Los abogados y la política por Gustavo Briceño Vivas

El pasado 23 de junio fue día del abogado en Venezuela. La celebración se aprovechó para realizar diversos actos en la república bolivariana.

De hecho, me atrevería a decir que dicho país, cuenta con el académico que ha estudiado más a estos actores jurídicos en todo Latinoamérica. Rogelio Pérez Perdomo, a mi consideración, es un referente bibliográfico obligado del tema. Valga, esta entrada para mencionar que eventualmente podré a disposición diversos de sus artículos y obras al respecto.

Pero bueno, el día del abogado en Venezuela también sirvió como excusa para escribir sobre el tema. A continuación, comparto el artículo de opinión de Gabriel Briceño Vivas, abogado y profesor universitario en la Universidad Central de Venezuela, que dImagenesde una posición política contraria al gobierno en turno, desarrolla sus ideas.

El artículo, que es de acceso libre, fue publicado en El Universal, el día 24 de junio de este año. Subrayo las ideas que me resultaron más interesantes.


ImagenLos abogados y la política

Ayer lunes 23 de junio fue el día de los abogados. Y eso es decir mucho, por cuanto los abogados son los profesionales de un país que más sufren las consecuencias de una autocracia. La dictadura, constituye el mal gasto de la libertad, por cuanto los hombres y las mujeres que habitan en un país sin libertad encuentran su vida marcada por la carencia de expresión y de pensamiento, tal indica la dificultad que tiene un profesional del Derecho para desarrollar sus potencialidades y sus imaginaciones.

Una democracia con problemas alerta la existencia de un sistema judicial incompatible con la verdad y la armonía. Desde allí, se planifica la injerencia del Estado que limita sin ley que ampare al Hombre y su destino y lo embarca en ideas que a la larga infringe sus conductas y somete sus sentimientos. Los abogados son personas que cumplen una vida filantrópica, si se quiere, por cuanto adquieren el hábito de mejorar las condiciones sociales y personales de los demás, lo que indudablemente la abogacía como profesión, se encuentra vinculada muy especialmente al género humano en su cuido y todo lo que ello significa en un contexto social y político como el que convivimos. Partiendo de esta concepción, ¿cómo pueden los abogados vivir en un país donde su actividad principal como lo es el de abogar por los demás, se encuentra muy limitada por las políticas gubernamentales? Respuesta difícil, si adquirimos el pensar y convivir en un país donde la justicia no existe y donde la misma se encuentra seriamente comprometida en sus efectos y en sus consecuencias.

Cuando decimos que en una determinada sociedad no hay justicia, ello tiene un significado muy específico, cual es que, la propia sociedad puede hacerse justicia por sí misma, lo que delata una verdad existencial peligrosa y es el hecho de que en cualquier momento puede darse un conflicto bélico y producir muertes, dado el ejemplo determinante que sin justicia, la ley como expresión de la voluntad general se sitúa al margen de las necesidades y deseos sociales. Acantilados por un espíritu de abogar por los demás, la contradicción entre justicia y autocracia parece un conflicto irremediable a los ojos de un abogado, es desde luego, una situación enfermiza y digna de sobresalir en un país en crisis.

Los profesionales del Derecho no pueden escurrir la lucha cuando de la libertad se toca, entre otros motivos, porque la profesión de abogado supone una lucha por los demás, en su propia naturaleza; el abogado actúa con un significado especial, producto de su carrera y de la idea que él está para ayudar a hacer justicia en los demás. El buen abogado es fundamentalmente un hacedor de justicia, con cuidado de no caer en un Robín Hood, ni mucho menos dejarse someter por un mercantilismo encausado en litigios inútiles y sin sentido. Luchar por la justicia es una tarea titánica, en condiciones normales; imagínese, estimado lector, luchar por la justicia en un país donde la ausencia de ella es un síntoma manifiesto que invade de forma real la sociedad entera. En términos religiosos es un pecado, no darle a cada quien lo suyo, y lo que ella implica como noción, ejemplifica que el día del abogado debe ser un feriado nacional, dada las características de que referencia hacemos a una de las profesiones más dignas y sacrificadas que existen en el mundo. Prácticamente se los manifiesto con entera causa, quien ha disfrutado y sufrido mucho esta profesión.

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