Sobre la pelea de los empresarios en Monterrey y los abogados

monterreyDicen que Monterrey, a pesar de ser una de las 100 ciudades más pobladas del mundo y la tercera de México, es, a final de cuentas, un rancho. Un rancho donde todos nos conocemos, o conocemos a alguien que conoce a quien conocemos o nos conoce. Y por ende todo lo que ocurre (para bien y para mal), triste y lamentablemente importa. (Rancho) Pueblo (no tan) chico, infierno grande.

Hace varias semanas se difundió, tanto en redes sociales como en los principales periódicos de la localidad, un video que muestra una álgida pelea entre empresarios de la localidad.

El video rápidamente se viralizó, se convirtió en una de las notas más leídas en esa semana en el periódico EL NORTE y, según me informan desde allá, dio mucho de que hablar entre la gente del regiomonte.

Los involucrados (que olvidaba mencionar son hermanos), se encontraban en una reunión frente a varios abogados, para tratar de llegar a un acuerdo sobre un supuesto convenio de separación entre varias plazas comerciales. Algo así. Aquí lo sucedido:

La escena, que bien pudo ser incluida en Amores Perros, más allá del nivel de violencia de algunos de los ahí presentes, el morbo que provocan estas situaciones en Internet (y más en Monterrey) y sobre todo el grado de irracionalidad que puede alcanzar una determinada persona bajo ciertas circunstancias y condiciones, me llama la atención por dos cosas:

1. El abogado entendido como obstáculo

  • “Para que se den cuenta tus abogados lo pendejo y lo puñetas que estás”
  • “Nosotros no entendemos de manera legal”
  • “Tú demandas algo. Yo no voy a contestar. Esto se arregla de otra manera”

Vamos a ver. Todas estas frases, que destaco de la grabación, revelan que los profesionales del derecho que están inmersos en el caso, están pero no están. Es decir, están pero para los demandados fungen un papel meramente alegórico.

Es común, para un determinado prototipo de empresario, que los abogados sean visualizados como un impedimento para la consecución de sus negocios. Papeleo y más papeleo, tiempo innecesario, formalidades, firmas y obstáculos. Se suele escuchar: “Los negocios se cierran rápido y ya después vemos cómo le hacemos”. “Ganar ganar”. “Negocio a costa de lo que sea”. Bah.

En concreto, a lo que me refiero es a la idea de contemplar al abogado como traductor de los intereses de sus clientes a términos jurídicos. Siguiendo la propuesta expuesta por Maureen Cain y Christine Harrington, sobre el derecho como discurso que moldea la conciencia, los abogados serían “Ideólogos conceptuales” o “imaginativos negociantes de palabras”.

Viñeta de El Roto

En esta viñeta de El Roto se ilustra perfecto lo que intento explicar.

La ley, en estos casos se contempla, o se anhela contemplar, como algo que sobra. Como excusa. Como algo a lo que perfectamente se le puede “sacar la vuelta”. Y no hablo de alegalidad (¡bueno fuera!), o acaso de ilegalidad, sino de actuaciones donde el derecho deberá de adecuarse a intereses ajenos a una colectividad, o sea, particulares o privados.

No olvidemos que derecho y abogados son productos concomitantes. Y como tales, ambas instituciones se utilizan, por este tipo de personas, solo y estrictamente cuando es ineludible.

2. La grabación del video
Al no existir un aparato centralizado que se encargue de la difusión de este tipo de fenómenos, los “virales” surgen del clamor popular, previos a los medios masivos de comunicación, de “autores anónimos” y con la necesidad de causar un efecto dominó para subsistir.

No sé quién grabó el video, ni tampoco cómo se difundió, imagino que igual como se difunden los memes o un tipo concreto de pornografía. Imagino, pero quién sabe.

Sin embargo, por mera lógica parecería que la grabación del mismo, corresponde a alguien que se encuentra con los abogados, o por lo menos de su lado, esto en un sentido espacial. Alguien que utilizando la tecnología y su perspicacia y discreción, aprovecha lo absurdo de una situación extrema para archivarla, y eventualmente hacerla de conocimiento público.

¿Esto viola algún derecho de los involucrados en la pelea? No sé, probablemente. Tal vez, se pueda armar algo interesante, jurídicamente hablando, tendiente a demostrarlo. Esto sí se puede asemejar al típico caso de la difusión de videos privados de índole erótico o sexual con fines de provocar algún tipo de daño, donde ya existen precedentes judiciales al respecto. Aunque la óptica y el enfoque serían otros, creo que este tipo de hechos pueden tener consecuencias.

Ahora bien, la cámara oculta, el fisgoneo tecnológico o sencillamente hacerle al Lente Loco (o al Oscar Cadena o la Risa en Vacaciones), es cada vez más común, no solamente entre la quienes ejercen de abogados, sino también en otros muchos campos de la vida en sociedad.

Utilizando este recurso como estrategia, el espionaje se torna tan peligroso como seductor. Información es poder. Información en la era de la información es más poder. Por tanto, echar mano de la información, conseguida no importando cómo y sin mediar cualquier consideración ética, devela algo sobre lo que ha escrito Tomás Ramón Fernández (en un diálogo con Alejando Nieto), en El Derecho y el Revés, citó… “La gente no se mete a un pleito para que se haga justicia sino para ganarlo”.

Las drásticas transformaciones ocurridas durante las últimas décadas, donde, como afirma Toni Negri, el dinero es la única medida de producción social, han provocando que muchos abogados contribuyan a agravar el actual contexto. De ahí entonces que estos actores, para participar de forma activa en los procesos necesarios para revertir el estado actual, deberían, en palabras de David Luban “hacer conciencia sobre su importante papel en el entorno, teniendo en cuenta el impacto que causa en los derechos humanos de otras personas la elección de ciertos clientes y estrategias jurídicas. Eso puede suponer negarse a representar ciertas causas por razones éticas; negarse a utilizar estrategias opresoras, aunque lícitas; y advertir a los clientes de los efectos en términos de derechos humanos de sus acciones.”

Eso o empezar a promover la idea sobre regular el uso de la tecnología en la profesión. Justo como hizo la FIFA en el último mundial con las cámaras que vigilaban la línea de gol, o el spray arbitral. Ah y, por cierto, no. No era penal.

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