Sobre Chespirito y los abogados. Don Ramón quiere ver a su abogado

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El viernes pasado murió Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”. La avalancha de homenajes póstumos que a continuación estaremos por presenciar, acaba de ser inaugurada por un multitudinario funeral en el Estadio Azteca.

Con su fallecimiento “Chespirito” abre brecha para adquirir el carácter de inmortal, pues todo lo que está por compilarse, construirse, escribirse y publicarse sobre el actor que dio vida al “Chavo del 8”, no harán más que exacerbar el mito alrededor del personaje.

Aprovechando la coyuntura, obviamente este espacio no dejará pasar la ocasión para abordar la figura de Gómez Bolaños y su relación con la abogacía.

Así entonces, bajo una primera impresión, parecería que el tema de los abogados a través de la obra de “Chespirito” resulta tangencial, un aspecto que se despliega más propiamente por medio de su vida (en los diferentes juicios que enfrento Gómez Bolaños ya sea por supuestas acusaciones de plagio o por los derechos de sus personajes), antes que en sus programas de televisión.

UnknownNo obstante, encuentro una referencia explícita a esta profesión en un capítulo de la serie de televisión El Chavo del 8, titulado “La casita del Chavo” de 1977 (ojo, digo de forma explícita, y en concreto respecto a la abogacía, pues sospecho que mucha de la obra de Gómez Bolaños serviría para abordar no solo thqdefaultemas jurídicos, sino también filosóficos y políticos; por ejemplo en otro capítulo de la misma serie se lleva a cabo un supuesto juicio al Chavo por atropellar al gato de Quico donde entran en juego el papel de varios operadores jurídicos y que podría servir para analizar temas como la justicia por propia mano y los medio alternativos de resolución de conflictos, o en un capítulo de la sección de Los Chifladitos donde Chaparrón Bonaparte y Lucas Tañeda desquician a un abogado por medio de su  comportamiento para estudiar cuestiones relacionados con el lenguaje y el concepto de locura y sus múltiples representaciones).

El capítulo referido lo encuentran por acá dividido en 1, 2 y 3 partes, y la escena es la siguiente:

Cuando Don Ramón es golpeado y rememora los barrotes de una prisión, solicitando a su abogado; se devela la manera en que se presenta a los licenciados en derecho en el imaginario común como profesionistas que orientan su actividad preponderantemente a la defensa en juicio y a través del derecho penal.

Queda claro que no todos los licenciados en derecho son abogados. Sin embargo, aunque todo licenciado en derecho cuenta con la posibilidad de ser abogado, parecería que común y tradicionalmente se ha contemplado al derecho penal como aquella rama del derecho que mejor engloba el sentido y oficio del mismo, provocando que los términos de abogado y licenciado en derecho se confundan y se utilicen de forma indistinta.

No por nada dice el jurista mexicano Ignacio Galindo Garfias que por lo general, “el vulgo identifica al legista y hombre de derecho, precisamente con el concepto que tienen de los abogados sean o no postulantes, aunque su actividad no sea precisamente la postulancia en los tribunales, o la de procurar un juicio, no obstante que no abogue en juicio alguno”.

Reforzar la imagen del abogado litigante como prototipo de cualquier licenciado en derecho, no solo confunde y desestima las múltiples salidas de la profesión, sino que también orienta una serie de rasgos y características que de antemano se creen indispensables al momento de ejercer el oficio de abogado.

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