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Viñetas sobre la justicia entre perros y gatos

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Viñetas sobre abogados.

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Sobre el comic #JusticiaAbierta de @CarlosSotoM @MariaSilvaTE y @GuffoCaballero

El afamado cuento Ante la Ley de Franz Kafka me parece uno de los mejores ejemplos que se han ideado para explicar la lógica del funcionamiento de cualquier sistema de justicia. Aunque no es momento de explayarme sobre dicho relato, me parece tan cruda como verídica la idea que ronda el escritor nacido en Praga respecto al hermetismo, violencia, ajenidad e indiferencia que entraña la impartición de justicia. La eterna espera del campesino que se presenta ante las puertas de la ley custodiada por ese tétrico guardián barbado, viene a desmentir determinados conceptos preconcebidos sobre la justicia preconcebida como algo de acceso universal, de rápida y eficiente diligencia, y articulada sobre la base del respeto de otros derechos.

Bueno pues Kafka ideo ese cuento en 1915. Hace ya más de cien años. Y aunque se pueda decir que las cosas han cambiado, lo cierto es que resulta difícil hablar de que enfrentar al derecho, apercibirse ante las puertas de la ley, sigue siendo una actividad más bien hermética y repleta de turbias complejidades.

La revictimización que sufren las personas al interponer sus pretensiones ante tribunales, el fuerte componente clasista dentro de las estructuras del propio sistema, la indiferencia e ignorancia de muchos funcionarios jurisdiccionales, los engorrosos trámites, lo arraigado del formalismo en nuestra cultura, el aislamiento de la disciplina jurídica, etcétera, etcétera, etcétera…, son múltiples y diversos fenómenos que difícilmente pueden modificarse, ya no digamos de la noche a la mañana, sino cada tantos años.

El lenguaje como componente fundamental dentro del ejercicio del derecho, resulta clave no solo para establecer un mínimo común denominador con relación a nuestros vínculos relacionales, sino también para forjar las dinámicas sobre las que se despliega este fenómeno. Sobre esto se ha escrito mucho, sin embargo, parecería que de forma continua la agravada tecnificación del lenguaje sirve como excusa para anclarnos en lo anacrónico y lo añejo. No por nada se dice qué aun y cuando la Iglesia Católica ha dejado de usar el latín, nosotros los abogados lo seguimos manteniendo.

Cuando le pregunté a Justice Cossío sobre este tema y la impartición de justicia en México, me respondió: “creo que existe un discurso sobre el lenguaje claro, sobre accesibilidad, pero creo que no se ha transformado en lo más mínimo. Creo que seguimos teniendo pésimas sentencias, pésimas demandas. Un lenguaje crecientemente defectuoso“. No se equivoca.

Screen Shot 2017-08-20 at 7.09.17 PM.pngHace días salió a circulación un comic sobre la importancia de la Justicia Abierta ilustrado por mi paisano regiomontano, el buen Guffo Caballero, e ideado y compuesto por la magistrada María Silva y el magistrado Carlos Soto, donde en dieciséis páginas, de la mano de un martillito (yo prefiero llamarle así, pues su nombre correcto (mallete) es más bien un tanto feo) y una lupita, se trata de evidenciar la importancia de utilizar ciertos principios guías al momento de impartir justicia.

Después de leer el comic, me parece que este se puede dividir en tres apartados que a continuación reseño de forma bastante sucinta. En la primera se realiza un repaso por ciertas ideas que es importante socializar y propulsar para mejorar el sistema de justicia en cualquier sociedad que aspire a su consolidación democrática, así como también se proponen algunos mecanismo para involucrar a la sociedad al momento de impartir justicia. Después, en un segundo momento, se enlistan seis beneficios puntuales de la Justicia Abierta, que van desde mejoras económicas hasta el fomento de capacidades intelectuales y el fortalecimiento de principios institucionales. Por último, y aunque solo en una página pero muy importante, se realiza un breve diagnostico sobre este tema en México, a la vez que se describen un par de acciones para impulsarlo.

Pues bueno, yo no sé si esto se pueda medir, se pueda categorizar, o incluso si se pueda traducir en beneficios concretos para nuestro entorno jurídico-político. Quién sabe, ojalá. Lo que por el momento sí puedo hacer es alegrarme por pensar otras formas de pensar el derecho, porque estos esfuerzos valen la pena por su pretensión de socializar lo que hacemos más allá de nosotros mismos.

Idear nuevos esquemas sobre los que podamos convertir al campo jurídico en un campo menos hermético y asilado, es una tarea muy pero muy compleja (que a algunos se les hace aburrida y a otros les parece algo pueril) que conlleva comunicarnos mejor para que podamos entendernos, exigir, criticar y reflexionar sobre nuestra propia comunidad.

A continuación replico de forma íntegra el trabajo de Guffo, María y Carlos.



