues solo García Máynez (obviamente), Gómez Robledo, Antonio Carrillo Flores, Diego Valades, y Héctor Fix-Zamudio tienen esta distinción). En un par de líneas, me atrevería a decir que una de las mentes más lúcidas de nuestra geografía jurídica nacional.

La constitución mexicana, en su artículo 95, enlista seis requisitos para ser electo ministro de la SCJN. Al final, dicha norma termina (como que no queriendo), con un parrafito orientativo pero bastante contundente a lo largo de la historia reciente de dicho tribunal que dice:

“Los nombramientos de los Ministros deberán recaer preferentemente entre aquellas personas que hayan servido con eficiencia, capacidad y probidad en la impartición de justicia o que hayan distinguido por su honorabilidad, competencia y antecedentes profesionales en el ejercicio de la actividad jurídica.”

En pocas palabras, hay de dos sopas para poder ser ministro en México: a través de la carrera judicial, (es decir, habiéndose desempeñado durante algún tiempo como juez, como funcionario, como parte del aparato jurisdiccional del Estado) o, simple y sencillamente, limitándose a actuar profesionalmente dentro del campo jurídico. Parece fácil, pero no lo es. Porque tradicionalmente las personas involucradas en el Poder Judicial han sido quienes ocupan dichos cargos tan importantes. Es raro, por no decir excepcional, que una persona ajena a la judicatura, termine ejerciendo de ministro de la Suprema Corte, pues los códigos, los lenguajes, el hermetismo gremial que despliega el aparato de justicia, difícilmente permite que algún foráneo se involucre en el mismo. También el factor de los celos, los malditos celos, que se generan a partir de que alguien así nomás, de la noche a la mañana, pueda ocupar una posición que no solo desconoce sino que no es su fuerte, o sea, ¿cómo alguien que en su vida ha redactado una sentencia, o siquiera conoce dónde están los tribunales, puede ser buen juez? Bueno pues la respuesta a esta pregunta, es posible encontrarla, creo yo, en los académicos, a quienes se les reprocha de forma constante que no saben trabajar en equipo, que no son institucionales, que no les gusta tener jefe, y sobre todo que su fuerte no es la acción sino la reflexión. ¡Falso de toda falsedad!, como dirían muchos juristas prácticos, o bueno, no sé, quizá algo de eso sea verdad, pero lo que sí sé es que los académicos sí saben conformar equipos de trabajo, que nadie más que ellos defienden a una determinando institución a través de la crítica, que son buenos jefes, y sobre todo que nadie mejor en este ámbito jurídico para vincular la acción con la reflexión, para justificar el contexto de descubrimiento.

En ese sentido, José Ramón Cossío, no exento de polémicas y controversias, viene a representar uno de los perfiles académicos que más solvencia, proyección y dinamismo le han impuesto a la Suprema Corte mexicana desde la reforma del 94.

A ver, quizá, puede ser, que todo esto lo escriba desde mi óptica de profesor universitario, siendo parte del ámbito académico, y por ende se me recriminen ciertos sesgos, e incluso se me pueda realizar la misma crítica que líneas arriba hacía sobre el hermetismo grupal de los jueces. Sin embargo, al analizar, y sobre todo comparar, el trabajo de Cossío con el de otros ministros, sinceramente me parce que existe un abismo entre la mayoría de estos. Porque no hay que olvidar que los jueces, en concreto los ministros, no solo hablan a través de sus sentencias y sus sesiones en pleno y en sala, sino también por medio de sus artículos académicos, sus libros, opiniones editoriales, sus tuits, por la conformación de sus equipos de trabajo (por ejemplo, casualmente no conozco en persona a Roberto Lara pero tantas personas me han hablado bien de él, y tenemos tantos amigos queridos en común que me resulta imposible no hacerme una buena impresión al respecto), de sus conferencias, de su amigos, sus coautores, sus maestros, de todo lo demás que rebasa el mero acto de juzgar.

Así entonces, y como alguien que creció, o no, no, no, como alguien más bien que tuvo sus primeras impresiones respecto al Derecho rodeado constantemente de palabras como crisis, constitución, democracia, cambio, transparencia, bla, bla, bla, bla…, rodeado de palabras que al final del día resultaron vacías de contenido y exentas de cualquier tipo de responsabilidad por hacer de nuestro entorno algo mejor; el trabajo intelectual y judicial del ministro Cossío me resulta un aliciente para creer que es posible hacer cosas con palabras, para salir a defender la independencia judicial y, sobre todo, para seguir construyendo el rol que la academia debe jugar frente a cualquier poder público.

No me queda más que agradecer a José Ramón Cossío por su confianza y su tiempo para realizar esta entrevista. También por la seriedad de su trabajo intelectual y jurisdiccional, que ha sabido combinar para, en definitiva, llegar a imprimirle un sello distinto a las dinámicas de nuestras altas cortes.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a José Ramón Cossío Díaz.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

José Ramón Cossío (JRC): Un litigante.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

JRC: Mi abuelo, José Lorenzo.

3. ¿Alguna vez pensaste ejercer como abogado?

JRC: Sí, cuando vivía en Colima. Litigue de hecho un buen tiempo, cerca de cinco años.

 ¿Qué te pareció la experiencia?

Mira me pareció varias cosas. Lo primero, muy formativo. Yo tengo una experiencia padre porque yo entré a trabajar a un despecho empezando el segundo semestre de la carrera. Y era un despacho que creció mucho, entonces nos tuvimos que hacer cargo un licenciado, Domingo Ramírez, y yo del litigio.

Estando en segundo semestre llevaba un chorro de casos… Una acción reivindicatoria, ¿qué es eso?, un juicio de prescripción adquisitiva, ¿qué esto otro? Entonces, yo me forme un poco solo, leyendo expedientes, con el licenciado Domingo, tomando las clases, fue muy padre y al mismo tiempo muy angustiante por los términos, esa parte de la profesión me parecía durísima, un día era una cosa, el otro día otra cosa, al otro día otra cosa, entonces tenías que construir un mundo muy peculiar para que no fueras a olvidar un término con los clientes.

 Colima no era corrupto, no había jueces que yo supieran eran corruptos, la verdad es que era un litigio civil básicamente, algunas cuestiones mercantiles. Y luego tres año estuve en el bufete jurídico gratuito y me gustó mucho, pero pensé al final que no era lo mío.

¿Por qué? ¿Por qué cambiaste eventualmente a lo jurisdiccionales, o antes a lo académico?

