Dónde trabajan los abogados No. 16

Una miscelanea es cualquier cosa, una combinación de todo y muchas cosas más. Pues bueno, nada mejor que este estanquillo que ofrece defensa jurídica y también sirve a manera de miscelanea…, por aquello de que no encuentre lo que estaba buscando a través de las formas jurídicas.

La foto es de Ciudad de México, hace algunos años.

65% de los niños piensan que los abogados son hombres

En México, hoy se celebra el día del niño, y antes que postear una foto de algún renombrado jurista cuando todavía no era jurista, ni tenía noción de lo que era eso, o de seguir tratando a los niños como niños, vale la pena tratar de entenderlos o reflexionar sobre lo dañado que les estamos dejando este mundo. O algo así. No sé. Pero bueno, comparto este estudio que me encontré y que se los relato de forma rapidita que estoy cansado.

Durante 2016, en Inglaterra, una consultaría que preponderantemente se enfoca en contratación laboral (http://www.michaelpage.co.uk/) realizó un estudio interesante para responder a la pregunta de si las aspiraciones de trabajo de los niños son definidas por las cuestiones de género.

En concreto, se les pidió a más de cien niños y niñas entre 7 y 11 años que realizaran un dibujo sobre la profesión que se les indicaba. Preguntaron por cuatro:

  • enfermería,
  • abogacía,
  • construcción,
  • cuestiones bancarias.

Resulta que de los participantes del proyecto 65% piensan que los abogados son hombres. Y aunque de las cuatro profesiones fue la que resultó con menor desequilibrio (88% constructores hombres, 81% mujeres enfermeras, 80% banqueros hombres ), el número sigue siendo bastante amplio.

Hay que decir que es difícil que el estudio resulte significativo, o de antemano un tanto serio en cuestiones científicas, pero creo devela algunos destellos sobre lo sesgadas que están las profesiones y que por más que ya no se puedan considerar exclusivas de algún género en concreto, siempre resultan sesgadas o determinadas por el mismo. Precisamente de eso charlaba con Estefanía Vela hace algunos días…

Más allá de este trabajo, y de ver los dibujitos que están chistosos, resulta urgente cuestionarnos lo desigual de nuestra profesión. Acá el link con el estudio completo.

Feliz día, un solo consejo, no pedido, a los niños y niñas que por error encuentren esta página: nunca crezcan, no se pierden de mucho.

Dónde trabajan los abogados No. 15

Quizá este despacho de abogados sea bueno para cuestiones civiles…, ortográficas, quién sabe.  Más vale ascesorarse bien antes de llamarlos. La foto me la envían desde el Estado de México.

Tres imágenes sobre Pascua y abogados

Cada quien sus fiestas, cada quien sus credos…, siempre y cuando, obviamente, inviten. En cualquier caso, nunca viene mal comer chocolates, ¡felices Pascuas!


“El oso abogado emite una orden de infracción a los chocolates”

“¡Es él! ¡El tercero desde la izquierda!” – La juventud rebelde del conejo de Pascua 

“Así, que supones que espere que el jurado crea en el Conejo de Pascua, ¿verdad?”


Viñetas sobre abogados.

8 preguntas sobre abogados (y algo más) a José Ramón Cossío

El pasado viernes 26 de agosto de 2016, en la sede alterna de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), tuve la oportunidad de entrevistar a José Ramón Cossío Díaz (Ciudad de México, México 1960).

Cossío Díaz es abogado por la Universidad de Colima, maestro por el Centro de Estudios Constitucionales de Madrid (CEPC) y por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y doctor por la Complutense de Madrid. Fungió como jefe del departamento de Derecho del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) de 1995 hasta el 2003, año en el que fue nombrado como ministro de la Suprema Corte. Ha sido distinguido en numerosas ocasiones por sus trabajos académicos, aunque creo que vale la pena destacar que es uno de los escasos abogados que forman parte de El Colegio Nacional (de hecho, con él llegan apenas a seis pues solo García Máynez (obviamente), Gómez Robledo, Antonio Carrillo Flores, Diego Valades, y Héctor Fix-Zamudio tienen esta distinción). En un par de líneas, me atrevería a decir que una de las mentes más lúcidas de nuestra geografía jurídica nacional.

La constitución mexicana, en su artículo 95, enlista seis requisitos para ser electo ministro de la SCJN. Al final, dicha norma termina (como que no queriendo), con un parrafito orientativo pero bastante contundente a lo largo de la historia reciente de dicho tribunal que dice:

“Los nombramientos de los Ministros deberán recaer preferentemente entre aquellas personas que hayan servido con eficiencia, capacidad y probidad en la impartición de justicia o que hayan distinguido por su honorabilidad, competencia y antecedentes profesionales en el ejercicio de la actividad jurídica.”

