Category Archives: Libros y artículos de revista

Evento: Invitación para escribir en el quinto número de la revista “Juez. Cuadernos de investigación”

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Está abierta la convocatoria para el quinto número de la revista Juez. Cuadernos de investigación, que dirige Julio Cesar Vázquez-Mellado García, y que edita y distribuye Tirant lo Blanch-México (por acá encuentran más información al respecto).

Esta ocasión le corresponde a mi buen amigo Miguel Bonilla López la coordinación de la misma, y se pretende que los artículos analicen alguna sentencia relevante, nacional o extranjera, y emitida por tribunales de cualquier grado o fuero. Es decir, vamos a tener una oportunidad valiosiiiiiiiiísima y bastante excepcional para criticar las labores jurisdiccionales, entonces, ¡habrá que aprovecharla!

brotherfromthesameplanet9Me imagino algo así como cuando en un episodio de Los Simpsons, ocurrido durante un partido de base-ball en el Estadio Springfield, decretaron el Día del tomate y los aficionados tuvieron la oportunidad de lanzar sus verduras al campo en clara oposición a lo que ahí sucediera. En la caricatura, lamentablemente, los tomatazos le tocaron al lider del partido comunista. Pero bueno, la idea es esa, una oportunidad para erigir críticas a nuestros juzgadores y sus sentencias. En este caso, los tomates serían los argumentos, y las sentencias y quienes salgan el campo. O algo así. En fin.

Se tiene previsto que el presente número esté integrado para el 15 de junio, así que bueno ya se organizarán ustedes…, en caso que les interesa, aunque ojalá y se animen. A continuación las normas editoriales.

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La toga en el ejercicio profesional de la abogacía por Oscar Cruz Barney

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Hace algunos meses, al conversar con Octavio Martínez Michel sobre el ejercicio de la abogacía y la estética de esta profesión, me sugirió escribir para Borde Jurídico (el artículo ya se publicó, lo que hago este domingo es, sencillamente, replicarlo en el blog y ponerle fotitos) sobre el uso de la toga en el ejercicio profesional de los abogados. Sinceramente, la idea me entusiasmó muy poco. 

Creo que el uso de la toga es un tema menor. Aunque, no por ser un tema poco importante deja de tener alguna relevancia. Aun así, no creo que sea una cuestión a la que haya que dedicarle un artículo de opinión. Sin embargo, hay algunos juristas que sí lo creen. Y heme aquí escribiendo no sobre las togas, sino sobre los que están a favor de estas.

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Cruz Barney contemplando a Cruz Barney. Swarzeneger contemplando a Swarzeneger.

En específico, escribo contra el uso de las togas en la profesión por lo aducido en un artículo escrito por Oscar Cruz Barney, publicado en el número 26 de la revista Hechos y Derechos. Si dichas líneas hubiesen sido escritas por cualquier otra persona involucrada en el campo jurídico, lo ahí plasmado no me parecería tan alarmante. Pero al momento en que es, precisamente, este investigador de la UNAM quien ha fungido como uno de los principales impulsores, y artífices de la “Reforma constitucional en materia de colegiación y certificación profesionales”, que desde el año pasado se viene queriendo impulsar en México, y también de la recién difundida “Ley general de la abogacía mexicana”, vale la pena comenzar a preocuparse.


1. Ocurrencias y recetas

Alguna vez Octavio Paz afirmó que Carlos Monsiváis, “no era un hombre de ideas, sino de ocurrencias”. El solemne y renombrado Nobel mexicano, para criticar al tiempo que burlarse de la escritura de su colega ensayista, decidió endilgarle un concepto más bien empatado con la distracción y la falta de rigurosidad. “Paz es un hombre de recetas”, respondió sagazmente Monsiváis, para avivar la futura polémica que no llegó a mayores.

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Una forma de entender las ocurrencias es empatándolas con lo insultante y lo desdeñoso. Otra, es contemplarlas como ideas con posibilidades futuras. Postulados con un potencial descomunal. Imaginativas representaciones que, tarde que temprano, madurarán para abrir causes alternativos y mostrar otros caminos.

En un sentido, las recetas, en cambio, son instrucciones, enfáticas indicaciones que aspiran a la consecución de ciertos remedios. En otro, las recetas conllevan una fuerte dosis de moralidad inoportuna, claudicando de antemano imaginar algún tipo de procedimiento alternativo. Estas marcan tajante y dictatorialmente el camino a seguir. Pueden resultar o no, pero el componente que implica la corrección un desperfecto de forma indefectible está presente.

Ahora bien, una cosa son las ocurrencias y las recetas y otra cosa son los disparates.

Lo que escribe Cruz Barney no son ocurrencias, ni tampoco recetas, son disparates disfrazados de razones, argumentos edulcorados y sin ningún tipo sustento. Algo dicho fuera de razón.

2. Contra los disparates que aducen los que están a favor de las togas

A continuación, se analizan algunos de los disparates del artículo. El autor escribe que la toga:

  • “Es una vestimenta propia de la profesión de abogado”
    • No, esto es falso. En todo caso, la toga sería la vestimenta propia de un tipo de abogado. Muchos de los problemas al querer teorizar, o realizar algún intento por corregir la profesión, radican precisamente en esta confusión, en generalizar y englobar a todos los diferentes tipos de abogados en uno solo.
  • “Es una prenda que colabora en la dignificación del ejercicio profesional”,
    • Decir que algo colabora por el solo hecho de decirlo no es suficiente. Habría que justificar porqué la toga colabora a la dignificación profesional. Lamentablemente en este caso no se dice nada.
  • “Permite igualar en presencia a los profesionales del derecho en el foro, entre ellos y respecto al juez”.
    • Si esto fuera verdad, significaría que por no usar togas en México, desde hace ya muchos años, nos encontramos en una situación que contraviene cuestiones sustanciales en el ejercicio forense como igualdad ante la ley y debido proceso. Incluso eso de “igualar en presencia” asoma una idea elitista que puede rayar en la discriminación.
  • (Se usa en países tales como) “Brasil, Francia, Italia, España, Inglaterra, Turquía, etcétera”
    • Desconozco qué tan dignificada está la profesión en Turquía por usar la toga, quiero creer que el autor lo sabe. En fin, así como existen países donde se usa toga, también existen muchos otros donde no se usa (países, por ejemplo, como Argentina, Chile, China, Dinamarca, Perú, Suecia, Israel), y esto, por la variedad y divergencia de sus sistemas, sus operadores y sobre todo su cultura jurídica, no es un factor que colabore a dignificar la profesión.

3. De historias a historias

En el artículo en cuestión, Cruz Barney narra los orígenes de la toga. No dudo que alguien encuentre interesante lo ahí plasmado, quizás los modistas, las diseñadoras de ropa, o aquellas personas con interés en la industria textil, no lo sé. Lo cierto es que para los fines pretendidos, el autor antes que aportar razones que justifiquen retomar el uso de la toga en la profesión, utiliza el argumento histórico de manera ornamental.