Porque al estar en la carrera me gustó mucho ser académico, y pensé que iba a ser académico toda la vida.

Yo estuve en Colima, me vine al Distrito Federal para hacer una maestría, me dio clases Jesús Orozco Henríquez, me invitó a ser asistente de él en Jurídicas. Como a las dos semanas me hice asistente del maestro Fix Zamudio, y yo pensé que toda la vida iba a estar en la academia…

Me fui a España, con el apoyo del maestro Fix y de Orozco, regresé en octubre, y en mayo me dijo el maestro Fix que me fuera a trabajar con Jorge Carpizo que tomaba posesión al otro día como ministro de la Suprema Corte, al quien yo no conocía. Estuve ahí en medio con Carpizo, luego estuve como coordinador de asesores del ministro Ulises Schmill, y cuando terminó me volví a ser profesor. Y ahí sí ya me gustó y me interesó ser ministro y desde el ITAM lo busqué. Eso es básicamente.

 4. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

JRC: Mira qué buena pregunta… Yo creo que a favor. Me parece que genera una condición de cierta distancia con los litigantes, que genera cierta objetividad. Yo cuando estoy en las cosas de litigio, me gusta hablarle de usted a las personas, me gusta que las cosas que me tienen que tratar me las traten en la oficina y no en los pasillos, no suelo estar en compromisos sociales, he reducido mi actividad social prácticamente a nada, y sí me gusta generar una distancia respecto a las partes. Y creo que la toga es una forma de decir, ustedes están allí, yo estoy acá, nos podemos conocer, podemos ser amigos, pero en estos momentos estoy ejerciendo una función judicial.

5. Si bien es cierto que de un tiempo para acá puede percibirse, sobre todo en la judicatura, una mayor tendencia por socializar el derecho, por el lenguaje accesible y la justicia abierta, también lo es que, por lo general, dentro del campo jurídico, existe la arraigada creencia de que la forma es fondo. Este dicho, en concreto para los abogados parecería acentuarse por su función estratégica como igualadores, o traductores de las pretensiones de sus clientes a términos jurídicos.

Y es que no cabe duda de que mejores demandas generan mejores sentencias, pero, en tu faceta como juez, ¿cómo distinguir la suplencia de la queja de los malos argumentos?

JRC: Mira ahí hay varias cosas. Primera, creo que sí existe un discurso sobre el lenguaje claro, sobre accesibilidad, pero creo que no se ha transformado en lo más mínimo. Creo que seguimos teniendo pésimas sentencias, pésimas demandas. Un lenguaje crecientemente defectuoso. Cuando menos antes tenías una claridad en el sujeto, el verbo y el predicado, hoy ni siquiera hay eso. Mucho rollo con eso de que las personas saben argumentar y tienen palabras, a veces, muy vacías.  

Otro fenómeno que me preocupa muchísimo es un uso desbordad de cómo si todo pasara por derechos humanos. Entiendo que las personas hacen su esfuerzo para ganar los asuntos pero a veces se llega a niveles ridículos, como choteando las categorías. Eso por un lado.

Por el otro, creo que no hemos podido penetrar en las prácticas, en el discurso sí, pero en las prácticas ordinarias no.  

Ahora cómo distinguir el tema, aquí en la Corte pasa algo que, bueno yo nunca he estado en un órgano jurisdiccional unitario, pero como órgano colegiado hay cosas que tú sabes que puedes plantear, y hay cosas que sabes que resultan casi imposible que te las acepten. Hay márgenes de corrección institucionalizados en función de la colegiación. A lo mejor en algún caso yo puedo decir que hay suplencia de la queja respecto a una persona muy particular, pero en general, te digo, los márgenes restrictivos al estar con otros cuatro, o con otros diez jueces, impiden muchas de estas condiciones. 

Y hay otra parte, que yo creo que casi nadie va a confesar, pero que existe. Y es que cada uno de nosotros, no lo digo en ningún sentido peyorativo, ni en ningún sentido de corrupción, tiene una agenda. Cada uno de nosotros le gustaría que ciertas cosas de sus pensamientos, de su ideología, de sus estudios, se vieran transformadas en derecho positivo. Yo creo que ahí hay un margen de apreciación importante, porque tú podrías decir a mi me interesan más el tema, yo qué sé, de los derechos sociales, o yo quiero ser un constructor del federalismo…, cada quien tiene como cosas y creo que eso sí te genera un sesgo para avanzar.

6. En México no se sabe a ciencia cierta cuántos abogados ejercen la profesión. Quizá podemos saber más o menos un estimado a partir de las cédulas profesionales, pero la verdad es que resulta un tema bastante difuso. Esto, a la par de otros tantos temas, ha generado un grave problema de desigualdad ante la ley, propiciando diferentes tipos, o más bien clases, de abogacía, que dependen de las posibilidades económicas de los clientes. ¿Se te ocurren algunas alternativas para intentar atenuar esta problemática?

JRC: Mira yo he estado, con todos los riesgos que tiene porque quizá se llega a un corporativismo de abogados que tal vez es sumamente peligroso, impulsado el asunto de la certificación.

No sé si la colegiación nos ayude del todo, sinceramente no estaría en contra de la colegiación bien organizada, etcétera, pero lo voy viendo cada vez más difícil, en cambio me parece que sí podemos generar condiciones para la certificación. Por ejemplo, el modelo que tienen los médicos me gusta mucho, que cada cinco años pasemos un examen general, cierto nivel de actualización, ciertos conocimientos, etcétera…, eso me parece que es un asunto central.  

Otro asunto que me parece gravísimo es que no encuentro formas para encontrar algún sistema de identificación de capacidades profesionales. El otro día lo discutíamos, cuál es el sistema de precios, cómo sé que hay un buen abogado y un mal abogado, entonces necesitaríamos tener un sistema razonable de señales en el mercado, para decir este cuate es mejor, este cuate es peor, etcétera. No sé si podría existir un buró, que diga: este señor ha sido abusivo con sus clientes, este señor otra cosa, no sé, que sea un buró de información, a lo mejor que no tenga una consecuencia directa de prohibir pero que tenga cierta influencia… Vengo a quejarme de este señor por tal motivo, vengo a señalar a este señor que me cobró más honorarios, en fin, algún sistema de señales me parecería bien.

