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¿En México cuáles son los Estados con más abogados y con más escuelas de derecho? A propósito del mes patrio y los datos del CEEAD y de la SCJN

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De niño te enseñan que México tiene forma de cuerno de la abundancia. De cornucopia, de ese artefacto imperecederamente productor de prosperidad y riqueza, que nos proyecta como un espacio feliz, un lugar donde la escasez es excepción y el bienestar una constante.

El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros de petróleo el diablo” escribió Ramón López Velarde, en los versos más lindos que se han escrito sobre este país, como para recordarnos la ambivalencia que implica intentar organizar y disponer estas tierras. Hay que acostumbrarse a administrar la abundancia, dijo el difuso ex presidente López Portillo…

Todo mal, todo falaz, todo idílico, todo, de alguna u otra manera, contradictorio. Es decir, muy tendiente a creer que lo cuantitativo prima sobre lo cualitativo. Pero en fin, como siempre, no todo es mentira, ni todo es verdad. Lo cierto es que en cuestiones legales, en producción jurídica, seguimos teniendo una abundante cantidad de escuelas de derecho y, eventualmente, de abogados, que esto parece que se nos está yendo de las manos.

Aprovechando las fiestas patrias, la gloriosa independencia de nuestra nación, vale la pena traer a colación algunos datos, propongo dos. La conocida infografía anual del CEEAD respecto al número de escuelas de derecho y una reciente que sacó la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sobre el número de cédulas profesionales divididas por territorio.

A ver una cosita solamente antes de entrar exponerlas…, abro paréntesis…, los dos materiales dan para mucho, su análisis particular, así como también al cruzar la información se puede generar un buen referente para indicarnos algunas problemáticas que van desde federalismo, burocracia, litigiosidad, oportunidades de trabajo, igualdad, mil cosas, ¿va?, listo, todo bien, todo fain. También para cuestionarnos cuántos abogados son muchos abogados, no nos apresuremos y emitamos un juicio alarmista sobre la cantidad antes que analizar la calidad. A todas luces resulta escandalosos los números pero al desagregarlos y pasarlos por varios filtros puede ser que estos no reflejen nítidamente lo que sucede, porque no por el solo hecho de tener cédula significa que se está ejerciendo la profesión, ni que el hecho de que una escuela de derecho exista viene a reflejar que de forma automática ya se cuenten con un alto número de titulados. Hay que pensar bien estos datos y reflexionarlos detenidamente. No cabe duda que el acceso a la justicia en México, es un tema urgente a tratar, uno de los derechos menos garantizados y sobre el cual se erigen muchos otros, sino es que la justiciabilidad de todos los demás. Queda claro. En ese sentido, el problema transita por ahí, por sus operadores y quienes accionan el sistema de justicia. Me queda claro que hay problema, lo que hay que hacer es idear maneras para abordarlo. Por el momento, todavía toca difundir y llamar la atención sobre el tema. Así que por espacio, energía, y mil pendientes, me limito a eso en este post. Les prometo que estamos trabajando en algo más grande. Cierro paréntesis…

Primero la del número de escuelas de derecho en México que, según el CEEAD, para este ciclo llegan a la nada despreciable cantidad de MIL SETECIENTAS SETENTA (1770), y en el top 5 de Estado con mayor número se encuentran:

  1. Estado de México
  2. Ciudad de México
  3. Veracruz
  4. Guanajuato
  5. Jalisco

Después la que hace varias semanas sacó la SCJN, que aunque no dice el número total de cédulas profesionales para abogados existen en el país nos da una muy buena referencia de su distribución geográfica.

  1. Ciudad de México
  2. Estado de México
  3. Puebla
  4. Nuevo León
  5. Veracruz

Está raro. O no raro. Complejo. Hay que echarle cabeza y validar algunas de estas cifras para ver por dónde se pueden pensar y hacer algo al respecto. En cualquier caso, sirva esta entrada para seguir visibilizando algo que parece que no importa, que no es prioridad dentro de la agenda política. Hay que hacer algo respecto a la forma cómo se enseña derecho en México, algo sobre cómo está regulada la profesión. Abundan abogados que busquen la justicia y abundan escuelas de derecho que enseñen lo que es la justicia, lo que difícil y contradictoriamente no se encuentra en este país es justicia.

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Sobre el copipeisteo. A propósito de la infografía de México SOS y los artículos de Edgar Elías Azar y Alejandro Martí

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Durante las ediciones de los años 2011 y 2012 del evento cultural más importante en México, casual y coincidentemente, los reflectores fueron acaparados por dos abogados. Dos abogados que aunque no necesariamente ejercen su profesión, no dejan de ser abogados.

De la edición del 2011 de Feria Internacional del Libro de Guadalajara, diré más bien poco, pues la verdad es que el presidente de la República no deja de superarse a sí mismo con sus equivocaciones. Me limito a recordar que el entonces precandidato del partido que institucionalizó la revolución, el Licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana, Enrique Peña Nieto, al presentar su obra “México, la gran esperanza”, no supo responder a la pregunta de cuáles eran sus libros preferidos, confundiendo autores y terminando por asegurar que La Biblia, que aunque no la ha leído toda, era uno de sus favoritos.

