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Un soneto de Lope de Vega contra los abogados y un chiste sobre abogados y el día del amor y la amistad

A propósito del 14 de febrero, había prometido escribir un post sobre la concepción del afecto de Jenifer Williams, la esposa de H. L. A. Hart, quien tenía un amorío con Isaiah Berlin, y con algún otro destacado pensador de la época que por el momento no recuerdo su nombre. Sin embargo, no me dio el tiempo ni la cabeza. Así que bueno, para no perder la periodicidad de este blog comparto esta imagen, que es más bien un chiste, sobre abogados y el día de San Valentín. Encontré la misma gracias a un buen amigo que la compartió en uno de esos cientos de chats laborales de Whatsapp que solo sirven como excusas para no laborar.

A pesar de que el chiste no me dio risa, que es más bien de los malos, que la imagen tiene faltas ortográficas, que su estética resulta bastante cutre, que sería bastante cursi (y, por ende, chafo) comprometerse con alguien en este día, y que eso de que las pedidas de mano (actos anacrónicos y patriarcales por los cuales el hombre solicita a la familia de la mujer la posibilidad de casarse) necesariamente conllevan al divorcio es falaz, todo me da igual, pues estoy tan cansado que nada de eso me importa.

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Aunque ahora que lo pienso, fue Lope de Vega quien dijo: No quiso la lengua castellana que de casado a cansado hubiese más de una letra de diferencia. Qué loco, así sí cobra sentido un poco el chiste este… Hmmmm.

imgresY ahora que lo vuelvo a pensar, Lope de Vega tiene varios códices poéticos (varios sonetos) contra los abogados (contra los leguleyos). Así que para redimir este post y porque, obviamente, leer poesía, leer composiciones armónicas, es una de las formas más sensatas de celebrar a nuestros seres queridos, incluso a pesar de que sean abogados. A continuación, esto que encontré de uno de los poetas más importantes del Siglo de Oro español:

Cuando yo veo un hombre licenciado,
o sea doctor, picado de humanista,
de lego en leyes le confirmo el grado.

En siendo un escolar bufonicista,
para sacarle solas cuatro leyes
es menester llamar un exorcista.

Jamás a los consejos de los reyes
llegan estos bonetes poeticidas,
y de los libros vuelven a los bueyes.