Y un tercer factor, que me parece crucial, es hacer algo con el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (REVOE), porque esto es la locura infinita. Nos decían de la existencia de cerca de 1750 escuelas de derecho en México, me parece que esto es locura. La otra vez vi a una persona de Mérida, y le pregunté cuántas escuelas de derecho había allí y me dijo que 35 solo en la ciudad, pues bueno esto es un desastre. La parte del REVOE lo tendríamos que organizar mejor.

7. ¿Cuál crees que sea el principal reto que afronta la enseñanza del derecho en nuestros días?

JRC: Mira, yo lo primero, vamos a ponernos, ya no en las escuelas malas, vámonos a las escuelas de élite, es decir las que conocemos, las otras, cualquier cosa que hagas pues ya es un beneficio. Yo sigo creyendo que ahí existe un problema muy grave que es que no hemos encontrado un equilibrio entre enseñarles a los alumnos a realizar un actividad profesional, lo que significa saber hacer contratos, demandas, en general lo que hacen los abogados… y generarles una condición crítica, porque, por lo general, muchos académicos me parece que tienen una gran condición crítica, quienes son capaces de entender y encontrar dónde están los problemas ideológicos, los problemas operativos, los problemas de acceso del derecho, etcétera, pero no enseñan a los alumnos a hacer operaciones con el derecho, y la mayor parte de los que vienen recién titulados de las escuelas lo que quieren es vivir de la profesión, no criticar a la profesión, o criticar a las condiciones generales del derecho y su dominación.

Yo creo que creo que hay un desequilibro enorme en eso. A cuento de que les estamos enseñando estos temas críticos, me parece que no les estamos enseñando Derecho… O viceversa, no tienen ninguna visión crítica del Derecho y, probablemente, solo son reproductores de normas, individualizadores de normas, y eso no tiene ningún sentido. Ese es el equilibrio. Creo que eso, a veces, se oculta baja la idea de la división entre clases teóricas y clases prácticas. Yo creo, que esa no es una buena diferenciación, me parece que a los alumnos hay que enseñarles una buena teoría como elemento formalizador y luego ya las dinámicas, o materias, o las ramas, o cómo quieras ponerle, sobre el Derecho… En definitiva, ahí encuentro un problema súper complicado.

Y otra cosa que creo es que los abogados en general, no se han dado cuenta del cambio tecnológico. Yo tengo 30 años de dar clase, cuando comencé, tenía que ser proveedor de información y de formación, es decir, les tenía que decir: esto es lo que dice el código, este es el código, esto es un derecho y sirve para hacer estas operaciones, esto es una obligación y pasan estas cosas, etcétera. Hoy, lo que creo es que cualquier chico, otra vez estoy hablando de las escuelas de élite, tiene una acceso a una cantidad brutal de información, entonces creo que los profesores no debemos seguir siendo meros enseñadores de información, porque lo que les tienes que decir es qué hacer, y qué operaciones jurídicas, en los términos más formales posibles, casi como una especie de álgebra, pueden hacer con estas cosas, es decir, mire, cuándo usted vea esta conformación, esto significa que ya hay una obligación, una obligación significa normalmente una responsabilidad, y una responsabilidad significa normalmente una sanción, y una sanción significa una afectación de bienes o de libertades, en fin… Ahora, cómo llenamos todo eso, bueno pues vamos al Código Civil, o al Código de Comercio, pero ahí sí hay una parte que, me parece, no hemos dado el cambio, les seguimos enseñando como si ellos no tuvieran acceso… En clase, tú estás explicando un tema y levanta la mano un alumno y te reprocha: ¡oiga profesor eso no es cierto!, por lo general, la justificación que es el típico latoso, ¿no?… Pero, lo cierto es que como profesión nos está faltando un montón de proceso de actualización.

8. Hace unos meses, en alguna de tus columnas de El País, utilizaste la novela Sumisión de Michel Houellebecq para abordar el tema de las fuentes del derecho y relacionarlo con la trama ficticia ideada por el afamado escritor francés. Después hiciste algo parecido con La ley del menor de Ian McEwan para reflexionar en torno al rol de los jueces. ¿Qué nos puede decir la literatura sobre el derecho? ¿Crees que leer ficciones genera mejores abogados?

JRC: Yo creo que sí. Igual que ver cine. ¿Por qué? Porque primero, porque puedes encontrar desde cosas muy básicas, como “role models” que, a veces, nos hacen mucha falta, sobre todo en los años formativos, tratar de parecernos a alguien para adoptar algunas actitudes, algunas prácticas, que después uno las va soltando pero sí me parece que eso genera como estos modelos a seguir.  

Segundo, me parece que uno puede con cierta perspicacia entender operaciones del Derecho que no son visibles, salvo cuando estás ya en grados altos, o sofisticados. Por lo general, nos preguntamos, cómo empiezo, si uno llega y a uno lo ponen a transcribir, lo ponen a sacar fotocopias, lo ponen a pasar la lista, etcétera…, entonces nunca entiendes la operación general del Derecho, no entiendes por qué estas ahí. Yo creo que entendido bien las películas, o entendiendo bien un expediente, tú puedes empezar a encontrar relaciones y operaciones…, y decir ¡ah!, esto que estoy haciendo va para esto, y esto que estoy haciendo lleva a esto otro. Entonces, me parece que es un articulador.

Y en el caso de la novela de McEwan, creo que es una cosa bien interesante, cuando por el ejemplo, que ese es el tema central de este joven con leucemia, cuando te das cuenta que la juez se suspende la sesión, va con la trabajadora social del hospital, entrevistan al chico, y toma una decisión, ahí prácticamente en tiempo real, y dice vamos a transfundir a este muchacho. Entonces, esa parte, yo creo que para el que la tome, no la lea así como pasaje rápido, sino que realmente se pregunte, ¿qué es lo que está sucediendo aquí?, lo que se está viendo allí son los problemas del poder del juez, los jueces como ejecutores, los jueces como verdugos, en este caso no matas a nadie, pero se puede entender a los jueces como interventores, como asignadores de bienes, esa esa parte de la novela te permite conectar operaciones que vas viendo hasta dónde llegan.

Yo todavía a mi edad, tú que ya vienes con estudios muy largos, etcétera…, tú ya solo sin ayuda puedes conectar cosas, no necesitas que alguien te diga cómo hacerlo. Pero esa parte es a lo que lleva, eso es a lo que conduce las narrativas así largas del cine, de la literatura, y eso me parece fenomenal.