 

Jueces, privilegios y derecho moral a administrar justicia por Juan Iosa y Juan Jesús Garza Onofre

Conocí a Juan Iosa mientras vivía en Madrid durante 2012, coincidimos en varias reuniones, seminarios, y creo que la última vez que lo vi fue en un bar por Callao mientras jugaba México vs. Croacia en el mundial de fútbol pasado. No lo había vuelto a ver hasta el día de ayer lunes, solo que ahora en su Córdoba, Argentina, en el marco del afamado “wine seminar” que conduce Pablo Navarro.

Precisamente, ayer por la mañana Juan escribió esto en Facebook, que me llamó la atención:

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Me llamó la atención por dos motivos.

  • Uno, por que es una problemática común en México, un tema que poco se ha tratado y que resulta bastante hermético al momento en que se quiere abordar.
  • Y dos, porque en el “wine” después de que se discutió un texto de Von Wright sobre Wittgenstein y la tradición, (ah y después de que obviamente se discutiera sobre las próximas elecciones presidenciales) se armó una álgida discusión entre los asistentes sobre el papel de los juzgadores, los privilegios, la moral, e incluso el positivismo, y Dworkin, es decir sobre lo que había escrito Juan en Facebook.

Sinceramente yo me limité a escuchar, estaba muy divertido viendo lo que ocurría, pero lo cierto es que me sentía mucho más afín a lo que argumentaba Juan. Tanto así que hoy por el mediodía al intercambiar mensajes, me comentó que escribiría algo de lo de ayer, le dije que contara conmigo, y bueno, se puso a escribir, me puse a escribir y salió esto.

Si algunos (en especial los jueces y los funcionarios judiciales) están interesados en agregar sus ideas al respecto, refutar, etcétera, más que invitados, pues de eso se trata.


Jueces, privilegios y derecho moral a administrar justicia

Por Juan Iosa y Juan Jesús Garza Onofre

12029086_988644291199546_637494985_n¿Son los jueces y demás funcionarios judiciales unos privilegiados dentro de nuestra sociedad?

En caso que lo sean ¿tienen derecho moral a administrar justicia sobre aquellos que, en buena medida, son víctimas de la injusticia estructural de la que los jueces se benefician? ¿No podría decirle el desclasado, el excluido: ”tú no tienes derecho a juzgarme?”

El punto es que, al menos prima facie, parece haber una profunda contradicción entre ser beneficiario de un sistema social injusto y pretender, desde ese lugar, juzgar y administrar justicia sobre los que están del lado de los perjudicados por ese sistema.

Nuestra intuición es que los jueces son de hecho unos privilegiados y que ello los invalida moralmente para ordenar se aplique la fuerza pública sobre las víctimas de la injusticia estructural.

Van algunos argumentos a favor de ambas cosas, y algunas objeciones posibles. Aquí nada es concluyente de modo que esto es una invitación a los que les interese sumarse a opinar, a ver si entre todos arrojamos un poco de luz sobre el tema.

En primer lugar está la cuestión de si los jueces y demás funcionarios son unos privilegiados. Definitivamente, no son los que más ganan en nuestra sociedad. Además muchos ganamos muy por arriba del nivel de pobreza. Entonces, ¿somos todos los que ganamos por arriba de esa línea, privilegiados? Sin duda en un sentido lo somos, al menos desde el punto de vista del que tiene ingresos por debajo de ese nivel. Pero si bien es necesario que la mayoría de nosotros tomemos conciencia de que en ese sentido somos privilegiados y nos hagamos cargo de las responsabilidades morales que eso implica, necesitamos, parece, un estándar objetivo que excluya de las consecuencias morales de imputar privilegio al menos a buena parte de los que meramente están por sobre la línea de pobreza.

¿Qué significa ser un privilegiado? ¿Qué criterio podríamos construir para decidir a partir de qué nivel de ingresos se es un privilegiado? Sobre esto hay un montón de literatura, pero nos quedemos con lo que podamos pensar nosotros, ahora.

Tal vez podríamos llamar económicamente privilegiados a aquellos que ganan más del promedio de ingresos en la sociedad en cuestión. Este criterio habría que corregirlo usando algo así como el principio de la diferencia de Rawls: las mayores remuneraciones están justificadas en la medida en que tiendan a favorecer a los que están peor en la escala social. Está bueno que un juez o un neurocirujano, por ejemplo, gane un poco más que la media, en la medida en que eso va a incentivar a que haya jueces y neurocirujanos, y esto a la vez va a redundar en beneficio de todos y particularmente de los que menos tienen.

Bien, suponiendo que algo así es un criterio de privilegio, nuestra intuición (y esta afirmación requeriría una justificación que no daremos aquí) es que los jueces no sólo ganan por arriba del promedio social sino que ganan incluso más que lo que el principio de la diferencia puede justificar.

searchUn juez de Cámara de Córdoba, Argentina, gana cerca de 100 mil pesos argentinos, es decir, aproximadamente 10 mil dólares al cambio oficial, por mes.

