Los operadores jurídicos de Gregorio Peces-Barba

El jueves pasado se cumplieron 2 años del fallecimiento de Gregorio Peces-Barba Martínez. Las repercusiones por su fallecimiento en 2012 fueron de grandes magnitudes en España. Sobra decir que a su funeral asistieron todos.

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Óleo de Peces-Barba en el Congreso de los Diputados.

Peces-Barba fue casi todo dentro de entorno español. Padre de la constitución del 78, político, abogado, jurista, catedrático, fundador y primer rector de la Carlos III de Madrid, Alto Comisionado de apoyo a las víctimas del terrorismo, etcétera.

Desarrolló principalmente su producción científica en la filosofía del derecho y filosofía política, la ética y los derechos humanos. Su obra, caracterizada por una visión humanística, cultural, e histórica de la filosofía del derecho, es considerada una de las más pertinentes en el ámbito europeo continental (en concreto su teoría dualista sobre el concepto y fundamento de los derechos).

Paco Ignacio Taibo II dice que la buena suerte no existe, que solo existe la mala suerte. Tuve la mala suerte de llegar a Madrid, a estudiar en su universidad –en su instituto de derechos humanos–, un mes y dos semanas después de su fallecimiento. Por tanto, nunca lo conocí.

La viñeta de FORGES en El País el día del fallecimiento de Peces-Barba.

Viñeta de FORGES en El País el día del fallecimiento de Peces-Barba.

Aunque confieso que la elección de estudiar en la Carlos III, no se debió para nada a Peces-Barba, o mejor dicho, mi decisión final para estudiar el posgrado no obedeció a querer llevar clases con él, o acaso a querer ser considerado como parte de su escuela de pensamiento (Norberto Bobbio se refirió a la escuela formada por Peces-Barba de la siguiente manera (aprovecho para practicar mi italiano): “mi glorio della scuola di Gregorio”)… La verdad es que me hubiese gustado conocerlo.

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Curso de derechos fundamentales. Libro de referencia (para bien o para mal) para cualquier estudiante de Máster en DDHH aquí en la UC3M.

No obstante entre actos y actividades en su recuerdo (que avivan las anécdotas y leyendas sobre el personaje), obras póstumas, y sobre todo lecturas (y relecturas e interpretaciones y reinterpretaciones) de su autoría, estudiadas durante los primeros cursos del Máster; puedo decir que al final creo que sí lo conocí. O lo conocí poquito.

Alguna vez un investigador de Jurídicas de la UNAM mencionó, a manera de crítica, que resultaba difícil no encontrar algún trabajo del mismo IIJ-UNAM sin hacer referencia a algún Fix. A la defensa de dicho comentario, se pude argumentar que eso no necesariamente es incorrecto, pues habla de un profundo sentido de pertenencia y de conocer qué es lo que se está haciendo en un determinado instituto en el que se desarrolla alguna investigación.

Bueno pues algo igual acá en la Carlos III, en el Instituto de derechos humanos Bartolomé de las Casas. De las tesinas que conozco, (también aplica para algunas tesis doctorales) son minoría, pero escasa minoría las que no citan a Gregorio Peces-Barba. Aunque sea una vez. Pero Peces-Barba está presente.

Esta cuestión, lejos de ser focalizada, es común a cualquier centro de investigación, o institución educativa que desarrolla actividades académicas. Si bien no creo que esto sea un problema en sí, vale la pena mencionarlo por llamar la atención sobre la independencia e imparcialidad que suele caracterizar a la condescendiente vida académica.

De hecho, ahora que lo pienso estoy en contra. Pero al ser mi incongruencia, lo único congruente que queda en mi vida… Obviamente yo también cité a Peces-Barba, e incluso lo citaré en mi tesis doctoral. Pero que conste que no es por compromiso. O al menos eso creo. Pero bueno, quién sabe. Estos fenómenos, justo como la ideología, se filtran inconciente e imperceptiblemente en nuestra mente, cuando ni nos hemos dado cuenta de ello. En fin.

Dentro de sus más de veinte monografías, e innumerables artículos, Peces-Barba tiene uno titulado “Los operadores jurídicos” donde aborda, tangencialmente el tema de los abogados.