Hace tres semanas vi la película “Media noche en el jardín del bien y del mal”, de Clint Eastwood, y me encontré algo bien interesante, que yo he reflexionado ya desde hace rato, de hecho hasta escribí algo sobre lo mal que nos preparamos para llegar a los juicios, entonces volver a ver esto, sí me llevó a cosas diferentes, a decir: a ver…, sí sigo creyendo que tengo razón en mi tema de peritos, pero dónde está todo este paralegal que se mete con la audiencia, qué te digo…, me volvió a dar un sentido general. Yo creo que sí es importante que los chicos vean cine y lean literatura. También con alguna orientación, porque todavía hay gente que me dice: “oiga cuándo van a existir jurados”, y les respondo que eso no va a pasar, pero con una cierta guía, sí puedes tener una forma general de comprensión del Derecho.  

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente: 

Colima Gratísimos años de formación, muy intensos
José Revueltas Dejando los lugares comunes, esta forma en la que enfrenta al juez Ferrer MacGregor, y lo desconoce cuando está siendo procesado por los delitos de disolución, creo que es una de las mejores piezas jurídicas que yo he leído 
España Primero una confusión enorme. Yo llegué a España y no entendía nada de Derecho, lo cual es una experiencias fantástica. Porque, según yo, me estaba preparando para el doctorado y me puse a leer todo lo que yo podía, y cuando tuve la primera clase con Javier Jiménez Campo, que fue secretario general del tribunal constitucional durante muchos años, y yo oía a Javier y no entendía nada. Y decía, cómo puede ser que yo he leído a Lucas Verdú, Sánchez Agesta, los que tú quieres y no entendía nada. Y esa fue una crisis padrísima que tuve ahí en los Jardines de Sabatini, ya sabes, junto al palacio real, y yo dije algo estoy haciendo mal, no estoy entendiendo, todo lo que sé de Carl Schmitt no lo entiendo. Hasta que dije este profesor trata a la constitución como el código civil, entonces ese día, te prometo que casi como una epifanía, hice el trabajo y me gané el premio del Centro. Este es Derecho, esto no es poesía, ni vaciladas, ni fuerzas naturales, ni metafísica, estos cuates dicen artículo 1, agárralo como el código civil en un juicio reivindicatorio, y le das. Entonces fue fantástico. Como una revelación increíblemente potente en ese sentido
Justicia Una complejidad humana extraordinaria
José de Jesús Gudiño Pelayo Un muy querido amigo, un hombre muy bueno y entusiasta
Colegio Nacional Una extraordinaria distinción
Ámbito académico Desperdicio de recursos
Los demonios y los días Gran temor
ITAM Enorme camaradería
Medicina Lo que debí haber estudiado
Universidad Complutense de Madrid Una abstracción. Nunca fui parte. Nunca me sentí cercano. Un título universitario
El Padrino En las palabras de mi hijo, “todo lo que necesitas saber de mi vida”, ¿no?, que siempre me dice esa frase. Ese es otro caso espléndido de todo lo que uno puede aprender, una concentración de sabiduría
Vicente Fox En términos formales, la persona que me postuló para venir aquí. Y una persona que me parece que se ha ido caricaturizando a sí mismo con el paso del tiempo
SCJN Ay… Está difícil. Yo creo que algo que podría haber sido mucho más, algo que puede llegar a ser…
Ulises Schmill Mi profesor de teoría del Derecho
La Teoría General del Estado de Hans Kelsen Mi mayor relevación. Probablemente el libro que más me ha influenciado en el mundo jurídico
The Police Buenas canciones…, y buenos recuerdos
Héctor Fix-Zamudio Mi maestro
Derecho A lo que me dedico y a lo que estoy concentrado todo mi tiempo
México Una tristeza en este momento, con posibilidades absolutamente desperdiciadas

 

Advertisements

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Adriana Muro

El pasado día viernes 22 de octubre de 2015, en el restaurante Madre en la Candelaria, en el centro de Bogotá, Colombia, tuve la oportunidad de entrevistar a Adriana Muro Polo (Ciudad de México, México, 1986).

UDUrjbHV_400x400Adriana Muro, es abogada por la Universidad Iberoamericana (IBERO), y Maestra en Derechos Humanos y Democratización por la Universidad Externado de Colombia. Actualmente radica en Bogotá, desempeñándose profesionalmente como socia de “ELEMENTA, Consultoría en Derechos”, y también siendo parte de la Universidad Sergio Arboleda.

A Adriana, @adrianawall, la Wall para algunos, la Muro para otros, no tengo la certeza, pues mi memoria es más bien engañosa y poco confiable (el problema no es ser olvidadizo, sino olvidar, dijo Murakami, (ay ajá)), pero creo, ojo, creo, que la conocí por dos ámbitos distintos pero coincidentes.

El primero más bien etéreo y poco sensato, Twitter. O sea, como a todos esos avatares sin rostro ni cuerpo que allá por dos mil diez, o quizá años antes, andábamos en dicha red social, sin conocernos pero en los mismos temas. Incluso, me acuerdo que algunos de los primeros tuits coincidentes, de los primeros #hashtags comunes, eran para apoyar la postulación de Emilio Álvarez Icaza para presidir la Comisión Nacional de Derechos Humanos, o para informar sobre la comparecencia de Ministros para la Suprema Corte cuando quedó seleccionado Justice Zaldivar, o sobre el matrimonio igualitario, o respecto al proceso de reforma constitucional en materia de derechos humanos… Da igual, el caso es que estuvo chido saberse parte de un grupo, o bueno no propiamente un grupo, pero saberse por lo menos no solos, es decir saber que existían otras personas que estudiaban Derecho en México con afinidades ideológicas sobre diferentes temas.

El segundo más bien fáctico y también poco sensato, el Moot Court de American University en Washington, D.C. A manera de tradición, la competencia que organiza la Academia de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario sirve para aglutinar muchas personas de todo el mundo que están en sintonía no solo con los temas derechohumaneros, sino también con unas pinches ganas de pasar un buen (cuasi) verano en Estados Unidos. Entonces, en varios años ahí me encontré con Adriana, no sé si como participantes, o coaches, o jueces, o cualquier cosa, pero el caso es que además de las buenas relaciones entre la IBERO y la Facultad Libre de Derecho de Monterrey (FLDM), y de los amigos en común, existen puntos de encuentro más allá de cuestiones jurídicas e institucionales que resultan más provechos, armonizadores, y perdurables… Me refiero a temas como el fútbol, la música, la literatura, la fiesta, o tal vez, pero solo tal vez, al simple hecho de ser jóvenes. Quién sabe.