ABRO PARÉNTESIS: Yo siempre desconfío y catalogo inmediatamente como personas no lectoras a aquellas que me dicen que La Biblia es su libro favorito, por cuatro motivos:

  1. La Biblia son muchos libros en uno, y de muchos autores; por lo que es poco probable que se pueda juzgar con el mismo criterio y rigor literario la obra en cuestión.
  2. Del Pentateuco, a excepción del Génesis y Éxodo, los otros tres libros son más aburridos que leer el artículo 27 constitucional o ver un partido de Rayados, con ese inicio tan lento, es probable que como el actual esposo de Angélica Rivera muchos hayamos abandonado ese proyecto después de las primeras cien o doscientas hojas.
  3. De los cuatro evangelios, yo la verdad prefiero el de Saramago, (no entraré en cuestiones de credibilidad que se me puede acusar de hereje, traidor o contradictorio) por simplemente encontrarlo más llevadero.
  4. La difícil cuestión de encuadrar los Salmos, no es tema menor; pues ya que si bien son parte de la misma obra, estos están considerados como cantos o poesías (existiendo unos lindísimos y bastante armónicos).
  5. Sospecho que para poder considerar a la Biblia como un libro favorito, también se deben conocer con igual o mayor profundidad cualquier otro de los considerados libros sagrados de tantas religiones existentes.

Nota aclaratoria: Desconfíen más de quienes no saben contar y desconfíen mucho más de los que desconfían. CIERRO PARÉNTESIS.

Me centraré en la edición del 2012 de la Feria, al momento en que el jurado que concede el premio FIL de Literatura a un determinado escritor por su trayectoria, se vio envuelto en una fuerte polémica por otorgárselo al Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú, Alfredo Bryce-Echenique, acusado de plagio en múltiples ocasiones. El autor, al recibir previamente el premio para evitar altercados, buscó defenderse y al hacerlo cayó en fuertes contradicciones y una vez desesperado, optó por el insulto.

Situación triste, sin lugar a dudas… Pero (creo) un tanto explicable. Me explico.

En lo personal no tengo problemas con la copia, mmm…, bueno, vamos a ver. No tengo problemas siempre y cuando se encuentre bien referenciada y claramente delimitada.

Cuando tuve la oportunidad de dar clases, les decía a mis alumnos que no estaba peleado con el copipeist, solo que en caso de que decidieran utilizar esa (cansina, aburrida, y poco creativa) técnica, me dejaran, por favor, bien claro cuáles eran sus ideas y cuáles no, y de esas que no eran suyas, fundamentaran el motivo por el que dichas ideas se encontraban en su trabajo, o bien que las criticaran y las comentaran.

Entonces, para mi, andar copipeistiando alegremente por la vida, siempre que se cite la fuente, no me parece que esté mal. Estaría mal hacerlo y no citar la fuente. Y peor sería copipeistiar y que te cachen.

Escribo todo esto porque en días pasados ocurrió algo curioso.

En México, como ya se habrán enterado, desde hace un par de meses son tiempos de vacas gordas, épocas doradas, para escribir sobre abogados; esto debido a la reforma constitucional que se avecina sobre colegiación y certificación profesional. Todos tienen que decir algo al respecto. Da igual si nunca has estudiado el tema, o si ni siquiera te importa, tienes que decir algo porque ES el tema de moda. Está cool escribir sobre abogados y colegiación, y por qué no, ya que andamos en esas, también sobre ética profesional. Estás out (jurídicamente hablando) si al día de hoy no has dicho nada al respecto.

Sinceramente este blog para eso es, para aglutinar cualquier opinión que excepcionalmente existe sobre abogados, pero lo cierto es que me he visto rebasado…, son tantos los escritos que mejor claudiqué, tiré la toalla, pues la verdad es que me parece, y me incluyo, que nadie dice nada. Vueltas en círculos, perros persiguiéndose la colita. Rebuscadas digresiones teóricas, críticas muy críticas, benevolentes e idílicas recetas, bla bla bla, pocas implicaciones prácticas.

Prueba de esto, no es solo que se sigan utilizando los mismos argumentos, sino que también se siguen utilizando los mismos datos, para responder las mismas preguntas:

¿Cuántos abogados hay en México? ¿Cuántas escuelas de Derecho hay en México?

Y bueno, pues quién tiene estos datos. Pues poca gente la verdad. Poca gente que se ha puesto a chambear con seriedad en los mismos. Y que por lo tanto resultan valiosos. Tan valiosos que bien valdría la pena reconocer, o por lo menos citar, cuando se les refiere.

El Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho, CEEAD, desde septiembre de 2014 emitió una relevante y novedosa infografía sobre el número de escuelas de derecho y abogados en México. Datos que no son menores, pues implicaron un arduo trabajo de investigación y recopilación información.

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A tan solo algunos días de que se dio a conocer dicha información, Miguel Carbonell replicó la información con su debida fuente en su columna de La Silla Rota. Sobre esto ya he escrito pero va de nuevo…

Los datos dan para mucho, pero muchísimo análisis. Incluso para una segunda parte de la tesis de Luis Fernando (acá encuentran la versión publicada por el IIJUNAM y el CEEAD). No obstante, la primer pregunta que surge después de leer dicha información es: ¿Existen demasiados abogados en México?

