Tag Archives: Literatura

Si Juan Rulfo fue alumno de Eduardo García Máynez, ¿por qué no fue abogado?

Screen Shot 2017-05-24 at 4.42.50 PM.png

Soy el blanco perfecto para cualquier vendedor. De verdad, si quieren que su campaña de marketing sea exitosa, contáctenme. Ofrézcanme cualquier novedad, para eso soy el mejor. Fanático de los infomerciales y entusiasta de cualquier moda, confieso que soy muy, pero muy, fácil para emocionarme por cuestiones tan comerciales como efímeras.

51kJULlsVcL._SX291_BO1,204,203,200_.jpgEntonces, por obvias razones, este lindo mes jubilar de mayo estoy releyendo a Juan Rulfo y leyendo lo que se ha escrito de Juan Rulfo. En específico, me he ganchado con Había mucha neblina o humo o no sé qué la biografía rulfiana de Cristina Rivera Garza. ¡Qué buen libro!, en verdad, tan bueno que me ha gustado más el Rulfo que ella esboza, que el Rulfo de verdad.

Leyendo dicha obra, descubrí que existe un hecho que ha pasado un tanto desapercibido en el marco de las celebraciones del centenario de Juan Rulfo, y que se relaciona con este blog y con mis temas de estudio, me refiero a su proceso de formación educativa.

Pocas personas conocen que la primera opción del joven escritor nacido en Sayula para estudiar una carrera profesional era la de abogado, ¡sí, abogado! Esto porque su abuelo fue abogado, y ya saben cómo influye la familia en estas cuestiones.

Ahora bien, se imaginan a Rulfo de abogado, redactando oficios, o haciendo sentencias, o hablando abogañol… No sé, digo, prácticamente, se puede afirmar que Rulfo fue un burócrata, ya que trabajó formalmente como funcionario, pero lo cierto es que formación jurídica (GRACIAS A DIOS), nunca recibió.

Sin embargo, la pregunta evidente sería ¿si Rulfo quería ser abogado, porque no terminó de abogado? Bueno pues investigando un poco en otras biografías me di cuenta que existen dos versiones que explican el porqué.

  • La primera, porque a Rulfo le fue negado el ingreso a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional en la capital del país, por no conseguir la revalidación de sus estudios de bachillerato en Guadalajara.
  • La segunda, porque el Derecho le dejó de interesar y prefirió irse de antemano a la Facultad de Filosofía y Letras, de la cual también fue rechazado.

A pesar de ambas historias, no solo es que Rulfo no haya terminado de abogado, sino que nunca obtuvo una licenciatura, pues al ser rechazado dos veces de la Universidad (sea de dos facultades distintas o de la misma), este se vio en la necesidad de continuar su educación por vías no formales, es decir aprendiendo por su propia cuenta, asistiendo de oyente a distintas clases y conferencias.

En ese sentido cabe destacar que, como él mismo lo ha afirmado en un par de entrevistas, en la época en que asistió a la Universidad Nacional como oyente, tuvo la oportunidad de adquirir las enseñanzas de grandes maestros…, entre ellos, nada más y nada menos, que uno de los más lúcidos juristas que han existido en la historia de México: Eduardo García Máynez.

Ojo, García Máynez era una de esas extrañas aves que daba clases tanto en Filosofía como en Derecho (no por nada se ha dicho que el pensamiento de Máynez está demasiado cerca del Derecho para que los filósofos puedan comprenderlo y, al mismo tiempo, demasiado cerca de la filosofía para que para la mayoría de los abogados lo entenderlo), pero donde le dio clases a Rulfo fue en Filosofía… Sirva como prueba esta entrevista que publicó Sylvia Fuentes en 1985…

fui de oyente a Mascarones, a Filosofía y Letras, y ahí me pasaba en realidad oyendo las conferencias porque entonces los maestros daban conferencias, más que clases: eran don Antonio Caso, Vicente Lombardo Toledano, García Máynez; eran muy buenos maestros…

