Sobre los abogados de El Chapo Guzmán, a propósito del artículo publicado en el diario El País

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¿Es siempre verdad que el tres es el número filosófico por excelencia?”, se preguntó Norberto Bobbio al revisar la obra que Mario Cattaneo hizo sobre el positivismo jurídico, pues al igual que el mismo y que H. L. A. Hart, todos utilizaron una triple categorización para abordar una de las concepciones del Derecho más populares en la historia contemporánea.

Por qué tres, y no ocho (como mis preguntas a abogados), o cuatro (como los dedos de los Simpsons), o doce (como los apóstoles de Jesús), o cualquier número, da igual. Cualquier número menos el trece, queda claro.

El trece no solo tiene mala fama, sino también mala suerte. Las hipótesis de los orígenes de su malagüero son muy variadas, desde fundamentos asociados a la perfección del número doce y la imperfección del posterior, pasando por la tradición católica y el suceso de la última cena donde el número de los invitados (incluido el traidor) fueron también trece, la mitología nórdica, la fallida expedición a la luna del Apolo XIII, hasta, según me entero, un antecedente jurídico. Este último relacionado con el Código de Hammurabi que data del 1700 antes de Cristo, y que omite este número, no sé si por error o intencionalmente pero para mi que es más mito pues según reviso sí existe una ley numerada con el trece. En fin, probablemente, los fundamentos sean más contemporáneos, porque en tiempos donde la fe resulta tan endeble y mercantilizada es más sencillo profesar cualquier otro sistema de creencias. Las galletas chinas, el zodiaco, el tarot, la numerología, por ejemplo.

Una de las principales noticias de este año que recién inicia ha sido la re-recaptura de Joaquín Guzmán Loera, mejor conocido como El Chapo. Sinceramente, no tengo nada qué decir sobre este acontecimiento, ya todos han dicho tanto (incluso Sean Penn), que lo que diga sale sobrando. Bueno no es cierto, o sea, el tuit de “Misión cumplida” del presidente Peña Nieto, no solo me pone mal, sino que refleja a la perfección lo que viene siendo la irrealidad en la que viven, o más bien creen vivir, las personas que componen la presente administración. ¿Además quién carajos redactó el tuit? ¿John McCain, Jack Bauer? No mamen.

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Festejar la re-recaptura del Chapo es como si un heroinómano celebrara su rehabilitación aspirando una línea de cocaína, como si un jugador de fútbol celebrara su debut profesional metiendo un autogol. Como si un abogado vitoreara la puesta en libertad de su cliente inculpándolo por otros delitos. Abogados, de eso va este blog, así que me centraré en eso.

11236546_1675993309337816_8084623144834892321_nHace tres días me llamó la atención un artículo en el periódico español El País que se titulaba “Los 13 abogados de El Chapo Guzmán”, me sonó a nombre de película, quizá esto se debe a que acabo de ver la última de Tarantino, “Los 8 más odiados”. Lo leí y me pareció bastante bueno, un ejercicio periodístico serio y de rigurosa investigación que en México con toda la vorágine de la re-recaptura ha pasado más bien desapercibido. El artículo lo copio abajo pues traza una radiografía muy nítida de las personas que se encargarán de la defensa de Guzmán Loera, y me parece que vale la pena leerse.

En ese sentido, me resulta muy llamativo un par de cuestiones:

  1. Que sean 13 abogados
  2. La moralidad que implica la defensa de El Chapo

Tres breves comentarios. Prometo no extenderme mucho por tres razones: por el bien de mi tesis, por no aburrir a alguna persona si de casualidad lee esta entrada, y por que todavía no tengo nada claro la cuestión de la moral en el ejercicio de la abogacía.

Uno. Trece abogados, da igual que sean muchos, conozco legiones de este estilo avocados a ganar un solo caso, equipos enteros de rugby defendiendo interés particulares. Mientras no falte dinero, todo en orden. Que haya varios, aunque sea para intimidar, o para dosificar funciones, o para que no se les pasen los términos. De hecho me recordó a una típica escena de los Simpsons, cuando Lionel Hutz se enfrenta al Señor Burns y le pregunta que quiénes son sus abogados y aparecen detrás de una pared un monto de estos.

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El factor cuantitativo digamos que me tiene sin cuidado, pues este no se sobrepone al cualitativo, reitero, siempre y cuando el elemento económico no sea determinante, o bueno, siempre es determinante, claro está, pero digamos que me estoy centrando en esferas que sobrepasan los procesos del día a día, eso da igual por el momento. O sea pero trece, ¿de verdad?, no pudieron ser doce o catorce, o sea El Chapo de plano o no respeta nada, ni la suerte, ni tampoco la mala suerte. Da igual que no existan pisos trece en los hoteles, o automóviles con este número en la fórmula uno, con los abogados de El Chapo el trece avanece.

Dos. Solo hace falta echarle un vistazo a los perfiles de los penalistas que defienden a Guzmán para darse cuenta de lo complejo que resulta el asunto. De verdad, si alguien está buscando una trama para una novela negra, para un thriller jurídico, no sé qué esperan para contactar a estos impresentables. El que más me llama la atención es ese que no cobra, que se define como de izquierdas, y que defendió al director de la normal de Ayotzinapa. ¡Tre-men-do! Fuera de ese, quién paga los honorarios de los otros doce, de dónde proviene el dinero para los gastos del proceso. No entro a cuestionar que el Chapo tenga abogados, para nada, como derecho lo tiene, y por tanto se le debe garantizar. Lo que me hace ruido es algo que va mucho más allá de esto… La compatibilidad de un derecho a la defensa con el sostenimiento de un sistema de justicia, y por tanto de todo el Estado. En el presente caso la tensión entre los abogados que, a través de sus recursos, se encargan de obstaculizar el proceso y el aparato jurisdiccional que intenta agilizarlo resulta evidente. No es un caso de ruptura que podría evocar al polémico abogado Jacque Verges, no, no creo que vaya por ahí, en todo caso lo que se le pediría a los abogados de El Chapo, si utilizaran las estrategias ideadas por quien defendió, entre otros, a Klaus Barbie y Carlos “El Chacal”, sería que se declarase culpable, y a partir de ahí comenzar los quiebres y el desconocimiento de lo que acontecería.

Entonces, ¿es el Estado culpable de que El Chapo sea El Chapo? ¿El Estado ante su insuficiencia ha provocado el surgimiento de otros poderes que no solo lo repliegan sino que se adjudican sus atribuciones y competencias? ¿Un abogado que defiende al Chapo es un cómplice de un presunto criminal o, sencillamente, un operador más dentro del sistema? Creo que la moralidad de la defensa de El Chapo dependerá en gran medida no solo de la concepción deontológica que se tenga respecto al ejercicio profesional de la abogacía, sino, y sobre todo de la visión que, en mayor o menor medida, una determinada persona tenga en relación al Estado en tanto al funcionamiento del aparato coercitivo como de sus obligaciones morales. Pero sobre esto (como ya había mencionado), todavía no tengo una opinión definida. Lo que, a veces, sirve es plantearse el caso particular y responder uno mismo a la pregunta de si podría fungir como abogado de El Chapo.

Tres. La verdad solo tenía dos comentarios, este tercero lo hice solo para no quedarme fuera de lo que dijo Bobbio.

A continuación el artículo sobre el que habla este post, publicado en El País, redactado por Zorayda Gallelos, el día 28 de enero de 2016.


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