8 preguntas sobre abogados (y algo más) a Daniel Bonilla

El pasado miércoles 21 de octubre de 2015, en la Universidad de Los Andes (Uniandes) en Bogotá, Colombia, tuve la oportunidad de entrevistar a Daniel Eduardo Bonilla Maldonado (Bogotá, Colombia 1969).

imagenes2301aDaniel Bonilla es abogado por la Uniandes, maestro en Derecho por la Universidad de Yale, y doctor en Derecho por esta misma Institución. Desde el 2006 se desempeña como profesor asociado de la Uniandes, así como también ha ejercido como profesor visitante en distintas Instituciones educativas, como el Instituto Internacional de Sociología Jurídica de Oñati (IISJ), la Universidad de Puerto Rico, o las Escuelas de Derecho de las Universidades de Fordham, Brescia y Yale.

Las principales líneas de investigación de Daniel son el derecho de interés público y la educación jurídica, los derechos de las minorías culturales, el derecho constitucional (aunque me atrevo a decir que este desde una perspectiva más bien crítica y bastante heterodoxa a lo que, por lo general, se entiende por derecho constitucional) y la teoría del derecho.

imgresPrecisamente, a Daniel lo conocí al estar investigando sobre teoría del derecho y enseñanza jurídica, en específico al escribir el apartado sobre formalismo y formación de los abogados durante mi tesina en el master de derechos humanos en la Carlos III, en España. Bueno, mentira. No lo conocí ahí, o sea sí, pero no. Recuerdo que leí un artículo suyo en un libro titulado Derecho y pueblo Mapuche, editado por Universidad Diego Portales, que además de servirme mucho, me pareció bastante ameno y, sobre todo, lo encontré muy en sintonía con lo que pienso sobre cómo se enseña del Derecho. A partir de ahí le seguí la pista a su trabajo intelectual, y me encontré con artículos suyos sobre literatura y Derecho, y también sobre temas directamente relacionados con la abogacía, entonces, pues, no pude menos que interesarme en su trabajo.

imagesDespués, al viajar por Latinoamérica durante todo el segundo semestre del año pasado, cuando pasé por Colombia, y estuve una semana en Los Andes, sencillamente, le escribí a Daniel Bonilla para una asesoría y le propuse la entrevista. Este accedió sin ningún problema, y creo que no solo ambos quedamos satisfechos con el resultado, sino que también sospecho que esa afinidad que comparto por su trabajo intelectual, la encontré en igual manera dentro del plano personal. Después, en Córdoba, Argentina, cuando di una charla sobre mis temas y conocí a Carlos Lista, este me habló bastante bien de Daniel, pues lo había conocido mientras fue director del IISJ, y me instó a que aplicará para una de sus clases o para un workshop. Así que bueno, como a Lista le suelo hacer caso en todo lo que dice, haha, probablemente tenga la fortuna de tener a Daniel como profesor durante el próximo diciembre, pero bueno ya veremos, por lo pronto eso… Agradecer a Daniel por su disposición y su tiempo para la entrevista. Por comprometerse con lo que debería ser una academia jurídica en serio, que busque tanto transformar su entorno, como tender puentes entre las personas que están en la misma sintonía. Estoy seguro que con más académicos como Daniel, hay posibilidades de una mejor educación jurídica, y por tanto en mejor Derecho.

A continuación las 8 preguntas sobre abogados, y algo más a Daniel Bonilla.


1. ¿Qué es lo primero que tienes en mente cuando escuchas la palabra abogado?

Daniel Bonilla (DB): Justicia social.

2. Menciona el primer abogado o abogada (no importando sean profesionales, profesores, políticos o bien personajes de literatura, series de televisión o cine) que se te venga en mente.

DB: Paul Kahn.

3. ¿Estás a favor o en contra del uso de la toga en la profesión?

DB: Creo que no es un problema central para la disciplina. Entiendo el simbolismo de la toga, y entiendo a quienes critican ese simbolismo.  

