8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Nora Picasso

El pasado día sábado 23 de octubre de 2015, en su departamento en Bogotá, Colombia, tuve la oportunidad de entrevistar a Nora Estefanía Picasso Uvalle (Ciudad Victoria, México, 1990).

Screen Shot 2016-06-05 at 9.40.40 AMNora Picasso es abogada por la Facultad Libre de Derecho de Monterrey, y cuenta con una maestría en Derecho por la Universidad de Los Andes. Desde hace algunos años se ha venido especializando en temas de género y colectivos transexuales.

Desde que conozco a Nora, me ha llamado la atención que esta siempre ha estado interesada tanto en la academia y como en el ejercicio profesional, o en los colectivos sociales, sabiendo combinar así, lo que debe entenderse por una determinada concepción del derecho que tenga más bien finalidades prácticas. Un ejemplo bien relevante de esto, es la campaña #NoEsNormal misma que coordina desde enero de 2016, (que después han ido replicando distintas organizaciones en diferentes países) enfocada en concientizar y visibilizar las situaciones de acoso y discriminación que ocurren día a día en la vida universitaria.

La verdad es que cualquier cosa que escriba sobre Nora estará sesgada, pues la quiero mucho, quizá sea una de las personas que más quiera en mi vida. Esto no solo por lo vivido, sino porque, simple y sencillamente, solemos compartir una determinada visión sobre lo absurdo que resulta el mundo (generalmente reflejado a través de Facebook). Yo qué sé, Nora para mi es una de esas personas con las que uno se entiende sin hablar… (mentira, quizá ella sea una de las personas con la que más grupos comparto de WhatsApp), dijo Juan Villoro que la mejor forma de comunicación es la sonrisa, pues algo así, pero más estrafalario y tropical por que, sin lugar a dudas, el bullying ajeno resulta crucial para el fortalecimiento de nuestra amistad (esto último quizá lo heredamos de nuestro amigo y maestro Iván de la Garza).

No sé qué contar sobre Nora, pues las anécdotas jurídicas y no jurídicas abundan. Mmmm ah bueno, contaré una que se encuentra justo a mitad de camino. La del día que conocimos a mi grupo favorito de rock, Caifanes. Fue el 23 de septiembre de 2011, lo recuerdo clarito porque ha sido uno de los mejores días de mi vida.

caifa_22489Caifanes se separó en 1994 (¡ese fatídico año para los mexicanos!) y anunciaron su reencuentro a finales de 2010, solo para hacer dos conciertos en grandes festivales, uno en el Vive Latino y otro en Coachella. Obvio tenía que ir a los dos, al primero fui con Dino y Joss, al segundo con Gabs y Yorch. Increíbles ambas experiencias. Vamos…, un sueño cumplido para un fanático que pensó que nunca en su vida los vería en vivo. Después, de que bajó la euforia, y vieron lo rentable que es el fenómeno de la resurrección musical, Caifanes anunció una gira por México a partir de septiembre la cual, casualmente, iniciaría con dos fechas en Monterrey.

Recuerdo que al primer concierto no llegué emocionado ni ilusionado, sino con prisas y enojado porque a la pinche Nora se le hizo tarde y casi me pierdo el inicio, de hecho no tuve oportunidad ni de ver la mercancía pirata (que tanto me gusta comprar), ni de tomarme unas cervezas para llegar entonado. Al entrar corriendo a buscar nuestros lugares junto a varios amigos, me percato que justo en la fila de atrás a la de nosotros se encontraba una maestra de la Facultad en la que trabajo, quien además había sido nuestra profesora. Mi enojo se acrecentó pues no iba a poder ponerme borracho por guardar un poco las formas, ni tampoco subirme a las sillas a cantar el repertorio completo de los Caifanes por cuidar una cierta institucionalidad. Lo cierto es que comenzó el concierto…, y todo me dio igual. Un corcientazo, que unió generaciones y donde la menoscabada voz de Saúl Hernández se impuso antes los miles de espectadores que le hacíamos los coros.