En ese sentido, aunque han sido más bien pocas las veces que he coincidido con Adriana (más allá de estar en un lugar ruidoso, estar alcoholizados, o hablando de moot courts), la afinidad sospecho es manifiesta. El pinche tiempo es relativo y como tal no hace falta conocer a alguien durante muchos años, o compartir una vida para saber de las potencialidades comunes que aguardan las personas. Eso, o la verdad es que a mi me basta con saber que si escucha CaféTacvba, o lee Roberto Bolaño, seguro es alguien con quien quiero gastar mi tiempo. Pero si además trabaja por los derechos humanos, escribe (en Nexos, o en revistas científicas, o en publicaciones independientes), o da clases en distintas Universidades, pues bueno ya está, no hay mucho más que agregar.

Agradezco a Adriana por la entrevista, por su tiempo, por lo compartido, por lo que compartiremos, pero sobre todo por compartir la causa (sin tener que sufrirla para ser parte de la misma, como bien lo dice ella).

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Adriana Muro.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Adriana Muro (AM): Simulación.

2.Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

AM: Boaventura de Sousa Santos.

3. Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho?

AM: Sí, porque cuando empecé no estaba segura de lo que quería, y hoy creo que estoy más segura que nunca que el Derecho es lo que yo tenía que hacer.

4. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

AM: La toga entiendo busca legitimar una especie de solemnidad en la profesión, sin embargo considero que actualmente más que solemnidad las y los abogados debemos optar por ganarnos la credibilidad de quien confía en nosotros.

5. ¿Cuáles son las principales diferencias que has encontrado entre el ejercicio de la abogacía en México y en Colombia?

AM: Creo que académicamente me dio una preparación muchísimo más profunda y sólida, y no sé si es un poco también porque yo crecí en un ámbito del Derecho que no estaba comprometido con derechos humanos, y mi primer acercamiento en Colombia fue ese… Puede ser por el contexto colombiano, pero yo veo mucho más compromiso y mucho más entendimiento del Derecho como herramienta de cambio social aquí en Colombia que en México.

6. ¿Qué fue lo que te hizo involucrarte en el campo de los derechos humanos?

AM: Fueron los concursos de derechos humanos los que me salvaron y me hicieron darme cuenta que la insuficiencia académica y técnica que yo veía en mi Universidad la podía rescatarla a través de los derechos humanos. Fue un poco accidental, no lo voy a negar pero sí fue eso lo que me hizo seguir, y así pude comprometerme un poco con esa causa que no era mía pero que sentía que tenía que serlo.

7. ¿Deben los abogados conocer sobre el sistema interamericano de protección de derechos humanos?

AM: Sí, pero creo que es una herramienta más. En estos últimos años me he dado cuenta que el Sistema Interamericano no tiene la última palabra, ni la mejor, que es un Sistema que se agota muy rápido, pero creo que para el ejercicio de la abogacía es primordial.

8. En México después de la reforma en materia de derechos humanos de 2011, la constante discusión del 133 constitucional, el caso Radilla, y de otros acontecimientos relacionados con temas de derecho internacional, parecería reinar una especia de confusión generalizada donde cada quien entiende lo que mejor le conviene. Se me ocurre, por ejemplo, hace unos meses cuando algunos senadores defendieron la designación del ahora ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eduardo Medina Mora, alegando el principio pro persona, para solventar uno de los requisitos constitucionales exigidos para dicho cargo.

 Como abogada radicada en Colombia, y tomando un poco de distancia sobre lo que ocurre en nuestro país, ¿cuál es tu impresión sobre este fenómeno?

AM: Creo que ha sido un fenómeno extraño, parecería que fue un fenómeno positivo esta reforma y te lo digo porque me tocó ser parte al final y conocer a la gente que lucho durante diez años por esa reforma que se consolidó en el artículo primer constitucional. Sin embargo, me parece que la falta de conocimiento en derechos humanos hace que existan pronunciamientos como los que dices de Medina Mora, o los de en su tiempo del ministro Aguirre Anguiano. Me parece que la confusión radica en los altos mandos, dentro del Ejecutivo, Legislativo y Judicial hay mucho desconocimiento y sobre todo, mucha esquizofrenia.

A veces siento que esa reforma trajo cosas buenas pero también considero que la ignorancia hace que en ocasiones se prostituyan los principios que sustentan la protección de los derechos humanos.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente: 

Colombia Mi segundo hogar
IBERO

Lo mejor y lo peor de mis mundos. Lo que no me gusta de dónde crecí y lo que me dio la oportunidad de desarrollarme profesionalmente.

Chicharito Hernández

Yo le tengo mucho cariño al Chicharito por mi mexicana que llevo dentro, por el que siempre tendremos que sentirnos orgullosos, aunque estemos bien o estemos mal, seamos banca o metamos dos goles en la Champions, estamos presentes

Latinoamérica

Contrastes

Universidad Externado

Donde aprendí muchas cosas de las que me faltaban académicamente hablando.

Ayotzinapa

Vergüenza, pena, pero también una oportunidad de cambiar las cosas

Roberto Bolaño

El escritor que me hizo soñar muchas noches con Arturo Belano. A Bolaño me lo presentó una persona que quise mucho, se convirtió en mi autor favorito.

Carlos Vives Felicidad
SCJN

Amor apache. Siempre voy a creer en la Suprema Corte y siempre la voy a criticar

Bogotá La ciudad que me enseñó a creer
ELEMENTA

Una segunda oportunidad. Un proyecto de amistad, de tratar de cambiar las cosas y reivindicar la causa de los derechos humanos

Tacos Lo que más extraño
SIDH

Lo que me abrió las puertas al tema de los derechos humanos y, al mismo tiempo, lo que hoy más critico

Café Tacvba

El pedacito de México que siempre llevo a todos lados

Justicia

Palabra que durante toda mi vida buscaré su significado

OITNB Repensar el feminismo
Mezcal

Un trago que me incita a compartir de donde yo soy

Simona

La que me dio el sentido de la responsabilidad y cariño a los animales. La que nunca me ha dejado sentirme sola

Derecho Para lo que llegué a Colombia
México Mi lugar favorito

Hoy beberé como abogado…

12360308_885598554891626_5975131235452761824_n.jpg

Memes de abogados.

Abogados y marihuana

images-1Estoy en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en un encuentro sobre derecho a la alimentación y estuve sin Internet todo el día. Estuvo bien igual, aprendí mucho. En un determinado momento durante la tarde me pregunté qué habría pasado con la discusión sobre el uso recreativo de la marihuana en la Suprema Corte de Justicia de la Nación en México. Me tranquilicé al pensar que pasara lo que pasara ya había pasado, y por tanto no pasaría mucho. Entonces me dio igual, y no hice el más mínimo esfuerzo por enterarme.