Y es que hay de historias a historias. Historias que sirven para decorar argumentos, como las que narra el autor, u otro tipo de historias que develan fisuras y quiebres al analizar un fenómeno determinado… La de la toga en el ejercicio de la abogacía, por ejemplo.

Pese a que algunos niegan el parentesco de la toga romana con la indumentaria del abogado, es pertinente suponer que debido a la preeminencia del derecho en tales épocas, este terminó por delinear aspectos que encontrarían cauce de manera colateral en la eventual profesionalización de la abogacía. Así, la toga, como vestimenta característica de los romanos, tuvo un rol destacado en dichos asuntos.

ponerse-la-togaLa toga en la sociedad romana reflejó la condición de quien la portaba, distinguiendo inicialmente a los ciudadanos de los extranjeros y después categorizando de forma general las distintas funciones sociales y políticas desarrolladas en Roma, considerando que la indumentaria forma parte del ser humano y tiene una significación social evidente, como bien lo ha dicho Bengoa Vázquez Varela.

Pese a que, los abogados no estaban propiamente obligados a vestir un atuendo específico en sus comparecencias ante los tribunales, lo cierto es que, prácticamente en todos los países del mundo la acción de la justicia se asocia con el uso de ciertas ropas (por ejemplo, el traje y la corbata donde no se usa toga) y la utilización de determinadas enseñas, como ha escrito Luis Zarraluqui en “De togas, pelucas y otros adminículos”, en Lex Nova – La Revista.

Tal como, afirma Lucía Becker, “en la puesta en escena, el vestuario también tiene su dramaturgia y cuenta una historia, por medio del lenguaje visual con el espectador que comunica y se convierte en signo de lo que quiere decir”. Por tanto, el uso de togas en la actividad forense romana cumplía una embrionaria función de diferenciación social, en aras de mantener un cierto respeto en el ejercicio de la abogacía.

Luego de criticar el uso de la toga en la profesión, y presentar otra visión histórica que no necesariamente se empata con el fervor por la misma, a continuación se intentará develar algunos atavismos que al día de hoy todavía se encuentran vigentes, para después desplegar algunas propuestas sobre el tema.

4.  Atavismos vigentes

Aunque cada vez son menos los países en los que obligatoriamente se requiere el uso de una toga para comparecer en juicio por parte del abogado, la imagen social del mismo se mantiene enfocada en tratar de distinguirse de los demás.

En un estudio correlacional de 2003, un profesor colombiano, Mauricio Rojas, descubrió, a través de una pequeña muestra en la Universidad del Rosario, Colombia, que es en la que se desempeña, que antes que la preparación profesional, la ética, las competencias comunicativas o la honestidad, es la presentación personal el aspecto más valorado socialmente en el abogado. Y aunque dicha investigación no puede ser representativa o lo suficientemente amplia para obtener conclusiones generales, sí nos recuerda que la profesión de los abogados se ve al final del día como una profesión de formalismos, de gestión de relaciones públicas.

5. Recetas, ocurrencias y hasta disparates para “dignificar” la profesión de abogado

Se necesita discutir tanto recetas como ocurrencias para tratar de hacer algo con el ejercicio de la abogacía en México.

Si de lo que se trata es de “dignificar” la profesión, creo que antes que pensar en atuendos, en vanos e inaccesibles códigos deontológicos, en reformas abstrusas y poco realistas, se debería intentar acercar el derecho a la experiencia cotidiana.

20080508174208-honore-daumier-5Luchar contra ese hermetismo que tanto caracteriza la cuestión jurídica y hacerla más accesible no solo para sus operadores, sino, y sobre todo, para la sociedad. Para llevar a cabo esto, antes que reunir a un grupo de expertos cuya visión de la profesión sea totalmente idílica, o proponer lo de siempre para que nunca se cambie nada, haría falta aportar recetas y ocurrencias. Razones y argumentos antes que disparates.

A continuación, algunas recetas, ocurrencias y hasta disparates para “dignificar” la profesión de abogado:

– Recetas

  • Reforma del lenguaje jurídico.
  • Ampliar y fortalecer la figura de los defensores de oficio.
  • Promoción y difusión de métodos alternativos de resolución de conflictos como la mediación, la conciliación, o el diálogo.
  • Reforma en materia de educación jurídica.

– Ocurrencias

  • Exámenes estandarizados para titularse.
  • Tazar los honorarios.
  • Manuales de estilo y redacción de demandas.

– Disparates

  • Uso obligatorio de pelucas.
  • Latín como lenguaje oficial en la redacción de demandas.

7. Conclusión

Espero sinceramente que estas líneas no provoquen que se abra una petición en change.org contra las togas, tampoco que se genere algún tipo de debate al respecto, ni mucho menos se levante el más mínimo interés sobre el tema.

Que esto suceda así, sería una buena señal de la poca importancia que tiene el uso de la toga en la abogacía. Suficiente tenemos con un artículo de Cruz Barney y este lamentable intento por replicar disparates.


A continuación replico el artículo sobre el que habla este post, publicado en el número 26 (Marzo – Abril 2015) de la revista Hechos y Derechos.

«Juristas, malos cristianos». Abogacía y ética jurídica de Massimo La Torre

“En la primera edición de “La Teoría pura del Derecho”, de Hans Kelsen, y puede que también en la segunda, la palabra «abogado» no aparece ni siquiera una vez”


La cita es del catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Catanzaro y profesor visitante en la Universidad de Hull, Massimo La Torre quien, en palabras de Ferrajoli, es una de las poquísimas excepciones que se han dedicado a estudiar, desde una perspectiva iusfilosófica, a la figura del abogado.

Precisamente este jurista italiano ha hecho notar que la mayor parte de la producción de teoría y filosofía del derecho, con poquísimas loables excepciones, omite el análisis de este agente de la administración de justicia. Y es que como él mismo dice: “Sobre el abogado, Savigny, Ihering, Jellinek, Kelsen y Hart —sólo por mencionar algunos de los nombres más ilustres de la tradición del pensamiento positivista—, no han dicho prácticamente nada. O, si han dicho algo, no han sido más que pocas, rápidas y descuidadas palabras”.

En el presente trabajo, de casi 40 páginas, se exponen a grandes rasgos las principales inquietudes de este autor por el tema de la abogacía y la filosofía del derecho. A mi parecer, creo que vienen a ser medularmente dos.

  • La primera: La obsesión del positivismo jurídico por la figura del legislador, y después por la del juez.
  • La segunda: La comprensión y posteriores implicaciones de la dimensión deontológica en la profesión.

Ojo digo creo (del verbo no sé) porque es posible que después de leer este artículo, y darle una hojeada a la obra de La Torre, las vertientes por las que puede transitar y desarrollarse este tema son tan variadas como fértiles.

