Para el Día del Abogado por Miguel Carbonell

A 2 días del día del abogado en México, Miguel Carbonell, en su columna de opinión de carácter quincenal en El Universal, adelantándose a todos, escribe sobre el día del abogado y por tanto sobre los abogados mexicanos.

El articulo de opinión de Carbonell no aporta nada nuevo. Cosas que se saben y que año tras año aprovechando esta fecha se reiteran:

  • No se sabe cuántos abogados hay en el país.
  • Derecho es una de las carreras más demandadas en México.
  • Propugnar por la colegiación obligatoria como panacea.
  • Los abogados deben permanecer actualizados ante las importantes reformas que han ocurrido en los últimos años.

Pan con lo mismo. Pero al fin pan, que es mejor que no tener nada y tener hambre. Así entonces, yo lo agradezco y lo aplaudo. Es importante que quienes tienen influencia, ya sea mediática, académica, económica o de cualquier índole, vayan abordando el tema para animar un amplio debate que pueda impactar en el entorno.

Carbonell aporta un ejemplo comparativo que me gustó, cuando trata el tema de la rendición de cuentas en la profesión, al llamar la atención sobre los consejos de la judicatura y los colegios de notarios frente a la ausencia de algún órgano que vele por la calidad en la abogacía. Ojo, aquí el autor se centra solo en 2 profesionales del derecho que tienen relación directa con los abogados. Sin embargo, existen otros profesionales y también operadores jurídicos que caen en los supuestos tanto de la regulación como de la ausencia de la misma en el país. Ejemplos: los ministeriales, los actuarios, los registradores, e incluso los propios legisladores.

Me hizo gracia, la analogía con los dentistas, el gran Lawrence M. Friedman, tiene una referencia muy parecida sobre la profesión pero respecto a los sepultureros. La cita no la recuerdo de momento, pero prometo buscarla.

En ese mismo sentido, resalto la manera cómo Carbonell pone sobre la mesa el tema de la iniciativa sobre la colegiación, instando a los legisladores a ponerse las pilas. Al final, el tuitstar jurídico por excelencia recalca la naturaleza ambivalente de los abogados para concluir, a mi parecer, exaltando de más a los mismos de manera muy romántica y melosa.

A continuación, lo que escribe Miguel Carbonell sobre los abogados. El artículo aunque es de acceso libre, no es posible copipestiarlo, a menos que alguien se de a la absurda tarea de transcribirlo. Subrayo las ideas que me resultaron más interesantes.


Screen shot 2014-07-10 at 10.42.24 PMPara el Día del Abogado

El 12 de julio de cada año se celebra el Día del Abogado. Es una excelente ocasión para reflexionar sobre el significado de la profesión y para recordar lo mucho que puede aportar el gremio jurídico al desarrollo del país.

No hay datos que nos indiquen cuántos abogados hay en México, pero deben ser varios cientos de miles, tomando en consideración que la carrera de derecho es la tercera del país con mayor número de estudiantes (cerca de 300 mil en la actualidad). El impacto del trabajo de los abogados en la política, la economía y la sociedad en general es notable. Basta recordar que muchos Presidentes de la República (incluyendo al actual), secretarios de Estado, legisladores, gobernadores, presidentes municipales, empresarios, literatos, etcétera, han estudiado derecho.

Sin embargo, la profesión se encuentra en nuestros días ante una serie de desafíos que la van a cambiar de manera profunda en los siguientes años. Para poder superar esos desafíos debemos recordar la necesidad de asegurar un correcto nivel de desempeño profesional de los abogados. Infortunadamente, son recurrentes las quejas sobre la falta de ética profesional de personajes del gremio, tanto de algunos que se desempeñan como servidores públicos, como los que se dedican al litigio particular.

Los ciudadanos desconfían de sus abogados y sólamente acuden ante ellos cuando no tienen otra forma de resolver sus problemas. Nos hemos convertido, junto con los dentistas, en profesionales a los que nadie quiere ir a visitar, salvo cuando se esté en una situación desesperada.

Además de mejorar el nivel profesional que tenemos, también es indispensable que los abogados se actualicen. Con tantas y tan profundas reformas que ha sufrido recientemente el ordenamiento jurídico mexicano, el abogado que no se actualice se quedará obsoleto en muy poco tiempo. Pongo dos ejemplos que lo evidencian de manera clara: los cambios que para el litigio derivan de la Ley de Amparo expedida en el 2013 (que impactan en el conjunto del sistema jurídico nacional) y los juicios orales en materia penal que progresivamente se están implementando en todo el país.

Estos dos casos (el amparo y los juicios orales) requieren de habilidades y de capacidades para las que no todos los abogados están preparados y para las que no todas las escuelas de derecho forman a sus alumnos. Hoy como nunca se requiere un amplio dominio del tema de la argumentación jurídica, que durante mucho tiempo fue ignorado en los planes de estudio de la mayor parte de universidades del país.

Por otra parte, el mejoramiento de la profesión exige que los abogados rindan cuentas por su trabajo, lo que solamente se podrá lograr si existe una colegiación obligatoria. De otra forma, los litigantes podrán seguir prestando mal servicio sin que suceda nada (como pasa en la actualidad) y los ciudadanos no tendrán manera de saber si el abogado en el que están depositando su confianza es o no digno de ella. Los consejos de la judicatura supervisan el trabajo de los jueces, los colegios de notarios lo hacen respecto a sus propios agremiados, pero nadie revisa que los litigantes hagan bien su trabajo. Eso es lo que hay que corregir mediante la colegiación obligatoria. La iniciativa para que ello sea posible se encuentra ya en el Senado de la República, esperando que los legisladores se dignen atender este importante tema algún día.

Los abogados pueden ser una palanca de cambio para el país. O pueden ser un lastre. De su correcto desempeño dependen, en alguna medida, el crecimiento económico, el incremento de la seguridad jurídica y hasta la tranquilidad de nuestras familias. Tener mejores abogados es una buena forma de ir construyendo un mejor país para todos.

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