Hace varios días pregunté a varias fuentes confiables, también a otras no confiables pero bien informadas, y me aseguraron que el proyecto iba a salir en sentido positivo. Ahora que llego al hotel y tengo Internet y leo un poco lo que pasó, me entero que así fue.

Está raro lo que pasó. En varios sentido. Para empezar cuando se dio a conocer el proyecto intenté leerlo y sinceramente no pude, se me hizo bastante aburrido, y bastante poco creativo, e incluso algo oscuro y mal argumentado. De hecho, tiré la toalla, y tuitié lo siguiente:

Screen Shot 2015-11-04 at 6.52.01 PM

Como se puede deducir, en una palabra “mediohueva”. Llegué a no más de 20 hojas y pensé que en breve habría algún valiente que lo resumiera (pues siempre hay por lo menos uno), y que lo explicara, o bien que algún diseñador hipster  se aventaran unas infografías. Pues dicho y hecho.

El valiente fue maestro Xopa, justo un día antes de que se votara el proyecto, con un análisis tremendo publicado primero en La Silla Rota, y después en El juego de la Corte. Un escrito que me pareció bastante pero bastante lúcido y donde hace añicos el proyecto de Justice Zaldivar. O sea, hablo por mi, pero creo también es la lectura que realizo del escrito del profe del CIDE, sí a la legalización de la cannabis, pero que su legalización esté bien argumentadita. En otro sentido, sería darse un tiro en el pie, sería paternalismo, sería moralina, sería burocracia, sería un sin fin de cuestiones que desde una óptica práctica son más bien poco prácticas, o, digámoslo claro, imprácticas.

Decía que llegué y me puse al tanto de lo ocurrido en la SCJN. Había mucha información, muchos memes, mucho mame. Acá un ejemplo…

CS7rIhCUcAA6JSw

Lamenté no haber estado, y tanto Alfredo Narváez, a.k.a. @narvinchas, y Pamela, a.k.a., @PMon8, me dijeron, palabras más, palabras menos, que no me perdí de mucho. Y pues eso. Sí, la discusión en la primera sala no fue discusión, fueron monólogos aislados, y al final el proyecto sí pasó pero no pasa mucho más que para cuatro personas en todo México. Cuatro personas que acá se detalla quienes son, y que la verdad no me esperé que fueran ellos. En cualquier caso aplausos.

ley_cannabis-1Digo que está raro porque el fenómeno como tal de la legalización de la maría es un tabú, por un lado veo que muchos aprovechan la discusión para salir del closet, otros sencillamente para sumarse al mame, otros gritan triunfalistas que la SCJN dio un baquetazo y de nueva cuenta tenemos un tribunal constitucional fuerte en México, y bueno, la verdad es que todos aprovechamos la maldita coyuntura y hacemos o decimos algo.

Especial atención merecen los que hacen infografías. Aplaudo y me pongo de pié, en menos de 4 horitas en que salió la sentencia, ya me encontré varias circulando por Internet. O sea, no hay temor de Dios, ni temor al contexto de justificación. Aquí el caso es producir, producir, producir, producir, producir, producir, hacerse viral y conseguir “clicks”, ta bien igual, hoy en día ya nadie lee, ni los que escriben leen lo que escriben, entonces eso. A continuación dos ejemplos de lo que hablo cuando hablo de la rapidez de las infografías:

12194914_1065826636775763_3241502571361471024_o12189518_1644559242469881_3544850843886806457_n

Me pierdo (como siempre), este post no era sobre la marihuana en México y lo que pasó, acá en Borde Jurídico un resumen de los argumentos del #Amparocanábico de mi buen amigo Iván García Gárate, este post, como todo el blog, y todo lo que pinche hago, es sobre abogados. Sobre abogados y marihuana.

Tengo varios materiales sobre el tema del día en México que había estado recolectado desde que comencé la tesis. Así que va…

En los Unites desde hace un tiempo para acá la marihuana es legal. Sino más recuerdo comenzó California, igual y me equivoco, no sé, pero a partir de ahí, por el sistema federal cada estado ha decidido su regluación. Con eso de que están de moda las infografías por acá una infografía sobre cómo está lo de la marihuana en el país vecino:

marijuana2_infographic_USA

Entonces bueeeeeno, se legaliza la maría en IUESEI, no importa sea sin restricciones, con fines terapeúticos, o recreativos, pero si se legaliza dicha droga esto solo y solamente puede significar una cosa: ABOGADOS.

Que la marihuana haya encontrado regulación jurídica tendiente más bien a la permisividad, o acaso a poder ejercer un uso más libre de la misma, conlleva que muchos abogados, y algunos despachos, hayan comenzado a especializarse en el tema. Como si fuera un nuevo nicho de mercado, estos operadores jurídicos ven negocio donde antes sencillamente no se les permitía ver negocio. Y es que de un tiempo para acá fumarse un porro no tiene por qué implicar una sanción penal, por el contrario, se necesitará de un traductor que pueda articular los intereses de quienes fuman marihuana para que convivan en sociedad.

Es bien interesante lo del mercado de servicios jurídicos, recuerdo que antes decían que habría que especializarse en ambiental, o en nuevas tecnologías, que por ahí iría el futuro de la abogacía, que entre tantos abogados o bien uno era muy bueno, o conocía muy bien a algunos clientes, o tenía un nombre, o de plano buscaba nuevos nichos de mercado. Pues bueno, en los States la marihuana llegó para quedarse y para que los abogados tengan trabajo… ¿Cuánto tiempo tardará en existir abogados especialistas en maría en México? En España ya hay algunos, acá informa el periódico El Mundo.

san-diego-skyline-night-801

Lo que sinceramente espero que nunca llegue es la publicidad abogadil que tanto se les da, y gusta, a los gringos. Y que, a continuación, muestro 6 ejemplos, todos reales, con una breve traducción y comentario.


1. En el mundo de la marihuana con fines terapeúticos, tú necesitas conocer tus derechos”. Claro porque en el mundo real, no hace falta.