Al final, ya cuando estaba ebrio, Nora, un tanto menos alcoholizada que yo, se acercó a saludar cordialmente a la profesora, y esta le comentó que algún familiar de ella que, a su vez, era familiar de alguien de la banda (o algo así) le había dado unos brazaletes para pasar al backstage, y que como ella tenía prisa por irse, nos las podía dar. Yo no entendía lo que pasaba pues entre la pena de saludar a la profesora en mi estado y mi confianza en que los Caifanes volvería a salir al escenario a tocar más canciones (obvio esto no sucedió), Nora tuvo que violentarme para que me diera cuenta de la gran oportunidad que teníamos. Así que me zarandeó, me habló fuerte, y fuimos con las pulseras de la profesora, para entrar a camerinos.

Screen Shot 2016-03-16 at 2.33.37 AMYa adentro, para nuestra fortuna, un afamado reportero musical de la localidad me confundió con un conocido suyo, y yo le seguí la corriente para que no pareciéramos los únicos colados. Recuerdo, que lo que pasó después a Nora le da un poco de pena, porque yo llegué agarrando cerveza, charlando con los familiares y amigos íntimos de los Caifanes, y hasta incluso con Diego Herrera, el tecladista y saxofonista de la banda (no sé qué mala conversación de esa de borrachos le estaba diciendo sobre las virtudes de correr los domingos). Nos quedamos hasta que conseguimos una foto con cada uno de los de la banda, el último fue Saúl, quien nos dijo: “Gracias por esperar”, y yo, todo emocionado y malacopa, le contesté: “Gracias a ustedes por volver”, y nos dimos un abrazo entre los tres que quedó inmortalizado en una memorable foto que hasta el día de hoy adorna mi escritorio. Más allá de lo increíble y fortuita que resultó esa madrugada, y a pesar de que el acuerdo era de que el primer día del concierto yo me ponía borracho y el segundo ella, resalto la paciencia de Nora no solo para aguantarme sino, y sobre todo, su capacidad para que sucedan cosas increíbles, para transformar realidades, me estoy poniendo potteriano (y también algo cursi), pero sí, algo hay de eso.

Las virtudes de Nora son muchas. Yo, sinceramente, creo que tiene eso que hace a un operador jurídico, un buen operador jurídico… Tiene intuición para el Derecho, tiene muy potencializado su razonamiento práctico, digamos que es buena para esto, es inteligente, y por eso mismo, nunca pero nunca veré a Nora charlando toda una noche sobre sentencias, o dejándose la vida en una discusión sobre conceptos jurídicos fundamentales, y eso, precisamente, devela su carácter divertido y relajado, que quizá en estos tiempos tenga muchísimo más valor que cualquier otra virtud. Pues, abusando de las citas de Villoro, sonreír se ha convertido en un acto subversivo.

Agradezco a Nora por la entrevista, por su confianza, y en general por tanto durante todos estos años. Nos vamos juntos, dirían, precisamente, los Caifanes.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Nora Picasso.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Nora Picasso (NP): Aburrido.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

NP: Ruth Bader Ginsburg.

3. Si tuvieras la oportunidad de volver atrás en el tiempo, ¿volverías a estudiar derecho? ¿Por qué?

NP: No, o bueno sí, pero no solo Derecho. Haría doble programa con algo más, porque esta carrera por sí sola me parece insuficiente.

4. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

NP: En contra, me parece que es una formalidad innecesaria y que llena de poder simbólico a alguien que probablemente debería estar en el mismo nivel, o en una relación muchísimo más horizontal con las persona, ¿sabes?, sólo refuerza esas relaciones jerárquicas y verticales y no creo que esa deba ser la posición de un juez o jueza.

5. En México, y en específico en Monterrey, existe un prototipo preponderante de abogado que por lo general se especializa en derecho mercantil, o comercial, y en tal sentido enfoca sus labores en la defensa de grandes empresas, de entidades financiaras, a través de sus propios departamentos jurídicos, o bien por medio de grandes despachos. ¿Qué opinión te merecen este tipo de abogados?