Y bueno, ¿quién más? ¿y quién mejor?, que el mismísimo y omnipresente Miguel Carbonell, que es más vivo que Cristiano Ronaldo dentro del área chica, —ABRO PARÉNTESIS (Fue Baudelaire el que dijo “Lo que es creado por el espíritu es más vivo que la materia”, ¿acaso, no será Carbonell un invento del cosmos?) CIERRRO PARÉNTESIS—, quien escribe de todo, e incluso de lo que todavía no ha pasado (ya he descrito a este peculiar jurista en otro post), el que responde a dicha pregunta en su columna de opinión en La Silla Rota, replicando los datos del CEEAD, y haciéndolo en un tiempo récord de solo 5 días después de que fue publicada la infografía. 

El artículo de Carbonell no lo copio, pues lo único que hace es transcribir en prosa la información del CEEAD con una introducción, relativa a que “La carrera de derecho es la tercera más demandada en México, según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)” y con una conclusión de dos parrafitos. De cualquier manera acá está el link.

Vuelvo sobre el tema pues durante esta semana recibí una infografía de la asociación civil que preside y fundó Alejandro Martí, México SOS, la cual copia a la infografía del CEEAD. O sea, hahahaha, una infografía dentro de otra infografía, algo tipo Inception, o tipo Vicente Fernández cuando pinta cuadros al oleo de Vicente Fernández.

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¿Los que hicieron dicha infografía están copiando sin citar? Sí. Y eso está feo. Pero está más feo que no solo copien, sino que además copian mal, pues en México no se crean tres escuelas cada dos semanas, como dicen ellos, sino cada semana, como dice la infografía del CEEAD.

Pero bueno tampoco pasa mucho, no es propiamente un trabajo académico, ni una opinión editorial, además habrá que mencionar que el pasado 2deoctubrenoseolvida, en un escrito publicado en el periódico El Universal, el señor Martí, al hablar ZzzzzZzZzzzzzzzZzzZsobre colegiación, ahora sí cita la fuente del CEEAD (aunque también lo hace mal), como queriendo solventar lo sucedido, o reivindicar a los generadores de la información, o yo qué sé cuáles serán las razones por las que sí decide citar su fuente en el artículo pero no en la infografía.

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Lo cierto es que sería bastante burdo y grosero que en un artículo de opinión publicado en un importante periódico de circulación nacional se hiciera alusión a este tipo de datos y no se citara la fuente. Bien por el señor Martí que copipeistea y avisa. Dudo que exista alguien que tenga la desfachatez de no hacer esto.

Me equivoco. También durante esta semana, y también en una columna de opinión en El Universal, nada más y nada menos, que el mismísimo Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Edgar Elías Azar, al hablar ZzzzzZzZzzzzzzzZzzZsobre colegiación, cita los datos del CEEAD sin referencia alguna.

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Como dijo una amiga, “¿cómo queremos profesionalizar abogados, si no actuamos de manera profesional cuando damos datos sobre la colegiación y certificación?” La pregunta, entonces, sería: ¿Quiénes profesionalizan a los que profesionalizan? Chale.

ABRO PARÉNTESIS No puedo pasar la oportunidad de comentar la foto del Magistrado. Hahaha, o sea da para un post entero, y mil memes, se me ocurren tres…

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CIERRO PARÉNTESIS. En fin.

Hay de maneras a maneras. Y también de operadores jurídicos a operadores jurídicos. De persona a personas. Un ejemplo, también con los datos del CEEAD, y también en El Universal (me voy percatando que este periódico es, posiblemente, el que más haya publicado cosas sobre abogados y colegiación, hmmm), que me parece acertado, o más que acertado que sencillamente se limita a sí hacer una referencia, y justificada, de los datos, fue a través de un artículo del Ministro Cossío, denominado: ¿Y los abogados?

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Como diría un compadre, si bien es cierto que la información que genera el CEEAD es pública y que todos la pueden utilizar, también lo es que un principio ético básico es el dar reconocimiento a las fuentes de las que obtenemos la información.

Más allá de lo patético que puede resultar la copipeistiada sin fuentes, del plagio y sus implicaciones éticas (agravadas cuando son llevadas a cabo por alguien que aspira a profesionalizar la profesión), me parece tan sensato como importante llamar la atención sobre la riqueza de citar fuentes, y lanzar una invitación a intentar abandonar la idea de que todos debemos ser grandes generadores de LAS ideas y LOS datos, de información novedosa, nueva, atractiva, de seguir queriendo descubrir el hilo negro.

El último libro que ha escrito Alfredo Bryce Echenique se titula Dándole pena a la tristeza, bastante adecuado para estos tiempos.

¿De qué se enferman las personas españolas que ejercen la abogacía? Sobre el informe que estudia las patologías y lesiones de los abogados en España

UnknownAlguna vez quise estudiar medicina. No recuerdo si me lo llegué a plantear de manera seria, pero queda claro que claudiqué. ¿La razón? La sangre. No soy de esas personas que entran en pánico al verse involucrados en una situación de emergencia frente al fluido rojo, pero la verdad es que me imagino en un quirófano límpido, rodeado de angelicales personas dispuestas a salvar vidas ajenas, y al momento en que intento meterle cuchillo a un cuerpo, inmediatamente la escena se transforma en una desvergonzada película gore, donde las náuseas me superan y termino huyendo del asesino que soy yo mismo.

