Revista FORBES sobre abogados. Pt. 1.

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La conocida revista FORBES (sí así en mayúscula porque impone más), edición España, dedicó su número del mes de mayo a los abogados. Mmm, bueno a los que a su consideración son los mejores abogados de este país.

Los criterios para elegir el ranking de los abogados españoles fueron 3:

  • el prestigio de los bufetes que los agrupan
  • la influencia de los profesionales
  • el volumen de negocio que representa (facturación)

Resultaría difícil encontrar entre las páginas de la revista ejemplos como los casos particulares de abogados independientes que dieron un vuelco al sistema de desahucios, que frenaron la privatización de la sanidad en la Comunidad de Madrid, o que provocaron la dimisión del presidente del Fútbol Club Barcelona. De antemano, por tales criterios, parecería que los profesionales en lo individual o que formen parte de pequeños y medianos despachos no encuentran cabida dentro de FORBES por una cuestión importante: no generan un impacto importante en el mundo de los negocios y las finanzas.

No creo que valga mucho la pena (¿qué vale la pena en estos días?), hacer una crítica a los criterios que utiliza la revista para organizar sus listas. Pues precisamente es una publicación especializada en temas de finanzas, industria, inversión y comercio, que orientándose a un público concreto, busca posicionarse como un mecanismo más del sistema de producción económico en la actualidad. No por nada, FORBES se autodenomina en su edición norteamericana como “the capitalist tool”, (la herramienta del capitalismo), y su ya tradicional lista de las personas más ricas del mundo se ha convertido en una referencia obligada entre quienes les importa esto.

Después de revisar su contenido a través de Internet, compré la revista más por curiosidad que por interés. Cabe hacer mención que en estos momentos de mi tesis, soy el objetivo perfecto para cualquier cosa que involucre abogados. Aprovéchenme que probablemente en unos cuantos años, se me acabe el furor (y el financiamiento). Su precio fue de 4 euros. Con dicha cantidad bien pude comprar un kebab, dos litros de salmorejo, tres bocadillos de jamón, o cuatro hamburguesitas de euro del Mcdo. Se nota que traigo hambre.

La portada de la revista en cuestión es la siguiente:

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La pintura que ilustra la edición es del surrealista belga Rene Magritte, y se titula “L’Homme au Chapeau Melon” (acá puede encontrar la obra tal como es). A continuación, escribiré sobre cuatro elementos de la elección de dicha portada, que me llaman la atención sobre la figura del abogado en general.

1. Traje y corbata, el uniforme de los abogados

Los elementos de la corbata, del traje, del sombrero, de la vestimenta en general, vienen a reflejar un formalismo que suele identificar a quienes ejercen la profesión.

Pese a que, los abogados, en general, no están propiamente obligados a vestir un atuendo específico en sus comparecencias ante los tribunales, de hecho cada vez son menos los países en los que obligatoriamente se requiere el uso de una toga para comparecer en juicio, prácticamente en todo el mundo la acción de la justicia se asocia con el uso de ciertas ropas, que por lo general son las corbatas o los trajes.

De hecho, cuando amigos litigantes, que usualmente vestían traje y corbata, llegaban vestidos de manera informal a alguna reunión, recuerdo haberles escuchado decir: “ya me quité el disfraz de abogado”. Ese disfraz vendría a representar una manera de pretender lo que no se es. Y por el momento no cuestiono su validez, sino sencillamente señalo que la mera utilización de enseñas, cuya marca sea reconocida o resulte más elevada en su precio, es un recurso tan sórdido como quimérico para fomentar la diferenciación y la exclusividad en aras de su propio beneficio.

Imaginemos a un dentista chimuelo, o a quien ejerce la licenciatura en nutrición con obesidad mórbida. Ahora, a un abogado con cabello largo, tatuajes, sin corbata y mal rasurado (descripción del que ahora escribe). ¿Qué sucede? De antemano, hay desconfianza o por lo menos un atisbo de inseguridad respecto a la congruencia entre el contenido formal y material de quien ejerce la profesión.

No tengo duda de que la imagen que se proyecta al ejercer una actividad profesional influye, no sé si profunda y determinantemente, pero sí influye al momento de decantarse por sus servicios. Ahora bien, lo que cuestiono o creo importante señalar es la arraigada idea de que “las formas en el Derecho son importantes”, incluso más importante que el fondo. Y esto, a mi consideración, muchas veces no es más que una vil estrategia para disfrazar o distraer aspectos sustanciales en la profesión.

La exclusividad, de la mano de la formalidad, en el gremio de los abogados suele utilizarse como barrera de diferenciación social. Es decir, los abogados, al ir definiendo su oficio, al tiempo que con sus actividades configuran elementos de identificación también construyen una barrera que en ocasiones los incomunica de quienes necesitan sus servicios. Como si fueran una hermética cofradía, muchos de quienes ejercen la abogacía todavía hoy siguen utilizando el latín, aun cuando la Iglesia católica lo ha dejado de hacer, y otras estrategias para comunicarse entre ellos mismos y mantener una distancia con sus clientes.

Que la pintura de Magritte haya sido elegida por la preeminencia estética de la vestimenta en dicha obra, viene a sumarse a las múltiples caracterizaciones de la abogacía con la imagen formal, elegante, trajeada, encorbatada de los abogados. Del uniforme de estos profesionistas.