NP: No sé, no me gusta demonizar a quienes trabajan defendiendo esos grandes “intereses económicos”. Cada quien tiene su rol y sus metas en este mundo, al final, alguien tiene que defenderlos también a ellos. Lo que sí creo, es que a veces este tipo de actividad invisibiliza o “hace menos” a quienes se interesan por los temas sociales, desde “de eso no vas a vivir”, pasando por “mejor ponte a jalar (trabajar, para quienes no comparten el léxico)”, hasta “hay problemas más importantes que ese por el que tú peleas”, que generan un conflicto innecesario entre quienes ejercen el derecho desde distintos ámbitos. Lo mismo pasa con las personas que se dedican al activismo o causas sociales, no podemos andar por ahí ejerciendo superioridad moral. Que cada quien haga su parte, la haga bien y sin hacer menos a quienes no la comparten.

En otro sentido, algo que me parece importante evaluar, es el rol de estos abogados/as en el salón de clase. En muchos de los cursos que tomé (con sus lindas excepciones) los profesores te invitan a ser la mejor abogada… ¿cómo se logra esto? Haciendo lo mejor para tu cliente aun y cuando eso implique “pasar” por encima de alguien más: ¿tu cliente tenía que pagarle cincuenta mil pesos a un trabajador y lograste que únicamente le pagaran tres mil? ¡bien! ¿tu cliente tenía que pagar mil millones de pesos en impuestos pero constituiste no sé qué empresa en un paraíso fiscal y un montón de trucos más y lograste que solamente pagara quinientos mil pesos? ¡bien! ¿tu cliente quería construir un estadio de “primer mundo” aunque eso implique contaminar más la ciudad, modificar el caudal de un río y probablemente futuras inundaciones a los vecinos y lo lograste? ¡bien! Esta es la idea de éxito y sí, así es la vida y trabajo es trabajo, pero me parece importante pensar qué es lo que le transmitimos a las nuevas generaciones de abogados. Qué idea de éxito y bienestar estamos produciendo. Cómo esto contribuye a que nuestro país es lo que es en este momento.

6. A pesar de que, desde hace algunos años, la profesión jurídica se ha feminizado, resulta claro que el derecho es un campo preponderantemente machista y que invisibiliza a la mujer al momento de abordar temas relacionados con la exigibilidad de sus derechos. En tu experiencia, y sabiendo que durante algunos años estuviste litigando, ¿cuáles son los principales problemas que afronta una mujer al ejercer la abogacía?

NP: Antes de tratar de enlistar problemas concretos, quisiera anotar que para muchas personas no es claro que el derecho sea preponderantemente machista y que muchas veces invisibiliza a la mujer. Me parece que este es el problema número uno. Por el hecho de que a algunas mujeres nos ha ido bien y hemos logrado abrirnos campo en lugares que son generalmente masculinos, no quiere decir que así sea para todas. Sin embargo, estas excepciones hacen pensar a muchas personas que ésta es la regla. Ya podemos trabajar ¡¿qué más queremos?!… Dicen que a los jefes los escoge uno mismo, yo he tenido la fortuna de trabajar con personas que nunca me han hecho menos y que, al contrario, me han impulsado para llegar a donde estoy hoy. Esto no quiere decir, sin embargo, que yo haya estado exenta de situaciones en donde mi género ha sido un factor de trato desigual. Me parece que este debe ser el objetivo central de quienes nos interesamos por los temas de género relacionados con el ejercicio del derecho: visibilizar las problemáticas (de género) que viven miles de mujeres cada día.