Mucha, pero mucha pinche responsabilidad, eso de diagnosticar y velar la vida de los otros. Suficiente tengo con cuidarme a mi mismo.

812chaseSí, sí, sí, ya me han dicho que ser médico no significa solo cuchillos y emociones fuertes. Me queda claro que uno también podría dedicarse a la investigada, o a la gestión, o a otras áreas de la salud que pueden sortear el encarar los dolores, los olores, los colores… Pero que pereza, o sea, o se estudia medicina para ser Dr. House o nada.

Como todas las profesiones y los oficios, creo que la elección profesional por ejercer la medicina tendrá mucho que ver con esa palabreja que tanto gusta en las escuelas católicas y que es la vocación. Yo sencillamente no tengo vocación para el área de la salud. Prefiero las humanidades y las ciencias sociales, se está tan bien entre libros, evitando el trato directo con los demás, y lidiando solo con mis problemas (físicos y mentales), que lo cierto es que a estas alturas veo difícil ponerme a estudiar medicina.

Eso por un lado, pero por el otro para nada niego que las relaciones entre el campo jurídico y el campo de la salud son interesantísimas. Lo poco que he leído sobre bioética, paternalismo, o derechos sexuales, podría emocionarme hasta abrir un blog de derecho y medicina (www.entreabogadosymedicosteveas.worpress.com). Ok, no. Pero sí para ponerme a pensar seriamente sobre sus consecuencias. Quién sabe, tal vez después, lo que me queda claro es que tengo que entrar a estudiar las similitudes entre médicos y abogados. Entre togas y batas. Será después, todo es después.

Bueno, este innecesario preámbulo para decir que esta semana, fue presentado un informe bien interesante, realizado por la Fundación Instituto Investigación de la Abogacía, sobre las patologías y las lesiones de los abogado en España.

Lesiones-centran-patologias-abogados-Espana_TINIMA20150427_0151_5Yo me enteré de la noticia por los diferentes titulares de algunos periódicos y portales informativos (El Periódico, Lawyer Press, de resaltar El Mundo que encabezó la noticia de la siguiente manera “Abogados de cristal”) que dieron cobertura al evento. Lamentablemente la mayoría de las notas eran réplicas de una agencia de noticias que poco aportaban sobre el contenido del informe, así que después de realizar una búsqueda en los diferentes colegios de abogados que participaron en el estudio, encontré el documento completo en la página de Internet del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona (ICAB).

Decía que era un informe bien interesante porque imaginen que a toda madre sería conocer de qué se van a enfermar las personas que estudian derecho, o a qué edad es probable que les de un infarto a los abogados, o cómo prevenir dichas patologías si se encuentran dentro de las características que agrupa el informe. Algo así como aquello que tanto les gusta hacer a los gringos sobre la felicidad y la salud de los abogados, pero no con encuestas o entrevistas, sino sustentado con datos que ofrecen las mismas clínicas de salud y hospitales de un determinado país.

El informe está bien, bien a secas. Tampoco es el hilo negro, y según yo estaría más interesante, pero no está mal (he de confesar que, probablemente, el problema no sea el informe, sino que el problema sea yo, pues algo parecido me está pasando con el cine, de un tiempo para acá nada me gusta, nada me emociona, nada me agrada, así que pido perdón de antemano, y espero que este nefastismo pase pronto). De cualquier manera, no recomiendo la lectura íntegra del trabajo, más que para aquellos interesados en el tema, o propiamente para los abogados de alguno de los colegios que sirvieron como base al estudio. Esto, sobre todo, porque después de leerlo detenidamente encuentro varios datos que no resultan congruentes, mmm bueno no, congruentes no es la palabra, ni tampoco fiables, tal vez mmm ¿cuál es el antónimo de endebles?, no sé, no me acuerdo, pero esa es la palabra que estoy buscando, digo esto por las divergencias temporales en las muestras utilizadas y por una escasa representatividad que al presente año no es posible sostener. Además el lenguaje utilizado en el informe, a veces, se me hizo  muy técnico, no sé si lo que leía lo escribió un médico, o un abogado, o un sociólogo. No está densito ni confuso pero su lectura me cansó (pero insisto, quizá el problema sea yo, y no el informe).

Como no recomendaría la lectura íntegra del trabajo, pero tampoco me fiaría de los resúmenes uniforme de los diferentes medios de comunicación que cubrieron la nota, a continuación, y de manera puntual, intentaré resumir las más de 40 páginas divididas en ocho apartados sobre las principales enfermedades de los abogados españoles.