En pocas palabras, hay de dos sopas para poder ser ministro en México: a través de la carrera judicial, (es decir, habiéndose desempeñado durante algún tiempo como juez, como funcionario, como parte del aparato jurisdiccional del Estado) o, simple y sencillamente, limitándose a actuar profesionalmente dentro del campo jurídico. Parece fácil, pero no lo es. Porque tradicionalmente las personas involucradas en el Poder Judicial han sido quienes ocupan dichos cargos tan importantes. Es raro, por no decir excepcional, que una persona ajena a la judicatura, termine ejerciendo de ministro de la Suprema Corte, pues los códigos, los lenguajes, el hermetismo gremial que despliega el aparato de justicia, difícilmente permite que algún foráneo se involucre en el mismo. También el factor de los celos, los malditos celos, que se generan a partir de que alguien así nomás, de la noche a la mañana, pueda ocupar una posición que no solo desconoce sino que no es su fuerte, o sea, ¿cómo alguien que en su vida ha redactado una sentencia, o siquiera conoce dónde están los tribunales, puede ser buen juez? Bueno pues la respuesta a esta pregunta, es posible encontrarla, creo yo, en los académicos, a quienes se les reprocha de forma constante que no saben trabajar en equipo, que no son institucionales, que no les gusta tener jefe, y sobre todo que su fuerte no es la acción sino la reflexión. ¡Falso de toda falsedad!, como dirían muchos juristas prácticos, o bueno, no sé, quizá algo de eso sea verdad, pero lo que sí sé es que los académicos sí saben conformar equipos de trabajo, que nadie más que ellos defienden a una determinando institución a través de la crítica, que son buenos jefes, y sobre todo que nadie mejor en este ámbito jurídico para vincular la acción con la reflexión, para justificar el contexto de descubrimiento.

En ese sentido, José Ramón Cossío, no exento de polémicas y controversias, viene a representar uno de los perfiles académicos que más solvencia, proyección y dinamismo le han impuesto a la Suprema Corte mexicana desde la reforma del 94.

A ver, quizá, puede ser, que todo esto lo escriba desde mi óptica de profesor universitario, siendo parte del ámbito académico, y por ende se me recriminen ciertos sesgos, e incluso se me pueda realizar la misma crítica que líneas arriba hacía sobre el hermetismo grupal de los jueces. Sin embargo, al analizar, y sobre todo comparar, el trabajo de Cossío con el de otros ministros, sinceramente me parce que existe un abismo entre la mayoría de estos. Porque no hay que olvidar que los jueces, en concreto los ministros, no solo hablan a través de sus sentencias y sus sesiones en pleno y en sala, sino también por medio de sus artículos académicos, sus libros, opiniones editoriales, sus tuits, por la conformación de sus equipos de trabajo (por ejemplo, casualmente no conozco en persona a Roberto Lara pero tantas personas me han hablado bien de él, y tenemos tantos amigos queridos en común que me resulta imposible no hacerme una buena impresión al respecto), de sus conferencias, de su amigos, sus coautores, sus maestros, de todo lo demás que rebasa el mero acto de juzgar.

Así entonces, y como alguien que creció, o no, no, no, como alguien más bien que tuvo sus primeras impresiones respecto al Derecho rodeado constantemente de palabras como crisis, constitución, democracia, cambio, transparencia, bla, bla, bla, bla…, rodeado de palabras que al final del día resultaron vacías de contenido y exentas de cualquier tipo de responsabilidad por hacer de nuestro entorno algo mejor; el trabajo intelectual y judicial del ministro Cossío me resulta un aliciente para creer que es posible hacer cosas con palabras, para salir a defender la independencia judicial y, sobre todo, para seguir construyendo el rol que la academia debe jugar frente a cualquier poder público.

No me queda más que agradecer a José Ramón Cossío por su confianza y su tiempo para realizar esta entrevista. También por la seriedad de su trabajo intelectual y jurisdiccional, que ha sabido combinar para, en definitiva, llegar a imprimirle un sello distinto a las dinámicas de nuestras altas cortes.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a José Ramón Cossío Díaz.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

José Ramón Cossío (JRC): Un litigante.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

JRC: Mi abuelo, José Lorenzo.

3. ¿Alguna vez pensaste ejercer como abogado?

JRC: Sí, cuando vivía en Colima. Litigue de hecho un buen tiempo, cerca de cinco años.

 ¿Qué te pareció la experiencia?

Mira me pareció varias cosas. Lo primero, muy formativo. Yo tengo una experiencia padre porque yo entré a trabajar a un despecho empezando el segundo semestre de la carrera. Y era un despacho que creció mucho, entonces nos tuvimos que hacer cargo un licenciado, Domingo Ramírez, y yo del litigio.

Estando en segundo semestre llevaba un chorro de casos… Una acción reivindicatoria, ¿qué es eso?, un juicio de prescripción adquisitiva, ¿qué esto otro? Entonces, yo me forme un poco solo, leyendo expedientes, con el licenciado Domingo, tomando las clases, fue muy padre y al mismo tiempo muy angustiante por los términos, esa parte de la profesión me parecía durísima, un día era una cosa, el otro día otra cosa, al otro día otra cosa, entonces tenías que construir un mundo muy peculiar para que no fueras a olvidar un término con los clientes.