Sin tener la intención de reseñar el artículo o de hacer un comentario al mismo, (esto porque de verdad creo que su lectura vale mucha la pena y entonces cualquier intento por resumirlo sería inútil…, bueno por eso y porque tengo lecturas pendientes y varias cosas que escribir…, ok bueeeeeno también porque en estos momentos lo estoy utilizando para mi tesis…, y ya que andamos sincerándonos también porque sencillamente hoy ando bien pinche disperso para sentarme a escribir algo medianamente decente) de manera muy pero muy general puedo decir que el artículo de La Torre, a pesar de su longitud, resulta bien ameno y bien interesante.

Ameno por la manera cómo va entretejiendo el artículo, aderezando cada uno de los temas que trata y de las perspectivas presentadas sobre la abogacía con citas literarias y pensamiento de autores conocidos que complementan sus postulados. Así en el mismo, aparecen (desde el título) personajes como Martín Lutero, pasando por San Pablo y varios evangelistas, Kant, Voltaire, Platón, hasta escritores del Barroco español, León Tolstói, Dostoievski y Shakespeare (aunque en este último caso, la cita utilizada para denostar las funciones de los abogados, la clásica de Enrique VI, está sacada de contexto, porque contradictoriamente lo que intentaba el escritor inglés con su “The first thing we do, let´s kill all the lawyers” es hacer un cumplido a los abogados (espero después escribir sobre esto)).

Interesante por la manera en que trata los temas. Entender a la deontología jurídica como un conjunto de postulados bienintencionados dirigidos a hacer de los abogados personas honestas, íntegras y congruentes es una visión falsa y alejada de toda realidad. En esa lógica, escribir sobre deontología se convierte en escribir ficción. Y esto no está mal, sino que sencillamente es estéril para fines prácticos. Lo que está mal es que, por lo general, esta visión edulcorada de la abogacía y la ética es la que comparten muchos de los que escriben sobre el tema. Entonces, lo que hace La Torre en su artículo es presentar un atractivo recorrido por distintas cuestiones entre las que destacan los colegios, el menosprecio teórico sobre la abogacía, la ausencia del abogado en el positivismo e incluso en el realismo jurídico, las caracterizaciones del sistema europeo y anglosajón y su relación con el abogado y la ética jurídica, la percepción social de este actor y dos de las principales posturas respecto a su moral. En este último punto destacan dos tesis diametralmente opuestas. La primera, expuesta por Giovanni Tarello, denominada doctrina de la parcialidad neutral, o en otros términos de la “moral amoralidad”, donde los únicos límites éticos a la actividad del abogado son los establecidos por la ley. Y la segunda, desarrollada por Lombardi Vallauri, que desde una perspectiva más bien pesimista, o bueno no pesimista pero sí negativa, desarrolla la llamada visión eticista/paternalista en la que la conducta moral del abogado debe anticiparse a la acción del juez, y así transformar su rol para convertirse en un médico de familia, un consejero matrimonial, que intenta evitar el proceso y fomentar la paz entre las partes. La Torre termina criticando estas dos posturas y develando la condición ambigua de la abogacía para reescribir la famosa fórmula de Radbruch y aplicarla a la profesión proponiendo un modelo que postula que el abogado puede (le es lícito moral y jurídicamente), en el respeto a la ley, utilizar argumentos y llevar a cabo conductas a favor de su cliente, incluso si su orientación a la justicia (como valor moral) es dudosa o incluso contraria a ésta, salvo que la posible injusticia consiguiente a sus actos se presente en proporciones tales como para resultar intolerable.

El artículo está publicado en el número 12 de “Derechos y Libertades”, la revista del Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas de la Carlos III, que dirige Javier Ansuátegui y quien precisamente es el traductor.

Ally Mcbeal y machismo en la abogacía. Resultados de la encuesta aplicada a estudiantes de la UC3M.

Parecería que el transcurso de la historia que formula la impostergable emancipación femenina, ha provocado que de un tiempo para acá, lo dice Lipovetsky, “ninguna especialidad puede ya considerarse feudo exclusivo del sexo masculino”, pues desde hace varios años, la cifra de mujeres que acceden a la universidad (por lo menos a la española), es superior a la de los hombres.

Concepcion ArenalAsí, la anécdota bastante extendida de la vida de la escritora y precursora del movimiento feminista en España, Concepción Arenal, relativa a que tuvo que asistir vestida de hombre durante su transcurso por la Facultad de Derecho en la Universidad de Madrid en los años cuarenta del siglo XIX, parecería en la actualidad un mero antecedente que abre la brecha para eliminar el veto a la mujer en las universidades. Sin embargo, la incorporación del género femenino en el campo jurídico de manera más o menos regular y del incremento en los últimos años respecto al número de mujeres que ejercen como abogadas, estas al final del día, quedan mal representadas pues son pocas las mujeres que ocupan cargos decisivos.

Hace (más o menos) un año y medio, con la intención de ir perfilando mi proyecto doctoral, ideamos una encuesta sobre abogados para aplicarla a los futuros abogados de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

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La “Charlie”

La recolección de la información se realizó en el mes de septiembre de 2013, durante las 3 semanas iniciales del ciclo, con el objetivo de que las opiniones de los estudiantes se encontraran lo menos influenciadas por las primeras clases cursadas. La aplicación de los instrumentos, se realizó de forma presencial, en las aulas de la UC3M, durante las horas de clase, encuestando a la totalidad de los alumnos que asistieron a las sesiones. Se combinaron grupos magistrales (que reúnen un amplio número de estudiantes) y reducidos, se asistió a un total de 9 salones, 8 en el campus de Getafe, y 1 en Colmenarejo.

UnknownCabe mencionar que durante el ciclo académico 2013-2014 la UC3M ofertó 605 plazas para cursar el grado en derecho, en su modo tradicional o a través de sus dobles modalidades (derecho y ciencias políticas, derecho y economía y derecho y administración de empresas). Del total de plazas ofertadas, se aplicaron y recopilaron 466 encuestas a estudiantes de nuevo ingreso; es decir, se cuenta con una muestra representativa del 77.02% de los estudiantes matriculados en dicho ciclo académico.

Dentro de las múltiples preguntas realizadas a los estudiantes, una de ellas se enfocó en la identificación de una determinada persona o personaje con la actividad que despliega la abogacía, ya que esta refleja la forma en que es visualizada dicha profesión, más allá de lo que se crea que es, o de lo que debe ser.

En concreto lo que se les preguntó a los futuros abogados fue: Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

A pesar de que dicho cuestionamiento fue el que menor nivel de respuesta tuvo de toda la encuesta, al haber sido contestadas solamente por 284 estudiantes, representando el 60.9% del total, las respuestas dan para mucho, pues agrupando un conjunto de características y dependiendo de la situación coyuntural que se vive, en el momento en que se empata la figura del abogado con algún individuo concreto, se conjugan estereotipos y concepciones sobre estos, que develan tanto lo que se supone que es, como lo que se anhela que sea la profesión.

Considerando la diversidad de respuestas proporcionadas, a continuación se presentan en la tabla solo aquellas respuestas que obtuvieron más de un 2% de los resultados, cuya suma representa aproximadamente el 75% del total de las mismas. El desglose de todas las demás opciones, para obtener el 100% de la encuesta, se explican después.