Un soneto de Lope de Vega contra los abogados y un chiste sobre abogados y el día del amor y la amistad

A propósito del 14 de febrero, había prometido escribir un post sobre la concepción del afecto de Jenifer Williams, la esposa de H. L. A. Hart, quien tenía un amorío con Isaiah Berlin, y con algún otro destacado pensador de la época que por el momento no recuerdo su nombre. Sin embargo, no me dio el tiempo ni la cabeza. Así que bueno, para no perder la periodicidad de este blog comparto esta imagen, que es más bien un chiste, sobre abogados y el día de San Valentín. Encontré la misma gracias a un buen amigo que la compartió en uno de esos cientos de chats laborales de Whatsapp que solo sirven como excusas para no laborar.

A pesar de que el chiste no me dio risa, que es más bien de los malos, que la imagen tiene faltas ortográficas, que su estética resulta bastante cutre, que sería bastante cursi (y, por ende, chafo) comprometerse con alguien en este día, y que eso de que las pedidas de mano (actos anacrónicos y patriarcales por los cuales el hombre solicita a la familia de la mujer la posibilidad de casarse) necesariamente conllevan al divorcio es falaz, todo me da igual, pues estoy tan cansado que nada de eso me importa.

CbPEfvNUkAEQjwQ

Aunque ahora que lo pienso, fue Lope de Vega quien dijo: No quiso la lengua castellana que de casado a cansado hubiese más de una letra de diferencia. Qué loco, así sí cobra sentido un poco el chiste este… Hmmmm.

imgresY ahora que lo vuelvo a pensar, Lope de Vega tiene varios códices poéticos (varios sonetos) contra los abogados (contra los leguleyos). Así que para redimir este post y porque, obviamente, leer poesía, leer composiciones armónicas, es una de las formas más sensatas de celebrar a nuestros seres queridos, incluso a pesar de que sean abogados. A continuación, esto que encontré de uno de los poetas más importantes del Siglo de Oro español:

Cuando yo veo un hombre licenciado,
o sea doctor, picado de humanista,
de lego en leyes le confirmo el grado.

En siendo un escolar bufonicista,
para sacarle solas cuatro leyes
es menester llamar un exorcista.

Jamás a los consejos de los reyes
llegan estos bonetes poeticidas,
y de los libros vuelven a los bueyes.

Viñeta sobre Dart Vader y Atticus Finch y el último libro de Harper Lee

Me encontré esta viñeta de Vader leyendo el último libro de la autora que más (¿y mejor?) ha posicionado en el imaginario colectivo un prototipo de abogado, es decir, el del protoabogado, el del súper abogado, moralmente inquebrantable y justicieramente también, aquel caracterizado a través del personaje de la novela, publicada en 1960, Matar un Ruiseñor: Atticus Finch.

Ahora que está tan de moda el universo de de Star Wars, cualquier cosa se puede relacionar con el mismo…, incluso Atticus Finch, y el libro recién publicado de Lee “Ve y pon un centinela”.

Yo no he leído el libro, pero sí algunas críticas, y no me dan nada de ganas de leerlo, pero bueno habrá que leerlo, aunque creo que esta viñeta tira una buena referencia de por dónde va.

e79a7e83c80f7f1df20d03c43524d83f

“Hmm… Atticus Finch también tenía un lado oscuro”.


Viñetas sobre abogados.

 

El nuevo abogado de Franz Kafka

6658a0_31f8fa59ed244fb2968406b1981244a4.jpg_srz_474_474_75_22_0.5_1.2_75_jpg_srz

Hace 91 años murió Franz Kafka. El único ser humano que, según Roberto Bolaño, contemplará el fin del mundo desde un trono de hierro.

Kafka se doctoró en derecho en 1906, ejerció un año como abogado y después trabajó en una aseguradora. Ahí, se supone y según recuerdo, es cuando comienza a escribir.