Los que lo defienden usualmente promueven la separación radical entre derecho y política. Para ellos, el juez debe poner su subjetivad en suspenso cuando decide los casos que llegan a su despacho. La toga es el símbolo de esta marginación de la identidad individual, de este cubrimiento de las características que hacen del juez un ser humano particular. Las convicciones morales y políticas del juez no deben involucrarse en las decisiones judiciales. El mensaje que se quiere mandar a la comunidad política con la toga, por ende, es uno de neutralidad y objetividad judicial.

 Ahora bien, entiendo también que los críticos de la toga argumenten que esta proyecta un discurso descriptivamente impreciso y normativamente indeseable sobre la decisión judicial. Los jueces, afirman los críticos, al menos en los casos difíciles, no pueden dejar de involucrar elementos extrajurídicos cuando adjudican derechos y obligaciones. Asimismo, al solucionar este tipo de casos el juez tiene la posibilidad de conectar apropiadamente derecho y realidad social. Para los críticos de la toga sería mejor que la comunidad política reconociera explícitamente el carácter perspectivo de la decisión judicial y las intersecciones que existen, por lo menos en los casos difíciles, entre Derecho y política. Este reconocimiento generaría varias consecuencias positivas, entre otras, que los jueces tuvieran que hacer explícitas las variables extrajurídicas que conforman sus decisiones y que las deban justificar adecuadamente. Este reconocimiento permitiría, por tanto, un mayor control de los jueces por parte de la ciudadanía y las otras ramas del poder público.

Sin embargo, me parece que centrar la discusión en la toga genera pocos beneficios analíticos y políticos. Creo que sería mejor discutir abiertamente el problema que esta detrás del símbolo: cuál es el papel que deberían jugar los jueces en una democracia liberal; en el caso latinoamericano, más precisamente, cuál es el papel que deberían jugar estos funcionarios públicos en una democracia en proceso de consolidación. Creo que si hay toga o no hay toga en una comunidad política particular es una cuestión más bien marginal.

4. ¿Qué es el pro bono en el ejercicio de la abogacía?

DB: El pro bono es una de las formas mediante las cuales los abogados materializan las obligaciones sociales que tienen para con su comunidad política. El pro bono, más específicamente, es uno de los instrumentos que tienen los profesionales del derecho para contribuir a la concreción del derecho al acceso a la justicia de la población socioeconómicamente vulnerable. Esta obligación se vuelve especialmente apremiante y exigente en comunidades políticas como las nuestras, donde las democracias están todavía en procesos de consolidación, y donde el acceso a la justicia, en particular el de los más pobres, es todavía una promesa por cumplir.

5. En alguna ocasión has dicho que el trabajo pro bono, en la abogacía, existe más como discurso que como realidad, en el actual contexto de grandes despachos entendidos a manera de “trasnacionales jurídicas” ¿tiene este “trasplante jurídico” más potencialidades o riesgos?

DB: Creo que hay una distancia enorme entre el discurso y la práctica pro bono. Esta brecha existe tanto en Latinoamérica, donde aquel y esta son relativamente nuevos, como en Norteamérica, donde llevan mucho más tiempo circulando dentro de las comunidades jurídicas. Las grandes firmas de abogados del continente americano dicen tener un compromiso fuerte con el pro bono. No obstante, su trabajo en esta área del derecho no se corresponde con este supuesto compromiso: los montos de dinero que invierten en las fundaciones que sirven como casas de intermediación son pequeños, el número de horas pro bono que laboran es bajo y la formulación e implementación de casos de interés público marginal.

En esta medida el trabajo pro bono puede usarse (se ha usado) como un instrumento para legitimar socialmente a las grandes firmas de abogados. Mediante el discurso pro bono, las firmas proyectan una imagen positiva en la colectividad; se presentan como socialmente responsables y pueden contrarrestar la imagen negativa que tienen los abogados en muchas democracias liberales contemporáneas. No obstante, el trabajo pro bono que hacen usualmente no tiene un impacto notable en la materialización del derecho al acceso a la justicia o la protección del interés público de sus comunidades políticas.

