Abogados ciudadanos por Ana Laura Magaloni Kerpel

Hoy sábado 28 de junio de 2014, en su obligada columna de opinión, de caracter mmm ¿quincenal? en el periódico Reforma, Ana Laura Magaloni escribe sobre abogados. Su artículo aunque se centra en el trabajo pro bono dentro de la profesión—principalmente enfocado en los EUA, al utilizar un método comparativo para desarrollarla, sirve para poner de relieve diversas problemáticas que en México sencillamente no se discuten.

La inquietud sobre el tema no es algo nuevo para Magaloni, pues desde 2006, a través de este paper, que aparece compilado por Héctor Fix-Fierro en un conocido libro sobre abogados, ya se vislumbra su preocupación.

La lectura de su columna solo es posible si uno es suscriptor del periódico. Por tanto, les presto mi ejemplar.


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Abogados ciudadanos

El dilema que enfrentan las grandes firmas de abogados para aumentar las horas de trabajo pro bono y contar con abogados ciudadanos tiene que ver con su estructura de incentivos: en estas firmas, generalmente se cobra a los clientes por hora de trabajo y, para ello, cada abogado tiene que ir reportando, día a día y hora por hora, el trabajo realizado, el tiempo invertido, el cliente para el que se trabajó, etcétera. Los ascensos y los bonos anuales son resultado del dinero que cada abogado traiga al despacho, sea por conseguir clientes importantes, o por el número de horas trabajadas y que el despacho pudo cobrar. Ello significa, por ejemplo, que si un abogado se tarda el doble de tiempo del que regularmente toma una tarea, la firma posiblemente sólo pueda cobrar el tiempo que le debería haber tomado hacer esa tarea. No importa que haya trabajado el doble. Con este sistema de incentivos, todo está puesto para que tan pronto un abogado pone un pie en la firma se dedique a trabajar más de 12 horas diarias sin parar. ¿Cómo, entonces, hacer espacio al trabajo pro bono?

Los socios de grandes firmas europeas y norteamericanas que acudieron al seminario estaban convencidos de que, en el largo plazo, ese sistema de incentivos termina por generar vidas un tanto monótonas e insatisfechas. Comentaban que una parte importante de su vocación por el derecho cuando iniciaron su carrera había tenido que ver con la justicia y el impacto que tiene la profesión legal en la cohesión, la prosperidad y la paz de la colectividad. Arruinar, con un sistema de incentivos perverso, esa cara de la profesión legal es costoso tanto en términos personales como sociales. ¿Qué hacer al respecto?

Los que han tomado la batuta son los norteamericanos. En Estados Unidos, las firmas de abogados están incentivadas a llevar trabajo pro bono, pues ello se ha convertido en una importante fuente de buena reputación. Muchas veces, los mejores estudiantes de las facultades de derecho norteamericanas eligen trabajar en uno u otro despacho en función de las características y relevancia del trabajo pro bono de la firma. Asimismo, la Barra de Abogados de Nueva York, entre otras, exige que, además de pasar el examen para poder litigar en la entidad, el abogado debe haber llevado a cabo un número importante de horas de trabajo pro bono.

Esta práctica de una profesión legal al servicio de los intereses colectivos es inexistente en México. Inclusive las firmas de abogados internacionales con sede en México que, en otros países llevan a cabo trabajo pro bono, en México, salvo honrosas excepciones, no lo hacen. Esta indiferencia de la élite jurídica mexicana por su impacto en la justicia social es uno de los grandes lastres de nuestro sistema jurídico. Para que cambie, el Estado tendría que diseñar un nuevo sistema de incentivos, que puede ir desde la colegiación obligatoria, hasta la obligación de los estudiantes de derecho de trabajar un tiempo en la defensoría pública, como lo hacen hoy los estudiantes de medicina en los hospitales públicos.

La vocación por el interés público está en muchos estudiantes de derecho. Ello me consta. Busquemos los caminos para que estas vocaciones no se pierdan. Estoy segura de que un México con muchos abogados ciudadanos será un México más potente, más próspero y menos violento.

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