¿Cuáles son los principales problemas que afronta una mujer en este tipo de ambientes? Recuerdo una vez que entré a trabajar a un lugar (no diré nombres) y en mi primer día escuché a uno de mis futuros compañeros de trabajo decirle al otro: ¿ya viste la nueva adquisición de la oficina?… Tengo compañeros de trabajo, amigos y conocidos que cuando les dicen que alguien (mujer) va a unirse a un proyecto/equipo/oficina lo primero que preguntan es: ¿está buena? A algunos les dará risa, a otros les parecerá un “beneficio” propio de “nuestro sexo” y habrá a quien le parezca irrelevante: a mí me molesta y me parece injusto que sea así. La sexualización de las mujeres es un fuerte problema y obstáculo en el mercado de trabajo.

Otro problema es el tema de la vida familiar vs. el trabajo. En estos tiempos, todavía no hemos encontrado el balance entre el tiempo que dedicamos al trabajo y el tiempo que le dedicamos a nuestras familias. Es claro que este aspecto aplica tanto para hombres como para mujeres, sin embargo, su impacto sí es diferenciado. Basta con revisar campañas como con todo respeto para darnos cuenta que, en últimas, las responsabilidades del hogar siguen siendo atribuidas a las mujeres. Esto ha generado fuertes disyuntivas para las mujeres que quieren, por un lado, ser exitosas en sus trabajos y/o actividades profesionales y, por otro lado, formar una familia. Aunque hay casos en los que las parejas han logrado llegar a acuerdos en los que ambas partes se encargan de las actividades del hogar, son muchas las mujeres que se ven obligadas a escoger entre una y otra.

7. Últimamente te has involucrado como abogada en temas relacionados con los colectivos trans. ¿Qué nos puedes contar sobre esto?

NP: Ha sido una experiencia que me ha hecho crecer mucho. Por un lado, mi único acercamiento al tema había sido desde una perspectiva meramente teórica, es decir, pura lectura. Si bien esto te da un panorama importante sobre la situación, no terminaba de aprehender la problemática real. Es hasta que tienes un amigo/amiga trans y la gente se queda viendo raro en la calle, o hasta que no te dejan entrar a un bar porque “no permiten travestis” que el problema se comienza a volver personal (por lo menos para mí). Durante el último año y medio he venido trabajando con mujeres trans trabajadoras sexuales en distintas zonas de Bogotá y población LGBT en la cárcel Modelo (también de Bogotá). Es impresionante la renuencia de los funcionarios de gobierno a llamarle a las mujeres trans como lo que son: mujeres. En la cárcel, por ejemplo, los guardias se refieren a ellas como “las maricas” y tienden a hablarles en masculino, aun y cuando muchas de estas mujeres ya tienen modificaciones corporales y todo lo que entra dentro del estereotipo de “femenino”. Hemos encontrado también que en temas de trabajo sexual, las mujeres trans son las más expuestas a violencia por parte de la policía (más que las mujeres cisgénero y hombres gays). En general, hay un desconocimiento y confusión entre la identidad de género y la orientación sexual, para muchas personas, las mujeres y hombres transgénero simplemente son hombres gays y mujeres lesbianas. Todo esto se sabe, sí, pero ahora lo siento más de cerca.

Por otro lado, esto me ha puesto a pensar sobre los alcances del feminismo, las teorías de la sexualidad y mi papel como feminista. Como sabes, la lucha transgénero y un sector del movimiento feminista han entrado varias veces en conflicto pues, para este sector, entre otras cosas, las mujeres trans representan un “peligro” en la medida en que su construcción muchas veces está basada en los estereotipos contra los que el feminismo lucha. Sin embargo, el género parece entrar por los ojos, y a las personas trans se les impone el deber de parecer más acorde con el género escogido. Pero esto, a su vez, nos lleva a darnos cuenta que no todas las personas trans se construyen igual y que hay quienes se construyen fuera de lo binario.

Hay sectores de la teoría feminista que reciben y apoyan la lucha trans, esto ha llevado también a la (re)conceptualización de lo que significa “ser mujer”. Si los genitales no nos definen, ¿cómo definir a las mujeres? A esto me refiero cuando hablo de los alcances del feminismo. En todo caso, me parece que el feminismo debe incluir la experiencia de las mujeres trans, que como cada experiencia (mujer de clase alta, mujer de clase baja, mujer indígena, mujer lesbiana, mujer con discapacidad, mujer negra, etcétera, etcétera) es una de las formas de ser mujer.