  • Los análisis sobre enfermedades profesionales en la abogacía, tanto en ámbitos nacionales como internacionales, son más bien escasos.
  • En la página 8 y 9, a manera de compilación, se exponen sucintamente diversos estudios que se han realizado sobre este tema en Europa. Llama la atención que no se incluyan los trabajos realizados en Estados Unidos, que son bastantitos.
  • En España existen 83 colegios de abogados. El estudio solo contempla los de Catalunya, Vizcaya, Madrid y Málaga. No llego a distinguir dentro del informe la diferenciación entre abogados colegiados que ejercen y aquellos que no lo hacen pero que están colegiados.
  • El top 3 de las enfermedades en las personas que ejercen la abogacía en España son:
    • 1. Patologías traumatológicas, especialmente las fisuras, prótesis y ortopedias.
    • 2. Enfermedades psicosociales, como estrés y ansiedad.
    • 3. Accidentes cardiovasculares.
  • Aproximadamente la jornada laboral de una persona española que ejerce la abogacía se divide en:
    • 30% de formación e investigación,
    • otro 30% de relaciones con clientes,
    • 30% en desplazamientos (que a mi me parece muchísimo),
    • y un 10% de trabajo en la oficina y marketing.
  • El porcentaje de accidentes en desplazamiento de las personas que ejercen la abogacía son más elevados que los de la población general.
  • Las traumatologías en los abogados españoles son derivadas de sus desplazamientos laborales, esto obedece a que su media de movilidad es más alta que la de población en general. No quiero imaginar un estudio de este tipo sobre  el colectivo de los carteros.
  • Ojo al dato. Existe una relación entre los accidentes cardiovasculares y el ejercicio de la abogacía. Esta conclusión no es poca cosa.
  • Las mujeres abogadas suelen tener hijos 4 años más tarde que la media de edad de la población en España.
  • Si eres abogado español, a los 48 años de edad es probable que tengas un depresión o ansiedad. O dicho en palabras bonitas, la edad media de los abogados con trastornos mentales es de 48 años.

A continuación el informe íntegro.

Los abogados y la justicia por Mauricio García Villegas

Hace 10 días Mauricio García Villegas escribió sobre abogados en su columna quincenal en el periódico colombiano El Espectador.

He de confesar que la primera vez que leí el artículo, no sabía que lo escribió García Villegas. De hecho, el inicio del mismo me pareció un poco pedante y estuve a punto de abandonar su lectura. Pero no lo hizo. Y por el contrario, al continuar leyéndolo lo descubrí bastante pero bastante agudo y por tanto bien ameno e interesante.

En el artículo, el autor del conocido libro La eficacia simbólica del derecho además de pronunciarse a favor de regular la profesión de los abogados en su país, que es Colombia, realiza una pertinente argumentación sobre la misma donde involucra temas de desigualdad educativa, de ética, además de tomar en consideración factores cuantitativos sobre la profesión y circunstancias políticas coyunturales.

El artículo no es el típico (y aburridísimo) artículo sobre medios de regulación en la abogacía que propugna soluciones milagrosas, o que acaso diagnostica un tema sobrediagnosticado. Y es que valga la pena mencionar que  Mauricio García Villegas es, a mi consideración, uno de los nombres indispensables hoy en día al momento de abordar temas de teoría crítica y sociología jurídica, no solo en Latinoamérica, sino a nivel mundial.

Me calló, no doy más spoilers. A continuación, lo que escribe el autor en cuestión sobre la regulación de los abogados en Colombia. El artículo es de acceso libre, y acá encuentran el link. Subrayo las ideas que me resultaron más interesantes (que son casi todas).


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Los abogados y la justicia

Por ejemplo, es una lástima que en una sociedad no haya buenos filósofos ni buenos médicos; pero que un filósofo diga pendejadas por no haber recibido una buena formación, no es tan grave como que un médico opere a un paciente sin saber lo que hace. Por eso, el Estado se debe preocupar más por lo segundo que por lo primero. Con los abogados ocurre lo mismo que con los médicos; como son parte esencial del engranaje de la justicia, que es algo esencial en la vida de una sociedad, no deberían ir por ahí litigando como se les antoje.

En el caso de los abogados el Estado debe vigilar dos cosas. En primer lugar, la calidad de sus conocimientos. Esto se puede hacer a través de un examen de Estado o a través de colegios de abogados (de afiliación obligatoria) que evalúen periódicamente a sus afiliados. Lo segundo, es la ética profesional del abogado. Esto también lo pueden hacer los colegios de abogados o lo puede hacer un tribunal disciplinario políticamente independiente y éticamente intachable.

Estos son controles elementales que se utilizan en casi todos los países democráticos. En Colombia, sin embargo, con una de las tasas de abogados más altas del mundo (354 por cien mil habitantes), estas ideas simples y razonables nunca se han podido llevar a la práctica. No es que no se hayan propuesto, es que cada vez que se proponen, sus opositores, en la academia jurídica y en los círculos políticos (dos mundos demasiado cercanos en este país), ganan la partida. La semana pasada el ministro Yesid Reyes propuso que los abogados tuvieran que pasar un examen de Estado antes de ejercer la profesión y de inmediato saltó un buen número de decanos de facultades de derecho para descalificar la medida, con el consabido argumento de la autonomía universitaria.

El examen de Estado para los abogados se justifica sobre todo en países que tienen una educación muy dispar, como es el caso de Colombia, con facultades de derecho buenas, regulares y malas. Que todos los egresados de esas facultades puedan ejercer la profesión sin ningún control, es un absurdo que muestra cómo en este país los abogados funcionan más como un grupo de interés que como una profesión asociada con la justicia. El control disciplinario, por su parte, también funciona mal, dado que, como se sabe, la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura ha sido, en buena parte, capturada por intereses políticos y corporativistas.