 Colima no era corrupto, no había jueces que yo supieran eran corruptos, la verdad es que era un litigio civil básicamente, algunas cuestiones mercantiles. Y luego tres año estuve en el bufete jurídico gratuito y me gustó mucho, pero pensé al final que no era lo mío.

¿Por qué? ¿Por qué cambiaste eventualmente a lo jurisdiccionales, o antes a lo académico?

Porque al estar en la carrera me gustó mucho ser académico, y pensé que iba a ser académico toda la vida.

Yo estuve en Colima, me vine al Distrito Federal para hacer una maestría, me dio clases Jesús Orozco Henríquez, me invitó a ser asistente de él en Jurídicas. Como a las dos semanas me hice asistente del maestro Fix Zamudio, y yo pensé que toda la vida iba a estar en la academia…

Me fui a España, con el apoyo del maestro Fix y de Orozco, regresé en octubre, y en mayo me dijo el maestro Fix que me fuera a trabajar con Jorge Carpizo que tomaba posesión al otro día como ministro de la Suprema Corte, al quien yo no conocía. Estuve ahí en medio con Carpizo, luego estuve como coordinador de asesores del ministro Ulises Schmill, y cuando terminó me volví a ser profesor. Y ahí sí ya me gustó y me interesó ser ministro y desde el ITAM lo busqué. Eso es básicamente.

 4. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

JRC: Mira qué buena pregunta… Yo creo que a favor. Me parece que genera una condición de cierta distancia con los litigantes, que genera cierta objetividad. Yo cuando estoy en las cosas de litigio, me gusta hablarle de usted a las personas, me gusta que las cosas que me tienen que tratar me las traten en la oficina y no en los pasillos, no suelo estar en compromisos sociales, he reducido mi actividad social prácticamente a nada, y sí me gusta generar una distancia respecto a las partes. Y creo que la toga es una forma de decir, ustedes están allí, yo estoy acá, nos podemos conocer, podemos ser amigos, pero en estos momentos estoy ejerciendo una función judicial.

5. Si bien es cierto que de un tiempo para acá puede percibirse, sobre todo en la judicatura, una mayor tendencia por socializar el derecho, por el lenguaje accesible y la justicia abierta, también lo es que, por lo general, dentro del campo jurídico, existe la arraigada creencia de que la forma es fondo. Este dicho, en concreto para los abogados parecería acentuarse por su función estratégica como igualadores, o traductores de las pretensiones de sus clientes a términos jurídicos.

Y es que no cabe duda de que mejores demandas generan mejores sentencias, pero, en tu faceta como juez, ¿cómo distinguir la suplencia de la queja de los malos argumentos?

JRC: Mira ahí hay varias cosas. Primera, creo que sí existe un discurso sobre el lenguaje claro, sobre accesibilidad, pero creo que no se ha transformado en lo más mínimo. Creo que seguimos teniendo pésimas sentencias, pésimas demandas. Un lenguaje crecientemente defectuoso. Cuando menos antes tenías una claridad en el sujeto, el verbo y el predicado, hoy ni siquiera hay eso. Mucho rollo con eso de que las personas saben argumentar y tienen palabras, a veces, muy vacías.  

Otro fenómeno que me preocupa muchísimo es un uso desbordad de cómo si todo pasara por derechos humanos. Entiendo que las personas hacen su esfuerzo para ganar los asuntos pero a veces se llega a niveles ridículos, como choteando las categorías. Eso por un lado.

Por el otro, creo que no hemos podido penetrar en las prácticas, en el discurso sí, pero en las prácticas ordinarias no.  

Ahora cómo distinguir el tema, aquí en la Corte pasa algo que, bueno yo nunca he estado en un órgano jurisdiccional unitario, pero como órgano colegiado hay cosas que tú sabes que puedes plantear, y hay cosas que sabes que resultan casi imposible que te las acepten. Hay márgenes de corrección institucionalizados en función de la colegiación. A lo mejor en algún caso yo puedo decir que hay suplencia de la queja respecto a una persona muy particular, pero en general, te digo, los márgenes restrictivos al estar con otros cuatro, o con otros diez jueces, impiden muchas de estas condiciones. 

Y hay otra parte, que yo creo que casi nadie va a confesar, pero que existe. Y es que cada uno de nosotros, no lo digo en ningún sentido peyorativo, ni en ningún sentido de corrupción, tiene una agenda. Cada uno de nosotros le gustaría que ciertas cosas de sus pensamientos, de su ideología, de sus estudios, se vieran transformadas en derecho positivo. Yo creo que ahí hay un margen de apreciación importante, porque tú podrías decir a mi me interesan más el tema, yo qué sé, de los derechos sociales, o yo quiero ser un constructor del federalismo…, cada quien tiene como cosas y creo que eso sí te genera un sesgo para avanzar.