8. En un artículo que publicaste hace unos meses en Las2Orillas, defendiste una posición sobre el ejercicio de la prostitución. Una crítica que se te podría hacer es que ese tipo de trabajo termina por cosificar a las personas, contribuyendo a fortalecer las estructuras del neoliberalismo ¿Qué opinas al respecto?

NP: ¿Te puedo contestar con una pregunta? 

No.

¿Por que?

Bueno haz lo que quieras.

(Risas) 

¿Pero por qué cosificando? 

Al final de cuentas, dentro de los actuales esquemas de globalización, el trabajo antes que servir como fenómeno sociabilizador y emancipatorio, este se encarga de reducir a la persona para alienarlas dentro de los valores liberales. En ese sentido, tú propones una defensa de la prostitución cuando se ejerce bajo condiciones de libertad, autonomía, consentimiento, mmmm, bajo todos esos principios que fundamentan el capitalismo neoliberal. ¿No crees que la misma crítica que se le hace al abogado que está trabajando todo el día desde un gran despacho se le podría hacer al de la prostituta que está en la calle? 

Totalmente, pero tengo dos comentarios. En primer lugar, que el trabajo sexual, como cualquier otro trabajo, estaría inmerso en la lógica actual de mercado. En últimas, o por lo menos yo así lo creo, uno no puede “salirse del sistema”, en todo caso, sería encontrar lugares pequeños en donde se subvierten o se desestabilizan ciertos principios/conceptos. El primer paso, sin embargo, es que logre reconocer como trabajo y en esas estamos. En segundo lugar, que ese es el punto en el que estoy en desacuerdo con quienes se oponen al trabajo sexual. Estos frecuentemente argumentan que el trabajo sexual debería ser prohibido pues estas personas son “explotadas” y sus cuerpos “degradados”, como si el sistema laboral no fuera así. Si esa es la razón ¿por qué no nos causa igual indignación, por ejemplo, los mineros? ¿las empleadas domésticas (sobre todo aquellas que son de “planta”)? ¿cualquier persona que trabaje en condiciones insalubres y con horarios extendidos? ¿cuál es la diferencia entre el minero y la trabajadora sexual? Ambos lucran con su cuerpo, ambos corren riesgos en sus trabajos. En resumen: me parece una doble moral.

Con esto no quiero decir que la explotación o trata de personas no exista, ni tampoco niego que hay quienes ejercen el trabajo sexual por necesidad. Lo único que digo es que muchas veces somos condescendientes, nos causan lastima esas pobres mujeres que terminaron trabajando en eso (porque hasta eso, el trabajo sexual masculino es muy invisibilizado). Pero eso sí, no nos preocupamos por las causas que hacen que tres noches de ejercer el trabajo sexual para muchas sea lo equivalente a un mes de salario de cajera o de empleada doméstica. Nos molesta la consecuencia y se nos olvida la causa.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente: 

Colombia Donde encontré mi lugar
Fernando Villarreal Gonda Brillante y divertidísimo
Universidad de los Andes Conocimiento y oportunidades
Frida Kahlo Mujer sufrida
Ciudad Victoria Pubertad
Dinorah Cantú Amar y sentir
Ángeles Abogados Mis inicios
The Good Wife Me dan ganas de ser abogada de verdad (jaja)
Iván de la Garza Mi maestro del alma
Bogotá Mi hogar
Rafael Pérez Gay El viejito neurótico que soy yo
PARCES Ser quien soy
Arrested Development Bob Bob Law
Gorditas Doña Tota Chicharrón en salsa verde
Harry Potter Hermione Granger
Janet Halley Decisiones responsables
Justicia Todo y nada
Facultad Libre de Derecho de Monterrey Donde conocí a grandes personas
Isabel Cristina Jaramillo Mi mentora
Derecho Cambio social (a veces)
México Amor de mis amores
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