Como los diplomas de las facultades de derecho tienen un valor tan distinto (dadas sus diferencias en términos de calidad), en Colombia hemos creado un mecanismo informal de homogeneización de esos diplomas: se trata de las maestrías ofrecidas por algunas facultades de prestigio en las grandes ciudades, sobre todo en Bogotá. Así, quien obtiene su título en una facultad mediocre y desconocida, hace luego una maestría en una universidad reputada y se presenta como egresado de esta última (una especie de lavado de título). Esto ha conducido, además, a la mercantilización de los posgrados, muchos de ellos de pobre calidad, lo cual es una expresión adicional de la falta de control de la que vengo hablando.

Se habla mucho por estos días de la crisis de la justicia y de las innumerables propuestas para remediar sus males. Eso está bien, sin duda, pero no deberíamos olvidar que la justicia también depende de la educación legal y de la ética profesional, dos cosas que, dicho sea de paso, se refuerzan mutuamente, para bien o para mal.

Las escuelas de Derecho en México, datos del CEEAD

En días pasados Luis Fernando Pérez Hurtado, Doctor por la Universidad de Stanford, cuya tesis fue dirigida por el gran sociólogo del derecho Lawrence Friedman, publicó en su Twitter (y creo que también en Facebook, pero no consta porque no tengo) una infografía sobre las escuelas de Derecho en México.

ByU49cuIUAAuoF-Dicha información, realizada en el marco del programa de Educación Jurídica del Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho, A.C. (CEEAD), revela datos bien interesantes sobre los abogados en México. Datos, por ejemplo, como los siguientes:

• Durante 2013-2014, un total de 1608 instituciones mexicanas de educación superior ofrecieron la licenciatura en derecho.
• En promedio, se están creando en México 3 escuelas de derecho cada semana durante los últimos años.

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No se me ocurre otra analogía para la eclosión de escuelas de derecho en México que la de los Gremlins.

• El Estado de México, es la entidad federativa con más escuelas de derecho con 194. Cifra que sobrepasa al total de instituciones de educación superior que ofrecen el mismo grado en Canadá (21), España (73), Alemania (44), / Ecuador (17), Paraguay (9), Honduras (4), y Guatemala (7). (Los datos de estos últimos cuatro país los conseguí acá)
• En Alemania hay menos escuelas de derecho que en Guerrero. En Canadá menos que en Nayarit. En España menos que en Guanajuato.

Como si fueran fábricas de abogados, estas instituciones producen, producen, producen, producen, y terminan convirtiendo a la licenciatura en derecho en una de las carreras más saturadas en México y generando, por ende, una situación de crisis de empleo, donde los nuevos abogados podrían verse obligados a aceptar trabajos de baja calidad y con menores salarios.

Los datos dan para mucho, pero muchísimo análisis. Incluso para una segunda parte de la tesis de Luis Fernando (acá encuentran la versión publicada por el IIJUNAM y el CEEAD). No obstante, la primer pregunta que surge después de leer dicha información es: ¿Existen demasiados abogados en México?

imagesY bueno, ¿quién más? ¿y quién mejor?, que el mismísimo y omnipresente Miguel Carbonell, que es más vivo que Cristiano Ronaldo dentro del área chica, —ABRO PARÉNTESIS (Fue Baudelaire el que dijo “Lo que es creado por el espíritu es más vivo que la materia”, ¿acaso, no será Carbonell un invento del cosmos?) CIERRRO PARÉNTESIS—, quien escribe de todo, e incluso de lo que todavía no ha pasado (ya he descrito a este peculiar jurista en otro post), el que responde a dicha pregunta en su columna de opinión en La Silla Rota, replicando los datos del CEEAD, y haciéndolo en un tiempo récord de solo 5 días después de que fue publicada la infografía.

El artículo de Carbonell no lo copio, pues lo único que hace es transcribir en prosa la información del CEEAD con una introducción, relativa a que “La carrera de derecho es la tercera más demandada en México, según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)” y con una conclusión de dos parrafitos. De cualquier manera acá está el link.

Ahora bien, ¿Cuántos abogados son demasiados abogados? Tengo la sospecha de que es realmente ahí donde se encuentran muchas de las claves de la cuestión. ¿Para qué me servirá preguntarme si hay muchos abogados en una determinada área geográfica, si al final se desconoce cuántos realmente ejercen la profesión, o cuántos se dedican a otras actividades totalmente ajenas al derecho? ¿Cómo andan las proporciones entre el número de licenciados en derecho que ejercen la profesión y el número de habitantes? ¿Índices de acceso a la justicia? ¿Abogados de oficio? ¿Análisis económico de los servicios jurídicos? ¿Índices de acciones promovidas?…

Israel, según tengo entendido es el país con más abogados en el mundo, mientras que Sudáfrica cuenta con una de las menores tasas de profesionistas por persona. ¿Esto los hace ser naciones más o menos democráticas o, por usar terminología de moda, los hace una país de leyes? No sé. Y no lo tengo nada claro. Seguramente existe alguna correlación que se pueda demostrar, pero no tengo la menor idea.

De hecho, ahora recuerdo que hay un meme colombiano que se burla de las profesiones de sus últimos presidentes, entreviendo que si en dicho país tuvieran mandatarios que no estuvieran la típica formación jurídica-económica, y por el contrario fueran como China quienes sus presidentes suelen ser ingenieros o personas de ciencias exactas, otra cosa sería. Meme tan falaz, como un billete de treinta, pero vale la pena traerlo a colación.