6. En México no se sabe a ciencia cierta cuántos abogados ejercen la profesión. Quizá podemos saber más o menos un estimado a partir de las cédulas profesionales, pero la verdad es que resulta un tema bastante difuso. Esto, a la par de otros tantos temas, ha generado un grave problema de desigualdad ante la ley, propiciando diferentes tipos, o más bien clases, de abogacía, que dependen de las posibilidades económicas de los clientes. ¿Se te ocurren algunas alternativas para intentar atenuar esta problemática?

JRC: Mira yo he estado, con todos los riesgos que tiene porque quizá se llega a un corporativismo de abogados que tal vez es sumamente peligroso, impulsado el asunto de la certificación.

No sé si la colegiación nos ayude del todo, sinceramente no estaría en contra de la colegiación bien organizada, etcétera, pero lo voy viendo cada vez más difícil, en cambio me parece que sí podemos generar condiciones para la certificación. Por ejemplo, el modelo que tienen los médicos me gusta mucho, que cada cinco años pasemos un examen general, cierto nivel de actualización, ciertos conocimientos, etcétera…, eso me parece que es un asunto central.  

Otro asunto que me parece gravísimo es que no encuentro formas para encontrar algún sistema de identificación de capacidades profesionales. El otro día lo discutíamos, cuál es el sistema de precios, cómo sé que hay un buen abogado y un mal abogado, entonces necesitaríamos tener un sistema razonable de señales en el mercado, para decir este cuate es mejor, este cuate es peor, etcétera. No sé si podría existir un buró, que diga: este señor ha sido abusivo con sus clientes, este señor otra cosa, no sé, que sea un buró de información, a lo mejor que no tenga una consecuencia directa de prohibir pero que tenga cierta influencia… Vengo a quejarme de este señor por tal motivo, vengo a señalar a este señor que me cobró más honorarios, en fin, algún sistema de señales me parecería bien.

Y un tercer factor, que me parece crucial, es hacer algo con el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (REVOE), porque esto es la locura infinita. Nos decían de la existencia de cerca de 1750 escuelas de derecho en México, me parece que esto es locura. La otra vez vi a una persona de Mérida, y le pregunté cuántas escuelas de derecho había allí y me dijo que 35 solo en la ciudad, pues bueno esto es un desastre. La parte del REVOE lo tendríamos que organizar mejor.

7. ¿Cuál crees que sea el principal reto que afronta la enseñanza del derecho en nuestros días?

JRC: Mira, yo lo primero, vamos a ponernos, ya no en las escuelas malas, vámonos a las escuelas de élite, es decir las que conocemos, las otras, cualquier cosa que hagas pues ya es un beneficio. Yo sigo creyendo que ahí existe un problema muy grave que es que no hemos encontrado un equilibrio entre enseñarles a los alumnos a realizar un actividad profesional, lo que significa saber hacer contratos, demandas, en general lo que hacen los abogados… y generarles una condición crítica, porque, por lo general, muchos académicos me parece que tienen una gran condición crítica, quienes son capaces de entender y encontrar dónde están los problemas ideológicos, los problemas operativos, los problemas de acceso del derecho, etcétera, pero no enseñan a los alumnos a hacer operaciones con el derecho, y la mayor parte de los que vienen recién titulados de las escuelas lo que quieren es vivir de la profesión, no criticar a la profesión, o criticar a las condiciones generales del derecho y su dominación.

Yo creo que creo que hay un desequilibro enorme en eso. A cuento de que les estamos enseñando estos temas críticos, me parece que no les estamos enseñando Derecho… O viceversa, no tienen ninguna visión crítica del Derecho y, probablemente, solo son reproductores de normas, individualizadores de normas, y eso no tiene ningún sentido. Ese es el equilibrio. Creo que eso, a veces, se oculta baja la idea de la división entre clases teóricas y clases prácticas. Yo creo, que esa no es una buena diferenciación, me parece que a los alumnos hay que enseñarles una buena teoría como elemento formalizador y luego ya las dinámicas, o materias, o las ramas, o cómo quieras ponerle, sobre el Derecho… En definitiva, ahí encuentro un problema súper complicado.