Sin embargo, creo que la institución pro bono” tiene la posibilidad tanto de hacer realidad la idea de que los abogados tenemos obligaciones para con nuestra sociedad como de contribuir a la satisfacción de las necesidades jurídicas de amplias capas de la población. El discurso en abstracto, por tanto, es valioso y se justifica apelando a argumentos poderosos dentro de una democracia liberal. Los abogados debemos contribuir a disminuir las desigualdades epistemológicas (control del saber jurídico) y socioeconómicas que no permiten que los ciudadanos más vulnerables puedan acceder a la justicia.

Ahora bien, para cerrar la brecha entre discurso normativo y práctica pro bono lo que se necesita es un mayor compromiso de quienes concentran el poder de decisión dentro de las firmas de abogados. Las firmas son estructuras empresariales profundamente jerárquicas. En esta medida, solo si los socios deciden que se debe hacer trabajo pro bono este podrá enraizarse en la vida cotidiana de los estudios e interiorizarse por parte de los abogados que los conforman. Solo si lo socios lo consideran pertinente, por ejemplo, las horas pro bono se podrían considerar como equivalentes a las horas pro lucro. Esta decisión aumentaría notablemente las posibilidades de que el trabajo pro bono fuera viable dentro de las firmas de abogados.

6. ¿Cuál crees que sea el principal reto que afronta la enseñanza del derecho en nuestros días?

DB: En Latinoamérica el principal reto está directamente relacionado con la profesionalización de la academia jurídica. Para que haya calidad e innovación en la docencia y para que haya producción de conocimiento jurídico original, es necesario que exista un conjunto de abogados dedicado, como parte de su proyecto de vida, a la Universidad, a la enseñanza y la investigación del Derecho. Estos abogados, además, deben tener condiciones de trabajo adecuadas: un salario que corresponda con su formación y experiencia y estabilidad laboral que les de independencia frente a la administración universitaria y los poderes políticos y económicos de sus sociedades.

7. El filósofo alemán Hans Robert Jauss alguna vez afirmó que “El arte tiene más verdad que la ciencia” ¿Qué opinión te merece esta idea? Y ¿Qué rol juega la creatividad en el ejercicio de la abogacía?

DB: El Derecho puede ser una disciplina profundamente creativa y retadora intelectualmente. Creo, sin embargo, que las formas de enseñanza y práctica del derecho tradicionales generan enormes obstáculos para que lo sea efectivamente. El formalismo que ha caracterizado a una buena parte de nuestra educación jurídica ha empobrecido el estudio y la praxis de la disciplina. La métodos pedagógicos, los tipos de producción académica, las formas de interpretación y los roles de los diversos operadores jurídicos que promueve este concepto de derecho han convertido a una buena parte de la educación y práctica jurídicas en un espacio estéril y poco desafiante desde el punto de vista intelectual.

Pensar el Derecho como un arte, por un lado, y pensar que puede existir un diálogo entre el Derecho y el arte, por el otro, abre caminos para que el derecho pueda concebirse y experimentarse como una disciplina creativa, innovadora y útil para los contextos en los que está inmersa. El arte, por ejemplo, puede ofrecer interpretaciones del derecho que iluminan aspectos tradicionalmente marginales en el derecho (piénsese, por ejemplo, en lo que los orientalistas franceses nos pueden decir sobre las conexiones entre el derecho y el proyecto colonial o Daumier sobre la relación entre los clientes y los abogados); la literatura puede ayudar a evaluar las ventajas y desventajas de los estilos que se usan para escribir el derecho, desde las decisiones judiciales hasta las leyes pasando por los tratados académicos; y el teatro puede contribuir con formas innovadoras para la crítica de los ordenamientos jurídicos o para la enseñanza del derecho (piénsese, por ejemplo, en lo que las obras de Bertolt Brecht nos pueden decir sobre el uso de la ley, las élites políticas y aquellos situados en las márgenes de nuestras sociedades o en los usos de las técnicas actorales para mejorar las formas en que enseñamos el derecho) .  

8. Se te ocurre, cómo poder educar abogados que sean socialmente responsables y tengan las destrezas para desempeñarse eficientemente en la práctica profesional.