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Los resultados completos son los siguientes… Con un 1.8% del total se agrupan las siguientes 2 respuestas: Nicolás Sisinni y Marshall Eriksen (personaje de la serie de televisión estadounidense How I Met Your Mother), 6 respuestas contaron con un 1.4%: Perry Mason (personaje ficticio de novelas policíacas que alcanzó gran popularidad debido a la serie de televisión del mismo nombre), Ángel Cabrero, José María del Nido, Shark (serie de televisión estadounidense basada en la vida de un prestigioso abogado de Los Ángeles), el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero y Soraya Sáenz de Santamaría (política del Partido Popular). Con el 1.0% existieron cinco respuestas: el ex presidente José María Aznar, Fernando (de la serie española Aquí no hay quien viva), Alberto Ruiz Gallardón (ex-ministro de justicia en España), Otros políticos y Otros jueces (Alaya, Grande-Marlaska y Ruz). Con 12 respuestas de 0.7% se encuentran: el Despacho Uria Menéndez, el Despacho Cuatrecasas, Nancy Ruys, Amigos, Barak Obama, el personaje de Al Pacino la película El abogado del diablo, María Dolores de Cospedal, Olivia Pope (personaje de la serie Scandal), Otros despachos, Montesquieu, Lionel Hutz (abogado de la serie animada de televisión The Simpsons) y Alan Shore (de la serie de televisión Boston Legal), la suma de todos estos resultados, aunados a los presentados en la tabla representa el 100.0% de los encuestados.

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En lo individual, oro para Garzón, plata para McBeal, y bronce para Peces-Barba.

Aprovechando la coyuntura del 8 de marzo, me referiré en específico al quinto lugar de las respuestas, es decir, el obtenido por el personaje de la serie de televisión estadounidense Ally Mcbeal, pues esta resultó ser la única mujer dentro de los primeros lugares de la encuesta.

La serie de la abogada en cuestión fue transmitida originalmente en España desde 1997 hasta 2002, y aunque la gran mayoría de los estudiantes tienen entre 17 y 18 años y por tanto pareciera que la fecha de emisión de la serie no concuerda con la edad de los estudiantes, es pertinente indicar que la misma se ha retransmitido desde hace varios años en este país.

ally-mcbealQue este personaje continúe siendo el referente de la emancipación femenina en el campo jurídico hasta el día de hoy, resulta cuestionable, pues desde el año 1998 al ocupar una portada de la revista Time en Estados Unidos junto a Susan B. Anthony, Betty Friedan y Gloria Steinem, que favorecía de forma insidiosa la muerte del feminismo, las referencias a las mujeres en la cultura de masas, más que propugnar su emancipación, terminan reduciéndola, e incluso caricaturizándola, a estereotipos que perpetúan los esquemas de dominación machista.

Entre tantos ejemplos de mujeres líderes que han conquistado derechos en el campo de la equidad de género, cuando Ally McBeal, cuya trama inicia al ser despedida de un despacho de abogados por denunciar acoso sexual, obtiene este porcentaje de respuestas entre los estudiantes, pareciera estar en concordancia con el hecho de que, la mujer se sigue manteniendo ausente de las estructuras de poder y en los altos puestos directivos en la actual sociedad.

La cuestión del género es uno de los temas cruciales, tanto en el devenir profesional de los futuros abogados, como en las concepciones de aspectos que se involucran de manera directa en su ejercicio.

Los resultados completos, y lo que escribí sobre los mismos, los encuentran por acá.

Fighting Legal Innumeracy por Edward K. Cheng

Fue el gran poeta y compositor guatemalteco Ricardo Arjona quien en su afamada canción Me enseñaste afirmó que “los abogados saben poco de amor y que el amor se cohíbe en los juzgados”. La frase más allá inconsecuente (como las mayoría de las composiciones del trovador) resulta insostenible pues recientemente diferentes series de televisión, como The Good Wife, o novelas, como La hora azul de Alonso Cueto, se han encargado de ir forjando una imagen no precisamente divergente entre amor y abogacía.

¿Es importante que los abogados sepan de amor? Mmm, pues vaya. Sí, pero como con cualquier otra profesión, o cualquier persona en general. Los sentimientos son un componente importante que habrá que cultivar porque, en gran medida, guían nuestras opiniones y decisiones.

Ahora bien, esto del amor y los abogados, a pesar de su importancia, no estoy tan seguro que sea un elemento definitorio al momento de ejercer la profesión. O más bien, creo que es posible identificar un campo de acción donde lo profesional no necesariamente intercede con lo personal. No lo sé, en verdad. Habría que echarle una pensada.

Lo que sí sé, pues me consta, es que los abogados, los operadores jurídicos en general, saben poco de otros campos. O más bien, no les interesa saber de otros campos, o establecer vías de comunicación entre cualquier tema ajeno al derecho. Exclusión. Hermetismo. Aislamiento jurídico que le ha llamado Fritz Schulz. Aquí se podría alegar que esto no es algo exclusivo de la profesión, y algo habrá de cierto, sin embargo, las caracterizaciones y formas que hacen de la ciencia del derecho, y por ende de sus operadores, una materia incomunicada con muchos otros campos del conocimiento parecen sobresalir sobre otras profesiones.

Se ha dicho hasta al cansancio que los abogados deben saber de filosofía, de política, de sociología, de economía, de literatura, de cine, de música, de arte, de cultura general pues, y sí, sí, sí, sí, todo eso está muy bien, y se trabaja (y sobre todo se lucha) constantemente en ello para conseguirlo. ¿Pero qué hay de otros campos del conocimiento más lejanos a las humanidades o a las ciencias sociales? Digamos por ejemplo, las matemáticas.

Screen Shot 2015-01-15 at 12.22.19 PM¿Es verdad eso de que quienes estudiamos derecho elegimos esta profesión ya que somos malos para las matemáticas? Parafraseando a Arjona, ¿los abogados saben poco de números y los número se cohiben en los juzgados?

Esa es más o menos la pregunta que se hace Edward K. Cheng, profesor en la Vanderbilt Law School, en su paper Fighting Legal Innumeracy, cuya traducción al español acaso sería “Combatiendo la inhabilidad numérica en el derecho”. Bueno, no. De hecho no. Numeracy es una palabra gringa que viene a significar la habilidad para entender y trabajar con números, no es propiamente la aritmética, sino su capacidad de comprensión y posterior uso. En fin.

Antes de comentar el papersito de 8 hojas, he de comentar que este lo encontré en el blog, que no me canso de recomendar, http://www.saberderecho.com de Gustavo Arballo, cuando hace unos días posteó los 10 mejores papers jurídicos en Estados Unidos que leyó durante 2014.

El escrito está dividido en tres apartados.