Y otra cosa que creo es que los abogados en general, no se han dado cuenta del cambio tecnológico. Yo tengo 30 años de dar clase, cuando comencé, tenía que ser proveedor de información y de formación, es decir, les tenía que decir: esto es lo que dice el código, este es el código, esto es un derecho y sirve para hacer estas operaciones, esto es una obligación y pasan estas cosas, etcétera. Hoy, lo que creo es que cualquier chico, otra vez estoy hablando de las escuelas de élite, tiene una acceso a una cantidad brutal de información, entonces creo que los profesores no debemos seguir siendo meros enseñadores de información, porque lo que les tienes que decir es qué hacer, y qué operaciones jurídicas, en los términos más formales posibles, casi como una especie de álgebra, pueden hacer con estas cosas, es decir, mire, cuándo usted vea esta conformación, esto significa que ya hay una obligación, una obligación significa normalmente una responsabilidad, y una responsabilidad significa normalmente una sanción, y una sanción significa una afectación de bienes o de libertades, en fin… Ahora, cómo llenamos todo eso, bueno pues vamos al Código Civil, o al Código de Comercio, pero ahí sí hay una parte que, me parece, no hemos dado el cambio, les seguimos enseñando como si ellos no tuvieran acceso… En clase, tú estás explicando un tema y levanta la mano un alumno y te reprocha: ¡oiga profesor eso no es cierto!, por lo general, la justificación que es el típico latoso, ¿no?… Pero, lo cierto es que como profesión nos está faltando un montón de proceso de actualización.

8. Hace unos meses, en alguna de tus columnas de El País, utilizaste la novela Sumisión de Michel Houellebecq para abordar el tema de las fuentes del derecho y relacionarlo con la trama ficticia ideada por el afamado escritor francés. Después hiciste algo parecido con La ley del menor de Ian McEwan para reflexionar en torno al rol de los jueces. ¿Qué nos puede decir la literatura sobre el derecho? ¿Crees que leer ficciones genera mejores abogados?

JRC: Yo creo que sí. Igual que ver cine. ¿Por qué? Porque primero, porque puedes encontrar desde cosas muy básicas, como “role models” que, a veces, nos hacen mucha falta, sobre todo en los años formativos, tratar de parecernos a alguien para adoptar algunas actitudes, algunas prácticas, que después uno las va soltando pero sí me parece que eso genera como estos modelos a seguir.  

Segundo, me parece que uno puede con cierta perspicacia entender operaciones del Derecho que no son visibles, salvo cuando estás ya en grados altos, o sofisticados. Por lo general, nos preguntamos, cómo empiezo, si uno llega y a uno lo ponen a transcribir, lo ponen a sacar fotocopias, lo ponen a pasar la lista, etcétera…, entonces nunca entiendes la operación general del Derecho, no entiendes por qué estas ahí. Yo creo que entendido bien las películas, o entendiendo bien un expediente, tú puedes empezar a encontrar relaciones y operaciones…, y decir ¡ah!, esto que estoy haciendo va para esto, y esto que estoy haciendo lleva a esto otro. Entonces, me parece que es un articulador.

Y en el caso de la novela de McEwan, creo que es una cosa bien interesante, cuando por el ejemplo, que ese es el tema central de este joven con leucemia, cuando te das cuenta que la juez se suspende la sesión, va con la trabajadora social del hospital, entrevistan al chico, y toma una decisión, ahí prácticamente en tiempo real, y dice vamos a transfundir a este muchacho. Entonces, esa parte, yo creo que para el que la tome, no la lea así como pasaje rápido, sino que realmente se pregunte, ¿qué es lo que está sucediendo aquí?, lo que se está viendo allí son los problemas del poder del juez, los jueces como ejecutores, los jueces como verdugos, en este caso no matas a nadie, pero se puede entender a los jueces como interventores, como asignadores de bienes, esa esa parte de la novela te permite conectar operaciones que vas viendo hasta dónde llegan.

Yo todavía a mi edad, tú que ya vienes con estudios muy largos, etcétera…, tú ya solo sin ayuda puedes conectar cosas, no necesitas que alguien te diga cómo hacerlo. Pero esa parte es a lo que lleva, eso es a lo que conduce las narrativas así largas del cine, de la literatura, y eso me parece fenomenal.

Hace tres semanas vi la película “Media noche en el jardín del bien y del mal”, de Clint Eastwood, y me encontré algo bien interesante, que yo he reflexionado ya desde hace rato, de hecho hasta escribí algo sobre lo mal que nos preparamos para llegar a los juicios, entonces volver a ver esto, sí me llevó a cosas diferentes, a decir: a ver…, sí sigo creyendo que tengo razón en mi tema de peritos, pero dónde está todo este paralegal que se mete con la audiencia, qué te digo…, me volvió a dar un sentido general. Yo creo que sí es importante que los chicos vean cine y lean literatura. También con alguna orientación, porque todavía hay gente que me dice: “oiga cuándo van a existir jurados”, y les respondo que eso no va a pasar, pero con una cierta guía, sí puedes tener una forma general de comprensión del Derecho.  