Probablemente El proceso sea la obra (tanto en en el unverso kafkiano como también dentro de la narrativa en general) que más ha sido estudiada para abordar distintos temas jurídico-filosóficos desde la literatura. De esto se ha escrito, y se ha escrito mmm no mucho, pero más de lo normal. Sin embargo, las posibilidades de la obra del nacido en Praga para nada acaban ahí. Tanto cuentos, com pasajes de otras novelas, como su misma biografía, ponen de relieve una obra con un trasfondo donde yacen un montón de cuestiones legales.

images

Un ejemplo claro, relacionado de manera directa con abogacía, es el cuento “El nuevo abogado”, escrito en 1917, y que se encuentra dentro del último libro publicado en vida por Kafka Un médico rural.

Replico el relato completo, sin necesidad de algún análisis o comentario, esto porque antes que aducir algún argumento falaz que diga que el relato se cuenta solo, la verdad es que estoy usando el mismo para un trabajo que estoy haciendo. Y pues a nadie le gustan los spoilers. Solo puedo decir que, como todo lo que escribió Kafka, el relato está muy, pero muy, pinche bueno.


kafka_blacque_jacquesflickrEl nuevo abogado

Tenemos un nuevo abogado, el doctor Bucéfalo. Poco hay en su aspecto que recuerde la época en que era el caballo de batalla de Alejandro de Macedonia. Sin embargo, quien está al tanto de esa circunstancia, algo nota. Y hace poco pude ver en la entrada a un simple ordenanza que lo contemplaba con admiración, con la mirada profesional del aficionado a las carreras de caballos, mientras el doctor Bucéfalo, alzando gallardamente los muslos y haciendo resonar el mármol con sus pasos, ascendía escalón por escalón la escalinata.

En general, la Magistratura aprueba la admisión de Bucéfalo. Con asombrosa perspicacia dicen que dada la organización actual de la sociedad, Bucéfalo se encuentra en una posición un tanto difícil y que en consecuencia y considerando además su importancia dentro de la historia universal, merece por lo menos ser recibido. Hoy –nadie podrá negarlo– no hay ningún Alejandro Magno. Hay muchos que saben matar, tampoco escasea la pericia necesaria para asesinar a un amigo de un lanzazo a través de la mesa del festín; y para muchos Macedonia es demasiado reducida y maldicen en consecuencia a Filipo, el padre; pero nadie, nadie puede abrirse paso hasta la India. Aún en sus días las puertas de la India estaban fuera de todo alcance, aunque su camino fue señalado por la espada del rey. Hoy dichas puertas están en otra parte, más lejos, más alto; nadie muestra el camino; muchos llevan espadas, pero sólo para blandirlas, y la mirada que las sigue sólo consigue confundirse.

Por eso, quizás, lo mejor sea hacer lo que Bucéfalo ha hecho, sumergirse en la lectura de libros de derecho. Libre, sin que los muslos del jinete opriman sus flancos, a la tranquila luz de la lámpara, lejos del estruendo de las batallas de Alejandro, lee y relee las páginas de nuestros antiguos textos.

Para la Cátedra de Derecho Penal por Eduardo Galeano

UnknownHoy, 13 de abril de 2015, falleció el escritor Eduardo Galeano (casualmente el mismo día que Günter Grass). No solo uno de los principales referentes para entender eso que por costumbre llamamos Latinoamérica, sino también, y sobre todo, uno de los poetas más claros para llamar la atención sobre las injusticias del mundo, para describir la condición humana, y para ayudarnos a entender nuestras propias contradicciones.

Dentro de su abundante obra política, ensayística, filosófica, poética (añada aquí __________ cualquier otro calificativo literario que termine en “ica”), existen múltiples denuncias a los sistemas de justicia y sus operadores.

41L6IJbfvYL._SY344_BO1,204,203,200_Recordé una cita, o bueno un instrumento, una referencia específica en su libro Patas arriba. La escuela del mundo al revés, publicado en 1998, por Siglo XXI. Se denomina “Para la Cátedra de Derecho Penal”, y hace alusión al sistema judicial y carcelario en México, en el Estado de Chiapas. Al caso de un indígena tzotzil acusado y condenado por el delito parricidio.