Manzurilaw

2. “¿Tienes marihuana? Si eres sorprendido marca al 1.855.140.MARÍA“. Del clásico marketing “got milk” al “got weed?” hay solo un paso. Algún día contaré una anécdota que me sucedió con dicho lácteo y dicha droga, en cualquier caso es mejor no combinar.

got-weed-outdoor-928x288

3. “Dios creo la marihuana… ¿Acaso Dios comete errores?”. A mi consideración, el mejor de todos. Además el dominio en Internet vale la pena por sí solo.

23845759_SA

4. Alivie su mente”. Un estilo más conservador y discreto, no tanto su página de Internet.logo

5. “Defensa cannabica”. Sin lugar a dudas el mejor estéticamente hablando. Temis nunca se vio tan bien. 4-7f7dbd1a

6. La abogada más cool de Los Ángeles“. Dope puede ser traducida al español como droga, aunque como adjetivo sería más bien impresionante, o chido, o guay, o chévere, o bakán, o algo así. En cualquier caso, que mala impresión de anuncio.300x300

Evento sobre Colegiación y certificación profesional en Ciudad de México

Desde hace unos cuantos meses en México se está promoviendo una reforma constitucional, y legal, de relevantes consecuencias sociales sobre colegiación y certificación en determinadas profesiones que afectan de manera directa la vida, la libertad o la propiedad. Dentro de las profesiones a regular está, obviamente, la abogacía.

No se han hecho esperar los foros, seminarios y cursos sobre el tema. Sin embargo, estos cuentan con dos particularidades que valdría la pena cuestionar:

  1. Son pocas, por no decir escasas, las voces que critican dicha reforma.
  2. Son, precisamente, los abogados quienes han intentando monopolizar el tema, siendo que la reforma también incluye a profesionales como los arquitectos, los médicos o los contadores, entre otros, cuya voz resulta primordial.

Por lo que cualquier evento que presente el tema desde un enfoque plural, o bien que sencillamente cuestione la  reforma, antes que solo aplaudirla, conviene tenerlo en el radar.

Los próximos días jueves 28 y viernes 29 de agosto, en la Ciudad de México, teniendo como sede el Colegio Nacional, se llevará a cabo un seminario sobre Colegiación y Certificación profesional, coordinado por el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, José Ramón Cossío que parece, de entrada, bastante interesante por su carácter ecléctico.

La entrada será libre. Y el programa es el siguiente…

Evento

Reseña: Justicia de Gerardo Laveaga

Ayer leí las 324 páginas de Justicia, libro publicado por Alfaguara en 2012, escrito por Gerardo Laveaga.

portada-justicia_1_grande

Me gustaría decir que es una obra mala, pero no lo es. Aunque no por no ser mala, significa que es buena.

De este autor he leído algunos capítulos de un libro que tiene sobre Cultura de Legalidad, editado por la UNAM, para un fallido proyecto sobre este tema que alguna vez me encargaron, y, por lo general, estoy al pendiente de lo que escribe en su columnas de opinión en el Excelsior.

A pesar de que sabía de la existencia de la novela, y por ende, de la faceta de escritor de Laveaga, lo cierto es que comprar Justicia, no se encontraba, pero para nada, dentro de mis prioridades bibliográficas. Sin embargo, siempre hay un sin embargo…

El libro, como ya he mencionado en otro post, lo terminé comprando cuando estaba en Monterrey, a finales de 2013, al acompañar a mi abuelo a hacer el súper al H-E-B (imaginen que van a una librería a comprar lechuga; bueno, así de absurdo es comprar un libro en un súpermercado), descubriendo que se encontraba en oferta.

El precio era de 100 pesos. Sí, 100 pesos, es decir 5.70 euros. Que para ser un Alfaguara, 2012, más de 300 páginas, edición bonita (no la de bolsillo) me pareció sensato. De hecho, acabo de regresar de La Central de buscar Las reputaciones de Juan Gabriel Vásquez y claudiqué, precisamente, porque el precio, 17.50 euros, me pareció excesivo.

En fin… La novela de Laveaga, trata sobre el sistema de justicia penal y de justicia en México. Independientemente de lo que diga cualquier reseña, al final, su obra es una intento de thriller jurídico.

images-2

También puedo afirmar que esta novela es la primera que se escribe sobre la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), o más bien, donde esta institución es parte medular de una obra literaria, pues de sus protagonistas (ministros, o pasantes), o de su actuación en conjunto, depende gran parte del desarrollo de la trama.

Ahora bien, decía que Justicia no es mala, pero tampoco es buena. O quizá deba decir: Como novela es más bien de las malas. Como novela negra también. Como thriller, mmm mñeee, me cuesta decir que es buena, pero lo diré. Sí es un buen intento, pero a mi no convence. A continuación, intento, explicar esto…

No soy quién para hablar de novela negra, para eso está mi maestro Roberto Giacomán, pero con lo poco que he leído sobre este tipo de literatura en México, la prosa de Gerardo Laveaga comparada con las desventuras de Héctor Belascoarán Shayne de Paco Ignacio Taibo II, o las aventuras de El Zurdo Mendieta de Elmer Mendoza, es casi tan sosa como leer un informe de algún órgano administrativo mexicano. Comparado con Qiu Xilong o Leonardo Padura, por mencionar dos autores no mexicanos de novela negra que he leído en los últimos meses, Justicia está lejos, muy lejos de ser algo que pueda denominarse como buena novela negra, o sencillamente como novela negra.

Cuando leo novelas de detectives me dan ganas de ser detective. Cuando leo novelas de samuráis me dan ganas de ser samurai. Cuando leo novelas de abogados no me ocurre lo mismo. Y más en este caso.

Pasaré por alto la estructura narrativa que elige el autor (hay capítulos en primera, en segunda y en tercera persona, a veces, incluso combina el diálogo epistolar), pues lejos de parecer una estrategia confusa, me parece un recurso hábilmente utilizado para intrigar al lector y hacer más ágil la lectura de la novela.

También pasaré por alto el título. Que además de pretencioso, no refleja ni mínimamente lo que intenta contar. ¿Quién se atreve a titular un libro Justicia? Ok. Michael Sandel. Pero Michael Sandel es Michael Sandel. En todo caso, la obra de Laveaga se debería de llama Injusticia, o haciendo un guiño a la famosa composición de Thalía, Justicia a la mexicana.

Amor_a_la_Mexicana_-_Thalia's_-_1

Y es que, precisamente, lo que no se puede pasar por alto, es lo saturada que encuentro la novela de tópicos comunes, clichés, y estereotipos sobre ciertos temas que aborda Laveaga. El principal de ellos la corrupción. En la novela, no hay alguien que no esté coludido, inmerso en un escándalo, le deba favores a otros y los utilice a su favor, sometido a una relación de subordinación, sea víctima o victimario de un chantaje, esté corrompido, o lo que sea.