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente: 

Colima Gratísimos años de formación, muy intensos
José Revueltas Dejando los lugares comunes, esta forma en la que enfrenta al juez Ferrer MacGregor, y lo desconoce cuando está siendo procesado por los delitos de disolución, creo que es una de las mejores piezas jurídicas que yo he leído 
España Primero una confusión enorme. Yo llegué a España y no entendía nada de Derecho, lo cual es una experiencias fantástica. Porque, según yo, me estaba preparando para el doctorado y me puse a leer todo lo que yo podía, y cuando tuve la primera clase con Javier Jiménez Campo, que fue secretario general del tribunal constitucional durante muchos años, y yo oía a Javier y no entendía nada. Y decía, cómo puede ser que yo he leído a Lucas Verdú, Sánchez Agesta, los que tú quieres y no entendía nada. Y esa fue una crisis padrísima que tuve ahí en los Jardines de Sabatini, ya sabes, junto al palacio real, y yo dije algo estoy haciendo mal, no estoy entendiendo, todo lo que sé de Carl Schmitt no lo entiendo. Hasta que dije este profesor trata a la constitución como el código civil, entonces ese día, te prometo que casi como una epifanía, hice el trabajo y me gané el premio del Centro. Este es Derecho, esto no es poesía, ni vaciladas, ni fuerzas naturales, ni metafísica, estos cuates dicen artículo 1, agárralo como el código civil en un juicio reivindicatorio, y le das. Entonces fue fantástico. Como una revelación increíblemente potente en ese sentido
Justicia Una complejidad humana extraordinaria
José de Jesús Gudiño Pelayo Un muy querido amigo, un hombre muy bueno y entusiasta
Colegio Nacional Una extraordinaria distinción
Ámbito académico Desperdicio de recursos
Los demonios y los días Gran temor
ITAM Enorme camaradería
Medicina Lo que debí haber estudiado
Universidad Complutense de Madrid Una abstracción. Nunca fui parte. Nunca me sentí cercano. Un título universitario
El Padrino En las palabras de mi hijo, “todo lo que necesitas saber de mi vida”, ¿no?, que siempre me dice esa frase. Ese es otro caso espléndido de todo lo que uno puede aprender, una concentración de sabiduría
Vicente Fox En términos formales, la persona que me postuló para venir aquí. Y una persona que me parece que se ha ido caricaturizando a sí mismo con el paso del tiempo
SCJN Ay… Está difícil. Yo creo que algo que podría haber sido mucho más, algo que puede llegar a ser…
Ulises Schmill Mi profesor de teoría del Derecho
La Teoría General del Estado de Hans Kelsen Mi mayor relevación. Probablemente el libro que más me ha influenciado en el mundo jurídico
The Police Buenas canciones…, y buenos recuerdos
Héctor Fix-Zamudio Mi maestro
Derecho A lo que me dedico y a lo que estoy concentrado todo mi tiempo
México Una tristeza en este momento, con posibilidades absolutamente desperdiciadas

 

Sobre el “Congreso CEEAD Educación Jurídica 2017”

Qué rápido pasa todo. Tan rápido que uno casi ya no se da cuenta de nada. Entre tantas cosas, en tiempos de todos contra todos, lo cierto es que habría que estar más atentos a cuestiones que trasciendan, o bueno no, trascender, es un verbo súper aspiracional y pedante que no suena nada bien en cualquier contexto, pero quizá sí prestar atención a aquellas cuestiones que van directamente al fondo y no se quedan en la mera forma. Que pretenden atacar distintos flancos y así poder dinamitar y generar reflexiones en varios planos, y, a manera de efecto dominó, irradiar cambios que puedan materializarse eventualmente.

Pues algo así con la educación jurídica… Abordar este tema, de cómo se enseña el Derecho, de qué es lo que se enseña, es uno de los temas que, además de que poco se ha reflexionado al respecto, trastocan muchos otros dentro de esta disciplina.

Género, derechos humanos, sistema penal, ética, constitucional, derechos emergentes, procesos, técnicas didácticas, calidad, sistema jurídico en general, lenguaje, nuevas tecnologías, todo, todo, todo, todo, todido, pasa por las escuelas de derecho, pasa por esos centros que se encargan de habilitar a los operadores jurídicos para que puedan socializar sus conocimientos.

Quizá muchos de los que estamos en esta onda, pensemos que antes que diagnósticos sobre la enseñanza del Derecho, lo que se expone son autopsias. Quizá, puede ser, pero también de lo que se trata es de cada vez más generar espacios de reflexión y hacer algo por esto.

Pues ajá, y otra vez, y después de un año, la vocación del Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho, (CEEAD), en el cual tengo la fortuna de colaborar, sigue siendo transformar la enseñanza del Derecho en México, y una de sus muchas acciones que estamos haciendo por esto, es el Congreso CEEAD sobre educación jurídica.

Bajo la idea de lo urgente que es propulsar la descentralización, de liberar un poco el centralismo, de saber que hay personas, instituciones, que fuera de la capital están haciendo cosas interesantes, se ha decidido que este año el congreso sea en Guadalajara, y de una vez les adelantamos que en 2018 será en Puebla y en 2019 en Chiapas, y así hasta cumplir con un Congreso CEEAD en cada Estadode la república, como los CRITS del TeleTon, ahh, na, na, mala broma.