En México, el presidente de la Suprema Corte tiene ingresos que ascienden a los 25 mil dólares mensuales, y los Magistrados de Circuito cotizan cerca de 15 mil dólares al mes.

¿Qué consecuencias morales se siguen de que un juez sea un privilegiado? Es común afirmar que el derecho incluye necesariamente una pretensión de corrección, de justicia. No es que necesariamente sea justo, pero al menos pretende serlo. El juez debe aplicar el derecho con la idea de justicia en mente, debe resolver los casos a los que se enfrenta de tal modo que su interpretación del derecho lo muestre en su mejor luz moral. El derecho en su mejor luz moral necesariamente debe ser una herramienta que nos lleve a una sociedad donde reine la justicia distributiva. Pongámoslo en los términos menos exigentes posibles: en tal sociedad al menos no deben prevalecer diferencias distributivas aberrantes.

juzga-el-mazo-de-la-ley-en-la-pila-de-monedas-56110619Pero justamente, las diferencias del salario de nuestros jueces en relación al de la mayoría de los ciudadanos son o (al menos en ausencia de un argumento muy fuerte en contrario) parecen ser aberrantes. Se sigue que un juez deudor de una injusticia estructural tal que lo pone en esa situación (acá estamos hablando de cuestiones estructurales, no de si tal o cual juez es una buena o mala persona) no está en condiciones de interpretar el derecho como debe ser interpretado, como una herramienta que nos permita acercarnos cada día un poco más a una sociedad justa. Simplemente sus intereses de clase le impondrán unas anteojeras tales que la neutralidad le será inaccesible.

Además pareciera que el cliente típico del sistema de justicia, sobre todo el imputado en una causa penal, siempre estaría en condiciones de interpelar al juez privilegiado: “yo estoy en la posición desaventajada en la que estoy, con todas las consecuencias que eso conlleva (violencia, desnutrición, falta de acceso a la cultura, etc., etc., etc.) justamente porque usted, señor juez, y gente como usted, está en la posición en la que está. Si cometí un delito, ello en parte tiene que ver con ese contexto. Sí, soy un sujeto libre y nadie me torció la mano, pero lo que hice, lo hice en un contexto que se explica en parte por el suyo. Yo cometí una injusticia puntual, un acto injusto. Pero usted, señor juez, sostiene con sus prácticas un sistema estructuralmente injusto. ¿Quién merece mayor reproche?”

Imaginemos un médico nutricionista que regala dulces a sus pacientes con diabetes, o un pornógrafo a favor de la censura…, la analogía es manifiesta.

Argumentos en contra: una concepción positivista del derecho. Si el derecho es un conjunto de normas y nada más que de normas, entonces, al menos en los casos claros, los jueces cumplen acabadamente su rol aplicando esas normas. No se requiere que sean sujetos moralmente solventes.

una_idea_mucho_arte_manos_dureroEl problema es que hay casos difíciles. Y si bien es cierto, como afirma Guastini, que “cuando se habla de razonamiento jurídico, casi siempre se hace referencia al razonamiento del juez, que se presenta, por tanto, como razonamiento jurídico por antonomasia”, o incluso que “entre los diferentes operadores jurídicos, los jueces son ciertamente quienes han desarrollado unos hábitos argumentativos más depurados”, también lo es que nuestros juzgadores siguen anclados a una concepción formalista y fundamentalmente legalista y apolítica, del derecho. Al abrazar la idea de que existe un modo especial de razonamiento en el que es posible distinguir tajantemente entre derecho por un lado, y moral y política por el otro, se sigue utilizando al derecho como una herramienta que cumple, básica aunque encubiertamente, una función persuasiva y hegemónica, convirtiéndose los jueces y funcionarios judiciales en los encargados de conservar y reproducir los beneficios que reporta a toda la clase privilegiada la existencia de una estructura social injusta. Así los jueces evitan comprometerse con la transformación de su realidad social, perpetuando arcaicos modelos de adjudicación donde la ley, el código, o la norma, tienen la última palabra. Esto les permite inmunizarse frente a cualquier crítica moral: su tarea es meramente aplicar la ley al caso. Pero el caso es que esta estrategia les impide ser congruentes y sinceros consigo mismos, y con el rol que deben cumplir dentro del sistema: interpretar el derecho en su mejor luz moral.

Una cosa más. Parece que los mismos jueces deberían estar interesados y luchar por dejar de ser unos privilegiados. Salir de ese estatus moral tan incómodo en que los pone la injusticia estructural de la cual son deudores es algo que va en su propio interés como sujetos morales. Jueces, adelante, ¡a luchar por sus derechos morales!