La toga en el ejercicio profesional de la abogacía por Oscar Cruz Barney

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Hace algunos meses, al conversar con Octavio Martínez Michel sobre el ejercicio de la abogacía y la estética de esta profesión, me sugirió escribir para Borde Jurídico (el artículo ya se publicó, lo que hago este domingo es, sencillamente, replicarlo en el blog y ponerle fotitos) sobre el uso de la toga en el ejercicio profesional de los abogados. Sinceramente, la idea me entusiasmó muy poco. 

Creo que el uso de la toga es un tema menor. Aunque, no por ser un tema poco importante deja de tener alguna relevancia. Aun así, no creo que sea una cuestión a la que haya que dedicarle un artículo de opinión. Sin embargo, hay algunos juristas que sí lo creen. Y heme aquí escribiendo no sobre las togas, sino sobre los que están a favor de estas.

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Cruz Barney contemplando a Cruz Barney. Swarzeneger contemplando a Swarzeneger.

En específico, escribo contra el uso de las togas en la profesión por lo aducido en un artículo escrito por Oscar Cruz Barney, publicado en el número 26 de la revista Hechos y Derechos. Si dichas líneas hubiesen sido escritas por cualquier otra persona involucrada en el campo jurídico, lo ahí plasmado no me parecería tan alarmante. Pero al momento en que es, precisamente, este investigador de la UNAM quien ha fungido como uno de los principales impulsores, y artífices de la “Reforma constitucional en materia de colegiación y certificación profesionales”, que desde el año pasado se viene queriendo impulsar en México, y también de la recién difundida “Ley general de la abogacía mexicana”, vale la pena comenzar a preocuparse.


1. Ocurrencias y recetas

Alguna vez Octavio Paz afirmó que Carlos Monsiváis, “no era un hombre de ideas, sino de ocurrencias”. El solemne y renombrado Nobel mexicano, para criticar al tiempo que burlarse de la escritura de su colega ensayista, decidió endilgarle un concepto más bien empatado con la distracción y la falta de rigurosidad. “Paz es un hombre de recetas”, respondió sagazmente Monsiváis, para avivar la futura polémica que no llegó a mayores.

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Una forma de entender las ocurrencias es empatándolas con lo insultante y lo desdeñoso. Otra, es contemplarlas como ideas con posibilidades futuras. Postulados con un potencial descomunal. Imaginativas representaciones que, tarde que temprano, madurarán para abrir causes alternativos y mostrar otros caminos.

En un sentido, las recetas, en cambio, son instrucciones, enfáticas indicaciones que aspiran a la consecución de ciertos remedios. En otro, las recetas conllevan una fuerte dosis de moralidad inoportuna, claudicando de antemano imaginar algún tipo de procedimiento alternativo. Estas marcan tajante y dictatorialmente el camino a seguir. Pueden resultar o no, pero el componente que implica la corrección un desperfecto de forma indefectible está presente.

Ahora bien, una cosa son las ocurrencias y las recetas y otra cosa son los disparates.

Lo que escribe Cruz Barney no son ocurrencias, ni tampoco recetas, son disparates disfrazados de razones, argumentos edulcorados y sin ningún tipo sustento. Algo dicho fuera de razón.

2. Contra los disparates que aducen los que están a favor de las togas

A continuación, se analizan algunos de los disparates del artículo. El autor escribe que la toga:

  • “Es una vestimenta propia de la profesión de abogado”
    • No, esto es falso. En todo caso, la toga sería la vestimenta propia de un tipo de abogado. Muchos de los problemas al querer teorizar, o realizar algún intento por corregir la profesión, radican precisamente en esta confusión, en generalizar y englobar a todos los diferentes tipos de abogados en uno solo.
  • “Es una prenda que colabora en la dignificación del ejercicio profesional”,
    • Decir que algo colabora por el solo hecho de decirlo no es suficiente. Habría que justificar porqué la toga colabora a la dignificación profesional. Lamentablemente en este caso no se dice nada.
  • “Permite igualar en presencia a los profesionales del derecho en el foro, entre ellos y respecto al juez”.
    • Si esto fuera verdad, significaría que por no usar togas en México, desde hace ya muchos años, nos encontramos en una situación que contraviene cuestiones sustanciales en el ejercicio forense como igualdad ante la ley y debido proceso. Incluso eso de “igualar en presencia” asoma una idea elitista que puede rayar en la discriminación.
  • (Se usa en países tales como) “Brasil, Francia, Italia, España, Inglaterra, Turquía, etcétera”
    • Desconozco qué tan dignificada está la profesión en Turquía por usar la toga, quiero creer que el autor lo sabe. En fin, así como existen países donde se usa toga, también existen muchos otros donde no se usa (países, por ejemplo, como Argentina, Chile, China, Dinamarca, Perú, Suecia, Israel), y esto, por la variedad y divergencia de sus sistemas, sus operadores y sobre todo su cultura jurídica, no es un factor que colabore a dignificar la profesión.

3. De historias a historias

En el artículo en cuestión, Cruz Barney narra los orígenes de la toga. No dudo que alguien encuentre interesante lo ahí plasmado, quizás los modistas, las diseñadoras de ropa, o aquellas personas con interés en la industria textil, no lo sé. Lo cierto es que para los fines pretendidos, el autor antes que aportar razones que justifiquen retomar el uso de la toga en la profesión, utiliza el argumento histórico de manera ornamental.

Y es que hay de historias a historias. Historias que sirven para decorar argumentos, como las que narra el autor, u otro tipo de historias que develan fisuras y quiebres al analizar un fenómeno determinado… La de la toga en el ejercicio de la abogacía, por ejemplo.