El primero donde:

  • Se aborda a grandes rasgos qué es esto de innumeracy y numeracy;
  • Se focaliza el tema en la profesión jurídica dejando bien en claro que el problema de la inhabilidad numérica en los abogados no debe estar exclusivamente centrada en los números sino, y sobre todo, en saber cómo interpretar y entender estudios de carácter científico o social, y
  • Se llama la atención sobre el incremento del papel de los números tanto en aspectos jurídico-procedimentales en lo específico (como el uso de modelos cuantitativos al momento de realizar valuaciones, o al momento de utilizar evidencia criminal) como también en el campo académico, imagino, pues aquí el autor no lo menciona expresamente, que refiriéndose a ramas como el análisis económico del derecho o a la eclosión de estudios socio-jurídicos de índole cuantitativo que de un tiempo acá se están realizando a lo largo y ancho del mundo.

 En el segundo apartado se analizan:

  • Los problemas que implica la inhabilidad numérica en los abogados a partir de dos posturas, la “naíf” y la “cínica”, es decir, la primera que implica una actitud de deferencia hacia los expertos, aceptando sencillamente que los abogados no son buenos para las matemáticas  y quedando a la merced de quienes propiamente los realizan; y la segunda argumentando que dichas cifras son básicamente mentiras manipulables y resulta mejor no atenderlas.
  • La postura que los abogados deben de tomar ante los números que, antes que naíf o cínica, deber ser eminentemente crítica.
  • Un par de ejemplos de cortes estadounidense para ejemplificar lo mencionado.

Y el tercer donde:

  • Se aportan un par de propuestas y posibles soluciones, para combatir el miedo, la ignorancia, la inhabilidad, o cómo quieran llamarle, a la propensión por evitar las matemáticas, la estadística, los números en general en el derecho. Acaso en este apartado no comparto una de las proposiciones realizadas por el autor, que es aquella que habla sencillamente de tener confianza en nosotros mismos como abogados para abrazar los números y las estadísticas. No basta tener solo buenas intenciones. Yo creo que antes de la confianza está el formarse y estudiar en lo que se quiere comprender.

El artículo es bueno porque bueno y breve doblemente bueno (no como este post que es malo y largo por tanto doblemente malo). La propuesta que llama la atención sobre la utilización numérica, sobre la interpretación y comprensión de las estadísticas por parte de los abogados es bien necesaria, los porqués están resueltos, los cómos, en cambio, son los que hay que trabajar.

A continuación el artículo  sobre el que habla este post, publicado en el vol. 17, No. 3, primavera 2014, de la revista Green Bag archives.

¡Ah! Y también la canción de Ricardo Arjona.

Reseña: Justicia de Gerardo Laveaga

Ayer leí las 324 páginas de Justicia, libro publicado por Alfaguara en 2012, escrito por Gerardo Laveaga.

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Me gustaría decir que es una obra mala, pero no lo es. Aunque no por no ser mala, significa que es buena.

De este autor he leído algunos capítulos de un libro que tiene sobre Cultura de Legalidad, editado por la UNAM, para un fallido proyecto sobre este tema que alguna vez me encargaron, y, por lo general, estoy al pendiente de lo que escribe en su columnas de opinión en el Excelsior.

A pesar de que sabía de la existencia de la novela, y por ende, de la faceta de escritor de Laveaga, lo cierto es que comprar Justicia, no se encontraba, pero para nada, dentro de mis prioridades bibliográficas. Sin embargo, siempre hay un sin embargo…

El libro, como ya he mencionado en otro post, lo terminé comprando cuando estaba en Monterrey, a finales de 2013, al acompañar a mi abuelo a hacer el súper al H-E-B (imaginen que van a una librería a comprar lechuga; bueno, así de absurdo es comprar un libro en un súpermercado), descubriendo que se encontraba en oferta.

El precio era de 100 pesos. Sí, 100 pesos, es decir 5.70 euros. Que para ser un Alfaguara, 2012, más de 300 páginas, edición bonita (no la de bolsillo) me pareció sensato. De hecho, acabo de regresar de La Central de buscar Las reputaciones de Juan Gabriel Vásquez y claudiqué, precisamente, porque el precio, 17.50 euros, me pareció excesivo.

En fin… La novela de Laveaga, trata sobre el sistema de justicia penal y de justicia en México. Independientemente de lo que diga cualquier reseña, al final, su obra es una intento de thriller jurídico.

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También puedo afirmar que esta novela es la primera que se escribe sobre la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), o más bien, donde esta institución es parte medular de una obra literaria, pues de sus protagonistas (ministros, o pasantes), o de su actuación en conjunto, depende gran parte del desarrollo de la trama.

Ahora bien, decía que Justicia no es mala, pero tampoco es buena. O quizá deba decir: Como novela es más bien de las malas. Como novela negra también. Como thriller, mmm mñeee, me cuesta decir que es buena, pero lo diré. Sí es un buen intento, pero a mi no convence. A continuación, intento, explicar esto…

No soy quién para hablar de novela negra, para eso está mi maestro Roberto Giacomán, pero con lo poco que he leído sobre este tipo de literatura en México, la prosa de Gerardo Laveaga comparada con las desventuras de Héctor Belascoarán Shayne de Paco Ignacio Taibo II, o las aventuras de El Zurdo Mendieta de Elmer Mendoza, es casi tan sosa como leer un informe de algún órgano administrativo mexicano. Comparado con Qiu Xilong o Leonardo Padura, por mencionar dos autores no mexicanos de novela negra que he leído en los últimos meses, Justicia está lejos, muy lejos de ser algo que pueda denominarse como buena novela negra, o sencillamente como novela negra.

Cuando leo novelas de detectives me dan ganas de ser detective. Cuando leo novelas de samuráis me dan ganas de ser samurai. Cuando leo novelas de abogados no me ocurre lo mismo. Y más en este caso.

Pasaré por alto la estructura narrativa que elige el autor (hay capítulos en primera, en segunda y en tercera persona, a veces, incluso combina el diálogo epistolar), pues lejos de parecer una estrategia confusa, me parece un recurso hábilmente utilizado para intrigar al lector y hacer más ágil la lectura de la novela.

También pasaré por alto el título. Que además de pretencioso, no refleja ni mínimamente lo que intenta contar. ¿Quién se atreve a titular un libro Justicia? Ok. Michael Sandel. Pero Michael Sandel es Michael Sandel. En todo caso, la obra de Laveaga se debería de llama Injusticia, o haciendo un guiño a la famosa composición de Thalía, Justicia a la mexicana.

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Y es que, precisamente, lo que no se puede pasar por alto, es lo saturada que encuentro la novela de tópicos comunes, clichés, y estereotipos sobre ciertos temas que aborda Laveaga. El principal de ellos la corrupción. En la novela, no hay alguien que no esté coludido, inmerso en un escándalo, le deba favores a otros y los utilice a su favor, sometido a una relación de subordinación, sea víctima o victimario de un chantaje, esté corrompido, o lo que sea.

Bien es cierto que él mismo dice que en un futuro quiere pensar que escribió una novela costumbrista, que reflejó, a pesar de que todo es una ficción, un determinado momento de cómo funcionaba el sistema de justicia penal en México. Totalmente válida la aspiración del autor, pero desde mi punto de vista abusa, y por ende, caricaturiza lo pretendido. Y, a veces, se torna patético.