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También existe la versión argentina, donde ahí sí nadie se salva, pues todos son de formación jurídica.

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En fin… Hace falta que se consigan y transparenten estos datos. Hace más falta difundir estos datos. Hace mucho más falta estudiarlos.

La oralidad en peligro por Diego Valadés

El martes pasado Diego Valadés, en su columna de opinión en REFORMA, que a la vez es replicada en acceso libre el periódico guanajuatense AM, escribió sobre los pendientes del nuevo sistema de justicia penal en México. Es decir, escribió fundamentalmente sobre la abogacía, pues en este nuevo panorama, el papel de estos agentes jurídicos será primordial para su funcionamiento.

Uno de los juristas de referencia de la IIJ-UNAM, y portero de mi selección mexicana de derecho, destaca cuatro aspectos que pueden resultar cruciales a 2 años de que se cumpla el plazo establecido por ley para la implementación del sistema:

  1. Colegiación de abogados,
  2. Escuelas de derecho,
  3. Actualización, y
  4. Pro Bono.

Valadés, como habitualmente lo hace, de manera sucinta y lúcida expone puntualmente los riesgos en cada uno de esos cuatro rubros, en referencia con la oralidad del nuevo sistema.

El artículo es tan pertinente como bueno. Sin embargo, llama la atención que no se hiciera referencia alguna a la reforma constitucional en materia de Colegiación y Certificación Obligatorias que, desde hace varios meses, se encuentra en el Senado (¿o ya está en la Cámara de Diputados?), con su respectiva Ley General que la desarrolla. Precisamente, dicha reforma lo que pretende modificar el es artículo 5º de la constitución (también el 28 y el 73), al cual hace referencia Valadés en el cuarto párrafo de su escrito.

Usando léxico arjoniano… El problema de estos problemas, es la falta de armonización entre la reforma al sistema de justicia y la relativa a colegiación. Existe un desfase importante de índole temporal entre los objetivos que persiguen estas modificaciones jurídicas.

Vamos a ver. Faltan 2 años para que se cumpla el término para que entre en vigor  la oralidad en el sistema. Probablemente, no se cumpla. Pero quién sabe. Si no se cumple, tampoco pasa nada. Bochornosamente, ya hemos visto lo sucedido con el nuevo amparo. Pero bueno, para la reforma de colegiación obligatoria, los chismes dicen que tal vez se apruebe en el próximo periodo de sesiones. A partir de ahí, se contarán 10 años para su implementación, es decir esperaremos hasta 2024 para desplegar íntegramente su contenido. O bueno, 10 años para que se empiece a certificar la profesión y se cuente con un examen de acceso a la misma. Entonces, suponiendo que en 2016 se cumple el término del nuevo sistema de justicia penal, existe un handicap de 8 años entre el arranque de este y los métodos de certificación y colegiación de los abogados que de manera obligatoria deberán cumplir si quieren desempeñarse en el mismo. Un limbo que, entre la confusión y los problemas de implementación, será aprovechado para aprovecharse del nuevo sistema.

El problema de los abogados ante el nuevo sistema de justicia, no es tema ausente en el debate jurídico. Tanto justice Cossío, justice Zaldivar y hasta justice Luna Ramos se han pronunciado sobre el tema. Lo que está ausente es una agenda legislativa congruente.

A continuación el artículo de Diego Valadés. Subrayé lo que más me interesó, que es más bien todo.


Screen shot 2014-07-26 at 8.03.06 PMLa oralidad en peligro

Una reforma constitucional de 2008 adoptó el sistema penal acusatorio y oral. Su aplicación práctica implica cambios institucionales todavía sujetos a prueba. Las expectativas son elevadas, máxime que a la oralidad de los juicios penales se atribuye la posibilidad de amplios efectos transformacionales para la justicia. No entraré en la cuestión procesal, ya bastante explorada, y me centraré en analizar si, además de los ajustes formales, se han previsto otros también necesarios.

La mencionada reforma constitucional incluyó un transitorio conforme al cual, en un plazo que concluye en junio de 2016, la legislación de todo el país se deberá adaptar al nuevo sistema. A partir de ahora se dispone de menos de dos años para hacer todo lo que está pendiente. En cuanto a las modificaciones legales es posible cumplir a tiempo; lo malo es que no basta con esas adecuaciones.

Hay aspectos que han sido omitidos. Por ejemplo, no se han resuelto los problemas de la colegiación de los abogados, de la calidad de las escuelas de derecho, de la actualización de los abogados en activo, ni de la asistencia jurídica para los justiciables. Son asuntos de los que también depende el éxito o el fracaso de la reforma. Veámoslos.

Colegiación. Llevamos décadas discutiendo si se adopta la colegiación de los abogados como requisito para su desempeño profesional. Conforme al artículo 5o. de la Constitución existe plena libertad para el ejercicio de una profesión. La salvaguarda de esta regla general es importante, pero en el caso de la abogacía ha impedido regular su ejercicio como una actividad de la que dependen la libertad, el patrimonio y la seguridad jurídica de los justiciables. Es indispensable, por ende, llevar a cabo una reforma cuidadosa de ese precepto.