Lo relatado se relaciona directamente con la abogacía y con el debido proceso y las garantías judiciales. O al menos así quiero verlo yo. En concreto, con el derecho del inculpado a ser asistido gratuitamente por un traductor o intérprete, en caso de que no comprenda o no hable el idioma del juzgado, y con su derecho a que se le proporcione una defensa adecuada.

Actualmente el artículo 20 de la constitución mexicana, esa norma programática que enuncia idílicamente los derechos del imputado en el proceso penal,  no otorga el derecho a un  traductor desde el inicio de un proceso para las personas que no comprenden el idioma español por hablar una lengua indígena. Y bueno, de la figura del abogado de oficio mejor no hablamos… En fin. No se trata de explicar esto, sino sencillamente de replicar lo que escribió Galeano al respecto que es más que suficiente para entender un poco la situación.

unnamed

La imagen la obtengo de la página 67 del libro en cuestión, en su edición de bolsillo. Que en paz descanse Eduardo Galeano.

Reseña: Justicia de Gerardo Laveaga

Ayer leí las 324 páginas de Justicia, libro publicado por Alfaguara en 2012, escrito por Gerardo Laveaga.

portada-justicia_1_grande

Me gustaría decir que es una obra mala, pero no lo es. Aunque no por no ser mala, significa que es buena.

De este autor he leído algunos capítulos de un libro que tiene sobre Cultura de Legalidad, editado por la UNAM, para un fallido proyecto sobre este tema que alguna vez me encargaron, y, por lo general, estoy al pendiente de lo que escribe en su columnas de opinión en el Excelsior.

A pesar de que sabía de la existencia de la novela, y por ende, de la faceta de escritor de Laveaga, lo cierto es que comprar Justicia, no se encontraba, pero para nada, dentro de mis prioridades bibliográficas. Sin embargo, siempre hay un sin embargo…

El libro, como ya he mencionado en otro post, lo terminé comprando cuando estaba en Monterrey, a finales de 2013, al acompañar a mi abuelo a hacer el súper al H-E-B (imaginen que van a una librería a comprar lechuga; bueno, así de absurdo es comprar un libro en un súpermercado), descubriendo que se encontraba en oferta.

El precio era de 100 pesos. Sí, 100 pesos, es decir 5.70 euros. Que para ser un Alfaguara, 2012, más de 300 páginas, edición bonita (no la de bolsillo) me pareció sensato. De hecho, acabo de regresar de La Central de buscar Las reputaciones de Juan Gabriel Vásquez y claudiqué, precisamente, porque el precio, 17.50 euros, me pareció excesivo.

En fin… La novela de Laveaga, trata sobre el sistema de justicia penal y de justicia en México. Independientemente de lo que diga cualquier reseña, al final, su obra es una intento de thriller jurídico.

images-2

También puedo afirmar que esta novela es la primera que se escribe sobre la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), o más bien, donde esta institución es parte medular de una obra literaria, pues de sus protagonistas (ministros, o pasantes), o de su actuación en conjunto, depende gran parte del desarrollo de la trama.

Ahora bien, decía que Justicia no es mala, pero tampoco es buena. O quizá deba decir: Como novela es más bien de las malas. Como novela negra también. Como thriller, mmm mñeee, me cuesta decir que es buena, pero lo diré. Sí es un buen intento, pero a mi no convence. A continuación, intento, explicar esto…

No soy quién para hablar de novela negra, para eso está mi maestro Roberto Giacomán, pero con lo poco que he leído sobre este tipo de literatura en México, la prosa de Gerardo Laveaga comparada con las desventuras de Héctor Belascoarán Shayne de Paco Ignacio Taibo II, o las aventuras de El Zurdo Mendieta de Elmer Mendoza, es casi tan sosa como leer un informe de algún órgano administrativo mexicano. Comparado con Qiu Xilong o Leonardo Padura, por mencionar dos autores no mexicanos de novela negra que he leído en los últimos meses, Justicia está lejos, muy lejos de ser algo que pueda denominarse como buena novela negra, o sencillamente como novela negra.