Por ejemplo, una de las protagonista Emilia, la típica niña de clase media/media-alta, con alma jipi pero al fin burgués, estudiante de la Escuela Libre de Derecho, prodigio de su clase, guapa-guapísima, su pasión es el chelo, con una mamá (no recuerdo si divorciada o era viuda, pero da igual cualquier alternativa, para fines de la construcción del personaje es lo mismo) controladora y preocupada más por el qué dirán que por la felicidad de su hija, con un novio abogado/machista/mirrey/malacopa, socio de un importante despacho de abogados de la Ciudad de México, que se enamora del supuesto héroe de la novela (que obviamente termina dejando)… Que resulta ser la heroína de la novela, tanto resolviendo el misterio del crimen sobre el cual gira la misma, como reivindicando un difuso espíritu justiciero en el derecho e intentando cambiar el sistema, es decir intentando fallida y patéticamente cambiar México.

Ese lugar que en la novela es México y donde ocurren casos similares a lo ocurrido en dicho país (aunque “creativa e ingeniosamente” con otros nombres (esto es sarcasmo)), como el del News Divine, el de la guardería ABC, las controversias de los primeros casos del sistema acusatorio en Chihuahua, y la tragedia del Casino Royale, resulta tan parecido que termina por curiosamente no parecerse. También las similitudes entre los personajes, en la ficticia composición de la SCJN, existen solo dos mujeres una progre y otra conservadora, justo como en la vida real, y hasta el nombre de uno de los personajes que la hacen de ministros, Alberto Pérez Dayán, coincide con uno de los actuales ministros de la Suprema.

No por nada, Laveaga dedica su libro a tres personas, relevantes en el ámbito jurídico mexicano, agárrense:

  • Justice Cossío (ministro de la Suprema)
  • Ángel Junquera (abogado, director de la revista El mundo del abogado, de la cual precisamente Laveaga es colaborador habitual)
  • Abraham Zabludovsky (imagino es el hijo de Jacobo con el mismo apellido importante abogado y comunicador mexicano (y quien, según yo, se parece a Ferrajoli))

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También, lo que le reprocho a Laveaga es que le falta calle. Cuando intenta hablar como el personaje que es taxista, no parece taxista. Acaso, algunos diálogos en los penales están bien pero quedan a deber. A mi parecer, sigue pareciendo que la novela fue escrita por alguien inmerso en el derecho y que por tanto, y a pesar de haber leído y conocido tanto (pues no cabe duda de que el tipo sabe), no transmite una sensación verdadera con ciertos personajes. Esto lo afirmo, una vez más, al comparar la manera en que personajes utilizadas en novelas que abordan temas afines en México, como por ejemplo Diablo Guardian de Xavier Velasco, o La Reina del Sur del Arturo Pérez-Reverte. Los personajes de Laveaga está muy forzados, y al final y parecen todos sacados de un mismo cajón: un cajón de algún triste burócrata. Preocupado más por la forma que por el fondo.

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Prefiero no hablar sobre las escenas de sexo. Basta decir que El Libro Vaquero o la sección de ropa interior del catálogo de Avon resulta más erótico.

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A pesar de que es predecible, como thirller digo que está bien. Aunque yo como lector, antes que los protagonistas, supuse e imaginé el desenlace del misterio, (que se puede intuir desde pasada la página 100). La novela es muy ágil. Engancha, no sé si es por la estructura narrativa utilizada o porque la temática al fin y al cabo es una temática que me resulta común y por tanto atractiva. No sé, soy más de finales intempestivos. Y giros de último minuto. Pero bueno, no puedo decir que Justicia no mantiene un cierto misterio durante todas sus páginas.

También como novela en el marco de la corriente de derecho y literatura, inaugurada por Posner ya hace más bien algunos años, es un buen instrumento para la enseñanza de diferentes procedimientos de justicia en México. Las escenas de los reclusorios, los procedimientos del sistema penal, y sobre todo cuando aborda el funcionamiento, más como tribunal político que jurídico, de la SCJN, están bien.

¡Un, dos, tres por Laveaga que está atrás del vidrio polarizado emulando a El pensador!

¡Un, dos, tres por Laveaga.

En este sentido, si digo que a mi Justicia me pareció una obra mala. Probablemente sea por lo que acabo de escribir, pero como en todo, existen opiniones contrarias en blogs y foros. Jorge Volpi, pone bien a la novela. Me llama la atención, porque Volpi en sus criticas literarias suele ser bastante despiadado y riguroso. Con decir que a Bolaño le clasificó algunas obras como malas, digo todo. Esto, tal vez, pero solo talvez, y que conste que estoy suponiendo, pueda obedecer a dos motivos. El primero. Ser del mismo grupo editorial, que lo dudo. Y dos. Que Laveaga es amigo de Eloy Urroz, miembro de la generación del Crack, de la cual también forma parte Volpi. Y por tanto, entre amigos, o amigos de amigos de mis amigos, solemos ser más benevolentes. No sé, son suposiciones. Pero bueno desde que Volpi defendió, o intentó defender a Bryce Echenique por lo ocurrido en la FIL en Guadalajara, ya no sé, qué tanto pensar de su objetividad como crítico. Pero ahí muere.

Voy terminando. La verdad es que NO, (hehe me encanta cuando para dar una noticia que engloba una disyuntiva dicotómica se usan mayúsculas para dar énfasis), recomendaría esta novela más que a dos tipos de personas.

1. Quienes trabajan en la SCJN.

2. Quienes estén interesados en la SCJN.

Si no eres una persona nacida en México, que te interese (profundamente) el derecho. No gastes 100 pesos en esta novela. Te la cambió por alguna otra obra de Gerardo Laveaga (especialmente si es jurídica, aunque no descarto El sueño de Inocencio). Mis datos los encuentran abajo.

Dos recomendaciones bibliográficas sobre Harry Potter y el derecho

En mi opinión, y después de buscar, leer y revisar por algún tiempo bibliografía sobre Harry Potter desde una óptica diferente a la narrativa, son 2 los libros que mejor develan las relaciones entre el mundo del derecho y la novela fantástica de J.K. Rowling:

El primero:
Fantasía, distopía y justicia. La saga de Harry Potter como instrumento para la enseñanza de los derechos humanos. 2010. Tesis doctoral escrita por Luis Gómez Romero, y dirigida por maestro Miguel Ángel Ramiro.

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La verdad es que me puse más triste cuando descubrí este trabajo, que cuando murió Dobby. Por la sencilla razón de que yo debí haber escrito esta tesis. Pero bueno, esperaré  pronto conseguir un “giratiempo”.

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Gómez Romero, según me dicen, es un fuera de serie. Alguien que sabe mucho y de muchos temas. Ha escrito sobre Watchmen, tiene un libro sobre Literatura garantista, el cual fue revisado por Rodolfo Vázquez. La calidad de sus trabajos es tan buena como su creatividad y modo de abordar aspectos jurídicos que otros, sencillamente no ven, o no quieren ver. La tesis, es súper amena y bastante lúcida, tanto para fans del mago, como para muggles. Al grado que fue galardonada con un accésit en la edición 2010 de los Premios Injuve para Tesis Doctorales aquí en España.