Eso por un lado, y por el otro, pues que como una bola de nieve, cada año se van sumando más instituciones educativas y más ponentes, y más todo, por ejemplo, acá todas las escuelas que están este año convocando:

Así, y esperamos que el próximo año, sean más. Esperamos eso y que se sigan generando documentos, encuentros, y reflexiones, sobre lo urgente que resulta eso.


Estamos a menos de un mes de vernos en Guanatos, cuatro días de intensa actividad, de mesas de trabajo, ponencias, de reflexiones, de cenas, de reencuentros con amigos y de nuevos encuentros.

Este año comenzamos el miércoles 26 de abril con una Mesa de reflexión, titulada, Retos para la educación jurídica en México, en la que estarán los directores de las escuelas de Derecho de Guadalajara:

  • José de Jesús Becerra Ramírez | Director de la División del Estudios Jurídicos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, UdeG
  • Alfonso Hernández Valdez | Director del Departamento de Estudios Sociopolíticos y Jurídicos, ITESO
  • Paulina Magallón Jaimes | Directora de la Licenciatura de Derecho, Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara
  • Manuel Tovar Hernández | Secretario Académico de la Facultad de Derecho, Universidad Panamericana, Campus Guadalajara

Para después dar paso a nuestro key speaker, que es Carlos Lista, desde la Nacional de Córdoba, Argentina, también Oñati, NYU y bueno en pocas palabras uno de los sociólogos del Derecho, que más han aportado a la materia.


El segundo día, el jueves 27, por la mañana, dos paneles de expertos,  dirigidos por:

Sobre modelos e innovaciones curriculares:

  • María Francisca Elgueta Rosas | Universidad de Chile (Chile)
  • Héctor Fix-Fierro | Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM-
  • Alejandro Posadas Urtusuástegui | ITAM

Sobre ética:

  • Miguel Bonilla López | Poder Judicial de la Federación
  • Nancy Susana Cardinaux | Universidad de Buenos Aires (Argentina)
  • Imer Flores Mendoza | Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM
  • José Roble Flores Fernández | FLDM

Seguidos de sus respectivas ponencias, así como de mesas de trabajo.

Por la tarde, ya después de comer alguna tortita ahogada o una carne en su jugo, otras dos mesas de expertos.

Sobre el sistema de educación jurídica en México y la calidad de las escuelas de derecho:

  • Martín Böhmer | DNRECASO / UBA (Argentina)
  • Felipe Oceguera Barragán | Dirección de Profesiones de Jalisco
  • Jaime Valls | ANUIES

Sobre derechos humanos: 

  • Leticia Bonifaz Alfonzo | Dirección General de Estudios, Promoción y Desarrollo de los Derechos Humanos, SCJN
  • Christian Courtis | Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ONU)
  • Guadalupe Barrena Nájera | Programa Universitario de Derechos Humanos UNAM

El tercer día, que estará más cargadito, son tres mesas por la mañana y tres por la tarde, organizadas y compuestas de la siguiente manera:

Desarrollo de competencias docentes:

  • Mauricio García Villegas | DeJusticia (Colombia)
  • Felipe de la Mata Pizaña | TEPJF
  • Ana Laura Magaloni | CIDE (Invitada)

Constitucional:

  • María Ángeles Ahumada | Universidad Autónoma de Madrid
  • Pedro Salazar | Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM
  • Micaela Alterio | ITAM

Derechos emergentes:

  • Reyes Rodríguez Mondragón | TEPJF
  • José Roldán Xopa | CIDE
  • Nadia Sierra | Suprema Corte de Justicia de la Nación

Ya entrando la tarde, seguimos con las otras tes:

Nuevas tecnologías:

  • Iván García Gárate | Universidad del Claustro de Sor Juana
  • Saúl López Noriega | CIDE
  • María Guadalupe Silva Rojas | TEPJF

Género:

  • Isabel Cristina Jaramillo | Universidad de los Andes (Colombia)
  • Estefanía Vela | CIDE
  • Susana Ochoa Chavira | Wikipolítica

Sistema Penal Acusatorio:

  • Rafael Estrada Michel | Escuela Libre de Derecho
  • Gerardo Sandoval | San Francisco Superior Court (EUA)
  • Guadalupe Márquez Algara | Universidad Autónoma de Aguascalientes

Si nos da la vida, terminamos el cuarto día con talleres prácticos sobre temas concretos que se verán y discutirán en el congreso:

Estarán:

  • Marie-Christine Fuchs y Andrés Villegas de la Konrrad sobre ddhh.
  • Carlos Lista sobre el curriculum de las escuelas de derecho.
  • Isabel Jaramillo Sierra sobre feminismo y educación legal.
  • Lupita Barrena sobre enseñanza clínica.
  • Jorge Cerdio sobre el uso de aplicaciones y de herramientas tecnológicas para la pedagogía en derecho.
  • Mauricio García Villegas sobre sociología jurídica.
  • Susana Cardinaux sobre didácticas en el derecho.
  • María Francisca Elgueta sobre la clase magistral.

