El nuevo abogado de Franz Kafka

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Hace 91 años murió Franz Kafka. El único ser humano que, según Roberto Bolaño, contemplará el fin del mundo desde un trono de hierro.

Kafka se doctoró en derecho en 1906, ejerció un año como abogado y después trabajó en una aseguradora. Ahí, se supone y según recuerdo, es cuando comienza a escribir.

Probablemente El proceso sea la obra (tanto en en el unverso kafkiano como también dentro de la narrativa en general) que más ha sido estudiada para abordar distintos temas jurídico-filosóficos desde la literatura. De esto se ha escrito, y se ha escrito mmm no mucho, pero más de lo normal. Sin embargo, las posibilidades de la obra del nacido en Praga para nada acaban ahí. Tanto cuentos, com pasajes de otras novelas, como su misma biografía, ponen de relieve una obra con un trasfondo donde yacen un montón de cuestiones legales.

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Un ejemplo claro, relacionado de manera directa con abogacía, es el cuento “El nuevo abogado”, escrito en 1917, y que se encuentra dentro del último libro publicado en vida por Kafka Un médico rural.

Replico el relato completo, sin necesidad de algún análisis o comentario, esto porque antes que aducir algún argumento falaz que diga que el relato se cuenta solo, la verdad es que estoy usando el mismo para un trabajo que estoy haciendo. Y pues a nadie le gustan los spoilers. Solo puedo decir que, como todo lo que escribió Kafka, el relato está muy, pero muy, pinche bueno.


kafka_blacque_jacquesflickrEl nuevo abogado

Tenemos un nuevo abogado, el doctor Bucéfalo. Poco hay en su aspecto que recuerde la época en que era el caballo de batalla de Alejandro de Macedonia. Sin embargo, quien está al tanto de esa circunstancia, algo nota. Y hace poco pude ver en la entrada a un simple ordenanza que lo contemplaba con admiración, con la mirada profesional del aficionado a las carreras de caballos, mientras el doctor Bucéfalo, alzando gallardamente los muslos y haciendo resonar el mármol con sus pasos, ascendía escalón por escalón la escalinata.

En general, la Magistratura aprueba la admisión de Bucéfalo. Con asombrosa perspicacia dicen que dada la organización actual de la sociedad, Bucéfalo se encuentra en una posición un tanto difícil y que en consecuencia y considerando además su importancia dentro de la historia universal, merece por lo menos ser recibido. Hoy –nadie podrá negarlo– no hay ningún Alejandro Magno. Hay muchos que saben matar, tampoco escasea la pericia necesaria para asesinar a un amigo de un lanzazo a través de la mesa del festín; y para muchos Macedonia es demasiado reducida y maldicen en consecuencia a Filipo, el padre; pero nadie, nadie puede abrirse paso hasta la India. Aún en sus días las puertas de la India estaban fuera de todo alcance, aunque su camino fue señalado por la espada del rey. Hoy dichas puertas están en otra parte, más lejos, más alto; nadie muestra el camino; muchos llevan espadas, pero sólo para blandirlas, y la mirada que las sigue sólo consigue confundirse.

Por eso, quizás, lo mejor sea hacer lo que Bucéfalo ha hecho, sumergirse en la lectura de libros de derecho. Libre, sin que los muslos del jinete opriman sus flancos, a la tranquila luz de la lámpara, lejos del estruendo de las batallas de Alejandro, lee y relee las páginas de nuestros antiguos textos.

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