Se me está ocurriendo algo, sería interesantísimo solicitar a personas que dibujen a un abogado y ver de qué manera lo hacen… Se me ocurre esto en mayo de 2014, yo creo que por allá del 3014, lo tendré listo para publicar.

2. El Abogado, no la abogada

El retrato del artista belga, es de hombre. Y por tanto su elección, para ilustrar el número de “Los mejores abogados”, queda a la perfección. Si la revista hubiera hablado de “Las mejores abogadas”, otra cosa sería.

Si bien es cierto que los cambios coyunturales en el transcurso de la historia que formulan la impostergable emancipación femenina han provocado que desde hace años, según Lipovetsky, “ninguna especialidad puede ya considerarse feudo exclusivo del sexo masculino”, también lo es que, el rol de la mujer en la abogacía sigue considerándose menor. En efecto, a pesar de que desde hace ya más de un siglo se aprecian esbozos de la incorporación del género femenino en el campo profesional del derecho de manera más o menos regular y del incremento en los últimos años respecto al número de mujeres abogadas, estas quedan mal representadas pues son pocas las que ocupan cargos decisivos.

Para prueba el contenido de la revista. Del listado de 13 personas que, según FORBES, son los profesionistas más influyentes en el séquito, solo una es mujer. De las 12 fotos que ilustran el reportaje, solamente una, es para una persona de género femenino. Del listado de los mejores despachos, donde se indica el presidente o el principal socio responsable, no es posible distinguir ninguna mujer.

El ámbito de la abogacía es un nítido caso donde la mujer ha quedado excluida por significar una amenaza a la exclusividad de un séquito privilegiado por la tradición.

Me estoy extendiendo demasiado. Y prometí desde el primer post no hacerlo, pues para eso está #latesis En la segunda parte de esta entrada volveré al tema y sobre todo creo que este asunto es crucial para entender la profesión hoy en día. También prometo, ya parezco político priísta, analizar el tema en lo individual, tanto en el blog como en mi investigación.

3. La paloma, contradicción latente

Una paloma blanca en pleno vuelo atraviesa la cara de la persona que pinta el artista. La paloma como símbolo universalmente se asocia a la paz. La paloma de la paz, con su ramita de olivo en la boca, color blanco detergente y abriendo fuerte sus alas. Símbolo de la alianza nueva y eterna con la que Dios hace calmar sus iras y también el diluvio, en el antiguo testamento.

La paz. ¿A los abogados se les asocia con la paz? No. No creo. Por el contario, el conflicto, el litigio, la defensa. Sobre todo la defensa o la acción de defender en juicio.

Aunque las personas continúan acudiendo invariablemente al auxilio de los abogados, esto no significa que lo hagan por placer o acaso porque les resulte necesario, o mucho menos porque estén buscando la paz.

También puede ser que la paloma, en el caso concreto, antes que paz, signifique libertad. Ahí puede que la elección de la portada encuentre fundamento, porque al asociar la actividad de los abogados a la defensa, generalmente identificada a través de los procedimientos penales, se le está otorgando a los abogados una faceta de redentores y figuras centrales de del sistema.

Caer en la tentación de enaltecer al abogado corre el peligro de revelar al mismo como un técnico que muchas veces prefieren actuar de forma mecánica, utilizando, en palabras de Marcos Kaplan, al derecho como instrumento de opresión, conformismo y evasión. Al encontrar comodidad con posturas que evitan cualquier tipo de compromiso con su entorno, los abogados, por lo general, prefieren mantener el ritualismo y la jerga, antes que preocuparse por la simplicidad, la racionalidad, el realismo, la respuesta creativa ante conflictos, dilemas, nuevas situaciones y desafíos.

La paloma del retrato, símbolo de paz, libertad, justicia en general, sobrepuesta sobre un hombre de traje, cuya rostro no es posible identificar, tras un azul grisáceo que inspira un ambiente lúgubre, viene a reflejar una compleja serie de funciones divergentes respecto al carácter ambiguo y contradictorio del abogado.

4. Frase que acompaña la imagen

Por último, destaco una frase al lado izquierdo del retrato, justo encima del precio y del código de barras, dice así, copio literal:

Consejo Forbes: “Existen dos clases de abogados: los bueno, que son los que conocen bien las leyes, y los mejores, que son los que conocen bien al juez”

No sé, si existan más consejos FORBES. O fue algo excepcional para este edición. El caso es que tampoco sé, bueno creo que sí sé, pero incluir esta frasecita en portada, tengo la sospecha no es más que un ligero un intento por causar gracia.

La frase da para mucho y que la pongan para abrir la edición también… No sé cómo hayan tomando las diferentes personalidades que asistieron a la presentación de la revista como: Carlos Carnicer, Presidente del Consejo General de la Abogacía, José Luís Requero, Magistrado del Tribunal Supremo, EnriqueLópez, Magistrado del Constitucional, o Fernando Román, Secretario del Estado de Justicia.

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Tal vez, pero solo tal vez, habría que tomar la frase como un inocente e irrelevante acto de ironía sobre la corrupción, el clientelismo, y las influencies en la profesión.

O tal vez, no. No sé.

Termino. La pintura de Magritte, como bien dicen los de FORBES, sirve para jugar con los conceptos de la misma y el tema de la presente edición. Tienen razón, aunque si tuviera que elegir una pintara de este artista para ilustrar la portada hubiera elegido esta (juegue con su interpretación a discreción)…

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