La defensa de inculpados o la representación de víctimas está relacionada con la capacidad profesional y con la idoneidad ética de los abogados. En todos los países donde hay oralidad los colegios o barras ejercen la función de certificar esa capacidad y de controlar esa idoneidad, para ofrecer a los justiciables la certidumbre de que están bien patrocinados y de que, si resulta necesario, cuenten con la posibilidad de defensa ante sus propios defensores.

En México la colegiación está pendiente de una regulación acorde con la trascendencia social de la abogacía. Los datos del INEGI indican que hay alrededor de doscientos mil abogados en activo. Con el sistema penal acusatorio y oral tendrán muchas más atribuciones y obligaciones que las actuales. Acerca de su desempeño profesional y ético no existen instrumentos pertinentes de certificación ni de control, de manera que los justiciables estarán en manos de personas cuyas aptitudes y rectitud no en todos los casos van a ser satisfactorias.

Calidad académica. Conforme a los registros de la Asociación Nacional de Universidades, en el ciclo escolar participan más de mil escuelas de derecho que atienden a casi trescientos mil estudiantes; pero es muy probable que el número de escuelas y de alumnos sea superior. La enseñanza va desde la excelencia de algunas instituciones hasta otras muchas que padecen niveles ínfimos. No existen controles que ofrezcan a los estudiantes un mínimo de garantías en cuanto a la educación que reciben. Las consecuencias de que haya quienes ejerzan sin la formación requerida afectarán al nuevo sistema y se trasladarán a la sociedad. La ineptitud es fuente de corrupción e injusticia.

Actualización. Si la preparación de buena parte de los futuros abogados es más que dudosa, la actualización de los que están en activo es casi inexistente, entre otras cosas porque no se exige como requisito para ejercer la profesión.

Asistencia jurídica. El Estado mexicano no ha anunciado ningún proyecto de instituir un servicio de asistencia jurídica destinada a los millones de mexicanos que carecen de medios para hacer valer sus derechos ante los tribunales. Los servicios de defensoría pública son muy desiguales en el país y sólo están disponibles para los acusados. Hay organizaciones filantrópicas que realizan una tarea encomiable en esta materia, pero sus recursos serán insuficientes frente a las cargas de trabajo que se aproximan.

La conclusión es sencilla: se han consumido seis de los ocho años disponibles. Hay algunas tareas avanzadas y otras a medio andar, pero varias ni siquiera han sido previstas. La oralidad está en riesgo de ser un fracaso más. Todavía es posible recuperar el tiempo perdido.

The Oñati Socio-Legal Series: How many lawyers are too many lawyers: perspectives, context and place

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El número 3, volumen 3 (2013), de la revista del (no sé qué adjetivo usar: célebre, prestigioso, renombrado, único…, inserte a continuación el que prefiera ____________) Instituto Internacional de Sociología Jurídica de Oñati fue dedicado al estudio de la abogacía, haciendo énfasis en el fenómeno relativo al aumento cuantitativo de dichos profesionistas a lo largo del mundo.

Bajo el título de “¿Cuántos abogados son demasiados abogados? Perspectivas, contextos y lugares”, la publicación agrupa diez artículos de autores de diversos países, que así los desarrollan.

Los títulos de los artículos son los siguientes:

  • Doing Good Instead of Doing Well? What Lawyers Could be Doing in a World of “Too Many” Lawyers
  • “Overcrowding the Profession” – an Artificial Argument?
  • Production of Lawyers in Israel – What Does Unauthorized Practice of Law Have to Do With It?
  • Law Schools and the Continuing Growth of the Legal Profesion
  • Professional Prestige in the Indian LPO Industry
  • The Acceleration in the Number of Lawyers in Israel – What have Changed?
  • Holding Onto ‘Too Many Lawyers’: Bringing International Graduate Students to the Front of the Class
  • Access to Justice in South Africa: Are there Enough Lawyers?
  • Barriers to the Profession: Inaction in Ontario, Canada and its Consequences
  • Tesco Law and Tesco Lawyers: Will our Needs Change if the Market Develops?

Después de leer y releer el número completo, me atrevería a recomendar en especial tres artículos: El número uno y dos de la lista, y el séptimo, de Carole Silver (quien ha trabajado el tema de responsabilidad profesional y ética jurídica) exponiendo algunas propuestas, tan concretas como creativas, en el contexto de las escuelas de derecho norteamericanas.

Los papers están escritos en inglés y cuentan con un breve resumen en ese idioma y en castellano. Acá encuentran el índice de la revista que es de acceso libre.

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Llama la atención, (¡y mucho!), que Israel, según varios de estos artículos, sea el país con más abogados en el mundo, mientras que Sudáfrica cuente con una de las menores tasas de profesionistas por persona. En otra entrada, abordaré el tema.


Tengo que agradecer a mis maestros Carlos Lema y Fernando Villarreal Gonda, el primero en Getafe y el segundo en Santa Catarina, quienes el mismo día, con tan solo 3 horas de diferencia, me informaron de la publicación.

¿En un mismo día, qué probabilidades hay de recibir dos correos, de dos personas distintas, en diferentes partes del mundo, con la misma información? Las mismas que tuvo Neo, al ver el gato negro dos veces en Matrix. Déjà vu (jurídico).

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