Cuando leo novelas de detectives me dan ganas de ser detective. Cuando leo novelas de samuráis me dan ganas de ser samurai. Cuando leo novelas de abogados no me ocurre lo mismo. Y más en este caso.

Pasaré por alto la estructura narrativa que elige el autor (hay capítulos en primera, en segunda y en tercera persona, a veces, incluso combina el diálogo epistolar), pues lejos de parecer una estrategia confusa, me parece un recurso hábilmente utilizado para intrigar al lector y hacer más ágil la lectura de la novela.

También pasaré por alto el título. Que además de pretencioso, no refleja ni mínimamente lo que intenta contar. ¿Quién se atreve a titular un libro Justicia? Ok. Michael Sandel. Pero Michael Sandel es Michael Sandel. En todo caso, la obra de Laveaga se debería de llama Injusticia, o haciendo un guiño a la famosa composición de Thalía, Justicia a la mexicana.

Amor_a_la_Mexicana_-_Thalia's_-_1

Y es que, precisamente, lo que no se puede pasar por alto, es lo saturada que encuentro la novela de tópicos comunes, clichés, y estereotipos sobre ciertos temas que aborda Laveaga. El principal de ellos la corrupción. En la novela, no hay alguien que no esté coludido, inmerso en un escándalo, le deba favores a otros y los utilice a su favor, sometido a una relación de subordinación, sea víctima o victimario de un chantaje, esté corrompido, o lo que sea.

Bien es cierto que él mismo dice que en un futuro quiere pensar que escribió una novela costumbrista, que reflejó, a pesar de que todo es una ficción, un determinado momento de cómo funcionaba el sistema de justicia penal en México. Totalmente válida la aspiración del autor, pero desde mi punto de vista abusa, y por ende, caricaturiza lo pretendido. Y, a veces, se torna patético.

Por ejemplo, una de las protagonista Emilia, la típica niña de clase media/media-alta, con alma jipi pero al fin burgués, estudiante de la Escuela Libre de Derecho, prodigio de su clase, guapa-guapísima, su pasión es el chelo, con una mamá (no recuerdo si divorciada o era viuda, pero da igual cualquier alternativa, para fines de la construcción del personaje es lo mismo) controladora y preocupada más por el qué dirán que por la felicidad de su hija, con un novio abogado/machista/mirrey/malacopa, socio de un importante despacho de abogados de la Ciudad de México, que se enamora del supuesto héroe de la novela (que obviamente termina dejando)… Que resulta ser la heroína de la novela, tanto resolviendo el misterio del crimen sobre el cual gira la misma, como reivindicando un difuso espíritu justiciero en el derecho e intentando cambiar el sistema, es decir intentando fallida y patéticamente cambiar México.

Ese lugar que en la novela es México y donde ocurren casos similares a lo ocurrido en dicho país (aunque “creativa e ingeniosamente” con otros nombres (esto es sarcasmo)), como el del News Divine, el de la guardería ABC, las controversias de los primeros casos del sistema acusatorio en Chihuahua, y la tragedia del Casino Royale, resulta tan parecido que termina por curiosamente no parecerse. También las similitudes entre los personajes, en la ficticia composición de la SCJN, existen solo dos mujeres una progre y otra conservadora, justo como en la vida real, y hasta el nombre de uno de los personajes que la hacen de ministros, Alberto Pérez Dayán, coincide con uno de los actuales ministros de la Suprema.