Bien es cierto que él mismo dice que en un futuro quiere pensar que escribió una novela costumbrista, que reflejó, a pesar de que todo es una ficción, un determinado momento de cómo funcionaba el sistema de justicia penal en México. Totalmente válida la aspiración del autor, pero desde mi punto de vista abusa, y por ende, caricaturiza lo pretendido. Y, a veces, se torna patético.

Por ejemplo, una de las protagonista Emilia, la típica niña de clase media/media-alta, con alma jipi pero al fin burgués, estudiante de la Escuela Libre de Derecho, prodigio de su clase, guapa-guapísima, su pasión es el chelo, con una mamá (no recuerdo si divorciada o era viuda, pero da igual cualquier alternativa, para fines de la construcción del personaje es lo mismo) controladora y preocupada más por el qué dirán que por la felicidad de su hija, con un novio abogado/machista/mirrey/malacopa, socio de un importante despacho de abogados de la Ciudad de México, que se enamora del supuesto héroe de la novela (que obviamente termina dejando)… Que resulta ser la heroína de la novela, tanto resolviendo el misterio del crimen sobre el cual gira la misma, como reivindicando un difuso espíritu justiciero en el derecho e intentando cambiar el sistema, es decir intentando fallida y patéticamente cambiar México.

Ese lugar que en la novela es México y donde ocurren casos similares a lo ocurrido en dicho país (aunque “creativa e ingeniosamente” con otros nombres (esto es sarcasmo)), como el del News Divine, el de la guardería ABC, las controversias de los primeros casos del sistema acusatorio en Chihuahua, y la tragedia del Casino Royale, resulta tan parecido que termina por curiosamente no parecerse. También las similitudes entre los personajes, en la ficticia composición de la SCJN, existen solo dos mujeres una progre y otra conservadora, justo como en la vida real, y hasta el nombre de uno de los personajes que la hacen de ministros, Alberto Pérez Dayán, coincide con uno de los actuales ministros de la Suprema.

No por nada, Laveaga dedica su libro a tres personas, relevantes en el ámbito jurídico mexicano, agárrense:

  • Justice Cossío (ministro de la Suprema)
  • Ángel Junquera (abogado, director de la revista El mundo del abogado, de la cual precisamente Laveaga es colaborador habitual)
  • Abraham Zabludovsky (imagino es el hijo de Jacobo con el mismo apellido importante abogado y comunicador mexicano (y quien, según yo, se parece a Ferrajoli))

Screen shot 2014-08-17 at 10.02.03 PM

También, lo que le reprocho a Laveaga es que le falta calle. Cuando intenta hablar como el personaje que es taxista, no parece taxista. Acaso, algunos diálogos en los penales están bien pero quedan a deber. A mi parecer, sigue pareciendo que la novela fue escrita por alguien inmerso en el derecho y que por tanto, y a pesar de haber leído y conocido tanto (pues no cabe duda de que el tipo sabe), no transmite una sensación verdadera con ciertos personajes. Esto lo afirmo, una vez más, al comparar la manera en que personajes utilizadas en novelas que abordan temas afines en México, como por ejemplo Diablo Guardian de Xavier Velasco, o La Reina del Sur del Arturo Pérez-Reverte. Los personajes de Laveaga está muy forzados, y al final y parecen todos sacados de un mismo cajón: un cajón de algún triste burócrata. Preocupado más por la forma que por el fondo.

Screen shot 2014-08-17 at 9.46.07 PM

Prefiero no hablar sobre las escenas de sexo. Basta decir que El Libro Vaquero o la sección de ropa interior del catálogo de Avon resulta más erótico.

Screen shot 2014-08-17 at 10.12.47 PM

A pesar de que es predecible, como thirller digo que está bien. Aunque yo como lector, antes que los protagonistas, supuse e imaginé el desenlace del misterio, (que se puede intuir desde pasada la página 100). La novela es muy ágil. Engancha, no sé si es por la estructura narrativa utilizada o porque la temática al fin y al cabo es una temática que me resulta común y por tanto atractiva. No sé, soy más de finales intempestivos. Y giros de último minuto. Pero bueno, no puedo decir que Justicia no mantiene un cierto misterio durante todas sus páginas.

También como novela en el marco de la corriente de derecho y literatura, inaugurada por Posner ya hace más bien algunos años, es un buen instrumento para la enseñanza de diferentes procedimientos de justicia en México. Las escenas de los reclusorios, los procedimientos del sistema penal, y sobre todo cuando aborda el funcionamiento, más como tribunal político que jurídico, de la SCJN, están bien.

¡Un, dos, tres por Laveaga que está atrás del vidrio polarizado emulando a El pensador!

¡Un, dos, tres por Laveaga.

En este sentido, si digo que a mi Justicia me pareció una obra mala. Probablemente sea por lo que acabo de escribir, pero como en todo, existen opiniones contrarias en blogs y foros. Jorge Volpi, pone bien a la novela. Me llama la atención, porque Volpi en sus criticas literarias suele ser bastante despiadado y riguroso. Con decir que a Bolaño le clasificó algunas obras como malas, digo todo. Esto, tal vez, pero solo talvez, y que conste que estoy suponiendo, pueda obedecer a dos motivos. El primero. Ser del mismo grupo editorial, que lo dudo. Y dos. Que Laveaga es amigo de Eloy Urroz, miembro de la generación del Crack, de la cual también forma parte Volpi. Y por tanto, entre amigos, o amigos de amigos de mis amigos, solemos ser más benevolentes. No sé, son suposiciones. Pero bueno desde que Volpi defendió, o intentó defender a Bryce Echenique por lo ocurrido en la FIL en Guadalajara, ya no sé, qué tanto pensar de su objetividad como crítico. Pero ahí muere.

Voy terminando. La verdad es que NO, (hehe me encanta cuando para dar una noticia que engloba una disyuntiva dicotómica se usan mayúsculas para dar énfasis), recomendaría esta novela más que a dos tipos de personas.

1. Quienes trabajan en la SCJN.

2. Quienes estén interesados en la SCJN.

Si no eres una persona nacida en México, que te interese (profundamente) el derecho. No gastes 100 pesos en esta novela. Te la cambió por alguna otra obra de Gerardo Laveaga (especialmente si es jurídica, aunque no descarto El sueño de Inocencio). Mis datos los encuentran abajo.