El postulado básico con el que Gregorio Peces-Barba inicia su trabajo afirma que los operadores jurídicos se diferencian del común de los ciudadanos por actuar en el ámbito legal, a través de la intervención profesional estable en un cargo u oficio, como creadores, como intérpretes, como consultores o como aplicadores del derecho. Siguiendo dicha postura, y analizando el tema desde lo que a mi me interesa, que es el de los abogados, estos tendrían el compromiso de fungir como los principales intermediarios entre el derecho y sus destinatarios, pues sus acciones afectan vigorosamente al mejoramiento del sistema.

Ahora bien, la abogacía, tradicionalmente se ha venido caracterizando por ser una actividad independiente (predicándose dicha independencia en la libertad del ejercicio de la profesión y en la libertad de organización del ejercicio profesional al permitirse su autorregulación), que se identifica como uno de los ejemplos más claros de profesiones liberales, cuyas labores se encuentran subordinadas a los intereses de las clases dominantes. Sin embargo, como bien menciona Virgilio Zapatero, el abogado no es solo un representante de un cliente, sino también es “un operador del sistema y un ciudadano que tiene una especial responsabilidad en la calidad del sistema de justicia”.

Precisamente, esa ambivalencia del abogado es la que, además de quitarme el sueño, me interesa estudiar desde la teoría y filosofía del derecho. Porque dicha característica termina por tensar la cuerda hasta el extremo sin llegar a romperla, produciendo una abrumadora contención habitada tanto por el orden y la pulcritud como por la descomposición moral y la obcecación (¿!¡?). Siguiendo a Marcos Kaplan, al encontrar comodidad con posturas que evitan cualquier tipo de compromiso con su entorno, los abogados, por lo general, prefieren mantener el ritualismo y la jerga, antes que preocuparse por la simplicidad, la racionalidad, el realismo, la respuesta creativa ante conflictos, dilemas, nuevas situaciones y desafíos. Esta actitud, no obstante, no es fruto de una degeneración moral o de una abulia alienada que pueda predicarse de la maldad individual de los abogados, sino el resultado estructural de una historia que ha hecho de esta profesión una actividad ambivalente, digna de elogio en tantas ocasiones, pero casi siempre presa de las relaciones objetivas de poder.

El trabajo me resultó bastante interesante para mi finalizar mi Máster (aunque ahora que lo vuelvo a releer, me resultará de mayor utilidad en la tesis), pues siguiendo su característica visión holística sobre la filosofía del derecho, Peces-Barba hace un recorrido histórico sobre los operadores jurídicos desde esta rama del derecho.

Desde la Antigüedad (conjugando datos sobre estos agentes), hasta analizarlos en el pensamiento de algunos de los principales filósofos del derecho de la tradición positivista y en los dos principales sistemas jurídicos, Peces-Barba intenta poner de relieve los diferentes modelos en los que los operadores jurídicos se han desempeñan, para así estudiar sus funciones.

El artículo tiene mucho, pero mucho contenido y como él mismo lo termina, el tema tiene posibilidades todavía no exploradas. Otro tema en íntima relación con lo aquí abordado es el relativo al aislamiento de estos operadores, en íntima conexión con la educación que reciben. En este sentido (además de las citas a Montaigne, Pascal o Unamuno) llama la atención, en la página 469, la breve lista de libros que propone para ser un “jurista completo”.

Termino pues ya escribí mucho y prometí que no lo haría. Pero antes dejo una Posdata, por si alguien está interesado en conocer más sobre Peces-Barba.

PD. Acá encuentran un artículo en El País que escribió, a manera de homenaje discreto, José Manuel Rodríguez Uribes, maestro de Filosofía Política acá en el posgrado (precisamente la broma inoportuna que comenta, que es esta, ocurrió en un Congreso Nacional de Abogacía  y sospecho que, en parte, obedece a la conocida afición por el Real Madrid de Peces-Barba). Y acá un libro de cartas de personas cercanas a Peces-Barba, donde se narran anécdotas tan divertidas como reveladoras para llegar a comprender las magnitudes de este personaje. Me atrevo a recomendar una: la de Elías Díaz.

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Foto y no pedazos. Elías Díaz frente al busto de su amigo Gregorio Peces-Barba, el día de su develación, hace un par de meses en la UC3M, Getafe.

A continuación el artículo del profesor Peces-Barba titulado “Los operadores jurídicos” publicado en la Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, No. 72, 1986 – 1987.


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