El segundo:
The Law and Harry Potter. 2010. Compilación de artículos, editados por Jeffrey E. Thomas y Franklin G. Snyder.

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Este libro, que es una compilación, más allá de ser bueno en su conjunto, contienen una amplia variedad de excelentes artículos de diversa índole dentro del campo del derecho que bien sirven para interesarte otros temas tangenciales, reunidos en torno a la figura del mago.

Para mis intereses que son los abogados y la enseñanza del derecho (que sospecho que al final, pero solo al final, son lo mismo) destaco el articulo de Leonora Ledwon titulado “Harry Potter Goes to Law School” y “Who Wants to Be a Muggle? The Diminished Legitimacy of Law as Magic”, escrito Mark Edwin Burge.

Los operadores jurídicos de Gregorio Peces-Barba

El jueves pasado se cumplieron 2 años del fallecimiento de Gregorio Peces-Barba Martínez. Las repercusiones por su fallecimiento en 2012 fueron de grandes magnitudes en España. Sobra decir que a su funeral asistieron todos.

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Óleo de Peces-Barba en el Congreso de los Diputados.

Peces-Barba fue casi todo dentro de entorno español. Padre de la constitución del 78, político, abogado, jurista, catedrático, fundador y primer rector de la Carlos III de Madrid, Alto Comisionado de apoyo a las víctimas del terrorismo, etcétera.

Desarrolló principalmente su producción científica en la filosofía del derecho y filosofía política, la ética y los derechos humanos. Su obra, caracterizada por una visión humanística, cultural, e histórica de la filosofía del derecho, es considerada una de las más pertinentes en el ámbito europeo continental (en concreto su teoría dualista sobre el concepto y fundamento de los derechos).

Paco Ignacio Taibo II dice que la buena suerte no existe, que solo existe la mala suerte. Tuve la mala suerte de llegar a Madrid, a estudiar en su universidad –en su instituto de derechos humanos–, un mes y dos semanas después de su fallecimiento. Por tanto, nunca lo conocí.

La viñeta de FORGES en El País el día del fallecimiento de Peces-Barba.

Viñeta de FORGES en El País el día del fallecimiento de Peces-Barba.

Aunque confieso que la elección de estudiar en la Carlos III, no se debió para nada a Peces-Barba, o mejor dicho, mi decisión final para estudiar el posgrado no obedeció a querer llevar clases con él, o acaso a querer ser considerado como parte de su escuela de pensamiento (Norberto Bobbio se refirió a la escuela formada por Peces-Barba de la siguiente manera (aprovecho para practicar mi italiano): “mi glorio della scuola di Gregorio”)… La verdad es que me hubiese gustado conocerlo.

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Curso de derechos fundamentales. Libro de referencia (para bien o para mal) para cualquier estudiante de Máster en DDHH aquí en la UC3M.

No obstante entre actos y actividades en su recuerdo (que avivan las anécdotas y leyendas sobre el personaje), obras póstumas, y sobre todo lecturas (y relecturas e interpretaciones y reinterpretaciones) de su autoría, estudiadas durante los primeros cursos del Máster; puedo decir que al final creo que sí lo conocí. O lo conocí poquito.

Alguna vez un investigador de Jurídicas de la UNAM mencionó, a manera de crítica, que resultaba difícil no encontrar algún trabajo del mismo IIJ-UNAM sin hacer referencia a algún Fix. A la defensa de dicho comentario, se pude argumentar que eso no necesariamente es incorrecto, pues habla de un profundo sentido de pertenencia y de conocer qué es lo que se está haciendo en un determinado instituto en el que se desarrolla alguna investigación.

Bueno pues algo igual acá en la Carlos III, en el Instituto de derechos humanos Bartolomé de las Casas. De las tesinas que conozco, (también aplica para algunas tesis doctorales) son minoría, pero escasa minoría las que no citan a Gregorio Peces-Barba. Aunque sea una vez. Pero Peces-Barba está presente.

Esta cuestión, lejos de ser focalizada, es común a cualquier centro de investigación, o institución educativa que desarrolla actividades académicas. Si bien no creo que esto sea un problema en sí, vale la pena mencionarlo por llamar la atención sobre la independencia e imparcialidad que suele caracterizar a la condescendiente vida académica.

De hecho, ahora que lo pienso estoy en contra. Pero al ser mi incongruencia, lo único congruente que queda en mi vida… Obviamente yo también cité a Peces-Barba, e incluso lo citaré en mi tesis doctoral. Pero que conste que no es por compromiso. O al menos eso creo. Pero bueno, quién sabe. Estos fenómenos, justo como la ideología, se filtran inconciente e imperceptiblemente en nuestra mente, cuando ni nos hemos dado cuenta de ello. En fin.

Dentro de sus más de veinte monografías, e innumerables artículos, Peces-Barba tiene uno titulado “Los operadores jurídicos” donde aborda, tangencialmente el tema de los abogados.

El postulado básico con el que Gregorio Peces-Barba inicia su trabajo afirma que los operadores jurídicos se diferencian del común de los ciudadanos por actuar en el ámbito legal, a través de la intervención profesional estable en un cargo u oficio, como creadores, como intérpretes, como consultores o como aplicadores del derecho. Siguiendo dicha postura, y analizando el tema desde lo que a mi me interesa, que es el de los abogados, estos tendrían el compromiso de fungir como los principales intermediarios entre el derecho y sus destinatarios, pues sus acciones afectan vigorosamente al mejoramiento del sistema.

Ahora bien, la abogacía, tradicionalmente se ha venido caracterizando por ser una actividad independiente (predicándose dicha independencia en la libertad del ejercicio de la profesión y en la libertad de organización del ejercicio profesional al permitirse su autorregulación), que se identifica como uno de los ejemplos más claros de profesiones liberales, cuyas labores se encuentran subordinadas a los intereses de las clases dominantes. Sin embargo, como bien menciona Virgilio Zapatero, el abogado no es solo un representante de un cliente, sino también es “un operador del sistema y un ciudadano que tiene una especial responsabilidad en la calidad del sistema de justicia”.

Precisamente, esa ambivalencia del abogado es la que, además de quitarme el sueño, me interesa estudiar desde la teoría y filosofía del derecho. Porque dicha característica termina por tensar la cuerda hasta el extremo sin llegar a romperla, produciendo una abrumadora contención habitada tanto por el orden y la pulcritud como por la descomposición moral y la obcecación (¿!¡?). Siguiendo a Marcos Kaplan, al encontrar comodidad con posturas que evitan cualquier tipo de compromiso con su entorno, los abogados, por lo general, prefieren mantener el ritualismo y la jerga, antes que preocuparse por la simplicidad, la racionalidad, el realismo, la respuesta creativa ante conflictos, dilemas, nuevas situaciones y desafíos. Esta actitud, no obstante, no es fruto de una degeneración moral o de una abulia alienada que pueda predicarse de la maldad individual de los abogados, sino el resultado estructural de una historia que ha hecho de esta profesión una actividad ambivalente, digna de elogio en tantas ocasiones, pero casi siempre presa de las relaciones objetivas de poder.