Bueno, algo más o menos así, pero la verdad es que como lo mío no es esto del diseño para ver el programa completo y a detalle basta con darle click al siguiente enlace:

https://congresoceead.mx/

Y para inscribirse y aprovechar estos últimos días, le pican al siguiente enlace:

 https://congresoceead.mx/registrarme/terminos-y-condiciones

¡Pues eso y poco más! Solo volver a invitarlos a que si tienen la oportunidad nos acompañen dentro de un mes. También para que conozcan lo que seguimos haciendo desde el CEEAD. También habrá cenas, comidas, otros eventos, talleres, muchas cosas (yo estoy preparando una agenda festiva de forma paralela).

Y bueno, no está demás comentarles que estamos a sus órdenes para lo que necesiten. Todos en el CEEAD le hemos estado echado muchas ganas  con el fin de seguir haciendo algo por la enseñanza del Derecho en México.

Si no pueden venir, no se apuren estaremos tuiteando intensamente, y en los próximos meses saldrá un librito con las ponencias.

Mentira eso de que no hay segundas partes buenas, qué me dicen de Trainspotting, de Terminator, de Bataman de Nolan, de Toy Story, de Rambo, de mil y mil fenómenos, pues así con el Congreso, ya verán. Así que anímense, y ayúdenos a pasar la voz y generar reflexión sobre cómo se enseña el Derecho, quién y cómo se instruye a los abogados.

Trabajos jurídicos, los más aburridos del mundo

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Hace varios días se hizo viral una noticia sobre los empleos más aburridos del mundo, o bueno no sé si se viralizó como tal pero la compartieron algunos varios de mis contactos en Facebook y en Twitter, de hecho, pensándolo bien, solo me la encontré un par de veces, quizá, porque muchos de mis amigos en redes están relacionadas con el Derecho, o porque simple y sencillamente (y para bien y para mal) son abogados.

La nota hacía referencia (de forma bastante escueta (no sorprende que la redacción sea del periódico El Financiero)) a un estudio realizado por Emolument a 1300 personas al rededor del mundo para saber si estaban aburridas o no con sus actividades profesionales. Obviamente la nota llamó la atención porque los trabajos jurídicos eran los que ocupaban el primer lugar de la lista de trabajos aburridos.

La tablita del estudio, o más bien del artículo, o de la encuesta, es la siguiente… También incluyo un par de líneas que vienen después las cuales hacen alusión a los resultados.


Legalmente aburrido: 8 de cada 10 operadores jurídicos están aburridos. Es probable que lo repetitivo de las tareas que le corresponden a un abogado en su semana, lo que suele incluir la investigación de casos y fallos, sea la causa de esto.

Mmmmmmmm, varias cosas. A ver, se nota que si algo saben hacer los tipos de Emolument es llamar la atención, y los de nuestra prensa local replicar cualquier información que suene medianamente interesante. En ese sentido, lo primero que habría que cuestionar es qué se entiende por trabajos jurídicos, porque, en definitiva, no es lo mismo trabajar de abogado de empresa que de juez, que de fiscal, que de actuario, que de activista, que de académico, que de ministro de la suprema corte, que de burócrata, que de funcionario en una organización internacional, que de asesor, que de yo qué sé. Creo que si algo distingue a la disciplina jurídica es la amplia posibilidad de desarrollarse profesionalmente dentro de la misma. En ese sentido, no se puede decir que el trabajo jurídico es uno de los más aburridos. Eso por un lado. Y, por el otro, no hay que olvidar del todo el factor espacial, la geografía pues, porque ser abogado en Singapur o abogado en Suiza es absolutamente distinto. Ser juez de local en México o en Dinamarca, de forma necesaria conlleva distinciones y particularidades. Ojo con eso.

Yo no diría que es aburrido trabajar cuestiones jurídicas. Quizá la carrera es aburrida, quizá leer normas es aburrido, quizá redactar escritos es aburrido, tal vez existe mucha gente aburrida dentro de la profesión, ajá, todo eso y mucho más, sí, claro que sí. Pero, peeeeeeeero dependerá de cada uno. De su especialidad. De su contexto, de sus entorno, y sobre todo de la concepción que abrace para desplegar sus conocimientos. No me queda la menor duda de que la rutina, lo repetitivo, lo cotidiano y lo gris, muchas veces puede ser un común denominador en este ámbito. Sin embargo, siempre pero siempre existen otras formas de pensar el Derecho. Creo.

Viñeta sobre abogado trumpista

“Su señoría, ¿podemos, por un momento, ignorar los hechos?”


Viñetas sobre abogados.

Viñeta sobre abogado y ambición

“Oye Ted, ¿acaso ese no es tu abogado?”


Viñetas sobre abogados.

Viñetas sobre abogados: Lawyer of Arabia

danny-shanahan-lawyer-of-arabia-cartoon


Viñetas sobre abogados.