No por nada, Laveaga dedica su libro a tres personas, relevantes en el ámbito jurídico mexicano, agárrense:

  • Justice Cossío (ministro de la Suprema)
  • Ángel Junquera (abogado, director de la revista El mundo del abogado, de la cual precisamente Laveaga es colaborador habitual)
  • Abraham Zabludovsky (imagino es el hijo de Jacobo con el mismo apellido importante abogado y comunicador mexicano (y quien, según yo, se parece a Ferrajoli))

Screen shot 2014-08-17 at 10.02.03 PM

También, lo que le reprocho a Laveaga es que le falta calle. Cuando intenta hablar como el personaje que es taxista, no parece taxista. Acaso, algunos diálogos en los penales están bien pero quedan a deber. A mi parecer, sigue pareciendo que la novela fue escrita por alguien inmerso en el derecho y que por tanto, y a pesar de haber leído y conocido tanto (pues no cabe duda de que el tipo sabe), no transmite una sensación verdadera con ciertos personajes. Esto lo afirmo, una vez más, al comparar la manera en que personajes utilizadas en novelas que abordan temas afines en México, como por ejemplo Diablo Guardian de Xavier Velasco, o La Reina del Sur del Arturo Pérez-Reverte. Los personajes de Laveaga está muy forzados, y al final y parecen todos sacados de un mismo cajón: un cajón de algún triste burócrata. Preocupado más por la forma que por el fondo.

Screen shot 2014-08-17 at 9.46.07 PM

Prefiero no hablar sobre las escenas de sexo. Basta decir que El Libro Vaquero o la sección de ropa interior del catálogo de Avon resulta más erótico.

Screen shot 2014-08-17 at 10.12.47 PM

A pesar de que es predecible, como thirller digo que está bien. Aunque yo como lector, antes que los protagonistas, supuse e imaginé el desenlace del misterio, (que se puede intuir desde pasada la página 100). La novela es muy ágil. Engancha, no sé si es por la estructura narrativa utilizada o porque la temática al fin y al cabo es una temática que me resulta común y por tanto atractiva. No sé, soy más de finales intempestivos. Y giros de último minuto. Pero bueno, no puedo decir que Justicia no mantiene un cierto misterio durante todas sus páginas.

También como novela en el marco de la corriente de derecho y literatura, inaugurada por Posner ya hace más bien algunos años, es un buen instrumento para la enseñanza de diferentes procedimientos de justicia en México. Las escenas de los reclusorios, los procedimientos del sistema penal, y sobre todo cuando aborda el funcionamiento, más como tribunal político que jurídico, de la SCJN, están bien.

¡Un, dos, tres por Laveaga que está atrás del vidrio polarizado emulando a El pensador!

¡Un, dos, tres por Laveaga.

En este sentido, si digo que a mi Justicia me pareció una obra mala. Probablemente sea por lo que acabo de escribir, pero como en todo, existen opiniones contrarias en blogs y foros. Jorge Volpi, pone bien a la novela. Me llama la atención, porque Volpi en sus criticas literarias suele ser bastante despiadado y riguroso. Con decir que a Bolaño le clasificó algunas obras como malas, digo todo. Esto, tal vez, pero solo talvez, y que conste que estoy suponiendo, pueda obedecer a dos motivos. El primero. Ser del mismo grupo editorial, que lo dudo. Y dos. Que Laveaga es amigo de Eloy Urroz, miembro de la generación del Crack, de la cual también forma parte Volpi. Y por tanto, entre amigos, o amigos de amigos de mis amigos, solemos ser más benevolentes. No sé, son suposiciones. Pero bueno desde que Volpi defendió, o intentó defender a Bryce Echenique por lo ocurrido en la FIL en Guadalajara, ya no sé, qué tanto pensar de su objetividad como crítico. Pero ahí muere.

Voy terminando. La verdad es que NO, (hehe me encanta cuando para dar una noticia que engloba una disyuntiva dicotómica se usan mayúsculas para dar énfasis), recomendaría esta novela más que a dos tipos de personas.

1. Quienes trabajan en la SCJN.

2. Quienes estén interesados en la SCJN.

Si no eres una persona nacida en México, que te interese (profundamente) el derecho. No gastes 100 pesos en esta novela. Te la cambió por alguna otra obra de Gerardo Laveaga (especialmente si es jurídica, aunque no descarto El sueño de Inocencio). Mis datos los encuentran abajo.