El trabajo me resultó bastante interesante para mi finalizar mi Máster (aunque ahora que lo vuelvo a releer, me resultará de mayor utilidad en la tesis), pues siguiendo su característica visión holística sobre la filosofía del derecho, Peces-Barba hace un recorrido histórico sobre los operadores jurídicos desde esta rama del derecho.

Desde la Antigüedad (conjugando datos sobre estos agentes), hasta analizarlos en el pensamiento de algunos de los principales filósofos del derecho de la tradición positivista y en los dos principales sistemas jurídicos, Peces-Barba intenta poner de relieve los diferentes modelos en los que los operadores jurídicos se han desempeñan, para así estudiar sus funciones.

El artículo tiene mucho, pero mucho contenido y como él mismo lo termina, el tema tiene posibilidades todavía no exploradas. Otro tema en íntima relación con lo aquí abordado es el relativo al aislamiento de estos operadores, en íntima conexión con la educación que reciben. En este sentido (además de las citas a Montaigne, Pascal o Unamuno) llama la atención, en la página 469, la breve lista de libros que propone para ser un “jurista completo”.

Termino pues ya escribí mucho y prometí que no lo haría. Pero antes dejo una Posdata, por si alguien está interesado en conocer más sobre Peces-Barba.

PD. Acá encuentran un artículo en El País que escribió, a manera de homenaje discreto, José Manuel Rodríguez Uribes, maestro de Filosofía Política acá en el posgrado (precisamente la broma inoportuna que comenta, que es esta, ocurrió en un Congreso Nacional de Abogacía  y sospecho que, en parte, obedece a la conocida afición por el Real Madrid de Peces-Barba). Y acá un libro de cartas de personas cercanas a Peces-Barba, donde se narran anécdotas tan divertidas como reveladoras para llegar a comprender las magnitudes de este personaje. Me atrevo a recomendar una: la de Elías Díaz.

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Foto y no pedazos. Elías Díaz frente al busto de su amigo Gregorio Peces-Barba, el día de su develación, hace un par de meses en la UC3M, Getafe.

A continuación el artículo del profesor Peces-Barba titulado “Los operadores jurídicos” publicado en la Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, No. 72, 1986 – 1987.


No el abogado, “mejor el doctor”. La imagen social del profesional del Derecho por Mauricio Rojas

Hace ya más de 5 años, por medio de este estudio correlacional, el profesor colombiano Mauricio Rojas descubrió, a través de 549 encuestas aplicadas en la ciudad de Ibagué, Colombia, que antes que la preparación profesional, la ética, las competencias comunicativas o la honestidad, es la presentación personal el aspecto más valorado socialmente en los abogados.

La arraigada idea de que “las formas en el Derecho son importantes” y que “el ejercicio profesional va unido a una serie de requisitos que no se exigen en otras profesiones”, conjuga una característica que propugna la exclusividad en el gremio como barrera de diferenciación social.

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Ciudad de Ibagué

El artículo titulado “No el abogado, “mejor el doctor”. La imagen social del profesional del Derecho”, hace alusión, como lo dice el mismo autor, a la típica imagen del doctor, en el medio colombiano, referida a los abogados, y al trato institucionalizado que hay que darles.

Los doctores, formalmente, son aquellos profesionales que en cualquier disciplina o técnica han alcanzado el grado formal más alto de la educación avanzada; en Colombia la formación doctoral es muy escasa en todos los campos disciplinares. El trato impersonal, el título de doctor otorgado en el sentido común al profesional del derecho sin que este formalmente lo haya adquirido, es indicativo de las relaciones de poder que se establecen en lo social y en el “ropaje” que las profesiones imponen al ejercicio de un oficio concreto vuelto profesión.

El artículo publicado en la Revista Estudios Socio-Jurídicos (Vol. 11, No. 2), de la Universidad del Rosario, resulta interesante pues, aunque no puede ser lo suficientemente amplio para obtener conclusiones generales, trabaja la idea que contempla a la abogacía como una profesión de formalismos y de gestión de relaciones públicas.


The Oñati Socio-Legal Series: How many lawyers are too many lawyers: perspectives, context and place

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El número 3, volumen 3 (2013), de la revista del (no sé qué adjetivo usar: célebre, prestigioso, renombrado, único…, inserte a continuación el que prefiera ____________) Instituto Internacional de Sociología Jurídica de Oñati fue dedicado al estudio de la abogacía, haciendo énfasis en el fenómeno relativo al aumento cuantitativo de dichos profesionistas a lo largo del mundo.

Bajo el título de “¿Cuántos abogados son demasiados abogados? Perspectivas, contextos y lugares”, la publicación agrupa diez artículos de autores de diversos países, que así los desarrollan.

Los títulos de los artículos son los siguientes:

  • Doing Good Instead of Doing Well? What Lawyers Could be Doing in a World of “Too Many” Lawyers
  • “Overcrowding the Profession” – an Artificial Argument?
  • Production of Lawyers in Israel – What Does Unauthorized Practice of Law Have to Do With It?
  • Law Schools and the Continuing Growth of the Legal Profesion
  • Professional Prestige in the Indian LPO Industry
  • The Acceleration in the Number of Lawyers in Israel – What have Changed?
  • Holding Onto ‘Too Many Lawyers’: Bringing International Graduate Students to the Front of the Class
  • Access to Justice in South Africa: Are there Enough Lawyers?
  • Barriers to the Profession: Inaction in Ontario, Canada and its Consequences
  • Tesco Law and Tesco Lawyers: Will our Needs Change if the Market Develops?

Después de leer y releer el número completo, me atrevería a recomendar en especial tres artículos: El número uno y dos de la lista, y el séptimo, de Carole Silver (quien ha trabajado el tema de responsabilidad profesional y ética jurídica) exponiendo algunas propuestas, tan concretas como creativas, en el contexto de las escuelas de derecho norteamericanas.

Los papers están escritos en inglés y cuentan con un breve resumen en ese idioma y en castellano. Acá encuentran el índice de la revista que es de acceso libre.

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Llama la atención, (¡y mucho!), que Israel, según varios de estos artículos, sea el país con más abogados en el mundo, mientras que Sudáfrica cuente con una de las menores tasas de profesionistas por persona. En otra entrada, abordaré el tema.


Tengo que agradecer a mis maestros Carlos Lema y Fernando Villarreal Gonda, el primero en Getafe y el segundo en Santa Catarina, quienes el mismo día, con tan solo 3 horas de diferencia, me informaron de la publicación.

¿En un mismo día, qué probabilidades hay de recibir dos correos, de dos personas distintas, en diferentes partes del mundo, con la misma información? Las mismas que tuvo Neo, al ver el gato negro dos veces en Matrix. Déjà vu (jurídico).

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