DB: Creo que hay varias estrategias para alcanzar este objetivo. En esta conversación quisiera referirme a dos de ellas: la primera es discursivamente persuasiva pero muy difícil de materializar. Me refiero a la idea de que tanto el currículo formal como el currículo vivo hagan explícito y promuevan la idea de que el Derecho se entrecruza con la justicia, que hay diversas formas razonables de hacer uso del sistema jurídico como instrumento de transformación social y que los abogados tenemos obligaciones para con nuestra comunidad política.

Para que esta estrategia fuera efectiva seria necesario que las clases que se ofrecen en una facultad de derecho y la manera como efectivamente se dictan tengan como uno de sus objetivos mostrar las intersecciones entre derecho y justicia y entre la abogacía y la sociedad. El profesor de derecho comercial, el de procesal, el de derecho constitucional y el derecho de interés público, por nombrar solo algunos, deberían, por tanto, hacer explícito la manera como sus objetos de estudio se entrecruzan con la justicia y que tipo de obligaciones sociales particulares le generan a los abogados que las practican.

Ahora bien, la materialización de esta estrategia genera unos retos inmensos: desde la creación de una masa crítica compuesta por alumnos y profesores que la apoyen hasta la consecución de los recursos económicos necesarios para su concreción, pasando por la formulación de programas de los cursos y actividades pedagógicas que la puedan poner en práctica.

La segunda estrategia es la creación o consolidación de consultorios jurídicos o clínicas de interés público en las facultades de derecho. Estos espacios académicos están comprometidos con la educación jurídica experiencial. Por un lado, quieren que los estudiantes aprendan haciendo. Los estudiantes podrían desarrollar habilidades centrales para convertirse en profesionales competentes mediante el desarrollo de actividades análogas a las que realizan los abogados practicantes. Por el otro, estas instituciones consideran que las actividades que desarrollan los alumnos bajo la supervisión de un profesor deben contribuir a materializar el derecho al acceso a la justicia de las personas socioeconómicamente desfavorecidas o contribuir a la defensa del interés público. Infortunadamente, el impacto que han tenido los consultorios jurídicos en Latinoamérica en la formación de los abogados ha sido limitado. Usualmente estas instituciones han sido ubicadas al final de los programas de derecho y son voluntarios para los estudiantes. En esta medida tocan a los estudiantes cuando ya han sido moldeados por cuatro años de estudio de la dogmática jurídica y son pocos los alumnos y profesores que se vinculan a estos espacios académicos.

Finalmente, pensando en términos más generales, para que los entrecruzamientos entre justicia y derecho se hagan parte efectiva de la formación del abogado es necesario que las Facultades tomen una serie de decisiones políticas. Estas decisiones tocan muy diversos temas: desde cómo deben usarse los recursos escasos de los que disponen; pasando por la contratación de profesores de tiempo completo hasta la definición sobre como debe usase el tiempo de los profesores que ya hacen parte de la institución. Si no se toman estas decisiones, en las facultades, a lo sumo, se podrán encontrar esfuerzos individuales de profesores y estudiantes por pensar el Derecho de la mano de la justicia social.

A continuación, te diré una serie de nombres conceptos y por asociación me gustaría que respondas lo primero que se te venga a la mente:

Colombia Creatividad, violencia y esperanza
Yale Producción de conocimiento jurídico original
Pro bono Función social de los abogados
Universidad de Los Andes Profesionalización de la academia jurídica en Latinoamérica
Filosofía analítica Rigor
Ronald Dworkin Principios
Latinoamérica Entre la difusión y reproducción de conocimiento jurídico de otras latitudes y la creación de conocimiento jurídico propio
Paul Kahn Mi maestro
Bogotá Vibrante y caótica
J. M. Coetzee Belleza y contundencia desde el Sur
Academia jurídica Producción de conocimiento jurídico
Bernhard Schlink Punto de encuentro entre la literatura y el Derecho
Clínicas de derecho de interés público Uso del derecho como instrumento de transformación social
Eugène Delacroix Derecho e imperialismo
Justicia Derecho de interés público
Estados Unidos Colonialismo y producción de conocimiento jurídico de calidad
Democracia Una aspiración en Latinoamérica
Kafka Una mirada desesperanzadora pero bella del Derecho
Derecho Justicia
Arte Develación y construcción de nuevas formas de ver el mundo
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