Pese a que algunos niegan el parentesco de la toga romana con la indumentaria del abogado, es pertinente suponer que debido a la preeminencia del derecho en tales épocas, este terminó por delinear aspectos que encontrarían cauce de manera colateral en la eventual profesionalización de la abogacía. Así, la toga, como vestimenta característica de los romanos, tuvo un rol destacado en dichos asuntos.

ponerse-la-togaLa toga en la sociedad romana reflejó la condición de quien la portaba, distinguiendo inicialmente a los ciudadanos de los extranjeros y después categorizando de forma general las distintas funciones sociales y políticas desarrolladas en Roma, considerando que la indumentaria forma parte del ser humano y tiene una significación social evidente, como bien lo ha dicho Bengoa Vázquez Varela.

Pese a que, los abogados no estaban propiamente obligados a vestir un atuendo específico en sus comparecencias ante los tribunales, lo cierto es que, prácticamente en todos los países del mundo la acción de la justicia se asocia con el uso de ciertas ropas (por ejemplo, el traje y la corbata donde no se usa toga) y la utilización de determinadas enseñas, como ha escrito Luis Zarraluqui en “De togas, pelucas y otros adminículos”, en Lex Nova – La Revista.

Tal como, afirma Lucía Becker, “en la puesta en escena, el vestuario también tiene su dramaturgia y cuenta una historia, por medio del lenguaje visual con el espectador que comunica y se convierte en signo de lo que quiere decir”. Por tanto, el uso de togas en la actividad forense romana cumplía una embrionaria función de diferenciación social, en aras de mantener un cierto respeto en el ejercicio de la abogacía.

Luego de criticar el uso de la toga en la profesión, y presentar otra visión histórica que no necesariamente se empata con el fervor por la misma, a continuación se intentará develar algunos atavismos que al día de hoy todavía se encuentran vigentes, para después desplegar algunas propuestas sobre el tema.

4.  Atavismos vigentes

Aunque cada vez son menos los países en los que obligatoriamente se requiere el uso de una toga para comparecer en juicio por parte del abogado, la imagen social del mismo se mantiene enfocada en tratar de distinguirse de los demás.

En un estudio correlacional de 2003, un profesor colombiano, Mauricio Rojas, descubrió, a través de una pequeña muestra en la Universidad del Rosario, Colombia, que es en la que se desempeña, que antes que la preparación profesional, la ética, las competencias comunicativas o la honestidad, es la presentación personal el aspecto más valorado socialmente en el abogado. Y aunque dicha investigación no puede ser representativa o lo suficientemente amplia para obtener conclusiones generales, sí nos recuerda que la profesión de los abogados se ve al final del día como una profesión de formalismos, de gestión de relaciones públicas.

5. Recetas, ocurrencias y hasta disparates para “dignificar” la profesión de abogado

Se necesita discutir tanto recetas como ocurrencias para tratar de hacer algo con el ejercicio de la abogacía en México.

Si de lo que se trata es de “dignificar” la profesión, creo que antes que pensar en atuendos, en vanos e inaccesibles códigos deontológicos, en reformas abstrusas y poco realistas, se debería intentar acercar el derecho a la experiencia cotidiana.

20080508174208-honore-daumier-5Luchar contra ese hermetismo que tanto caracteriza la cuestión jurídica y hacerla más accesible no solo para sus operadores, sino, y sobre todo, para la sociedad. Para llevar a cabo esto, antes que reunir a un grupo de expertos cuya visión de la profesión sea totalmente idílica, o proponer lo de siempre para que nunca se cambie nada, haría falta aportar recetas y ocurrencias. Razones y argumentos antes que disparates.

A continuación, algunas recetas, ocurrencias y hasta disparates para “dignificar” la profesión de abogado:

– Recetas

  • Reforma del lenguaje jurídico.
  • Ampliar y fortalecer la figura de los defensores de oficio.
  • Promoción y difusión de métodos alternativos de resolución de conflictos como la mediación, la conciliación, o el diálogo.
  • Reforma en materia de educación jurídica.

– Ocurrencias

  • Exámenes estandarizados para titularse.
  • Tazar los honorarios.
  • Manuales de estilo y redacción de demandas.

– Disparates

  • Uso obligatorio de pelucas.
  • Latín como lenguaje oficial en la redacción de demandas.

7. Conclusión

Espero sinceramente que estas líneas no provoquen que se abra una petición en change.org contra las togas, tampoco que se genere algún tipo de debate al respecto, ni mucho menos se levante el más mínimo interés sobre el tema.

Que esto suceda así, sería una buena señal de la poca importancia que tiene el uso de la toga en la abogacía. Suficiente tenemos con un artículo de Cruz Barney y este lamentable intento por replicar disparates.


A continuación replico el artículo sobre el que habla este post, publicado en el número 26 (Marzo – Abril 2015) de la revista Hechos y Derechos.

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2 responses to “La toga en el ejercicio profesional de la abogacía por Oscar Cruz Barney

  1. Trinidad Alemán

    Quiero entender que concluiste tu escrito con un: “El uso de la toga es irrelevante para la profesión jurídica”; en ese caso estoy de acuerdo contigo.
    Lo que sigo sin entender es cómo “tazar honorarios” ayudaría en el proceso de dignificación de dicha profesión.

    • Cómo. Te lo digo en una línea. Evitando que solo quienes tengan más recursos económicos puedan estar en posición para alcanzar un abogado. La idea de que en un juicio se inicia bajo igualdad de condiciones solamente es verdadera en la medida que la cuestión económica no influya en el proceso. De qué me sirve que un abogado sea bueno, sí ni siquiera puedo pagarlo. De qué me sirve la defensoría de oficio, sí de antemano sé que perderé.

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